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jueves, 18 de abril de 2013

PRENSA CULTURAL. Sobre el ultraísta Guillermo de Torre

Guillermo de Torre junto a la artista argentina Norah Borges ("El País")

   En "El País":

Luces e inéditos de un gigante olvidado de la generación del 27

La obra y escritos inéditos del impulsor del ultraísmo Guillermo de Torre es recuperada en la antología ‘De la aventura al orden’

 Madrid 16 ABR 2013

Sus ensayos, artículos, críticas literarias y correspondencia modelan a Guillermo de Torre (Madrid, 1900-Buenos Aires, 1971) como uno de los grandes ensayistas del siglo XX y el primer historiador europeo de las vanguardias, con un libro revelador, editado en 1925 (Literaturas europeas de vanguardia), que completó en los últimos años de su vida (Historia de las literaturas de vanguardia, 1965).
Analista agudo de autores como Rimbaud, Freud, Picasso, Azorín, Gómez de la Serna, Sastre o César Vallejo e impulsor del ultraísmo (movimiento literario español enfrentado al modernismo y a la generación del 98), De Torre es sin embargo un autor olvidado. Un pilar de la esencia intelectual de la Generación del 27 que, buen olfateador del talento ajeno, impulsó a su vez a otros autores. Contribuyó a crear revistas míticas como La Gaceta Literaria o Sur, en Buenos Aires. Fue el impulsor de la colección Austral y cofundador de la editorial Losada, un punto de encuentro de escritores exiliados.
“Es una figura gigantesca en la cultura española del siglo pasado”, reivindica Domingo Ródenas, profesor de literatura española en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y responsable de la antología De la aventura al orden, editada por la Fundación Banco Santander, dentro de de su colección Obra Fundamental. Este volumen (que se presenta hoy en el Instituto Cervantes de Madrid) incluye una amplia muestra de sus trabajos y escritos inéditos. Retratos de amigos y autores coetáneos y recuerdos de ciudades como Madrid o París son escaparate de la sensibilidad de este autor, en cuyos textos la poesía era inseparable de otros géneros. “Soñaba con un arte de abstracciones, de un lirismo geométrico, recortado, impasible y perfecto. Me horrorizaba lo concreto”, apuntaba Guillermo de Torre al recordar su entusiasmo juvenil. Un ansia de acción que no se desvanecería después con la edad: “Del barroquismo a lo jovial/un síncope de esdrújulos/ acelera mi vida mental”, contaba en un poema autorretrato.


Poema visual de Guillermo de Torre publicado en la revista 'Grecia'.
Posteriormente, en sus escritos de La generación sacrificada (Notas durante la guerra), el optimismo es matizado por la vehemencia y cierta rabia, siempre con un deseo de cambiar lo que no le gusta. “Hay que rectificar la historia”, pide. “Atravesamos sin duda una era de mitificaciones mayúsculas, de espejismos colectivos”, lamenta. Deja clara su postura: “No soy un político, no soy un ideólogo social, ni nada parecido. Mi arte de asociaciones mentales, mis lecturas, mi práctica de escribir se han ejercido en territorios rigurosamente distintos”. Y transparenta su personalidad exigente y minuciosa: “Amo la especialización, odio el intrusionismo y la falta de omnisciencia”.
Apasionado por la figura de este “escritor de activismo irreprimible”, el antólogo de Guillermo de Torre destaca su valor como rompedor de moldes en su época: “Siempre buscó la fórmula rabiosamente virgen, el espíritu de aventura impulsado por la combustión del arte caduco”. Y lo que el incombustible Guillermo de Torre deseaba era “estrenar la vida cotidianamente”.

Orígenes literarios y adolescencia

GUILLERMO DE TORRE

Para la historia de mis orígenes literarios

Lo que me indujo a escribir en el umbral de mi adolescencia fue no tanto un deseo de dar un escape valvular a sentimientos íntimos —a inquietudes del corazón, primeros arabescos reflexivos— como la intención de crear una fórmula expresiva nueva e intacta que no hubiese sido utilizada antes por nadie. Ilusa y ambiciosamente a los dieciséis años se limitaba a ejercitarme en el manejo del instrumento verbal para devenir un «profesional» literario más. Mas no, antes al contrario, existía en mi interior un vago e instintivo desdén por la literatura en sí, por todo aquello que fuera otra cosa que «recidiva», que repetición de lo tradicional con las fórmulas estereotipadas de los antecesores.
En efecto —me repetía constantemente en mi interior—, ¿a qué fin limitarse a escribir para repetir cosas que ya otros habrían expresado mejor que yo? ¿A qué fin encadenarse en esa monótona cadena circular que gira como los atanores isócronos de un pozo sacando el mismo agua que vuelve a verter?
¡Ah, no! Mi ambición literaria de la adolescencia era más pura, alta, heroica e imposible. Y en la pesquisa atormentada, a ciegas, a tientas, de un nuevo estilo expresivo, me di a retorcer, descomponer y rizar el léxico, suponiendo cándidamente que de estas alquimias saldría la intacta estructura apetecida. Mas resultó que caí de bruces en el conceptismo, en el culteranismo. Fui gongorino y mallarmeano sin saberlo, o al menos teniendo una muy vaga intuición de que tal estilo circunloquial, difícil y hermético me acercaba a Góngora y a Mallarmé, es decir, me hacía caer en otra cárcel de fórmulas, no por difíciles y raras, menos tradicionales y «hechas».
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Desarrollar este pensamiento de Paul Valéry: «Tout ce qui m’était facile m’était indifférent et presque ennemi»[1].
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La patética adolescencia

