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lunes, 14 de marzo de 2016

TEATRO. "Cervantes, Shakespeare ¿y Lope?". Gonzalo Pontón

   En "el País":

Cervantes, Shakespeare ¿y Lope?

La superabundancia de Lope desconcierta e incomoda: nadie puede abarcar una masa textual que supera el millón de versos

Ahora que ha empezado el combate del año entre Shakespeare y Cervantes, puede que no sea mala opción el salirse por la tangente. El duelo artístico (no digo el político, que el alcalaíno ha perdido estrepitosamente gracias a la Administración española) está abocado a las tablas, porque se trata de magnitudes difícilmente comparables. La tangente, aquí, se llama Lope de Vega, que se presta mucho mejor que Cervantes al juego de las similitudes y las diferencias con Shakespeare.
Nacidos casi al mismo tiempo (Lope era dos años mayor), ambos triunfaron con las obras que crearon para espacios y públicos similares. Lope vivió más que Shakespeare, 20 años largos, pero sobre todo escribió muchísimo más: 400 obras conservadas –otras muchas se han perdido- frente a algo más de 30. La superabundancia de Lope desconcierta e incomoda: nadie puede abarcar razonablemente una masa textual que supera de largo el millón de versos. Sobre ella pesa el prejuicio de que, siendo tan descomunal, es difícil que pueda rayar a gran altura. Lo más sencillo es concluir que Lope es largo y la vida breve, y conformarse con aquel puñado de piezas, casi todas serias, que la tradición ha canonizado: Fuente OvejunaEl caballero de OlmedoPeribáñezEl castigo sin venganza y con suerte alguna más, como El perro del hortelano o La dama boba. Con este proceder selectivo, o más bien excluyente, se pierde de vista algo esencial: que Lope concibió su teatro como una actividad constante, sin cimas ni valles, menos interesada en el logro magistral que en la excelencia sostenida. El público que atestaba los corrales, único juez verdadero, así lo percibió. Hasta Cervantes, que envidiaba la fortuna de Lope, no pudo menos que reconocer que “todas [sus comedias], que es una de la mayores cosas que puede decirse, las ha visto representar o oído decir por lo menos que se han representado”. La de Lope fue una carrera teatral a la que sonrió el éxito de forma ininterrumpida durante 50 años, algo que no ha conseguido ningún otro autor dramático en la historia de Occidente, de Esquilo o Eurípides a Brecht o Beckett.

Lo mejor de Lope es que nunca se acaba. Fue inmenso como la naturaleza y, a su modo, la comprendió muy bien

Lo mejor de Lope es que nunca se acaba. Fue inmenso como la naturaleza y, a su modo, la comprendió muy bien. Solo que, a diferencia de su contemporáneo inglés, no la contempló jamás desde arriba, sino desde dentro. Shakespeare es su teatro, y nada de relieve sabemos sobre él; Lope es pura vida, de la que casi nada se nos ha ocultado, y esa vida se desborda en sus comedias. Si se ha destacado la extrema capacidad de Shakespeare a la hora de apropiarse de materiales ajenos (todas sus obras dependen de fuentes conocidas), lo mismo cabe decir de Lope, capaz de convertir en trama teatral literalmente cualquier cosa: una crónica contemporánea, un relato corto italiano, una cancioncilla popular, un acontecimiento reciente, un refrán, y no menos hábil a la hora de inventar historias maravillosas y sentimentales ambientadas en Frisia, Tracia o Hungría. Por sus comedias campan el mundo entero y todas las situaciones, desde crímenes políticos a venganzas colectivas, desde hijos abandonados hasta actores que representan a otros actores, desde la batalla de Roncesvalles a la de Alcazarquivir, desde una secreta venganza familiar a una animada historieta de amor que transcurre en un manicomio, o en una venta, o en las calles, fuentes y Prados de un Madrid onmipresente y contemporáneo.
Cierto que Shakespeare nos da el mundo y también al individuo. Lope no. Ante Hamlet, Lear, Lady Macbeth, Shylock o Falstaff se difuminan don Alonso, Laurencia, Diana, Peribáñez o Nise. No es cuestión menor, pero lo que hay que advertir es que responde a dinámicas teatrales distintas. En el madrileño, y en el teatro que contribuyó decisivamente a forjar, priman las acciones y los tipos humanos que las encarnan: los nobles ociosos y enamoradizos que pululan por la corte, las damas sagaces que maniobran para conseguir sus objetivos, los príncipes aventureros y decididos, los padres guardianes del honor de sus hijas, y así sucesivamente. Es una concepción basada en las funciones dramáticas, que potencia el carácter antes que el individuo. Lo extraordinario es que no por ello se suprimen el placer ni la sorpresa: las comedias urbanas de Lope se cortan todas por un mismo patrón, el de los triángulos amorosos –o polígonos de más lados- que se enredan y desenredan, pero cada una es distinta y admirable en su capacidad de producir cambios, destellos y matices. En música, a esta opción creativa se la denomina “tema con variaciones”, y no va en desdoro de sus cultivadores, sobre todo si se llaman Telemann o Bach, con los que Lope tiene en común la prolijidad.
De Shakespeare se pondera a menudo algo intraducible: su maestría en el empleo del pentámetro yámbico. En ese mismo territorio, nunca se subrayará lo bastante la originalidad y las posibilidades de la polimetría propia de la comedia nueva. Los cambios métricos pautan y modulan la acción, como un elemento significativo más: es algo que el público de entonces –y el de hoy, si los actores son competentes- percibía de inmediato. Cada estrofa se acomodaba a una determinada situación, como el propio Lope explicó en su Arte nuevo: si las décimas convenían a las quejas, las narraciones de acontecimientos quedaban perfectas en romance, mientras que las esperas podían llenarse con un soneto, quizá el equivalente lírico y concentrado de los soliloquios del teatro inglés. Esa variedad, puesta en manos de un poeta superdotado como Lope, alcanza las más altas cotas de eficacia: no hay comedia suya que no contenga versos pletóricos de talento y gracia y que no resulte un verdadero placer para el oído. También para el oído era la música, que el madrileño prodigó en sus obras teatrales, donde se escuchan villancicos, seguidillas, romancillos, tonadas, interludios instrumentales. Éxitos de ayer y hoy que el público conocía y quizá tarareaba entre dientes.

