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sábado, 14 de febrero de 2015

PRENSA CULTURAL. "La creatividad en los aforismos". Jorge Wagensberg

   En "Babelia":

La creatividad en aforismos

Para crear agítese antes de usar: agítense las ideas, los métodos y los lenguajes




Stradivarius de la colección del Palacio Real de Madrid. / GORKA LEJARCEGI
Cremona (Italia), 1717: Stradivarius da los últimos toques a un instrumento prodigioso apodado Goldman (los lutieres actuales no logran un sonido como aquel); Köthen (Alemania), 1720: Bach compone la obra cumbre para violín solo (casi nadie se ha atrevido después a componer para violín solo), es la Chacona de la Partita número 2; San Petersburgo (Rusia), 1868: Leopoldo Auer abre la escuela de violín de donde salen los grandes virtuosos del siglo XX (Heifetz, Milstein, Elman, Zimbalist, Seidel… comienza una nueva era para la interpretación de este instrumento); Estocolmo, 1986, Auditorio Berwaldhallen, el 17 de julio, Nathan Milstein interpreta la Chacona de Bach con su strad y la audiencia levita. En síntesis: Stradivarius inspira a Bach que inspira a Auer que inspira a Milstein que inspira a los melómanos presentes en el auditorio. El milagro de Estocolmo se produce por la convergencia de tres prodigios: uno católico-italiano (el instrumento), otro luterano-alemán (la partitura) y un tercero judeo-ruso (la interpretación). El lutier, el compositor y el virtuoso aportan su talento a la identidad humana. Hablemos de creatividad:
1. El revoltillo lo inventó un genio aturdido por el fracaso de una tortilla.
2. Solo se puede crear cuando no todo es ley ni todo es azar.
3. La creatividad cultural es un logro de la creatividad natural.
4. Crear es crear conocimiento, ¿qué si no?
5. La frase "nunca hay nada nuevo bajo el sol" nunca debió fugarse del Eclesiastés porque, hoy lo sabemos, el sol ya no es lo que fue ni es aún lo que llegará a ser.
6. Lo improbable asombra a todo el mundo, lo cotidiano solo al genio.
7. Tener un plan es necesario aunque solo sea para apartase de él.
8. El estado de equilibrio es aquel en el que ha ocurrido todo lo que podía ocurrir, es decir, un paisaje creativamente estéril.
9. El humano es un animal creador: su mente se desequilibra positivamente para crear y, si no lo consigue, se desequilibra negativamente para vivir.
10. Crear es buscar, comparar, seleccionar, combinar y reordenar…, por lo que coleccionar es crear o, al menos, una buena terapia para tratar los males de una creatividad frustrada.
11. Para crear agítese antes de usar: agítense las ideas, agítense los métodos, agítense los lenguajes.
12. Fecundar es acercar dos ideas hasta que se inflaman.
13. Para innovar siempre se puede probar con la mera fecundación.
14. El creador necesita una dosis mínima de cambio para vivir, lo cual se consigue entre dos límites extremos: quieto en un entorno móvil (por ejemplo sentado en un cine) o móvil en un entorno quieto (viajando).
15. Crear es la mejor estrategia para sobrevivir en un mundo cambiante.
16. Hay dos clases de innovación: una horizontal que consiste en cambiar de respuesta (evolución) y otra vertical que consiste en cambiar de pregunta (revolución).
17. Una idea inspirando a otras ideas se llama intuición, una idea bloqueando otras ideas se llama folclore.
18. Autoestima versus creatividad: el acierto halaga, pero adormece; el error hiere, pero despierta.
19. Las disciplinas del conocimiento crecen por sus costuras, es decir, por interdisciplinariedad.
20. En la frontera se cree peor y se crea mejor.
21. Solo las ideas tienen licencia para cruzar una frontera sin licencia, que no los métodos ni los lenguajes.
22. La innovación requiere tres cosas: tener una idea buena (uno), darse cuenta de que lo es (dos) y convencer de ello a los demás (y tres)… y casi nunca es una misma persona la que logra las tres.
23. La creatividad requiere barra libre con las ideas.
24. A menos confianza más burocracia, a más burocracia más mediocridad, a más mediocridad menos creatividad y a menos creatividad menos confianza…
25. He asistido a un espectáculo sublime de la creatividad humana: un herrero calzaba una herradura a una mula, primorosamente, amorosamente.

