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domingo, 12 de junio de 2016

PRENSA. SÁHARA OCCIDENTAL. "Escuelas en el desierto"

   En "El País":

Escuelas en el desierto

Para los niños con discapacidad de los campamentos saharauis no es fácil ir al colegio

Un grupo de profesoras ha impulsado la creación de centros especializados en su cuidado

 Sahara Occidental 7 ABR 2015  

  • Un niño juega con un avión de juguete en uno de los centros para discapacitados de los campamentos saharauis. / JAVI JULIO (NERVIOFOTO)


    "Al principio había gente que tiraba piedras al tejado de la escuela y nos llamaba locas", recuerda Fátima, directora del centro de discapacitados de Dajla, uno de los campamentos de refugiados saharauis de la provincia de Tinduf, en el desierto argelino. Este 2015 se cumplen 40 años desde la ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos. Desde entonces, alrededor de 180.000 saharauis viven como refugiados en este territorio.
    Fátima no es una docente cualquiera; posee el honor de ser una de las primeras y mayores impulsoras de la educación para niños con patologías mentales y físicas en los asentamientos. Pero ella, por entonces, aún no lo sabía.  "Estudié Educación Infantil en Cuba y, al regresar a los campamentos, comencé a trabajar en una guardería". Corría 1993 y la guerra que mantenían el Frente Polisario y Marruecos había entrado en tablas hacía unos meses. Comenzaban entonces las negociaciones y pronto, el esperado referéndum y la solución al conflicto. "Pensé que estaría trabajando aquí sólo por un tiempo", confiesa mientras baja la mirada y esboza una mueca amarga.
    Mientras ajusta con sus manos una colorida melfa sobre su cabeza, mira hacia el suelo e intenta ordenar sus recuerdos. Y la sonrisa se dibuja otra vez. "Conmigo habían regresado varias amigas más que habían terminado cursos de Educación Especial y, entre las cuatro, intentamos buscar una solución para las personas con deficiencia mental que fueran más allá de lo asistencial".

    Teníamos energía, queríamos construir centros pero no sabíamos por dónde empezar
    Fátima, profesora
    Hasta entonces, los discapacitados vivían apartados o vagaban por la calle, pasando el tiempo sin hacer nada. Otros no salían de sus jaimas. Y a pesar de que algunos se matriculaban en las escuelas ordinarias, no acudían al colegio por miedo o vergüenza de sus familiares. Por aquel entonces, sólo existía un centro para discapacitados en los campamentos. Estaba en el de Smara y fue bautizado como el centro de Castro porque su creador fue un cubaraui, es decir, uno de los saharauis que fueron acogidos y educados en Cuba. "Teníamos energía, queríamos construir centros para todas las wilayas (campamentos saharauis), pero no sabíamos muy bien por dónde empezar", afirma Fátima.
    Tras hablar con varias asistentas que tenían un registro de personas con deficiencias, decidieron dar un paso más. Fátima dejó su trabajo en la guardería y se centró en la creación de estas escuelas. "Al principio nos dedicábamos a ir de jaima en jaima buscando a los chicos, hablando con sus familias... No tuvimos una gran acogida", recuerda, "aunque unas pocas accedieron".
    En estos duros inicios, cuando hay que construir desde cero la creación de las escuelas, comienza la lucha contra las supersticiones o viejos mitos. "¿Para qué quieres llevarte a mi hijo? No sabe hacer nada, no anda, se cae... Sólo mira al cielo y ríe sin sentido", espetaban algunas madres. Respuestas de este tipo ponen a prueba la determinación de estas cuatro mujeres, que no cejan en su empeño. Entonces comienza el trabajo explicando la necesidad de estar escolarizados, de juntarse con otros chicos, de hacer valer su potencial. Al principio, muchas familias se negaban a reconocer la discapacidad de sus hijos, incluso cuando éste era evidente, pues lo consideraban una vergüenza para la familia.
    "El trabajo con los parientes durará años", afirma Mamia Brahim. Mamia, como Fátima, es también directora de un centro de educación especial, en este caso en la wilaya de Auserd. Formada gracias a la ayuda de varias becas, estudia entre Argelia e Italia, de donde conserva el acento cuando intenta chapurrear algunas palabras en castellano. Yamila, como se la conoce en el centro, es una mujer de pequeña estatura pero llena de energía. Llegó siendo una niña con su familia a Tindouf en 1975, huyendo de las bombas y del napalm. El paso del tiempo le ha hecho olvidar Smara, la ciudad del Sahara Occidental donde nació, de la que afirma ya no recordar nada. "La gente no confiaba mucho en nuestro trabajo. Durante años estuvimos trabajando con las familias para que trajeran a sus hijos al centro y vieran nuestro trabajo y se concienciaran. Fueron años duros".
    Sin embargo, ese trabajo de hormiga ha dado con el tiempo sus resultados. "Hemos conseguido que las madres acudan con sus hijos o que vengan a resolver dudas o a buscar orientación cuando éstos son pequeños", afirma la profesora.
    Una vez que logran que varias familias se comprometan a llevar a sus hijos a la nueva escuela, queda por resolver el problema del espacio. "Fuimos a hablar con el gobernador explicando nuestras intenciones y se mostró receptivo: nos cedió un local para trabajar. Ya teníamos un local,  pero ni siquiera había sillas donde sentarnos", exclama entre risas Fátima. "Entonces comenzó la búsqueda de material entre las escuelas ordinarias, consiguiendo que nos cedieran mobiliario, libretas, pinturas...".
    Los refugiados saharauis dependen casi por completo de la ayuda internacional por lo que, al comienzo, la búsqueda de material se emprende dentro de los campamentos, algo que limita el éxito porque no hay muchos lugares a donde ir. "La falta de recursos se suplía con la ilusión del comienzo" sentencia Fátima.

