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martes, 20 de noviembre de 2012

PRENSA CULTURAL. "Maalouf y la nostalgia del porvenir"

Amin Maalouf en la Casa Árabe / CARLOS ROSILLO ("El país")
   En "El País":

Maalouf y la nostalgia del porvenir

El escritor regresa a la ficción con la novela 'Los desorientados'

Habla del creciente sectarismo en el mundo árabe

Disecciona los males de un tiempo en el que el futuro parece cosa del pasado

 Madrid 23 OCT 2012

Amin Maalouf, que está en Madrid presentando Los desorientados (Editorial Alianza), su última novela, sigue con preocupación las noticias de Líbano, su país natal. “¿Qué es lo último?”, pregunta nada más estrecharnos la mano en un despacho de la Casa Árabe. “Parece que se multiplican los llamamientos a la calma, que ninguna de las partes quiere lanzarse a un conflicto incontrolable”, le respondo. Y añado: “Por el momento”. Maalouf carraspea —anda acatarrado— y dice: “Sí, cada vez va a resultar más difícil aislar a Líbano del conflicto sirio, los riesgos de extensión son enormes y crecientes”.
El escritor está manifiestamente entristecido. Por lo que ahora ocurre en Líbano y por lo que ocurre en los últimos años en Europa y en todo el mundo. Y eso también se nota en Los desorientados. Maalouf cuenta en esa novela una historia que podría ser la suya: la del regreso a su país natal de Adam, alguien que lleva cinco lustros fuera, la del reencuentro de Adam con sus amigos de juventud y la evocación común de todas las cosas que se han perdido y todas las traiciones que se han cometido, la de la constatación de que todas las existencias solo son un exilio.

Estoy en contra del multiculturalismo en el que cada cual vive en su gueto
Al final de la novela se dice que la vida de Adam está “en suspensión, como su país, como este planeta, como todos nosotros”. Sí, el mundo está en suspensión y se extiende el sentimiento de que va a terminar cayendo del lado malo. Por primera vez en su existencia, la generación de Maalouf, la que nació en mitad del siglo XX, tiene la impresión de que podría vivir los horrores que padecieron sus padres.
“Me acuerdo con frecuencia de Stefan Zweig, que, dada la evolución de la Europa de su tiempo, llegó a la conclusión de que aquel mundo ya no era el suyo”, dice Maalouf. “Sentía que ya no había ninguna escapatoria, así que terminó suicidándose tras un acontecimiento que hoy nos parece muy secundario: la caída de Singapur, en 1942. Ahora muchos compartimos el sentimiento de que no hay luz al final del túnel, pero la hay, aunque no la veamos. Ahora bien, ¿es posible que tengamos que vivir años de locura y de violencia antes de llegar a la sabiduría? Es posible. Hizo falta el horror de los años treinta y la II Guerra Mundial para que Europa dijera ‘basta’. Puede que el destino de la humanidad sea tener que estrellarse contra el muro para sentir así su dureza y buscar otra salida”.

