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viernes, 30 de enero de 2015

PRENSA CULTURAL. "El arte". David Trueba

   En "El País":

El arte

No tocar, no correr, no hablar alto. Esta es la idea gélida con la que se quedan muchos niños si la visita al museo no se organiza de manera inteligente



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    Una de las cosas que disfruté al trabajar en Un lugar llamado mundo, el programa de música en directo que han emitido Canal + y la Sexta, es poderte sentar a charlar con algunos de los invitados en los ratos perdidos. Con Ben Watt descubrí a un escritor muy apreciable, que además de trabajar durante dos décadas con su dúo Everything But The Girl, publicó el recuento de su ingreso hospitalario en Patient, pero también una memoria deliciosa sobre sus padres titulada Romany and Tom. Mientras hablábamos de la educación de los hijos me contó una anécdota interesante. Su hija volvió una tarde a casa después de pasar la jornada en un museo de arte de Londres durante una visita escolar y, cuando el padre le preguntó qué había aprendido, la niña dudó un instante y respondió: que en los museos está prohibido correr.
    Suena a chiste, pero el otro día el telediario cazó a unos niños españoles de visita en un museo y la periodista le preguntó a uno de ellos lo mismo, qué había aprendido en esa mañana. Y el niño respondió algo parecido: que los cuadros no se pueden tocar. No tocar, no correr, no hablar alto. Esta es la idea gélida con la que se quedan muchos niños si la visita al museo no se organiza de manera inteligente. Prohibición, control y muermo. Y a eso se le añade la distancia sideral que muchos sostienen que separa al artista del mundo real. Para solucionar este desastre, sería bueno acercar el arte al conocimiento sensorial, al placer, a la curiosidad, en una palabra, al oficio artesanal.
    La televisión podría jugar un papel esencial si no estuviera tan descuidada. En Canal 33, donde la oferta cultural se trata de cubrir con una cierta ambición, nació en noviembre un programa de arte titulado Blanco sobre blanco y que retrata a dos artistas por entrega. Es una entrevista en su lugar de trabajo y retrata a dos personalidades, pero, sobre todo, les deja espacio para explicar su modo de elaborar y pensar. Dirigido por Martín Maisler, cuenta con una breve presentación de la periodista Margarita Puig. En esta primera temporada acoge a 26 artistas que incluyen ilustradores y artistas callejeros. Celebrar que exista ayuda a romper el hielo.

    sábado, 31 de mayo de 2014

    PRENSA CULTURAL. "El poder sanador del arte"

       En "El País":

    El poder sanador del arte

    El filósofo Alain de Botton ofrece un recorrido terapéutico por el Rijksmuseum a través de 150 obras presentadas como una escuela para mejorar la vida


    'Los síndicos de los pañeros' de Rembrandt junto a uno de los textos escritos por Alain de Botton y John Armstrong. / OLIVIER MIDDENDORP
    Si del filósofo suizo-británico Alain de Botton dependiera, las visitas a los museos tendrían que prescribirse como un elixir por su poder sanador. Está seguro de que El arte es terapia,y así ha titulado su primera incursión en el mundo de los conservadores a instancias del Rijksmuseum, de Ámsterdam. Para que su fórmula haga efecto, hay que mirar lienzos y objetos guiados por una simple pregunta: ¿Qué puede hacer el arte por mí? Él cree que sirve de guía para soportar los grandes retos humanos, del amor a la muerte, y propone un original recorrido por 150 obras, entre la Edad media y el siglo XX, que forman una auténtica escuela de la vida.
    A los 44 años, De Botton es uno de los pensadores más populares y mediáticos del momento, capaz de acercar una disciplina elitista como la filosofía a las masas. Sus fieles, compran sus libros atraídos por títulos con tanto gancho como La arquitectura de la felicidad, Religión para ateos o Miserias y esplendores del trabajo. Con su primera novela, Del amor, vendió dos millones de ejemplares a los 23 años. Sus detractores, por el contrario, le llaman “filósofo pop” y aseguran que le falta hondura. Que dice obviedades con un lenguaje pomposo. Una reputación puesta a prueba por el Rijksmuseum, que ha recibido tres millones de visitantes en el año transcurrido desde su renovación, y ha rendido sus salas y gabinetes al autor. En la empresa le acompaña el también filósofo John Armstrong.

    El pensador ve “errónea” la distribución cronológica del museo
    Sin miedo a las críticas, lo primero que han hecho es calificar de “errónea” la distribución cronológica de (todas) las colecciones museísticas. “¿Por qué hay que repartir obras por siglos? Imagínense una estantería de libros en sus casas así dispuesta. Sería una estupidez”, dijo De Botton, durante la presentación del trayecto. Su versión del museo ideal es mucho más directa. Emotiva incluso. Sin cambiar de sitio los cuadros de la emblemática sala holandesa, por razones obvias, describen “enfermedades actuales” y proponen lienzos curativos. Así, para la insatisfacción derivada de una vida anónima y carente de glamour, ofrecen La calle (1658), de Johannes Vermeer. “Esta pintura de Delft es una de las más famosas del mundo, y muestra que lo ordinario y doméstico puede ser especial sin necesidad de grandes gestos. Es un mensaje de felicidad”.
    Si la dolencia surge del rechazo que produce el consumismo, hay que mirar con otros ojos el bodegón Banquete, de Adriaen van Utrecht (1644). “El consumismo no tiene porqué ser necio”, asegura De Botton. “En el XVII, la vista de unos limones traídos de Nápoles en barcos que soportaban tormentas, de una langosta, y de tanta variedad de quesos, producía admiración hacia los logros humanos. Nuestro problema hoy es que tememos pasar por avariciosos y buscamos siempre el precio más bajo. En cambio, si toda la cadena que deja en nuestra mesa los alimentos estuviera bien pagada, las cosas serían más caras, pero el proceso más justo”.


