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sábado, 18 de abril de 2015

PRENSA. Sobre Sojourner Truth. Discurso: "¿Acaso no soy una mujer?"


Sojourner Truth

Nacida esclava pero vivía como abolicionista y luchadora contra la desigualdad entre hombres y mujeres, Sojourner Truth es parte de un legado de mujeres afrodescendientes que se negaban quedarse en silencio y formaron el base fundamental del discurso feminista de las mujeres afrodescendientes.
En diciembre de 1851, asistió a una conferencia de mujeres en Akron, Ohio, donde pronunció el famoso discurso titulado: “¿Acaso no soy una mujer?”, en el que defendía el movimiento a favor de los derechos de las mujeres.
Su discurso lleva un cuestionamiento a la homogeneidad de la identidad de género y es fundamental a la formación de un discurso sobre los elementos inseparables de género-etnia en el caso de mujeres afrodescendientes y el reconocimiento de la heterogeneidad de las experiencias de mujeres.

 Sojourner Truth
Diciembre de 1851
Convención de mujeres, Akron, Ohio, EEUU
Bueno, hijos, cuando hay mucho alboroto es porque algo está pasando.
Creo que tanto los negros del Sur como las mujeres del Norte están todos hablando de derechos y a los hombres blancos no les queda más que ceder muy pronto.
Pero, ¿De qué se trata de lo estamos hablando aquí?
Los caballeros dicen que las mujeres necesitan ayuda para subir a las carretas y para pasar sobre los huecos en la calle y que deben tener el mejor puesto en todas partes.
Pero a mi nadie nunca me ha ayudado a subir a las carretas o a saltar charcos de lodo o me ha dado el mejor puesto! y ¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! Y ¿Acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento-y puedo aguantar el latigazo también! Y ¿Acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi como todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesús Cristo, me escuchó y ¿Acaso no soy una mujer?
Entonces se preguntan ¿Qué es lo que tiene en la cabeza? ¿Qué significa esto? (Un miembro de la audiencia sugiere “Intelecto”) -¡Exacto! ¿Qué tiene a que ver todo esto con los derechos de las mujeres y de los negros?
Si mi cántaro solamente puede contener una pinta y el de ustedes un cuarto, no sería muy egoísta de parte de ustedes no dejarme tener mi pequeña mitad llena? Entonces el pequeño hombre vestido de negro dice que las mujeres no pueden tener tantos derechos comos los hombres, porque Cristo no era una mujer. ¿De dónde vino Cristo? ¿De dónde vino Cristo? ¡De Dios y de una mujer! ¡El hombre no tuvo nada que ver con El!
Gracias por haberme escuchado, ahora la vieja Sojourner no tiene más nada que añadir.

AIN’T I A WOMAN?

Delivered 1851 at the Women’s Convention in Akron, Ohio
Well, children, where there is so much racket there must be something out of kilter. I think that ‘twixt the negroes of the South and the women at the North, all talking about rights, the white men will be in a fix pretty soon. But what’s all this here talking about?
That man over there says that women need to be helped into carriages, and lifted over ditches, and to have the best place everywhere. Nobody ever helps me into carriages, or over mud-puddles, or gives me any best place! And ain’t I a woman? Look at me! Look at my arm! I have ploughed and planted, and gathered into barns, and no man could head me! And ain’t I a woman? I could work as much and eat as much as a man – when I could get it – and bear the lash as well! And ain’t I a woman? I have borne thirteen children, and seen most all sold off to slavery, and when I cried out with my mother’s grief, none but Jesus heard me! And ain’t I a woman? Then they talk about this thing in the head; what’s this they call it? [member of audience whispers, “intellect”] That’s it, honey. What’s that got to do with women’s rights or negroes’ rights? If my cup won’t hold but a pint, and yours holds a quart, wouldn’t you be mean not to let me have my little half measure full?
Then that little man in black there, he says women can’t have as much rights as men, ’cause Christ wasn’t a woman! Where did your Christ come from? Where did your Christ come from? From God and a woman! Man had nothing to do with Him.
If the first woman God ever made was strong enough to turn the world upside down all alone, these women together ought to be able to turn it back , and get it right side up again! And now they is asking to do it, the men better let them.
Obliged to you for hearing me, and now old Sojourner ain’t got nothing more to say.

viernes, 21 de noviembre de 2014

PRENSA. "Casi 36 millones de personas viven aún en condiciones de esclavitud"

   En "El País":