Textos 

En 2010 Amin Maalouf firmó una petición para que el 'Príncipe de Asturias' de la Concordia les fuera concedido a los moriscos expulsados de su tierra en los siglos XVI y XVII. No lo consiguió, pero él recibió ese año el Príncipe de Asturias de las Letras. Nacido en Beirut en 1949, instalado en Francia para escapar de las guerras que desangraron Líbano en los años setenta y ochenta, escritor en la lengua de Molière, ganador del 'Goncour't en 1993 y miembro de la Academia Francesa desde el pasado verano, sus ensayos y novelas siempre han sido coherentes en la defensa del mestizaje en democracia, de la asunción de las muchas identidades con las que cargamos la mayoría.
Su primer gran éxito, la novela León el Africano, versa sobre un granadino, Hasan ben Muhamad al Wazzan, que tuvo que abandonar su ciudad porque allí se imponía a sangre y fuego la voluntad uniformadora de los Reyes Católicos y su Inquisición. Cinco siglos después, las cosas no son tan diferentes. Resurgen aquí y allá los fundamentalismos religiosos y nacionales, y se desvanecen las esperanzas en que el mundo acepte a individuos como Maalouf, a la vez libanés y francófono, de origen grecocatólico y defensor de los valores laicos y democráticos, árabe y europeísta, mediterráneo y ciudadano del mundo.
“Vivir juntos es cada vez más difícil”, suspira. “En el mundo árabe, la situación de las minorías es cada vez más precaria y hay una polarización comunitaria, como la que opone a chiíes y suníes, que no se conocía desde hace siglos. Y en Europa aumenta la impaciencia respecto a los musulmanes. Lo vemos incluso en sociedades con una gran tradición de apertura como Dinamarca y Holanda, que se están convirtiendo en tensas y desconfiadas. Esos dos movimientos se alimentan mutuamente, y la gente como yo se siente cada vez más inquieta, por no decir desesperada”.

Hoy la desigualdad se promociona como una forma de modernidad
Respira hondo y prosigue: “Pero no me rindo. Vivir juntos es algo muy complicado, que necesita ser gestionado con sutileza, lucidez y perseverancia. No es algo que se produzca espontáneamente, ni algo que quede solucionado de una vez por todas. Pero es indispensable para evitar esa pesadilla hacia la que nos dirigimos”.
—Quizá ya estemos ahí, en pesadilla —le digo—. Además del ascenso del espíritu de tribu, sufrimos la ley de la jungla en las relaciones económicas y sociales.
—Sí, las sociedades europeas viven una profunda crisis ligada al retroceso de los valores de solidaridad y bien común. Gestionar la coexistencia de gente que viene de culturas diferentes, es explosivo. Pero debemos hacerlo.
—¿Cómo?
—Lo primero es saber en qué condiciones vivimos juntos, qué es lo permisible y qué no lo es. El hecho de aceptar los otros no quiere decir aceptar cualquier cosa. Yo no estoy a favor del multiculturalismo entendido como que cada cual viva en su gueto y a su manera, estoy a favor de la integración. A favor del respeto de la dignidad del ser humano y del progreso social, no del respeto de las tradiciones. Europa debe dirigirse a los ciudadanos, no organizar las relaciones entre las tribus.
En Los desorientados, hay un momento en el que alguien dice: “El país del que tengo nostalgia no es el pasado, es el porvenir”. Maalouf cree que su generación tiene razones para la nostalgia. “Se es nostálgico de todos los sueños que se han tenido y no se han realizado”, dice. “Y hay ideales indispensables que nosotros hemos tenido y ahora son rechazados: los de solidaridad y de igualdad. Estamos en un mundo donde la desigualdad es promocionada como una forma de modernidad. Aún estamos en la resaca de la debacle del comunismo: se continúa considerando que todos los valores que fueron predicados, y luego travestidos, por la experiencia comunista deben ser invertidos. Esa es una receta para la destrucción del tejido social. Haría falta que el péndulo volviera al centro: ha ido de un extremo a otro y debería volver al centro”.

Textos esenciales

Las cruzadas vistas por los árabes (1983). Ensayo sobre las guerras de religión, dio a conocer a Maalouf.
León el Africano (1986). Novela la vida de Hassan, “un hijo del camino” entre el islam y el cristianismo.
La roca de Tanios (1993). Novela premiada con el Goncourt sobre la reconciliación religiosa.
Identidades asesinas (1998). Un ensayo contra la tentación fanática del nacionalismo y la religión.

martes, 6 de noviembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Amin Maalouf, sobre su nueva novela, "Los desorientados"

Amin Maalouf

   En "El Día de Córdoba":

"Todos somos vecinos en el mundo pero cada uno se siente de su tribu"

