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martes, 24 de marzo de 2015

PRENSA. "Catequesis en la escuela". Victoria Camps

   En "El País":

Catequesis en la escuela

Es posible enseñar religión desde la laicidad, sin comprometerse con su doctrina. La asignatura confesional debiera ser una opción voluntaria sin contrapartida obligada para los que no la quieren


EULOGIA MERLE


La enseñanza de la religión vuelve a ser motivo de debate. Es la señal de que no se ha resuelto bien el paso de la escuela nacionalcatólica a una escuela laica o aconfesional, como la que propicia la Constitución. Que el decreto que fija el currículum de la enseñanza de la religión católica en la educación primaria y secundaria convierte la clase de religión en catequesis es indiscutible, pese a que explícitamente afirme que huye de “la finalidad catequética o del adoctrinamiento” y que sólo busca “ilustrar a los estudiantes sobre la identidad del cristianismo y la vida cristiana”. Mientras la religión sea una materia optativa, dirigida sólo a los padres creyentes, difícilmente estará haciendo algo más que lo que siempre han hecho las catequesis o las clases de catecismo. Tal es, por otra parte, la intención implícita en los contenidos del programa. Y es lógico que sea así. Una clase de religión para católicos ha de enseñar que Dios es el autor de la creación, ha de enseñar a rezar, ha de inculcar la doctrina moral católica, ha de transmitir la idea de que la felicidad no se encuentra en esta vida, pero sí en la otra. Una clase de Religión para creyentes es lo que siempre ha sido: una clase de doctrina cristiana.

Otros artículos de la autora

Es de justicia al hablar de este tema evocar la figura del estimado Luis Gómez Llorente, que, en sus años de diputado socialista, militó enérgicamente para encontrar un equilibrio satisfactorio entre el derecho de los padres a elegir una formación religiosa para sus hijos y la construcción de una escuela laica consecuente con los principios de la laicidad. Gómez Llorente fue testigo directo de los avatares que llevaron a la redacción del artículo 27.3 de la Constitución, que reconoce “el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos”, así como a la ratificación del acuerdo de 1979 sobre temas educativos con la Santa Sede. Ahí vio, a su pesar, cómo se colaba el requisito de que la enseñanza de la religión debía gozar de “condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales” (artículo 2). Un extremo que había de conducir a la prescripción de la religión como una materia evaluable, equiparable a cualquier otra, y, en consecuencia, a la imposición de una asignatura alternativa para aquellos alumnos que no asisten a clase de Religión.
La indignación de quienes apuestan por una laicidad —o aconfesionalidad— manifiesta en la escuela suscita incomprensión por parte de quienes aducen que se trata, a fin de cuentas, de una materia optativa, a elegir libremente por los padres. Nadie está obligado a cursarla, ¿de dónde viene, pues, el descontento? Es para responder a esta inquietud que convendría repasar las ideas que Gómez Llorente vertió en algunos de sus escritos lamentablemente no publicados. La actitud laica, como se define en todas partes, consta de dos ingredientes: libertad de conciencia y neutralidad del Estado en materia religiosa. Cada ciudadano es libre de ser o no religioso y de abrazar la religión que quiera, mientras que el Estado debe abstenerse de preferir una religión a otra y hasta de militar a favor de la ausencia de religión. Desde tal actitud se explica que la enseñanza de la religión sea ofrecida como una opción libre. Incluso puede entenderse que se proponga el ámbito escolar como adecuado para ofrecer ese tipo de formación. Lo que importa es discutir los detalles y la forma de la propuesta.

