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lunes, 16 de marzo de 2015

PRENSA. CIENCIA. "Últimas noticias del fin del mundo"

   En "El País":

Últimas noticias del fin del mundo

A las viejas amenazas capaces de desatar una hecatombe se unen nuevas, como la inteligencia artificial o la nanotecnología


La colisión de un gran asteroide de cinco kilómetros liberaría, según los científicos, la energía de 100.000 bombas atómicas.

El fin del mundo ha sido siempre patrimonio de la religión y, ocasionalmente, de Hollywood y sus películas de catástrofes. Sin embargo, la ciencia va acumulando datos y empieza a tomarse en serio los riesgos de que un fenómeno natural o provocado por los humanos pueda acabar con la civilización. Un reciente informe detalla los 12 grandes riesgos que podrían provocar el Apocalipsis anunciado en los textos sagrados o en las salas de cine.
"La mayoría de los guiones de Hollywood exigen heroicos esfuerzos para salvarnos y los grupos religiosos milenaristas le buscan un significado trascendente a estos desastres", dice el investigador delInstituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford (IFH) y coautor del informe, Stuart Armstrong. Sin embargo, para la ciencia, "estos riesgos son principalmente cuestiones que pueden reducirse a conceptos nada glamurosos, como la eficiencia energética, y la mayoría no tienen ningún significado o racionalidad detrás", añade.
El IFH y la Fundación Retos Globales, basada en Suecia, han recopilado todo lo que la ciencia sabe sobre estos posibles cataclismos con tan poco encanto. Una treintena de expertos repasaron centenares de libros y artículos científicos hasta obtener un listado con los eventos que podrían acabar con la civilización humana, incluso con la propia existencia de los humanos. El informe 12 riesgos para la civilización humana hace hasta una estimación de la probabilidad de que alguno suceda en los próximos 100 años.
Unos peligros, como el cambio climático o la guerra nuclear, llevan tiempo entre nosotros. Otros son tecnologías emergentes que podrían tener un lado oscuro, como la inteligencia artificial o la biología sintética. Y algunos siempre han estado ahí y en el pasado provocaron grandes extinciones sobre la Tierra, como el impacto de un gran asteroide o la erupción de un supervolcán. Además, entre varios de ellos podrían existir conexiones que agravaran el resultado final, haciendo imposible la vida sobre el planeta, al menos tal y como se conoce.

La mayoría de los peligros para la civilización humana han nacido dentro de ella
Lo que enseguida llama la atención en la lista es que la mayoría de los enemigos de la civilización humana han nacido dentro de ella. Solo en dos eventos, el impacto de un gran asteroide o la erupción de un supervolcán, los humanos tienen poco que ver. Incluso en el caso de una pandemia global, hay un factor humano llamado globalización. En el pasado, epidemias como la peste negra o la gripe española no fueron apocalípticas porque el mundo no estaba tan conectado como hoy.
"En la actualidad, los riesgos tecnológicos, especialmente la biología sintética, la inteligencia artificial y la nanotecnología, parecen suponer una mayor amenaza que los riesgos naturales, con la posible excepción de las pandemias", dice Armstrong. "La guerra nuclear también es una gran amenaza y es un riesgo antropogénico aunque no sea estrictamente de origen tecnológico", añade este experto en inteligencia artificial y riesgos globales.
La lista de los 12 jinetes del Apocalipsis no ha sido elaborada siguiendo un orden jerárquico, según su mayor o menor probabilidad o intensidad. La encabeza el cambio climático al que los investigadores le añaden el adjetivo de extremo. Es el prototipo de riesgo antropogénico o endógeno. El progreso humano no ha sido mayor en la historia como desde la Revolución Industrial y las revoluciones científicas asociadas a ella. Creación de riqueza, elevación general del nivel de vida, mejora de las condiciones sanitarias...
Pero cuando la máquina de vapor de James Watt echó a rodar, en la atmósfera había unas 300 partes por millón de dióxido de carbono, el principal gas que está calentando el planeta. En el verano de 2013 se superó la cifra de 400, algo así no había pasado en los últimos 800.000 años. Los distintos escenarios dibujados por los expertos climáticos mantienen que una subida de las temperaturas de no más de 2º para final de siglo, permitiría a los humanos vivir casi como si nada hubiera cambiado. Pero, como recuerda este informe, hay escenarios más extremos, donde la temperatura media global podría subir hasta 6º. Una temperatura así provocaría una reacción en cadena: los países tropicales serían los más afectados, la sequía y la hambruna generarían caos social y emigraciones masivas a regiones más templadas, en las que también su industria agroalimentaria colapsaría... "Es improbable pero no imposible", dicen los autores del informe.

