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martes, 5 de julio de 2016

POESÍA. "Bisontes". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



Bisontes
Antaño los bisontes manchaban la llanura
de un claro y suave marrón.
Sus pezuñas hollaban sin miedo esta hierba.
Era su casa. Su vasto
dominio que nadie se atrevía a profanar.
Los veranos
migraban hacia el norte donde el sol se apaga.
Los inviernos hacia el sur
donde languidecen las estrellas.
Camino a Montana he visto bisontes.
Lejanos y míticos bisontes aguardando una
            estampida,
un estrépito de pájaros, un canto de guerra.
Si hubo algún Dios en estas tierras
debió tener cara de bisonte.

domingo, 3 de julio de 2016

POESÍA. "Monigotes". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



MONIGOTES

Desde niño me gusta dibujar monigotes. 
Así me entretengo cuando estoy aburrido,
cuando nadie me mira, cuando espero 
impaciente el menú del restaurante. 
Algunos tienen nombre propio, bichos 
que apenas sobreviven en el trazo, en 
la corta vida que el papel les concede. 
Ellos me acompañan. Llaman a la puerta
a cualquier hora, y yo siempre los recibo.
Llevo a todas partes una pluma, no vaya 
a ser que los escuche y no tenga cómo 
darles forma. Nunca piden nada a cambio. 
Ellos bailan felices en manteles, boletos, 
servilletas, y luego –así como han llegado– 
se despiden. La gente cree que la pluma
es para anotar versos, apuntes misteriosos 
que se le ocurren al poeta. No sabe que 
nunca escribo apuntes, que los monigotes 
me visitan cuando suena la música 
del mundo. Y yo no puedo escucharla.

martes, 28 de junio de 2016

POESÍA. "Raritan Blues". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)




Raritan Blues

                                                                Para Margarita Sánchez

Aquí no hay bulla ni miseria,
sólo un bosque de árboles mojados y cientos de ardillas
correteando vivaces o escarbando una nuez.
A lo lejos un puente
una interminable fila de automóviles retorna a sus hogares
y nubes balando ante un perro pastor y amarillo.
¿Eres tú quien camina en las riberas del Raritan?
Recuerdo un río triste y marrón donde las ratas
disputan su presa con los perros
y aburridos gallinazos espulgándose las plumas bajo el sol.
Ni bulla ni miseria.
El río fluye educado como en una tarjeta postal
y nos habla igual que hace siglos, congelándose y
descongelándose,
viendo crecer a sus orillas cabañas, iglesias, burdeles,
plantas refinadoras de petróleo.
Escucho el vasto rumor del Raritan, el silencio de los patos,
de los enormes gansos salvajes.
Han venido desde Ontario hasta New Brunswick,
con las primeras nieves volarán al sur.
Dicen que el río es la vida y el mar la muerte.
He aquí mi elegía:
un río es un río
y la muerte un asunto que no nos debe importar.

lunes, 27 de junio de 2016

POESÍA. "Antes de dormirme". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



Antes de dormirme

Es tarde, pero quisiera decir algo.
Esa música tardía, esos ecos que rebotan
en las piedras y crean silencios.
No, no es eso exactamente:
entre eco y eco hay una música
y en ella un ladrido, un dolor, un golpe seco.
La palabra que alguna vez borramos
vuelve a su lugar
como la música tardía, como el silencio.
Pero no es eso tampoco. Escribir: callar:
cerrar los ojos. Ecos
que rebotan en las piedras y de nuevo
el ladrido, el dolor, el golpe seco.
No sé cómo explicarlo.
Pero es tarde
y en verdad no quiero decir nada.

jueves, 23 de junio de 2016

POESÍA. "Lo que mi padre quiere realmente de mí". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



LO QUE MI PADRE QUIERE REALMENTE DE MÍ


1
Anoche tuve un sueño. Acompañaba a mi padre
por un camino de tierra. Los dos íbamos a caballo
y apenas cruzábamos palabras. A lo lejos se veía
la sombra de unos sauces, las luces de un pueblo
desconocido y remoto. De pronto, mi padre detuvo
su caballo y preguntó si yo sabía a dónde íbamos.
Le contesté que no. Entonces vamos bien, me dijo.