Ante Hamlet, Lear, Lady Macbeth, Shylock o Falstaff se difuminan don Alonso, Laurencia, Diana, Peribáñez o Nise

Distinta fue la posición que Shakespeare y Lope ocuparon en los engranajes del sistema teatral de su tiempo. Aquel era el playwright o escritor habitual –y esporádico actor- de una compañía teatral que explotaba dos locales en Londres, de la que además era socio, con participación en los beneficios. Lope escribía para todas las compañías de primer orden, les vendía su producto (el original de la obra) y por lo general se desentendía de ello. Esta diferencia pueden ayudarnos a entender la abundancia lopeveguesca: era un creador en serie para una industria floreciente, de consumo acelerado, que nunca dejó de requerir obras nuevas. Si nos apetece establecer un paralelo, por supuesto aproximado, entre el teatro de entonces y la cultura visual de nuestro último siglo, Shakespeare sería asimilable al escritor estrella de una de las majors del Hollywood dorado, y Lope resultaría más afín a los torrenciales guionistas actuales, que escriben sin descanso para la televisión. ¿Shakespeare como Billy Wilder y Lope como Aaron Sorkin? No es mala manera de calificar a ninguno de los cuatro. Lo bueno es que, ni antes ni ahora, hay que quedarse con uno en detrimento de otro. Tampoco con Lope frente a Cervantes, ni viceversa.
Aun siendo tan distintos, hay un aspecto que el alcalaíno y el madrileño claramente comparten a día de hoy: su escasa fortuna institucional. Si los actos de reconocimiento oficial de Cervantes palidecen en comparación a los de Shakespeare, otro tanto o peor sucede con Lope. El mejor conocimiento y divulgación de su obra dramática sigue confinado, en lo fundamental, al reducido mundo de los expertos. A día de hoy aún no puede leerse su integral dramática en ediciones modernas y fiables. Ese proyecto, que está en curso, se sostiene de momento gracias a la conjunción entre la alta investigación universitaria, con menguados fondos estatales, y la buena voluntad de Editorial Gredos. Quizá llegue a completarse a tiempo de celebrar el cuarto centenario de la muerte del autor... en 2035. ¿Cabría imaginar algo así en el caso de Shakespeare? Y, sin embargo, cada vez que un nuevo Lope se lleva a escena, el interés es enorme y el público responde, exactamente igual que ocurría hace 400 años. Nadie diría, en este sentido, que Lope o Cervantes sean monumentos del pasado. Como la estatua de Hermíone, están más vivos de lo que parece. Y nos hablan.
Gonzalo Pontón Gijón es profesor de la UAB y coordina la edición del teatro completo de Lope de Vega.

miércoles, 16 de abril de 2014

PRENSA CULTURAL. "Lope, inagotable pero no imposible", reportaje


   En "El País":