Cuando yo he hecho «arte deshumanizado» ha sido de los 16 a los 21 años. (Ver poemas de aquella época: «El vórtice musical».) Trabajaba una prosa fría y yerta, hasta el punto de ser pulida y decantada. Tenía un sacro horror al lugar común. No toleraba la menor frase hecha. Ambicionaba un vocablo nuevo, fragante, creado, para cada emoción primigenia que mi sensibilidad adolescente experimentaba. Me hundía fervorosa y ahincadamente en los pozos de los diccionarios, de los léxicos técnicos para extraer palabras insólitas o sin «desvirgar», como a mí me gustaba decir.
Soñaba con un arte de abstracciones, de un lirismo geométrico, recortado, impasible y perfecto. Me horrorizaba lo concreto. Simbolista mallarmeano, apenas sin saberlo porque mi conocimiento de Mallarmé era muy sumario. Creía que poner nombre a una cosa era desposeerla de las tres cuartas partes de su encanto.


[1] Palabras del Prefacio de Monsieur Teste.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

PRENSA. Vídeo: Poetas del 27 en movimiento


En "elpais.com" -reproducimos el artículo-:


LA GENERACIÓN DEL 27 EN UNA GRABACIÓN INÉDITA

El Instituto Cervantes y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) han presentado hoy a los medios informativos un documental que contiene las únicas imágenes en movimiento que existen de los escritores de la Generación del 27, rodadas en 1928 por Juan Guerrero Ruiz. El vídeo, de 61 minutos de duración y dirigido por Rafael Zarza y Fernando González de Canales, lleva por título El deseo y la realidad. Imágenes y palabras de los poetas del 27. Se estrenará mañana jueves en un acto público en la sede central del Cervantes en Madrid a las 19:30 horas, ha informado esta institución a través de un comunicado.
Por primera vez salen a la luz, filmaciones inéditas y fotografías -algunas, también inéditas- de la mítica Generación del 27. Luis Cernuda, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Manuel Altolaguirre y Fernando Villalón, entre otros, aparecen en unas imágenes en movimiento hasta ahora nunca vistas.
La directora del Cervantes, Carmen Caffarel, ha destacado en rueda de prensa la relevancia de este "documento único", que "va a ser visionado en los 72 centros que tenemos en todo el mundo, acompañado de mesas redondas y coloquios que pondrán en valor a una de las principales generaciones de nuestra literatura." El Instituto hará todo lo posible "para que sea un documento visto y vivido".
El vídeo contiene además las voces originales de Luis Cernuda, de Miguel Hernández o de María Teresa León, quien lee un extracto de Marinero en tierra, de su esposo Rafael Alberti. Escritores como Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena, Ignacio Gómez de Liaño y Luis Muñoz dan voz a poemas que escribieron Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Pedro Salinas y Rafael Alberti, respectivamente.
Las imágenes fueron rodadas hace 80 años por Juan Guerrero Ruiz con una cámara Pathé Baby de 9,5 milímetros. Los 24 rollos de película filmada (con una duración total de unos 15 minutos) son probablemente parte de un documental que Juan Guerrero Ruiz (Murcia, 1893 - Madrid, 1955) intentó realizar sobre la Generación del 27, de la que fue uno de sus grandes pilares. Guerrero Ruiz, secretario de Juan Ramón Jiménez, fue amigo y colaborador de poetas y pintores, y fundador de revistas literarias como Índice y Verso y Prosa.
Rafael Zarza, diseñador y cineasta, rescató por casualidad -su padre era amigo del hijo de Juan Guerrero- esas secuencias inéditas en las que podemos ver a buena parte de los entonces muy jóvenes poetas del 27. Ese material inédito fue sometido a un largo y complicado proceso de restauración por parte de la Filmoteca Española desde 1979.
Zarza, autor de la idea original y del guión, es también director y guionista de la cinta junto con Fernando González de Canales. Según ha desvelado, ha rechazado numerosas ofertas de compra del material de Guerrero porque lo que le interesaba era dirigir él mismo este trabajo, como finalmente ha conseguido. Ha descartado que el vídeo vaya a verse en los cines porque "un estreno comercial lo banaliza" y ha manifestado su satisfacción por que el Instituto Cervantes lo lleve por todos sus centros a lo largo de 2010.
Las imágenes en movimiento -destacan las de Lorca en Buenos Aires y las entrevistas realizadas a Neruda, Alberti y Guillén- se complementan con fotografías (algunas, también inéditas) en las que podemos ver diferentes momentos de la vida de García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y José Bergamín.
El vídeo incluye además poemas de Juan Ramón (recitados por Luis Alberto de Cuenca), de Cernuda (leídos por Villena), de Salinas (por Gómez de Liaño), de Jorge Guillén (por Ignacio Merino), de Alberti (por Luis Muñoz), de Lorca, Gerardo Diego, Altolaguirre, Dámaso, Bergamín, Aleixandre, Neruda, Miguel Hernández y Fernando Villalón. La música original es de Iván Guerrero.
El título del documental -El deseo y la realidad- está inspirado en el célebre libro recopilatorio de la poesía de Luis Cernuda La realidad y el deseo. Tiene dos partes: en la primera (años 1927 y 1928) se refleja "el deseo" vital de aquellos jóvenes poetas; en la segunda parte (años 1929 a 1936) se plasma "la realidad" en la que discurrirán sus vidas.
En 1983, un ya anciano Jorge Guillén vio en su domicilio malagueño una copia en vídeo de las películas de Juan Guerrero contenidas en el documental. Días después escribió el poema Misterioso, el último antes de morir, referido a esas imágenes y que comienza así: "Pasa el vídeo misterioso / vuelve el pasado en movimiento, / y el instante insignificante / llega enseguida a conmovernos."
El próximo mes de noviembre, el documental podrá verse en la Residencia de Estudiantes (Madrid) en el marco de la exposición ¿Aquel momento ya es una leyenda Ochenta años del 27 (1927-2007) que organizan la SECC, la Residencia de Estudiantes y la Junta de Andalucía.



