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miércoles, 2 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "Rapsodia", de Pere Gimferrer. Por Ángel L. Prieto de Paula

Pere Gimferrer, por Joan Sánchez ("El País")

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
La cifra de la luz


ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA 05/02/2011
  
   Pere Gimferrer regresa en su último libro a las estancias de su juventud y ofrece una recapitulación de los motivos, las voces y los rostros de toda su poesía. Rapsodia supone para el lector una especie de reconocimiento platónico del escritor

   El sólido prestigio de Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) no le ha impedido embarcarse en arriesgados proyectos en los que juega al todo o nada, como si tuviese que trepar a un trono olímpico que ocupa sin disputa desde hace casi medio siglo. El autor que en 1966 había anegado el imperio del realismo con un río de imágenes surreales (Arde el mar), y que dos años después emitía un largo lamento semivelado por los brillos cinematográficos (La muerte en Beverly Hills), dio un primer quiebro cuando mostró al aire las raíces de un yo que, hasta entonces, aparecía y desaparecía en sus irisaciones culturalistas. Lo hizo en catalán (Els miralls, 1970), la lengua de su poesía durante varias décadas. Luego siguieron títulos como L'espai desert (1977) o Com un epíleg (1981), que amagaba con ser la cala del silencio definitivo. Pero el poeta volvió a sorprender con Mascarada (1996), donde a sus motivos anteriores se sumaba una poderosa carga de protesta civil. No sería su última inflexión. Amor en vilo (2006), otra vez en castellano, daba curso a un autobiografismo erótico y desmedido, que aturdió a muchos lectores tanto más cuanto que el autor había trabajado desde sus comienzos con correlatos objetivos y otros resortes para rebajar el confesionalismo. En este punto, y tras Tornado (2008), se entiende la expectación ante Rapsodia, el nuevo y excelente libro de Gimferrer.
   Es este un poema-libro articulado en diecisiete secuencias, unitario por el fervor de la dicción y por la irradiación sucesiva de sus imágenes irracionales. Sus tiradas de endecasílabos blancos sortean la monotonía o el sonsonete mediante ocasionales alteraciones acentuales o versos de otra medida; solo difiere la primera serie, escrita casi en su totalidad en alejandrinos: "Se ha desencuadernado por la mitad mi vida, / como el pienso del alba se desploma en los sauces"... Lo más llamativo es quizá su rescate del Gimferrer inicial, visible en su resplandor arrebatado, su mundo de asociaciones libres, el poema como palimpsesto donde se inscriben versos y motivos ajenos (de Dante a Cernuda, de Garcilaso a Eliot) y la lectura de la vida a través de los filtros del cine, la literatura, la pintura o la naturaleza sometida al arte. Destaca la traducción de las imágenes a palabras (écfrasis), una subversión aún activa de las vanguardias, en cuanto que rompe el orden discursivo como representación del logos; y también, a la inversa, la plasmación visual de las ideas. Aquí están, por lo demás, su universo amoroso, una cierta entonación hímnica teñida de elegía en algunas remisiones al pasado, y la concepción de la poesía en tanto que realidad autónoma que se dice a sí misma y que se aparta de la utilización de las palabras como meros instrumentos para comunicar.
   De modo que Rapsodia supone para el lector una especie de reconocimiento platónico de Gimferrer: algo que debe subrayarse, pues en los últimos tiempos el autor nos había habituado a la sorpresa (si vale la paradoja). El libro relee creativamente la tradición gimferreriana más temprana: de Mensaje del Tetrarca (1963) tiene el encendimiento y el empaque cosmológico, aunque no su enfatismo; de Arde el mar (1966), el despliegue de su mapa cultural; de La muerte en Beverly Hills (1968), la nervadura visionaria y su bagaje de metáforas contemporáneas.
   Como si quisiera evitarnos lecturas descarriadas, el libro proporciona algunas orientaciones ad usum Delphini: la definición de "rapsodia" del diccionario Oxford (entusiasta y extravagante declamación o composición de tono elevado...), una relación de juicios críticos y una "Nota" donde el autor explica que su redacción le ha llevado seis días, aunque la corrección le ocupara varios meses. Todo ello es adventicio o irrelevante. Se esforzará en vano o simplemente errará el tiro quien pretenda descubrir un argumentario referencial. Por el contrario, Rapsodia es una construcción sostenida por vislumbres suprarreales: "La luz de una campana de titanio / envuelve los viñedos, y en las parras / una sirena de cristal de roca / desde el rosal del aire desgajado / separa nuestros ojos"... La intensidad lírica solo desciende cuando los versos ceden al didactismo metapoético, como en la serie XIV, que defiende la autosuficiencia del poema y un lenguaje cuya validez no está supeditada a los significados externos (y aquí resurge el propósito creacionista de Prometeo o de Luzbel, creo que esta vez sí periclitado): "por versos anteriores al sentido / o por encima del sentido, versos / que significan lo que el verso es, / no lo que puede significar"...
   Las fulguraciones de Rapsodia recorren el camino de retorno a la juventud del autor. Soberbiamente dotado para decir la vida en clave artística, Gimferrer ha compuesto un poema recapitulativo cuya maestría y belleza se perciben globalmente, pues todo en él está concertado para la música del conjunto: sin alardes, adornos o excrecencias que pudieran desviar hacia lo accesorio la atención lectora.