Un grupo de indios, durante una protesta en contra de la esclavitud el pasado 9 de noviembre. / RAMINDER PAL SINGH (EFE)
India, China, Pakistán, Uzbekistán y Rusia. Estos cinco países concentran más de la mitad —el 61%— de la esclavitud que hay en el mundo. En la actualidad, un total de 35.800.000 hombres, mujeres y niños, están considerados como “esclavos modernos”, según el informe anual The Global Slavery Index publicado este lunes por la ONG Walk Free.
El documento, que analiza el predominio, la vulnerabilidad y la respuesta gubernamental en 167 países, indica que la condición de esclavitud en el mundo ha aumentado un 20% respecto a 2013 puesto que “se ha mejorado la metodología” en cuanto al estudio de los datos. Los analistas, además, han incluido para el informe de este año a cinco nuevos países: Taiwán, Sudán del Sur, Corea del Norte, Kosovo y Chipre. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cifró los casos en 21 millones en 2012.

Mauritania tiene el mayor porcentaje de esclavitud por población: el 4%
Trabajo forzoso, tráfico de seres humanos, matrimonios forzados, explotación infantil... Muchas y muy diferentes son las formas de esclavitud que Walk Free ha analizado y, además, englobado en un solo concepto: "Esclavitud moderna", es decir, "cuando una persona posee el control de otra de tal manera que le priva de su libertad individual con la intención de sacar un beneficio". La OIT estima en 120.000 millones de euros los ingresos anuales provenientes de la esclavitud.
El país que encabeza la lista, por segundo año consecutivo, de esclavitud respecto al número de habitantes es Mauritania. Un 4% de su población —155.660 mauritanos—, según los datos ofrecidos por la ONG, está sumido en trabajos forzados, explotación infantil y otras formas de sometimiento “a cambio de un beneficio”, según explica la ONG. Además, en este país africano, los hijos heredan la condición de esclavo de sus padres.
India es en términos absolutos el país que más esclavos tiene con 14.285.700. Islandia, con menos de un centenar de casos de esclavitud identificados, es el país que cierra el ránking.
Por regiones, el sur de Asia, encabezado por India, continúa siendo la zona con más esclavos en el mundo (17.459.900 personas), seguido de Asia oriental con 6.082.900 personas sometidas a esclavitud. La región con menor número de esclavos, según este estudio, es Europa, con apenas medio millón de casos.
El documento, en uno de sus estudios por país, hace referencia el grupo terrorista nigeriano Boko Haram, como elemento fundamental de “vulnerabilidad” ante la explotación de personas, sobre todo mujeres y niños.
Este informe (disponible en inglés) otorga la calificación AAA a aquellos países con una situación excelente respecto a la esclavitud. Ninguno ha obtenido una triple A. Solo Países Bajos se acerca a esta perfección con una AA. En el otro extremo, Corea del Norte —sobre el que recae una hermética dictadura militar— ocupa la última posición con una D (la peor valoración). España, por su parte, ocupa el puesto número 13 con una BBB. Esta calificación se basa en una nula respuesta gubernamental y en una mediocre puntuación —58,3 de 100— en cuanto a coordinación y rendición de cuentas a la hora de afrontar la esclavitud. Respecto a su población total, España ocupa el puesto 150 con el 0.013% de su población sometida a esclavitud.
Los países que más esfuerzos hacen por erradicar la esclavitud, según el documento de 81 páginas, son: Suecia, Estados Unidos, Países Bajos, Australia, Suiza, Irlanda, Noruega, Georgia, Reino Unido y Austria.
La exrepública soviética de Georgia se encuentra en este ránking ya que, según el documento, este país de 4,5 millones de habitantes y con un PIB de 13.100 millones de euros, según datos del Banco Mundial, es la economía nacional “que más esfuerzos hace para luchar contra la esclavitud”.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

PRENSA. "Liberalismo y esclavitud, simultáneos y consustanciales". Pedro Costa Morata

