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lunes, 9 de enero de 2012

PRENSA. "2011 y después", por Samí Naïr

Samí Naïr
   En "El País":
2011 y después

SAMI NAÏR 31/12/2011

   Es una perogrullada subrayar que este año 2011 será uno de los más importantes de esta primera mitad de siglo. Y ello tanto por la ruptura que introduce respecto al pasado cercano y más lejano como por las potencialidades que encierra para el futuro. Es, de entrada, el año del comienzo de una nueva época para el mundo árabe. Gracias a la revolución tunecina, este ha alcanzado el tiempo del mundo moderno al colocar la cuestión de la democracia en el centro de su historia. Aunque esta transformación implica regresiones religiosas allí donde se ha producido la revolución (Túnez, Libia, Egipto), estas no pueden disminuir el significado histórico de la revolución misma.
   En efecto, lo que en todas partes caracteriza a esta revolución es el desplazamiento radical de la soberanía: desde las independencias (en resumen, desde el final de la II Guerra Mundial), la soberanía había sido confiscada por Estados burocráticos y militar-policiales. Vuelve a la sociedad, a los pueblos. Este desplazamiento es de una importancia capital para el acceso a la modernidad. Se produce al hilo de una retórica contemporánea y moderna: la de los derechos de los pueblos a disponer de ellos mismos frente a sus propios poderes estatales. Es por ello que los derechos del hombre, la exigencia ardiente de ciudadanía y la libertad de conciencia han estado en el centro de esos levantamientos.
   Los movimientos islamistas, los únicos que estas últimas décadas han organizado la resistencia civil contra las dictaduras establecidas, se aprovechan hoy democráticamente de ese desplazamiento de soberanía cuando se organizan elecciones democráticas. Nada hay que objetar: la democracia no se reparte, salvo si los que se benefician de ella quieren utilizarla para instaurar un nuevo orden totalitario. Veremos muy rápidamente lo que ocurre. Porque lo seguro es que la revolución democrática árabe no se detendrá aquí. Los movimientos, tanto islamistas como militares (Egipto, Libia), que se han colocado a la cabeza de los levantamientos tendrán enormes dificultades en controlar lo que se ha desencadenado en profundidad en las sociedades.
   ¿Por qué? Simplemente porque se trata de la llegada de una revolución de los derechos del hombre y del ciudadano, directamente vinculada y determinada por la "globalidad" de los valores republicanos, que, independientemente de la naturaleza de los sistemas políticos, se imponen en todas partes del mundo. En definitiva, la batalla no ha hecho más que empezar en el mundo árabe. No más que los militares o la policía, los partidos religiosos no lograrán imponer su ley siniestra. La batalla que se anuncia será la de la sociedad contra las fuerzas de regresión que esta lleva también en su seno. Está claro que se ha abierto una época de gran inestabilidad.
   La segunda gran enseñanza de este año 2011 es el fin de un mito y de un sueño. El mito de la construcción federal de una gran Europa, que ha fracasado sobre las riberas devastadas de la crisis económica mundial. Era inevitable, y ello al menos por dos razones. La primera es el modelo institucional escogido, economicista e incoherente, que con el Tratado de Maastricht ha instaurado una moneda única para 17 países diferentes por sus desarrollos económicos y sus culturas políticas. El euro tenía que unir, fundar una zona de desarrollo óptima, pero divide y crea desigualdades insoportables entre las naciones. El sistema era malo. La moneda única fue mal concebida. Corre el peligro de morir pronto. Es una lástima, porque Europa merece existir para hacer frente a los desafíos de la globalización económica y financiera. Hay que orientarse lo más rápido posible hacia una alianza monetaria de sustitución, que será probablemente una moneda común en una Europa conscientemente confederal. Es el camino de la sensatez. ¡Aunque vaya golpe ha recibido el sueño europeo! Queríamos una Europa social dirigida por los pueblos. Hemos tenido una Europa antisocial bajo la tutela de las multinacionales. Resultado inevitable de la elección impuesta por los ambientes políticos y financieros europeos: hacer de Europa un espacio de desarrollo intensivo de la globalización liberal. Pero la Europa liberal se desmorona desde 2008 bajo las contradicciones del propio liberalismo globalizado.
   Estos dos grandes acontecimientos, revolución árabe y crisis de Europa, solo están separados aparentemente. Puesto que en ambos casos ha estallado el mismo grito: respeto al derecho a la dignidad en un mundo árabe sometido a la dictadura militar-policial, respeto a la dignidad social en una Europa sometida a la dictadura de los mercados financieros y a la irresponsabilidad de las élites políticas. Lo que venga después de 2011 se inscribirá inevitablemente en el eco de ese grito de esperanza.