    La integración de los talleres

    Un turbante negro protege a Mohamed Salem Hamudi del implacable sol del desierto. Viene de Rabuni, el campamento donde se encuentran todos los ministerios de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), de donde acaba de terminar una reunión. Su papel como director de los centros es coordinar sus actividades, preparar los viajes de los niños saharauis que pasan los veranos en España, cursos con cooperantes... "No hay tiempo para aburrirse" afirma divertido.
    Al entrar en la jaima, se descalza y comienza a saludar a sus primos. Se tumba en el suelo y busca acomodo con ayuda de un cojín. Ha sido un día interminable. Lembrabit, uno de sus primos, atiza unas brasas y pone a calentar agua en una tetera. En un rato comenzará el ritual del té.
    Mohamed, o Paisano, como le conocen sus vecinos tras su paso por Cuba, lleva coordinando las escuelas desde hace más de 10 años. Este saharaui con acento cubano comienza a haciendo una fotografía de la situación actual:

    Más de 200 alumnos acuden ya a las escuelas donde, además, reciben la comida del día
    "Las cosas han cambiado mucho desde aquellos primeros años. En total hay cinco centros para discapacitados y cuatro más para ciegos. Más de 200 alumnos acuden diariamente a las escuelas donde, además, reciben la comida del día", señala con orgullo. Hay más niños matriculados, pero la falta de transporte las enfermedades o la necesidad de cuidados más específicos les impide acudir, como sus compañeros, con regularidad.
    Los talleres de las escuelas cumplen una función integradora. Hay cursos de carpintería, donde los alumnos hacen puertas y ventanas, o de costura, donde las chicas cosen vestidos o banderas. Los ingresos que logran con su venta son para auto financiarse. "Por ahora no es mucho lo que conseguimos", confiesa Mohamed, "porque dependemos por completo de la ayuda internacional, pero la idea es esa". Mientras tanto, cumplen con su cometido creando sentimientos de confianza y autonomía en sus usuarios para cuando les llegue la hora de comenzar a trabajar.
    El tiempo libre escasea. Además de las actividades educativas, dentro de varias semanas se celebrará, como todos los años, el Sahara Marathon, un acontecimiento en el que también colaboran las escuelas de educación especial. En ediciones anteriores, varios de los alumnos corrieron acompañando a los atletas.
    El té comienza a hervir, y Lembrabit lo reparte lentamente entre varios vasos, volcando el líquido una y otra vez. Por un momento, se hace el silencio en la habitación. Paisano saborea su té dando pequeños sorbos. El sonido de su teléfono móvil interrumpe el descanso. Se levanta y lentamente, comienza colocarse el turbante de nuevo. Varios cooperantes acuden al campamento para realizar un curso de formación para el profesorado, y tiene que ir a buscarlos. "Cómo ves, esto es un no parar", se disculpa antes de salir. "Siempre queda trabajo por hacer".

    viernes, 18 de marzo de 2016

    PRENSA. "Agresiones sexuales y magia negra"

       En "El País":

    Agresiones sexuales y magia negra

    En algunas zonas de la República Democrática del Congo proliferan las violaciones a vírgenes para usar su sangre como fuente de gloria y poder




  • Las mujeres y niñas de Kavumu, en la provincia de Kivu del Sur (al sureste del país) viven en permanente tensión y riesgo. / ITSASO VÉLEZ DEL BURGO GUINEA

    Desde hace algunos meses, la hematomancia o la magia usando sangre, se está ensañando con las niñas de Kabare en la República Democrática del Congo. Los criminales raptan a las pequeñas por las noches, las agreden sexualmente y aprovechan su sangre como fuente de riqueza, gloria y poder. La comunidad aterrada se pregunta cómo parar esta ola tan violenta de agresiones sexuales y magia negra.
    “Qué bestialidad lo que está pasando en Kavumu y Katana. No paran de violar a niñas de dos y tres años. Anoche violaron a otra”, así sonaba el mensaje que Lorena Aguirre, coordinadora de país de la ONG Coopera en la República Democrática del Congo, lanzaba a algunos periodistas con deseos de implicar a los medios de comunicación en la zona en esta triste realidad.
    En esos días la periodista congoleña Caddy Adzuba, recibía el premio Príncipe Asturias a la Concordia 2014 por su trayectoria laboral dedicada a denunciar las agresiones sexuales, la pobreza y la amenaza constante de guerra con que las mujeres congoleñas conviven desde hace décadas. Las mujeres y niñas de Kavumu, en la provincia de Kivu del Sur —al sureste del país viven en permanente tensión y riesgo. La frecuencia con que son agredidas y ultrajadas ha convertido el peligro en algo normal en su día a día, ahogándose en el silencio y desinterés nacional e internacional. “¡Ya está bien!”, exclaman las madres de Kavumu, “queremos gritar para que sepan las atrocidades que están haciendo a nuestras hijas”.
    Una nueva moda de escalofriantes atentados contra la integridad física y la dignidad humana está causando el terror en estas comunidades congoleñas de unos 200.000 habitantes. El modus operandi de los agresores es cada vez más sanguinario. Zahimire Rugambwa, presidente de la organización local UERPV (Intervención por la Unión y Recuperación de Personas Vulnerables) relata: “A partir de las siete de la tarde, cuando el día se pone, el peligro acecha. Los violadores buscan las casas más pobres y en peor estado constructivo, rascan un agujero en las paredes de barro o aprovechan la ausencia de madres solas, trabajadoras nocturnas, para entrar en las casas y robar a las niñas”. Se dice que adormecen a las víctimas e hipnotizan al resto de familiares pero nadie lo sabe con seguridad; dónde se las llevan es también una incógnita. Después de violarlas y agredirlas físicamente, son devueltas al hogar con graves y dolorosas heridas. Las edades de las víctimas oscilan entre los cuatro meses y los 17 años. En lo que va de año, solo en el hospital de Kavumu se han registrado 25 agresiones sexuales con las mismas características, aunque existen otros muchos casos que no acuden al centro sanitario y caen en el olvido, asegura Passy Huhogera, enfermero jefe del hospital.