El premio Príncipe de Asturias vuelve a la novela con 'Los desorientados' (Alianza), un libro en el que recrea el encuentro de varios amigos en Líbano, varias décadas después del inicio de la guerra civil
PILAR VERA 05.11.2012Una novela que no es su "historia" pero sí una historia que le es "cercana". Un relato en el que los protagonistas son "personajes recompuestos o inventados" y en el que cada elemento "evoca algo" de su pasado. Amin Maalouf (Beirut, 1949) recrea en Los desorientados (Alianza)el reencuentro de varios amigos de juventud en Líbano tras la muerte de uno de ellos. "Hay escritores cuya primera tentación es contar su historia, y luego van distanciándose -apunta el autor de León el Africano Las cruzadas vistas por los árabes-. Yo voy al revés y, con cada libro, voy acercándome a mi época y ami tiempo". 

-En Los desorientados, varios amigos retoman el contacto e intentan recrear el ambiente que vivieron durante su juventud, cuando "era casi una coquetería burlarse de la religión de cada uno". ¿Cómo este clima pudo romperse tanto como para que Líbano siga roto hoy en día? 

-En el mundo árabe había un dicho común, cuando una persona estaba harta o quería criticar a otra le decía: "Maldita sea tu religión". Era una manera inocua de mostrar malestar por algo. Y hace poco me enteré de que casi matan a alguien en Siria por haberlo dicho... El cambio ha sido así de radical: se ha vivió un cambio de estructura brutal. Es un conflicto de proporciones y de hondura tremendas. 

-El ambiente de la novela me recuerda mucho una película canadiense que se llama Las invasiones bárbaras... 

-Sí, me gusta esa película, y me ha influido muchísimo... Es de Denys Arcand, me parece, el mismo director de El declive del imperio americano. Bueno, es una actitud natural, creo, el recuerdo de juventud, la nostalgia de aquello que no está... Esa tendencia a la evocación forma parte de la naturaleza humana; el recuperar, aunque sea por un momento, aquello que hemos dejado atrás. 

-¿Por qué parece que las voces más sensatas, que no son pocas, son siempre las más inaudibles? 

-Totalmente de acuerdo. Y es que la gente sensata no se enfrenta bárbaramente porque piensa siempre en las posibilidades del futuro, en el largo plazo. Ocurre que el mundo, hoy día, está focalizado hacia el presente, el ahora: se funciona según lo inmediato. Si tratas de ir más allá, pensando en lo que puede pasar a diez o quince años vista, no interesa. Ahora no se quiere comprender al otro, se es más impaciente con los demás. No se quiere escuchar, son pocos los que llaman a la conciliación. Lo único que queremos es hablar con aquellos que piensen como nosotros, para refrendar lo que ya pensamos. Somos críticos con el que está en el otro lado: ni siquiera queremos perder unos minutos en pararnos a considerar por qué el otro puede pensar lo que piensa. El mundo de hoy no escucha. 

-"Nacer es venir al mundo, y no en tal o cual país". Pero este universalismo -que en otro orden de cosas, vía tecnología, es tendencia inevitable- parece desfasado. Cada vez se subrayan más los tribalismos. ¿Cómo explica esto? 

-Adam, mi personaje protagonista dice: "Yo soy el que está en lo cierto, la historia se equivoca". Todos somos vecinos y familiares en el mundo, pero la gente se siente atada a su tribu y, curiosamente, una de las explicaciones más plausibles a esto es el mismo fenómeno de la globalización: es una tendencia que hace que muchos se sientan más amenazados. Pero no sólo las sociedades más débiles y vulnerables, sino también aquellas culturas que han demostrado su preeminencia durante mucho tiempo. Nadie siente que esté al mando de lo que pasa, y una opción es aferrarse a lo "seguro": a las tradiciones y a las diferencias del terruño. Es una de las paradojas más presentes en el mundo actual. 

-"Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación", afirma. ¿Qué esperanza le queda a la primavera árabe? 