   En "cuartopoder.es":
Liberalismo y esclavitud, simultáneos y consustanciales

Pedro Costa Morata*

Pedro-Costa-MorataNo se debe dejar que pase la oportunidad de “ampliar” en lo político, lo histórico y lo racial el escándalo de la vigilancia electrónica de Estados Unidos y sus aliados al resto del mundo, aprovechando para ello la referencia, ciertamente significativa, del papel de esos cuatro Estados-comparsa de Estados Unidos –Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda–, que aparecen en el affaire del espionaje sindicado, cuyo más profundo nexo de unión con el primero viene a estar constituido por el carácter anglosajón de sus élites histórico-políticas, un elemento racial; y por haber protagonizado, desde el siglo XVII, intensos procesos de desarrollo socioeconómico racista y genocida.
Esta entente anglosajona se constituyó tras la “Segunda Guerra de los 30 años” (1914-45), con dos grandes conflictos en los que fuerzas militares de esos cinco países participaron conjuntamente, reconstituyendo un liberalismo reorganizado y triunfante que no dejaba de lado la base étnica; esa cohesión íntima político-estratégica se basaba en definitiva en un pacto tácito de sangre, añadiendo a la similar experiencia histórica la profesión antisoviética de sus gobiernos. La llamada Comunidad UKSA, integrada por el Reino Unido y los Estados Unidos, pronto se amplió con los otros tres aliados de toda confianza para, a través de la Red Echelon y desde 1977, extender el espionaje al mundo entero al servicio de la Nacional Security Agency (NSA).
Recordemos, aunque no se suela aludir a ello pese a su fuerza histórica, que ninguna potencia occidental de las conocidas desde el siglo XVI lo habría sido sin imperio colonial, lo que exigió tres procesos claramente registrados, que han resultado necesarios: la aniquilación de poblaciones autóctonas, el trabajo esclavo y el saqueo de recursos naturales. En esa constante histórica Portugal y España encabezan la serie, que continúan y “superan” Holanda, Inglaterra y Francia, con el ejemplo especialísimo de Estados Unidos, que cumple rigurosamente esos tres rasgos y añade una nota singular, como es que el espacio inicialmente invadido y expoliado deja de ser colonia para convertirse en Estado imperial, aunque su esencia sigue ligada al mantenimiento del proceso de esas tres exacciones, digamos, básicas.
En los casos histórico-políticos más brutales esos procesos han tenido lugar en el marco ideológico del primer liberalismo, de corte evidentemente anglosajón: Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos han vivido sus “revoluciones liberales” de los siglos XVII-XVIII al tiempo que se lanzaban a la conquista de territorios coloniales a los que saqueaban con guerras continuas de exterminio previo y necesario de las poblaciones indígenas. Protagonizaba esta expansión, de pingües beneficios económico-comerciales, una clase social más aristocrática que burguesa aupada al poder político mediante movimientos que todavía son calificados de “revolucionarios” porque competían con el absolutismo al uso en el reparto del poder o con un gobierno metropolitano que la oprimía. Era una minoría que ya estaba apegada a prácticas claramente capitalistas y que se expresaba con un acentuado sentimiento de raza predominante y elegida por Dios; todo lo completaba el oportuno respaldo de teorías y tratados políticos de muy preciados intelectuales.
John Locke, primera referencia intelectual del liberalismo anglosajón, tiene muy claras sus ideas sobre la importancia de la esclavitud, irrenunciable para los colonos británicos en América del Norte (para los que redactó la Constitución de Virginia, de fundamento racista y aristocrático) y para él mismo, ya que estaba asociado a la Royal African Company, que comerciaba con esclavos. Sus ideas liberales, recogidas en sesudos tratados políticos, y sus cantos a la libertad y a la resistencia frente el monarca absoluto tenían como alcance, desde luego, a una muy escueta parte de la humanidad, que ni incluía a los irlandeses –los esclavos directos de una Gran Bretaña cuyas élites no vacilarían en afear a los colonos norteamericanos levantiscos su apego a la esclavitud– ni a los niños (pobres), para los que pedía –él, Locke, padre del liberalismo europeo y referente de la Revolución Gloriosa de 1688– que se les obligase a trabajar desde los tres años. Marx, por su parte, nunca se dejó engañar, y consideró al periodo “revolucionario” inglés de 1640-89 como un “golpe de Estado parlamentario” que consagró el carácter aristocrático y conservador de las instituciones democráticas, el expolio de los campesinos (al privatizar los bienes comunales, que fueron entregados a los grandes propietarios) y la dictadura sobre los irlandeses; y supo muy bien vincular el íntimo sentimiento racista con la construcción de una clase social de dominio y explotación.
La llamada Revolución americana, que llevó a la independencia a las colonias británicas de Norteamérica –que la historia liberal alinea en tercer lugar junto a las revoluciones liberales holandesa (que siguió al fin de las guerras con España) y la inglesa de la segunda mitad del siglo XVII– fue protagonizada y usufructuada por una casta de propietarios agrarios cuya base económica era el trabajo esclavo, y en cuyas manos quedó el poder durante decenios: de los siete primeros presidentes de Estados Unidos (1789-1848) cuatro pertenecen al “clan virginiano” y cinco son propietarios de esclavos, destacando especialmente Washington y Jefferson.
Esta descripción, que impide, radicalmente, vincular el liberalismo fundacional teórico, político y económico con la libertad y la democracia (salvo si reducimos la realidad social a la “Comunidad de los señores”, o de los “Pueblos libres”, que es el ámbito de referencia de esos grupos de poder privilegiados sin dudar en atribuirse en exclusiva el concepto de “pueblo”) resume el análisis histórico-político que Domenico Losurdo, profesor de la Universidad de Urbino, realiza en su reciente Contrahistoria del liberalismo, desenmascarando esas tres primeras revoluciones “constitutivas” del liberalismo anglosajón. Losurdo pone de relieve sobre todo el esclavismo estructural e irrenunciable de, prácticamente, todos sus líderes y teóricos, la reducida dimensión del grupo de poder y la inmensidad numérica de los excluidos, así como la visión racista sobre ese enorme resto; con la oportuna construcción ideológica que justificaba esas pavorosas contradicciones.
Con la actual crisis, generada por un liberalismo siempre redivivo, se hace necesario desmitificar la pretendida identificación entre liberalismo y libertad, democracia o futuro, ya sea en lo político, ya en lo económico; y explicar así la implacable presión político-económica sobre lo laboral, que encadena reforma tras reforma para empobrecer y debilitar a la gran mayoría, como punta de lanza de la ofensiva que pretende “recuperar” en lo posible los patrones de relación poderoso-desfavorecido del liberalismo histórico. Emerge, pues, la “tradición esclavista” del liberalismo primigenio, que las potencias capitalistas transformaron, a lo largo del siglo XIX, en la opresión y miseria de las fábricas. Ahora busca reconstituirse en un mundo desarrollado pero en crisis, crédulo en ventajas y logros que, a la hora de la verdad, se diluyen ante la eficacia de un discurso “realista” (Estado de bienestar imposible, finanzas públicas insostenibles, promoción sólo para los mejores…) que perfila, sin disimulos, un futuro cada vez más parecido al pasado.
(*) Pedro Costa Morata es ingeniero, sociólogo y periodista.

