VIII MUESTRA PROVINCIAL DE NARRATIVA DESDE EL AULA. ORGANIZADA POR EL I.E.S. LA FUENSANTA Y PATROCINADA POR LA DELEGACIÓN DE CULTURA DE LA DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA.
El Departamento de Lengua Castellana y Literatura del I.E.S. La Fuensanta os invita a participar en la VIII MUESTRA PROVINCIAL DE NARRATIVA DESDE EL AULA, patrocinada por la Delegación de Cultura de la Diputación Provincial de Córdoba.
El objetivo fundamental de esta convocatoria es promover la creatividad literaria del alumnado de la provincia de Córdoba, así como incentivar su capacidad para crear y recrear historias. Las normas de participación y el calendario de la muestra son los siguientes:
Puede participar el alumnado de ESO (preferentemente de segundo ciclo) y Bachillerato.
Cada centro podrá seleccionar y enviar tres relatos y cuatro microrrelatos como máximo, indistintamente de alumnado de ESO o de Bachillerato. Todas las composiciones deberán ser inéditas y originales. El tema es libre para ambas modalidades.
La extensión máxima del relato será de tres folios y la del microrrelato alrededor de quince líneas. Es conveniente que en ambos conste el título del escrito.
Los textos deben presentarse escritos con letra Arial (tamaño 12). Los jóvenes autores seleccionados presentarán una breve biografía y una fotografía de tamaño carné (formato jpg). Todo ello deberá entregarse en un CD en el que se encuentren grabados los relatos o microrrelatos y las biografías, junto con las fotografías. Los trabajos se enviarán, antes del 15 de abril de 2010, al Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES “La Fuensanta” (a la atención de Fernando Álvarez Jurado), Avda. Calderón de la Barca, s/n. 14010 Córdoba, indicando en el sobre “VIII Muestra Provincial de Narrativa desde el aula”. El profesor encargado de coordinar la actividad en su centro debe incluir los datos del mismo, un teléfono de contacto y una dirección de correo electrónico.
Es preferible, para agilizar el procedimiento, enviar, dentro del mismo plazo, tanto los textos como las biografías y fotografías, a la dirección de Internet muestradenarrativa@yahoo.es, en cuyo caso no es necesario enviar el CD.
El premio consistirá en la publicación de los mejores textos seleccionados por cada centro y la participación de los jóvenes narradores en un acto literario que tendrá lugar en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Córdoba en fecha por decidir. Los alumnos leerán en dicho acto los microrrelatos completos y deberán seleccionar unas 15 o 20 líneas de los relatos, para que así todos puedan intervenir. Un novelista invitado presentará el acto, además del Diputado de Cultura.
Los autores de los relatos premiados serán obsequiados con un lote bibliográfico compuesto por publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Córdoba y un diploma. Cada I.E.S. participante recibirá varios ejemplares del volumen publicado con los textos incluidos en la VII Muestra.
Animamos a todos los centros a participar en este certamen, que tiene como protagonistas a los jóvenes narradores de los institutos de Córdoba y provincia. No dudéis en consultarnos cualquier duda escribiendo a la dirección de correo electrónico arriba indicada o llamando al teléfono 957750888.
Un cordial saludo.
Córdoba, 2 de diciembre de 2009
Fdo.: Soledad Contreras Gutiérrez Fdo.: Fernando Álvarez Jurado
Dpto. Lengua Castellana y Literatura del IES La Fuensanta
Aquí tenéis algunos de los microrrelatos escritos por alumnos de distintos IES de Córdoba y provincia que participaron en ediciones anteriores de la Muestra:
De pequeña solía ir al parque por las tardes. Me columpiaba durante horas y a veces sentía que podía volar. Ahora tan solo soy una de las más de seis mil millones de aves que pueblan este planeta. Algunas, las más seguras, saben adónde van, o eso creen, otras se limitan a seguir a las que van delante, sin cuestionarse nada. Yo simplemente no sé dónde voy.
El aire del mundo en el que vivo ya sólo huele a dióxido de carbono, codicia y etnocentrismo estúpido. Mis pulmones están hartos de respirar tanta porquería y mis ojos se han cansado de ver tanta indiferencia. Me he cansado de volar. No puedo, no quiero seguir preocupándome por el tráfico aéreo, ni por las tormentas. Pero he tomado una decisión: me retiro del mundo macroscópico para seguir volando en el mundo de las moléculas inorgánicas.
Ya no hay marcha atrás, mientras la vida me abandona, el alegre canto del apareamiento del gorrión se va haciendo cada vez más lejano, casi imperceptible, hasta que por fin dejo de volar.
P. Servián Vives. IES “Juan de Aréjula”. Lucena.
Pequeño diálogo literario
La clase terminó como siempre: un timbre entre bostezos.
Los alumnos salieron contentos, pues era por fin viernes. La clase se sumió en ese silencio tan poco habitual por las mañanas y tan cotidiano por las tardes.