Lope, inagotable pero no imposible

El proyecto de los hermanos Blecua de culminar las obras completas del Fénix de los Ingenios recibe el impulso de Gredos con la publicación de 12 nuevos tomos

 Barcelona 2 NOV 2012

Shakespeare (1564-1616) escribió 36 obras dramáticas: 11 tragedias, 15 comedias y 10 obras históricas. Molière (1622-1673) y Corneille (1606 - 1684) no llegaron al medio centenar cada uno. Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635) aseguraba haber hecho 1.500. Se le atribuyen 314 seguras, además de 42 autos sacramentales. Se conservan 50 manuscritos originales. La leyenda dice que empezó a los 10 años y hay quien le considera el primer escritor profesional. Para muchos expertos es, sobre todo, un gran revolucionario. Quizá ese exceso de producción disculpe que no existan aún unas Obras completas dignas de ese nombre. Aunque están más cerca que nunca, gracias a la labor de los hermanos Blecua, leyendas de la filología española, primero en la pequeña editorial Pagés y ahora en Gredos, sello de RBA.


Lope de Vega visto por Sciamarella
La obra del llamado Fénix de los Ingenios ha sido ampliamente divulgada aunque no fue muy traducido, a excepción de en Italia. Su influencia en el teatro occidental resulta enorme, sin ir más lejos, se le considera el padre de la reducción a tres actos de las piezas teatrales. En la segunda mitad del XIX, la Academia de la Lengua decidió publicar la obra completa de Lope, empresa que pasó a ser dirigida por el gran erudito y controvertido intelectual Marcelino Menéndez Pelayo. Esta edición arranca con la famosa Nueva biografía de Lope de Vega, de Cayetano Alberto de la Barrera y Leirado, escrita poco después de la muerte del dramaturgo, que había sido censurada, porque incluía su correspondencia, cuando ya era sacerdote, con su amante Marta de Nevares, lo que ponía en evidencia la promiscuidad de Lope de Vega, cuyo número de hijos y de relaciones era legendario, como atestigua Cervantes.
La edición de Menéndez Pelayo comprendía 14 tomos, prologados, pero sin notas. Hasta muy recientemente, tal vez por sus colosales dimensiones, no existía una edición crítica de la obra completa de Lope de Vega, ni siquiera de todas sus comedias. A esta labor se viene dedicando desde hace 16 años el grupo de investigación Prolope de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), bajo la dirección del catedrático del departamento de Filología Española Alberto Blecua, el carismático hermano de José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española (RAE).

El autor de ‘Fuenteovejuna’ aseguraba haber escrito 1.500 textos
Cuenta Alberto Blecua que hace muchos años, un amigo suyo de nombre Víctor García de la Concha —y anterior presidente de la RAE— preparaba oposiciones a catedrático de instituto y le pidió que le ayudara a preparar un tema sobre las comedias de Lope anteriores a 1600. Al hacerlo descubrió lo mucho que quedaba por hacer incluso con un autor como Lope, y desde entonces está en ello. Prolope reunió un equipo de investigadores que ha creado escuela. La financiación pública del proyecto tenía como condición la publicación de los trabajos. Blecua y el profesor Guillermo Serés se dirigieron a la pequeña editorial Pagés, de Lleida, que desde entonces ha publicado, en su sello Milenio, las diez primeras partes de la edición crítica de las comedias de Lope. Cada parte contiene 12 obras y en total han llegado a las librerías 26 volúmenes.
Ahora, el proyecto ha dado el salto a una gran casa editorial, al sello Gredos, propiedad del grupo RBA, que acaba de presentar en Barcelona otra entrega de 12 comedias: la undécima parte.
Lo cierto es que Pagés no se lo esperaba. “Empezamos hace 16 años y ahora se han ido a otra editorial”, explica un tanto compungido. “He hablado con RBA y vamos a tener una reunión porque hay que arreglarlo, de modo que los lectores puedan acceder a la colección completa. No es lógico que la mitad esté en una editorial y la otra mitad en otra”. Explica Pagés que tiene clientes en todo el mundo, básicamente grandes universidades y bibliotecas, especialmente en América Latina. El reto que supuso atreverse con tamaño proyecto para esta pequeña empresa empieza ahora a rendir. Se calcula que completarlo tomaría 30 años más.