Rapsodia
Pere Gimferrer
Seix Barral. Barcelona, 2011
96 páginas. 16,50 euros

Primeras páginas de Rapsodia

miércoles, 19 de enero de 2011

PRENSA. 19 enero 2011

   En "El País":

1. El cuento. Columna de Elvira Lindo.

2. "La vejez es una época envidiable". Entrevista a Juan Goytisolo. Por Rosa Mora.

3. (Casi) todo vuelve. Por Manuel Rodríguez Rivero.

4. Última estación: el hermetismo. Reportaje de Carles Geli. Gimferrer hace recuento poético en 'Rapsodia', su nueva obra en español.

5. 'Archisilabeando'. Artículo de Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral de la Universidad del País Vasco, contra el mal uso de la lengua española.

6. Segunda vida. Artículo del escritor chileno Jorge Edwards.

7. La revuelta del pan (tunecina). Por M. Á. Bastenier.

martes, 13 de abril de 2010

PRENSA CULTURAL. POESÍA. COSMOPOÉTICA. Entrevista a Pere Gimferrer

                                                                                                                                          Pere Gimferrer
En "El Día de Córdoba":

"Sólo la poesía es únicamente literatura; lo demás tiene otros elementos en juego"


El escritor catalán es uno de los grandes protagonistas del ciclo 'Poetas del mundo en Córdoba', que comienza mañana · Participará en tres lecturas, entre ellas la de clausura, el domingo en el Alcázar


Ángela Alba / Córdoba
Actualizado 13.04.2010


El barcelonés Pere Gimferrer es uno de los poetas españoles más importantes del panorama actual y prueba de ello son los múltiples reconocimientos que ha conseguido con su obra, tanto poética como prosística, entre los que destacan el Premio Nacional de las Letras en 1998, el Anagrama de Ensayo en 1980 y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2000. Además, desde 1985 forma parte de la Real Academia Española. Esta semana participa en Cosmopoética con un recital en Lucena (viernes 16), otro en el contexto de la Feria del Libro (sábado 17) y, finalmente, en la lectura de clausura del encuentro (domingo 18).


-¿Qué opinión tiene sobre festivales como Cosmopoética?
-Depende de cada caso en particular; no los conozco todos. Mi opinión sobre Cosmopoética, en la medida en que lo conozco, es decir, por información y no por experiencia propia, es muy buena, me parece un festival de mucha envergadura.


-¿Cree que es una buena forma de atraer lectores hacia la poesía?
-Es una de las pocas que hay. Con este formato se puede conseguir más público, otra cosa es que ese público pase a leer después de escuchar, lo que es deseable.