domingo, 16 de agosto de 2009

PRENSA. 16 agosto 2009


En "El País":

1. El vídeo misterioso. Reportaje de Elsa Fernández-Santos. Ven la luz las únicas imágenes en movimiento de los poetas de la Generación del 27.

2. El cielo. Juan Cruz escribe sobre fanatismos, Afganistán y la película Cometas en el cielo.

3. AGRICULTURA ECOLÓGICA. Los tomates ya no saben a nada. Reportaje de Carmen Morán. Los productos de la agricultura intensiva tienen similares nutrientes a los ecológicos, pero han perdido el buen gusto. Además, dos artículos: La realidad de la alimentación orgánica, por Daniel Ramón Vidal, profesor de investigación del CSIC; y La barbarie agroindustrial, por Jerónimo Aguado Martínez, presidente de Plataforma Rural.

4. Amigo Larra (1809-1837/2009). Artículo de LLuís Izquierdo, poeta y catedrático de Literatura de la Universidad de Barcelona.

5. Lo que está pasando (Reloaded). Artículo de Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica en la facultad de Economía del IQS, sobre la actual crisis económica.

martes, 3 de febrero de 2009

POESÍA. AMOR. Luis Cernuda


Otro gran poeta de la generación del 27.


NO DECÍA PALABRAS

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.


SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA

Si el hombre pudiera decir lo que ama,

si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo

como una nube en la luz;

si, como muros que se derrumban,

para saludar la verdad erguida en medio,

pudiera derrumbar su cuerpo,

dejando sólo la verdad de su amor,

la verdad de sí mismo,

que no se llama gloria, fortuna o ambición,

sino amor o deseo,

yo sería aquel que imaginaba;

aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos

proclama ante los hombres la verdad ignorada,

la verdad de su amor verdadero.



Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu

como leños perdidos que el mar anega o levanta

libremente, con la libertad del amor,

la única libertad que me exalta,

la única libertad por que muero.



Tú justificas mi existencia:

si no te conozco, no he vivido;

si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

POESÍA. El amor. Pedro Salinas

Algunos poemas del gran poeta de la generación del 27.

AYER TE BESÉ EN LOS LABIOS...

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no...
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

PARA VIVIR NO QUIERO...

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».


PERDÓNAME POR IR ASÍ BUSCÁNDOTE...

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.
QUÉ ALEGRÍA, VIVIR...

Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad transmisible es que camino
sin mis pasos, con otros
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo,
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y sé que también me quiere con su voz.
La vida - ¡qué transporte ya! -, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser más allá de la no muerte.
¿SERÁS, AMOR?
¿Serás, amor,
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el lugar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara,
y que lo más seguro es el adiós.