El estudio trabaja con situaciones que estadísticamente tienen pocas posibilidades, pero las tienen
El estudio trabaja con situaciones que estadísticamente tienen pocas posibilidades, pero las tienen. "La probabilidad de que algún asteroide impacte sobre la Tierra es una certeza, la probabilidad de uno peligroso es mucho, pero mucho más baja", recuerda Armstrong. Aquí no hay azar, hay certidumbre. ¿Qué acabó con los dinosaurios si no un meteorito? La colisión de un gran asteroide de cinco kilómetros o más de diámetro sucede cada 20 millones de años, millón arriba o abajo. Con esas dimensiones, el impacto podría liberar la energía de 100.000 bombas atómicas. Solo el choque arrasaría un área equivalente a los Países Bajos.
Pero lo peor vendría después. A diferencia de las historietas contadas en películas como Deep Impact de 1998, el problema no es el impacto sino sus consecuencias posteriores. Ingentes cantidades de polvo se elevarían hasta las capas altas de la atmósfera, impidiendo el paso de los rayos del Sol. Sería un invierno de decenios que afectaría a toda la biosfera. En 2013, la NASA estimó que las probabilidades de que el Asteroide 2013 TV135, de unos 400 metros de envergadura, choque contra la Tierra en 2032 es de una entre 63.000. Una probabilidad similar a la de morir por la caída de un rayo y a nadie se le ocurre guarecerse bajo un árbol cuando truena.
La idea del invierno es muy recurrente entre las consecuencias de varios de estos eventos que los científicos llaman impactos de consecuencias infinitas. Es el caso del invierno nuclear o el volcánico. Los traps siberianos (formaciones de basalto del norte de Siberia) son el fruto de una de las mayores erupciones volcánicas de la historia geológica del planeta sucedida hace unos 250 millones de años. Miles de kilómetros cúbicos de material fue proyectado a la atmósfera, generando un larguísimo invierno volcánico que provocó la extinción masiva que marca la transición entre el periodo Pérmico y el Triásico. Según los registros geológicos, una erupción con capacidad apocalíptica se produce en un rango temporal mínimo de cada 30.000 años y máximo de 700.000 años, según el informe.
Las enormes magnitudes temporales explican en parte lo que los autores del estudio llaman invisibilidad del problema. Los humanos no se han enfrentado nunca al Apocalipsis y psicológicamente lo ignoran, entre otras cosas porque no habría nadie para contarlo. "La gente entrena su sentido común de cada día sobre la experiencia e interacción con el mundo. Como los grandes desastres son afortunadamente raros, no desarrollamos una experiencia sobre ellos. Por eso sus impresiones sobre estas amenazas se basan a menudo en lo que encuentran en la cultura popular, como las historias de Hollywood y las profecías religiosas", recuerda el investigador británico.

El lado oscuro de las tecnologías emergentes

Sin embargo, la ciencia no se puede quedar ahí. En los últimos años, además del IFH y la Fundación Retos Globales, se han puesto en marcha otras fundaciones e institutos dedicados a vigilar qué puede acabar con la civilización humana y cómo mitigar esos peligros. Es el caso del Fondo Skoll para las Amenazas Globales, el Centro para el Estudio de los Riesgos Existenciales de la Universidad de Cambridge o el Instituto Riesgos Catastróficos Globales (GCRI), de Estados Unidos. Ninguno de ellos tiene más de cuatro años.
En diciembre pasado, Stephen Hawking declaraba a la BBC que "el desarrollo de la inteligencia artificial plena podría significar el fin de la raza humana". Para el genial físico, "los seres humanos, limitados por la lenta evolución biológica, no podrían competir, y serían reemplazados". El momento en que la inteligencia artificial supere a la humana es lo que los robóticos llaman singularidad y algunos científicos, como el filorrobótico y asesor de Google, Ray Kurzweil, incluso le han puesto fecha: en algún momento de la década de los 30, las máquinas superarán a los humanos.