viernes, 18 de enero de 2013

PRENSA. "Lo que la película 'Lincoln' no dice sobre Lincoln". Vicenç Navarro

Vicenç Navarro
   En "Público.es":
Lo que la película 'Lincoln' no dice sobre Lincoln

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Policy Studies and Public Policy. The Johns Hopkins University

La película Lincoln, producida y dirigida por uno de los directores más conocidos de EEUU, Steven Spielberg, ha reavivado un gran interés por la figura del presidente Lincoln, uno de los presidentes que, como el presidente Franklin D. Roosevelt, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con gran recuerdo popular. Se destaca tal figura política como la garante de la unidad de EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura que resalta en la historia de EEUU por haber abolido la esclavitud, y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como la población afroamericana.
Lincoln fue también uno de los fundadores del Partido Republicano que en sus orígenes fue directamente opuesto al Partido Republicano actual, que está hoy altamente influenciado por un movimiento –el Tea Party- chauvinista, racista y sumamente reaccionario detrás del cual hay intereses económicos y financieros que quieren eliminar la influencia del gobierno federal en las vidas económicas, sociales y políticas del país. El Partido Republicano fundado por el presidente Lincoln era, por el contrario, un partido federalista, que consideró al gobierno federal como garante de los Derechos Humanos. Y entre ellos, la emancipación de los esclavos, tema central de la película Lincoln, fue al que Lincoln dio mayor hincapié. Terminar con la esclavitud significaba que el esclavo pasaba a ser trabajador, dueño de su propio trabajo.
Ahora bien, Lincoln, incluso antes de ser presidente, consideró otras conquistas sociales como parte también de los Derechos Humanos, y entre ellas, el derecho del mundo del trabajo a controlar no sólo su trabajo, sino también el producto de su trabajo. El derecho de emancipación de los esclavos transformaba al esclavo en una persona libre asalariada, unida –según él- en lazos fraternales con los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de su piel. Sus demandas de que el esclavo dejara de serlo y de que el trabajador –tanto blanco como negro- fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino también del producto de su trabajo, eran igualmente revolucionarias. La emancipación de la esclavitud requería que la persona fuera la dueña de su trabajo. La emancipación de la clase trabajadora significaba que la clase trabajadora fuera la dueña del producto de su trabajo. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, sin embargo, ni siquiera se cita en la película Lincoln. En realidad, la ignora. Y utilizo la expresión “ignora” en lugar de “oculta”, porque es del todo posible que los autores de la película o del libro sobre el que se basa ni siquiera conozcan la historia real de Lincoln. La Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de EEUU (que continúa existiendo) y el enorme dominio de lo que en allí se llama la Corporate Class (la clase de los propietarios y gestores del gran capital) sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural, explica que la historia formal de EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea muy sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo, comunismo o anarquismo. La gran mayoría de estudiantes estadounidenses, incluso de las universidades más prestigiosas y conocidas, no saben que la fiesta del 1º de Mayo, celebrada mundialmente como el Día Internacional del Trabajo, es una fiesta en homenaje a los sindicalistas estadounidenses que murieron en defensa de trabajar ocho horas al día (en lugar de doce), victoria que inició tal reivindicación exitosa en la mayoría de países del mundo. En EEUU, tal día, el 1º de Mayo, además de no ser festivo, es el día de la Ley y el Orden -Law and Order Day- (ver el libro People’s History of the U.S., de Howard Zinn). La historia real de EEUU es muy distinta a la historia formal promovida por las estructuras de poder estadounidenses.
Las ignoradas y/o ocultadas simpatías de Lincoln