    Alain de Botton, ante el cuadro de Vermeer 'Calle en Delft' (1658). /VINCENT MENTZEL
    Wim Pijbes, director del museo, admite que ha pasado momentos “de gran ansiedad”, ante una aventura favorecida por él mismo cuando invitó al dúo de filósofos a “mantener viva la colección”. Al ver entre los elegidos un avión F. K. 23 Bantam, un biplano de combate de la I Guerra Mundial, supo que iba por buen camino. Aquí no hay enfermedad que curar, sino el rechazo producido por la presencia de semejante artefacto en un centro artístico. “Las máquinas tienen mucho en común con el arte. En el avión todo funciona y está ensamblado con estética. Lo malo es negar cualquier finalidad al arte. Y deberíamos preguntarnos sin rubor para qué sirve”, añade De Botton.
    Todos los pensamientos terapéuticos figuran impresos en hojas amarillas, similares al papel autoadhesivo (post-it). Una apuesta gráfica pegada junto a las cartelas tradicionales, con la fecha y autor de las obras. Abierta hasta el 7 de septiembre, el Rijksmuseum prefiere no llamar muestra a la empresa de sus filósofos de cabecera. Lo califica de “orientación”, como la ayuda prestada en las ciencias de la salud para llevar una vida productiva. Para terminar, el filósofo se permite casi una broma frente a La ronda de noche, de Rembrandt. “Ellos, los arcabuceros que guardan la ciudad, son el buen grupo. A nosotros, la muchedumbre que les mira, nos queda la soledad de nuestra falta de sentido de comunidad”, apunta, para sacudir el afán individualista de la sociedad contemporánea.

    viernes, 6 de diciembre de 2013

    PRENSA CULTURAL. "Erotismo en los museos"

       En "blogs.elpais":

    Erotismo en los museos

    Por: Isidoro Merino
    Jean_Auguste_Dominique_Ingres,_La_Grande_Odalisque,_1814
    El sexo inspira. Un viaje por algunas de sus obras maestras en museosiglesias y pinacotecas. El orden de las obras es aleatorio. Y no están todas. Sobre estas líneas, La Gran Odalisca, de Ingres (1814), en el Louvre (París).


    Fointenebleau01 Dos mujeres en el baño (hacia 1594). Una exquisita obra anónima de la Escuela de FontainebleauEn ella aparecen Gabrielle d'Estrées, cortesana y amante del rey Enrique IV de Francia, y su hermana la duquesa de Villars. Museo del Louvre (París, Francia).
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    02 Dora y el Minotauro  (1936), de Pablo Picasso. Uno de los retratos de Dora Maar que Picasso realizó entre 1936 y 1943. Museo Picasso de Barcelona.
    Utamaro


    03 Poema de la almohada (1788), de  Kitagawa Utamaro. Una de las litografías de la exposición Shunga. Sexo y placer en el arte japonés, hasta el 5 de enero en el Museo Británico (Londres, Reino Unido).
    Masaccio-TheExpulsionOfAdamAndEveFromEden-Restoration


    04 Adán y Eva expulsados del Paraíso Terrenal (1425-1428), de  Masaccio. Capilla Brancacci de Florencia (Italia).  En 1987, la recuperación de los atributos masculinos de Adán tras la restauración del fresco provocó un pequeño escándalo. A la izquierda, antes; a la derecha, después.

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    05 Éxtasis de Santa Teresa (Entre 1647 y 1651), de Bernini. Capilla Cornaro en la iglesia de Santa María della Vittoria (Roma, Italia).  La santa pone los ojos en blanco al recibir el fuego divino de manos de un ángel.  La escultura, de mármol blanco,  es una pieza clave de la novela Ángeles y demonios, de Dan Brown.
    Bernini extasis de la beata Ludovica
    Existe otra escultura de Bernini aún más explícita:

    06 Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni (entre 1671-1674), en la Capilla Altieri de  la iglesia de San Francesco a Ripa, en el barrio romano de Trastévere.
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    07 Fresco de PompeyaEn el Gabinete Secreto del Museo Arqueológico de Nápoles (Italia) se puede ver una colección de frescos, mosaicos y esculturas de carácter erótico o pornográfico hallados en las ruinas de Pompeya.
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    08 Madonna (1895), de Edvar Munch. Munch pintó varias versiones diferentes de la Madonna entre 1894 y 1895. La de la foto, un grabado en el que aparece enmarcada por espermatozoides y un feto, es una de las más inquietantes. Una de las copias fue subastada en Londres en 2010 por 1,5 millones de euros; otra se encuentra en el Ohara Museum of Art en Kurashiki, Japón.
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    09 Amor Vincit Omnia (Amor victorioso; hacia 1602), de Michelangelo Merisi ‘Caravaggio’.  Staatliche Museen / Gemäldegalerie (Berlin, Alemania).
    Leda10 Leda y el cisne. Segun la leyenda, Zeus se transformó en un hermoso cisne blanco para seducir a la bella Leda, un tema escabroso que fue utilizado profusamente durante el Renacimiento. La Leda de la foto es una copia que se exhibe en la National Gallery de Londres de un cuadro desaparecido de Miguel Ángel.
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    11 Esta otra Leda, atribuida a Francesco Melzi (hacia 1515), es una copia de una obra perdida de  Leonardo que se exhibe en la Galería Uffizi de Florencia (Italia). 
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    12 Manao tupapau (1892), de Paul Gauguin.   Albright–Knox Art Gallery, Búfalo, Nueva York (EE UU).
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    13 El beso (1927), de Max Ernst. Colección Peggy Guggenheim. Venecia (Italia).