sábado, 31 de enero de 2015

PRENSA CULTURAL. "Las nueve ideas para triunfar en el mundo de hoy que contiene el ensayo perdido de Asimov"

   En "elconfidencial.com":


A
En 1959, en plena Guerra Fría, la empresa de investigación aeronáutica para la que trabajaba el químico estadounidense Arthur Obermayer recibió un encargo de El Pentágono: encontrar los enfoques más creativos para desarrollar un sistema de defensa de misiles balísticos.
El gobierno de Eisenhower tenía claro que por mucho que se gastara dinero en mejorar la tecnología existente esta seguiría siendo inadecuada:necesitaban a gente que tuviera ideas novedosas para adelantar a los rusos.
Cuando Obermayer recibió el encargo pensó en seguida en su amigo Isaac Asimov (también soviético, pero sólo de nacimiento). En aquella época el escritor era ya una figura, había publicado sus mejores novelas de ciencia ficción y se estaba dedicando por completo a la elaboración de ensayos de divulgación científica. Obermayer invitó a su amigo a varias reuniones, pero Asimov decidió abandonar el proyecto porque pensaba que el acceso a información clasificada limitaría su libertad de expresión. Pero antes de irse, escribió un ensayo para ayudar a los científicos del proyecto a ser más creativos.
El ensayo había permanecido oculto hasta la semana pasada, cuando Obermayer cedió el texto a Technology Review
No sabemos si el texto, que llevaba por título¿Cómo la gente tiene nuevas ideas?, sirvió a los investigadores para crear un buen sistema de defensa contra misiles, pero su carácter universal y premonitorio (como casi todo lo que escribió Asimov), bien puede ayudar a los profesionales y empresas de hoy en día para triunfar en un mundo lleno de incertidumbres.
El ensayo había permanecido oculto hasta la semana pasada, cuando Obermayer cedió el texto a la revista Technology Review, que lo ha publicado íntegro. Estas son sus nueve ideas más destacadas.
1. El proceso creativo es igual en todos los ámbitos
Como buen humanista, Asimov pensaba que la creatividad es necesaria en todos los campos del saber, y su funcionamiento no difiere en absoluto entre una u otra especialidad. No importa que persigamos alcanzar “la evolución de una forma de arte, un nuevo gadget o un nuevo principio científico, todos implican factores comunes”.
En el mundo actual tendemos a exigir creatividad en determinadas profesiones, y negárselas a otras. Pero el progreso requiere creatividad en todos los campos.
 2. Para imaginar el futuro hay que conocer el pasado
Como todo buen escritor de ciencia ficción, Asimov sabía que para imaginar el futuro es necesario conocer el pasado. “Una forma de investigar el problema [el proceso creativo] es estudiar las grandes ideas del pasado para saber cómo fueron generadas”. El escritor reconoce que muchos de los grandes pensadores de la historia ni siquiera sabían cómo tuvieron sus ideas, pero cree que, en la mayoría de ocasiones, el secreto reside en conocer bien qué se ha investigado previamente sobre un asunto. Ya lo decía otro Isaac (Newton), citando a Bernardo de Chartres: “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”.
3. Hay que saber ver conexiones entre cosas aparentemente desconectadas
Para Asimov, toda buena idea aparece cuando somos capaces de ver las cosas más allá de nuestra especialidad. Es por ello que los equipos y pensadores multidisciplinares son clave para generar buenas ideas.
El proceso creativo funciona siempre de forma similar
El escritor pone como ejemplo el advenimiento de una de las grandes ideas del siglo XIX, la teoría de la selección natural, a la que llegaron de forma independiente, pero muy similar, los naturalistas Charles Darwin y Alfred Wallace –según Asimov, una prueba de que el proceso creativo funciona siempre de forma similar–.
“Está claro que en la primera mitad del siglo XIX muchos naturalistas habían estudiado la forma en la que las especies se diferenciaban entre sí. También mucha gente había leído a Malthus. Y, quizás, algunas personas habían estudiado las especies y habían leído a Malthus. Pero lo que se necesitaba era a alguien que hubiera estudiado las especies, hubiera leído a Malthus y, además, tuviera la capacidad para conectar ambas ideas”. Y eso es lo que hicieron Darwin y Wallace casi al mismo tiempo.
4. Las mejores ideas son las que parecen irrealizables
Una vez que se conectan dos ideas, la asociación parece obvia, pero no lo era hasta entonces. “Una nueva idea sólo parece razonable bastante tiempo después de haberse pronunciado”, asegura Asimov. “Normalmente, al principio, parece irracional. Parecía el colmo de la sinrazón suponer que la tierra era redonda y no plana, que se movía alrededor del Sol o que los objetos requieren una fuerza para detenerse cuando están en movimiento en lugar de una fuerza para mantenerlos en movimiento”.  Sólo el tiempo acaba dando la razón a quien la tenía.