Nuestra cultura incluye el “hecho religioso”
e ignorarlo es analfabetismo
Hay dos maneras de ofrecer clase de Religión en la escuela: fuera del horario lectivo y del currículum, o incluida en el horario lectivo y equiparable a cualquier otra asignatura. Esta segunda opción, a la que vuelven reiteradamente los grupos conservadores, es la que va acompañada, en nuestros pagos, de la oferta de otra asignatura para los alumnos que no escogen Religión. Pero dicha opción siempre ha sido, en palabras de Gómez Llorente, una “pseudosolución”, por dos razones. La primera, porque la “alternativa” a la religión, sea cual sea, no respeta la “voluntariedad” de los padres que no quieren ni catequesis para sus hijos ni ninguna de las variantes que se proponen obligatoriamente en su lugar. La religión confesional debiera ser una opción voluntaria sin contrapartida obligada para los que no la quieren. Tenemos una red de escuelas concertadas católicas, subvencionadas con fondos públicos, que pueden cubrir la demanda de formación religiosa de los alumnos cuyos padres lo soliciten. Obligar al resto de alumnos a cursar una alternativa a la religión contradice la libertad de conciencia que se atribuye a los ciudadanos de un Estado laico, ya que se suele olvidar que esa libertad no es sólo la de los creyentes, sino también la de los que no lo son, o la de los que profesan religiones minoritarias. Aunque parece que existen decretos similares al de la enseñanza de la religión católica para las otras religiones, es obvio que estas no serán ofrecidas de la misma forma en que lo es la religión católica, que se ampara en el acuerdo con la Santa Sede.
Hay otro elemento que hace de la solución propuesta una pseudo o mala solución al conflicto sobre la enseñanza de la religión. Suscribo la afirmación del decreto cuando dice que “el olvido y la ignorancia de la religión podría tener consecuencias catastróficas para la cultura en general y la memoria colectiva”. Es totalmente cierto. Nuestra cultura incluye el “hecho religioso” e ignorarlo es analfabetismo. Los profesores de Filosofía, Historia del Arte o Literatura comprueban cada día que la falta de cultura religiosa de los estudiantes es un obstáculo para explicar aspectos fundamentales de sus materias. No hace falta saber el Padrenuestro ni recitar el catecismo de corrido; lo que importa es tener referencias bíblicas, de la historia del cristianismo y del culto, que permitan identificar y comprender los símbolos, las imágenes, la arquitectura y el pensamiento cristiano que ha dejado huellas innegables en nuestra cultura, para bien y para mal, pero que deben ser conocidas. Tal es la razón por la que, en distintas ocasiones, se ha abogado por la creación de una asignatura, no alternativa a la doctrina católica, sino imprescindible para la adquisición de la cultura religiosa en general por parte de todos los alumnos. Una asignatura que debería abarcar tanto la historia del cristianismo (la antigua “historia sagrada”), como la de otras religiones, y que profundizara en esa “ética civil” que necesitamos todos, más allá de la moral católica, islámica o evangélica, privativas de cada una de las religiones particulares.

La actitud laica consta de dos ingredientes: libertad de conciencia
y neutralidad del Estado
Tras muchos años de conflicto, habíamos llegado a consensuar una Educación para la Ciudadanía para todos los alumnos, que consistía en esa iniciación cívica indispensable para adquirir un sentido de lo que es comportarse como buen ciudadano. No era la solución óptima, a mi juicio, pero era mejor que la elección entre la religión y su “alternativa”. Comparto de nuevo la afirmación que tantas veces le oí a Gómez Llorente de que la cuestión religiosa debe importarnos a todos y que es posible enseñar religión desde la laicidad, sin comprometerse con su doctrina —lo que hace la catequesis—, pero informando de lo que ha significado y sigue significando la religión en el mundo. Ahora que el islamismo irrumpe con violencia en nuestras sociedades, no es absurdo conocer lo que ocurrió antaño con el cristianismo y lo que ha significado para bien de todos el proceso de secularización. Pero también conviene enseñar lo que le debemos a la religión en materia de costumbres y que forma parte de aquellos valores que consideramos universalizables. Valores no tan distantes de los que hoy configuran las llamadas “virtudes cívicas” fundamentales para la regeneración democrática.
Una vez más hay que lamentar que el equilibrio que se logró al redactar la Constitución no haya perdurado. Habría que restablecer el animus negociandi de que hicieron gala las voluntades que acordaron la Constitución, una tarea cada vez más improbable.
Victoria Camps es filósofa.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

PRENSA. EDUCACIÓN. "Francia instruye a sus alumnos en los 15 'mandamientos' del laicismo

Peillon presenta la Carta del Laicismo en la apertura del curso. / BERTRAND GUAY (AFP) ("el país")

   En "El País":

Francia instruye a sus alumnos en los 15 “mandamientos” del laicismo

Una declaración de derechos y deberes cuelga en el tablón de los centros públicos

Los musulmanes critican la prohibición de símbolos religiosos

 Paris 9 SEP 2013

La Carta del Laicismo, una declaración de principios, derechos y deberes republicanos compuesta por 15 “mandamientos”, cuelga desde este lunes en lugar bien visible en las más de 55.000 escuelas públicas francesas, aunque unos 8.800 centros privados y concertados —en su mayoría católicos— han quedado eximidos de exhibirla. La declaración, que se expondrá desde infantil hasta bachillerato junto al lema de la República (Libertad, Igualdad, Fraternidad) y la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano, es una de las novedades que aporta la “refundación de la escuela republicana”, la ambiciosa reforma educativa impulsada por François Hollande y elaborada por el ministro de Educación, Vincent Peillon, que fue aprobada el pasado 8 de julio.