"El desarrollo de la inteligencia artificial plena podría significar el fin de la raza humana", dijo Stephen Hawking en una entrevista
Hace unas semanas, una carta firmada por centenares de científicos y tecnólogos apostaba por un desarrollo responsable de la inteligencia artificial, donde, entre otras cosas, el avance en la ética de las máquinas vaya parejo con el tecnológico para que nunca sean una amenaza para sus creadores. Pero, aún no hay iniciativas similares para otros dos campos emergentes, como son la biología sintética y su promesa de crear organismos artificiales o la nanotecnología sobre los que el informe advierte. Y en los tres casos, no habrá que esperar miles de años para ver su lado oscuro.
El informe del Instituto para el Futuro de la Humanidad y la Fundación Retos Globales no lo explicita pero hay un decimotercer peligro que sobrevuela sobre los otros doce y es el de la ignorancia. Ya sea por la incapacidad para valorar económicamente un evento tan catastrófico, por su baja probabilidad a corto plazo o la psicología humana, tanto los políticos como buena parte de la comunidad científica no se toman muy en serio los riesgos. Y esa desidia es lo que, para los autores, explica buena parte de la imagen popular y acientífica del Apocalipsis.

Los 12 jinetes del Apocalipsis

El informe de la Fundación Retos Globales se centra en 12 grandes amenazas que podrían acabar con la civilización humana.
Riesgos actuales
1. Cambio climático extremo
2. Guerra nuclear
3. Catástrofes ecológicas
4. Pandemias mundiales
5. Colapso del sistema mundial
Riesgos exógenos
6. Impactos de grandes asteroides
7. Supervolcanes
Riesgos emergentes
8. Biología sintética
9.Nanotecnología
10. Inteligencia artificial
11. Riesgos inciertos
Riesgo de las políticas mundiales
12. Mala gobernanza mundial en el futuro

domingo, 22 de junio de 2014

PRENSA. "El avance científico que amenaza el futuro de la humanidad, según Hawking"

   En "elconfidencial.com":


