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miércoles, 25 de mayo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista Jon Bilbao, sobre su novela "Padres, hijos y primates"

Jon Bilbao

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
"Obligo a los personajes a sacar sus instintos"

ANDER LANDABURU 21/05/2011 

   El autor de Padres, hijos y primates aleja de su entorno habitual a los sujetos, extremadamente racionales, de su historia, para que emerja "la bestia que hay dentro de ellos".

   Jon Bilbao (Ribadesella, Asturias, 1972) reconoce que una de las fuentes de inspiración para escribir su última novela, Padres, hijos y primates (Salto de Página), fue el teatro. Quería elaborar una pequeña pieza de cámara, dividida en tres actos, con pocos personajes, y que se desarrollara en un espacio temporal muy breve de un día. Con esos pequeños guiños a la estructura teatral, el premio 'Ojo Crítico de Narrativa 2008' ha logrado en su nueva obra el más sorprendente de sus trabajos.

   PREGUNTA. ¿A qué se debe la elección de México para situar el tema de su última novela?
   RESPUESTA. Es una novela que se desarrolla en México pero que no es sobre México. Los protagonistas son turistas que se encuentran allí, y lo que me interesaba era alejarlos de su entorno habitual y ponerlos en unas circunstancias muy distintas de las normales. Los enviamos al extranjero, luego se enfrentan a la amenaza del huracán que ya crea una atmósfera peculiar, perdidos los obligamos a trasladarse a un villorrio en el que están obligados a alojarse en un hotelito, y de ahí, ya de noche, a otro lugar aún más recóndito en mitad de esa jungla del interior de Yucatán. La historia tiene algo del viaje al corazón de las tinieblas. De ahí esos sucesivos pasos.

   P. ¿En qué medida influye ese desplazamiento de su entorno normal para que estos personajes se conviertan en seres tan odiosos?
   R. Todos ellos tenían una historia, una serie de tensiones no resueltas y que en estas circunstancias por las que se les obliga a pasar actúan como catalizador para que estas salgan a la superficie de una forma potenciada. La atmósfera de extrañeza de estar viviendo casi una pesadilla que no tiene que ver con su vida habitual y real y con la ausencia de autoridad obliga a los dos protagonistas principales a resolver los problemas entre ellos solos.

   P. Escarba, entonces, en la conciencia de cada uno, con su pasado, sus demonios y su subconsciente.
   R. Una cosa que me interesaba mucho era tomar dos personajes muy racionales, un ingeniero y un matemático, y obligarlos a sacar sus instintos. La bestia que hay dentro de ellos. Que vayan profundizando capa a capa en su cerebro. Pero, claro, a lo mejor resulta que esas dos personas son tan racionales y han vivido en un ambiente tan estructurado, tan cómodo, que esa bestia ya está dormida. Entonces, en el momento en que necesitan resolver de una forma física sus problemas a lo mejor carecen de recursos y tienen que buscar otros alternativos para resolver la situación.
  
   P. Sí, porque son seres en apariencia normales dentro de cualquier sociedad moderna o europea.

   R. No quiero que se piense que los personajes son unos monstruos. Son seres que están en un momento muy duro de su vida, que tienen muchos problemas personales y profesionales, y la situación en la que se encuentran invita a que salga lo peor de sí mismos.

   P. También su lado revanchista, porque el protagonista principal, Joanes, se da cuenta de que tiene la oportunidad de saldar cuentas con su viejo profesor, al que acusa de todas sus desgracias. Por un lado, lo hace a través de la dialéctica en la dura discusión sobre la cosmogonía glacial de Hörbiger y el nazismo y, segundo, con el paso a la acción violenta.
   R. Sí, primero lo intentan resolver en un ámbito intelectual, y cuando eso no da resultados han de pasar a otro nivel más primario para el que no están preparados. Joanes se enfrenta a un dilema porque él acusa al profesor del fracaso de su vida profesional, pero, claro, es una acusación basada en suposiciones, e incluso podríamos decir en un delirio. Con los años se ha construido casi una fantasía o una paranoia autodisculpatoria.