La comunidad islámica cree que la reforma la estigmatiza
El objetivo de la carta es reforzar la enseñanza del laicismo y la promoción de la igualdad entre alumnas y alumnos, aunque el Gobierno socialista ha decidido retrasar las clases de moral laica y ciudadana hasta 2015.
El texto, que subraya en su artículo 14 la prohibición de prendas o distintivos religiosos “de forma ostensible”, ha suscitado las críticas de algunos sectores de la comunidad islámica, que reúne a seis millones de personas en Francia, porque considera que hace demasiadas referencias al velo islámico, prohibido en Francia desde 2004.

La ‘rentr

“Demasiada gente tiene una representación errónea del laicismo”, ha replicado este lunes el ministro Vincent Peillon al presentar la carta ante la prensa; “para algunos alumnos, el laicismo es hoy antes que nada una prohibición, una amenaza, cuando es justo lo contrario. El laicismo es lo que permite a cada uno construir su propia libertad respetando la de los demás”.
La carta afirma en su artículo primero que Francia es una república “indivisible, democrática, social y laica”, que “asegura la igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos”, y “respeta todas las creencias”. El artículo 2 explica que “la República laica organiza la separación entre religión y Estado” y recuerda: “No existe una religión de Estado”. El tercero establece que el laicismo “garantiza la libertad de conciencia”: “Cada uno es libre de creer o de no creer y puede expresar libremente sus convicciones”.
El sexto mandamiento recuerda que el laicismo en la escuela “ofrece a los alumnos las condiciones para forjar su personalidad, ejercer su libre albedrío y aprender ciudadanía”, y les “protege de todo proselitismo y toda presión que les impida hacer su libre elección”. El séptimo asegura a todos los estudiantes “el acceso a una cultura común y compartida”. La Carta del Laicismo garantiza además “la libertad de expresión de los alumnos” (artículo 8), el “rechazo de todas las violencias y las discriminaciones” y “la igualdad entre niñas y niños” (artículo 9), pero también obliga al personal escolar a “transmitir a los alumnos el sentido y los valores del laicismo” (artículo 10).
Los artículos 12, 13 y 14 recuerdan a los estudiantes los límites de su libertad: no pueden “contestar los contenidos de lo que se les enseña” ni “exhibir ostensiblemente símbolos o prendas religiosas”, ni faltar a las clases “alegando motivos religiosos o políticos”. El más polémico es el artículo 14, que afirma: “En los centros públicos, las reglas de vida en los diferentes espacios (…) respetan el laicismo. Está prohibido portar signos o prendas con las que los alumnos manifiesten ostensiblemente su pertenencia religiosa”.

Se permitirá el crucifijo o la kipá, pero las chicas no podrán llevar velo
El presidente del Consejo francés del Culto Musulmán, Dalil Boubakeur, ha dicho que ese artículo “se refiere al islam y lanza una mirada oblicua sobre la religión musulmana”, y expresó su temor a que los musulmanes de Francia se sientan “estigmatizados”. Al ser preguntado por la presunta islamofobia de ese texto, el ministro socialista descartó que se refiera a una religión concreta. “Se equivocarían profundamente”, ha afirmado Peillon. “El laicismo no se refiere a una religión en particular porque precisamente las pone a todas en situación de igualdad. En la escuela de la República no se recibe a pequeños musulmanes, pequeños judíos, pequeños protestantes o pequeños agnósticos, se recibe a alumnos de la República”.
Las primeras críticas de educadores y padres han incidido en que el texto no aborda las cuestiones prácticas relacionadas con el respeto del laicismo, como los menús de los comedores y las celebraciones religiosas.
El Defensor del Pueblo francés, Dominique Baudis, ha decidido este lunes que pedirá aclaraciones al Consejo de Estado sobre la aplicación de las normas laicista: “Es urgente precisar las reglas del juego”, ha precisado, “sobre todo en lo que se refiere a dos asuntos: los auxiliares voluntarios, los acompañantes ocasionales, como las madres, y los empleados del sector privado que trabajan en las guarderías subvencionadas por el Estado”.

