Mostrando entradas con la etiqueta Juristo Juan Ángel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juristo Juan Ángel. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de enero de 2016

LITERATURA. Sobre la última novela de Rafael Chirbes (1949-2015). Juan Ángel Juristo

   En "cuartopoder.es":

Rafael Chirbes, el amor es una jodida mercancía

JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado:  


 paris_austerlitz_chirbes
‘Paris- Austerlitz’, nueva novela de Rafael Chirbes. / Anagrama
Estamos ante una novela inusual en el panorama literario español. Inusual por la dureza, que se diría ahora, de aquello que se cuenta pero no tanto de las acciones descritas como de lo que éstas esconden. Por eso, Paris- Austerlitz  (Anagrama) es una de las novelas más esclarecedoras sobre el fenómeno del amor que se nos ha dado a leer en los últimos años en la narrativa española. No hay en ella atisbo de comodidad alguna. El autor se enfrenta de continuo al autoengaño y en esa lucha, un tanto agónica, extenuante, no hay lugar, resquicio alguno, a la redención de cualquier tipo que sea. La novela se constituye así en narración sin vuelta de hoja: aquello que se cuenta, el amor como trueque, es la única verdad que se muestra. Esto y las consecuencias que conlleva: la explotación de unos a otros y el amor como refugio interesado, por lo cambiante de las condiciones más extremas que nos depara la vida. El amor, refugio ilusorio de las miserias. También Proust llegó a la misma conclusión, salvo que por otros medios: en la novela de Chirbes estaría del lado de aquellos que esperan aventuras extenuantes con bellos emigrantes, fueran estos argelinos, marroquíes o, en los sesenta, españoles que terminaban los fines de semana en la sala Bataclan. No es exactamente así en el caso que nos ocupa: el obrero, Michel, es francés, y el amante acomodado, madrileño con rentas fijas. Las vueltas que da la vida.
La novela, muy esperada, abre el año respecto a las novedades más acendradas. Es novela corta, inacabada, finalizada con prisas, las últimas páginas no aportan la resolución que se espera y, aun así, se nota que es narración en la que Chirbes trabajó durante años, con enormes intermitencias, es decir, narraciones esenciales en su obra por medio. En este sentido puede afirmarse que es novela de esas que llevan media vida, un poco al modo de lo que le sucedió a Faulkner con Una fábula, aunque ello no sea garantía de excelencia. En el caso de Chirbes asistimos, probablemente, a una de sus grandes narraciones, y todo ello a pesar de estar inacabada. La razón estriba en que en ella vuelve a sus temas presentes desde aquella primera Mimoun, narraciones sombrías en las que lo inquietante era parte esencial del aire que se respiraba. Algunos apreciamos sobre todo aquellas narraciones en que Chirbes no dejaba intersticio en que podía colarse el pasteleo, incluso con los propios sentimientos, sobre todo con éstos. Y no sólo hablamos de Mimoun sino de libros como La buena letra, que aún esperan su justa apreciación dentro del panorama de la narrativa española de los últimos años. Esperaremos en vano.
Ni que decir tiene que Paris- Austerlitz poco o nada tiene que ver con Crematorio o En la orilla, sus novelas anteriores. Lejos de esa cualidad de descripción de ciertos elementos presentes en nuestra realidad social más inmediata, sobre todo la corrupción, la novela se centra en elementos más sutiles y no por ello menos despiadados. Pero no teman. Para los que han gustado sobremanera de esa descripción, que muchos han confundido con premoniciones casi de Sibila cuando lo cierto es que Chirbes ha narrado la descomposición de nuestra sociedad dentro de una tradición de novela realista alejada del thriller, que ha hecho de ello algo único por inusual, esta novela describe una sociedad francesa plagada de competencia. El español utiliza el amor porque quiere medrar en una empresa de muebles y llegar a ser artista conocido, mientras Michel lo necesita para no caer en un irremediable vacío. Y, por supuesto, hay referencias a la España de la Transición del mismo modo que en las dos últimas novelas se ocupaba de la España del dinero fácil, de la que escribió desde 2007 con obsesiva concentración.
París- Austerlitz es una novela donde la homosexualidad es elemento determinante. Con ello quiero decir que no es que esté presente sino que no se explica sin la reflexión sobre ciertos ambientes homosexuales presentes en los años de los que escribe. La novela comienza con la visita del amante a Michel, después de años sin tener relación alguna, pero se centra en el recuerdo de los días de vino y rosas, de alcohol, de sexo desaforado y ambientes duros, peligrosos… Sin que ello reste para que el autor nos deje impresiones sobre el mundo del arte que no oculta, antes bien, le sirve como afirmación estética. Reivindica a Matisse y a Francis Bacon, pintor que le cuadra como anillo al dedo, frente a la banalidad del arte contemporáneo, al que se le exige ingenio frente al buen hacer, en justa correspondencia en tanto ilusión con el sentimiento del amor antes aludido.
Metáforas brillantes, secas, contundentes… La prosa de Chirbes brilla aquí en su máxima expresión de significado en su extremado cuidado en saberse escueta, lúcida, escandalosa. Leyendo la novela no he dejado de compararla con piezas ya clásicas de la literatura de tema homosexual del siglo XX, tales las de Pasolini y las de Joe Orton. Es igual de descarnada que la de estos maestros e igualmente sombría, terrible, que los ambientes descritos por el italiano, o las sensaciones parecidas a las de aquellos urinarios londinenses de Orton. Si no fuera por la diferencia de grado tampoco le haría ascos a compararla con los ambientes que Roland Barthes describe en sus memorias, aquí, sí, llenas de argelinos.
Estoy tentado de escribir una tontería. Todo eso de que Paris- Austerlitz es su novela más personal. Tan personal como el resto, en ella si se deja jirones del alma.

