Mostrando entradas con la etiqueta eufemismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eufemismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de julio de 2011

PRENSA. "Vocabulario", columna de Almudena Grandes

Almudena Grandes

   En "El País":
Vocabulario

ALMUDENA GRANDES 04/07/2011

   Ya nos hemos aprendido reforma, y otros términos derivados que forman su familia semántica: ajuste, austeridad, ahorro, moderación, control, flexibilidad, credibilidad. Todas estas palabras están vinculadas estrechamente entre sí por criterios ajenos a los que cimentan la tradición lingüística. No tienen el mismo origen, no provienen de un tronco común, no son sinónimas, homófonas, ni homónimas. Sin embargo, en los últimos tiempos, todas comparten una función que desborda la definición clásica del eufemismo. Hasta ahora, su naturaleza consistía en expresar con claridad y precisión un concepto. Ahora sirven para todo lo contrario, es decir, para enmascarar la verdadera condición del concepto al que aluden.
   El lenguaje es la herramienta más poderosa con la que cuentan los seres humanos. Dúctiles, elásticas, maleables, tan universales como a la vez sujetas a un perpetuo proceso de creación y recreación, las palabras, que en teoría designan una idea, tienen el poder de modificar la idea de la que provienen. Así, no solo sirven para expresar la verdad. También pueden emplearse para convertir verdades en mentiras encubiertas.
   Lo que hoy se llama reformas, antes se llamaba neoliberalismo. Lo que hoy se llama flexibilidad del mercado laboral, hace muy poco se llamaba despido libre. Así, ajustes ha sustituido a privatizaciones, austeridad ha reemplazado a abandono de los servicios públicos, y credibilidad a docilidad ante las exigencias de los mercados financieros. La lista es cada día un poco más larga, el panorama, un poco más negro. Pero aunque la sociedad esté inerme como nunca frente a una hidra inmortal, de incontables cabezas, deberíamos reivindicar, antes que nada, la dignidad del lenguaje, la verdadera función de las palabras. Llamemos a las cosas por su nombre. Al margen de ese empeño, ninguna rebeldía será posible.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

PRENSA. "Los Bling Bling", por Manuel Rivas

Manuel Rivas

En "El País":
Los Bling Bling

MANUEL RIVAS 18/09/2010

Utilizada en sus inicios por los raperos más enjoyados, Bling Bling es la popular y onomatopéyica denominación que recibe el estilo dominante en la actual derecha francesa. Alude a la ostentación, la presunción y la jactancia. En realidad, la política tintineante del Bling Bling se extiende por Europa. Es un populismo trucho, tramposo, practicado por élites que, en el fondo, desprecian al pueblo al que adulan. Prueba de ese desprecio son los instintos que azuzan: el odio y el miedo. Si respetasen de verdad a su nación, no la enlodarían con la indiferencia ante el dolor ajeno, con el desprecio al "otro", con episodios que pasarán a la historia de la infamia. En un cuento tradicional, Viviane Reding sería el espejo que dice la verdad. Por eso la comisaria de Justicia europea se ha quedado sola, mientras los Bling Bling que hoy gobiernan Europa van colocando gasas negras en todos los espejos para la gran operación que se ensaya con la expulsión de los gitanos: la Expulsión de la Verdad y la puesta en marcha del Estado de Coerción Permanente. El operativo está funcionando con éxito ejemplarizante. La comisaria se ha tenido que cortar la lengua y Sarkozy se la ha comido estofada. Alguien se ha comido, de paso, la instrucción canalla que explicitaba el objetivo étnico de la gran redada. En la expulsión de la verdad, juega un papel esencial la producción de eufemismos. Eso de lo que alertaba Walter Benjamin: presentar como documentos de civilización lo que tiene un envés de barbarie. Así, la expulsión se convierte en "devolución" (Sarkozy), y la persecución de un pueblo en "orden" (Rajoy). Hablando de eufemismos, días atrás encontré en el cajón desastre de Internet una página en la que miembros de la PIDE, policía política de la dictadura de Salazar, trataban de lavar la imagen de tan ilustre corporación. Así, a la tortura la denominaban "ausencia de confort". ¡Bling, bling!