Lincoln, ya cuando era miembro de la Cámara Legislativa de su Estado de Illinois, simpatizó claramente con las demandas socialistas del movimiento obrero, no sólo de EEUU, sino también mundial. En realidad, Lincoln, tal como indiqué al principio del artículo, consideraba como un Derecho Humano el derecho del mundo del trabajo a controlar el producto de su trabajo, postura claramente revolucionaria en aquel periodo (y que continúa siéndolo hoy), y que ni la película ni la cultura dominante en EEUU recuerda o conoce, convenientemente olvidada en los aparatos ideológicos del establishment estadounidense controlados por la Corporate Class. En realidad, Lincoln consideró que la esclavitud era el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo y su oposición a las estructuras de poder de los Estados sureños se debía precisamente a que percibía estas estructuras como sustentadoras de un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí que viera la abolición de la esclavitud como la liberación no sólo de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca, cuyo racismo él veía que iba en contra de sus propios intereses. Lincoln también indicó que “el mundo del trabajo antecede al capital. El capital es el fruto del trabajo, y no hubiera existido sin el mundo del trabajo, que lo creó. El mundo del trabajo es superior al mundo del capital y merece la mayor consideración (…) En la situación actual el capital tiene todo el poder y hay que revertir este desequilibrio”. Lectores de los escritos de Karl Marx, contemporáneo de Abraham Lincoln, recordarán que algunas de estas frases eran muy semejantes a las utilizadas por tal analista del capitalismo en su análisis de la relación capital/trabajo bajo tal sistema económico.
Le sorprenderá a gran número de lectores saber que los escritos de Karl Marx influenciaron a Abraham Lincoln, tal como documenta en gran detalle John Nichols en su excelente artículo  “Reading Karl Marx with Abraham Lincoln Utopian socialists, German communists and other republicans” publicado en Political Affairs (27/11/12), y del cual extraigo las citas así como la mayoría de datos publicados en este artículo. Los escritos de Karl Marx eran conocidos entre los grupos de intelectuales que estaban profundamente insatisfechos con la situación política y económica de EEUU, como era el caso de Lincoln. Karl Marx escribía regularmente en The New York Tribune, el rotativo intelectual más influyente en Estados Unidos en aquel periodo. Su director Horace Greeley se consideraba un socialista y un gran admirador de Karl Marx, al cual invitó a ser columnista de tal diario. En las columnas de su diario incluyó gran número de activistas alemanes que habían huido de las persecuciones ocurridas en la Alemania de aquel tiempo, una Alemania altamente agitada, con un naciente movimiento obrero que cuestionaba el orden económico existente. Algunos de estos inmigrantes alemanes (conocidos en el EEUU de aquel momento como los “Republicanos Rojos”) lucharon más tarde con las tropas federales en la Guerra Civil, dirigidos por el presidente Lincoln.
Greeley y Lincoln eran amigos. En realidad Greeley y su diario apoyaron desde el principio la carrera política de Lincoln, siendo Greeley el que le aconsejó que se presentara a la presidencia del país. Y toda la evidencia apunta que Lincoln era un ferviente lector del The New York Tribune. En su campaña electoral para la presidencia de EEUU invitó a varios “republicanos rojos” a integrarse en su equipo. En realidad, ya antes, como congresista, representante de la ciudadanía de Springfield en el Estado de Illinois, apoyó frecuentemente los movimientos revolucionarios que estaban ocurriendo en Europa, y muy en especial en Hungría, firmando documentos en apoyo de tales movimientos.
Lincoln, gran amigo del mundo del trabajo estadounidense e internacional.
Su conocimiento de las tradiciones revolucionarias existentes en aquel periodo no era casual sino que era fruto de sus simpatías con el movimiento obrero internacional y sus instituciones. Animó a los trabajadores de EEUU a organizar y establecer sindicatos y continuó haciéndolo cuando fue presidente. Y varios sindicatos le nombraron miembro honorario. En su respuesta a los sindicatos de Nueva York, subrayó: “vosotros habéis entendido mejor que nadie que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, a liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte”. Y durante la campaña electoral, el presidente Lincoln promovió la postura en contra de la esclavitud, indicando explícitamente que la liberación de los esclavos les permitiría a los trabajadores exigir los salarios que les permitirían vivir decentemente y con dignidad, ayudando con ello a aumentar los salarios de todos los trabajadores, tanto negros como blancos.