Los deberes del alumno republicano

1. Francia es una República indivisible, laica, democrática y social que respeta todas las creencias.
2. La República laica organiza la separación entre religión y Estado. No hay religión de Estado.
3. El laicismo garantiza la libertad de conciencia. Cada cual es libre de creer o de no creer.
4. El laicismo permite el ejercicio de la ciudadanía, conciliando la libertad de cada uno con la igualdad y la fraternidad.
5. La República garantiza el respeto a sus principios en las escuelas.
6. El laicismo en la escuela ofrece a los alumnos las condiciones para forjar su personalidad les protege de todo proselitismo y toda presión que les impida hacer su libre elección.
7. Todos los estudiantes tienen garantizado el acceso a una cultura común y compartida.
8. La Carta del Laicismo asegura también la libertad de expresión de los alumnos.
9. Se garantiza el rechazo de las violencias y discriminaciones y la igualdad entre niñas y niños.
10. El personal escolar está obligado a transmitir a los alumnos el sentido y los valores del laicismo.
11. Los profesores tienen el deber de ser estrictamente neutrales.
12. Los alumnos no pueden invocar una convicción religiosa para discutir una cuestión del programa.
13. Nadie puede rechazar las reglas de la escuela de la República invocando su pertenencia religiosa.
14. Está prohibido portar signos o prendas con las que los alumnos manifiesten ostensiblemente su pertenencia religiosa.
15. Por sus reflexiones y actividades, los alumnos contribuyen a dar vida a la laicidad en el seno de su centro escolar.

La ‘rentrée’, en cifras

Los objetivos de la reforma educativa socialista, promulgada en Francia el 8 de julio, son permitir a los alumnos aprender más, para que todos puedan tener éxito, y formar a los ciudadanos del futuro. Francia tiene en este momento 12,2 millones de alumnos, 64.300 centros públicos y privados y 841.700 profesores. Para el nuevo curso, el Gobierno ha contratado a 8.200 nuevos profesores (3.350 en primaria, 4.200 en secundaria, el resto en formación profesional), y ha firmado 28.000 contratos subvencionados de auxiliares para tres tareas básicas: ayudar a los directores, reforzar los centros con dificultades y mejorar la atención a los alumnos discapacitados.
Con el fin de favorecer el regreso de las madres al mercado laboral, la escolarización se adelanta a los tres años y entra en vigor la semana de cuatro días y medio en primaria. La reforma eleva el número de días de colegio, que pasará de los actuales 144 por año (el más bajo de los 34 países de la OCDE) hasta los 180. La novedad afectará este año a uno de cada cuatro escolares de primaria, es decir, a 1,3 millones de alumnos.
El Informe Pisa de 2009, sitúa a Francia en el puesto número 21 del mundo por calidad educativa, aunque tiene uno de los sistemas más caros. El coste por alumno de primer grado es de 5.870 euros, frente a los 11.470 euros que se gasta en el Liceo general y tecnológico.

sábado, 24 de septiembre de 2011

PRENSA. "Laicismo y búsqueda de la verdad", por José Manuel Sánchez Ron

José Manuel Sánchez Ron

   En "El País":
Laicismo y búsqueda de la verdad

   La visita de Benedicto XVI a Madrid volvió a poner de manifiesto los conflictos de la Iglesia católica con la ciencia y con el Estado. Su insistencia en combatir el laicismo suena a lucha por el poder.