    Una nueva moda de escalofriantes atentados contra la integridad física y la dignidad humana está causando el terror en estas comunidades congoleñas de unos 200.000 habitantes
    El doctor Mugisho Kavul, con lágrimas en el alma, narra: “Desgraciadamente las agresiones sexuales en el Congo han existido siempre, pero lo verdaderamente preocupante ahora es la corta edad de las víctimas. Tenemos un caso de un bebé de cuatro meses. Las consecuencias sobre estas niñas son inmensurables. Las más pequeñas llegan al hospital desangrándose, con intensos dolores y perforaciones que unen el conducto vaginal con el ano. Niñas que no podrán tener hijos y que serán rechazadas por posibles maridos y por la comunidad”. En el hospital local realizan la primera atención que ayuda a cortar las hemorragias, pero debido a la escasez de recursos los casos más graves deben ser trasladados al hospital de Bukavu. Esto supone el principio de una nueva espiral sangrante. Los familiares de las víctimas no pueden asistir por lo costoso que supone la estancia fuera de sus casas, la incapacidad económica de ausentarse del trabajo durante días y la falta de apoyo social para atender a sus otros hijos, según narra el personal sanitario del hospital. La problemática de la violencia sexual, la pobreza y la marginación se entrecruzan en una escabrosa y triste realidad en la región.
    Las madres se sienten culpables. La comunidad está indignada. Y las autoridades impotentes, se convierten en testigos silenciosos y sospechosos. La vuelta al día a día no es sencilla, ni supone el fin de la pesadilla. Junto a las marcas físicas o la esterilidad, las huellas psicológicas, el peso del estigma social, la vergüenza y la culpabilidad son algunas otras secuelas que acompañarán a las niñas y familiares a su regreso al hogar.

    Las viejas creencias y la magia negra

    “Había un hombre en el pueblo que no podía tener hijos. Acudió al brujo, doctor de la comunidad, y le dijo que para curar su mal tenía que violar a una niña menor de seis años. Obedientemente, el hombre buscó una niña de cuatro y la violó”. La anécdota que relata Rugambwa de la organización congoleña UERPV ilustra el poder que todavía tienen los brujos y magos negros en algunos grupos poblacionales de África.
    Escarbar en las razones que conducen a estos crímenes supone muy calladamente adentrarse en las prácticas de la magia negra, sobre las que se asientan las religiones tradicionales africanas y que todavía sobreviven en cada una de las tribus del continente. “La magia negra para los creyentes de la religiones tradicionales africanas es una práctica tan común, como lo es ir a misa para los católicos”, aclara el arquitecto ugandés y experto en cultura africana Adam Tumuwine, quien prosigue: “El conocimiento de la salud en África ha sido transmitido generación tras generación a través de ancestrales creencias místicas. El acceso, entendimiento y aceptación de las investigaciones de los blancos, cuesta dinero que la gente aquí no tiene. Es una cuestión de ignorancia y falta de educación. Mucha gente solo cree y entiende a los magos negros que, de hecho, son llamados doctores. Ellos prescriben muchas de las prácticas negras que ayudarán a aliviar sus males. En el Congo, las violaciones son prácticas comunes de la magia negra; en Uganda son frecuentes las mutilaciones de órganos y el canibalismo; y en Tanzania, los sacrificios de albinos”.

    Las víctimas de entre cuatro meses y 17 años, son devueltas a su hogar tras ser violadas
    Dicen que con la sangre de las víctimas hacen magia. La sangre es lo que vale, lo que da poder, estatus, dinero y salud. Pascal Bugagala, psicólogo de la ONG Coopera en Congo, explica: “Para ellos, la sangre de las vírgenes les limpia de enfermedades como el VIH y les libera de la esterilidad; la sangre provee de riqueza y trabajo o sube el rango y estatus en el caso de militares y policías; e incluso losmaimais [rebeldes de la zona] la guardan en pequeños botes y se la untan en tiempos de guerra, evitando que las balas los atraviese”. Para el psicólogo, la reducción de violaciones de niñas vinculadas a la magia negra es un tema muy complejo ya que involucra profundas y arraigadas creencias religiosas. Intervenir sobre ellas es el reto que el territorio de Kabare debe asumir ahora.

