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martes, 20 de mayo de 2014

PRENSA CULTURAL. "Iliá Ehrenburg, el hombre que lo vio todo"

   En "Babelia":

Iliá Ehrenburg, el hombre que lo vio todo

Iliá Ehrenburg fue testigo de la revolución rusa, la guerra civil española y el holocausto

Sus memorias 'Gente, años, vida' (Acantilado) ven por fin la luz sin censurar


Iliá Ehrenburg. / RIA NOVOSTI
Gente, años, vida es la edición completa y definitiva de las memorias de Iliá Grigórievich Ehrenburg, escritor, periodista, figura destacada de la vida cultural y política de laURSS. La obra —que ya conoció una edición española parcial, y, claro está, censurada, en los años sesenta— es un libro memorable por diversas razones. Para empezar, por ofrecer un recorrido detallado y sugerente por el siglo XX hasta los años sesenta. Constituye, por tanto y en primer lugar, con todas las limitaciones de la época, un itinerario personal por la experiencia soviética. En segundo lugar, la publicación periódica en la revista literaria Novi Mir de estas memorias representó para los soviéticos una auténtica ventana al mundo exterior, hasta entonces prácticamente desconocido. Gracias a Ehrenburg, los lectores viajaron a la dorada época del París de principios del siglo XX y a sus protagonistas: políticos (Lenin, Trotski), artistas, escritores, poetas, editores (Ribera, Modigliani, Picasso, Hemingway, Joyce). Pero antes el autor nos describe con detalle y lirismo contenido sus primeros pasos en la lucha revolucionaria junto a los bolcheviques en una Rusia donde el zarismo se hacía pedazos. De esta época le vienen los contactos que permiten explicar, tal vez, por qué sobrevivió a los peligros de la historia soviética. Pues la supervivencia durante los pavorosos años del estalinismo es tal vez el rasgo más característico de este hombre, cuyas memorias bien podría haber titulado “Confieso que he (sobre)vivido”.
Después de pasar largos años exiliado en París, al estallar la revolución de 1917, el autor regresa a Rusia y su relato se detiene en el desarrollo y los protagonistas de la hecatombe. En su recorrido por esta época surgen los retratos de políticos y sobre todo artistas, Voloshin, Mandelstam, Maiakovski, Esenin… Tras varios años en la URSS, en 1921 decide y, lo más insólito, consigue abandonar el país para “dedicarse a la literatura” e instalarse en Europa como ciudadano soviético. Si antes de la revolución se había ganado la vida, entre otros oficios conocidos, como corresponsal para algunos periódicos rusos —recogiendo por ejemplo el desarrollo de la Primera Guerra Mundial—, entonces se dedica al periodismo al servicio de los órganos de prensa soviéticos. En estos años, sin abandonar la poesía, se adentra en el terreno de la prosa. Y alcanza un relativo éxito con sus novelas Las extraordinarias aventuras de Julio Jurenito y sus discípulos (1921) o La vida agitada de Lásik Reitswantz (1928), tal vez sus mayores logros literarios.
Así pues, ya tenemos las tres vertientes de este hombre orquesta: el político, el escritor y el periodista. El político cercano a los bolcheviques, el poeta lírico y social y el novelista desigual, primero mordaz y vanguardista y finamente instaurador de un peculiar realismo crítico, muy cercano al realismo socialista. Facetas que combina y que no abandonará nunca: se halle en Moscú, en el frente de Gandesa, en Berlín, en Viena o en el París ocupado, seguirá escribiendo poesía, seguirá mandando sus crónicas y seguirá tomando partido, navegando viento a favor con su tiempo y a veces anunciando la llegada de nuevos aires, ya sean de tormenta o de bonanza, como ocurrió con la novela El deshielo, que llegará a dar nombre en la URSS al periodo de relativa tolerancia de los años cincuenta y sesenta.