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON 23/09/2011

   Aunque el tiempo, que tantas cosas borra, vaya pasando, no es conveniente dejar de reflexionar sobre la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de agosto. El que cientos de miles de jóvenes se reuniesen respondiendo a una llamada institucional constituye un acontecimiento que se debe analizar.
   No es mi intención en este artículo tratar de cuestiones tan antiguas como la propia historia de la humanidad. Cuestiones como el significado de reuniones multitudinarias. Acontecimientos similares han sido frecuentes en el pasado, bajo banderas o ideologías muy diferentes, y no hace falta ser un experto en la naturaleza de la condición humana para saber lo atractivo que es para muchos formar parte de un grupo, cuanto más numeroso mejor; afirmarse en una serie de ideas no a través del análisis y la reflexión individual, sino de la experiencia y emociones que proporcionan el sentir que otros creen lo mismo.
   Tampoco merece la pena resaltar las razones vaticanas para elegir, de nuevo, España, país al que se considera clave en la lucha contra el laicismo. Como tantas otras veces, las actuaciones del Vaticano no son ajenas a motivaciones de índole geopolítica. Igualmente trivial es comprender que si alguien desea ganar el futuro, hará bien en tratar de influir en la juventud.
   De lo que sí quiero tratar es de algunas de las proclamas de que fueron testigos esos jóvenes en Madrid y que los medios de comunicación publicitaron urbi et orbi, cabría muy propiamente decir (de manera particularmente generosa en España).
   Una de tales proclamas, manifestada de manera implícita o explícita, que ha acompañado siempre a la religión católica (también, por supuesto, a otras confesiones), es la de que el mejor camino hacia la Verdad, el único, de hecho, cuando se trata de la Gran Verdad -la explicación de Todo, incluida la razón y sentido de la vida- es a través de la Revelación, transmitida a través de, en este caso, la Biblia, cuya custodia e interpretación tiene como máximo responsable al Papa de Roma, al que se le supone -al menos a partir de un cierto momento de la historia del catolicismo- infalibilidad.
   "Hay muchos que, creyéndose dioses", manifestó Benedicto XVI en Madrid, "piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos qué es verdad o no, lo que es bueno o es malo, lo justo o lo injusto".
   Son muchas, y muy diferentes, en un auténtico totum revolutum, las cuestiones que se tratan en la cita anterior. No hay que confundir la búsqueda de la verdad con decidir qué es bueno o malo, justo o injusto. La verdad es independiente de nuestros deseos o intereses; la bondad, la maldad y la justicia, no. Si se trata de decidir lo que es verdad o no, el único procedimiento contrastado es el de la ciencia. De ahí que sea legítimo entender que cuando Joseph Ratzinger hablaba de "aquellos que creyéndose dioses", se refería a los científicos. Una interpretación que se ve favorecida por otra de sus manifestaciones, en la que criticaba una "educación utilitarista que solo busca profesionales eficaces", poniendo como ejemplos desde "los abusos de una ciencia sin límites" hasta el "totalitarismo político" (resulta curioso que hablen de totalitarismo aquellos que pretenden imponer sus creencias al conjunto de la sociedad, participe esta o no de tales creencias).
   La ciencia, habría que recordar, no puede tener límites, porque su objeto es la naturaleza y esta es lo que es, y no podemos mutilar una parte pensando que el resto es independiente. El mundo es una unidad y las ciencias que lo estudian constituyen un sistema interdependiente, interdisciplinar. Otra cosa es, por supuesto, lo que se pueda hacer con los conocimientos extraídos de la investigación científica, o el que para obtener tales conocimientos hubiese que emplear procedimientos que una sociedad democrática quiera rechazar. La ciencia, que de tantos mitos nos ha librado, no se debe convertir ella misma en un nuevo Dios que nos dicte sus normas. Ni los científicos en nuevos sacerdotes, transmisores de un saber impersonal.
