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domingo, 16 de noviembre de 2014

PRENSA. LA MATANZA DE IGUALA, MÉXICO. "El cuarenta y cuatro". Jorge Zepeda Patterson

Jorge Zepeda Patterson

   En "El País":

El cuarenta y cuatro

Morirse no es como lo pintan. Me gustaría decirles que vi un rayo de luz, pero la negrura sólo dejaba ver reflejos de luna sobre las pistolas de los pinches matones

Con todo respeto, a los otros 43, donde se encuentren.
Morirse no es como lo pintan. Me gustaría decirles que vi un rayo de luz o que escuché la música de los arcángeles, pero la negrura sólo dejaba ver reflejos de luna sobre las pistolas de los pinches matones y los fogonazos intermitentes cuando apretaban los gatillos. Y de oír, nada. El corazón me tronaba más fuerte que los gritos de mis compas o quizá sería el balazo que me rompió el oído un rato antes cuando tumbaron a José porque no quiso bajarse del camión. El caso es que yo ya nomás oía para adentro. Aunque adentro tampoco había mucha música: traía ya las tripas revueltas y me sacudían arcadas como las que le dan al perro del conserje de la escuela.
Pensé que andaba con suerte. Esa misma mañana Matilde me había mandado a decir que sí. O casi; es hija de los riquillos del pueblo, los Fonseca de la ferretería, y para su papá soy punto menos que el diablo. Ni siquiera me conoce, pero prefiere como yerno a cualquier pelagatos que a un normalista que nunca saldrá de pobre como yo, trabajando de maestro de escuela pública. Pero la Matilde es de buena ley, quedamos de vernos el sábado atrás del camposanto para platicarnos. Si agarro el camión de las siete, para el mediodía estoy llegando a Tarinco. Llevaré el anillo que le compré en Taxco y una cobija. Con suerte dice que sí a todo.

Cuando me fueron dejando de lado mientras bajaban a los otros pensé que era mi día de suerte
Así que cuando me fueron dejando de lado mientras bajaban a los otros pensé que era mi día de suerte. Tenía meses sobando las palabras que le iba a decir y estaba seguro que la vida no me iba a dejar en la puritita orilla. Seguro que el destino me estaba dejando al último porque algo iba a pasar: igual me puedo morir la semana siguiente, pero no antes de besar a Matilde, tocar sus piernas, bajarle el sol y las estrellas. Algo tendrá que impedir lo que está pasando. Llegarán los soldados y se armará la balacera o un capo de los narcos aparecerá para gritar a todo pulmón, “qué pendejada están haciendo, cabrones”. Yo mismo escuché la frase dos veces en la cabeza y la musité en voz baja.
Pero los cabrones nunca la oyeron. Uno de ellos, el que parecía el jefe, me vio y me dijo “No te hagas güey, güerito”, y movió la cabeza para que bajara. Soy más prieto que el zapote pero desde niño me dicen el Gringo por el ojo verde. Cómo será de fuerte mi querencia por Matilde que todavía en ese momento estaba convencido de que yo andaba con suerte. El tono con el que me cuchilió para que saliera del camión era cariñoso; un hombre alto con chamarra de borrego. A otros los habían movido a punta de insultos y tubazos. “Este no me va a matar”, pensé. Y no me equivoqué, pero fue lo único a lo que le atiné esa noche.
Detrás del enchamarrado apareció un tipo con las mangas arremangadas y la cara pringada de gotas rojas como si hubiera estado comiendo sandías. En cuanto apoyé el pie en la tierra el culero me dio un golpe en la pierna con una barra de metal. Escuché el crujido de la rodilla y a pesar del aullido de dolor me consolé pensando que había sido la izquierda y no la derecha; es temida por todos los porteros en el torneo de fut de la escuela.
Quedé tirado y encogido metido en la burbuja de un dolor animal; era de color amarillo. Luego volví a escuchar la voz del hombre alto: “Ya, dale de una vez”. Y de nuevo pensé que sonaba cariñoso. Luego oí un plomazo y el amarillo se hizo negro. No, la muerte no es como la pintan.
@jorgezepedap es Premio Planeta 2014. www.jorgezepeda.net

viernes, 7 de noviembre de 2014

PRENSA. Con Jorge Zepeda, ganador del Premio Planeta

   En "El País":

Jorge Zepeda Patterson: “Somos corresponsables de la corrupción”

El ganador del Planeta da claves sobre su novela: 'Milena o el femur más bello del mundo'


Jorge Zepeda, durante la presentación de su novela 'Milena o el fémur más bello del mundo', ayer en Madrid. / ALVARO GARCIA (EL PAÍS)

















La realidad se hizo ficción y fragmentos de la ficción realidad. La semana pasada Jorge Zepeda Patterson, director del periódico digital Sinembargo.mx, recibió amenazas de muerte por su labor periodística, ayer presentó su novelaMilena o el fémur más bello del mundo y hoy, 6 de noviembre de 2014, empieza el desenlace en la propia historia que le mereció el 63º Premio Planeta. Y con ella la invitación a los lectores a la autocrítica frente a problemas como la corrupción política, el proxenetismo y el desmoronamiento de valores exacerbado por la globalización.
Son los temas de la segunda y premiada novela de este periodista, sociólogo y economista mexicano (Mazatlán, 1952) que llega hoy a las librerías de España y México, con más de 200.000 ejemplares. Un thriller sobre una red de trata de blancas y prostitución esclavizada de mujeres. Aquí protagonizada por Milena, una chica croata de 26 años que lleva secuestrada diez, de los 16 a los 26, cuya tragedia, por culpa de su belleza y sensualidad, se desenvuelve entre su país, Marbella y México, y cuyo penúltimo episodio es su intento de fuga.