Contribuyó activamente a la creación de esa actitud romántica y solidaria de los soviéticos hacia el “heroico pueblo español”
Ante el ascenso del fascismo y el triunfo de Hitler, contribuye activamente, impulsado por las autoridades soviéticas, a unir a los antifascistas europeos. Será el alma del Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en el que, junto a Gide, Aragon o Malraux, intervendrán Borís Pasternak e Isaac Bábel (ambos merecen extensos retratos y reflexiones sobre su obra y trágica suerte), y contribuirá activamente a la realización del II Congreso Internacional de Escritores, en Valencia, ya en plena guerra civil española.
Su interés y amor por España, como explica en sus memorias, le viene ya de la primera época parisiense. Es parte de la formación del joven poeta absorber y hacer suyo todo el bagaje poético del pasado y de otras tierras del que la poesía española es una muestra notable.
Después de Francia, España se convirtió en el país más próximo al corazón del periodista, y su pueblo, en un pueblo hermano. Sus crónicas respiran un sentimiento sincero de fraternidad con el pueblo español. Tras un primer viaje por toda España tras la proclamación de la República, durante la Guerra Civil pasará largos periodos en los diversos frentes, hasta el final de la contienda: “Será tu impulso, corazón! / Quemado y rojo Aragón. / Ni un árbol ni un matojo, / rocas tan solo y bochorno. / Lo darías todo por un sorbo! / Balas, polillas diminutas. / Has de correr y conseguir llegar… / Y recordar cómo de niño te llamaba tu mamá. / Las piedras rojas. El humo azul. / Un cañoneo breve; el crepitar / de las ametralladoras, que callan luego. / Fue aquí, guerra, donde te encontré. / Sueño profundo, sopor del mediodía. / Extremo de desesperación es Aragón” (1938).
Es conocida su perspicacia y saber en lo que se refiere a los grandes cataclismos. Tuvo muy clara conciencia del peligro que acechaba a la joven República española y pudo intuir, ante la incredulidad de sus amigos parisienses, la revuelta de los golpistas. (Al igual que en su momento intuyó y anunció la inminente invasión nazi de la URSS, como más tarde, tras la muerte de Stalin, la llegada del “deshielo”).
Las páginas dedicadas a España y a los españoles, independientemente de las diversas lecturas que se puedan hacer hoy, ayudan a recordar incluso a los lectores españoles las raíces y la dimensión de la tragedia española. Junto con Mijaíl Koltsov (político y periodista soviético asesinado por Stalin a quien Iliá Ehrenburg dedica también uno de sus retratos), el autor contribuyó muy activamente a la creación de esta actitud entre romántica y solidaria de los soviéticos hacia el “heroico pueblo español”. Sobre la presencia soviética en la guerra civil española, el autor lógicamente se detiene en la aportación de las Brigadas Internacionales, de los militares y traductores soviéticos, pasando de puntillas en la activa y a veces sangrienta intervención soviética en los asuntos españoles. Por otro lado, hoy es bien sabido que, al igual que las celebraciones con motivo del centenario de la muerte de Pushkin, la lejana y romántica contienda española servía de pantalla para poner en sordina los famosos Procesos de Moscú, juicios que se llevaron por delante en 1937 a lo que quedaba de la oposición a Stalin; entre ellos, al amigo y protector de Ehrenburg, Nikolái Bujarin (a cuyo juicio se vio obligado a asistir).