El somnoliento libro de Filosofía se acercó al de Lengua:
─¡Menos mal que ya es viernes! Por fin puedo descansar, estoy hasta el epílogo de temas tan densos.
El libro de Lengua, tan pedante como siempre, respondió:
─Tú mismo, yo voy a disfrutar del fin de semana. He quedado con el libro de Biología en la biblioteca. Dice que va a enseñarme Anatomía...
Ana María Pineda López. IES Ángel de Saavedra. Córdoba
De un bocado engullí media magdalena mientras chateaba. Cuál fue mi sorpresa cuando al teclear estuve a punto de aplastar sobre la tecla “F” a una pequeñísima hormiga apenas más grande que un guión. La hormiga entablaba una dura batalla por apropiarse de una miga que duplicaba su tamaño, pero parecía querer llevarse ese trozo de la magdalena costara lo que costara. Subió con dificultad sobre la “U”. Una vez arriba, la agarró con fuerza y la arrastró con decisión hasta que llegó a la “K” en la que ya estaba agotada, pero decidió no rendirse, le pegó un mordisquito a la magdalena con su pequeña mandíbula y prosiguió su viaje. La arrastró de espaldas hasta que llegó a la “Ѩ” en la que parecía que todo estaba perdido, porque estaba agotada; pero sacó fuerzas de donde no las tenía para proseguir su camino, después se deslizó a la tecla “ctrl”, y llegó a la inmensa “Enter” que se extendía ante ella como inmensa llanura gris y cuando parecía que se había alzado con su trofeo me puse a teclear y, sin querer, la aplasté con mis grandes dedos.
Jesús Ayala Jiménez. IES “Luis de Góngora”. Córdoba
Cuando vio la carta debajo de la puerta supo que algo debía haber pasado. Las cartas se escriben con la intención de comunicar algo a alguien: espero que estés bien, le cortaremos el agua si no paga los recibos, te juro que te he echado de menos…. Sin embargo, aquella carta de la puerta era extraña, tan sumamente extraña que mirándola no pudo evitar contener el aliento. Otra carta, otra más que se sumaba al enorme montón de cartas de encima del armario. ¿Qué sería esta vez?, se preguntó. “Ojalá contestes”, “ojalá que vuelvas”, “ojalá que sigas vivo”. Ojalá, ojalá…. pensó él. Lo único que sabía aquel fantasma a ciencia cierta era que no estaba vivo. Tampoco estaba muerto. Estaba justo en la línea que separa ambos estados. “Y ella está decidida a decidirme a tomar uno”, pensó aquel hombre que, pese a su esfuerzo, no había olvidado.
Lucía López Zurita. IES “Séneca”·
Estos textos los escribió Joaquín Pérez Azaustre, el escritor invitado al acto celebrado en la Diputación en pasadas ediciones de la Muestra (2008 y 2009). Fueron publicados en El Día de Córdoba Tras su lectura, seguro que os animáis aún más a participar con vuestros alumnos en la Muestra de este año.
Más narrativa desde el aula
Narrativa desde el Aula es una expresión de plenitud, una muestra viva, imprescindible, de cómo la auténtica vocación docente, amparada por el acertado baluarte institucional, puede dar al día unos frutos henchidos de sabor. No hay mejor sabor para la narrativa andaluza, y para la juventud cordobesa de toda la provincia, que asistir a este deslumbramiento anual que significa la muestra de Narrativa desde el Aula. La fórmula, no por conocida deja de ser sencilla y eficiente: un grupo de profesores de distintos institutos trabajan, a lo largo del curso y su cansancio, entre el agotamiento y la eficacia lírica, los relatos cortos de los chicos, que en un acto final, ya fin de fiesta, leen sus textos en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Córdoba. Allí, asistirán a la presentación del libro en el que se publican los textos de los muchachos participantes en la edición de Narrativa desde el Aula del año anterior, recibirán un diploma como recuerdo y también una bolsa de libros. Pero, en realidad, lo que han disfrutado estos muchachos y muchachas de la provincia de Córdoba es su primera experiencia literaria, en forma de tertulia compartida, poliédrica y coral, oyéndose entre ellos, porque pertenecen a distintos institutos de todas las latitudes cordobesas y, sobre todo, porque su edad oscila entre los 12 y los 17 años, y resulta increíble comprobar cómo esta juventud en la escritura lleva ya el instinto narrador, el olfato nervudo de una historia.
Así, chicos y chicas de los institutos Blas Infante, Fuensanta, Séneca o Colonial de Fuente Palmera, entre otros tantos, se han encontrado en la Diputación, después de un curso de trabajo en el tallado exacto de los textos, en la minucia activa en el relato breve, no sólo para leerlos a los otros, sino también, y quizá más importante, para escucharse. Para quienes vivimos nuestra primera adolescencia soñando con encontrar un profesor parecido lejanamente al Keating de El Club de los Poetas Muertos, conocer a estos maestros no sólo del idioma y la gramática, sino también de la pura creación y su argamasa, es una redención frente al futuro.
