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viernes, 29 de noviembre de 2013

PRENSA. "El manual católico para sumisas": 'La mortificación nos gusta'"

   En "blogs.elpais":

El manual católico para sumisas: "La mortificación nos gusta"

Por:  27 de noviembre de 2013
Pocas veces un libro ha levantado tanta polvareda y tantas críticas en contra. Y, lo que es más llamativo, ha unido a los partidos políticos. Cásate y sé sumisa es un libro escrito por la periodista italiana Costanza Miriano y editado en España por la editorial Nuevo Inicio, creada por el polémico arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, uno de los prelados más conservadores de la jerarquía eclesiástica.
El título ya dice mucho, y que esté expresado en imperativo, aún más. Si a eso le añadimos el párrafo de la contraportada usado por la editorial para promocionarlo en su página web, pues la mecha se enciende sola: “Ahora es el momento de aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión. Y, entre nosotras, podemos decirlo: debajo se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo”.

El pasado lunes, la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, a quien se había criticado que no se pronunciara al respecto, pidió públicamente la retirada de la publicación porque es “una falta de respeto a las mujeres”, y así se lo ha hecho saber al Arzobispado a través de una carta enviada por la directora del Instituto de la Mujer.
Y, ante tal vendaval de críticas, ¿qué ha dicho el arzobispo? Pues el 15 de noviembre publicó un largo comunicado en su página web para defender el libro y, más o menos, hacerse el mártir. A Francisco Javier Martínez le consta que el libro “está ayudando a muchas personas” porque es una obra “evangelizadora” que “no justifica, excusa o promueve ningún tipo de violencia contra la mujer”, algo que “sí que favorece y facilita, en cambio, la legislación que liberaliza el aborto, al igual que todas las medidas que debiliten o eliminen el matrimonio”. Se refiere al de hombre y mujer, claro. El arzobispo asegura que su postura sobre el libro está “acorde con las enseñanzas de la Iglesia”, pero lo cierto es que las críticas se han producido incluso dentro de la propia jerarquía eclesiástica. El obispo de Bilbao, Mario Iceta, ha dicho que el título del libro “no refleja lo que piensa la Iglesia” en torno al matrimonio, y cree que es “provocador” y “desafortunado”. Iceta habla solo del título porque reconoce que no ha leído el libro, al igual que el portavoz de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, quien afirma que “la sumisión no se corresponde con la doctrina de la Iglesia ni el Evangelio” y que la obediencia cristiana “no es una obediencia cuartelera”. Pero Tamayo también advierte de que para opinar sobre un libro hay que “pasar de la entradilla”.
Precisamente ese ha sido el primer argumento de defensa del arzobispo sobre el libro, que todos opinaban del título y del párrafo de la contraportada, pero que parecía que nadie se lo había leído. Llegados a este punto, ¿es para tanto lo que se dice en el libro? ¿Se trata solo de un título provocador que luego se diluye en el contenido? Para averiguarlo, pues, habrá que pasar de la entradilla, como dice el portavoz de la Conferencia Episcopal.
Cásate y sé sumisa está estructurado como cartas de Costanza Miriano (42 años, casada y con cuatro hijos) a amigas y amigos, acompañadas de reflexiones -en tono distendido- sobre su experiencia como esposa y madre. Para Miriano, el éxito en el matrimonio pasa por la sumisión de la esposa al marido. “Tendrás que aprender a ser sumisa, como dice San Pablo”, dice en el texto. Y lo explica: “Cuando San Pablo le dice a las mujeres que acepten estar debajo, no piensa ni mucho menos que sean inferiores”. “La sumisión de la que habla San Pablo es un regalo, libre como todo regalo, porque, si no, sería una imposición”.