2
Los caballos del sueño sabían de memoria
el recorrido. Era cuestión de abandonar las
riendas, de dejarse llevar. Eso me causaba un
poco de aprensión, incluso un poco de miedo.
Mi padre, en cambio, parecía muy tranquilo.
Pensé, parece tranquilo porque está muerto.

3
Aquí es donde vivo, dijo como si me quitara
una venda. Fue muy poco lo que vi. Sólo un
páramo de piedras, remolinos de arenisca,
huesos de caballos amarillos. ¿Qué te parece?
No supe qué decir. Tenía sed y me dolía un
poco la garganta. Es un lugar hermoso, dijo,
pero a veces me gustaría regresar. ¿Por qué
no regresas, entonces?, pregunté. Porque es
más fácil que tú vengas me dijo. Y desapareció.

LITERATURA. "La 'islita verde' de Juan Ramón"

   En "El Día de Córdoba":

La "islita verde" de Juan Ramón

La Fundación José Manuel Lara edita para Planeta 'Isla destinada', con textos del Nobel sobre Puerto Rico Prosas líricas, autobiográficas, críticas y satíricas dibujan su visión de este destino
ELENA LLOMPART | ACTUALIZADO 15.05.2016 - 05:00
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1. Última foto del poeta en activo, cuando fue visitado por un grupo de niños de un colegio. Le regalaron un burrito. 2. Mapa de la isla realizado en su infancia. 3. El escritor, en la vivienda que compartía con el doctor García Madrid. 4. Juan Ramón Jiménez con niños en un centro escolar. 5. Con Pau Casals y Jaime Benítez. 6. El escritor y Zenobia en 1936, a su llegada a Puerto Rico para ofrecer conferencias a mujeres.
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Aunque pase desapercibido, en la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez, en Moguer, hay un dibujo premonitorio. Lo hizo el poeta en la escuela cuando aún era un niño: un mapa de Puerto Rico, entonces colonia española. Aunque el Nobel no lo recordara, su familia lo guardó y ahora, a color, ilustra la portada de Isla Destinada, una edición no venal realizada por la Fundación José Manuel Lara para el Grupo Planeta, con motivo de la celebración del VII Congreso Internacional de la Lengua Española en San Juan de Puerto Rico entre el 15 y el 18 del pasado marzo.

"Yo sé que estoy unido a un destino de Puerto Rico, a un destino ineludible y verdadero. Yo he venido aquí sin duda porque presiento que esta isla es la isla destinada", escribió el poeta más de 60 años después de aprender en la escuela que Puerto Rico todavía era una colonia española. Aún no podía saber que allí pasaría los últimos siete años de su vida. Pero el moguereño sintió el vínculo con la "islita verde", como se referiría más tarde a Puerto Rico, ya en su adolescencia, cuando se enamoró de Rosalina, hija del puertorriqueño Salvador Brau.

Entonces Juan Ramón tenía 15 años y estudiaba en Sevilla, donde el periodista, poeta e historiador pasó casi un año inmerso en el Archivo de Indias. Lo cuenta en el prólogo del libro la responsable de la edición, Soledad González Ródenas, que también apunta al origen puertorriqueño de la familia materna de Zenobia Camprubí.

Junto a ella llegó el poeta a San Juan por vez primera el 29 de septiembre de 1936, en plena Guerra Civil española, y estuvo un par de meses. Veintiséis años después regresarían para quedarse hasta el final de sus días. Según explica González Ródenas, Isla destinada recoge estrictamente todos los textos en los que el escritor expresa su relación con Puerto Rico ordenados cronológicamente. Algunos ya figuraban en Isla de la Simpatía De Ríos que se van, libro de poemas dedicado a Zenobia.

La primera estancia se plasma en Isla destinada bajo el título Descubrimiento, 1936. Este apartado incluye las prosas líricas redactadas entonces, las que le inspiró el viaje hacia Cuba (conjunto que tituló Trópico jeneral), los textos que escribió con motivo de su visita a los niños ciegos de Ríos Piedras, el prólogo para Verso y prosa para niños, la presentación que realizó en la Fiesta por la poesía y el niño de Puerto Rico y las reflexiones escritas entre 1941 y 1943 en las que menciona la isla y abunda sobre algunas vivencias.