    La comunidad bashi

    La rabia, la desconfianza y el dolor se perciben con todos los sentidos en estos pueblecitos de la tribu bashi. No obstante, ni el miedo, ni la indignación les ha paralizado. Maravilla ver cómo entre tanta necesidad, hay todavía espacio para la solidaridad y las relaciones de buena vecindad. Las pequeñas organizaciones locales (UERPV y Fundi Action, entre otras organizaciones vecinales), sin apenas recursos económicos se han organizado para apoyar a las víctimas. Voluntarias vecinas de Kavumu y Katana acompañan a las madres a los hospitales y cuando regresan a sus casas, trabajan directamente con las niñas para ayudarles a recuperar la confianza, autoestima y sociabilización. Una de las voluntarias comenta: “A través del ocio y actividades artísticas tratamos de trabajar con las niñas para hacerles reír y que sepan que pertenecen a un grupo que les quiere y les acepta. También hablamos con familiares para evitar el estigma social. Algunos discriminan a las víctimas porque dicen que ya no son puras”. La alegría y la convicción en lo que hacen son las principales herramientas con que cuentan estas voluntarias para las tareas de apoyo y reinserción de las víctimas. “Los niños deben vivir en entornos de amor, seguridad y confianza y esto es lo que tratamos que ellas recuperen”, concluye la mujer.

    Dicen que con la sangre de las víctimas hacen magia. La sangre es lo que vale, lo que da poder, estatus, dinero y salud
    El presidente de la organización local Fundi Action afirma que, si bien no es fácil trabajar contra las viejas creencias de las personas, tras la organización de varias reuniones vecinales se ha llegado a la conclusión de que las tres posibles soluciones pasan principalmente por la instauración de una corte popular que juzgue a los agresores, la intervención profesional de apoyo a víctimas y familiares y, por último, la creación de talleres de sensibilización ciudadana e información pública con carácter educativo y preventivo. Por su parte, el hospital de Kavumu, sin electricidad en la mayoría de sus estancias, demanda placas solares para generar luz y poder atender a las víctimas las 24 horas. La ONG Coopera, una de las pocas organizaciones internacionales que se encuentran permanentemente en la zona, solicita fondos internacionales para una atención urgente en la zona.
    Y las madres de Kavumu, como no podía ser menos, reclaman justicia, seguridad y voz.
    En el emotivo discurso de recogida del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2014, Caddy Adzuba resaltaba la importancia que el premio tenía por ser altavoz de las voces de todas esas víctimas sigilosas del horror.

    miércoles, 11 de febrero de 2015

    PRENSA. "Doce avances que frenan la muerte"

       En "El País":

    Doce avances que frenan la muerte

    Mosquiteras, lactancia materna, matronas especializadas, bolsitas de alimento o vacunas son algunas de las herramientas que han evitado la pérdida de millones de vidas de bebés


    La mortalidad infantil se ha reducido considerablemente. En 1990, más de 12 millones de niños en los países en desarrollo murieron antes de cumplir cinco años. En 2012, la cifra había disminuido casi a la mitad: a 6,6 millones, según datos del Banco Mundial. Lo que sigue son 12 de los avances que han mejorado las posibilidades de supervivencia. Algunos se han consolidado en la última década, otros representan el presente y el futuro.
    1. Incubadoras para todos


    Incubadora MOM de bajo coste. / JAMESDYSONAWARD.ORG
    Al nacer, los bebés empiezan a enfrentarse al mundo. Y para algunos llega la primera batalla. Los prematuros necesitan ayuda para adaptarse al nuevo medio y la tecnología médica es su aliada. Algo tan común en los países desarrollados como las incubadoras todavía son difíciles de encontrar en buena parte del planeta. El recién licenciado en la universidad de Loughborough (Reino Unido) James Robert se encontraba un día frente a su televisor y se topó con un documental de la BBC sobre la alta mortalidad infantil en los campos de refugiados sirios. Así lo cuenta él para describir el germen de su creación: una incubadora portátil y considerablemente más barata que las que encontramos en los hospitales (unos 300 euros frente a 33.000). El artilugio está diseñado para consumir la menor energía posible y mantenerse encendido hasta 24 horas sin electricidad gracias a una batería. La incubadora MOM todavía está en fase de estudio, su creador espera que se convierta en habitual en los campos en 2017, y acaba de recibir el premio Jame Dyson, valorado en algo más de 40.000 euros, que cada año se otorga a los “ingenieros del futuro”.
    2. Bolsitas salvavidas


    Niños etíopes reciben una ración de alimento en bolsas. / KIMBERLY FLOWERS (USAID)
    Leche en polvo, cacahuete, aceite, azúcar. Ingredientes que podrían aparecer en la etiqueta de cualquier bote de crema de cacao, pero que en realidad han contribuido a salvar de la desnutrición a miles de niños afectados por terribles hambrunas. Los alimentos terapéuticos preparados, Plumpy Nut como marca comercial, son bolsitas que contienen una especie de pasta que aporta 500 calorías al niño. La idea surgió en la mente del doctor André Briend que tuvo su particular revelación cuando desayunaba Nutella. Bastan dos raciones al día de 92 gramos para alejar el fantasma de la desnutrición. Daniel Martínez, pediatra de Médicos Sin Fronteras (MSF), destaca que el uso de estos saquitos ha reducido en un 90% la hospitalización de los pequeños. “Antes se utilizaba la leche en polvo, que requería agua potable con la que mezclarla, algo de lo que no siempre se dispone, controles gigantescos y personal especializado”.
    3. Piel con piel