jueves, 2 de enero de 2014

PRENSA CULTURAL. "Libros del año: de marcada excelencia". Juan Ángel Juristo

   En "cuartopoder.es":
BALANCE 2013 / LITERATURA Y ENSAYO

Libros del año: de marcada excelencia

JUAN ÁNGEL JURISTO | 25/12/2013
Cubierta del libro de Rafael Chirbes.
Cubierta del libro de Rafael Chirbes.
Dar cuenta de la consabida costumbre al finalizar 2013 de los mejores libros del año puede llevar a pensar por lo menos en cierta arrogancia por parte del que hace la lista, pero cosas más peregrinas se están viendo, como la nueva idea de ofrecer los peores de año, lo que es bellaquería pura y dura, algo que no sucede con esta otra vieja costumbre, que si es arrogante por lo menos posee el gesto del reconocimiento a la excelencia.
Eso pretendemos en la corta lista que ofrecemos de unas materias, literatura y ensayo, en que se han publicado miles de títulos. Recuperar diez títulos, que es otra convención venida de las listas de discos más vendidos, es arduo por injusto, pero nos pondremos, una vez más, una venda ante la multitud de novedades y atenderemos lo que creemos es imprescindible desde toda la subjetividad habida que, por lo menos, pretende ser honesta.
En la narrativa que se hace hoy día en España hay cuatro títulos que, por diversas y distintas razones, creo que alcanzan un gran nivel. Rafael Chirbes, que es autor al que admiro desde hace muchos años, publicó En la orilla (Anagrama), que muchos consideran cierta continuación de Crematorio. Ni que decir tiene que la serie de televisión ayudó a que su nombre se repita en los medios hoy día como el autor que supo dar cuenta de la crisis que se nos avecinaba y el único que ha descrito la corrupción de nuestras instituciones. El aserto demuestra, una vez más, lo atrabiliario de ciertas famas pues los que hemos leído a Chirbes desde hace tiempo sabemos que esta última novela es parte de una intención presente en toda su obra. Hace muchos años que Chirbes nos describe esa tierra de nadie en que se convirtió España. Lo que sucede es que, hasta ahora, no se le había elevado a la categoría de fetiche profético. Mal asunto porque ello supone que cuando cambien las circunstancias Chirbes pasará, en eso es irreductible, a ser un autor preterido, un pelín raro. Una vez más.
isaac-rosa-la-habitación-oscura
Portada de la última novela de Isaac Rosa.
La habitación oscura (Seix Barral) es una novela de Isaac Rosa que, creo, supone la consagración de este escritor. Se ha tomado la novela como metáfora generacional, descripción de un tiempo concreto, de unos años muy delimitados, pero el aire que respira la narración se eleva a cotas más altas y tengo para mí que pertenece por derecho propio a una de esas narraciones que desde Memorias del subsuelo, de Dostoievski, mantienen mundos enteros en espacios cerrados, asfixiantes, ínfimos. La novela es de las más gratas que me ha sido leer en el año, creo que es la mejor de su autor, que posee ya publicada obra de cierta nombradía y que esta recreación del mito platónico de la caverna, esta descripción de un mundo ciego a través de unos personajes que no salen al exterior porque el exterior no existe, es una de las descripciones más acertadas de la realidad que nos cerca.
Por su parte, Eloy Tizón ha publicado Técnicas de iluminación ( Páginas de espuma), un libro de relatos con menos altibajos que Velocidad de los jardines, lo que le convierte en un libro de cuentos de una excelencia notable. El autor no es el único escritor de cuentos, sí de los mejores, pero el tremendo convencionalismo que nos invade ha hecho que de la noche a la mañana se haya convertido en el mejor escritor de relatos de España. Los cuentos del libro son notables, algunos de igual intensidad, buen hacer y feroz sutileza que algunos que hicieron de Velocidad de los jardines un libro referencial. Es, para mí, el mejor libro de relatos publicado este año, o, por lo menos, el que me ha deparado buenos gozos, pero no es el único.