El miércoles, en la Diputación, cuando José Mariscal, diputado de Cultura, evocó de manera honda y conmovida el terrible accidente de Villaviciosa, donde había muerto un niño como ellos, se hizo más palpable que otras veces cómo la palabra modelada, lanzada hacia los otros y esgrimida no es que nos aísle del dolor, sino que nos amansa las heridas de cualquier expresión de la tragedia. Estos jóvenes narradores escriben sobre todo, y todo lo hacen bien: relato fantástico, gótico, superheroico, negro, mafioso, aventurero, realista, social, documental, risa y lágrima. Enhorabuena a los profesores y a los directores de los centros por saber impulsar, con entusiasmo y generosidad, esta vocación de exquisitez.
JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
MUESTRA DE NARRATIVA
Narrativa desde el Aula es una vocación, pero también una actividad sostenida en el tiempo que ha ido generando una corriente de verdaderos escritores jóvenes. Para quienes creemos en el poder redentor de la literatura, poder asistir un año más a la reunión de todos estos chicos talentosos en la Diputación y comprobar no sólo que cada año escriben mejor que el anterior, sino también que cada curso siguen renovando sus propuestas y alcanzando un mayor calado íntimo, es una celebración honrada de la Capitalidad Cultural y del verdadero amor a la enseñanza libre. Así, durante todo un curso, un grupo de profesores entusiastas dedican su energía a tutelar esta inspiración de los alumnos, que en el taller de Narrativa desde el Aula cultivan el relato breve y largo, de manera que la docencia se convierte así en matriz resplandeciente de una nueva remesa de escritores, pero también de ciudadanos lúcidos.
Luego, en un acto en la Diputación, los chavales que han participado en esta actividad reciben un diploma y una bolsa de libros. No se trata de un concurso, como ha dicho José Mariscal, el diputado de Cultura, sino de una gran tertulia literaria en la que por primera vez todos estos chicos y chicas escritoras se escuchan entre sí, pueden calibrar la multiplicidad de voces y registros que viven entre sí, que son pluralidad en la mirada exacta de la prosa. Ayer pude escuchar, de labios de sus propios autores, relatos de alumnos de los institutos Fuensanta, La Escribana, Felipe Solís de Cabra, Colonial de Fuente Palmera, también de Rute, el Ángel de Saavedra, Medina Azahara, Séneca y Blas Infante, de entre un total de trece institutos de toda la provincia que han engrosado, este año, el presente curso de Narrativa desde el Aula. Las propuestas de todos estos escritores y escritoras tan bisoños son una plenitud de lo posible, desde las absolutamente realistas, de objetivismo periodístico y hasta fotográfico, hasta la fantasía más despampanante, más jugosa y plástica: así, están presentes como siempre el realismo social, la literatura de denuncia, el drama doméstico de la violencia contra las mujeres, y también la huida adolescente, además del miedo sostenido a la pérdida del paraíso de la infancia. Hay relatos que remiten a Benet y Unamuno, con el lago que oculta una verdad mítica, y también la mejor narración social de los 50, Martín Santos y Juan García Hortelano. Son escritores niños, son escritoras niñas, pero ya conocen el valor de la sugerencia por encima de la información explícita. Conocen el valor del claroscuro, y del desdoblamiento en varios personajes, y hasta La mujer del cuadro de Fritz Lang o Laura, de Otto Preminger, han encontrado eco en un maravilloso relato titulado El cuadro. Fue la fiesta grande de la narrativa joven cordobesa, que está viva.
JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
Desde aquí se nos invita a visitar el blog LA HORA DEL LECTOR. Su objetivo es fomentar la lectura entre los alumnos de la ESO. La dirección es:
http://horadelector.blogspot.com/
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jueves, 21 de enero de 2010
viernes, 10 de julio de 2009
BIBLIOTECA. FILOSOFÍA. "Ética para Amador", de Fernando Savater
En esta edición, con fecha 26 de enero de 1991, antes de comenzar el libro propiamente dicho, Fernando Savater escribía un AVISO ANTIPEDAGÓGICO, en el que, entre otras cosas, decía:Este libro no es un manual de ética para alumnos de bachillerato (...).
Tampoco se trata de un recetario de respuestas moralizantes a los problemas cotidianos (...).
¿Tiene que hablarse de ética en la enseñanza media? (...) ...no estoy nada seguro de que deban evitarse unas primeras consideraciones generales sobre el sentido de la libertad ni que basten a este respecto unas cuantas consideraciones deontológicas incrustadas en cada una de las restantes disciplinas. La reflexión moral no es solamente un asunto especializado más para quienes deseen cursar estudios superiores de filosofía sino parte esencial de cualquier educación digna de ese nombre.