    Una joven dominicana cuida a su hijo con el método canguro. / ORLANDO BARRIA
    El método canguro ha seguido en camino inverso al habitual. Nació de la escasez, de la falta de incubadoras para asistir a los recién nacidos con bajo peso. El pediatra colombiano Edgar Rey desarrolló en los setenta una, en principio, sencilla técnica que consiste en unir piel con piel a los bebés con uno de sus progenitores. El mecanismo se basa en tres componentes: control termal, de alimento y la posibilidad de una respuesta inmediata ante complicaciones. Daniel Martínez de MSF recuerda un caso de 2011, en un campo de refugiados en Kenia. “Ella era muy joven, 14 años, acababa de tener mellizos prematuros y no los aceptaba. Así que aplicamos la técnica canguro. Cuando se marcharon del hospital, pesaban dos kilos cada uno”. Martínez advierte de que no es tan fácil como apretujar al bebé contra el pecho un ratito: “Tienen que permanecer así al menos doce horas al día, muy pegados. Hace falta una enfermera que se ocupe de un máximo de cinco mujeres, porque ellas también necesitan apoyo”. Un estudio de Oxford Journals destaca que en la primera semana de vida se produce una reducción significativa de la mortalidad si se comparan los resultados de la técnica canguro con el cuidado estándar. “Si el método alcanzara una mayor cobertura a través de la implementación en los niveles más bajos del sistema sanitario, el millón anual de muertes de niños prematuros se reduciría sustancialmente”.
    4. Nada mejor que el alimento materno


    La lactancia materna mejora la salud de los niños. / C. BAUTISTA
    Los estudios son unánimes en las ventajas de la alimentación materna. Reduce en el niño un 14% la probabilidad de tener un colesterol elevado y un 22% la de sufrir obesidad o sobrepeso. Favorece además una mejor presión sanguínea y un correcto desarrollo neurológico. En el caso de la madre, esta práctica disminuye el riesgo de sufrir cáncer de ovarios y mama y diabetes. Y sin embargo, la falta de una política de lactancia en la mayoría de los países y la desinformación son obstáculos para cumplir la recomendación de la OMS de alimentar exclusivamente de leche materna al bebé en sus primeros seis meses de vida. Algo que trata de promover a través de diferentes programas. En España la tasa de lactancia es del 68% en las seis primeras semanas de vida, una cifra que se desploma hasta el 24% en el primer medio año. Este índice varía mucho en función de los países, de su cultura y de la incorporación de la mujer a la vida laboral. En Estados Unidos el porcentaje de bebés que se alimentan exclusivamente de leche materna en los primeros seis meses es del 13%. En Ecuador este porcentaje se eleva hasta el 40%, en India, es del 46%, en Alemania es del 22% y en Mozambique del 36%. Todos los datos provienen de la base de datos de la OMS sobre la nutrición infantil que recoge las estadísticas nacionales de cada país.
    5. La importancia de la vitamina A
    Cuando se administra vitamina A a una población carente de ella, el riesgo de mortalidad infantil desciende entre un 12% y un 23%. Un dato aportado por Iniciativa micronutriente, una de las organizaciones que participa en el programa de Unicef destinado a reducir los efectos de la falta de este componente en los niños. La organización lo puso en marcha en 1997. La vitamina A es esencial para el funcionamiento del sistema inmunológico y la falta de ella es un problema mundial que afecta a 250 millones de niños en el mundo según la OMS. Desde que comenzó a abordarse el problema, el 70% de los menores de cinco años en los países prioritarios consume al menos dos dosis anuales de vitamina A. “Llevamos años intensificando estas campañas, combatir este problema nos puede ayudar a prevenir otras enfermedades como la diarrea o la polio”, explica desde Nueva York, Theresa Díaz, especialista en Salud de Unicef.
    6. Ni un niño sin vacuna


    Un niño recibe la vacuna contra el sarampión en Costa de Marfil. / OLIVIER ASSELIN (UNICEF)
    Evitar las muertes de niños debido a enfermedades que a día de hoy tienen cura ha sido uno de los principales objetivos de todos aquellos que luchan contra la mortalidad infantil. Las inversiones del Banco Mundial para los países en vías de desarrollo han permitido la vacunación de casi 600 millones de niños entre 2003 y 2013. En Burkina Faso, por ejemplo, el 100% de la población ya cuenta con acceso gratuito a la vacunación y en Ghana esta cobertura ha ascendido al 79%. ¿Imaginan lo que significa que el sarampión pueda seguir siendo mortal en algunos países? En 2012 hubo 122.000 muertes por este motivo en todo el mundo. Catorce niños por hora fallecieron por una enfermedad curable. Sin embargo hay un motivo para la esperanza: las cosas han cambiado en la última década, la mortalidad por esta causa se ha reducido un 78% desde 2000 y hoy por hoy el 84% de los bebés reciben esta vacuna. “Aún no podemos comparar los datos con los de los países desarrollados, pero poco a poco estamos reduciendo esta brecha”, asegura Theresa Díaz. Más cifras para la esperanza. La poliomielitis se ha reducido en un 99%, en 2013 solo se diagnosticaron 416 casos. Siempre según datos de la OMS. Esta afección incide especialmente en los menores de cinco años, que pueden llegar a sufrir una parálisis que acabe causando la muerte. De 125 países en los que la enfermedad era endémica, hemos pasado a tres (Afganistan, Nigeria y Pakistán). En los últimos 26 años se ha vacunado contra esta enfermedad a más de mil niños al día, según Unicef.
    7. Los antígenos llegan más lejos
    La dificultad para trasladar las vacunas allí donde son necesarias o de conseguir que los niños lleguen hasta los centros donde se administran han supuesto un freno a su implantación. Sin embargo, en los últimos años se han desarrollado nuevos métodos para conseguir que las vacunas lleguen más lejos. Por ejemplo, ahora las de tétanos y meningitis pueden aguantar hasta cuatro días fuera de la cadena del frío y soportar temperaturas de hasta 40 grados. También se ha evolucionado en los sistemas para aplicarlas, como explica Daniel Martínez de MSF, que pone como ejemplo pharma-jet, un aplicador “semejante a un boli” que puede utilizar cualquier “personal sin un entrenamiento médico especial” y que reduce el riesgo de infecciones.
    8. Redes contra el paludismo