   En el anterior punto entramos en el que acaso sea nudo gordiano de todo el asunto. Si hay límites, deben ser los que imponga una sociedad democrática, no los supuestos intérpretes de unas "verdades divinas" que jamás han pasado la prueba de la comprobación y la predicción. Sin capacidad de predecir no podemos distinguir entre lo falso y lo cierto.
   No es difícil comprender el origen de las religiones, la necesidad psicológica de creer en un destino más allá de la muerte, en no perder para siempre a nuestros seres amados. Sin embargo, y aunque sea duro de aceptar, es evidente que no existe ningún motivo para que exista aquello que postulamos para satisfacer una inquietud emocional. Ni que para explicar el origen de algo sea aceptable postular un ente, un Dios, cuyo origen tampoco se puede explicar.
   "Creo", escribió Bertrand Russell en 1925, "que cuando muera me pudriré, y nada de mi yo sobrevivirá. No soy joven y amo la vida. Pero despreciaría temblar de terror por el pensamiento de la aniquilación. Sin embargo, la felicidad no es menos verdadera porque pueda venir y marcharse, ni el pensamiento y el amor pierden su valor porque no sean eternos. Incluso aunque al principio las ventanas abiertas de la ciencia nos hagan estremecer de frío en el calor de los mitos humanos tradicionales, al final el aire fresco nos da vigor, y los grandes espacios son esplendorosos por derecho propio".
   La ciencia, efectivamente, nos da si no vigor sí certidumbres y desde luego dignidad. Y ello independientemente de que sus resultados de hoy no sean seguros, pudiendo ser modificados mañana; independientemente de que podamos pensar que nunca será capaz de responder a la pregunta de "¿Por qué existe el mundo y las leyes que lo rigen?". Siguiendo los procedimientos científicos, seremos capaces de encontrar esas leyes, de desvelar, sin recurrir a ningún Dios, los caminos que siguió la energía primordial para convertirse en los seres que pueblan la Tierra, pero no de responder a esa vital pregunta, de la que se nutren, comprensible pero falazmente, las religiones. Parientes como somos, aunque lejanos, de seres como la humilde lombriz de tierra (nos lo enseñó Darwin) reconozcamos nuestras limitaciones.
   En Madrid, Joseph Ratzinger también dijo que "sin Dios" sería arduo afrontar los muchos desafíos que plantea el mundo actual y "ser verdaderamente felices". Consistente con esta idea es la campaña en la que está empeñada desde hace tiempo la Iglesia católica para combatir el laicismo, al que ven como un gran mal. Pero el laicismo no es sino "la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa". ¿Por qué esto es repudiable? ¿Piensa Ratzinger, y el cardenal Rouco, que ellos tienen el monopolio de virtudes como la solidaridad, la compasión o el ansia de justicia? Espero que no, porque ofendería a quien escribe estas líneas, que aun llamándome a mí mismo, con orgullo, laico, comparte algunos de los valores morales históricos que honran la confesión católica. Su insistencia en combatir el laicismo suena a mera lucha por el poder.
   Aplicar la ciencia al bienestar humano implica sin duda incertidumbres. Puede, por ejemplo, llevarnos a introducir procedimientos eugenésicos, que yo, como Ratzinger, repudio, pero también a suministrar la información para que una persona decida si desea una muerte digna, posibilidad que yo defiendo. En los convulsos océanos de la biomedicina moran intervenciones rechazables en nuestros códigos genéticos al lado de mecanismos de ingeniería genética que acaso pronto -ya están comenzando a hacerlo- ofrezcan no ya un futuro mejor, sino simplemente un futuro a, por ejemplo, los llamados niños burbuja.
   Por eso mi consejo a esos jóvenes que con tanto entusiasmo y atención escucharon al Papa en Madrid es que no olviden evaluar todo tipo de respuestas y tradiciones recibidas, incluso aquellas que les ofrezcan seguridades aparentes, el calor de un hogar en el que "siempre se encuentra refugio". Que recuerden aquello que Sócrates dijo a los atenienses que le condenaron a muerte, y que Platón legó a la posteridad en su Apología de Sócrates: "Una vida sin examen no es una vida digna para el hombre".