AA
“El desarrollo de la inteligencia artificial podría ser el mayor logro humano. Por desgracia, también podría ser el último si no aprendemos a evitar sus riesgos”. Esta es la última advertencia lanzada por Stephen Hawking, que si bien llevaba ya un tiempo preocupado por las consecuencias sociales del desarrollo descontrolado de robots inteligentes, ahora dice estar seguro de que estos son una verdadera amenaza para el futuro de la humanidad. O ellos o nosotros.
Los robots inteligentes “tienen la capacidad de perfeccionarse a sí mismos y ser más astutos que todos nosotros”, aseguraba el científico en una entrevista concedida al canal norteamericano HBO. Un extremo que podría llegar a provocar un enfrentamiento entre máquinas y personas con un resultado más que evidente para Hawking: “perderíamos”. Una visión que puede tentarnos a relacionarla con un guion cinematográfico de estirpe hollywoodiense, lo cual “sería un error, y posiblemente el peor error de nuestra historia”.
La amenaza para el futuro de la humanidad que supuestamente representaría la incierta evolución de la inteligencia artificial es también una de las principales obsesiones del Center for the Study of Existential Risk (CSER). Formado por un equipo de reputados científicos, entre los que se encuentran el cosmólogo y astrofísico de Cambridge Martin Rees, el ingeniero informático y cofundador de Skype Jaan Tallinn o el exasesor científico del gobierno británico y de la Royal Society Robert Maysu trabajo se centra en identificar y responder a los eventos catastróficos que podrían devastar el mundo e, incluso, “provocar la extinción de la especie humana”.
La carrera armamentística para la fabricación de robots asesinos
Para el experto en riesgos de la Universidad de Cambridge, David Spiegelhalter, “la guerra nuclear fue una amenaza que quedó enterrada en el siglo pasado. Hoy en día, es más destructivo un ataque bioterrorista o el desarrollo de la inteligencia artificial para fines bélicos”. Unas cuestiones que, en consonancia con las palabras de su colega Rees, “deben ser prioritarias en la agenda política internacional”.
Los robots inteligentes tienen la capacidad de perfeccionarse a sí mismos y ser más astutos que todos nosotros
Una visión compartida por Hawking, que aunque reconoce que los potenciales beneficios de este desarrollo tecnológico podrían ser “enormes”, alerta de que, al menos a corto plazo, están más encaminados a la autodestrucción. “La inteligencia artificial podría servir para erradicar la guerra, las enfermedades y la pobreza en el mundo. Sin embargo, estamos comprobando cómo se priorizan las inversiones hacia una carrera armamentística”.
Los denominados “robots asesinos” son ya una realidad, y no nos referimos solamente a los drones militares, sino a otras armas en poder de diversos ejércitos. Tanto es así, que las armas letales autónomas se han convertido en una seria preocupación internacional, hasta el punto de que la ONU está estudiando su prohibición, como ya han solicitado las organizaciones Human Rights Watch y Amnistía Internacional.
La regulación no destaca por anticiparse a estas cuestiones, y su inexistencia actual explica que se carezca de cifras globales sobre cuántas unidades de “robots asesinos” hay en funcionamiento. La poca información disponible es que Estados Unidos y China son sus principales productores y consumidores. Los primeros son líderes en la robótica militar y tienen desplazados unos 11.000 vehículos aéreos no pilotados y 12.000 robots terrestres, mientras que otros países como Israel, Taiwán, Corea del Sur, Reino Unido y Rusia también producen este tipo de armamento.
Stephen Hawking. (Efe)Stephen Hawking. (Efe)
La delgada línea entre el bien y el mal
Otro de los argumentos que Hawking puso sobre la mesa en un artículo de opinión publicado en el diario The Independent es que “el impacto a corto plazo depende de quién controle el desarrollo de la inteligencia artificial, pero a largo plazo dependerá de los propios robots, que podrán estar fuera de cualquier tipo de control”. Este último es el escenario más probable a día de hoy, insiste el científico, pues las autoridades y las instituciones académicas apenas están orientando sus investigaciones a este futurible.
Estos avances se imponen a gran velocidad, dejando a la sociedad sin tiempo para reaccionar
“Es como si una civilización alienígena, superior a la nuestra, nos envía un mensaje diciendo: ‘vamos a llegar a la Tierra en un par de décadas’, y nosotros respondemos diciendo: ‘bueno, llámennos cuando lleguen, dejaremos las luces encendidas’”, explicita el físico británico. No hay otra opción: “todos nosotros debemos preguntarnos qué podemos hacer para aprovechar las potencialidades y evitar los riesgos”.
Un frente en el que el premio Nobel no parece estar solo. El Future of Humanity Institute (FHI) de la Universidad de Oxford trabaja ya en mitigar los “riesgos existenciales” que podrían poner fin a la historia de la humanidad. Entre ellos se incluye la inteligencia artificial. “El problema de este tipo de desarrollo es que se enmarque al margen de las leyes morales y éticas. Si definitivamente se produce este salto en al vacío de la inteligencia artificial, sin antes fijar unas normas y restricciones concretas, podría suponer un gran desastre”, apuntaba recientemente en un medio especializado Anders Sandberg, uno de los investigadores del FHI.
Aunque Sandberg reconoce que es complicado adelantarse a las consecuencias de los avances tecnológicos, “tienen un claro potencial para propiciar desastres de gran magnitud porque estos avances se imponen a gran velocidad, dejando a la sociedad sin tiempo para reaccionar”. La seguridad, añade, es prácticamente inexistente en este terreno, pues seguimos aplazando los problemas innatos a la inteligencia artificial.

jueves, 22 de mayo de 2014

PRENSA. 'Conop 8888', el informe que demuestra que el Pentágono trabaja en 'el día después'"

   En "elconfidencial.com":