    Mosquitera impregnada en insecticida para luchar contra la malaria. / REVS+
    Algo tan sencillo como una tela que cubre el lugar en el que se duerme puede salvar vidas. Y de hecho lo hace. El Banco Mundial repartió entre 2003 y 2013 150 millones de mosquiteros en los países más pobres para defender a los niños del paludismo o malaria. Esta enfermedad causa la muerte de una quinta parte de la población infantil en África. Las condiciones de vida allí dificultan en la mayoría de los casos una mínima protección contra los mosquitos, por eso, estas redes tratadas con insecticidas son fundamentales. Unicef asegura que la mortalidad infantil se puede reducir un 20% si se duerme con ellos. Según el Informe mundial sobre el paludismo 2011, el 96% de las personas que tienen acceso a mosquiteros, los utilizan. Y esto, junto con otras medidas, ha permitido que en los últimos 14 años se haya reducido un 25% el número de fallecimientos por esta causa. Sin embargo, cada 30 segundos muere un niño por malaria en el mundo. Uno de los avances, lo señala el pediatra de ISGlobal, Quique Bassat, actualmente en Mozambique: son los tests diagnósticos rápidos de malaria. Son pruebas baratas (cuestan menos de un dólar) y fáciles de usar. En pocos minutos, indican con exactitud al médico si está ante un caso de paludismo o si es una fiebre común.
    9. Suero de rehidratación oral
    En ocasiones, la solución está en casa. Aunque en los países en vías de desarrollo en los que no siempre hay un fácil acceso al agua, no sea tan sencillo. El suero de rehidratación oral puede fabricarse en casa uniendo agua hervida, azúcar y sal. “Con su distribución a amplia escala, la mortalidad asociada a diarrea ha caído de forma significativa en los últimos años”, afirma Bassat. Un estudio de la Universidad de Oxford asegura que este simple tratamiento puede reducir hasta en un 93% el número de muertes por diarrea, una afección que causa 1,7 millones de fallecimientos cada año.
    10. La comadrona, la mejor aliada


    Una doctora realiza un examen ginecológico en India. / SERENA DE SANCTIS
    El momento del alumbramiento es crítico para muchas madres que siguen sin contar con la asistencia adecuada, porque no tienen acceso a ella o porque optan por una matrona no cualificada. Ante esta situación, Save the Children es tajante en su informe sobre comadronas de 2011 Missing Midwives: “Impedir que las mujeres y los niños mueran en el parto es un imperativo moral”. Numerosos estudios demuestran que aumentar el número y formación de matronas podría generar una rentabilidad 16 veces superior al dinero destinado si nos referimos a vidas salvadas y cesáreas evitadas. Según el informe El Estado de las Parteras en el Mundo 2014, elaborado por la ONU, más del 92% de todas las muertes maternas y neonatales se producen en 73 de los 75 países más pobres, pero solo el 42% del personal para atender a las mujeres en el parto se concentra en estas zonas. La falta de acceso a estructuras médicas y en algunas ocasiones, una fuerte tradición de parteras tradicionales, impiden una correcta atención a las mujeres a la hora de dar a luz. El informe de la ONU recoge también que 20 de esos países han aumentado la contratación de parteras y 13, han preparado planes para regular esta labor.
    11. Cilindros de oxígeno
    La falta de oxígeno (hipoxia) es una causa importantísima de fallo respiratorio y muerte en los niños en sus primeros días de vida. Es un fenómeno que se encuentra muchas veces relacionado con otras graves afecciones que sufre la infancia. Para solucionar este problema hay dos opciones con sus ventajas e inconvenientes. A menudo el aire se administra mediante grandes cilindros, caros, y costosos de gestionar. “Los concentradores de oxígeno lo "fabrican" a partir del aire, y por tanto son una fuente teóricamente inagotable, son caros, pero salen a cuenta cuando usados regularmente”, explica Quique Bassat. El problema: es necesaria una red eléctrica fiable que no en todos los países en vías de desarrollo existe.
    12. La advertencia del brazalete


    Un sanitario monitoriza el estado de nutrición de un niño en Sudán del Sur. / UNICEF
    Once centímetros son los que miden la frontera entre la vida y la muerte. Los brazaletes MUAC (por sus siglas en inglés) consisten en unos sistemas de medición del antebrazo para determinar instantáneamente el grado de desnutrición de los niños inferiores a cinco años. El rojo representa el riesgo más severo. Daniel Martínez, de MSF enumera las ventajas de este sistema: “Supone un gran ahorro de tiempo en momentos de sobrecarga de trabajo y evita problemas como el ajuste de la báscula”.