   P. Que renace en el reencuentro con su viejo profesor.
   R. Efectivamente, en esa noche terrible va a tener que contrastar su fantasía subjetiva con la realidad objetiva. ¿Este hombre es realmente culpable de todos mis males? Y resolverlo le asusta.

   P. Además la escenografía se presta al drama violento, en un ambiente lúgubre, la amenaza del huracán encima...
   R. Encerrados en ese barracón, nadie sabe dónde están, nadie les puede oír, nadie les ve, nadie sabe lo que pueden hacer. Se crea una esfera que les protege del entorno y donde son libres de hacer lo que quieran.

   P. En su relato también aparecen elementos inesperados que modifican las situaciones o la vida de los personajes. Por ejemplo, ahí surgen en este caso unos chimpancés como Gagarin. ¿Sorprendente?
   R. No pertenecen a la fauna mexicana, sino que están ahí por un motivo que no vamos a desvelar, pero que son protagonistas y que cumplen una serie de funciones simbólicas a diversos niveles. Y al margen de esto y como elemento de contraste tenemos a los humanos y a las bestias auténticas que en un momento dado pueden ser responsables de un gran dolor y un gran daño, pero que lo hacen porque son bestias por instinto, y también porque son instrumentos de unos seres supuestamente más racionales. Aunque al utilizar a los animales como los utilizan, están dando unas muestras bastante dudosas de su racionalidad, o al menos de su moralidad.

jueves, 21 de abril de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "El día de mañana", novela de Ignacio Martínez de Pisón


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
La vida secreta

JORDI GRACIA 16/04/2011

   Desde su mismo título, El día de mañana concentra la amargura y la ironía de una trabada y poderosa novela sobre nuestro origen reciente, en la década larga de la agonía del franquismo y la sociedad franquista. El calor a la novela se lo pone su misma trama de vínculos, el tejido bajo de una Barcelona hecha de librerías de barrio, inspectores de policía, trabajadores, fábricas y otros desasistidos. Con ellos explora metódica y sutilmente la zona difusa en la que la pérdida y el vacío se convierten en el estado natural de las personas sin que de su parte hayan puesto graves errores o sin que la dictadura sea la coartada perfecta. No es una novela de víctimas; es una novela sobre mayorías sociales casi siempre invisibles para la mayoría de las novelas. Es una novela de destinos lúgubres o nada más que comunes, sin demasiada suerte para acertar con una vida mejor. Casi todo empieza en una riada destructiva en la Tarrasa de 1962 y casi todo termina en una casa sin terminar y en unos balazos casi ya fuera de plazo, cuando la ultraderecha paraestatal va perdiendo la protección de las jefaturas de policía y todos los niños hablan con los payasos de la tele Gabi, Fofo y Miliki. En medio respira la España que espera a noviembre de 1975.
   De ella forman parte la docena de testigos que han vivido por debajo de la línea de visibilidad pero están por todas partes: las pequeñas tragedias de familias pequeñas con casas pequeñas, ambiciones pequeñas, destinos pequeños y unas dosis de fortuna tan pequeñas como casi todas las fortunas. Por eso la novela sobre todo trae a la memoria de hoy la ambigüedad moral de la vida bajo la dictadura y bajo el subdesarrollo. Pero Pisón ha hecho pivotar ese mosaico complejo en la biografía de un perdedor con marca de fábrica y secreta complejidad hasta el final: Justo no es nunca sólo un inmigrante que se hace soplón de la policía política franquista ni es sólo después un resentido ni es tampoco sólo un cómplice rebotado de la ultraderecha. Ese no ser sólo lo que parece vale para todas las peripecias narradas pero es Justo Gil, el Rata, quien se alza con la metáfora más compleja del libro porque no es sólo una víctima del cambio de poder tras la muerte de Franco ni lo es sólo de su biografía atropellada. Quizá lo es, sobre todo y como casi todos, del laberinto de insatisfacciones sentimentales y afectivas que no dependen ni de la dictadura ni de la resistencia a la dictadura.
   Con casi todos los personajes la vida ha hecho lo que a ella le ha dado la gana: el heroísmo está expulsado de este libro porque es una narración pensada para quitarnos alegrías jactanciosas sobre la transición (sin cargarse la transición). La humaniza y le quita el triunfalismo que a veces se nos pone a los historiadores para echar luz en los ámbitos domésticos y las vidas privadas (y algunas de las páginas más conmovedoras tendrían la ilustración en blanco y negro del mismo Forcano que ilustra la portada). Martínez de Pisón pierde piedad e impasibilidad y gana retranca cuando la novela se va, de la mano del soplón, hacia los ambientes burgueses, las salas de fiesta de moda -Boccaccio- y la clandestinidad política, hacia los universitarios militantes y las tentativas patéticas de liberación sexual. Pero para ninguno de ellos el día de mañana resuena como una cantinela tan sarcástica como con Justo.