Este libro (...) Ha sido pensado y escrito para que puedan leerlo los adolescentes: probablemente enseñará muy pocas cosas a sus maestros. Su objetivo no es fabricar ciudadanos bienpensantes (ni mucho menos malpensados), sino estimular el desarrollo de librepensadores.
Publicado por la editorial Ariel, es la 44ª edición, de julio del 2003, tiene 191 páginas, y se encuentra en la BIBLIOTECA (hay cuatro ejemplares).
viernes, 12 de junio de 2009
BIBLIOTECA. "Un día de cólera", de Arturo Pérez-Reverte
Este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Héroes y cobardes, víctimas y verdugos, la Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia, aportan datos rigurosos para el historiador y ponen límites a la imaginación del novelista. Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los sucesos narrados y muchas de las palabras que se pronuncian. El autor se limita a reunir, en una historia colectiva, medio millar de pequeñas y oscuras historias particulares registradas en archivos y libros. Lo imaginado, por tanto, se reduce a la humilde argamasa narrativa que une las piezas. Con las licencias mínimas que la palabra novela justifica, estas páginas pretenden devolver la vida a quienes, durante doscientos años, sólo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de víctimas en los documentos oficiales.(Palabras del autor en la introducción)
Un día de cólera está editada en "Punto de Lectura", tiene 425 páginas y la puedes encontrar en la BIBLIOTECA.
jueves, 11 de junio de 2009
BIBLIOTECA. "Aventuras filosóficas: ATRAPADOS EN EL MISTERIO", de Mª José Molina Mestre
Aventuras filosóficas: ATRAPADOS EN EL MISTERIO es una obra cuya originalidad radica en dar formato de novela al método socrático del diálogo a través del cual, y de manera divulgativa, se pretende esquematizar la historia de la ética y tratar los temas principales de las corrientes filosóficas.Sus protagonistas son dos personas muy distintas, que comparten una aventura apasionante a través de la comunicación personal y el diálogo sincero.
Cierto misterio y alguna dosis de intriga permiten atrapar al lector más joven y lograr su interés por cuestiones esenciales en la vida.
(Texto de la contracubierta)
Publicada por la editorial BRIEF, en su colección "Juvenil. Historias con miga", incluye en sus últimas páginas unas llamadas Actividades inteligentes, que pretenden ser un "Estudio sobre temas sugeridos en la novela": ÉTICA, FILOSOFÍA, RELIGIÓN, DIGNIDAD HUMANA, PROBLEMAS DE LA EXISTENCIA HUMANA.
Está en la BIBLIOTECA.
lunes, 11 de mayo de 2009
MARIANO JOSÉ DE LARRA. Poemas de Gimferrer y de García Montero
Como sabemos, se conmemora este año el 200 aniversario del nacimiento de Mariano José de Larra. En este blog ya se han publicado varias entradas (para verlas, ir a las etiquetas). En ésta, podemos leer dos poemas dedicados al escritor del Romanticismo:
Larra
Cuánta luz en la estancia. Del alero
en mis pestañas cae un pliegue púrpura.
Es invierno en Europa. Los quinqués,
el sol en los oscuros cenadores,
las bujías, qué oro declinante
para esos fantasmas de plastrón.
Coches de punto en el jardín, moaré,
en el violento aroma de las lilas
mirando con gemelos de teatro
un dragón verde al fondo del estanque.
Cuerpos en fiebre se unen sólo a oscuras,
cuando ahogan cortinas y antifaces
la pasión que de piel a piel llamea.
El amor fue en Madrid. Sutil tijera
de escarcha. Adiós. En caja de cristal
o en tarro de ámbar como mariposas
no guardes esas cartas, ni en la esquina
más perfumada de tu secreter.
Mi amor, mi amor. Cómo me están doliendo
con esta luz de atardecer los ojos.
PERE GIMFERRER
LARRA
Día de primavera de 1836
Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles y pide
una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.
A la casa del frío
regresaré mañana, cuando el tiempo
exponga sus razones
y el corazón pregunte
lo que falta por ver,
cuántos latidos
pueden quedarle para detenerse.
LUIS GARCÍA MONTERO
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miércoles, 25 de marzo de 2009
CIENCIA. FÍSICA. "La huella de Einstein"
"La huella de Einstein" es una extensa unidad didáctica. Está en pdf.