No será por imposición, pero para la autora queda claro que la mujer no se sitúa en un plano de igualdad con el hombre, sino por debajo, aunque lo diga San Pablo y Miriano se empeñe en que estar debajo no es ser inferior. Por lo pronto, nada de repartirse tareas o compartir sacrificios. La escritora se muestra en contra de lo que llama la “lógica del contrato en el matrimonio”: “Yo he cuidado a los niños para que tú fueras a jugar a fútbol-sala, tú tienes que quedarte con ellos ahora para que yo vaya al gimnasio. Más que una pareja, una empresa. Y las empresas se abren y se cierran según las exigencias del mercado. Así se entiende el vertiginoso aumento de los divorcios, con las mujeres poniendo en crisis los antiguos equilibrios -a veces con razón-, pero sin saber proponer otros nuevos”.
Así que la esposa, mejor que se quede en casa y en la cocina, y que se esmere en ello, ya que en otro pasaje le espeta a una amiga: “Es verdad, todavía no eres una cocinera experimentada ni un ama de casa perfecta. ¿Qué problema hay si te lo dice? Dile que tiene razón, que es verdad, que aprenderás. Al ver tu dulzura y tu humildad, tu esfuerzo por convertirte, también él se convertirá”.
Parece claro el papel que debe asumir cada cual en el matrimonio. “Cuando se trata de la vida en pareja (…), tres pasos atrás. Y hay que hacerlo aun cuando no entiendas el motivo, aun cuando estés íntimamente convencida de tener razón”, dice en otro párrafo. Y nada de discutir: “Si algo que él hace no te parece bien, con quien tienes que vértelas es con Dios”, porque “Dios te ha puesto al lado de tu marido, ese santo que te soporta a pesar de todo”, le dice a su amiga, porque, según Miriano, “cuando tu marido te pone furiosa siempre me parece que es por insignificancias”. Así que le aconseja: “En caso de duda, sin embargo, obedece. Sométete con confianza”. Porque el marido es como Dios: “Luigi [el supuesto marido de su amiga] es el camino que Dios ha elegido para amarte, y es tu camino hacia el cielo. Cuando te dice algo, por lo tanto, lo debes escuchar como si fuera Dios el que te habla (…) porque con frecuencia ve con más claridad que tú”. “¡Sin Luigi, Margherita no es plenamente ella misma!”.
Si eso no es anular a la mujer, que venga Dios (o San Pablo, o el arzobispo) y lo vea. Porque Miriano ahonda en ello: “¿Tengo que darle la razón aun cuando no la tenga? Yo diría que sí”. “Si solo acoges aquello que es conforme a ti, aquello que tú piensas, no estás casada con un hombre, sino contigo misma. En lugar de hacer eso, debes someterte a él”. Pero, tranquila, que no pasa nada: “Te dará miedo, porque abandonar tus propias convicciones es algo horrible. Pero no te estás arrojando al vacío, te estás arrojando a sus brazos”.
Para la autora del libro, la sumisión es la actitud que debe tomar la esposa para que el marido le haga caso: “Comprobarás, te lo puedo asegurar, que un hombre no se puede resistir a una mujer que lo respeta, que reconoce su autoridad, que se esfuerza lealmente en escucharlo, en dejar a un lado su propio modo de ver las cosas, que se muerde la lengua, que acepta por amor recorrer caminos muy distintos a los que ella hubiera elegido de estar sola”. “Poco a poco será él el que vaya a preguntarte qué piensas, qué hay que hacer, por dónde debe encaminarse la familia. Y ese respeto se conquista con el respeto, esa devoción con la sumisión”.
Una sumisión que roza el masoquismo: “La mortificación nos gusta porque es para alcanzar un bien mayor, y ese bien es acoger a tu marido, por consiguiente, engendrarte a ti misma”, se puede leer en el libro. “Es un esfuerzo de elasticidad continuo, y muchas veces te podrá parecer que tú le has dado mucho, cuando en realidad has permanecido en tu egoísmo”. Tenía razón el arzobispo, para criticar el libro hay que leerlo. Y, una vez rebasada la entradilla, se puede comprobar que el título, quizá, se queda corto.

lunes, 25 de noviembre de 2013

PRENSA. "Lecciones católicas". Justo Navarro

Justo Navarro

   En "El País":

Lecciones católicas

El libro ‘Cásate y sé sumisa’, según la autora, está en muchas librerías en la sección de humor

