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domingo, 17 de mayo de 2015

PRENSA CULTURAL. "Trastos, recuerdos y el alma de Wislawa Szymborska"

   En "El País":

Trastos, recuerdos y el alma de Wislawa Szymborska

La poeta y premio Nobel polaca ayudó a precisar datos de su biografía


Wislawa Szymborska, en su casa, antes del Premio Nobel de 1996. / EDITORIAL PRE-TEXTOS

El premio Nobel de 1996 descubrió para el mundo a una poeta que muy pocos conocían fuera de Polonia, reacia a las entrevistas y que consideraba que confesarse públicamente equivalía a perder el alma. Wislawa Szymborska escribía unos poemas transparentes que miraban el mundo desde un ángulo nuevo que se encontraba del lado de dentro de los seres y las cosas. Su resistencia a contar de su vida más de lo que aparecía en sus poemas no amilanó a Anna Bikont y Joanna Szczesna, autoras de la biografía Trastos, recuerdos (Pre-Textos, traducción de Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quirós). Juntas destilaron cuanto de peripecia vital había en poemas, reseñas, conferencias y recitales; hablaron con amigos, reconstruyeron su árbol genealógico, recuperaron textos inéditos y organizaron un relato tan coherente que provocó la curiosidad de la propia Szymborska, quien acabó accediendo a reunirse con sus biógrafas diciendo: "Está bien, precisemos".
El resultado son 700 páginas repletas de descubrimientos, inteligencia, ternura y maravilla. Un libro que no es sólo una biografía (magnífica) sino también un acercamiento agudo a su obra, una antología de sus versos, un riquísimo álbum fotográfico, un catálogo de sus collages e incluso una novela sobre sus antepasados: "Todo empezó así. Unos vientos huracanados derribaron miles de abetos en las propiedades del conde Wladyslaw Zamoyski...".
Las autoras reconstruyen la infancia de una Szymborska que obligaba a todo el mundo a que leyese para ella, que besaba ranas y que junto a unas amigas ató a un árbol al niño que les gustaba y allí lo dejaron mientras dirimían quién de ellas lo quería más. Esas amigas conservaron algunos de sus primeros poemas, ahora recuperados: "Nada es nuevo, todo ha ocurrido antes, / igual que el sol salía, / ha vuelto a salir. / La gran guerra no es tampoco nueva; / Caín comenzó la escabechina por Abel. / Siempre alguien muere y alguien nace / y entre quejas se dirige a la escuela. / Y siempre por una mala redacción / se gana una zurra en el colegio y otra en casa”.

Verso y crítica

POESÍA. Saltaré sobre el fuego (Nórdica). Antología ilustrada por Kike de la Rubia, con nueva traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán y prólogo de Juan Marqués (2015)
Hasta aquí (Bartleby). Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán (2014).
 Aquí. (Bartleby) Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, edición bilingüe (2009).
Instante (Igitur) trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia (2004).
El gran número, Fin y Principio y otros poemas. (Hiperión). Varios traductores (1997).
Paisaje con grano de arena(Lumen). Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski (1997).
PROSA. Lecturas no obligatorias, Más lecturas no obligatorias y Siempre lecturas no obligatorias (Alfabia).
Szymborska estuvo, desde bien joven, en el centro de la vida intelectual de Cracovia. Abandonó sociología aburrida de que todo lo explicara el marxismo, pero acató las normas del partido. Cuando recibió el Nobel, hubo quien se tomó el premio como una afrenta a Zbignew Herbert y aireó su pasado comunista. Un pasado que esta biografía no esconde: poemas a Stalin («El Partido, la visión del hombre, / la fuerza popular y su conciencia, el Partido. / Nada de Su Vida pasará al olvido. / Su Partido despeja las tinieblas») y declaraciones del tipo «Al Partido le debo el pleno conocimiento de la verdad» o «Sólo pido morir siendo comunista». Tampoco lo escondió ella, pero sin ninguna necesidad de actos de contrición espectaculares à la Grass evolucionó hacia un individualismo compasivo que le impidió, llegado el momento, afiliarse al sindicado Solidaridad: «Carezco ya de sentimientos de grupo». Nunca perdió la timidez ante Czeslaw Milosz, el otro Nobel polaco de su generación, porque jamás quiso convertirse en el monumento que él estaba encantado de ser y porque mientras que él siempre pretendía conversaciones elevadas, Szymborska prefería entregarse al humor y a la improvisación de poemas liméricos.
En 1959 comenzó a dirigir la sección de poesía de Zycie Literackie, donde publicaría los primeros poemas de Adam Zagajewski. Para ahuyentar a los malos poetas organizaba números como clavar su zapato sobre un redactor tirado en el suelo que gritaba: “¡Se lo prometo! ¡Nunca más le traeré poemas!”. En la revista era también una de las redactoras del “Correo literario”, donde respondía a las cartas de los lectores con esa mezcla sólo suya de humor, inteligencia, ternura y acidez. Hay en ese correo (citado aquí abundantemente) todo eso pero también certeros ensayos concentrados sobre el verso libre o la tradición. En 1963 abandona la redacción pero sigue escribiendo reseñas: así comienzan las «Lecturas no obligatorias» de las que Alfabia ha publicado tres volúmenes. Szymborska elegía los libros que reseñaba del cajón de los descartes. Prefería aquello que no tuviera que ver con la literatura oficial. Cuando en 1993 retomó la escritura de reseñas eligió los libros del mismo modo: “La política sigue siendo un vampiro deseoso de sacarnos todos los jugos”.
Szymborska mantuvo junto a ella mucho tiempo a una de sus niñeras de infancia porque “todos necesitamos a alguien que nos grite de corazón”. Seamus Heaney le escribió tras el Nobel avisándole de lo que la esperaba: amigos que no recordaba, ignotos parientes, inesperados enemigos. “Pobre Wislawa”, resumió. Y tanto: la noticia del premio la sorprendió escribiendo un poema que, pese a su continuo rechazo a viajes y entrevistas, no pudo retomar hasta tres años después.