AA
Las palabras ‘colapso civilizatorio’ comienzan a aparecer con una inusitada frecuencia en los documentos oficiales de agencias de seguridad y organismos internacionales. Primero fue un estudio del Goddard Space Flight Center de la NASA en el que se advertía que la convergencia de las crisis alimentarias, energéticas, económicas (incremento de la desigualdad social) y del agua generará un colapso de la civilización en las próximas décadas. Unas pocas semanas después llegaba a semejantes conclusiones un panel intergubernamental de la ONU formado por 60 científicos y representantes de un centenar de países. Estos días ha sido el turno del Pentágono, que trabaja en la coordinación del “día después” (del colapso).
El informe del departamento de defensa norteamericano, llamado Conop 8888, tiene como objetivo instruir al ejército patrio para garantizar la supervivencia de la humanidad (incluso de las “poblaciones de países tradicionalmente enemigos”). Los autores del documento dibujan un escenario ficticio postapocalíptico, a partir del cual se diseñan diferentes estrategias para salvar a la población.
Las amenazas son diversas, pero el tema elegido para este “ensayo general” son los tan de moda zombis. Una metáfora para emular los retos a los que se deberán hacer frente cuando llegue el denominado “Day After Tomorrow”, como explicó la capitana y portavoz del Comando estratégico, Pamela Kunze, Foreing Policy, la primera publicación que ha tenido acceso íntegro al documento desclasificado por el Pentágono.
El informe del departamento de defensa norteamericano tiene como objetivo instruir al ejército para garantizar la supervivencia de la humanidadEl plan de contingencia para actuar ante un posible colapso de la humanidad consta de 31 páginas y fue diseñado en el año 2011. Desde entonces, un Comando Estratégico del ejército de EEUU se entrena bajo sus directrices en una base situada a las afueras de la ciudad de Omaha (Nebraska). En realidad, y según han informado al canal NBC fuentes cercanas al Pentágono, se trata de una “herramienta de formación” de militares que utilizan un “escenario ficticio” para instruirse en las labores propias de una gran catástrofe planetaria.
El desafío zombi como metáfora de la escasez
Las amenazas sobre un posible colapso mundial, de las que han venido alertando científicos a título individual, como instituciones públicas y privadas son muchas y diversas. Algunas de las más importantes y no citadas anteriormente son el Resource Stress de KPMG o el Food, energy, water and the climate: a perfect storm of global events?, elaborado por el comité científico del Gobierno británico.
El plan de contingencia para actuar ante un posible colapso de la humanidad consta de 31 páginas y fue diseñado en el año 2011Todos estos informes coinciden en que la escasez (alimentaria, de agua o energía) será la base común denominador del posible colapso civilizatorio. Es por ello que el cambio climático es otro de los conceptos más presentes en estos catastróficos documentos, y la razón de que el Pentágono eligiese el desafío zombi como metáfora de todos los posibles riesgos a los que se enfrenta la humanidad a corto y medio plazo.
Uno de los primeros en alzar la voz fue el nonagenario James Lovelock, el autor de la refrendada hipótesis de Gaia (que concibe al planeta como un superorganismo) e inventor del revolucionario detector de captura de electrones. Sin agua, sin electricidad, sin aire limpio para respirar y con una gran parte de la corteza continental hundida bajo el agua, sólo el 30% de la población mundial logrará sobrevivir al colapso medioambiental que Lovelock fechó para el año 2030. Los últimos acontecimientos climáticos en Europa han sido un punto de inflexión (aunque la sequía cada vez más extrema lleve años afectando al continente africano) y Lovelock se inclina por la teoría de que “es demasiado tarde para evitar la catástrofe”.
Contextualizando el colapso ambiental en España