Isaac Asimov retratado por Rowena Morrill. Isaac Asimov retratado por Rowena Morrill.
5. Los grandes pensadores son excéntricos (pero tienen seguridad en sí mismos)
Dado que las grandes ideas son siempre rompedoras, sus defensores tienen que ser personas con una gran seguridad en sí mismas, y muy convencidos de aquello que proponen, para que estas lleguen a buen puerto. En opinión de Asimov, solo las personas capaces de enfrentarse a lo que el resto de personas consideran de sentido común tienen posibilidades de tener éxito. Para el escritor, una organización que persiga innovar debe tolerar la excentricidad, pues los grandes genios suelen ser también poco convencionales en sus hábitos. (Ahora bien, Asimov reconoce que hay gente chiflada que no tiene nada de talento, así que no hace falta hacer los procesos de selección en un psiquiátrico).
6. Deja que las personas trabajen en solitario…
El ensayo de Asimov contiene un importante consejo para gestores, managers y directivos en general. En su opinión, a la hora de afrontar un problema, es mejor dejar que las personas barrunten sus propias ideas para resolver el mismo en solitario, antes que juntar a todo el mundo en una sala para discutir el problema.
Por cada nueva buena idea hay decenas de miles horribles, que, naturalmente, no vas a querer mostrar
“Mi impresión es que para ser creativo se requiere soledad. La persona creativa, en cualquier caso, está trabajando continuamente. Su mente está procesando la información en todo momento, incluso cuando no es consciente de ello. La presencia de otras personas sólo puede inhibir ese proceso, ya que los procesos creativos son embarazosos. Por cada nueva buena idea hay decenas de miles horribles, que, naturalmente, no vas a querer mostrar”.
7…Pero empújalas a cooperar
Todo creador necesita su espacio, pero Asimov cree que, una vez que la gente haya pensado cómo se puede resolver uno u otro problema, hay que poner las ideas en común. En opinión del escritor, las reuniones son una pérdida de tiempo sino sirven para que cada persona tenga la oportunidad de dar su punto de vista (por loco que parezca) y se logre encontrar asociaciones validas entre distintos enfoques.
Para lograr esto, Asimov propone que las reuniones se enfoquen como si fueran debates. Para ello es necesario que una persona haga de moderador, y conceda turnos equitativos de palabra a todos los participantes. Por lo general, en las reuniones, siempre hay alguien que lleva la voz cantante, y no siempre se deja hablar a todo el mundo. Y esto es un error que mina el proceso creativo.
“Si una persona tiene una mayor reputación que el resto, o se expresa mejor, o tiene una personalidad más imponente, puede tomar el control de la reunión y reducir al resto de asistentes a la obediencia pasiva”, explica Asimov. “Ese individuo puede ser muy útil, pero mejor que trabaje solo, para que no neutralice al resto”.  
8. Las organizaciones deben crear un ambiente informal
El ensayo de Asimov contiene un consejo que deberían tener muy en cuenta los gestores y responsables de Recursos Humanos (en una época en que los procesos laborales están más controlados que nunca). El escritor tiene claro que las empresas deben ser permisivas con sus trabajadores si quieren que estos tengan buenas ideas. El ambiente debe ser relajado e informal. “Para alcanzar los mejores resultados se necesita jovialidad, el uso de nombres de pila y bromas”, asegura Asimov. “No porque sean buenas en sí mismas, sino porque fomentan la voluntad para participar en la locura creativa”
9. No se puede pagar un salario para que la gente sea creativa
Parece que una de las mejores cualidades que se pueden atribuir a un trabajador es que es “reponsable”. Pero Asimov cree que, exigir responsabilidades a los empleados –en el sentido de pedir una rendición de cuentas– es contraproducente si lo que queremos es que sean creativos. “Las grandes ideas de todos los tiempos vinieron de gente a la que no se estaba pagando por tener buenas ideas, sino que se les estaba pagando por ser profesores, secretarios de una oficina de patentes, funcionarios o ni siquiera se les estaba pagando”, asegura el escritor. “Las grandes ideas surgen como asuntos secundarios”.
La creatividad, asegura con rotundidad, no puede exigirse como contraprestación a un salario: “Sentirse culpable porque no se merece el salario ya que no se ha tenido una gran idea es la mejor manera de asegurarse de que ninguna buena idea aparecerá en el futuro”. 