La segunda estancia queda recopilada en el epígrafe titulado Segundo viaje 1951-1953, que arranca con el Prólogo muy particular compuesto para Isla de Simpatía, documentos autobiográficos, reflexiones líricas, textos en los que plantea cuestiones de carácter sociolingüístico que afectan a la isla y se mantienen agrupadas las series Intermedio jocoso (hasta ahora sólo se habían publicado en esta serie los textos Nombres, preposiciones y títulos y Gallinas y gallos, de modo que ahora se añaden La Empleomanía y otras repompolinancias descuajaringantes, y Desde mi fosa común de Río Piedras, inédito que, aunque no tiene esta indicación, por su estilo y algunas de sus expresiones casa con el resto), así como Imajinaciones puertorriqueñas. 

González agrupa en un apéndice, además, borradores inéditos facilitados por los herederos del autor. No obstante, otros inéditos están integrados en el texto. "Según el estado en que los he encontrado figuran como borradores inéditos al final del libro y en el cuerpo, siendo estos últimos los que estaban prácticamente terminados, mecanografiados incluso", señala la autora de la edición.

González Ródenas, que realizó una edición anterior, Guerra de España, con textos que ya estaban incluidos en una pequeña parte, apunta que las impresiones del poeta sobre Puerto Rico son muy distintas en ambas estancias, por lo que la cronología de la edición da buena cuenta de cómo cambiaron sus percepciones sobre la isla caribeña a lo largo de su vida.

"El propio Juan Ramón indica, sobre todo en los últimos años de su vida, las fechas en las que compone los textos, y también se puede conocer la fecha por el estado de los textos. Porque fue cambiando de caligrafía a lo largo de su vida y se nota mucho qué es lo que escribe al final por el tipo de letra, especialmente dificultosa", señala la profesora de Lengua y Literatura Castellana en el Institut Narcís Oller de Valls (Tarragona). En este sentido, la complejidad de la edición ha estado en "entender lo que pone, ya que no escribía jamás apoyado en una mesa, sino con un soporte cruzado en las piernas y, además, con el paso del tiempo se amarillean los folios, y la caligrafía suya de por sí es complicada y en los últimos años de su vida más".

Otra aportación que hace esta edición, a juicio de su autora, es que se han "corregido muchas de las transcripciones que hasta ahora se habían hecho mal porque no se veían bien los textos". Así, la digitalización ha ayudado a precisar mejor, al poderse agrandar y editar el papel. Hasta hace muy pocos años se trabajaba con fotocopias en blanco y negro.

La primera impresión que Puerto Rico causó a Juan Ramón fue de sorpresa y positiva, sobre todo cuando fue a San Juan, a la capital de la isla, que le recordó a Cádiz. Soledad explica que le impactó la naturaleza, el color del cielo y del mar y el ambiente caribeño, aunque cuando llevaba allí unos días le molesta "por su excesiva exuberancia y dice que con España ya tenía bastante". Y es que, al mismo tiempo, sentía una enorme añoranza de su tierra: "Acababa de salir, había una guerra civil, estaba preocupadísimo y no sabía si podrían volver". El matrimonio atravesaba entonces una situación muy precaria en todos los sentidos y la isla por un lado le dio sorpresa y por otro agobio, ya que sentía que en ese clima no podría vivir".

Muy distinta sería la segunda visita. Llegó muy enfermo desde su exilio en Washington. El dolor por la patria perdida y la añoranza de su lengua española lo sumieron en una profunda depresión. "Para él la isla fue entonces como un bálsamo. Empezó de nuevo a hablar con los amigos que había conocido antes y entonces, cuando ya tenía otra calma, y cuando pensaba que ya no estaba allí de paso, sino que se iba a tener que quedar, se lo tomó con más resignación y empezó a disfrutar de la isla y del paisaje. Sin angustia existencial, porque pensaba que Puerto Rico sería el lugar en el que se iba a quedar, donde iba a morir", señala Soledad.

Según valora Carmen Hernández-Pinzón, representante de la Comunidad de Herederos del poeta, la vinculación de Juan Ramón con Puerto Rico es la mayor que haya podido tener ningún poeta exiliado allí, siendo el único en dedicar un libro exclusivamente a Puerto Rico. Los lazos académicos eran tan fuertes que fue el rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez, quien recogió en 1956 el Nobel en Estocolmo en nombre del poeta, tres días después de fallecer Zenobia.