   José Manuel Sánchez Ron es miembro de la Real Academia Española de la Lengua y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid.

sábado, 5 de marzo de 2011

PRENSA. "El futuro político del mundo árabe y la laicidad", porr Rafael Díaz-Salazar

Rafael Díaz-Salazar

   En "El País":
El futuro político del mundo árabe y la laicidad
 RAFAEL DÍAZ-SALAZAR 04/03/2011

   ¿Son las revueltas en el mundo árabe una nueva expresión de lo que Gramsci llamaba subversivismo, es decir, manifestaciones de descontento social incapaces de crear un nuevo orden político? O, por el contrario, ¿estamos ante el inicio de una transición para la creación de democracia política y económica? Estas preguntas son esenciales para analizar lo que está sucediendo en Túnez, Egipto, Libia y otros países.
   Uno de los elementos fundamentales para construir un nuevo futuro político en el mundo árabe es el de la laicidad. ¿Qué papel van a jugar los partidos islamistas? ¿Se van a reconfigurar? ¿Va a ser posible elaborar constituciones laicas? ¿Cuál va a ser la estructura laica del Estado? ¿Qué relaciones se establecerán entre las comunidades religiosas, sus autoridades, las convicciones islámicas y las leyes civiles? ¿Avanzarán los derechos de las mujeres o quedarán frenados si los partidos islamistas vencen en las futuras contiendas electorales?
   No podemos desconocer la fuerza de los partidos islamistas y, sobre todo, las bases sociales que los sostienen y apoyan. En un proceso democrático, será imposible ilegalizarlos. Ellos tienen ahora una disyuntiva de fondo, más allá de declaraciones tranquilizadoras coyunturales para Occidente y para las fuerzas sociales laicas que están siendo decisivas en la organización de las revueltas. Por un lado, pueden reconfigurarse como partidos laicos de inspiración religiosa, algo parecido a los partidos de la Democracia Cristiana en Europa y América Latina. Por otro lado, pueden reforzarse como partidos confesionales que intentan lograr por vías democráticas la hegemonía política, una vez que llevan mucho tiempo construyendo hegemonía cultural y hegemonía social en la sociedad civil, especialmente entre los sectores más empobrecidos. Esperar a que se conviertan en partidos totalmente laicos me parece poco verosímil.
   La primera opción podría encajar en un marco constitucional democrático y aconfesional. La segunda opción es muy peligrosa. Por eso es muy importante la elaboración de un consenso fuerte de laicidad constitucional que impida que la hegemonía política de un partido en un proceso electoral pueda llevar a la creación de un Estado teocrático o a la interferencia indebida de las autoridades religiosas en el proceso legislativo. La laicidad es un requisito imprescindible para el desarrollo de leyes y derechos cívicos antagónicos a la concepción fundamentalista del islam.
   En declaraciones de líderes políticos y religiosos hay elementos que hacen albergar ciertas esperanzas. Hamdy Hasan, de los Hermanos Musulmanes, ha afirmado que "Egipto debe ser un país laico". Mohamed el Baradei ha advertido que se ha de impedir constitucionalmente la posibilidad de crear un Estado religioso. El tunecino Rachid Ghanuchi ha declarado que su partido islamista respetará la legislación laica establecida sobre derechosde las mujeres. Noman Benotman, líder del 'Grupo Islámico Combatiente Libio', se ha desvinculado de Al Qaeda y defiende una acción política pacífica. Sin embargo, permanecen muchas sombras sobre lo que podríamos denominar una fundamentación religiosa de la laicidad. Mucho queda por aprender del cristianismo protestante que en Francia y en Estados Unidos favoreció la laicidad de sus repúblicas y de las tesis del Concilio Vaticano II sobre la "autonomía del orden temporal", la separación Iglesia-Estado y la distinción entre una fe compartida y el pluralismo político de los católicos. El islamismo político sigue alejado de la fundamentación islámica de la laicidad y del feminismo que también está presente en ese mundo, pues existen creyentes musulmanes que se oponen al integrismo religioso.
   Ghanuchi defiende una peligrosa distinción entre democracia y laicidad. Hamdy Hasan afirma que los partidos laicos "tendrán que ganarse la calle y nosotros el registro oficial" (EL PAÍS, 15 de febrero). ¿Está aquí el punto de inicio para luchar democráticamente por la hegemonía política del islamismo? Él plantea una cuestión que deja la puerta abierta a una reconfiguración del proyecto político de los Hermanos Musulmanes: "Queremos un país laico, porque en él se engloban todas las personas sin distinciones, como dice el islam, pero ha de ser un Egipto laico que respete la tradición musulmana". Desde un punto de vista literal, esto supone un avance. Y plantea otra gran pregunta: ¿qué tipo de laicidad necesita el Estado y la sociedad civil en el mundo árabe? No veo viable la imposición de los modelos clásicos de Francia y Turquía.
   Una buena opción sería apostar por el modelo de laicidad inclusiva que, manteniendo el mínimo común denominador de la laicidad (autonomía legislativa del Estado, pluralismo religioso y libertad de conciencia), estableciera relaciones de cooperación con las confesiones religiosas y asumiera los valores del islam, sin pretender traducirlos en leyes vinculantes y excluyentes.
   Para lograr la laicidad, va a ser muy importante el avance del islam modernizado, democrático, racionalista y feminista. Existen sectores religiosos que apoyan la hermenéutica crítica del Corán y la renovación del islam expresadas en las obras de Abu Zayd, Mohamed Arkoun, Ramin Jahanbegloo, Asghaar Enginer, Riffat Hassan, Tariq Ramadán, Omaima Abou-Bakr, por poner solo algunos ejemplos.
   El pluralismo existe en el islam, basta con visitar las webs Islam&laicité, webislam o feminismeislamic. La batalla intrarreligiosa para que este islam emancipatorio alcance la hegemonía frente al islam fundamentalista tiene grandes implicaciones para el futuro político del mundo árabe.
   La laicidad no solo tiene que ver con la desconfesionalización de la política. No se trata solo de vencer la dominación de las jerarquías religiosas, sino de acabar con las diversas formas de dominación económica, social y cultural. El laicismo socialista va mucho más allá del laicismo liberal que, por cierto, es el predominante entre los socialistas europeos que no han tenido ningún problema en que los partidos de los dictadores Ben Ali y Mubarak formaran parte de la Internacional Socialista prácticamente hasta el día en que la presión popular los doblegó.
   La laicidad va más allá del progresismo burgués y tiene mucho que ver con la igualdad social, la educación cívica, la democracia económica y la emancipación de las mujeres. Su conexión con el republicanismo de la no dominación es estrecha. La religión islámica tiene fuertes componentes igualitarios que pueden inspirar la búsqueda laica de modelos de democracia económica y participativa, en los que el protagonismo de las mujeres sea esencial.
   En medio de la crisis global, la rebelión de la ciudadanía árabe nos muestra que necesitamos ir más allá de la democracia liberal y construir democracia económica. El modelo imperante de democracia no es eficaz para resolver las desigualdades y pobrezas en numerosos países. Necesitamos otra democracia que haga verdadera la soberanía popular sobre la riqueza. Este es el reto universal que están lanzado las revueltas sociales en el mundo árabe.

   Rafael Díaz-Salazar es profesor de Sociología en la Universidad Complutense.

viernes, 4 de marzo de 2011

PRENSA. 4 marzo 2011

   En "El País":

1. Plagio. Columna de Juan José Millás.

2. "La revolución sexual durará siglos". Entrevista al escritor Martin Amis. Por J. M. Martí Font.