Por ahí anda también Intemperie (Seix Barral), de Jesús Carrasco, un libro bueno pero desmesurado en los elogios recibidos. Pienso que ello se debe a las ganas, y a la necesidad, de que en el mundo literario se de un campanazo rápido. “Buscando a autor de marcado talento desesperadamente”: ese parece ser el lema que editoriales y medios de comunicación se desmelenan por descubrir. Ante fenómenos así lo mejor es ir con pies de plomo, vale decir, tomar distancias.
luis-goytisolo-naturaleza-de-la-novela
Cubierta de la obra con la que Luis Goytisolo ha logrado el Premio Anagrama de Ensayo 2013.
En el ensayo asistimos a la publicación de un libro, Naturaleza de la novela (Anagama), de Luis Goytisolo, reciente Premio Nacional de las Letras Españolas, que es ensayo raro por estos pagos y pertinente y que, creo, no ha sido valorado en su excelencia. Sucede que en España los que se sienten con derecho a dictaminar sobre teoría literaria son los profesionales de la cátedra y fuera de ellos, peor si eres un narrador, cualquier atisbo de teorización se ve condenado al sambenito de amateurismo y, o, de intrusismo, lo que a todas luces es perverso. En cierta manera, no explícita, hasta ahí podíamos llegar, es lo que ha sucedido con este libro que realiza uno de los análisis más bellos y detallados sobre la historia de la novela, su presente y lo que puede esperarse en un futuro del género. Aviso: no habla de la desaparición de la misma, como muchos han querido ver. Curioso caso de hipnosis colectiva.
Por su parte, Acantilado publicó un libro extraño, bello y preciso, El luthier de Delft. Música, pintura y ciencia en tiempos de Vermeer y Spinoza, de Ramón Andrés, que es un libro de alta cultura, algo que se muestra extraño en nuestra tradición. El libro es un lujo pues pocas veces las correspondencias entre filósofos, músicos, pintores y científicos han servido para iluminar aspectos cotidianos de la época, como la situación de la mujer en la Holanda del siglo XVII.
Radicalmente distinto pero ferozmente inteligente es América (Siruela), de Andy Warhol, inédito hasta ahora en España, donde el artista norteamericano trata en las aparentes fotos más banales, el alma de su país: Actores, políticos, deportistas… en 230 páginas donde las fotos se combinan con comentarios cotidianos, conscientemente cotidianos, pero que finalmente, al modo del revés de la trama de una alfombra, dibuja el diagnóstico de una nación. Aquí asistimos, además, a un Warhol tan lúcido que no se le escapa el mundo al que nos dirigimos, un mundo de marginados,pobres, alquileres por las nubes, un mundo de emigrantes donde el “Sálvese quién pueda” es el único mandamiento. En el libro se atisba un alma discreta, atormentada y lúcida,oculta en un mar de banalidad, en correspondencia con el mundo que, creía, le había tocado vivir y que logró describir como pocos.
El arte de leer, (Lumen) de W.H. Auden, es una antología de los ensayos del gran poeta británico norteamericano que ha antologado Andreu Jaume . El libro es delicioso y recoge ensayos de La mano del teñidorPrólogos y epílogos o las lecciones dedicadas a Shakespeare. El libro, bellamente editado, pergeña comentarios de lucidez y sagacidad pertinentes e hirientes, ofreciéndonos una gran lección de literatura. Es, en cierto modo, un libro que se muestra imprescindible a la hora de enfrentase con Auden. Es su mejor introducción.
Y, ahora, la poesía. Lumen publicó Poemas, de Hölderlin, con prólogo pertinente de Félix de Azúa y traducidos por Eduardo Gil Bera. El poeta es uno de los grandes de la literatura del mundo, por lo que solamente dejo constancia de una edición casi definitiva. ¿Para qué más?
Finalmente, en Lumen, otra vez, de nuevo, se editó Cartas de cumpleaños, de Ted Hughes, una de las cumbres de la poesía británica del siglo XX y que el escritor escribió años después del suicidio de su esposa Sylvia Plath. La edición rescata la traducción que hizo en su día Luis Antonio de Villena con buena fortuna. Ochenta y ocho poemas que constituyen una joya de la literatura confesional.
Como lo es la edición, la antigua era ya inencontrable, de los Diarios de Alejandra Pizarnik, en Lumen. Mil páginas de uno de los grandes dietarios de la literatura en español de la segunda mitad del siglo XX. Me dejo centenares en el tintero pero sé que los apuntados, por lo menos, deben estar aquí.