Wislawa Szymborska con un chimpacé en el zoológico. / EDITORIAL PRE-TEXTOS
Szymborska sentía una predilección por los animales que tenía más que ver con la curiosidad que con el amor. Nunca tuvo mascota, pero sentía una especial fascinación por los monos, una especie de espejo en el que interrogarse. Una vez se hizo una sesión de fotos en el zoo de Cracovia con una chimpancé. La sentaron junto a la poeta, intentó morderla cuando quiso abrazarla y al oírla gritar alargó la mano, arrancó unas hojas y le tapó la boca con ellas. “¿No quería que gritara o quería pedirme perdón?”, se preguntaba Szymborska, que había aprendido a asombrarse con una frase de Montaigne: “¡Mirad cuántos extremos tiene este palo!”.

Una gran generación

Una sola generación de la poesía polaca reunió a cuatro gigantes: Wislawa Szymborska, Czeslaw Milosz (ambos bendecidos por el premio Nobel), Zbigniew Herbert y Tadeusz Rózewicz, a los que habría que sumar al más joven Adam Zagajewski. Szymborska es la menos grandilocuente de todos ellos, y su poesía concilia todas las contradicciones: es irónicamente tierna, livianamente profunda. Abel Murcia y Gerardo Beltrán tradujeron su Poesía no completa (FCE), a la que seguirían Instante (Ígitur), Dos puntos y el póstumo Hasta aquí (Bartleby). Alfabia ha publicado tres tomos de sus Lecturas no obligatorias, comentarios de libros a los que es injusto llamar reseñas, pues están más cerca de los ensayos de Montaigne que de la crítica de urgencia.

domingo, 6 de octubre de 2013

POESÍA. "El terrorista". Wislawa Zsymborska (1923-2012)

Wislawa Zsymborska

El terrorista
La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.
El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Ese distancia lo protege de cualquier mal
Y se ve como en el cine:
Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos están hablando.
Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Solo que de repente ese autobús la tapa.
Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
Eso ya se verá cuando vayan sacando.
Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
A las trece veinte menos diez segundos
Vuelve a buscar sus miserables guantes.
Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota.

domingo, 10 de mayo de 2009

POESÍA. Wislawa Zsymborska

Esta poeta polaca, premio Nobel de Literatura en 1996, está de actualidad en nuestro país, porque Patxi López, en su toma de posesión como lehendakari del País Vasco, recitó uno de sus poemas, el titulado Nada sucede dos veces.

Reproducimos lo leído por el político vasco:

Nada sucede dos veces,
y es lo que determina
que nazcamos sin destreza
y muramos sin rutina.
Ningún día se repite,
ni dos noches son iguales,
ni dos besos parecidos,
ni dos citas similares.
Entre sonrisas y abrazos,
verás que la paz se fragua,
aunque seamos distintos,
cual dos gotas de agua.


A continuación, vemos el poema, en versión de Gerardo Beltrán:


Nada sucede dos veces
ni va a suceder; por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.


Leemos otro poema, también en versión de Gerardo Beltrán:

Una del montón
Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a la medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos individuo.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.

Y un enlace, para leer una antología de sus poemas.