Para el autor, la contienda española era el preámbulo del gran asalto del fascismo en Europa. Al margen de la poca estima que Ehrenburg sentía por los alemanes desde la Primera Guerra Mundial, el autor de La caída de París sentía con sus vísceras la llegada de la explosión nazi. Y en los momentos de mayor desconcierto moral e ideológico de los gobernantes soviéticos, ante la inesperada invasión de los nazis en 1941, Ehrenburg fue de los primeros, armado de su máquina de escribir, en lanzarse al combate contra el invasor. Las crónicas, artículos y soflamas de Vasili Grossman e Iliá Ehrenburg fueron tal vez los únicos pedazos de papel que no se empleaban para liar los pitillos en el frente. La popularidad de Ehrenburg se extendía por todos los frentes de la Unión Soviética y llegaba hasta las trincheras alemanas. Sus crónicas periodísticas, escritas en los diversos campos de batalla, eran célebres por su carácter incendiario, que tanto daba ánimos a los soldados soviéticos como cubría de odio (y tal vez pavor) al invasor. Ambos escritores contribuyeron a crear el célebre Libro negro, obra que no vería la luz en la URSS hasta la perestroika. Al extermino que los nazis practicaron contra los judíos dedica el autor las páginas más emotivas, junto con las engendradas por la guerra civil española, de este magnífico libro. (Y en la última parte, no publicada en Rusia hasta los noventa, el autor vuelve al tema del antisemitismo y el racismo, esta vez soviético).
Hay varios hechos históricos sobre los que el autor se mueve como quien camina sobre la cuerda floja. Pero el que hace referencia al final de Stalin y de su tiranía merece siquiera un breve comentario. A finales de 1952 se hizo público “el compló de las batas blancas”, según el cual, siguiendo el viejo modelo de las purgas iniciadas por Stalin, algunos médicos —la mayoría de origen judío— se habían propuesto asesinar a la cúpula del partido. Entonces, a algunos prohombres con apellidos judíos se les conminó a firmar una carta en que se venía a decir que, a pesar del merecido castigo que debía caer sobre los culpables y sus inductores, no todos los judíos rusos eran desleales. Pues bien, Ehrenburg fue de los pocos que se negaron a firmar esta carta (a diferencia de Vasili Grossman, que recogerá fielmente este vergonzoso episodio en su novela Vida y destino). Pero no solo hizo esto Ehrenburg, sino que redactó una carta de respuesta a Stalin, el verdadero instigador de la operación, mostrando al gran dictador el carácter contraproducente tanto de la carta que se les proponía firmar como del hecho de que se persiguiera a unos ciudadanos por su origen. Afortunadamente Stalin resolvió con su oscura muerte el previsible final de esta historia… Pero lo que me gustaría subrayar, además de mostrar lo abominable del mundo del estalinismo, es el contraste que se dibuja entre el estilo de una carta, que es un auténtico ejercicio de servilismo, y el hecho fantástico de que su autor, tal vez el único capaz de hacerlo entonces en toda la URSS, muestra valientemente su oposición a la voluntad del tirano, poniendo así su cabeza a merced del hacha… Humillación y valentía.
En cuanto a la calidad literaria del texto español, en primer lugar hemos de subrayar la esforzada labor realizada por la traductora Marta Rebón, que ha logrado transmitir el estilo del autor y proporcionar la información necesaria para situar personajes y hechos que el lector tal vez ignore. Como en el caso de Herzen y tal vez tras los pasos de Chéjov, Ehrenburg sabe fundir en su prosa, a veces irónica y siempre concisa y fluida, la precisión del documento con dosis de medido lirismo, sabe reunir su condición de periodista y testimonio presencial con la de escritor, del artista consciente de la importancia de las palabras, de la textura formal de la narración y de su objetivo.