-Sin duda lo más importante de todos esos procesos es la introducción de la democracia. Ese respeto continúa. Uno se queda más preocupado, por supuesto, cuando se pone a revisar el contenido social: los derechos de las mujeres y las minorías y cuestiones como la libertad de expresión, de información o de cátedra. Pero se ha conquistado un paso democrático que hay que conservar. Yo mantengo mi esperanza en el proceso. 

-¿Cómo imagina su regreso a Líbano? ¿La vuelta a una especie de futuro pasado, como hace Adam? 

-Mi caso sería distinto a Adam, porque mi opción sería volver a Líbano para quedarme mientras que él sólo acude de visita, con intención de volver. Yo he ido visitando el país, con distinta frecuencia, en los últimos diez o doce años... y en alguna ocasión me he planteado seriamente establecerme allí, pero al final decidí no hacerlo. No me planteo volver para quedarme y me preocupa que el país pueda incluso estar peor de lo que ya está. Con el paso del tiempo, sigo contemplando con cariño el lugar en el que viví pero me pasa en parte como a ese personaje de la novela, que llega a la antigua casa de su juventud, ahora machacada, y dice: "Ea, pues ya está. Vine, vi y me llevé un chasco. Uno pone todo su empeño en decepcionarse y, efectivamente, se decepciona". 

-En la novela desarrolla, entre otras, la teoría de los blind spots: aquellas circunstancias históricas que con el tiempo terminaron siendo fundamentales pero que, en un momento determinado, ni siquiera computaban como agravio o falta, como el foto femenino en la época de la Revolución Francesa. ¿Se atreve a desarrollar posibles blind spots para el futuro? 

-Por definición, el blind spot es algo que no se puede ver. Es muy difícil ponerse en la suposición de qué obvia cuestión fundamental habremos pasado por alto. Ahora es muy fácil decirse, ¿cómo no se dieron cuenta si cambió la historia de la humanidad? Es algo en lo que pienso a menudo, pero no puedo aventurar muchas respuestas. En la novela se apuntan algunas, como lo referente al maltrato animal, por ejemplo.

lunes, 25 de octubre de 2010

PRENSA CULTURAL. AMIN MAALOUF. Discurso de recepción del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, 2010

Amin Maalouf

Discurso, en "elpais.com":

Majestad,
Altezas,
Excelentísimos señoras y señores,
Señoras y señores del jurado,
Mis queridos amigos:

Esta dicha inmensa que siento al recibir el 'Premio de las Letras de la Fundación Príncipe de Asturias' me habría gustado expresarla, igual que otros intervinientes, en la lengua de Cervantes, de Borges y de García Lorca. No podré hacerlo por mucho que lo lamente. El castellano es una lengua que me gusta oír, que me gusta leer y que entiendo algo más de lo que suelo admitir. Pero me siento incapaz de usarla con la oportunidad y la sutileza que se merece. Es algo que, esta noche, me avergüenza un tanto, pero albergo la esperanza de que vean en este uso mío de una lengua que llega de allende los Pirineos y de un acento que llega de allende el Mediterráneo un símbolo del interés que les merece a esta Fundación y a este país la diversidad del mundo.
De esta diversidad del mundo, de esta extraordinaria diversidad que es hoy en día característica de todas las sociedades humanas, todos cantamos a veces las alabanzas; pero también nos hace padecer a todos a veces. Porque es manantial de riqueza para nuestros países, pero lo es también de tensiones. Las naciones que se asientan en los cimientos de la diversidad étnica y la inmigración se hallan entre las más dinámicas del planeta, y basta con mirar la otra orilla del Atlántico para convencerse de ello. Pero a este dinamismo lo acompañan con frecuencia trastornos, discriminaciones, odio y violencia.
La diversidad en sí misma no es ni una bendición ni una maldición. Es sencillamente una realidad, algo de lo que se puede dejar constancia. El mundo es un mosaico de incontables matices y nuestros países, nuestras provincias, nuestras ciudades irán siendo cada vez más a imagen y semejanza del mundo. La que importa no es saber si podremos vivir juntos pese a las diferencias de color, de lengua o de creencias; lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad.
Vivir juntos no es algo que les salga de dentro a los hombres; la reacción espontánea suele ser la de rechazar al otro. Para superar ese rechazo es precisa una labor prolongada de educación cívica. Hay que repetirles incansablemente a éstos y a aquéllos que la identidad de un país no es una página en blanco, en la que se pueda escribir lo que sea, ni una página ya escrita e impresa. Es una página que estamos escribiendo; existe un patrimonio común -instituciones, valores, tradiciones, una forma de vivir- que todos y cada uno profesamos; pero también debemos todos sentirnos libres de aportarle nuestra contribución a tenor de nuestros propios talentos y de nuestras propias sensibilidades. Asentar este mensaje en las mentes es hoy, desde mi punto de vista, tarea prioritaria de quienes pertenecen al ámbito de la cultura.
La cultura no es un lujo que podamos permitirnos sólo en las épocas faustas. Su misión es formular las preguntas esenciales. ¿Quiénes somos? ¿Dónde vamos? ¿Qué pretendemos construir? ¿Qué sociedad? ¿Qué civilización? ¿Y basadas en qué valores? ¿Cómo usar los recursos gigantescos que nos brinda la ciencia? ¿Cómo convertirlos en herramientas de libertad y no de servidumbre?
Este papel de la cultura es aún más crucial en épocas descarriadas. Y la nuestra es una época descarriada. Si nos descuidamos, este siglo recién empezado será un siglo de retroceso ético; lo digo con pena, pero no lo digo a la ligera. Será un siglo de progresos científicos y tecnológicos, no cabe duda. Pero será también un siglo de retroceso ético.
Se recrudecen las afirmaciones identitarias, violentas en muchísimas ocasiones y, en muchísimas ocasiones, retrógradas; se debilita la solidaridad entre naciones y dentro de las naciones; pierde fuelle el sueño europeo; se erosionan los valores democráticos; se recurre con excesiva frecuencia a las operaciones militares y a los estados de excepción... Abundan los síntomas.
Ante este retroceso incipiente, no tenemos derecho a resignarnos ni a cederle el paso a la desesperación. Hoy en día lo que honra a la literatura y lo que nos honra a todos es el intento de entender las complejidades de nuestra época y de imaginar soluciones para que sea posible seguir viviendo en nuestro mundo. No tenemos un planeta de recambio, sólo tenemos esta veterana Tierra, y es deber nuestro protegerla y hacerla armoniosa y humana.
Gracias a todos por la acogida que se me brinda en esta inolvidable ceremonia.

Traducción de M.ª Teresa Gallego Urrutia

domingo, 17 de octubre de 2010

PRENSA (2). 17 octubre 2010

En suplementos de "El País":

1. La sonrisa encarcelada. Reportaje de José Reinoso. Pekín considera uno de sus mayores enemigos al premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, el intelectual de la sonrisa tímida. Sus crímenes: haber participado en Tiananmen en 1989 y ser uno de los ideólogos clave de la Carta 08, un manifiesto a favor de la democracia. Este es su retrato.

2. Un Hitler de andar por casa. Reportaje de Juan Gómez. El tirano se hizo presente en las calles y los hogares de un país que dio carta blanca a mataderos para millones de personas. Una muestra de objetos menores lo ilustra en Berlín.

3. Muñecas otra vez. Lectura. La escritora Natasha Walter se retracta de su teoría anterior: la igualdad de sexos no está lograda. Cuando el papel de las mujeres empieza a ser más relevante en la vida pública, ciertas empresas y expertos apuestan por el determinismo biológico para explicar las diferencias de género.

4. Por la abolición del asesinato legal. Artículo de Bernard-Henri Lévy. Aunque la pena capital no tiene carácter disuasivo, no protege a la sociedad, ni repara el daño que el criminal le causa, miles de hombres y mujeres esperan su ejecución en las cárceles de medio mundo.