El día de mañana
Ignacio Martínez de Pisón
Seix Barral. Barcelona, 2011
379 páginas. 20 euros

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista al escritor Ignacio Martínez de Pisón

Ignacio Martínez de Pisón

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
"La clase media en realidad no hizo nada. No eran franquistas, pero tampoco activamente demócratas"

CARLES GELI 16/04/2011

   El día de mañana es un poderoso relato coral cuyo eje es un emigrante traidor "turbio, canalla, irracional", como la dictadura
  
   Los emigrantes eran devueltos directamente o encerrados en el castillo de Montjuïc si nadie los reclamaba; mi estanquero era de Murcia y fue allí a sacar a un primo suyo; lo de los timos de las apariciones de vírgenes en Sant Miquel del Fai me lo contó el escritor Jordi Puntí; y sí, un policía de la Brigada Político Social cobraba 11.000 pesetas al mes y los confidentes, 4.000". Son teselas con las que Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ha construido el delicado mosaico de su novela El día de mañana (Seix Barral), sutil friso del tardofranquismo y la transición a partir de Justo, emigrante que acabará de confidente de la policía política.

   PREGUNTA. Conocemos al protagonista por los demás. De nuevo estructura depurada, invisible.
   RESPUESTA. Quería un personaje esquivo y esa solución coral me lo facilitaba; si le hubiera dado voz se hubiera convertido en novela policiaca; también buscaba un estilo cercano a la oralidad y una amplitud de territorio para ofrecer un fresco social de los sesenta y setenta; pero eso ya lo hizo Faulkner; o Kubrick, en Atraco perfecto...

   P. Un traidor es el eje. ¿Qué buscaba con esa figura?
   R. Justo es la representación de la dictadura; turbio, canalla, irracional; su degradación es la del régimen: muestra el envilecimiento de la tortura, aunque no he cargado las tintas en eso.

   P. Madres que no comen bistec para fortalecer a sus hijos ante las oposiciones; homosexuales tratados como invertidos en centros psiquiátricos; mujeres insultadas por conducir los primeros seiscientos; especulación urbanística... Retrato certero de los sesenta.
   R. En el fondo he hecho una novela sobre la clase media, protagonista de la historia, pero que en realidad no hizo nada. No eran franquistas, pero tampoco activamente demócratas; llegó Adolfo Suárez y tal y se fueron encontrando con la democracia; el suyo fue un protagonismo sin brillo alguno. Sí, escribo sobre algo tan falto de brillo como las clases medias, desvalidas aquí en lo literario...

   P. ¿Nuestro John Cheever?
   R. Sí, sería un Cheever español, si bien nuestra clase media es más sosa que la de Estados Unidos. También yo soy más piadoso que él, que los odiaba.

   P. Usted no: sus personajes vuelven a sentir de una manera que son entrañables; incluso Justo.
   R. Intento indagar en ellos: siempre dejo un atisbo de redención; incluso a los fascistas de Dientes de leche les redimo parcialmente; me gusta pensar qué habrían podido ser si hubieran tomado otra decisión.
  