Marx, y también Engels, escribieron con entusiasmo sobre la campaña electoral de Lincoln, en un momento en que ambos estaban preparando la Primera Internacional del Movimiento Obrero. En un momento de las sesiones, Marx y Engels propusieron a la Internacional que enviara una carta al presidente Lincoln felicitándolo por su actitud y postura. En su carta, la Primera Internacional felicitaba al pueblo de EEUU y a su presidente por, al terminar con la esclavitud, haber favorecido la liberación de toda la clase trabajadora, no solo estadounidense, sino también la mundial.
El presidente Lincoln respondió, agradeciendo la nota y respondiendo que valoraba el apoyo de los trabajadores del mundo a sus políticas, en un tono cordial, que, por cierto, creó gran alarma entre los establishments económicos, financieros y políticos a ambos lados del Atlántico. Estaba claro, a nivel internacional que, como señaló más tarde el dirigente socialista estadounidense Eugene Victor Debs, en su propia campaña electoral, “Lincoln había sido un revolucionario y que, por paradójico que pudiera parecer, el Partido Republicano había tenido en su orígenes una tonalidad roja”.
La revolución democrática que Lincoln inició y que nunca se desarrolló.
Ni que decir tiene que ninguno de estos datos aparece en la película Lincoln, ni son ampliamente conocidos en EEUU. Pero, como bien señalan John Nichols y Robin Blackburn (otro autor que ha escrito extensamente sobre Lincoln y Marx), para entender 'Lincoln' hay que entender el periodo y el contexto en los que él vivió. Lincoln no era un marxista (término sobreutilizado en la literatura historiográfica y que el propio Marx denunció) y no era su intento eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él entre el capital y el trabajo. Pero no hay duda de que fue altamente influenciado por Marx y otros pensadores socialistas, con los cuales compartió sus deseos inmediatos, claramente simpatizando con ellos, llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln.
No hay duda de que Lincoln fue una personalidad compleja con muchos claroscuros. Pero las simpatías están escritas y bien definidas en sus discursos. Es más, los intensos debates que ocurrían en las izquierdas europeas se reproducían también en los círculos progresistas de EEUU. En realidad, la mayor influencia sobre Lincoln fue la de los socialistas utópicos alemanes, muchos de los cuales se refugiaron en Illinois huyendo de la represión europea.
El comunalismo que caracterizó a tales socialistas influenció la concepción democrática de Lincoln, interpretando democracia como la gobernanza de las instituciones políticas por parte del pueblo, en el cual las clases populares eran la mayoría. Su famoso dicho (que se ha convertido en el espléndido eslogan democrático más conocido en el mundo –Democracy for the people, of the people and by the people- claramente señala la imposibilidad de tener una democracia del pueblo y para el pueblo sin que sea realizada y llevada a cabo por el mismo pueblo. De ahí que viera la liberación de los esclavos y del mundo del trabajo como elementos esenciales de tal democratización. Su concepto de igualdad llevaba inevitablemente un conflicto con el dominio de tales instituciones políticas por el capital. Y la realidad existente hoy en EEUU y que detallo en mi artículo “Lo que no se ha dicho en los medios sobre las elecciones en EEUU” (Público, 13.11.12) es una prueba de ello. Hoy la Corporate Class controla las instituciones políticas de aquel país.
Últimas observaciones y un ruego
Repito que ninguna de estas realidades aparece en la película. Spielberg no es, después de todo, Pontecorvo, y el clima intelectual estadounidense todavía está estancado en la Guerra Fría que le empobrece intelectualmente. “Socialismo” continúa siendo una palabra mal vista en los círculos del establishment cultural de aquel país. Y en la tierra de Lincoln, aquel proyecto democrático que él soñó nunca se realizó debido a la enorme influencia del poder del capital sobre las instituciones democráticas, influencia que ha disminuido enormemente la expresión democrática en aquel país. Y la paradoja hiriente de la historia es que el Partido Republicano se haya convertido en el instrumento político más agresivo hoy existente al servicio del capital.
Por cierto, agradecería que todas las personas que encuentren este artículo interesante lo distribuyan ampliamente, incluyendo en su distribución a los críticos de cine, que, en su promoción de la película, seguro que no dirán nada del otro Lincoln desconocido en su propio país (y en muchos otros, incluyendo España). A uno de los fundadores del movimiento revolucionario democrático ni siquiera se le reconoce como tal. Su emancipación de los esclavos es una gran victoria que hay que celebrar. Pero Lincoln fue incluso  más allá. Y de esto ni se habla.

