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miércoles, 17 de noviembre de 2010

PRENSA CULTURAL. CÓMIC. CRÍTICA. "El arte de volar", de Kim y Antonio Altarriba, Premio Nacional de Cómic

En "elpais.com":

'El arte de volar' es una obra maestra
ÁLVARO PONS 16/11/2010

El arte de volar, de Kim y Antonio Altarriba ha sido distinguido como el mejor cómic publicado en 2009 al recibir el 'Premio Nacional de Cómic' convocado por el Ministerio de Cultura. Un galardón que no sorprende, en tanto se suma a la larga lista de reconocimiento unánime que la obra ha obtenido (Premio del Salón del Cómic de Barcelona, Premi Nacional de Còmic de Catalunya, Premio Cálamo, Premio de la Crítica...), pero que sigue quedándose corto para evaluar la calidad e importancia que esta obra tiene (y tendrá) para el cómic español.
Antonio Altarriba, teórico de la historieta y guionista vocacional en la insurgente historieta de los años 80, rompe con una cómoda trayectoria que lo vinculaba al relato erótico elegante y sensual para zambullirse en un doloroso ejercicio de introspección personal. Su padre se suicidó a los 90 años, se arrojó al vacío desde la habitación de la residencia en un acto de rebeldía final. Un corte de mangas con el mundo incomprensible para su hijo, inexplicable, que poco a poco se transformaba en angustia personal hasta que encontró unas notas, una especie de diario personal, que mostraba una figura muy distinta a la que él conoció como padre. La duda, el misterio de lo acontecido y de esas notas sólo tenía una posible solución: reconstruir desde cero la figura de su padre, armar una realidad diferente a la que su residía en su memoria, acercarse a la figura de un desconocido, de un tal Antonio Altarriba que vivió una larga vida, noventa años en los que quizás fue feliz o quizás desgraciado, que tuvo un hijo, Antonio, y se quitó la vida tirándose desde una ventana.
El arte de volar es esa recomposición de una fotografía rota en miles de pedazos, una labor de relojero paciente que debe encajar todos los mecanismos con precisión pero sin tener plano que le ayude, descubriendo a cada paso la verdad, aun a sabiendas a que pueda ser dolorosa. Antonio, hijo, toma la voz de Antonio, padre, para recorrer su peripecia vital, desde el niño que se divertía y reía con la ilusión de poder volar hasta el joven que pronto conoció la dura realidad de una guerra, del hambre de la posguerra y el horror de la dictadura. Descubriendo la vida de su padre, Altarriba da voz también a los olvidados, a los que vivieron el exilio pero volvieron como derrotados, fagocitados por un sistema que los convirtió en meros peones. Antonio Altarriba, padre, fue uno más de esa legión de nombres que no fueron parte de la historia: la historia pasó por encima de ellos. Transformado en una pieza más de un engranaje contra el que luchó, moviéndose en una pantomima de libre albedrío, sólo queda una libertad: decidir cuándo se sale de la máquina, saltar al vacío y elegir, al menos, cómo encontrarse con la muerte. Una caída de noventa años recorrida en apenas unos segundos que su hijo reconstruirá a golpe de sufrimiento y tortura personal.
Un ejercicio intenso y desolador de introspección familiar y sentimental que tenía que saltar todavía a la viñeta. El noveno arte ha sido el lenguaje elegido por obras de reflexión personal tan importantes como Maus, El almanaque de mi padre o Jimmy Corrigan, coincidentes con el cómic de Altarriba en derivar de una forma u otra del análisis de la figura del padre, pero realizadas desde la protección del espacio íntimo que proporciona la autoría total de la obra. Como guionistas y dibujantes, Spigelman, Taniguchi o Ware practicaban un ejercicio de catarsis personal aislada, traducían sus emociones directamente al papel en comunicación directa con el lector. Pero Altarriba, guionista, tenía la difícil elección de dejar en manos de otros el descarnamiento de sus sentimientos. La decisión fue sorprendente: Joaquim Aubert, Kim, el conocido dibujante de Martínez el facha en 'El Jueves', un personaje ya icónico que había fagocitado casi por completo a su autor. Pero los que recuerdan aquella época de los 80 saben de la inmensa versatilidad de este dibujante, minucioso y de expresividad fluida, que demuestra en El arte de volar hasta qué punto todo calificativo se queda escaso. Ante una obra de sinceridad aplastante, de momentos de emotividad pura y de reflexión pausada, Kim realiza un trabajo brutal de condensación, convirtiéndose en invisible vehículo de la narración de Altarriba. Olvida toda exhibición gráfica para plasmar en viñetas la vida desde la sobriedad compositiva, dejando que mane con naturalidad y dirigiendo al lector con precisión. Combina con habilidad los largos textos donde Antonio, el hijo, reflexiona sobre su padre, en un doble nivel de lectura paralela entre la voz del narrador y la secuencia dibujada, dejando que realidad y reflexión se unan en un tejido común que está hilado por la labor gráfica de Kim, sin dejar que lo literario entierre a lo gráfico. Una inmolación aparente del dibujante que es, en realidad, la demostración palpable de su impresionante trabajo, de una valía incalculable.
Es imposible rehuir la reflexión introspectiva tras la lectura de El arte de volar. Es imposible no sentir que la vida de Antonio Altarriba, padre, es también la de parte de cualquiera de los que han vivido los últimos noventa años de historia de este país. Por sentimientos y emociones, pero también porque relata la historia nunca contada de aquellos que sólo querían vivir un día más, que se vieron defraudados por unos credos e ideologías al final ajenos.
Un viaje en una montaña rusa de alegrías y tristezas, de felicidades y sinsabores, de amores y desamores, que es la vida, en el fondo una falsa ilusión destinada a encontrarse con la dura realidad del cemento. Y el lector, desprevenido, reconvertido a su vez en sosias de padre e hijo, sentirá ese golpe con la misma dureza y severidad: volar sin alas es sólo una ilusión que disfraza a la muerte.
Es difícil sustraerse a la tentación de hablar de una obra maestra. Son pocas las llamadas a realmente merecer ese título, pero si la profundidad, emotividad, sinceridad y la capacidad de llevar a la reflexión son su medida, sin duda, El arte de volar es una obra maestra.