-En la actualidad, ¿en qué momento se encuentra la poesía española?
-El diezmo en las generaciones de posguerra se nota, y no digamos ya el hueco de la urgencia del 27. Pero es que no tiene remedio, no pueden estar vivos los del 27, eso no tiene solución. Pero el hecho de que las generaciones de los 40 y los 50 hayan quedado diezmadas se nota porque todavía hoy los que quedan son algunos de los principales poetas españoles. Luego está mi propia generación, de la que creo que no tengo que opinar puesto que pertenezco a ella, y las siguientes son la generación de los 80 y la de los 90, que entre sí se parecen muy poco, lo que es perfectamente normal porque toda generación tiende a parecerse más a la de sus abuelos que a la de sus padres. Las nuevas generaciones han hecho lo que era previsible que hicieran, enlazar más con la mía que con la que les precede. Esto es una maniobra habitual y un reflejo normal en toda generación literaria.


-¿Es más difícil publicar ahora poesía?
-Nunca fue fácil, de hecho mis dos primeros libros me los pagué yo, y no soy el único. Bastante mejor poeta que yo era Rimbaud y se lo pagó su madre. Jamás fue fácil publicar un primer libro para un poeta no conocido, lo que pasa es que luego, con el tiempo, uno llega a tener un público. Baudelaire decía con un poco de exageración y demasiado optimismo que, para un editor, un escritor es una inversión que tarda en amortizarse pero luego produce muy buenos resultados. Los resultados dependen de cada poeta en particular, pero ciertamente es una inversión a largo plazo.


-Dentro de Cosmopoética hay programados varios recitales en institutos. ¿Cree que los planes de estudio deberían prestar más atención a la poesía?
-¿Sólo a la poesía? Yo no tengo ningún hijo ni nieto en edad escolar pero mi impresión es que hay muchas cosas parecidas a la poesía, empezando en primer lugar por la historia de la literatura, de las que apenas saben nada los planes de estudio actuales. Aunque hablo de esto como profano, no hablemos ya de la historia del teatro universal.


-¿Qué autores recomienda?
-En español, y hablando de autores anteriores a la época contemporánea, adoro a Góngora y Rubén Darío. Otra segunda recomendación es que hay que leer poesía en su idioma original, pero para eso hay que aprender idiomas, y ahí los planes de estudio tampoco están muy brillantes.


-En su dilatada carrera, ¿qué cambios ha sufrido su poesía?
-En algunos sentidos he cambiado muchísimas veces de registro. Casi cada libro ha sido distinto al anterior, he cultivado bastantes géneros y he escrito básicamente en dos idiomas -castellano y catalán- pero también en un tercero y un cuarto -francés e italiano-. Frente a esto hay una cosa evidente: aunque haya cambiado mucho de estilo soy el mismo tipo de poeta ahora que en el año 63 porque hay cosas como el uso de las imágenes, el léxico y el mundo imaginístico que en cierto modo serán siempre muy parecidas. En buena parte todo eso procede de Góngora y de Rubén Darío.


-Aunque también se ha dedicado a otros géneros, la mayor parte de sus títulos es de poesía. ¿Qué le proporciona este género?
-La poesía como lector y también cuando la escribo me da algo que no me da ningún otro género -aunque creo que los he cultivado todos-, porque hay una cosa con la que no pueden competir. Sólo la poesía es únicamente literatura; todo lo demás tiene otros elementos en juego. Por ejemplo, cuando uno lee una novela le puede interesar el argumento y lo mismo en una obra de teatro, mientras que en un ensayo el lector se fija en las ideas. Pero en la poesía o te interesa lo literario propiamente dicho -cómo está escrito, el estilo- o no te interesa nada, aun cuando cuente con un argumento.


-¿Prefiere escribir en catalán?
-No particularmente, ahora mismo estoy escribiendo en español. Lo que me gustaría de verdad es saber escribir más en italiano y francés, pero queda un poco raro escribirlo si nadie lo habla a tu alrededor.


-¿Qué proyecto tiene actualmente?
-Más que un proyecto es una realidad. He terminado hace poco un libro de poesía que publicaré el año que viene. El título me lo reservo pero es un solo poema, unitario, dividido en 17 partes, que consta de más de 500 versos y está escrito en seis días, cosa que jamás me había ocurrido con un texto de estas dimensiones. Trata de la poesía, del paso del tiempo, en parte de mi propia vida y de la vida humana en general, de la historia de la literatura y del amor.

