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jueves, 2 de diciembre de 2010

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL (fragmentos). "Romeo y Julieta", de Shakespeare

El último beso de Julieta a Romeo, por Francesco Hayez

ACTO III. ESCENA II

[Julieta está esperando la llegada de Romeo. No sabe que éste ha matado a Tybalt]

JULIETA

¡Corred veloces, caballos de pies de fuego!
(...)
¡Extiende tu negro manto, oh noche protectora
del amor! ¡Y tú, sol, cierra tus ojos ya!
Que Romeo venga, inadvertido, en silencio, a mis brazos.
Los amantes celebran sus amorosos ritos
con la sola luz de su belleza, pues siendo ciego
busca el amor la noche. Ven, noche oscura,
ven, matrona sabiamente enlutada,
y enséñame a perder un fácil juego,
ése que juegan dos virginidades inocentes.
Cubre la sangre indómita que arde en mis mejillas
con manto de tinieblas, hasta que el tímido amor
se decida, y amar no sea sino pura inocencia.
Ven, noche; ven, Romeo; ven tú, día de la noche.
Tú que yaces sobre alas nocturnas, y en ellas
más blanco apareces que la nieve sobre el cuervo.
¡Ven, dulce noche, amor de negro rostro!
Dame a mi Romeo y, cuando muera, tómalo,
y haz de sus pedazos estrellas diminutas
que iluminen el rostro del Cielo, de tal forma
que el mundo entero ame la noche,
y nadie rendirá tributo al sol radiante.
Oh, dueña soy ya del palacio del Amor
y aún no lo poseo. Vendida fui ya
y aún no me gozan, Pesa tanto este día
como la víspera de fiesta al impaciente niño
que tiene ropa nueva, pero no le permiten
llegar a usarla...

Ed. Cátedra. Letras Universales. Traducción del 'Instituto Shakespeare', dirigida por Manuel Ángel Conejero. Págs. 279-281.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL (fragmentos). "Romeo y Julieta", de Shakespeare

"Romeo y Julieta", por Frank Dicksee (1884)

Acto II, Escena III:

[Romeo va a visitar a fray Lorenzo para que lo case con Julieta; éste se extraña de que haya ya olvidado a Rosalina]

FRAY LORENZO

Oh, san Francisco bendito, el cambio es grande.
¿Y qué hay de Rosalina, ésa que tanto amabas?
¿Ya la olvidaste? El amor de los jóvenes
no habita el corazón sino los ojos.
¡Jesús, María! Cuánto y cuán copioso fue el llanto
por Rosalina, y cómo lavó tus pálidas mejillas.
¡Cuánta agua salada vertida inútilmente
para sazonar un amor que ya no sabe a nada!
El sol aún no ha limpiado el cielo de suspiros.
En mi gastado oído aún resuenan tus antiguos lamentos.
Contemplo en tus mejillas las antiguas señales
de una lágrima que aún no se ha secado.
Si alguna vez fuiste tú mismo, si los suspiros eran tuyos,
tú y tus suspiros erais para Rosalina.
¡Y ahora has cambiado! Repite esta sentencia:
"Jamás sucumbe la mujer si no sucumbe el hombre!".

Ed. Cátedra. Letras Universales. Traducción del 'Instituto Shakespeare', dirigida por Manuel Ángel Conejero. Pág. 221

jueves, 11 de noviembre de 2010

TEATRO. "La reina Mab", de "Romeo y Julieta": William Shakespeare (1564-1616)


ACTO I. Escena IV

MERCUTIO

Ya veo que te ha visitado la reina Mab,
la reina de las ilusiones. Su cuerpo
es tan menudo cual piedra de ágata
en el anillo de un regidor.
Sobre la nariz de los durmientes
seres diminutos tiran de su carro,
que es una cáscara vacía de avellana
y está hecho por la ardilla carpintera o la oruga
(de antiguo, carroceras de las hadas).
Patas de araña zanquilarga son los radios;
alas de saltamontes, la capota;
las riendas, de la más fina telaraña;
los arneses, de reflejos lunares sobre el agua;
la fusta, de hueso de grillo; la cuerda, de hebra sutil;
el cochero, un mosquito con librea gris,
menos de la mitad que un gusanito
sacado del dedo holgazán de una muchacha.
Y con tal pompa, recorre en la noche
cerebros de amantes, y les hace soñar el amor;
rodillas de cortesanos, y les hace soñar reverencias;
dedos de abogados, y les hace soñar honorarios;
labios de damas, y les hace soñar besos,
labios que suele ulcerar la colérica Mab,
poblándolos de llagas por infectar sus alientos con el dulzor del almíbar.
A veces galopa sobre la nariz de un cortesano
y le hace soñar que huele alguna recompensa;
y a veces acude con un rabo de cerdo por diezmo
y cosquillea en la nariz al cura dormido,
que entonces sueña con su ascenso a otra parroquia.
A veces marcha sobre el cuello de un soldado
y le hace soñar con degüellos de extranjeros,
brechas, emboscadas, espadas españolas,
y en mares de cerveza...; y entonces le tamborilea
en el oído, lo que le asusta y despierta;
y él, sobresaltado, entona oraciones
y vuelve a dormirse. Esta es Mab,
que de noche enreda las crines de los potros,
la que amasa las greñas de los duendes en nudos pegajosos
que, peinados, anuncian grandes males.
Esta es la bruja que, cuando las mozas yacen boca arriba,
las oprime y les enseña a concebir
y a ser hembras de buen fuste.
Esta es la que...