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sábado, 21 de marzo de 2009
CUENTO SEMANAL 3. "Chickamauga", de Ambrose Bierce
Aunque bastante conocido, es una obra maestra. Merece la pena leerlo una y otra vez. Chickamauga
Ambrose Bierce
Ambrose Bierce
En una tarde soleada de otoño, un niño perdido en el campo, lejos de su rústica vivienda, entró en un bosque sin ser visto. Sentía la nueva felicidad de escapar a toda vigilancia, de andar y explorar a la aventura, porque su espíritu, en el cuerpo de sus antepasados, y durante miles y miles de años, estaba habituado a cumplir hazañas memorables en descubrimientos y conquistas: victorias en batallas cuyos momentos críticos eran centurias, cuyos campamentos triunfales eran ciudades talladas en peñascos. Desde la cuna de su raza, ese espíritu había logrado abrirse camino a través de dos continentes y después, franqueando el ancho mar, había penetrado en un terreno donde recibió como herencia la guerra y el poder.
Era un niño de seis años, hijo de un pobre plantador. Éste, durante su primera juventud, había sido soldado, había luchado en el extremo sur. Pero en la existencia apacible del plantador, la llama de la guerra había sobrevivido; una vez encendida, nunca se apagó. El hombre amaba los libros y las estampas militares, y el niño las había comprendido lo bastante para hacerse un sable de madera que el padre mismo, sin embargo, no hubiera reconocido como tal. Ahora llevaba este sable con gallardía, como conviene al hijo de una raza heroica, y separaba de tiempo en tiempo en los claros soleados del bosque para asumir, exagerándolas, las actitudes de agresión y defensa que le fueron enseñadas por aquellas estampas. Enardecido por la facilidad con que echaba por tierra a enemigos invisibles que intentaban detenerlo, cometió el error táctico bastante frecuente de proseguir su avance hasta un extremo peligroso, y se encontró por fin al borde de un arroyo, ancho pero poco profundo, cuyas rápidas aguas le impidieron continuar adelante, a la caza de un enemigo derrotado que acababa de cruzarlo con ilógica facilidad. Pero el intrépido guerrero no iba a dejarse amilanar; el espíritu de la raza que había franqueado el ancho mar ardía, invencible, dentro de aquel pecho menudo, y no era sencillo sofocarlo. En el lecho del río descubrió un lugar donde había algunos cantos rodados, espaciados a un paso o a un brinco de distancia; gracias a ellos pudo atravesarlo, cayó de nuevo sobre la retaguardia de sus enemigos imaginarios, y los pasó a todos a cuchillo.
Ahora, una vez ganada la batalla, la prudencia exigía que se replegara sobre la base de sus operaciones. ¡Ay!, como tantos otros conquistadores más grandes que él, como el más grande de todos, no podía ni refrenar su sed de guerra ni comprender que el más afortunado no puede tentar al Destino. De pronto, mientras avanzaba desde la orilla, se encontró frente a un nuevo y formidable adversario. A la vuelta de un sendero, con las orejas tiesas y las patas delanteras colgantes, muy erguido, estaba sentado un conejo. El niño lanzó una exclamación de asombro, dio media vuelta y escapó sin saber qué dirección tomaba, llamando a su madre con gritos inarticulados, llorando, tropezando, con su tierna piel cruelmente desgarrada por las zarzas, su corazoncito palpitando de terror, sin aliento, enceguecido por las lágrimas, perdido en el bosque. Después, durante más de una hora, sus pies vagabundos lo llevaron a través de malezas inextricables, y por fin, rendido de cansancio, se acostó en un estrecho espacio entre dos rocas a pocas yardas del río. Allí, sin dejar de apretar su sable de madera, que no era ya para él un arma sino un compañero, se durmió a fuerza de sollozos. Encima de su cabeza, los pájaros del bosque cantaban alegremente; las ardillas, castigando el aire con el esplendor de sus colas, chillaban y corrían de árbol en árbol, ignorando al niño lastimero; y en alguna parte, muy lejos, gruñía un trueno, extraño y sordo, como si las perdices redoblaran para celebrar la victoria de la naturaleza sobre el hijo de aquellos que, desde tiempos inmemoriales, la han reducido a la esclavitud. Y del otro lado, en la pequeña plantación, donde hombres blancos y negros, llenos de alarma, buscaban afiebradamente en los campos y los cercos, una madre tenía el corazón destrozado por la desaparición de su hijo.