miércoles, 30 de julio de 2014

PRENSA CULTURAL. "Después de 50 años, una neurocientífica descubre los rasgos que definen a los genios"

   En "elconfidencial.com":


AA
“¿Por qué todos los que han sobresalido en filosofía, política o las artes eran melancólicos, algunos hasta el punto de padecer ataques causados por la bilis negra, como se dice de Heracles en los mitos heroicos?” Esta pregunta, atribuida a Aristóteles en la conocida como “pregunta XXX”, enunció hace más de dos milenios uno de los estereotipos más difundidos: el que conecta el genio con la locura, la creatividad con la inestabilidad mental. Una relación que, reforzada de manera ocasional a lo largo de la Historia –especialmente en el Romanticismo– ha llegado hasta nuestros días. Y, lejos de haber sido desmentida, parece ser refrendada por los exámenes cerebrales realizados con tecnología de última generación.
Nancy Andreasen es una de las neurólogas y filólogas que se ha preguntado si era cierto dicho tópico centenario. Durante los 60, comprobó en el Taller de los Escritores de Iowa cómo autores como Kurt Vonnegut encajaban en la descripción como una mano en un guante. No sólo el autor de Matadero 5 parecía tener una tendencia mayor que la media a la depresión, sino que su familia tenía un largo historial de problemas, entre los que se encontraban el suicidio, desórdenes alimenticios o abuso de sustancias.