 24 NOV 2013

Qué cansada es aquí la discusión en torno a las ideas y los modos de vida, es decir, la discusión política. Es un debate autómata: distintas caras mueven los labios y suenan siempre las mismas cosas. Por ejemplo, existe una manía católica nacional, seguramente generada por la fortaleza bélica del catolicismo en España, y se refleja en la mención de privilegio que esa Iglesia, por encima de todas, recibe en la Constitución y en el Estatuto de Autonomía andaluz, en 1978 y en 2006, la misma historia siempre repetida. Pero la obsesión católica también se ve en la controversia inacabable entre contrarios y partidarios de las doctrinas vaticanas, la misma función teatral una y otra vez.
El último episodio se ha representado a propósito de un libro de la italiana Costanza Miriano, Cásate y sé sumisa, traducido por Mariano Catarecha y Sebastián Montiel para la editorial de la archidiócesis de Granada Nuevo Inicio. Cásate y sé sumisa, según la autora, está en muchas librerías en la sección de humor. En L'Osservatore Romano, el periódico papal, el 20 de abril de 2011 y en primera página, Lucetta Scaraffia definía la obra como “un divertido manual de evangelización”, de título provocativo, “con un estilo próximo al de las chicas de Sexo en Nueva York”. (Traduzco lo más literalmente que puedo). Menos discutible es lo que ha escrito la propia Miriano en su blog: “Si tuvieran que censurarme a mí, tendrían que retirar del mercado todas las copias de la Biblia en español, donde se dice que la sodomía es una pasión infame, y el marido, cabeza de la mujer”. Lo dijo San Pablo: “Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo”. Pero no hay que leer a Costanza Miriano ni meterse en profundidades bíblicas para conocer la mentalidad sexual de la Iglesia católica, una institución patriarcal, de hombres que mandan y mujeres que obedecen.
Portavoces del PP y el PSOE han considerado Cásate y sé sumisa un despropósito, y piden que la archidiócesis deje de vender el libro y lo esconda, que intervenga el Parlamento, el Congreso y quizá la Justicia. El PSOE se indigna porque la Iglesia “fomenta la desigualdad, el machismo y la discriminación” con fondos públicos. ¿No conocían el PP y el PSOE lo que piensa la Iglesia católica sobre mujeres y hombres? ¿No han visto fotos de la Confederación Episcopal o del Colegio Cardenalicio? ¿Conocen alguna mujer cura? ¿Se han enterado ahora de que la Iglesia católica “fomenta la desigualdad, el machismo y la discriminación”? El PP y el PSOE han legislado y gobernado para que los fondos públicos financien a la Iglesia, para que la Iglesia goce de privilegios fiscales, y para que el Estado pague salarios a los sacerdotes y a los profesores de religión católica, que, supongo, enseñarán esas ideas que tanto escandalizan al PP y al PSOE.
Teniendo en cuenta la realidad, quizá el arzobispo de Granada acierte a medias cuando dice que la polémica en torno a Cásate y sé sumisa es “ridícula e hipócrita”. No la creo ridícula, pero sí un caso patológico de doble pensamiento o inconsistencia moral. Los jefes y las jefas del PP y del PSOE se han educado en una sociedad, la española, muy católica, muy amiga de la hipocresía con fines benéficos. El arzobispo ha querido dar ejemplo en ese juego de las incoherencias: en su defensa del libro de Costanza Miriano se le ha ocurrido proclamar que la libertad de expresión es un invento cristiano. ¿Es un invento cristiano? No lo sé, pero estoy seguro de que la Iglesia católica ha luchado históricamente contra la libertad religiosa, la libertad de pensamiento, la libertad de imprenta y la libertad de expresión.
La Iglesia católica inventó el índice de libros prohibidos, y prohibió, por citar algún caso entre miles, a Descartes y a Kant, el libro de Cesare Beccaria contra la tortura, los escritos que explicaban que la tierra da vueltas alrededor del sol, El lazarillo de TormesLos miserables, el Diccionario Enciclopédico Larousse, la Biblia incluso. La idea de prohibir libros la han debido de aprender el PP y el PSOE (y también IU, que pide que intervenga el fiscal contra Cásate y sé sumisa) por contacto católico, directo o indirecto. Costanza Miriano, que parece tener vocación de humorista y conoce las dimensiones heroicas que alcanza a lo largo de los siglos la persecución de libros, ha escrito en su blog una frase que no es del todo disparatada: “Ser autor de un libro prohibido es el sueño de todo escritor, pero no creo merecer tanta gloria”.
Justo Navarro es escritor.