Una novela suya, ‘El deshielo’, dio nombre
en la URSS al periodo de relativa tolerancia de los años cincuenta y sesenta
Sobre los compromisos que el autor contrae con su conciencia y las concesiones que se vio obligado a hacer a su tiempo y sus dueños, además de todo lo que tuvo que dejar en el cajón —que hoy se ha recuperado en esta edición— y, sobre todo, lo que se llevó por delante la autocensura: el doloroso peso de sus raíces judías, el silencio obligado ante la evidente y repetida traición de los ideales socialistas perpetrada por el poder, así como su comportamiento durante la orgía antisemita emprendida por Stalin que solo la muerte de este logró detener, su actividad como mensajero soviético de la paz, mientras la URSS se armaba hasta los dientes, etcétera. Sobre todo ello se podría escribir y discutir interminablemente.
De modo que citemos, a modo de respiro, las palabras del propio autor: “Sesenta y siete años es ya un profundo otoño de la vida, aunque escribo estas líneas en un día de mayo. Ya reverdecen los pobos y bajo mi ventana florecen las nevadillas y el azafrán. Me gusta la primavera, como también me gustaba de niño; de modo que a través de todas mis experiencias no he perdido el más preciado de los dones, el de la esperanza”.
Es cierto, una vez más, que la esperanza es lo último que se pierde. Pero en este caso, este natural sentimiento se torna casi sarcasmo, a tenor de la farsa en que se convirtió su país pocos años después de la muerte de Ehrenburg, un hombre que recorrió su tiempo y su vida entre el temor y la esperanza, con la convicción sincera de que un nuevo mundo esperaba a la humanidad. Y, vistas las cosas como se desenvuelven por nuestras tierras hoy, y ya no hablemos de lo que ocurre por los extremos orientales de Europa, las palabras de Ehrenburg, es cierto que enunciadas en un mundo desconocido para el lector español, suenan casi como el acíbar en la miel de nuestros sueños.
Leyendo este libro, uno no puede dejar de plantearse mil preguntas: sobre nuestro pasado, sobre la vida de estos idealistas —de entre los que hubo víctimas, verdugos, más víctimas, o ambas cosas a la vez y unos pocos afortunados supervivientes—, no puede uno no pararse a pensar en el azar de la historia, que, vaya por Dios, favorece más a los cínicos o sencillamente malvados que a los románticos, cuya única fortuna es tal vez escribir unas memorias y morir a tiempo…
Y uno se pregunta si valen las medias verdades, como las que giran en torno a la guerra civil española, si se puede destacar con gesto compasivo la orientación sexual de un pensador como Gide para descalificarlo políticamente, o subrayar el “infantilismo” de un poeta como Pasternak para, resaltando su condición de genio lírico, descalificar su novela, gestada, con acierto o no, durante largos años. Y sin embargo, las medias verdades de Ehrenburg son más que eso, son la expresión de una época, de unos anhelos y, lo que es peor, de un sueño que se reveló tan sangriento como estéril. En este sentido, a modo de complemento para estas memorias, es decir, para llenar los espacios vacíos que deja Ehrenburg, recomiendo la lectura de la biografía de Joshua Rubenstein Lealtades enmarañadas. Vida y época de Iliá Ehrenburg (Siglo XXI, 2012).
Para acabar, y casi en respuesta al desasosiego que desde la distancia (en el espacio y el tiempo) provoca la lectura de este apasionante libro, citemos las palabras de Nadezhda Mandelstam, la viuda del poeta, que en su segundo libro de memorias escribe: “Entre los escritores soviéticos él fue y siguió siendo un mirlo blanco. Fue con la única persona con la que mantuve relaciones todos aquellos años. Sin poder hacer nada, como todos, sin embargo intentaba hacer algo por la gente.Gente, años, vida es en realidad el único libro que desempeñó un papel positivo en nuestro país. Gracias a este libro, sus lectores, principalmente la pequeña intelligentsia técnica, conocieron decenas de nombres. Al leerlo seguían avanzando más rápido y más lejos, y, con la ingratitud que caracteriza a los humanos, al instante daban la espalda a quien les había abierto los ojos. Pero, de todos modos, una multitud asistió a sus funerales, y yo me fijé en que entre la multitud asomaban los rostros de buenas personas. Era una muchedumbre antifascista, y los soplones, a los que habían mandado en masa a la ceremonia, destacaban mucho entre aquellas caras. Ehrenburg hizo su trabajo, y esta labor fue ardua y desagradecida. Tal vez fue justamente él quien despertó a aquellos que se convertirían en lectores del samizdat”. Es decir, a los primeros brotes de la disidencia soviética, el embrión del movimiento que finalmente minó los cimientos de la URSS.
Por todo ello, a pesar de las medias verdades, de los claroscuros y los sentimientos encontrados, Gente, años, vida se nos antoja una pieza valiosa para entender nuestro sobrecogedor siglo XX.
Gente, años, vida (Memorias 1891-1967). Iliá Ehrenburg. Traducción de Marta Rebón. Acantilado. Barcelona, 2014. 2.060 páginas. 55 euros.