La labor de terminar el proyecto tomaría a los expertos unos 30 años más
La presentación fue una reunión extraordinaria de grandes especialistas del Siglo de Oro español, empezando por los hermanos Blecua. José Manuel señaló la importancia de disponer de una versión crítica de la obra de Lope, con las distintas versiones cotejadas y las notas que iluminan el texto. Habló de los realia: términos que definen los objetos de la cultura material de la época. Por ejemplo, “la uña de la gran bestia” era ni más ni menos que la pezuña de alce que se vendía en las farmacias de Valladolid. “Lo más importante”, añadió, “es cómo se lee el teatro, que en realidad estaba hecho no tanto para ser representado como para ser leído”. “Los profesores tendrían que aprender a leer los textos”, apuntó el director de la RAE, “un gran profesor tiene que ser un gran actor”.
Alberto Blecua fue entrevistado por Iñaki Gabilondo e intentó satisfacer la curiosidad de “un analfabeto”, como se definió el periodista. La España del Siglo de Oro era un país mucho más rico, culto y complejo de lo que ahora puede pensarse. Recordó que, hacia 1600, solo en Sevilla había 5.000 estudiantes y según el historiador Richard Kagan, un millón y medio de lectores. El 15% de la población leía… latín, algo de lo que, según Blecua, cabría responsabilizar a los jesuitas, lo que no deja de ser una contradicción en plena contrarreforma. “El Quijote”, recordó, “tiene 400 libros en su biblioteca, entre ellos la primera traducción deTirant lo Blanc, pero no era el Quijote quien tenía esta biblioteca, sino Cervantes, lo que da una idea de lo mucho que se publicaba”. La literatura es un negocio importante: La cárcel del amor y La Celestina son auténticos best sellers. “Estaba de moda aprender español y el imperio contribuyó a su difusión”, señaló Blecua.
El teatro era una obsesión en la España del Siglo de Oro. Un estudiante italiano de la época escribe que en Salamanca ha visto 200 comedias en cuatro años. Y como hoy, Lope de Vega y sus contemporáneos también tuvieron que luchar contra el fenómeno de la piratería. “Existían los llamados memorillas o memoriones, que iban tres veces al teatro, se aprendían los versos y luego los escribían”.

martes, 4 de enero de 2011

POESÍA. "El nombre de Jesús", de Lope de Vega (1562-1635)

Lope de Vega
El nombre de Jesús

¡Alegría, zagalas,
valles y montes,
que el zagal de María
ya tiene nombre!

Corred, arroyuelos,
cándida leche;
los corderos retocen,
canten las fuentes

y las aves alegren
con sus canciones.
¡Que el zagal de María
ya tiene nombre!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

POESÍA. Villancico de Lope de Vega (1562-1635)

Lope de Vega
Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto:
no le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

El Niño divino,
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,
sosegar quiere un poco
del tierno llanto.
Que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Rigurosos hielos
le están cercando;
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.
Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

sábado, 28 de agosto de 2010

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL (FRAGMENTOS). TEATRO. "El perro del hortelano", de Lope de Vega

ACTO PRIMERO
Salen TEODORO y TRISTÁN; vienen huyendo

TEODORO: Huye, Tristán, por aquí.
TRISTÁN: Notable desdicha ha sido.
TEODORO: ¿Si nos habrá conocido?
TRISTÁN: No sé; presumo que sí.

Vanse. Sale DIANA

DIANA: ¡Ah gentilhombre!, esperad.
¡Teneos, oíd! ¿Qué digo?
¿Esto se ha de usar conmigo?
Volved, mirad, escuchad.
¡Hola! ¿No hay aquí un crïado?
¡Hola! ¿No hay un hombre aquí?
Pues no es sombra lo que vi,
ni sueño que me ha burlado.
¡Hola! ¿Todos duermen ya?

Sale FABIO

FABIO: ¿Llama vuestra señoría?
DIANA: Para la cólera mía
gusto esa flema me da.
Corred, necio, enhoramala,
pues merecéis este nombre,
y mirad quién es un hombre
que salió de aquesta sala.
FABIO:¿De esta sala?
DIANA: Caminad,
y responded con los pies.
FABIO: Voy tras él.
DIANA: Sabed quién es.
FABIO: ¿Hay tal traición, tal maldad?

Vase. Sale OTAVIO.

OTAVIO: Aunque su voz escuchaba,
a tal hora no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: ¡Muy lindo Santelmo hacéis!
¡Bien temprano os acostáis!
¡Con la flema que llegáis!
¡Qué despacio que os movéis!
Andan hombres en mi casa
a tal hora, y aun los siento
casi en mi propio aposento;
que no sé yo dónde pasa
tan grande insolencia, Otavio.
Y vos, muy a lo escudero,
cuando yo me desespero,
¿ansí remediáis mi agravio?
OTAVIO: Aunque su voz escuchaba,
a tal hora no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: Volveos; que no soy yo;
acostaos; que os hará mal.
OTAVIO: Señora...