   Traducción de M. Sampons.

lunes, 20 de junio de 2011

PRENSA. "El decenio de las sombras", por Gabriela Cañas


   En "El País":
El decenio de las sombras


   La lucha antiterrorista desatada tras el 11-S y la crisis económica han marcado esta primera década del siglo XXI. El resultado es un desarme moral e ideológico a favor de valores no democráticos y poderes difusos.

GABRIELA CAÑAS 04/05/2011

   ¿Es la aniquilación de Osama Bin Laden un hito histórico que, con el gran angular de la historia, podría señalar el fin definitivo de la primera década del nuevo milenio? Este acontecimiento, que puede marcar un antes y un después, sería el idóneo para cerrar un círculo que se inició en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Es muy pronto para sacar tal conclusión, pero no para hacer un repaso de un decenio cuya historia produce un gran abatimiento.
   La guerra antiterrorista, iniciada a partir del 11-S, y la crisis financiera y económica que se desató a finales de 2007 con la explosión de las hipotecas basura son los dos acontecimientos emblemáticos que han condicionado este decenio negro. Durante el primer lustro se ha impuesto la lucha contra el terrorismo y durante el segundo, el rescate de la banca y el saneamiento de las finanzas públicas. En ambos casos las recetas han supuesto retrocesos de gran calibre para la ciudadanía: recorte de libertades a favor de la seguridad y recortes sociales a favor de la estructura financiera. Pero el daño infligido por ambas crisis a las democracias de los países más desarrollados es de un alcance mayor y más perverso.
   La guerra contra el terrorismo frente a un correoso y desarticulado enemigo que multiplica la devastación de sus acciones con ataques suicidas produjo un desarme moral de la primera potencia mundial, otrora estandarte de la democracia y los derechos cívicos. Y ello contagió al resto del mundo.
   En ese nuevo escenario y también en Estados Unidos germinó la crisis financiera y económica, que se ha saldado con el mayor retroceso político de nuestras democracias, ahora arrodilladas ante un poder difuso, en modo alguno democrático, que acalla cualquier conato de disidencia. El poder ha quedado en manos de patronales, organismos financieros, agencias de calificación y banqueros cuyos valores distan de los que alimentaron a las grandes democracias del siglo XX.
   En nombre del contraterrorismo y de la sospecha infundada de que Sadam Husein poseía "armas de destrucción masiva" se invadió un país, arrastrando en la locura a Reino Unido, una de las democracias más veteranas del mundo, se construyeron cárceles secretas, se creó Guantánamo y se torturó en Abu Ghraib. Rusia utilizó la misma coartada del antiterrorismo para sofocar a sangre y fuego los movimientos separatistas, y China, para perseguir a las minorías étnicas. "Es preocupante el énfasis con el que ahora se coloca la etiqueta de terrorismo a cualquier tipo de oposición", dijo en febrero de 2003 Sergio Vieira de Mello, alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, seis meses antes de que una bomba acabara con su vida en Irak. El terrorismo islamista, más armado ideológicamente que nunca, redoblaba mientras tanto su cruel estrategia en Irak (antes libre de este tipo de atentados), pero también en Madrid, en Londres, en Moscú, en Bali...
   Ante la nueva amenaza terrorista, la Administración de George W. Bush desató guerras y no dudó en vulnerar sus propias normas y los convenios internacionales. Tras el 11-S multitud de países acometieron cambios legales que supusieron, entre otros, recortes de las garantías procesales de los detenidos y restricciones a la inmigración y el derecho de asilo. La violencia liderada por Washington generó más violencia y en todo el mundo cundió la islamofobia. Los derechos humanos, como muchos había alertado, fueron una víctima más del terrorismo.
   Por aquel entonces, la mayoría de nosotros no sabía que bajo el ruido de las bombas se estaba gestando la crisis financiera que marcaría el segundo tramo de este oscuro decenio. "Cuando se produce la masacre del 11-S el mundo ya estaba en recesión", decía Joaquín Estefanía en septiembre de 2003 en un artículo en EL PAÍS titulado Las torres gemelas del capitalismo. El escándalo Enron estalló en 2001. Esta colosal firma energética había maquillado sus cuentas, con la inestimable ayuda de Arthur Andersen, para engañar a ciudadanos, inversores y trabajadores y alimentar la avaricia de sus gestores.