    martes, 3 de febrero de 2015

    PRENSA. La vida de una niña española de clase media

       En "El País":

    “Que nunca deba depender de nadie”

    Sira Moreno es una niña sana y feliz que vive en un pueblo de Cantabria. Su familia representa la clase media española que sortea la crisis con dificultades

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    Sira Moreno, española, de dos años. Hija de Yovani y Alejandra. / LOLA HIERRO

    Pesó al nacer 1,835 kilogramos, no había cumplido ni ocho meses de gestación. Sira Moreno Cámara llegó al mundo un 8 de febrero de 2012 mediante cesárea en el Hospital General de Castellón, en la Comunidad Valenciana, donde su madre, Alejandra, había ingresado de urgencia porque tenía la tensión demasiado alta y eso estaba provocando sufrimiento fetal. La culpa del descalabro la tuvo el lupus que habían diagnosticado a esta primeriza en 2007. La enfermedad autoinmune, que ataca a las células y órganos sanos del cuerpo, convirtió el embarazo en una experiencia de alto riesgo pero, aún así, Alejandra siguió adelante. Entre grandes dificultades llegó Sira al mundo, aunque poco vio de él porque fue introducida inmediatamente en una incubadora en la que vivió sus ocho primeros días de vida.
    El frágil bebé sobrevivió gracias a unos cuidados médicos que la hicieron engordar hasta los 2,2 kilos que pesaba al salir hospital, dos semanas después. Su supervivencia y la de su madre fueron posibles, quizá, porque viven en España, el décimo país con la tasa más baja de mortalidad infantil (3,37 por cada 1.000 nacidos vivos) y el décimo segundo en el caso de mortalidad materna (seis mujeres por cada 100.000 nacidos vivos), según datos de la CIA correspondientes al año 2012.
    Han pasado dos años y Sira es una niña sana y vivaracha que se sorprende con todo lo que descubre a su alrededor. De nariz diminuta, enormes ojos marrones y labios de fresa, hoy tiene un peso y una estatura normales para su edad. “Al principio no tenía ni fuerzas para succionar el biberón y había que alimentarla con una sonda”, cuenta su madre. Pero desde que salió del hospital comenzó a engordar y ya no paró. “A los ocho meses parecía un bollo”, ríe Alejandra mientras enseña una foto de una Sira bebé muy saludable. Se alimentó desde el primer día con biberones porque Alejandra no podía darle el pecho debido a la medicación que toma por su enfermedad. Un bote de la leche preparada para prematuros que Sira tomó durante los dos primeros meses cuesta 30 euros y dura unas dos semanas. El resto del año, Alejandra calcula que pagó unos 800 euros por leches de continuación y papillas varias.

    Es posible que Sira no hubiera sobrevivido al nacer en un país con peores infraestructuras sanitarias
    Sira es hoy una niña feliz. Inquieta y parlanchina, enseña sus juguetes sin ninguna timidez: su armario para colgar los chupetes o pepes, sus joyas de princesa, su oveja con ruedas, el unicornio balancín o el “quejo” (conejo) de peluche sin el que no puede dormir. Salta sobre su mullida cama haciendo que sus finas trenzas negras revoloteen alrededor de su cabeza. Parece despreocupada, tiene sus necesidades cubiertas y recibe toda la atención de sus padres, como hija única que es. Y lo seguirá siendo, pues Alejandra y Yovani entienden que otro embarazo sería muy peligroso.
    Pese a que nació tan frágil, nunca se ha puesto enferma, salvo algún catarro. Ha acudido a todas las revisiones médicas que le tocaban, es decir: a los 15 días, al mes, a los dos, cuatro, seis y nueve meses, al cumplir el año y, desde ahí, una vez al año. “Miran su peso, su estatura y si hace todo lo que tiene que hacer a esa edad: a los tres meses miran si sabe coger objetos, a los 12 si ya camina…”, relata Alejandra. Salvo una, tiene todas las vacunas del calendario de Sanidad puestas, que son gratuitas en Cantabria a excepción de dos: la del rotavirus y la de la meningitis. “La primera es a los nueve meses y no se la puse porque sirve para prevenir vómitos y diarrea, y como no iba a ir a la guardería, no la vi necesaria”, explica Alejandra. La segunda, pese a que vale 96 euros, sí se la puse, me da mucho miedo esa enfermedad”.