lunes, 21 de noviembre de 2011

PRENSA. "Esclavos en el Amazonas", reportaje

Antonio Pereira de Sena huyó recientemente de la hacienda en la que trabajaba en condiciones de esclavitud.- F. B.F. B. ("El País")


   En "El País":
Esclavos en el Amazonas

   Miles de personas son explotadas en Brasil por poderosos empresarios agrícolas - Las inspecciones y la lista negra de abusadores no logran atajar el fenómeno.

FRANCHO BARÓN (ENVIADO ESPECIAL) - Marabá - 20/11/2011

   El repunte del conflicto agrario que sufre el Amazonas brasileño ha puesto una vez más al desnudo la fractura social que persiste en esta región. Pocos y poderosos concentran grandes extensiones de tierra y se benefician de sus riquezas, a menudo causando daños irreversibles en la naturaleza. Mientras, una gran masa continúa sufriendo penurias a la espera de que el Estado cumpla su promesa de acometer la necesaria reforma agraria. Solo esta alarmante desigualdad social explica que el fenómeno del trabajo esclavo mantenga una marcada presencia en determinadas áreas del norte y noreste de brasileño.
   Hace décadas que esta práctica encuentra su máxima expresión en el Estado amazónico de Pará. Allí, el Gobierno de Brasilia se revela incapaz de controlar las actividades del todopoderoso sector agropecuario y de las omnipresentes explotaciones madereras, mineras y de producción de carbón. Es difícil cuantificar la dimensión del problema. Las autoridades y fuerzas policiales solo destapan algunos casos.
   En 2003, la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) -vinculada a la Iglesia católica y bregada en la defensa del medioambiente, los indígenas y los campesinos- estimó que unas 25.000 personas estarían siendo víctimas del trabajo eslavo en Brasil. Hoy nadie aventura un cálculo, aunque las permanentes operaciones de rescate de esclavos dan fe de que el problema persiste.
   "En todos los países del mundo existe el trabajo esclavo. La diferencia es que en Brasil hemos asumido públicamente que el problema existe, lo hemos llamado por su nombre y trabajamos para erradicarlo. En otros países la economía también está manchada por este fenómeno y no se reconoce tan abiertamente", sostiene Leonardo Sakamoto, uno de los más reconocidos especialistas brasileños en la materia.
   Es cierto que el Gobierno aborda este problema en toda su crudeza. De hecho, informa sobre los rescates y airea una lista negra de empresarios y firmas que recurren a la explotación inhumana de sus empleados. Y más allá: cuando un nombre pasa a engrosar esta lista del escarnio público, que hoy cuenta con 246 denunciados, pierde el derecho a recibir créditos de entidades estatales, y se enfrenta a eventuales embestidas judiciales promovidas por la Fiscalía del Trabajo o la Fiscalía Federal.
   Sin embargo, parece que estas amenazas no amedrentan a muchos empresarios, que continúan recurriendo a la mentira para reclutar a trabajadores de otras regiones. "En los últimos años Brasil ha mejorado bastante, pero los esfuerzos que se están haciendo aún son insuficientes", afirma Sakamoto. Entre las grandes cuentas pendientes están los escasos avances en la prevención del fenómeno, la parálisis de la reforma agraria y la impunidad generalizada cuando los responsables son identificados y juzgados. "En los últimos años solo se han producido 40 condenas y pocas se han ejecutado. Los responsables suelen tener influencia y dinero suficiente para pagar a los mejores abogados", abunda.
   En el Estado de Pará se cumplen, según todas las fuentes consultadas, las condiciones idóneas para que florezca el trabajo esclavo. El sureste de ese estado es, a juicio del juez laborista en Marabá, Jônatas dos Santos Andrade, "una frontera de expansión agrícola y una de las mayores provincias minerales del planeta". Además, dice, allí se vive una ausencia selectiva del Estado. "Este invierte en la producción económica pero no en una debida estructuración social", dice.