Las imágenes son propiedad de sus autores.

PRENSA. 17 noviembre 2010

En "El País":

1. Saber o no saber. Columna de Elvira Lindo.

2. "Si les dejamos, los niños cambiarán el mundo". Entrevista a Bell'Aube, director de la ONG 'Plan en Benín'.

3. El pensamiento. Columna de David Trueba.

4. La Unesco se arranca por bulerías. Análisis de Fermín Lobatón. La música y el baile jondos fueron reconocidos ayer por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Un honor que compartirán con el 'Cant de la Sibil·la' de Mallorca, los 'castells' catalanes y la dieta mediterránea.

5. Miedo a 'Mein kampf'. Por Manuel Rodríguez Rivero.

6. Leer... y después sentir, llorar, reír. Reportaje de Álvaro Pons. 'El arte de volar', de Antonio Altarriba y Kim, gana el Nacional de Cómic.

7. El cachete duele, pero no funciona. Reportaje de J. A. Aunión. Los padres aún recurren al castigo físico leve para desahogar su impotencia pese a su nula eficacia - Pero ¿vale como último recurso?

8. En boca cerrada. Artículo de Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad Politécnica de Valencia y autor de Mal consentido. La complicidad del espectador indiferente (Alianza, 2010).

9. Filosofía y educación de la humanidad. Artículo de Víctor Gómez Pin, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador en la Universidad París-Diderot.

10. La construcción cultural del fascismo. Artículo de Josep Ramoneda. Belén Esteban encarna, en la época de la televisión, al populismo fascistoide: no representa y da voz a las clases populares, las enardece para que sigan calladas. No suple el silencio del pueblo, al contrario, lo alimenta.

lunes, 23 de agosto de 2010

PRENSA CULTURAL. CÓMIC. Sobre el álbum "El arte de volar", de Altarriba y Kim (por Javier Fernández)


En "El Día de Córdoba":
Una, grande y cautiva

El cómic realiza un retrato de la condición humana y una gran crónica de la II República, la II Guerra Mundial y el franquismo

Javier Fernández
Actualizado 22.08.2010

Puestos a hablar de El arte de volar (Edicions de Ponent, 2009), la impresionante y multipremiada novela gráfica escrita por Antonio Altarriba y dibujada por Kim, lo primero que me viene a la cabeza es la siguiente cita de Albert Camus, extraída de su libro Moral y política: "El siglo XVII fue el siglo de las Matemáticas, el XVIII el de las Ciencias Físicas y el XIX el de la Biología. Nuestro siglo XX es el siglo del miedo. Se me dirá que el miedo no es una ciencia. (…) No hay duda de que es, sin embargo, una técnica".
Viene la cita a cuento del terror histórico descrito por los autores a lo largo de las casi doscientas páginas de este extraordinario tour de force, y que, salvando las distancias, me ha producido sensaciones similares a las que sentí leyendo, por ejemplo, El vértigo, de Eugenia Ginzburg. Ambos textos comparten la voluntad testimonial -el de Ginzburg de primera mano, el otro mediante la evocación o, mejor dicho, la recreación de experiencias familiares- y el pasmo ante el imparable advenimiento de la catástrofe. Catástrofe que en la rusa, atrapada en el sinsentido del gulag estalinista, es primero intelectual y luego vivencial. Nace de su ceguera política, del prolongado rechazo a admitir la inocencia de los condenados a los campos de castigo y desemboca en la terrible culpa de descubrirse a sí misma como una más de la legión de injustamente encarcelados por el régimen totalitario.
El protagonista de El arte de volar, por su parte, personifica la inocencia, la sencillez de espíritu del hombre común que vive ajeno a los dictados y proclamas del statu quo, pero los padece. Su primera lucha es vivir una vida decente, su siguiente objetivo, ya que estalla la Guerra Civil española, es sencillamente sobrevivir. Finalmente, Antonio, padre y máscara del guionista, acaba recorriendo la misma dirección que Ginzburg, aunque en sentido inverso: va de lo vivencial a lo intelectual pues, más allá de los mapas sociales esbozados en El arte de volar, el auténtico territorio de la novela gráfica es el del aprendizaje político del individuo, el del alzamiento de la conciencia y su posterior caída, que toma aquí tintes de tragedia de nuevo sencilla, silenciosa, pero no por ello menos punzante.
El rapto de los ideales libertarios, que es tanto como decir el rapto de la propia humanidad, el cautiverio de la nación contradictoria y descosida que llamamos España, se funde con el aliento vital en esta pequeña obra maestra embellecida por un Kim en estado de gracia -tampoco les voy a descubrir ahora las bondades de uno de nuestros mejores artistas-. Y en este sentido, El arte de volar es una lección de historia contemporánea narrada por los que no tienen voz, los que nada significan, los meros figurantes. O, dicho de otro modo, el retrato de uno cualquiera de nosotros, una simple gota, que lleva en su interior la memoria del océano.