3. El futuro político del mundo árabe y la laicidad. Artículo de  Rafael Díaz-Salazar, profesor de Sociología en la Universidad Complutense.

4. Intervenir en Libia. Por José Ignacio Torreblanca.

5. Turquía airea el éxito de su modelo. Por Juan Carlos Sanz (enviado especial). Erdogan aprovecha la revolución árabe para reivindicar la integración en la UE.

6. CINE. Crítica de cine. Por un puñado de dibujos animados. Reportaje de Rocío Ayuso. 'Rango', traslación del universo del 'spaghetti-western' al cine de animación, es una de las películas más sorprendentes del año y confirma la buena salud del género. Un mal karma (Rango, de Gore Verbinski. Por Jordi Costa). ¿Quién es Brillante Mendoza? (Lola (Abuela), de Brillante Mendoza. Por Javier Ocaña). Ángeles de la política (Destino oculto, de George Nolfi. Por Javier Ocaña). El clasicismo no era esto (Ispansi (Españoles), de Carlos Iglesias. Por Javier Ocaña). Fotocopiar el éxito (Bienvenidos al sur, de Luca Miniero. Por Jordi Costa). Razones de la inquisición (En tiempo de brujas, de Dominic Sena. Por Jordi Costa).

sábado, 3 de julio de 2010

PRENSA. 3 julio 2010

En "El País":

1. "Aburrir en las primeras páginas está prohibido". Entrevista al escritor Daniel Glattauer. Por Gloria Torrijos.

2. De laicos, nada. Reportaje de Juan G. Bedoya. La aconfesionalidad del Estado es imposible mientras subsista el Concordato - La Iglesia católica mantiene todos sus privilegios en los planes del Gobierno. Laicidad imposible. Por Dionisio Llamazares, catedrático de Derecho Eclesiástico y ex director general de Asuntos Religiosos.

3. Facebook y la posuniversidad. Columna de Vicente Verdú.

4. El matrimonio gay, cinco años después. Artículo del escritor Luisgé Martín; su última novela es Las manos cortadas (Alfaguara).
España, desde 2005, está en la vanguardia de la legislación que homologa a las parejas gays con las heterosexuales. Pero la ley sigue pendiente de un hilo: el dictamen del Tribunal Constitucional. El PP debería retirar el recurso.

5. La violencia desborda la frontera. Por S. Camarena y J. Elías. Las actividades de las mafias y de las 'maras' causan más de 14.000 muertos al año en México y Centroamérica y lastran sus economías. Los hispanos ven una oportunidad histórica en la reforma de Obama. Por Antonio Caño. La comunidad latina de Estados Unidos espera ganar influencia con la nueva ley de inmigración - Los republicanos jugarán la baza electoral del rechazo.

6. "Antes del Nobel no me oían. Ahora me basta con susurrar". Entrevista a Muhammad Yunus, impulsor de los microcréditos. Por Ariadna Trillas.

jueves, 1 de julio de 2010

PRENSA. 1 julio 2010

En "El País":

1. De repente... Velázquez. Reportaje de Ángeles García. 'La educación de la Virgen', hallada en el sótano del museo de la Universidad de Yale - Los expertos sitúan la pintura en la etapa sevillana del autor de 'Las meninas'.

2. La dependencia se come la herencia. Reportaje de Joaquina Prades. La larga vida de los ancianos les lleva a invertir el patrimonio en sus cuidados - La vivienda ya es el verdadero seguro del jubilado.

3. Por favor, no se me confundan de enemigo. Artículo de Manuel Cruz, funcionario del Ministerio de Educación.

4. Laicidad positiva. Artículo de Paolo Flores d'Arcais, filósofo y editor de la revista Micromega. Traducción de Carlos Gumpert.

martes, 18 de agosto de 2009

PRENSA. 18 agosto 2009


En "El País".

1. Llegó la hora del laicismo. Reportaje de Juan G. Bedoya. La nueva ley de religión es la ocasión para proclamar la laicidad pendiente del Estado y poner fin a la confesionalidad encubierta. Todas las iglesias lamentan el secretismo del Gobierno.

2. El universo, crisol científico y político. Artículo de José Manue Sánchez Ron, catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid. La historia de la exploración espacial muestra la intensa relación entre la ciencia y la tecnología por un lado y la política por otro: el espacio es un elemento más del mapa geopolítico global.

3. Si no hay sexo, no hay comida. Reportaje de Ramón Lobo. Una nueva ley en Afganistán permite a los hombres de etnia hazara dejar sin alimentos a la esposa que rehúse satisfacer sus deseos.