   Tres de cada cuatro víctimas del trabajo esclavo son de raza negra o mulata, y en su mayoría analfabetas, según un estudio del investigador Marcelo Paixao. Los miles de trabajadores rescatados en los últimos años narran una experiencia bastante similar: suelen recibir una oferta de trabajo lejos de sus hogares, normalmente en otros Estados brasileños, con el propósito de aislarlos de su entorno amistoso y familiar. Muchas veces ni se les informa del lugar exacto donde van a trabajar, sino que se les traslada, hacinados, en vehículos precarios por rutas que impidan una fácil identificación del recorrido. Una vez en el destino, los empleados pagan por todo: el transporte, la comida, la indumentaria y el material de trabajo. En las haciendas, los patrones tienen establecimientos donde sus trabajadores compran lo que necesitan a precios a veces abusivos. El empleado acaba gastando su exiguo salario en artículos de subsistencia hasta que comienza a endeudarse con su jefe. Según aumenta la deuda, el individuo queda más acorralado y a merced del explotador.
   Las viviendas suelen ser a menudo precarios chamizos en plena selva, donde los trabajadores están expuestos a las lluvias,los insectos y las serpientes. Con frecuencia tampoco hay agua potable.
   Valdimar do Nascimento tiene 29 años y huyó recientemente de la hacienda donde trabajaba. Este hombre cuenta en Marabá que la deuda acumulada con su patrón redujo su salario a 56 euros mensuales por fumigar campos de sol a sol. El contacto prolongado con el veneno y la falta de higiene le provocaron erupciones cutáneas en la pierna izquierda. "Cuando comencé a sentir mucho dolor, a tener fuertes mareos, fiebre y a perder la visión, hablé con el patrón para contarle lo que me pasaba y me respondió que no era tan grave. Me dijo que fuera al hospital público y ni me propuso facilitarme el transporte. Entonces empecé a entender que me tenía que marchar de allí y denunciar lo que pasaba", narra abatido.
   Antonio Pereira da Sena también cuenta que subsistió en condiciones lamentables. A sus 41 años se presenta hambriento y con el gesto demacrado tras meses comiendo mal y durmiendo bajo unos plásticos. En plena selva. Relata que el agua que él y su familia estaban forzados a beber provenía de un pozo contaminado por los restos de un buey muerto. Como en el caso de Do Nascimento, el patrón no le pagaba el salario acordado. "Me lo descontaban todo: comida, material de trabajo, el calzado. De manera que al final el patrón me dejó sin salida, sin dinero y sin nada", dice.
   Uno de los instrumentos para el combate del trabajo esclavo en Brasil es el Grupo Móvil de Fiscalización, creado en 1995. Desde entonces, las fiscalizaciones de haciendas y centros de trabajo ha ido creciendo. Sin previo aviso, los seis equipos que componen el grupo desembarcan en los lugares que han sido denunciados o de los que existen sospechas de irregularidades. Allí interrogan a los trabajadores, a sus patrones, e intentan constatar la existencia de condiciones análogas a la esclavitud. Con frecuencia estas inspecciones culminan con la liquidación de los salarios impagados y el rescate de los trabajadores.
   En 2010 más de 2.600 personas fueron liberadas en Brasil. Un número pequeño en comparación con los casi 6.000 de 2007. Desde entonces, el número de denuncias y rescates ha caído. "El mapa del trabajo esclavo está cambiando. Pará siempre ha sido el Estado más conflictivo, pero ahora también actuamos bastante en el sur del Estado de Amazonas, en la denominada Boca do Acre", confirma Gilherme José de Araújo Moreira, máximo responsable del Grupo Móvil. Para el juez Dos Santos Andrade, sin embargo, el número de equipos del Grupo Móvil es "insuficiente para enfrentar semejante desafío". "Esto demuestra la pequeñez del Estado ante este drama", denuncia.
   Aunque en los últimos años Brasil ha avanzado en la represión de estas violaciones de derechos humanos, el problema aún está lejos de resolverse. Quizá buena parte de la culpa la tengan los propios políticos, muchos de ellos secuestrados por los oscuros intereses del sector agropecuario más abyecto.

lunes, 7 de septiembre de 2009

PRENSA. 7 septiembre 2009


En "El País".

1. La crisis aumenta la esclavitud. Reportaje de Ana G. Rojas y Lali Cambra. Más de 12 millones de personas sufren trabajos forzosos por impago de deudas.

2. Científicos británicos y franceses descubren tres genes del alzhéimer. En uno de los equipos han participado investigadores españoles.

3. Disparad contra la Ilustración. Artículo del escritor Rafael Argullol, sobre la situación de nuestra Universidad.

4. Hambre para rato. Columna de José Ignacio Torreblanca.