   P. Entre los ultras y esa gris clase media, aún habrá que felicitarse por la transición...
   R. No se puede exigir más: la realidad era esa; una parte de la policía organizando los grupos de ultraderecha, pasándoles armas y dejándoles hacer... Se llegó a una democracia tan débil que casi no aguanta ni el 23-F: si Tejero dispara a Gutiérrez Mellado en vez de querer tirarle al suelo, la democracia se acaba ahí. Aquí quien cargó con la lucha fue el partido comunista, que después hizo grandes concesiones y que en 1982, cuando ya no eran necesarios, fueron borrados del mapa. Aunque fui duro con ellos en Enterrar a los muertos, la historia no los ha tratado bien.

   P. Usted arranca junto a Ferrero, Gándara, Fernández Cubas... haciendo todos una literatura evasiva, muy alejada del realismo que practica ahora.
  R. Durante años, en mi obra la realidad y lo colectivo no parecían existir; hoy me siento más a gusto con este Pisón que escribe con personajes y ciudades y épocas concretas; he borrado parte de mi producción porque es testimonio de lo que era.

   P. Enterrar a los muertos, Dientes de leche, Partes de guerra, el guión de Trece rosas... ¿Voluntad de cronista de la transición?
   R. La parte colectiva ocupa cada vez más en mis libros, aunque no se puede hablar de Historia en mayúscula sin acercarse a las historias de la gente corriente, que es lo que debe hacer un escritor. ¿La transición? Es mi época, mis años de formación. Cada escritor tiene un territorio de memoria en el que escarba. Me cuesta hablar de la actualidad: el mundo de mis personajes no es el de los móviles ni los portátiles.

lunes, 28 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Poema del libro "Arte menor", de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

   En Babelia, suplemento cultural de "El País": poema del libro Arte menor, de Juan Ramón Jiménez:


¡Luna en el día,
pluma de seda,
pecho de diosa,
mano de reina!

¡Oh, luna blanca!,
que en la turquesa
del cielo claro,
dormida, sueñas;

que, tras los parques
con sol, esperas
la brisa malva
que te despierta

-silencio vago,
violeta fresca
que abre el crepúsculo
sobre la tierra-...

Luna sonámbula,
princesa de pena, 
casi sin luz,
casi deshecha;

¡Oh, vida mía!
Ciega azucena,
luna sin luz,
ninfa viajera...

domingo, 6 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "Solar", novela de Ian McEwan. Por José María Guelbenzu

