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jueves, 30 de abril de 2015

PRENSA. Sobre el terremoto de Nepal. "Escombros de cine en Bhaktapur". Bernardo Bertolucci

   En "El País":

Escombros de cine en Bhaktapur

El director de cine italiano, que acudió a Nepal en varias ocasiones, espera que "la respuesta del mundo ante la tragedia sea potente"

Terremoto en Nepal
Una mujer, frente a las ruinas de su casa a las afueras de Katmandú, este lunes. / N. SHRESTHA (EFE)


Entre las imágenes de los escombros retransmitidas por la televisión intenté, en vano, reconocer los lugares de mi memoria; entrever la gran estupa que se erige no muy lejos de Bhaktapur. Y tuve ganas de llorar. Katmandú, Patan y Bhaktapur son los lugares simbólicos de la cultura de Nepal, país al que estoy profundamente vinculado. Y es grande el dolor que siento por las miles de víctimas.
Descubrí esos lugares en 1973, cuando por primera vez puse rumbo a Oriente con mi mujer, Clare. La idea fue suya: ella era una viajera, yo no. Fue un viaje en el que nos conocimos y nos reconocimos. Un viaje de iniciación que derrumbó todos mis estereotipos sobre esos países. Un descubrimiento total. Fuimos a Tailandia, luego a Bali, y después a Benarés, y a Katmandú, donde vivimos durante un mes. Recuerdo el estupor y el asombro ante los edificios de Patan, donde luego filmaría Pequeño Buda. Aquello era el triunfo del horror vacui, del miedo al vacío: todo estaba decorado, cada centímetro. Arquitecturas y esculturas admirables donde el arte budista se funde con el hinduista, y encontramos a Buda junto a Visnú, Kali y Ganesh.
Me acuerdo de la primera vez que llegué a ese valle aislado, casi inaccesible. Nos quedamos sin aliento ante la belleza de Bhaktapur y Patan, a la que llamábamos Patan City. Emocionados ante esos tejados sobre los que crecía la hierba, algo extraordinariamente poético que me recordaba a un pueblecito de los Apeninos de Parma. El encuentro humano fue emocionante. Ese pueblo tenía una enorme cultura de la acogida. Esa gente parecía sacada de los sueños de Pier Paolo Pasolini, cuando hablaba de la inocencia arcaica en los países más pobres y espirituales. Frente a un río a las afueras de Katmandú presencié por primera vez una cremación. Había algo limpio, puro, en aquella carne que se convertía en fuego y humo.
En 1973, Katmandú, Bhaktapur y Patan eran destinos hippies, meta de un turismo pobre y respetuoso con aquellos lugares. Cuando regresé 20 años después para estudiar la zona y, más tarde, grabar Pequeño Buda, a principios de 1990, había un aeropuerto capaz de recibir los enormes vuelos chárter llenos de ese turismo que lo arruina todo. Nosotros también llegamos como una especie de ejército de ocupación: montones de camiones y grupos electrógenos que sin duda contribuirían a aumentar la contaminación. La pequeña posada donde nos hospedamos en 1973, que se llamaba Yak & Yeti, se había convertido 20 años después en un lujoso hotel de cinco plantas que sirvió de cuartel general durante el rodaje. Tiemblo con solo pensar que haya podido derrumbarse. Allí hacíamos las proyecciones con los materiales que nos enviaba la Technicolor desde Roma; eran tiempos de un cine que ya no existe.
En Bhaktapur grabamos todas las escenas ambientadas en el palacio de Siddharta antes de convertirse en Buda. A aquella estructura añadimos una parte que hicimos nosotros y que los nepalíes quisieron conservar. Ahora, los escombros de una ciudad tan antigua se han mezclado con los escombros del cine que nosotros llevamos allí. Cerca de Bhaktapur hay una enorme y preciosa estupa, con los ojos de Buda, donde el niño americano pregunta qué significa la palabra “impermanencia”.
Los budistas tibetanos crean maravillosos mandalas de arena repletos de color, que luego serán destruidos por una ráfaga de viento. Eso es la impermanencia. ¿Somos capaces de imaginar la tragedia que supondría para nosotros la pérdida en unos segundos de alguna de nuestras extraordinarias ciudades toscanas? Es difícil.
Ante la tragedia de Nepal ya se ha producido una respuesta del mundo. Espero que sea potente, que haya una gran solidaridad hacia esos pueblos remotos. Son lugares y personas muy lejanos, montañeses testigos de algo que hay que salvar a toda costa.
© La Repubblica. Texto recopilado por Arianna Finos.
Traducción de News Clips.

miércoles, 10 de octubre de 2012

PRENSA. CIENCIA. "El planeta Tierra se fractura", reportaje

   En "El País":

El planeta Tierra se fractura

La insólita ruptura de una de las grandes placas tectónicas de la superficie del Índico causó el terremoto del pasado abril al suroeste de Sumatra