5. Señoras que aman la cultura. Por Elvira Lindo.

6. Ser sabio, ser pobre. Por Maruja Torres.

7. Confesiones de un ex fumador. Por Javier Cercas.

8. “Avanzamos hacia un mundo de amargura”. Entrevista a Amin Maalouf. Por Juan Cruz. No es un autor cómodo porque va por libre. Libanés de nacimiento y exiliado en Francia, defiende que los valores son universales y compatibles con la diversidad de las culturas. La próxima semana recibe el 'Premio Príncipe de Asturias de las Letras'.

9. Retazos de genio. Reportaje sobre el cibujante Frank Miller. Por Javier Heras. Convirtió a Batman en un héroe crepuscular. Marcó época con la estética negra de ‘Sin City’. Su salto del cómic al cine fue polémico. Frank Miller ultima una novela gráfica y prepara otro guión: ningún tropiezo agota sus ganas de experimentar.

10. Errar es humano, aprender es divino. Reportaje de psicología. Por Francesc Miralles. Considerar un error como una oportunidad para aprender es inteligente. La historia de la humanidad está llena de fallos que desencadenaron en importantes descubrimientos.

11. ¿Para qué tengo amigos? Reportaje de Borja Vilaseca. Formamos parte de una gigantesca red de relaciones. Pero más allá de los vínculos que creamos por obligación, interés y necesidad, ¿con cuántas personas mantenemos una verdadera amistad? Es decir, una relación escogida y cultivada de forma voluntaria, basada en el respeto, la confianza y la libertad.

jueves, 10 de junio de 2010

PRENSA CULTURAL. Sobre Amin Maalouf, premio Príncipe de Asturias de las Letras, por Maruja Torres

Amin Maalouf
En "El País": así termina el artículo de Maruja Torres, dedicado al escritor Amin Maalouf:
Como León el Africano, puede afirmar: "No procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía". En El desajuste del mundo se entrega al análisis de este planeta desnortado y de sus carencias y excesos. Y saca lecciones. Preconiza una escala de valores basada en la cultura. Y no por ser él un intelectual, un escritor. No habla de la cultura como de un bien de consumo. "Hoy en día", afirma, "el papel de la cultura es proporcionar a nuestros contemporáneos las herramientas intelectuales y morales que les permitan sobrevivir: nada menos".

Leer el artículo completo.

PRENSA. 10 junio 2010


En "El País".

1. Cae otro justo. Columna de Maruja Torres.

2. Superioridad. Columna de David Trueba.

3. Contra la dictadura de la pureza. Por Javier Valenzuela. El jurado recompensa a Amin Maalouf como defensor de la convivencia de culturas. Maalouf, el Africano, por Luis Sepúlveda. Hijo del camino, por Maruja Torres.  

4. Ver lo que nos sale a cuenta. Artículo de Miquel Porta Serra, investigador del Instituto Municipal de Investigación Médica y catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona. Los beneficios socioeconómicos de la salud pública son reales, generales, a largo plazo, pero difíciles de cuantificar y, a menudo, invisibles. Hay que dar mayor valor a estas inversiones.

miércoles, 9 de junio de 2010

NARRATIVA. LECTURA. "León el Africano", novela de Amin Maalouf (Premio 'Príncipe de Asturias de las Letras')