Pasaron las horas y el pequeño durmiente se levantó. La frescura de la tarde transía sus miembros; el temor a las tinieblas, su corazón. Pero había descansado y ya no lloraba. Impulsado a obrar por un impulso ciego, se abrió camino a través de las malezas que lo rodeaban hasta llegar a un extremo más abierto: a su derecha, el arroyo; a su izquierda, una suave pendiente con unos pocos árboles; arriba, las sombras cada vez más densas del crepúsculo. Una niebla tenue, espectral, a lo largo del agua, le inspiró miedo y repugnancia; en lugar de atravesar el arroyo por segunda vez en la dirección en que había venido, le dio la espalda y avanzó hacia el bosque sombrío que lo cercaba. Súbitamente, ante sus ojos, vio desplazarse un objeto extraño que tomó al principio por un enorme animal: perro, cerdo, no lo sabía; quizá fuera un oso. Había visto imágenes de osos y, como no abrigaba temor hacia ellos, había deseado vagamente encontrar uno. Pero algo en la forma o en el movimiento de aquel objeto, algo torpe en su andar, le dijo que no era un oso; el miedo refrenó la curiosidad, y el niño se detuvo. Sin embargo, a medida que la extraña criatura avanzaba con lentitud, aumentó su coraje porque advirtió que no tenía, al menos, las orejas largas y amenazadoras del conejo. Quizá su espíritu impresionable era consciente a medias de algo familiar en ese andar vacilante, ingrato. Antes de que se hubiera acercado lo suficiente para disipar sus dudas, vio que la criatura era seguida por otra y otra y otra. Y había muchas más a derecha e izquierda: el campo abierto que lo rodeaba hormigueaba de aquellos seres, y todos avanzaban hacia el arroyo.
Eran hombres. Trepaban con las manos y las rodillas. Algunos sólo usaban las manos, arrastrando las piernas; otros, sólo las rodillas, y los brazos colgaban, inútiles, de cada lado. Trataban de ponerse en pie, pero se abatían en el curso de su esfuerzo, el rostro contra la tierra. Nada hacían normalmente, nada hacían de igual manera, salvo esa progresión pie por pie en el mismo sentido. Uno por uno, dos por dos, en pequeños grupos, continuaban avanzando en la penumbra; a veces, algunos hacían un alto, otros se les adelantaban, arrastrándose con lentitud, y aquellos, entonces, reanudaban el movimiento. Llegaban por docenas y por centenares; se extendían a derecha e izquierda hasta donde podía escrutarse en la oscuridad creciente, y el bosque negro detrás de ellos parecía interminable. El suelo mismo parecía desplazarse hacia el arroyo. De tiempo en tiempo, uno de aquellos que habían hecho un alto no reanudaba su camino y yacía inmóvil: estaba muerto. Algunos se detenían y gesticulaban de manera extraña: levantaban los brazos y los dejaban caer de nuevo, se tomaban la cabeza con ambas manos, extendían sus palmas hacia el cielo como hacen ciertos hombres durante las plegarias que dicen en común.
El niño no reparó en todos estos detalles que sólo hubiera podido advertir un espectador de más edad. Sólo vio una cosa: eran hombres, y, sin embargo, se arrastraban como niñitos. Eran hombres, nada tenían pues de terrible, aunque algunos llevaran vestimentas que desconocía. Caminó libremente en medio de ellos, mirándolos de cerca con infantil curiosidad. Los rostros de todos eran singularmente pálidos; muchos estaban cubiertos de rastros y gotas rojas. Esto, unido a sus actitudes grotescas, le recordó al payaso pintarrajeado que había visto en el circo el verano anterior, y se puso a reír al contemplarlos. Pero esos hombres mutilados y sanguinolentos no dejaban de avanzar, sin advertir, al igual que el niño, el dramático contraste entre la risa de éste y su propia y horrible gravedad. Para el niño era un espectáculo cómico. Había visto a los negros de su padre arrastrarse sobre las manos y las rodillas para divertirlo: en esta posición los había montado, «haciendo creer» que los tomaba por caballos. Y entonces se aproximó por detrás a una de esas formas rampantes, y después, con un ágil movimiento, se le sentó a horcajadas. El hombre se desplomó sobre el pecho, recuperó el equilibrio, furiosamente, hizo caer redondo al niño como hubiera podido hacerlo un potrillo salvaje y después volvió hacia él un rostro al que le faltaba la mandíbula inferior; de los dientes superiores a la garganta, se abría un gran hueco rojo franjeado de pedazos de carne colgante y de esquirlas de hueso. La saliente monstruosa de la nariz, la falta de mentón, los ojos montaraces, daban al herido el aspecto de un gran pájaro rapaz con el cuello y el pecho enrojecidos por la sangre de su presa. El hombre se incorporó sobre las rodillas. El niño se puso de pie. El hombre lo amenazó con el puño. El niño, por fin aterrorizado, corrió hasta un árbol próximo, se guareció detrás del tronco, y después encaró la situación con mayor seriedad. Y la siniestra multitud continuaba arrastrándose, lenta, dolorosa, en una lúgubre pantomima, bajando la pendiente como un hormigueo de escarabajos negros, sin hacer jamás el menor ruido, en un silencio profundo, absoluto.