La sobrina nieta del poeta señala que la isla tuvo "un efecto resucitatorio" para él. Necesitaba volver a España y Zenobia, al ver que Juan Ramón se estaba muriendo de pena y de nostalgia, pensó que Puerto Rico era el destino más idóneo "porque era lo más parecido a nuestra tierra". Y eso tuvo un efecto incuestionable en el poeta, que escribió Isla de la simpatíaDe Ríos que se van y volvió a su actividad, dio clases en la universidad, ayudó a revistas literarias, las dirigía, colaboraba. Luego ya ocurrió lo de Zenobia y él se volvió a hundir en el pozo porque ella era su todo. Así, Puerto Rico es presentado como un destino inmanente que dio a Juan Ramón Jiménez la oportunidad de renacer, de volver a tener la ilusión del niño que fue, que recupera la luz perdida (él aventuraba que ya para siempre) de Moguer. Es "la nueva luz", "la isla destinada", "la infancia última", "la parada permanente" y, cómo no, "la isla de la simpatía".

miércoles, 22 de junio de 2016

POESÍA. "Poema escrito el séptimo día de otoño". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



POEMA ESCRITO EL SÉPTIMO DÍA DE OTOÑO


La noche viene de Asia y no hace preguntas.
Adam Zagajewski

1
El humo enturbia el aire de septiembre,
enrojece la luna, estorba la visión de las
montañas. Para consolarme pienso en
la llegada del otoño, en el rojo incendio
del último Tiziano. La radio anuncia los
inconvenientes de hacer ejercicios, de
salir fuera de casa. Escribo sobre animales
para olvidar mi cuerpo, para huir de mí.

2
El humo estorba la visión de las montañas.
Ahora entiendo cuánto necesitaba esas
montañas. En septiembre mantienen algo
de verdor, su discreta y callada presencia.
Esta tarde hay música tranquila. Leo sobre
la vida de los químicos (Davy era amigo de
Coleridge, Scheele era buen tipo, a Lavoisier
le cortaron la cabeza). Escucha los nombres.
Aún conservan su misterio, su antigua y
poderosa magia: mantequilla de antimonio,
azúcar de plomo, licor vaporoso de Libavio.

3
Pobre y guapo Cristo, no se cansa de invocar
a los profetas. Rojo incendio en el Templo
de Jerusalén, legiones romanas apostadas
en las calles. Aquel día, recuerdo, me perdí
entre la multitud. Compré una jaula de
palomas, acaricié los cuernos de una cabra.

4
No entiendo por qué hablas de química,
a ti nunca te atrajo la química. Me gustan
sus metáforas. La mente del poeta, decía
Eliot, es un trozo de platino. Qué habrá
querido decir. Napoleón tercero usaba
cubiertos de platino. Tal vez lo confundía
con la plata, con el humo que oscurece las
ventanas del Templo y estropea el paisaje.

5
Si introduces un trozo de platino en una
cámara con azufre y dióxido de carbono
se forma ácido sulfúrico, pero el platino
no cambia. Los gases son las emociones,
los sentimientos. El platino la mente del
poeta. “En la adolescencia del año llegó
Cristo el tigre” escribió Eliot. Y estaba
equivocado. Ben Pantheras no fue el
padre de Cristo. Fue sólo una leyenda,
un soldado de Roma. Polvo y tumulto.

6
La radio anuncia los inconvenientes de hacer
ejercicios, de salir a la calle. Escribo sobre
animales para escapar de mi cuerpo, para
huir del olvido. Cada animal me recuerda mi
cuerpo. Cada animal me recuerda el olvido.

7
Pobre y guapo Cristo. Lectura obligatoria
de las nueve de la noche. El humo obstruye
la salida, el huerto donde lo espera su Padre.
Lavoisier publicó los Elementos en 1789, fue
una revolución en el mundo científico. Tres
años más tarde otra revolución le cortó la
cabeza. Antes de morir habló con su Padre
en arameo, acarició los cuernos de una cabra.
Miró el rojo incendio del último Tiziano.