Cinco décadas más tarde, Andreasen se ha convertido en una de las grandes referencias mundiales en la investigación sobre los orígenes del genio. En el centro de la misma se encuentra la habitual pregunta: ¿nurture o nature, es decir, naturaleza o crianza? ¿Se nace un genio o son los factores ambientales los que ayudan a conformar el espíritu? Para contestar a la pregunta, la neurocientífica de la Universidad de Iowa ha contado con 13 ilustres personajes, entre los que se encuentran George Lucas, creador de la saga de La guerra de las galaxias, el matemático William Thurston, la ganadora de un Premio Nobel Jane Smiley y seis ganadores del Premio Nobel en disciplinas como la química, la física o la medicina.
Así se construye la genialidad
Andreasen, como explica ella misma en un artículo publicado en The Atlantic, no se ha limitado a escanear los cerebros de sus 13 elegidos –a los que ha comparado con otras 13 personas del grupo de control–, sino que también los ha sometido a un estrecho escrutinio y ha examinado profundamente el contexto social del que provenían. Y ha encontrado, como sospechaba, que la creatividad se hereda y que, además, suele proliferar en familias marcadas por los problemas mentales.
Los artistas sienten una explosión de felicidad cuando dan con una buena idea
Malas noticias para los realistas: las personas creativas tienen una mayor propensión a ser víctimas de una larga serie de problemas psicológicos, entre los que se destacan con frecuencia “los desórdenes bipolares, la depresión, la ansiedad, el pánico y el alcoholismo”. En sus primeras investigaciones, la joven Andreasen reparó en que el 80% de sus escritores estelares aseguraba haber tenido problemas anímicos en algún momento de su vida, frente al 30% del grupo de control.
Ello no quiere decir que el genio esté inscrito únicamente en los genes. Como explica Andreasen, la mayor parte de familias en las que nacieron sus analizados respondían a niveles culturales muy altos, en los que se daba una gran importancia a la realización artística y a las altas aspiraciones. Los padres, aun con problemas, habían conseguido alcanzar un estatus privilegiado en el mundo académico o artístico. Sin embargo, muchas de estas figuras señalaban que entre sus parientes más cercanos se encontraban pacientes de esquizofrenia.
¿Quiere eso decir que las personas más creativas son a la fuerza infelices? En realidad, no. Andreasen explica lo habitual que es encontrar entre los consultados a artistas que disfrutan relatando la explosión de felicidad que sienten cuando dan con una buena idea. Al mismo tiempo, los resultados obtenidos por la autora de The Creative Brain: the Neuroscience of Genius (Dana Press) desmienten un mito habitual sobre el genio, el de que no necesita esforzarse demasiado para ser brillante. Por el contrario, las personas más creativas suelen dedicar más tiempo y energía a su labor, puesto que esta les apasiona, lo que favorece sus buenos resultados.
Un mecanismo cerebral peculiar
Quizá esta última idea haya sido confundida con la acertada concepción de que el pensamiento es favorecido por la ociosidad. Andreasen ha llevado a cabo sus PET o tomografías por emisión de positrones a partir de lo que llama el estado “REST” que, aunque se trata de un acrónimo de “random episodic silent thought” (“pensamiento al azar episódico silente”), de forma significativa también utiliza la palabra que en inglés se emplea para referirse al descanso, “rest”.
El córtex de asociación se pone a trabajar cuando los genios dejan vagar su mente
Durante ese estado REST, que favorece la asociación libre, el cerebro de los genios se pone a trabajar. Lo inconsciente es determinante en el proceso creativo, y aunque no lo es todo –Andrasen explica que la preparación, la reflexión, la experiencia o el conocimiento previo forman parte esencial de dicho procedimiento– es lo que provoca que se produzca la explosión final de creatividad. En ese estado en el que la conciencia vagabundea, el córtex de asociación aparecía significativamente brillante.
Lo llamativo del hallazgo es que dicha máxima era válida tanto para aquellos que llevaban a cabo un trabajo más artístico como para los científicos, lo que conduce a la autora a recordar que la noción del pensamiento lógico como opuesto al creativo (o la del lógico hemisferio izquierdo frente al creativo hemisferio derecho) es más bien discutible. La mayor parte de participantes en sus experimentos mostraban un gran interés en distintas áreas de conocimiento. Pero estas no son las únicas peculiaridades que Andreasen ha identificado en su pequeño grupo de privilegiados pensadores, sino que también afirma que las siguientes tres características son frecuentes entre los genios:
  1. Son autodidactas. Muchos de los analizados por Andreasen aprendieron a leer antes de entrar en la escuela, y otros tantos decidieron que la educación reglamentada no podía enseñarles nada en la forma en que ellos lo deseaban. A veces, se trata simplemente de ir un paso por delante de los demás, dirigidos por una fuerte motivación, lo que provoca que labren su propio camino al margen de lo tradicional.
  2. Son eclécticosLeonardo da Vinci o Miguel Ángel son los ejemplos de artistas renacentistas a los que la neurocientífica alude para recordar que las personas más creativas suelen preocuparse por campos artísticos o científicos muy diferentes entre sí, lo que les otorga nuevas herramientas para afrontar sus problemas.
  3. Son perseverantes. Es habitual que la gente creativa se tope con el rechazo frontal de las personas que los rodean, de la academia o de la sociedad, lo que provoca en algunos casos que caigan en la depresión en el alcoholismo. Sin embargo, los genios suelen ignorar el escepticismo o la adversidad, y seguir adelante digan lo que digan los demás. 