Amin Maalouf
León el Africano (fragmento)
Aquel año, el santo mes de ramadán caía en pleno verano y mi padre no solía salir de casa antes del atardecer, pues la gente de Granada estaba nerviosa por el día, tenía frecuentes altercados y su humor sombrío era signo de piedad, puesto que sólo un hombre que no observase el ayuno podía conservar la sonrisa bajo un sol de fuego y sólo un hombre indiferente a la suerte de los musulmanes podía seguir siendo jovial y afable en una ciudad minada por la guerra civil y amenazada por los infieles.
Yo acababa de nacer, por la ineludible gracia del Altísimo, en los últimos días de shabán, algo antes del comienzo del mes santo, y Salma, mi madre, estaba dispensada de ayunar hasta que se repusiera, y Mohamed, mi padre, estaba dispensado de refunfuñar, incluso en las horas de hambre y de calor, pues el nacimiento de un hijo que lleva su nombre y que llevará un día sus armas es para cualquier hombre motivo de legítimo regocijo. Para colmo, yo era el primer hijo y, al oírse llamar "Abu-l-Hasan", mi padre sacaba imperceptiblemente el pecho, se atusaba el bigote y dejaba que se le deslizaran lentamente ambos pulgares a lo largo de la barba mientras los ojos se le iban hacia la alcoba del piso superior donde me hallaba yo envuelto en pañales. Su alegría exuberante no poseía, sin embargo, ni la hondura ni la intensidad de la de Saima que, a pesar de sus dolores persistentes y su extrema debilidad, se sentía nacer por segunda vez con mi venida al mundo, pues mi nacimiento la convertía en la primera mujer de la casa y le aseguraba los favores de mi padre por muchos años.
Fue mucho después cuando me confió sus temores, que yo había apaciguado, si no disipado, sin saberlo. Mi padre y ella, primos, prometidos desde la infancia, casados durante cuatro años sin que ella quedara encinta, habían oído alzarse, a partir del segundo año, el zumbido de un rumor infamante. Tanto que Mohamed había regresado un día con una hermosa cristiana de negras trenzas, comprada a un soldado que la había capturado durante una razzia en las cercanías de Murcia. Le había dado el nombre de Warda, la había instalado en un reducido aposento que daba al patio y llegó a hablar de mandarla a casa de Ismael el Egipcio para que le enseñara
laúd, danza y escritura como a las favoritas de los sultanes.
-Yo era libre y ella era esclava, me dijo mi madre, y el combate entre nosotras era desigual. Ella podía usar a su antojo todas las armas de la seducción, salir sin velo, cantar, bailar, escanciar vino, guiñar los ojos y andar ligera de ropa, mientras que yo estaba obligada, por mi posición, a no abandonar jamás mi reserva y aún menos a mostrar interés alguno por los placeres de tu padre. Este me llamaba "prima". Cuando hablaba de mí, decía respetuosamente la "Horra", la libre, o la "Arabiya", la árabe, y la propia Warda me mostraba toda la deferencia que debe una sirvienta a su ama. Pero, por la noche, el ama era ella.
-Una mañana -proseguía mi madre con un nudo en la garganta a pesar de los años transcurridos-, Sara la Vistosa vino a llamar a mi puerta. Los labios pintados con raíz de nogal, los ojos maquillados con kohol, las uñas esmaltadas con alheña, emperifollada, de los escarpines a la cabeza, con sedas viejas y ajadas, de todos los colores, impregnadas de polvos de olor. Solía pasar a verme -¡Dios tenga misericordia de ella, esté donde esté!- para vender amuletos, brazaletes, perfumes a base de limón, de ámbar gris, de jazmín o de nenúfar y para decir la buenaventura. Se dio cuenta en seguida de que tenía los ojos enrojecidos y, sin necesidad de contarle la causa de mi desdicha, empezó a leer en mi mano como en la arrugada página de un libro abierto. Sin levantar la vista, pronunció lentamente estas palabras, que aún recuerdo:
"Para vosotras, las mujeres de Granada, la libertad es una solapada esclavitud; la esclavitud una sutil libertad". Luego, sin añadir nada, sacó de un capacho de mimbre un minúsculo frasco verdoso: "Esta noche, verterás tres gotas de este elixir en un vaso de horchata y se lo darás tú misma a tu primo. Acudirá a ti como una mariposa que se acerca a una lámpara. Repetirás el gesto dentro de tres noches y, después, dentro de siete"
(Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y María Isabel Reverte Cejudo)

PRENSA CULTURAL. Amin Maalouf gana el 'Príncipe de Asturias de las Letras'

El escritor franco-libanés Amin Maalouf sale de su casa de L'ile d'Yeu, donde se "refugia" para escribir. DANIEL MORDZINSKI ("El País")


En "elpais.com".