8
Esa tarde salí a caminar por los alrededores
del Templo. En el patio había mercaderes,
recaudadores de impuestos, prostitutas
de Canaán. Una de ellas me preguntó si
me sentía bien. Le contesté que sí, que
no se preocupara. Me dijo el Templo es
un lugar seguro, el humo se desvanecerá
pronto, esta noche acuérdate de mí. Yo
le regalé una moneda de plata. Ella me
devolvió el ejemplar de los Elementos que
había perdido en el polvo y el tumulto.

9
Lavoisier fue recaudador de impuestos, por
eso lo condenaron a la guillotina. Eso fue a
finales de septiembre. Antes de morir repasó
la tabla de los elementos, olió el aroma del
bezoar. El rojo incendio del último Tiziano.

10
En septiembre las montañas mantienen algo
de verdor, su discreta y callada presencia.
Hay música tranquila. Y hay contemplación.
Leo y escribo para huir del humo, para huir
de mí. Leo y escribo hasta que llega la noche.
La noche viene de Asia y no hace preguntas.

martes, 21 de junio de 2016

POESÍA. "La salud de los poemas". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)


La salud de los poemas

«La salud es el silencio de los órganos», 
dicen los tratados médicos. Su sabiduría
contempla en el dolor un lenguaje, un 
cuerpo vivo que se queja y sufre. Todos 
tenemos una oscura cicatriz que disimula 
un viejo y renovado dolor. Sé de jóvenes 
que se hieren a propósito. Hartos del 
silencio se queman, se mutilan, se hacen 
incisiones. Es su modo de estar vivos, 
de recuperar el tono de su cuerpo, de
sentirlo suyo y escucharlo alguna vez
hablar. Mientras veía fotos de esos jóvenes
pensaba en los poemas. En su modo tan 
cruel de hacernos recordar que son lenguaje. 
Un cuerpo lleno de incisiones, cortes, 
quemaduras, donde siempre hay alguien 
que nos habla. Aunque se quede callado.

lunes, 20 de junio de 2016

POESÍA. "Las palabras del mundo". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



Las palabras del mundo 

Los filamentos de aire, allí donde hubo 
un mínimo grosor de materia, se nutren 
de palabras. Y se apoderan poco a poco 
del mundo. La mirada parpadea, secciona 
confusas imágenes que van al cerebro 
y preguntan por un nombre. El cerebro, 
ya se sabe, es un órgano aburrido. Tarda 
unos segundos y contesta afirmativa 
o negativamente. Entonces el proceso 
vuelve a repetirse, pero en sentido inverso. 
Hay quienes consultan diccionarios,
quienes prefieren preguntarle a Dios,
los que interrogan la luz y pasan días, 
meses, años royendo los huesos de un
idioma que ha olvidado la carne. Hay,
por último, los que apagan la luz y se
sientan a esperar. Es cuestión de paciencia. 
Ellas llegan siempre para rogarnos un sitio.
Llegan para pedirnos perdón.

MEDITERRÁNEO, MAR LITERARIO. "El plagio de las olas". Alejandro V. García

  En la revista "Mercurio":