POESÍA. COSMOPOÉTICA 2010. Pere Gimferrer.

Pere Gimferrer

Arde el mar
Oh ser un capitán de quince años
viejo lobo marino las velas desplegadas
las sirenas de los puertos y el hollín y el silencio en las barcazas
las pipas humeantes de los armadores pintados al óleo
las huelgas de los cargadores las grúas paradas ante el
                                                          cielo de zinc
los tiroteos nocturnos en la dársena fogonazos un cuerpo
en las aguas con sordo estampido
el humo en los cafetines
Dick Tracy los cristales empañados la música zíngara
los relatos de pulpos serpientes y ballenas
de oro enterrado y de filibusteros
Un mascarón de proa el viejo dios Neptuno
Una dama en las Antillas ríe y agita el abanico de nácar
bajo los cocoteros

domingo, 4 de abril de 2010

POESÍA. COSMOPOÉTICA 2010. Pere Gimferrer

Pere Gimferrer

Oda a Venecia ante el mar de los teatros

                   Las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
                                                                                                         García Lorca

Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos.
Con qué trajín se alza una cortina roja
o en esta embocadura de escenario vacío
suena un rumor de estatuas, hojas de lirio, alfanjes,
palomas que descienden y suavemente pósanse.
Componer con chalinas un ajedrez verdoso.
El moho en mi mejilla recuerda el tiempo ido
y una gota de plomo hierve en mi corazón.
Llevé la mano al pecho, y el reloj corrobora
la razón de las nubes y su velamen yerto.
Asciende una marea, rosas equilibristas
sobre el arco voltaico de la noche en Venecia
aquel año de mi adolescencia perdida,
mármol en la Dogana como observaba Pound
y la masa de un féretro en los densos canales.
Id más allá, muy lejos aún, hondo en la noche,
sobre el tapiz del Dux, sombras entretejidas,
príncipes o nereidas que el tiempo destruyó.
Qué pureza un desnudo o adolescente muerto
en las inmensas salas del recuerdo en penumbra
¿Estuve aquí? ¿Habré de creer que éste he sido
y éste fue el sufrimiento que punzaba mi piel?
Qué frágil era entonces, y por qué. ¿Es más verdad,
copos que os diferís en el parque nevado,
el que hoy así acoge vuestro amor en el rostro
o aquel que allá en Venecia de belleza murió?
Las piedras vivas hablan de un recuerdo presente.
Como la vena insiste sus conductos de sangre,
va, viene y se remonta nuevamente al planeta
y así la vida expande en batán silencioso,
el pasado se afirma en mí a esta hora incierta.
Tanto he escrito, y entonces tanto escribí. No sé
si valía la pena o la vale. Tú, por quien
es más cierta mi vida, y vosotros que oís
en mi verso otra esfera, sabréis su signo o arte.
Dilo, pues, o decidlo, y dulcemente acaso
mintáis a mi tristeza. Noche, noche en Venecia
va para cinco años, ¿cómo tan lejos? Soy
el que fui entonces, sé tensarme y ser herido
por la pura belleza como entonces, violín
que parte en dos aires de una noche de estío
cuando el mundo no puede soportar su ansiedad
de ser bello. Lloraba yo acodado al balcón
como en un mal poema romántico, y el aire
promovía disturbios de humo azul y alcanfor.
Bogaba en las alcobas, bajo el granito húmedo,
un arcángel o sauce o cisne o corcel de llama
que las potencias últimas enviaban a mi sueño.
Lloré, lloré, lloré.
¿Y cómo pudo ser tan hermoso y tan triste?
Agua y frío rubí, transparencia diabólica
grababan en mi carne un tatuaje de luz.
Helada noche, ardiente noche, noche mía
como si hoy la viviera! Es doloroso y dulce
haber dejado atrás a la Venecia en que todos
para nuestro castigo fuimos adolescentes
y perseguirnos hoy por las salas vacías
en ronda de jinetes que disuelve un espejo
negando, con su doble, la realidad de este poema.


BROWN EYES
Me decías que el viento no tenía tus ojos.
En los altos del aire, la luz estremecida
arde con dos diamantes que me incendian la vida:
en tu mirada el sol ha encendido sus rojos.