miércoles, 10 de abril de 2013

PRENSA. "La buena escuela no asfixia la creatividad". Reportaje

HEBER LONGÁS / EL PAÍS

   En "El País":

La buena escuela no asfixia la creatividad

Todos tenemos una faceta imaginativa que despierta en la infancia y va apagándose con los años

Algunos expertos creen que las reglas escolares castran, otros subrayan sus beneficios sociales y cognitivos

 5 ABR 2013 

Tendemos a ver la creatividad como algo chic y elitista, solo al alcance de unos pocos privilegiados. Así lo interpretó en 1999 el psicólogo social Howard Gardner en Inteligencia reestructurada: múltiples inteligencias para el siglo XXI. Sin embargo, con los años se va imponiendo la visión democrática de Ken Robinson, convertido en todo un gurú para un séquito de pedagogos. En opinión de este educador y conferenciante de masas, “todo el mundo es capaz de tener éxito en algún área si se dan las condiciones precisas y se ha adquirido un conocimiento relevante y unas habilidades”. Hasta ahí todos satisfechos. El problema llega ahora. Según este británico, la escuela mata esta creatividad que no tiene por qué ser artística, como solemos imaginar, sino científica o social.
Según Robinson, al profesor solo le interesa que se conteste lo que está en los contenidos del temario, lo que provoca la frustración de aquellos niños que son más arriesgados y a los que les gusta improvisar. Eso provoca que cada vez se atrevan menos a pensar de manera diferente por miedo a equivocarse. Tienen un comportamiento más rígido y convergente. Todo ello, en opinión del pedagogo, tiene su origen en una escuela anacrónica concebida durante la revolución industrial pensando en la producción en cadena. Un esquema que casa mal con una sociedad basada cada vez más en los servicios y el conocimiento.
El filósofo José Antonio Marina en el blog de su proyecto Observatorio de la Innovación Educativa se muestra disconforme: “Este tema no se puede despachar a la ligera. No se puede desprestigiar la respuesta correcta, como hace Robinson. No hay una solución creativa a la tabla de multiplicar, ni se puede mezclar Napoleón con Harry Potter en un relato histórico. Tampoco se puede ensalzar tanto el pensamiento divergente que se anule el pensamiento convergente”.

El tiempo es fundamental para que las ideas fluyan", dice una profesora
“La escuela fagocita la creatividad si tiene un punto de vista tradicional y se aplica la metodología de siempre. Pero sí que hay profesores que saben desarrollarla”, opina Beatriz Valderrama, autora de Creatividad inteligente: guía del emprendedor (Pearson, 2012). “Es bueno ir a la escuela infantil. Tiene grandes beneficios cognitivos y sociales. Estar con otros niños les despierta la inteligencia emocional. Conocen otros mundos, aprenden a compartir y desarrollan capacidades motrices”. Algunos informes muestran que la escolarización temprana mejora el rendimiento académico, pero los principales factores determinantes del éxito escolar siguen siendo el origen social y el nivel formativo de los padres.


Niños del colegio Aldebarán de Tres Cantos (Madrid). / GORKA LEJARCEGI
La Enciclopedia de malos alumnos y rebeldes que llegaron a genios, de Jean-Bernard Pouy, Serge Bloch y Anne Blanchard, pasma con un listado de personalidades que, curiosamente, solo incluye un nombre femenino, Agatha Christie, la reina de la novela negra. El físico Stephen Hawking no aprendió a leer hasta los ocho años; Evariste Galois, padre del álgebra moderna, no pasó dos veces la prueba de acceso a la Escuela Politécnica de París; de John Gurdon, reciente premio Nobel de Medicina, la elitista escuela Eton escribió “no tiene posibilidad de estudiar una especialidad. Sería una perdida de tiempo para él y para los que deberían enseñarle”; Thomas Edison, inventor de la bombilla eléctrica que obtuvo más de 1.000 patentes, estudió en casa con su madre porque fue expulsado del colegio... La lista es interminable: pintores (Dalí, Picasso, Cezanne, Leonardo), escritores (Dumas, Balzac), músicos (Verdi, Debussy) o mandatarios (Napoleón, Churchill). Y no faltan genios contemporáneos —demostrando que al menos en las últimas décadas el sistema ha fallado— como Larry Ellison, Bill Gates y Steve Jobs.