El 11 de abril de este año se registraron dos grandes terremotos de magnitud 8.7 y 8.2 en el océano Índico, al suroeste de Sumatra. Tembló la tierra desde Australia hasta India y el sureste asiático y murieron dos personas y otras ocho fallecieron por ataques cardíacos. Fueron muy pocas víctimas y daños en comparación con la tremenda catástrofe del terremoto de 2004 en la región, cuando el tsunami desencadenado se cobró miles de vidas. Pero no pasó desapercibido para los científicos: fue un gran acontecimiento en la historia de la Tierra, algo excepcional, porque esos sismos se debieron a un proceso de fractura de una de las grandes placas tectónicas (la Indoaustraliana) que forman la corteza terrestre.
En realidad, el terremoto de 8.7 respondió a cuatro fracturas en el interior de la placa, tres de ellas paralelas entre sí y una cuarta perpendicular a ellas, formando en su conjunto una falla en escalón. El proceso duró dos minutos y 40 segundos y fue seguido dos horas después por otro terremoto de magnitud 8.2. La zona de rotura se situó a unos centenares de kilómetros de la costa occidental de Sumatra y en pleno mar. Se rompió el fondo del océano. Los terremotos dieron lugar a lo que los expertos denominan desgarros de placa.
“El del pasado 11 de abril es probablemente el mayor terremoto de desgarre que se ha registrado con sismógrafos”, dicen los investigadores de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC), autores de uno de los tres artículos sobre este acontecimiento geofísico publicados en el último número de la revista Nature.
“Nunca hemos visto un terremoto así, ya que forma parte del complejo proceso de fractura de una placa” dice Keith Koper, científico de la Universidad de Utah (EE UU) y coautor de unos de los artículos mencionados. “Ahora [abril de 2012] lo que vemos es la separación de la placa Indoaustraliana en dos placas”, añade Thorne Lay (UCSC). Pero es una red de fracturas compleja no una rotura limpia, concluyen los investigadores.

Es probablemente el mayor seísmo de desgarro registrado con sismógrafos
La litosfera terrestre, es decir, los 100 primeros kilómetros que incluyen la corteza y la parte superior del manto, está dividida en una docena de grandes placas rígidas de distintos tamaños y formas que descansan sobre el manto terrestre semifluido. Las placas chocan entre sí, se separan, se montan una sobre otra, se deforman y originan cordilleras, se deslizan en sus bordes... y las zonas del planeta donde acontecen estos procesos dinámicos en las fronteras entre placas son especialmente susceptibles de sufrir terremotos y vulcanismo. Cuando una de estas grandes piezas de la litosfera está presionando sobre otra, se van acumulando tensiones que se liberan provocando grandes seísmos.
“Desde el punto de vista tectónico, los dos terremotos de abril manifiestan un proceso de rotura en el interior de la placa Indoaustraliana y la creación de un nuevo borde de placa en el que las partes correspondientes a India y Australia se separan entre sí”, explica Miguel Herraiz, catedrático de Física de la Tierra y director del departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica I, de la Universidad Complutense de Madrid. “Algo así sucede constantemente en el planeta con una escala temporal de centenares de miles de años, pero esta vez se ha podido observar el inicio de la formación de un nuevo límite entre placas en directo y con instrumentación adecuada para estudiarlo”, comenta este especialista.
Ese proceso tectónico, indican Matthias Desescluse (CNRS francés) y sus colegas en su artículo de Nature, forma parte de la continua deformación entre placas que está registrándose en la zona. Así, el terremoto del pasado abril seguramente se disparó, al menos en parte, por los cambios generados en la tensión de las placas en la zona debido al catastrófico sismo de magnitud 9.1 del 26 de diciembre de 2004, que desencadenó el pavoroso tsunami que mató a casi 230.000 personas en la región del Índico.

Los movimientos activaron una falla en California, según los investigadores
Los sismos del pasado abril fueron de magnitudes inferiores al de hace ocho años, pero también muy importantes. ¿Por qué no desencadenaron ninguna ola gigante? Sí que causaron tsunamis estos terremotos, puntualizan los científicos, pero pequeños (el mayor registrado fue de unos 30 centímetros de altura). Esto se debe, explican los expertos, a que la fractura de la placa bajo el fondo marino en abril de este año fue de desgarre y, por tanto, con desplazamiento predominantemente horizontal, mientras que, en 2004, se produjo un pronunciado escalonamiento de placas y, al hundirse el fondo marino, se originaron las olas gigantescas de largo alcance.
Sin embargo, esos terremotos tuvieron otro tipo de efecto lejano, e insólito para los expertos: parece ser que activó sísmicamente otra falla, un borde de contacto entre placas, a miles de kilómetros de distancia, en California, explican Fred Pollitz (del Servicio Geológico de EE UU) y sus colegas.
Cuando se produce un terremoto se queda todo el planeta vibrando durante un tiempo, “y estudiando esas vibraciones podemos conocer la estructura interna de la Tierra”, apunta Herraiz. Pero en los días posteriores al terremoto de abril de este año en el Índico, fue especialmente notable la cantidad de sismos importantes (hasta magnitud 7) alejados del epicentro (a más de 1.500 kilómetros) y los científicos sospechan que, al menos en el caso de California, se debió a la activación de una falla allí por efecto de la fractura de placa registrada al otro lado del mundo.
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