crashcomics.blogspot.com

Ahora, un vídeo de presentación de esta novela gráfica:


Y otra información, por esta vía:
Una de las obras del año, ganadora del 'Premio Nacional del Cómic de Cataluña', que puede codearse con cualquier novela por su enorme calidad literaria.
El 4 de mayo de 2001 el padre de Antonio Altarriba se suicidó. De esa manera ponía fin a una vida marcada por el fracaso y la frustración.
A partir de ese suceso, y de las notas que dejó escritas, Antonio intenta comprender el porqué de ese acto en una labor de investigación apasionante durante la que descubrimos que, al igual que otros muchos hombre y mujeres del pasado siglo, el padre del autor intentó construir un mundo más justo y la Historia le dio la espalda, quiso volar con las alas de la ilusión y acabó estrellándose.
De su mano recorremos las penurias de la España de principios de siglo, la guerra civil, el exilio, los campos de concentración, la resistencia contra los alemanes, el mercado negro, el desarrollismo, la llegada de la democracia...
Con este material Antonio Altarriba elabora un guión desgarrador en el que, como no podía ser de otra manera, se halla profundamente implicado.Y que reconstruye la vida de toda una generación.
Kim se encarga de ponerlo en imágenes con el mejor de sus estilos. El autor de Martínez el Facha (El Jueves) consigue emocionarnos gracias a sus dibujos para los que se ha documentado exhaustivamente, consiguiendo que por las páginas de este libro desfilen 70 años de nuestra historia.
Juntos construyen una historia vibrante en la que padecimientos y atrocidades no impiden que el amor y el humor ocupen un lugar importante. Estamos ante un gran fresco de la Historia de España pero también ante un despiadado retrato de la codicia humana destinado a convertirse en referencia clave de nuestra historieta.
Una obra imprescindible y también una de las más nominadas al Salón del cómic de Cataluña, Mejor Obra, Guión y dibujo. Publicada por 'Edicions de Ponent'.
Antonio Altarriba es catedrático de literatura francesa en la Universidad del País Vasco. Le interesan por un lado los aspectos visuales y por otro las posibilidades narrativas de la imagen. También la literatura erótica. Sobre ello ha escrito artículos y libros como "La España del tebeo" (2001) o "La paradoja del libertino" (2008). Guionista, es autor de álbumes de historieta como "Amores locos" (2005) o "El brillo del gato negro" (2008) y de series fotográficas recogidas en "El elefante rubio" (2007) o "Vida salvaje" (2008). Como escritor de ficción ha publicado entre otros libros "Cuerpos entretejidos" (1996) y "La memoria de la nieve" (2002).
Kim (Joaquim Aubert i Puig-Arnau). Barcelona 1942. Dibujante/Guionista. Historietista que, inserto en el movimiento subterráneo, se inicio en Vibraciones (1976); pasó a ser una firma puntal del semanario satírico El Jueves con su serie del irreductible Martínez, el Facha (1977). SERIES: 1976 Plash Gordon (en Vibraciones). 1976 El Violador Loco (en Mata Ratos). 1977 Martínez, el Facha (en EL Jueves). 1988 Barcelona es Bona (en el Drall), con imágenes de Juan Boix. 1989 La Familia Guarrindinguis (en Makoki, sello Makoki). PUBLICACIONES: Ajoblanco, Barrabás (Época II), Canibal, Eh!, El Drall, El Jueves, El Món, El Vibora, La historia vista por detrás, Makoki (sello Makoki), Mata Ratos, Muchas Gracias, Muchocomi, Penthouse, Playboy, Pogo, Por Favor, Rambla, Rock de Lux, Rock Especial, Start, Titanic, Vibraciones.