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sábado, 5 de noviembre de 2011

POESÍA. "Canción del amado", de María Sanz (Sevilla, 1956)

María Sanz

CANCIÓN DEL AMADO

                      Cuanto más tenerlo quise,
                             con tanto menos me hallo.
                                                   SAN JUAN DE LA CRUZ

Ay, si yo lo tuviera
como el dolor, adentro;
pero con esta vida,
Dios mío, cómo muero.

El camino de vuelta
no es el mismo sendero.
Donde acaba la rosa
aparece el invierno.

Ay, si yo lo tuviera,
como la noche, entero;
en él me dormiría
olvidando los sueños.

El camino de vuelta
no es otro que su cuerpo.
Entre rosas nevadas,
Dios mío, cómo muero.

viernes, 4 de noviembre de 2011

POESÍA. "Siempre llegaré tarde...", de María Sanz (Sevilla, 1956)

María Sanz

Siempre llegaré tarde
a la última cena,
al amor contenido
en un gesto sagrado.
Llegaré cuando todos
hayan vuelto a la noche,
sabiendo ya que nadie
debía de esperar
a un desheredado.
Veré sobre la mesa
las migajas sobrantes
junto a vasos vacíos,
las huellas de un encuentro
con la verdad marchita.
Y yo también tendré
que volver a la noche,
gritándome que soy
el menos invitado
para cenar con alguien
a quien nunca le pido
perdón por mi tardanza.

jueves, 3 de noviembre de 2011

POESÍA. "Imagen virtual", de María Sanz (Sevilla, 1956)

María Sanz

IMAGEN VIRTUAL

Rara vez te detienes
ante un escaparate, cuyas prendas
de moda lucirías
mejor que muchas. Pero no es tu caso.
Sólo compras lo justo
en cada temporada y porque el tiempo
no deja de pasarte por encima.
Algunas veces piensas
si merece la pena el atavío;
total, nunca te miran más de cuatro
individuos correctos
que callan su opinión, por si la esposa.
Es triste contemplar escaparates
brillando así, vestido tras vestido,
ajenos a tu insólita renuncia.
Sólo tienes lo puesto y lo quitado;
total, si cuando salgas a la calle
te verán los de siempre,
tus cuatro admiradores de reojo,
para qué darles más a simple vista.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

POESÍA. "Dichosos los que pueden...", de María Sanz (Sevilla, 1956)

María Sanz

Dichosos los que pueden vivir de su esperanza,
de anhelar sin desmayo el bien interminable
cuando apenas hay tiempo de creer en sí mismo.
Feliz quien amanece pensando que ese día
encontrará argumentos para reconstruirse
después de una victoria donde todo se pierde.
Dichosos, sí, tranquilos aquellos semejantes
a quienes hizo caso el Dios del universo
por alzar su plegaria con fiel heterodoxia.
A los que aún tenemos conciencia, que nos digan
la verdad de otro modo, con otra mansedumbre,
poniendo simplemente un límite de culpa.
Más feliz todavía quien arde en la tristeza
mientras alrededor hay dichas apagadas,
sonrientes retratos hundidos en la nieve.
Dichosos los que nunca pudimos encontrarnos
porque la soledad fue dejándonos ciegos
cuando ya no cabía merecer más olvido.
En esta vida oscura, sin bienaventuranza,
mis ojos abandonan su nitidez probable
intentando creerse la luz de las estrellas.

martes, 1 de noviembre de 2011

POESÍA. "Corral de los olmos", de María Sanz (Sevilla, 1956)

María Sanz

Corral de los olmos

Tarde será cuando tu voz se filtre,
almuédano, a través de estas paredes.
Tarde será, porque la nada lenta
y descarnadamente habrá vencido
lo que pudo habitar en mis entrañas
sin yo reconocer más que su lumbre.

Por muy tarde que sea, todavía
permanece el olor de la alhucema
que él derramó en mi piel para más gozo,
para aromar lo triste de perderle.

Almuédano, silencia este momento,
no anuncies que la luz está llegando.
Y si piensas que vas a condenarte
por no decir a tiempo tu plegaria,
tranquilízate. Puede que algún día
nos veamos los dos en el infierno.

lunes, 31 de octubre de 2011

POESÍA. "Alborada", de María Sanz (Sevilla, 1956)

María Sanz
Alborada

Tristes mis ojos, triste la alborada,
triste porque mi cuerpo se despoja
del tuyo, despertar donde se aloja
toda la soledad inexplicada.

Muerte del corazón, luz agotada,
tu aliento entre mi pecho, y esa hoja
marchita en su dolor, porque se moja
con lágrimas de un todo en esta nada.

Horas lentas, hirientes del abrazo
llevando su transcurso hasta mi pena.
Tú junto a mí otra vez, mientras respiro

sin alma casi, sin romper el lazo
que nos anuda vena contra vena,
y calmo este morir con un suspiro.