En un sentido menos catastrofista se expresaba en una entrevista a El Confidencial el científico Gerardo Benito, investigador del CSIC y uno de los siete científicos españoles que han participado en la redacción del último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas. “Sin duda, el cambio climático incidirá directamente en los ecosistemas terrestres, particularmente en aquellas especies que no tienen capacidad o posibilidad de migrar o adaptarse a las nuevas condiciones, como los reptiles, los anfibios, etc., así como la vegetación. Otra amenaza importante es la erosión de la línea de costa y la subida del nivel del mar, que sin duda tendrá un impacto importante en el Levante”.
Contextualizando en el caso de España, Benito añadía que nuestro país “presenta sectores muy vulnerables al cambio climático. En particular destacaría el turismo, la energía y la agricultura. Se prevé que el calentamiento global aumente las temperaturas diurnas y las noches tropicales en verano, llegando a convertir en incómodos los veraneos en España. La energía, tanto hidráulica como de centrales nucleares, depende enormemente de las precipitaciones por lo que, con el aumento de las sequías, estas energías pueden presentar problemas. La agricultura igualmente depende de los recursos hídricos, superficiales y subterráneos. Estos últimos disminuyen de forma dramática ante la falta de recarga de los acuíferos”.
El informe del IPCC en el que colaboró Benito resumía los riesgos civilizatorios en cinco grandes apartados: violencia y enfrentamientos entre países por el acceso los recursos; aumento del precio de los alimentos (entre un 3 y 84% hasta el año 2050) y ‘puntos calientes’ de hambre; amplios territorios sin acceso a recursos hídricos (por cada grado centígrado suplementario (de calentamiento), los recursos de agua potable disminuirían en un 20%); desigualdad económica y generalización de la pobreza; enfermedades crónicas y auge de las infecciones.
La ONU debate prohibir los ‘robots asesinos’
Otra seria amenaza a corto plazo, menos visible, pero igualmente peligrosa, es la de los robots asesinos. Aunque parezca ciencia ficción, éstos ya son una realidad, y no nos referimos solamente a los drones militares, sino a otras armas que ya están usando diversos ejércitos. Tanto es así, que las armas letales autónomas se han convertido en una seria preocupación internacional hasta el punto de que la ONU discutirá desde mañana y hasta el viernes su posible prohibición o, al menos, limitación.
Todos estos informes coinciden en que la escasez (alimentaria, de agua o energía) será la base común denominador del posible colapso civilizatorioLa reunión con diplomáticos y responsables militares se celebrará en Ginebra con la presencia de los 117 países firmantes de la Convención de Naciones Unidas para la Prohibición de Armas Inhumanas. La misma que decidió prohibir en la década de los 90 las armas láser cegadoras. Eso sí, una vez que ya habían sido utilizadas en el campo de batalla. Un extremo que el director de la sede europea de la ONU, Michael Moeller, pretende evitar en esta ocasión: “El derecho internacional suele responder a las atrocidades y al sufrimiento una vez que ya han ocurrido, pero ahora tenemos la oportunidad de tomar medidas preventivas”.
Las organizaciones Human Rights Watch y Amnistía Internacional habían solicitado ya la prohibición de los robots asesinos. Al no existir una regulación internacional en la materia se carece de cifras globales sobre cuántas unidades de “robots asesinos” hay en funcionamiento, pero sí existen datos fiables por países y que presentan a Estados Unidos y China como algunos de sus principales productores y consumidores. EEUU es el líder en la robótica militar y tiene desplazados unos 11.000 vehículos aéreos no pilotados y 12.000 robots terrestres, mientras que otros países, como China, Israel, Taiwán, Corea del Sur, Reino Unido y Rusia, también producen este tipo de armamento.