En vez de oscurecerse, el hechizado paisaje comenzó a iluminarse. Más allá del arroyo, a través de la cintura de árboles, brillaba una extraña luz roja sobre la cual se destacaba el negro encaje de las ramas; golpeaba las siluetas rampantes y proyectaba sobre ellas monstruosas sombras que caricaturizaban sus movimientos en la hierba iluminada; caía en sus rostros, teñía su palidez de un color bermellón, acentuando las manchas que distorsionaban y maculaban a tantos de ellos, y centelleaba sobre los botones y las partes metálicas de sus ropas. Por instinto, el niño se volvió hacia aquel esplendor siempre creciente, y bajó la colina con sus horribles compañeros; en pocos instantes, había pasado al primero de la multitud, hazaña fácil dada su manifiesta superioridad sobre todos. Se colocó a la cabeza, el sable de madera siempre en la mano, y dirigió la marcha, adaptando su andar al de ellos, solemne, volviéndose de vez en cuando para verificar que sus fuerzas no quedaban atrás. A buen seguro, nunca un jefe tuvo semejante séquito.
Esparcidos por el terreno que enangostaba lentamente aquella marcha atroz de la multitud hacia el agua, había algunos objetos que no provocaban ninguna asociación de ideas significativa en el espíritu del jefe: en algunos lugares, una manta enrollada a lo largo, con las dos puntas atadas por una cuerda; aquí, una pesada mochila de soldado; allá, un fusil roto; en suma, esos desechos que se encuentran en la retaguardia de las tropas en retirada, jalonando la pista de los vencidos que han huido de sus perseguidores. En todos lados junto al arroyo, bordeado en aquel sitio por tierras bajas, el suelo había sido hollado y transformado en lodo por los pies de los hombres y los cascos de los caballos. Un observador más experimentado habría advertido que esas huellas iban en ambas direcciones; dos veces habían pasado por el terreno: avanzando, retrocediendo. Algunas horas antes, aquellos heridos sin esperanza habían penetrado en el bosque por millares, en compañía de sus camaradas más felices, muy lejos ahora. Sus batallones sucesivos, dispersándose en enjambres y reformándose en líneas, habían desfilado junto al niño dormido, por poco lo habían pisoteado en su sueño. El ruido y el murmullo de su marcha no lo habían despertado. Casi a la distancia de un hondazo del lugar en que estaba acostado, habían librado batalla; pero el niño no había oído el estruendo de los fusiles, el estampido de los cañones, «la voz tonante de los capitanes y los clamores». Había dormido durante casi todo el combate, apretando contra su pecho el sable de madera, quizá por inconsciente simpatía hacia el conjunto marcial que lo rodeaba, pero tan insensible a la magnificencia de la lucha como a los caídos que allí habían muerto para hacerla gloriosa. Más allá de los árboles, del otro lado del arroyo, ahora el fuego se reflejaba sobre la tierra desde lo alto de su bóveda de humo y bañaba todo el paisaje, transformando en vapor dorado la línea sinuosa de la niebla. Sobre el agua brillaban anchas manchas rojas, y rojas eran igualmente casi todas las piedras que emergían. Pero sobre aquellas piedras había sangre: los heridos menos graves las habían maculado al pasar. Gracias a ellas, también, el niño cruzó el arroyo a paso rápido; iba hacia el fuego. Una vez en la otra orilla, se volvió para mirar a sus compañeros de marcha. La vanguardia llegaba al arroyo. Los más vigorosos se habían arrastrado hasta el borde y habían hundido el rostro en el agua. Tres o cuatro, que yacían inmóviles, parecían no tener ya cabeza. Ante ese espectáculo, los ojos del niño se dilataron de asombro; por hospitalario que fuera su espíritu, no podía aceptar un fenómeno que implicara pareja vitalidad. Después de haber abrevado su sed, aquellos hombres no habían tenido fuerzas para retroceder ni mantener sus cabezas por encima del agua: se habían ahogado. Detrás de ellos, los claros del bosque permitieron ver al jefe, como al principio de su marcha, innumerables e informes siluetas. Pero no todas se movían. El niño agitó su gorra para animarlas y, sonriendo, señaló con el sable de madera en dirección a la claridad que lo guiaba, columna de fuego de aquel extraño éxodo.
Confiando en la fidelidad de sus compañeros, penetró en la cintura de árboles, la franqueó fácilmente, a la luz roja, escaló una empalizada, atravesó corriendo un campo, volviéndose de tiempo en tiempo para coquetear con su obediente sombra, y, de tal modo, se aproximó a las ruinas de una casa en llamas. Por doquiera, la desolación. A la luz del inmenso brasero, no se veía un ser viviente. No se preocupó por ello. El espectáculo le gustaba y se puso a bailar de alegría como bailaban las llamas vacilantes. Corrió aquí y allá para recoger combustibles, pero todos los objetos que encontraba eran demasiado pesados y no podía arrojarlos al fuego, dada la distancia que le imponía el calor. Desesperado, lanzó su sable a la hoguera: se rendía ante las fuerzas superiores de la naturaleza. Su carrera militar había terminado.