   Lo que no sabíamos tampoco entonces es que tales prácticas no eran una estrategia excepcional; que otras grandes corporaciones la usaron para mantener los bonus y los estratosféricos salarios de sus directivos y que la banca, gracias a la desregulación promovida por la Administración de Bush, había ideado paquetes financieros de alto riesgo que les estallarían entre las manos. En un primer estadio pareció que esa crisis limitaría sus efectos devastadores a las grandes fortunas. Pronto se comprobó que las víctimas eran las clases medias y populares.
   De esta crisis, el capitalismo, lejos de refundarse, ha salido extremadamente fortalecido. Los llamamientos de los gobernantes hacia una mayor regulación y el fin de los paraísos fiscales quedaron aparcados. En su lugar, el poder de los mercados ha impuesto su ley y ha convertido a los políticos en gestores de sus designios. El nuevo tótem es el rescate (con dinero de todos) de las entidades que pusieron en riesgo el sistema, la competitividad de las empresas (solo posible con contención salarial; lo que no incluye a directivos y accionistas), la fusión de entidades (con sus consecuentes reducciones de plantillas) y el equilibrio de las finanzas públicas (imposible, marcan las nuevas normas, sin reducir gastos sociales y recortar derechos para el futuro).
   Al desarme moral que sirvió en bandeja la lucha contra el terror se ha sumado un desarme ideológico. Solo así se entiende que merezca el aplauso europeo un país que está logrando frenar el déficit público y los ataques especulativos a costa de recortar derechos sociales y laborales, aunque tales políticas no hayan sido capaces de evitar convertirlo en el campeón europeo del desempleo. Hoy, la confianza de los inversores es un valor supremo y el paro, un indicador preocupante porque desequilibra las finanzas públicas y repercute en el consumo.
   El valor de las opiniones públicas y, por consiguiente, de sus representantes políticos está en declive. Una reunión de empresarios con el presidente del Gobierno se parece demasiado a un Consejo de Administración. Solo Islandia ha tenido el coraje de exigir responsabilidades a los banqueros, si bien tendrá que afrontar con dinero público las deudas contraídas por sus bancos con los inversores británicos y holandeses. Portugal tendrá que adoptar las políticas de austeridad que rechazó su Parlamento gane quien gane las elecciones si quiere acogerse a la ayuda europea. Es la tiranía del pensamiento único. Por primera vez en mucho tiempo, las jóvenes generaciones del mundo avanzado perciben que nunca dispondrán de las bondades de que disfrutaron sus mayores, pero ni siquiera tienen alternativas a las que agarrarse ni culpables contra los cuales indignarse como les propone el nonagenario Stèphane Hessel.
   Este cuadro se ha completado durante esta década con un preocupante cambio de liderazgo a nivel mundial. En el año 2000, China era la séptima economía mundial, después de Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia. Este año se ha colocado ya en el segundo puesto. China se ha adaptado a la economía de mercado sin renunciar a su dictadura de corte comunista. Entre las grandes potencias democráticas se ha colado un gigante que poco puede hacer por recuperar la autoridad moral perdida a favor de los derechos humanos y los principios democráticos.
   En este tenebroso contexto con el que hemos iniciado el milenio, solo las rebeliones árabes que reclaman libertad y democracia, además de la estabilización de las democracias latinoamericanas, ofrecen una tenue luz de esperanza. Pues tampoco aquel cambio de ciclo que marcó la salida de Bush de la Casa Blanca y la victoria de Barack Obama ha supuesto todavía el revulsivo esperado. La muerte de Bin Laden, que bien puede inscribirse en la lógica antiterrorista iniciada por Bush, puede ser, efectivamente, el fin de ese negro decenio, pero lo cierto es que a día de hoy hay más elementos para sospechar que solo nos espera más de lo mismo.

domingo, 9 de enero de 2011

PRENSA (2). 9 enero 2011

   En suplementos de "El País":

1. Noche de Reyes. Por Elvira Lindo.

2. Los muertos secretos. Javier Cercas sobre la crisis actual.

3. ¿Cómo hemos de vivir? Reportaje de psicología. Por Xavier Guix. En tiempo de incertidumbres hay que optar por la acción y la creatividad. Lo importante es preguntarse qué hacemos con el tiempo y si solo queremos seguir siendo una pieza del decorado.