    Cartilla de Sira

    1. Nombre y fecha de nacimiento: Sira Moreno Cámara. 8 de febrero de 2012
    2. Peso al nacer / ahora: 1,835 kg. Ahora pesa 14 kilos
    3. Lactancia: no
    4. Posición entre hijos en la familia: hija única
    5. Padres: Alejandra y Yovani, de Castellón y Cantabria. Enfermera y albañil
    6. Revisiones médicas: nueve
    7. Hospital de nacimiento: Hospital General de Castellón, público
    8. Pediatra: Carmen Muruzabal
    9. Enfermedades pasadas: bronquitis una vez
    10. Vacunas: Todas las del calendario de Sanidad y la meningitis
    11. Tipo de alimentación recibida: Leche preparada en polvo para lactantes y a partir del año, alimentación sólida normal
    12. Cuidados: No ha tenido niñeras, siempre la cuidan sus padres
    13. Guardería: De abril a finales de agosto de 2014, escuela de verano
    14. Dotación de la casa y el barrio: Piso de tres dormitorios, cocina, baño, terraza y jardín en las afueras de Santillana del Mar (Cantabria). Barrio con todo tipo de servicios: tiendas, transporte público, parques... y campos y bosques a pocos metros de la casa
    15. Qué juguetes tiene: Un balancín con forma de unicornio, cuentos, peluches, muñecas articuladas, cuadernos de colorear, pulseras y collares de cuentas
    16. Dónde y cuándo va a ir a la escuela:Empezó en septiembre de 2014 en el colegio público Portus Blendium de Suanzes
    17. Qué esperan los padres de ella: Que en el futuro no dependa de nadie
    La alimentación de la niña es completamente normal; prueba todo, aunque le gusta más lo salado. “El otro día su madre le trajo unos bollos con chocolate para desayunar. Primero cogió uno pero luego vio que yo estaba comiendo torreznos y cambió de idea: me pidió la bolsa y se puso morada”, cuenta Yovani, su padre. “No es mala comedora, prueba todo pero no mucha cantidad, y yo tampoco la obligo porque no quiero que la hora de la comida se convierta en un trauma”, completa su madre. Su manjar favorito son los macarrones con tomate, pero también le gustan mucho los platos de cuchara: “Alubias, lentejas… no le hace ascos a nada de eso”, dice Alejandra.
    Sira y sus padres, Alejandra y Yovani, viven en un piso a 10 minutos caminando del centro histórico de Santillana del Mar (Cantabria), un pintoresco pueblo declarado Conjunto de interés histórico-artístico repleto de abigarradas casas de piedra embellecidas con maderas nobles, flores en los balcones y rodeada de colinas, bosques y vacas tudancas. La vida no es demasiado fácil para esta familia porque la crisis les ha sacudido con fuerza: él, obrero, lleva más de dos años en paro y está a punto de terminar de cobrar la ayuda familiar para desempleados de 426 euros. Ella, enfermera sin plaza fija, realiza sustituciones de manera esporádica y cobra una pensión de 200 euros al mes por la discapacidad del 69% que le ha acarreado el lupus.
    Pese a todo, se encuentran mucho más a gusto que en la ciudad de Alejandra, Castellón, pues creen que Sira crecerá mucho mejor en el campo. “Hay niños que nunca han visto una vaca, y Sira ve bichos, los saluda a todos... También visitamos a menudo el Zoológico de Santillana y todos los días, salvo cuando llueve, salimos a montar en bicicleta o a pasear. Esto es mucho mejor para ella que la ciudad”, cuenta Alejandra mientras pasea con su hija por una vereda flanqueada por frondosos árboles. “Y cuando tenga edad de salir, nunca le va a faltar un coche para que la llevemos a donde quiera”, asegura. “Quizá cuando sea adolescente no le guste tanto vivir en el campo pero, cuando sea más mayor, seguro que agradece haber tenido esta infancia”.
    “Sira, no saltes, que te va a pasar como la última vez y te vas a mojar entera”, exclama Alejandra a su hija. “Es que, el otro día cayó de culo en el centro de un charco y se caló entera”, aclara. Pero Sira está obnubilada con el paisaje y no hace caso a su madre: brinca y se mancha los tobillos de barro, recoge las hojas del suelo a puñados para arrojarlas sobre su cabeza y llama a voces —sin éxito— a una vaca despistada para que se acerque a ella. Luego, se afana en recolectar guijarros del suelo para tirarlos a esa agua sucia que acaba de saltar. Observar las ondas que estos generan parece uno de sus pasatiempos favoritos. Y así es como a la niña pasa sus ratos de ocio.

    Sus padres prefirieron que pasara su infancia en el campo para que estuviera rodeada de naturaleza y animales
    Es domingo por la tarde y Sira debe acostarse pronto para ir a la escuela al día siguiente. Cena sopa de fideos, después su padre le da un baño y, como última tarea, se afana en hacer pis en su sofisticado orinal. Ya le han quitado los pañales, pero está en esa etapa en la que hay que andar muy pendiente de ella. Después, se acurruca en el sofá con su pepe y su quejo y va quedándose dormida, muy despacio, mientras sus padres cenan en la mesa contigua. Hasta este año, ha estado siempre en casa, con su padre o con su madre. No ha tenido niñeras ni ha ido a guarderías. “No ha hecho falta, nosotros nos podemos ocupar y, si alguna vez hemos necesitado ayuda, su abuela paterna vive cerca y se ha quedado con ella”, cuenta Alejandra. Este es el primer año de la niña en el colegio público Portus Blendium, en la vecina localidad de Suances, a ocho kilómetros de su casa. “Lo elegimos siguiendo las recomendaciones de otros padres; tenemos amigos con hijos de la misma edad en este y en el de Santillana y los que van al de Sira están más adelantados que los otros”, explica Yovani. “Aprende lenguaje, música, psicomotricidad… ¡Y solo tiene dos años!. Me parece que tienen un programa muy completo”, coincide Alejandra. Pese a que está en otra localidad, tardan 10 minutos en coche, y no les cuesta llevarla.
    Yovani y Alejandra tienen claro que para Sira, el equivalente a un buen porvenir es darle la mejor educación que esté en su mano. Aún es muy pequeña, pero Alejandra querría que estudiase pero, sobre todo, que sea una mujer autónoma y aprenda a ganarse la vida. “En realidad me da igual si estudia o no, y si va a la universidad o no, pero que nunca tenga que depender de nadie y, sobre todo, que haga lo que le guste”.