Ian McEwan

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Brillante sátira de McEwan

JOSÉ MARÍA GUELBENZU 05/03/2011

   Narrativa. La costumbre de los novelistas ingleses es escribir buenas novelas, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta la tradición que los acoge. Si bien desde el último tercio del siglo XX no podemos encontrar un narrador de la talla de E. M. Forster, lo cierto es que mantienen su buen hacer con evidentes buenos resultados. Ian McEwan es una de las cabezas de la generación que empezó a publicar a finales de los años setenta y alcanzó su máximo reconocimiento con la novela Expiación. Esta vez ha optado decisivamente por el humor -tan propio de un inglés, por otra parte- para construir una sátira realmente eficiente sobre el problema del calentamiento global sin descuidar la caracterización de sus personajes, sobre todo al protagonista.
   Michael Beard es un científico que ha obtenido el Premio Nobel y se encuentra, a sus cincuenta y pico años, en la decadencia que sigue al hecho de haber alcanzado el cénit de una carrera demasiado pronto. Cuando lo conocemos vive dedicado a dar conferencias, asesorar departamentos oficiales y, en general, a vivir sin especial gloria de pasados laureles. En cuanto a su persona, es un tipo desaliñado, bebedor, desordenado y perezoso para la vida cotidiana, y casado cinco veces. Su quinta mujer, Patrice, le engaña concienzudamente con el constructor de su casa, un tipo rudo y elemental, mientras él sólo tiene aventuras esporádicas. Pero el engaño de la mujer le hace desearla y sufre por ello. Es un hombre que siempre ha tenido éxito con las mujeres aunque su aspecto no sea precisamente el de un seductor.
   La novela se divide en tres partes que se corresponden con los años 2000, 2005 y 2009. En el primer lustro -que tiene una componente de thriller cómico que prefiero no detallar por respeto al lector- conoceremos la complicada trama que envuelve a su mujer, su constructor y un alumno aventajado al que Beard contempla con benevolencia de superior. En el segundo, ya desembarazado por carambola de los anteriores debido a una historia rocambolesca, lo hallaremos metido en otra relación amorosa (Melissa) que no está dispuesto a que acabe en boda tras los cinco fiascos anteriores. En el tercero y último, Michael se mete de lleno en un proyecto en Nuevo México destinado a crear energía alternativa sin coste medioambiental a partir de la energía solar y divide su vida entre la fogosa Melissa, de la que tiene una hija que no deseaba, y una no menos fogosa camarera tejana.
   El humor que sostiene toda la novela es de primera clase, con secuencias gloriosas como la del viaje al Polo en compañía de un grupo de artistas e intelectuales para concienciarse del cambio climático, o el desarrollo de la relación con Melissa, o la celebración a la americana alrededor de la inauguración de la planta de energía solar. También está lleno de momentos cómicos extraordinarios (el encuentro con la artista conceptual Stella Polkinhorne, el fiasco con un joven por el que se siente agredido en un compartimento de tren, los líos en que se mete por su impericia al acabar convertido en "científico neonazi" por la prensa...) o ciertos flash backs, como el de su relación con Maisie Farmer, su primera esposa, cuya conquista "le hizo intelectualmente libre" redimiéndolo de una infancia y juventud lastimosas. En el fondo, Beard es un científico que tuvo una intuición genial y ha acabado convertido en una caricatura de sí mismo al que el mundo del cambio climático sólo le interesa en la medida en que desea recuperar su trono y, lo peor, a costa de las brillantes intuiciones de un alumno suyo, tan brillante como lo fuera él en su juventud. Esta situación es la que permite al autor situarse en la distancia justa para sacar el máximo partido a la narración.
   McEwan urde una trama realmente compleja y muy bien resuelta, donde no deja un solo cabo suelto y en la que cada una de las partes engrana perfectamente en el todo.
   La sátira sobre los científicos, el amor mal entendido y el cambio climático poseen la ambigüedad del talento y rehúye cualquier tratamiento superficial o maniqueo. Es un problema de extrema importancia tratado con una admirable comicidad que quizá sea lo que se corresponde, en manos de un buen novelista, con un asunto de semejante envergadura. Tan sólo cabe hacerle un par de reproches: el primero, que carga excesivamente las páginas de informaciones y disquisiciones científicas que no se compadecen bien con la narratividad del texto porque en esos momentos la novela se detiene; no quiero decir que sea prescindible, quede bien claro, sino que es innecesariamente excesivo. El segundo reproche, que resuelva su excelente trabajo con un final de carpetazo, donde cabía exigirle -a la vista de lo realizado hasta ese momento- más brío y más ingenio. Por lo demás, un relato lleno de talento y buen hacer que no va a defraudar a nadie.

Solar
Ian McEwan
Traducción de Jaime Zulaika
Anagrama. Barcelona, 2011
360 páginas. 19,50 euros

martes, 15 de febrero de 2011

BIBLIOTECA. "Babel en España", de John Haycraft (1926-1996)

John Haycraft

   A punto de ser nombrado hijo adoptivo de una capital de provincias española, Córdoba, John Haycraft acabó no obstante considerado persona non grata en España debido al impacto polémico de este libro por el que poco después se le prohibió la entrada al país. Haycraft hace en Babel en España un vertido de opiniones, propias y ajenas, que pusieron en evidencia tanto a personas como las claves políticas, sociológicas, religiosas y culturales del ambiente asfixiante del franquismo. Su reflejo sin tapujos de la España de postal y de la menos tópica y su franqueza al ofrecer y referir opiniones sobre la Guerra Civil y la dictadura, sobre Franco, Gibraltar, la atosigante presencia religiosa en la sociedad española y la frustración constante de los elementos emergentes de la misma, no fueron entonces del agrado de casi nadie.
Texto de la contracubierta.

La primera edición apareció en 1958.
En la BIBLIOTECA tenemos la de Almuzara. Sus 305 páginas están precedidas de un prólogo de Gerald Brenan.