Sale FABIO

FABIO: No he visto tal.
Como un gavilán partió.
DIANA: ¿Viste las señas?
FABIO: ¿Qué señas?
DIANA: ¿Una capa no llevaba
con oro?
FABIO: Cuando bajaba
la escalera...
DIANA: ¡Hermosas dueñas
sois los hombres de mi casa!
FABIO: A la lámpara tiró
el sombrero y la mató.
Con esto los patios pasa,
y en lo escuro del portal
saca la espada y camina.
DIANA: Vos sois muy lindo gallina.
FABIO: ¿Qué querías?
DIANA: ¡Pesia tal!
Cerrar con él y matalle.
OTAVIO: Si era hombre de valor,
¿fuera bien echar tu honor
desde el portal a la calle?
DIANA: ¡De valor aquí! ¿Por qué?
OTAVIO: ¿Nadie en Nápoles te quiere,
que mientras casarse espere,
por dónde puede te ve?
¿No hay mil señores que están,
para casarse contigo,
ciegos de amor? Pues bien digo,
si tú le viste galán,
y Fabio tirar bajando
a la lámpara el sombrero.
DIANA: Sin duda fue caballero
que, amando y solicitando,
vencerá con interés
mis crïados; qué crïados
tengo, Otavio, tan honrados.
Pero yo sabré quién es.
Plumas llevaba el sombrero,
y en la escalera ha de estar.

CINE. "El perro del hortelano" (1996), de Pilar Miró (basada en la obra homónima de Lope de Vega)



viernes, 27 de agosto de 2010

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL. POESÍA. "A mis soledades voy", de Lope de Vega. MÚSICA: José Menese

Lope de Vega

A MIS SOLEDADES VOY

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo,
su locura en su arrogancia,
mi humildad en su desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en otro tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

Sólo sé que no sé nada,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del jüicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más
otros por cartas de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,

y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrina como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!

Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

Ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.

Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

Ahora, José Menese, acompañado a la guitarra por Enrique de Melchor, canta unas estrofas:

domingo, 22 de agosto de 2010

PRENSA (2). 22 agosto 2010

En suplementos de "El País".

1. Sobrevivir a la enfermedad. Reportaje de Javier Ayuso, perteneciente a la serie "Agujeros negros del planeta". La corrupción endémica, la malaria y la desnutrición son las grandes plagas de la República Centroafricana, agravadas por la crisis económica.

2. No es lo mismo claro que simple. Artículo de Javier Cercas.

3. El último verano de Paula Ris. Relato de Domingo Villar. Leo Caldas, de 14 años, pierde a una amiga, asesinada. Cuando presencia la detención de un sospechoso, encuentra su vocación. Cuarta entrega de la serie en la que cinco escritores recuperan a famosos personajes de sus obras y los convierten en protagonistas inéditos para ‘El País Semanal’.

4. Un Lope apasionado y pendenciero. Reportaje de Sergio C. Fanjul. Le llamaron El Fénix de los Ingenios. Pero antes de pasar a la historia, Lope de Vega fue un joven apasionado, ambicioso y algo asilvestrado. Es la cara que recupera ahora una película con un reparto excepcional. Estuvimos en el rodaje en Marruecos.

5. No tengamos miedo a la libertad. Reportaje de psicología, por Miriam Subirana. Hay gente que para no arriesgarse al fracaso, al rechazo, a la soledad, intenta acoplarse al grupo, agradar y quedar siempre bien. No es así como nos sentiremos fuertes y tranquilos.

6. Elvira Lindo. Viviendo en serio. Entrevista. Por Amelia Castilla. Como pequeña de la familia, le asignaron el papel de alegría de la casa. Y con esa ‘carga’ ha vivido. Era la autora de ‘Manolito Gafotas’ y de columnas graciosas. Ahora decide liberarse de tanto humor con su nueva novela, ‘ Lo que me queda por vivir’ (Seix Barral), sobre una joven madre y su hijo en la España de los ochenta.

7. Poderes mágicos en la República Dominicana. Por Clara Sánchez. Toda la exuberancia del Caribe cabe en la República Dominicana. Ámbar azul, incursiones en el Polo Magnético, tardes de béisbol... Una tierra compartida con Haití, el desdichado vecino. Cuarta parada de esta serie que invita a viajar cada domingo de agosto, de la mano de diferentes escritores, a esos mundos en miniatura que son las islas.

8. Todos muertos de miedo. Artículo de Rosa Montero.

viernes, 16 de julio de 2010

POESÍA. Un soneto de Lope de Vega (1562-1635)

Lope de Vega

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma e ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse.

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades
es lo que llaman en el mundo ausencia:
fuego en el alma y en la vida infierno.