4. El infierno en la tierra. Reportaje de John Carlin. Sierra Leona es uno de los países más pobres del planeta. Pero esta cárcel de Freetown la habitan los miserables de los miserables. Entre los reclusos se mezclan menores que comparten injusticias, miedo, sarna, falta de agua y comida. Viven el aquí y ahora porque han olvidado su pasado y no son capaces de ver un futuro.

5. Vecinos y gorrinos. Por Rosa Montero.

6. Los años diez. Por Javier Marías.

lunes, 3 de enero de 2011

PRENSA. 3 enero 2011

   En "El País":

1. Salud. Columna de Almudena Grandes.

2. Un año de ambiciones e incógnitas. Reportaje. El Tintín de Spielberg, una gran retrospectiva de Antonio López y las esperadas novelas de Marsé, Marías y Murakami serán algunos hitos culturales de 2011.

3. Los internautas leen mejor. Reportaje de J. A. Aunión. El informe PISA revela que los alumnos que más usan la Red desarrollan mayor comprensión lectora - Los adolescentes españoles chatean por encima de la media.

4. El oficio de fiscal. Artículo de Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad 'Pompeu Fabra'.

5. Lo importante, e ignorado, en el año 2010. Por Andrés Oppenheimer.

domingo, 2 de enero de 2011

PRENSA (2). 2 enero 2011

   En suplementos de "El País":

1. La oscura diplomacia del Tercer Reich. Reportaje de Laura Lucchín. Un nuevo libro implica a los embajadores de la Alemania nazi en las deportaciones y la eliminación de judíos. El mito del distanciamiento de los diplomáticos del Reich se derrumba.

2. Hijos en propiedad. Por Elvira Lindo.

3. El don de los vecinos. Por Maruja Torres.

4. ¿De qué hablaremos en 2011? Reportaje de Winston Manrique, Lucas Arraut, Iker Seisdedos, Anatxu Zabalbeascoa y Gregorio Belinchón. Adelantamos titulares. Estas son algunas de las claves en libros, música, cine o Internet que marcarán los próximos 12 meses.

5. El calor de nuestro hogar. Reportaje de psicología. Por Jenny Moix. Diferentes estudios han demostrado los efectos terapéuticos de la arquitectura y la decoración. Nuestro hogar es nuestro refugio, y pensar en cómo sentirnos a gusto en él, una premisa para mejorar nuestro ánimo.

6. "Un buen etnólogo debe sentir como propio lo de los demás". Entrevista a Cristina Sánchez-Carretero. Por Luis Miguel Ariza. Observar es la base del trabajo de esta antropóloga del CSIC, reconocida internacionalmente por sus estudios relacionados con la manifestación pública del dolor y el duelo.

7. Por qué escribo. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla. Algunos llegaron a la literatura por vocación, por el placer de la lectura y para emular a los autores que admiraban. ahora crean por necesidad vital o simplemente lo hacen por dinero. cincuenta autores de renombre nos desvelan los secretos de su obra, los motivos por los que dedican sus vidas a la escritura.

8. El milagro de La Nueva Gloria. Almudena Grandes, sobre una biblioteca comunitaria.

9. Mirar lo inadvertido. Por Javier Marías.

lunes, 27 de diciembre de 2010

PRENSA. 27 diciembre 2010

En "El País":

1. La libertad. Columna de Almudena Grandes.

2. Santa Sofía recupera el esplendor. Por Blanca López Aragüena. Tras 17 años de obras, finaliza la restauración de la mayor joya del arte bizantino.

3. Los privilegios del fósil. Artículo del escritor Félix de Azúa.

4. ¿África? Sólo materias primas. Artículo de Mercè Rivas Torres, periodista y escritora; es autora de Los sueños de Nassima y Vidas.

5. Despidiendo a Mandela. Artículo del escritor Ariel Dorfman. Madiba, como le llama su pueblo, no nos durará ya mucho: ni a Sudáfrica ni al resto del mundo. Tendremos que luchar por su legado: el de alguien que no es un santo pero sí un sabio, alguien que sabe sonreír.

6. ¿Optimismo o pesimismo? Jean-Marie Colombani sobre las perspectivas del nuevo año. Traducción de José Luis Sánchez-Silva.