La creatividad sirve para solventar conflictos, innovar,  relacionarse mejor
El niño convive de forma progresiva con el mundo desde que empieza a comer y dormir, y estas primeras etapas tempranas son especialmente arriesgadas, pioneras y prometedoras. Es lo que el psicoanalista Sigmund Freud llamaba “inteligencia radiante”. Mientras que Goethe, en la misma línea, aseguró en su obra Poesía y verdad: “Si los niños continuaran creciendo con la misma fuerza, contaríamos con cientos de genios”.
Las maestras de infantil Arantza de las Heras y Rosa Fernández se dieron cuenta en cuanto empezaron a ejercer de que “perdían” algunos niños cuando se les obligaba a sentarse a hacer fichas y seguir un libro con tres años. Así que en las aulas del colegio público Aldebarán en Tres Cantos (Madrid) los alumnos de cinco años desarrollan su creatividad cada uno a su ritmo. Cada mañana se reúnen en asamblea y deciden qué quieren hacer, y las maestras encauzan sus deseos. “No se trata de decir: haz lo que quieras. Le planteas preguntas y luego él opta por lo que quiere hacer”. Sin olvidar que a través del conocimiento del sistema solar se puede introducir lógica matemática o lectoescritura.
Montse Julià, directora del centro Montessori-Palau (Girona), cree a pies juntillas la teoría de Robinson. “El niño no puede estar sometido a una rutina de asignaturas en un colegio en el que solo se le enseña a obedecer unas órdenes”. Por eso en las enseñanzas infantil y primaria de su colegio cada uno va por libre —“el tiempo es fundamental para que las ideas fluyan”— y se juntan en el mismo aula niños de tres a cinco años y de seis a ocho. “Así juegan tres papeles. El de pequeño, que tiene como referente al mayor; el de mediano, y el grande, que consolida lo aprendido”.
El maestro del método Montessori planifica algo nuevo cada dos días, y cada cual decide si va a hacer sumas, leer o aprender ortografía. “Solo hay un horario para el comedor y para clases especiales: educación física, violín..., cuenta Julià. “Es muy positivo. Los fundadores de Google cuentan en un vídeo que si han sido innovadores porque con Montessori tuvieron flexibilidad en el aula, espacio para pensar”.

Desarrollar su inteligencia emocional es tan importante como su faceta creativa
Pensar con los dos lados del cerebro. El lado derecho resuelve los problemas algorítmicos, que son aquellos con una solución fija (una resta, por ejemplo) porque se solucionan aplicando una regla. Y el izquierdo, se preocupa de los problemas heurísticos, cuya respuesta hay que inventarla porque no hay a qué agarrarse. En este lado se concentra nuestra creatividad, fantasía o expresión de las emociones (ver gráfico).
Asesine o no la escuela, lo que está claro es que el papel que juegue el maestro es de vital importancia. Caroline Sharp en su artículo Desarrollando la creatividad infantil: ¿qué podemos aprender de la investigación? sostiene que “tolerar la ambigüedad, plantear preguntas con distintas respuestas, animar a la experimentación y a la persistencia y felicitar al niño ante una contestación inesperada”. Todo eso sin perder de vista que el alumno tiene además que “aprender a juzgar cuándo es apropiado divergir y cuando debe mostrarse de acuerdo”.
Son las diez de la mañana y los alumnos del Aldebarán eligen el color de su cartulina. En ella pegan su retrato preferido y decoran la hoja a su gusto. De casa han traído botones, trozos de tela, poliespan, pegatinas... y el resultado es asombroso. Paula titula Sorpresa y solapa su foto con su retrato dibujado; Darío cambia la O de su nombre por un botón; Alicia, que ha optado por un cartón mucho más grande, homenajea a su gata Amaya con una delicadeza que muchos quisieran... De fondo suena Nena da Conte, la música favorita del alumno de la semana. Bailan un poco y siguen con su tarea, salvo uno de los niños que no quiere hacer nada y la profesora le permite que se recueste en el suelo. Ellas opinan que es fundamental la implicación de las familias. Cada viernes —son dos clases de 14 niños— los padres de un alumno comparten con el resto alguna afición de su hijo. Por ejemplo, pintan galletas con ellos.