El plagio de las olas

ALEJANDRO V. GARCÍA  |  MERCURIO 182 · TEMAS - JUNIO-JULIO 2016

© Óscar Astromujoff
ÓSCAR ASTROMUJOFF
La versión solvente del fragmento de Heráclito sostiene que nadie se baña dos veces en el mismo río; la glosa irreverente lo expresa de otra manera: nadie se ríe dos veces en el mismo baño. Ningún poeta escribe dos veces el mismo verso aunque el mar (el Mediterráneo andaluz, desde Pulpí a Tarifa) sea idéntico.
El Mediterráneo aforístico de Rafael Pérez Estrada es el mar claro de los Sagaces frente al boscoso de los Sargazos. “Toma el agua la imagen y la devora en su fondo”; “la lluvia sobre el mar es asonante” o, el más haraclíteo de todos, “el espejo es una instantánea del río”. Solo a veces el mar de Pérez Estrada imagina una forma de estabilidad: “A la decisión en el mar se le llama ancla”. La orilla solo transmite una falsa impresión de redundancia: “Las olas son aliadas del plagio”.
Manuel Alcántara, aliado él mismo de Pérez Estrada, prefiere bañarse en la ignorancia, que nunca es la misma: “No sabe el mar que es domingo. / Se revelan, inmortales, / las olas a cuerpo limpio. / Cada vez que muere alguna / la misma ocupa su sitio”. El Mediterráneo es para Alcántara el papel pautado donde escribe o presiente la supresión tranquila de la vida. Y si el mar abjura o se retracta, cabe siempre buscar sus restos en el fondo: “Por la mar chica del puerto / andan buscando los buzos / la llave de mi recuerdo”.
El mar, las llaves y las cerraduras submarinas. Es decir, el mar secreto de los buzos. José Carlos Rosales lleva batiendo los fondos mediterráneos desde que en 1988 publicara El buzo incorregible. “Yo diría que el mar es la historia o el pasado, lo que se olvida o se entierra o se menosprecia, lo que está sumergido; lo desconocido o lo que no se quiere conocer; lo triturado y destruido, como la arena; de ahí su oscuridad, de ahí su deseo de hacerse notar, su movimiento y su ruido, su fuerza ciega o su amenaza siempre latente…”
El Mediterráneo es para Alcántara el papel pautado donde escribe o presiente la supresión tranquila de la vida. Y si el mar abjura o se retracta, cabe siempre buscar sus restos en el fondo: “Por la mar chica del puerto / andan buscando los buzos / la llave de mi recuerdo”El mismo mar siempre distinto. El Mediterráneo de Ángeles Mora es un estado de ánimo: “Para descansar, amar, soñar, leer o escribir siempre he preferido el mar. El mar no sólo se vive, sino que se escucha. Y cada año se comprende más el verso de Valèry: La mer, la mer, toujours recommencée”. Aunque el mar de Ángeles tiene un habitante secreto, Corto Maltés: “Querido amigo Corto: / Usurpo el brillo de tus ojos / tu corazón de niebla para explorar la isla. / Haremos un concurso de destreza / en los acantilados y tú te dejarás ganar / —eso dirás al menos— / sólo para besarme”.
María Victoria Atencia, arrullada en el mar de Málaga, afina su búsqueda: “Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas: / comienzan vuestro frío donde acaban mis sábanas”.
Teresa Gómez ha encontrado en esas aguas un tratado de filosofía que, como el Libro de arena, es infinito: “En la poesía en general, y muy en particular en la poesía andaluza, el mar no es solo un recurso estilístico. Cuestiones metafísicas, existenciales, sociales, románticas, han navegado con maestría surcando las metáforas del mar y sumergiéndose en sus profundidades”.
La morfología de la costa también elige los sentimientos. La playa, un invento burgués del siglo XVIII, aloja los recuerdos remotos y felices: “Es otro el mar que vimos / desde aquella glorieta, / desde aquella constancia con que partir el año / a finales de junio / y huir de la ciudad con su reloj / y el tiempo”, escribe Luis García Montero.
Pero a veces no hay arena donde extender la memoria sino roquedal, rompeolas escueto, pequeños finisterres donde dispersar el cansancio o la derrota. Como el Troppo mare de Javier Egea, en la Isleta del Moro: “Es así que el amor, el viejo amor, / el pobre amor tan viejo, tan torpe, tan cansado, / mira hacia el mar, entorna los postigos / y se tiende y reposa”.

viernes, 17 de junio de 2016

POESÍA. "Escena para una película". Eduardo Chirinos (Lima, 1960-2016)



ESCENA PARA UNA PELÍCULA

¿Cómo maneja uno los recuerdos? Yo tengo 
varios que se alternan y, para colmo, varían
con el tiempo. No son organizados. Un buen
día aparecen y ¡zas! se instalan sin permiso 
reclamando alguna música, si es posible 
alguna explicación. Ayer, por ejemplo, tenía
siete años y entré sin llamar al dormitorio 
de mi madre. La ventana daba a un amplio
jardín donde jugaba el collie, al fondo 
renacía una palmera, un floreciente árbol 
de papayas. Mamá se pintaba las uñas 
de los pies. Parecía estar muy concentrada 
y apenas me hizo caso. «¿Por qué te pintas?», 
pregunté. «Porque hoy llega tu papá», me
dijo. Y eso fue todo. No. Eso no fue todo.
Su vestido colgaba impaciente de una silla
y una cámara filmaba sus piernas (la 
izquierda recogida, la derecha ligeramente
levantada). ¿Qué quería de mí ese recuerdo? 
No lo sé. Si le pregunto dirá que no había
ningún collie. Que tal vez había soñado.