jueves, 15 de mayo de 2014

PRENSA. "Nueva York y Los Ángeles se hundirán bajo las aguas y es inevitable, según la NASA"

   En "elconfidencial.com":


AA
La NASA acaba de publicar dos nuevos informes que ofrecen una visión aún más pesimista sobre el futuro del planeta. Si hace tan sólo un mes la organización alertaba de que el colapso de la civilización podría estar más cerca de lo que pensábamos, en esta ocasión las nuevas publicaciones señalan que es muy probable que el derretimiento de la placa occidental de hielo de la Antártida sea imparable, y que es tan sólo cuestión de tiempo que aumente de manera sensible los niveles del océano al menos hasta cuatro pies (1,2 metros), lo que haría que un gran número de ciudades costeras de todo el planeta fuesen inundadas.
Aunque se cree que los resultados menos optimistas pueden no dejarse notar hasta dentro de dos siglos, la velocidad con la que los polos se derriten es aún mayor de la que habían establecido estudios previos, como el publicado por el Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático, que aseguraba que el nivel del agua se habría elevado hasta un metro para el año 2100. Una investigación que no tuvo en cuenta la placa de la Antártida, en la que se centran los presentes estudios.
Como ha señalado el glaciólogo de la NASA y la Universidad de California Eric Rignot, uno de los investigadores de la Universidad de California, “un amplio sector de la placa occidental de hielo de la Antártida ha llegado a un punto de retroceso irreversible. Ha sobrepasado el punto de no retorno. Este retroceso tendrá grandes consecuencias para el nivel del mar en todo el planeta”.
Un efecto dominó que llegará a todas las costas
Hay tres datos inequívocos en la investigación que han llevado a los científicos a estimar que se trata de un proceso irreversible: el cambio en la velocidad de circulación del glaciar, la cantidad del mismo que flota sobre el agua y la pendiente del terreno sobre la que se desplaza y su profundidad bajo el nivel del mar. Por ejemplo, el glaciar de Pine Island retrocedió 31 kilómetros entre 1992 y 2001; uno de los seis analizados en las investigaciones.
Este nuevo escenario provocaría que el 73% de la ciudad de Miami se inundase, así como el 22% de Nueva York y el 20% de Los ÁngelesLa hipotética desaparición del glaciar Thwaites, que se encuentra en el mar de Amundsen, podría aumentar por sí solo el nivel de los mares en 60 centímetros, aunque los investigadores creen que ello no ocurrirá antes de 200 años. Una de las investigaciones analiza las consecuencias de un ascenso así, en caso de que se produjese una gran tormenta: se perderían 3,5 billones de dólares en propiedades inmuebles y se podrían en riesgo la vida de 4,8 millones de habitantes en Miami. Como ha señalado el glaciólogo de la Universidad de Pensilvania Richard Alley, “de manera muy cruda, ahora nos encontramos con una subida del nivel del mar equivalente a un Huracán Sandy perpetuo”.
El glaciar Thwaites. (Nasa)El glaciar Thwaites. (Nasa)
Pero la cosa no se termina ahí. La desaparición del Thwaites, que funciona como un dique para otros glaciares, provocaría que el área cercana fuese también afectada, lo que debilitaría gran parte de la Antártida. Este es uno de los grandes problemas a los que debe enfrentarse el planeta, puesto que dicha placa ya ha derretido tanta agua en los océanos como toda Groenlandia. Si toda la placa occidental de hielo de la Antártida se derritiese, el aumento en el nivel del mar podría alcanzar los doce pies, es decir, unos 3,6 metros.
Según las predicciones, este nuevo escenario provocaría que el 73% de la ciudad de Miami se inundase, así como el 22% de Nueva York y el 20% de Los Ángeles. Estos datos tan sólo tienen en cuenta el agua procedente de los glaciares, pero no otros factores como la expansión termal, por lo que el proceso podría acelerarse aún más.
Algo huele mal en el Polo Sur
Cuarenta años de mediciones han sido utilizadas para elaborar el primero de los informes, que ha recibido el nombre de «Widespread, rapid grounding line retreat of Pine Islands, Thwaites, Smith and Kohler Glaciers, West Antarctica from 1992 to 2011» y que ha sido publicado en el Geophysical Research Letters. En él, se analiza de qué manera han fluctuado a lo largo de todo ese tiempo las conocidas como “líneas de asentamiento”, es decir, “la frontera crítica entre el hielo en tierra y en el océano que delimita dónde el hielo se separa del lecho y flota sin fricción”.

Esta línea se ha desplazado hacia el sur durante los últimos años, puesto que el agua caliente provoca que se creen más grutas subterráneas bajo el hielo, haciendo retroceder esta línea de asentamiento. Ello hace que cada vez haya una mayor cantidad de hielo con posibilidades de partirse y derretirse en el océano. En su conclusión, este primer trabajo asegura que “no hemos encontrado ningún obstáculo en la corriente de las líneas de asentamiento en 2011 que evite una mayor retirada de estas líneas hacia el sur”. En definitiva, malas noticias: “Este sector de la Antártida occidental está experimentando una inestabilidad en la capa de hielo marino que contribuirá significativamente a elevar el nivel de las aguas durante las próximas décadas”.
Es realmente el comienzo de un colapso a una escala aún más grande que es probable que dure entre dos y diez siglosEl otro estudio, que será publicado en la revista Science y que recibe el nombre de «Marine Ince Sheet Collapse Potentially Underway for the Thwaites Glacier Basin, West Antarctica» ha intentado anticipar a través de mapas topográficos y diferentes modelos cuál será el proceso que seguirá el glaciar y cuánto tiempo pasará hasta que se derrita. Los resultados señalan que mientras el borde de hielo retrocede hacia la parte más profunda de la bahía, este será cada vez más escarpado y terminará derrumbándose como una montaña de arena.
“Una vez que vaya más allá de esta parte poco profunda, empezará a perder hielo de manera muy rápida”, ha señalado el profesor Ian Joughin de la Universidad de Washington, que ha realizado las siguientes declaraciones al periódico inglés The Guardian: “El adelgazamiento que estamos viendo no es una tendencia transitoria. Es realmente el comienzo de un colapso a una escala aún más grande que es probable que dure entre dos y diez siglos”.