Se necesita gente creativa para potenciar el desarrollo social y económico del país
La pregunta que se plantean los expertos es: ¿cuándo los niños empiezan a perder el asombro y las ganas de aprender que les hace creativos? Coinciden en que esto sucede hacia los seis años. Lo que no parece tener respuesta clara es si esto ocurre por mera madurez o por las convenciones sociales impuestas en el aula.
Desarrollar su inteligencia emocional es tan importante como su faceta creativa. Por eso en Tres Cantos tienen colgados en la puerta carteles de cinco estados de ánimo. Cada mañana expresan sus emociones, que cambian a lo largo de la jornada, colocando su nombre debajo de un estado. No falla, después del recreo varios muestran su enfado.
Es indiscutible que la infancia es la mejor edad para aprender a aprender y para sentar las bases de la cooperación y la resolución de problemas, pero hay quien ha empezado a poner en duda que sea la etapa de la vida más creativa. Mark Brackett, director del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale, lo planteaba hace unos días: “Hay también informes que dicen que la creatividad crece cuando eres adulto porque te conoces mejor a ti mismo, a tus emociones”.

Balzac decía: no existe gran talento sin gran voluntad
El Centro de Inteligencia Emocional nace ahora de la colaboración de la prestigiosa universidad y la Fundación Botín, que abrirán en Santander un centro de arte que aspira a ser referencia mundial. Juntos estudiarán cómo canalizar la creatividad a través de las artes, convencidos de la necesidad de contar con una ciudadanía creativa no solo por su bienestar individual, sino para potenciar el desarrollo social y económico del país. Aprovechar ideas que surgen como respuesta a un sentimiento artístico. “Aunque sean negativas. Como la célebre frase de Woody Allen saliendo de la ópera: ‘Cuando escucho a Wagner más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”, ironiza Brackett.
“Yo siempre he tenido clara la importancia de la creatividad, pero mucha gente no. Quizá desde que llegó la crisis y se empezó a hablar de emprendimiento la cosa cambió y hay más interés por la capacidad de crear”, argumenta Íñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación Botín, que pone en marcha cada curso talleres creativos en 80 colegios.
“La creatividad es una forma de mirar y resolver los problemas de la vida. Hay que cambiar la actitud. Sirve para todo en la vida: para solventar conflictos, innovar, relacionarse mejor”, anima Valderrama que trabaja esta faceta en un máster de Educación Secundaria para futuros maestros. Ella observa cómo estos estudiantes desconfían de tener capacidades creativas y trata de estimularlos para que venzan esa barrera. “La creatividad es no es un talento innato. Hay que exponerse a estímulos creativos que no sean de las áreas habituales —películas y libros de otros géneros—, pararse a pensar, cuestionarse las cosas. Balzac decía: no existe gran talento sin gran voluntad. Y tenía razón. Parece magia, que un día a un inventor se le enciende la bombilla cuando detrás hay muchas horas de trabajo. Se necesita compromiso y pasión”.
Hay otros factores que parecen menores sin serlo. Como el tamaño y la disposición de la clase, el patio o jardín, la calidad del equipamiento y los materiales o el acceso a otros ambientes. “Es bueno que las aulas sean grandes para que el niño de un vistazo vea todos los materiales con los que puede aprender sin tener que recordar. Y los niños no están todo el día sentados. A veces se sientan en el suelo y hay que respetar su espacio”, sostiene Julià.
Creatividad pero con los pies en el suelo. El doctor Frank Emanuel Weinert, que trabaja con niños superdotados, lo describe así: “Kant decía que no se puede llegar a viejo sin haber creado diferentes hábitos a modo de esqueleto. No puede ser que cada día haya que encontrar razones para lavarse los dientes. Eso no lo aguanta la naturaleza humana”.