De mi vida me quedan inflamados despojos
y porque tú me miras ha vuelto a ser mi vida:
por tus ojos no vivo la noche derruida
y no veo la muerte si me miro en tus ojos.

Así el tigre acosado, así la noche en llamas
se salvan si los miras y hacia tu luz los llamas,
como yo me he salvado del collar de la muerte:

en tus ojos me salvas y en tus ojos me amas,
voy entero al imán de tus ojos al verte;
dame, para vivir, esta luz que proclamas.

martes, 9 de junio de 2009

POESÍA. Pere Gimferrer

(Fotografía de Pere Gimferrer)

Pere Gimferrer clausura hoy el ciclo Viana, patios de poesía.

Aquí podemos leer un artículo de Joaquín Pérez Azaústre, aparecido hoy en "El Día de Córdoba": Gimferrer en Córdoba.


Y unos poemas:


ELEGÍA


Morir serenamente como nunca he vivido
y ver pasar los coches como en una pantalla
y las canciones lentas de Nat King Cole
un saxofón un piano los atardeceres en las terrazas bajo los parasoles
esta vida que nunca llegué a interpretar
el viento en los pasillos las ventanas abiertas todo es blanco como en una clínica
todo disuelto como una cápsula de cianuro en la oscuridad
Se proyectan diapositivas con mi historia
entre el pesado olor del cloroformo
Bajo la niebla del quirófano extrañas aves de colores anidan


MADRIGAL

Amor, con el poder terrible de una rosa
tu piel tensa me ha saqueado los ojos, y es demasiado claro
este color de velas en un mar liso. ¡Dulzura,
la tan cruel dulzura violeta
que las nalgas defienden, como el nido de la luz!
Porque una rosa
tiene el poder de la seda: tacto mortal, estíos
agotadores, con el grueso de un tejido rasgándose,
la claridad estrellada en las cornisas
y el cielo, ventana allá, con negrura de desagüe.
Por la noche, el hombre
de anteojos ahumados, en la cocina de gas,
acaricia los enseres de Auschwitz, las tenazas alquímicas,
las ampollas de cal. Amor, el hombre de guantes oscuros
no arrasará el color de valva de un vientre,
el regusto de ginebra y aceitunas de la piel;
no arrasará la luz de una rosa inmortal
que la simiente deshoja con pico tierno.
Y ahora veo a la garza
real, cruzándose de alas en la habitación,
la garza que, con la luz que capitula,
es plumaje y calor, y es como el cielo:
sólo claridad marina
y después un recuerdo de haber vivido contigo.

lunes, 11 de mayo de 2009

MARIANO JOSÉ DE LARRA. Poemas de Gimferrer y de García Montero

Como sabemos, se conmemora este año el 200 aniversario del nacimiento de Mariano José de Larra. En este blog ya se han publicado varias entradas (para verlas, ir a las etiquetas).

En ésta, podemos leer dos poemas dedicados al escritor del Romanticismo:

Larra

Cuánta luz en la estancia. Del alero
en mis pestañas cae un pliegue púrpura.
Es invierno en Europa. Los quinqués,
el sol en los oscuros cenadores,
las bujías, qué oro declinante
para esos fantasmas de plastrón.
Coches de punto en el jardín, moaré,
en el violento aroma de las lilas
mirando con gemelos de teatro
un dragón verde al fondo del estanque.
Cuerpos en fiebre se unen sólo a oscuras,
cuando ahogan cortinas y antifaces
la pasión que de piel a piel llamea.
El amor fue en Madrid. Sutil tijera
de escarcha. Adiós. En caja de cristal
o en tarro de ámbar como mariposas
no guardes esas cartas, ni en la esquina
más perfumada de tu secreter.
Mi amor, mi amor. Cómo me están doliendo
con esta luz de atardecer los ojos.

PERE GIMFERRER



LARRA

Día de primavera de 1836

Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles y pide
una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.

A la casa del frío
regresaré mañana, cuando el tiempo
exponga sus razones
y el corazón pregunte
lo que falta por ver,
cuántos latidos
pueden quedarle para detenerse.

LUIS GARCÍA MONTERO