No hay combate que valga contra las mafias mientras haya demandas millonarias sostenidas por gente de diferentes partes del mundo
“La globalización ha exacerbado la peor cara de la prostitución. No hay combate que valga contra las mafias mientras haya demandas millonarias sostenidas por gente de diferentes partes del mundo. Somos corresponsables de la corrupción”, se lamenta Zepeda, que ha hecho una larga investigación sobre el tema durante años y que empieza así su novela:
“Milena. Jueves 6 de noviembre de 2014, 9.30 pm. No era el primer hombre que moría en brazos de Milena, pero sí el primero que lo hacía por causas naturales. Aquellos a los que había asesinado no dejaron rastro ni remordimiento en su ánimo. Ahora, en cambio, la muerte de su amante la sumía en la desolación”.
Una montaña rusa de acontecimientos sucede a este arranque en una historia, narrada de manera coral, que busca liberar a Milena y resolver un enigma con la entrada en acción de los Azules, tres amigos de la anterior novela de Zepeda, Los corruptores (Destino), una política, un periodista y un especialista en seguridad.
Más que una novela de denuncia, Jorge Zepeda muestra la despiadada e inimaginable realidad de ese submundo al servicio del poder. Describe, cuenta como un testigo, y con ese retrato increpa al lector sobre los grados de responsabilidad en la podredumbre del tejido social que permite el éxito de mafias como esa y otras.

La corrupción se ha convertido en el ambiente de la sociedad. Es tan vieja como la misma prostitución que hoy encuentra un caldo de cultivo en una sociedad que premia el cinismo y el éxito rápido
Más que un subgénero literario, afirma el autor, “la corrupción se ha convertido en el ambiente de la sociedad. Es tan vieja como la misma prostitución que hoy encuentra un caldo de cultivo en una sociedad que premia el cinismo y el éxito rápido. Es parte de la cultura globalizante que arrasa con el desplome de los códigos morales como consecuencia de las exigencias sociales”.
Y el horizonte parece más resquebrajado. Alerta Zepeda de las alianzas entre las mafias. Una sincronización del lado oscuro con piezas que otrora eran impensables. En México, advierte “todo es más complicado porque los cárteles de la droga han entrado en el negocio del proxenetismo”. Mientras, el periodismo de denuncia intenta ser amordazado. Un episodio parecido al que escribe en la novela le acaba de suceder al escritor con las amenazas recibidas por otras investigaciones que realiza desde Sinembargo.mx.
El periodismo es otro de los pilares de Milena o el femur más bello del mundo. La resolución de la trama se hace, prácticamente, desde un periódico, bajo la dirección de uno de los tres Azules. “Debemos regresar a las mejores prácticas del oficio, y dar puntos de vista distintos para que el lector tenga una visión del mundo más completa y tome decisiones”, dice este periodista con más de 30 años en la profesión, que fue director fundador de los periódicos Siglo XXI y Público, de Guadalajara, y director de El Universal. Por eso reivindica “la función del curador en las informaciones. En un mundo con millones de accesos a las noticias más que nunca se necesita del prescriptor, del curador, de alguien que oriente y dé los elementos para aprender a valorar un hecho”.

En un mundo con millones de accesos a las noticias más que nunca se necesita del prescriptor, del curador, de alguien que oriente y dé los elementos para aprender a valorar un hecho
Recuerda que, como en su novela, el periodista crítico siempre es amenazado por el poder. Advierte que Internet es el nuevo escenario de esa batalla, como le está ocurriendo a su medio digital: “Usan la Red para desprestigiar y de ahí en adelante”. Sobre los asesinatos y desapariciones en Iguala, cree que el gobierno mexicano no ha reaccionado a la altura. “Parece que cada mes inauguramos una cota más de inverosimilitud”, dice, y añade que espera que en España no suceda lo mismo tras la cascada de corrupciones destapadas.
La novela le sirvió, también, para ajustar cuentas sobre lo que sucede entre las bambalinas del poder. Todo eso para una historia que describe un tejido social que tiende a pudrirse pero con unos hilos sentimentales y amorosos esenciales para el devenir de la narración y sus personajes.
Detrás de Milena o el fémur más bello del mundo hay dos autores. En el primero de ellos están las influencias de los clásicos de la novela negra hasta los Connolly, Chandler y, “de manera muy consciente Stieg Larsson, muy bueno y eficaz, pero como los muebles de Ikea: gusta a todos, pero a sus novelas les falta sensualidad, cultura mediterránea y sentido del humor. Lo que he pretendido es dar más verosimilitud y humanizar los personajes con sus matices”. Detrás del segundo autor está el Zepeda más auténtico. Son los textos que la protagonista escribe a lo largo de su cautiverio dispersos en la novela a manera de faros, “los pasajes más literarios donde los hombres dan las razones de por qué recurren a la prostitución. Buscan justificarse”.
Lo que Milena escribe son las páginas de las que más orgulloso se siente Jorge Zepeda Patterson. Con una historia tan vieja como la humanidad que sirve para mostrar cómo el presente “ha hecho casi anacrónica la sinceridad y la honestidad”.