Como cambiara de lugar, detuvo la mirada en algunas dependencias cuyo aspecto era extrañamente familiar: tenía la impresión de haber soñado con ellas. Se puso a reflexionar, sorprendido, y de pronto la plantación entera, con el bosque que la rodeaba, pareció girar sobre su eje. Vaciló su pequeño universo, se trastocó el orden de los puntos cardinales. ¡En los edificios en llamas reconoció su propia casa!
Durante un instante quedó estupefacto por la brutal revelación. Después se puso a correr en torno a las ruinas. Allí, plenamente visible a la luz del incendio, yacía el cadáver de una mujer: el rostro pálido vuelto al cielo, las manos extendidas, agarrotadas y llenas de hierba, las ropas en desorden, el largo pelo negro, enmarañado, cubierto de sangre coagulada; le faltaba la mayor parte de la frente, y del agujero desgarrado salía el cerebro que desbordaba sobre las sienes, masa gris y espumosa coronada de racimos escarlata obra de un obús. El niño hizo ademanes salvajes e inciertos. Lanzó gritos inarticulados, indescriptibles, que hacían pensar en los chillidos de un mono y en los cloqueos de un ganso, sonido atroz, sin alma, maldito lenguaje del demonio. El niño era sordomudo.
Después permaneció inmóvil, los labios temblorosos, los ojos fijos en las ruinas.
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lunes, 16 de febrero de 2009
BIBLIOTECA. COEDUCACIÓN. "¿Todo por amor?". Rosa Sanchis

Lleva como subtítulo Una experiencia educativa contra la violencia a la mujer. Es una historia de amor a la educación como motor y combustible de vida, y también la constatación de que se puede amar y crecer a la vez, amar sin cortar las propias alas y ampliar el territorio. El territorio del libro está formado, en consecuencia, por los relatos y las valoraciones de los alumnos que han pasado por las clases de educación afectiva y sexual de Rosa Sanchis, por sus discusiones y por un saber teórico, fruto de quince años de estudio y trabajo a pie de clase.Publicado por Octaedro, en la colección "Rosa Sensat", fue "Premio de Pedagogía Rosa Sensat 2005", y está en la BIBLIOTECA.
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BIBLIOTECA. GEOGRAFÍA E HISTORIA. "Repensar la enseñanza de la geografía y la historia. Una mirada desde el género". VV.AA.


Este volumen, escrito por una antropóloga y varias profesoras de Secundaria, proporciona pautas y abre posibilidades de trabajo en el aula de geografía e historia. Su intención es recuperar protagonismos distintos de los que se suelen ofrecer, para ayudar al alumnado a tener una visión de la dinámica social que no dependa exclusivamente de los personajes que ocupan el escenario público, y comprender que las opciones individuales tienen repercusiones en la propia vida, en las vidas de las personas que nos rodean y en las de las generaciones venideras.
En la primera parte, se fundamenta teóricamente la necesidad de abordar la enseñanza de las Ciencias Sociales desde la complejidad, para posibilitar una visión menos restringida de la dinámica social, y enriquecer dicha perspectiva rescatando la presencia y aportación de las mujeres, la mitad de la humanidad, en el devenir histórico. En la segunda, se desarrollan las propuestas para el trabajo en el aula en torno a nueve núcleos temáticos (creación artística, espacio, feminismo, fuentes, género, maternidad, patriarcado, trabajo, sexismo y androcentrismo). En cada voz se hace un repaso de cuál es su presencia actual en el currículum oficial y en los materiales curriculares, se ofrecen otras perspectivas y se plantean actividades alternativas para su trabajo en el aula.
Publicado por Octaedro, en la colección "Recursos", sus autoras son Encarna Hidalgo, Dolores Juliano. Montserrat Roset y Àngels Caba.
ESTÁ EN LA BIBLIOTECA.
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jueves, 29 de enero de 2009
JUEGOS DE PALABRAS
Página dedicada a los mil y un juegos de palabras que podemos tejer con nuestro idioma; nos vamos a encontrar con muchísimos ejemplos de todo: animaladas, apellidos, acrósticos, chistes, citas, etimología, etc., etc.Entra en la página
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viernes, 23 de enero de 2009
BIBLIOTECA. "Mi familia y otros animales", de Gerald Durrell


El original estilo narrativo de Gerald Durrell, combinación de varios géneros, como el retrato de gentes y lugares, la autobiografía y el relato humorístico, explica el gran éxito obtenido desde el día de su publicación por Mi familia y otros animales. Primera parte de su divertida trilogía de Corfú, proseguida con Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Presenta una ágil y graciosa galería de personajes: Larry (el futuro autor del "Cuarteto de Alejandría") y sus estrafalarias amistades, mamá Durrell y su inagotable sentido común, Spiro (el corfuano angloparlante) y toda una serie de animales retratados como sólo puede hacerlo quien a lo largo de toda una vida los ha tratado con inteligencia y ternura. (Texto de la contracubierta del libro, editado por Alianza, en "El libro de bolsillo").
Está en la biblioteca.
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