Amin Maalouf gana el premio Príncipe de Asturias de las Letras


El escritor libanés, autor de León el Africano, vive en Francia desde 1975

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 09/06/2010
El premio Príncipe de Asturias de las Letras ha recaído este año en un autor incómodo, en alguien que va por libre. Nació en Beirut en 1949 pero vive en París desde 1975. Escribe en francés -ganó el prestigioso Goncourt en 1993 con La roca de Tanios- pero la mayoría de sus libros hablan del mundo árabe. En un tiempo en el que a los escritores se les pide fidelidad sin fisuras a una causa o a una nación por el simple hecho de haber nacido a un lado de la frontera que ellos no han elegido, Maalouf es un hombre de matices que cree que la universalidad de los valores no es incompatible con la diversidad de las culturas.

Continuar leyendo el artículo.

sábado, 10 de octubre de 2009

PRENSA CULTURAL. "Babelia". 10 octubre 2009


En el suplemento cultural Babelia, de "El País":

1. La curiosidad del poeta. José Emilio Pacheco es entrevistado por Pablo Ordaz. El poeta repasa su proceso creativo, y su exigencia lo lleva a compartir la afirmación: "En la poesía, lo que no es excelente es despreciable". El escritor mexicano publica un nuevo poemario, "La edad de las tinieblas". El 17 de noviembre recibirá en Madrid el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. (Podemos leer unos poemas y enlazar con una antología del poeta si acudimos a la etiqueta "Pacheco José Emilio", que nos remitirá a una entrada de este blog). En El significado último de una imagen, Luis Muñoz firma una crónica sobre Pacheco.

2. CRÍTICA DE LIBROS. El museo de la inocencia, de Orhan Pamuk (por José María Guelbenzu. Orhan Pamuk retrata con decisión y eficacia el complejo entramado social y el proceso de modernización de su país. Pero su nueva novela se empantana en minucias, insistencias y reiteraciones que no otorgan progreso dramático al relato). El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan, de Amin Maalouf (por Josep Ramoneda. Podemos leer sus primeras páginas). Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (por María José Obiol).

3. LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL. El juego del conocimiento: reportaje de Elisa Silió (la divulgación para niños y jóvenes combina rigor y diversión. Savater, Arsuaga y Silva, entre los autores españoles que publican nuevos libros). Maldita adolesccencia: reportaje de Ramón Reboiras (Skaters, surfers, vampiros, monstruos y candados -de Van Sant, Burton, Jonas Brothers, Federico Moccia...- dominan el panorama de libros, películas, series y música para el público juvenil).


4. "Se acabó el derroche". Entrevista al arquitecto Frank O. Gehry.

martes, 29 de septiembre de 2009

PRENSA. 29 septiembre 2009


En "El País":

1. "Occidente no respeta la dignidad de las personas". Juan Cruz entrevista al escritor Amin Maalouf, que acaba de presentar su ensayo El desajuste del mundo.

2. Nadie quiere dirigir el instituto. Reportaje de J.A. Aunión. La falta de candidatos para gobernar centros públicos es un problema desde hace décadas. A los profesores no les compensa asumir la responsabilidad; ni ganan más ni tienen autonomía.

3. Que la Tierra no se caliente cuatro grados. Reportaje de Walter Oppenheimer. El Hadley Center predice falta de agua potable, sequías e inundaciones si no se reducen pronto las emisiones de CO2.

4. El regreso de los piratas. Artículo de Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía en la Universidad de Zaragoza.

5. Por un conocimiento sin fronteras. Artículo de Víctor Pérez-Díaz, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. La gravedad de la crisis en España está relacionada con nuestra debilidad en los campos de la educación y la ciencia. De ahí la baja competitividad y cualificación de la economía y la escasa calidad del debate público.

6. Mágico. Columna de Rosa Montero.