viernes, 25 de abril de 2014

PRENSA. "Habrá más Ucranias". Timothy Garton Ash

   En "El País":

Habrá más Ucranias

Vladimir Putin tiene más admiradores de lo que cabría imaginar entre varias potencias emergentes que no olvidan el colonialismo. Occidente topa además con el resentimiento de Moscú por la pérdida de su imperio

Dime qué piensas sobre Ucrania y te diré quién eres. La crisis ucrania es una prueba política muy reveladora, tanto en las conversaciones individuales como para los Estados. Y los resultados que nos muestra no son alentadores para Occidente. Vladímir Putin tiene más admiradores en el mundo de lo que cabría imaginar para una persona que emplea una mezcla neosoviética de violencia y grandes mentiras para descuartizar un Estado soberano vecino. Cuando hablo de admiradores, no me refiero solo a los Gobiernos de Venezuela y Siria, dos de sus partidarios más conocidos. El hombre fuerte de Rusia cuenta con el apoyo tácito e incluso ciertos aplausos discretos de varias de las principales potencias emergentes del mundo, empezando por China e India.
Durante mi reciente visita a China me hicieron preguntas constantes sobre lo que estaba sucediendo en Ucrania, mientras que yo no dejé de preguntarles cuál era la actitud china al respecto. Un país que ha defendido siempre el principio del respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados existentes (ya sea la antigua Yugoslavia o Irak), y que se enfrenta a un par de posibles Crimeas dentro de sus fronteras (Tíbet y Xinjiang), ¿no se siente incómodo ante el hecho de que Rusia se apodere sin más de un pedazo de un país vecino?
Bueno, me respondían, les preocupa un poco, pero Ucrania está muy lejos y, la verdad, la crisis tiene muchas más ventajas que inconvenientes para China. Es una nueva distracción estratégica para Estados Unidos (después de Al Qaeda, Afganistán e Irak) que le impide centrarse en su “giro” hacia la región de Asia-Pacífico y desvía su atención de China. Ante el rechazo de Occidente, Rusia tendrá más necesidad de cultivar una buena relación con Pekín. Y en cuanto a la propia Ucrania, que ya vende a China material militar de mejor calidad que el que Rusia ha estado dispuesta a vender hasta ahora a su aliado asiático, las nuevas autoridades han garantizado al Gobierno chino que el hecho de que Pekín no haya condenado la anexión de Crimea no tendrá repercusión alguna en sus futuras relaciones. Mejor, imposible.

China está más precavida desde que Moscú pasó de Crimea a agitar las aguas en las provincias del este
Además de esta realpolitik, me dijeron, existe también un componente emocional. A los dirigentes chinos que, como Xi Jinping, crecieron cuando todavía gobernaba el presidente Mao, sigue gustándoles de forma instintiva la idea de que otro líder no occidental plante cara al Occidente imperialista y capitalista. “A Xi le encanta la Rusia de Putin”, me aseguró un observador bien informado. Los comentarios en los medios de comunicación chinos se han vuelto más precavidos desde que Putin pasó de la anexión de Crimea a agitar las aguas en el este de Ucrania. El periódico nacionalista Global Times, que el mes pasado hablaba del “regreso de Crimea a Rusia”, advierte ahora de que “la región oriental de Ucrania es un caso distinto al de Crimea. Si la zona se separa de Ucrania, asestará un golpe directo a la integridad territorial garantizada por el derecho internacional”. (Claro que lo que pretende Putin no es una secesión total, sino solo una gran Bosnia a la finlandesa, un país neutral con una versión tan amplia de “federalismo” que las regiones orientales se convertirían en entidades de tipo bosnio, dentro de la esfera de influencia rusa).
Sin embargo, no parece que esa preocupación creciente enfriara la acogida que se le dio el martes pasado en Pekín al ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov. El presidente Xi dijo que las relaciones entre China y Rusia “son mejores que nunca” y han desempeñado “un papel insustituible en el mantenimiento de la paz y la estabilidad en el mundo”. El Ministerio de Exteriores chino declaró que la relación entre China y Rusia es “la relación entre dos grandes países más llena de contenido, con más categoría y más importancia estratégica”. Ya puede Estados Unidos llorar de envidia. Y Pekín está deseando recibir el mes que viene al presidente Putin, que llegará para asistir a una cumbre crucial.
Pero no es solo China. Un amigo mío acaba de volver de India. Me dice que, con el probable triunfo electoral de Narendra Modi y la expansión del capitalismo clientelista en el país, los indios más liberales temen que la mayor democracia del mundo pueda estar adquiriendo una versión autóctona del putinismo. En cualquier caso, hasta el momento, India se ha puesto de parte de Rusia, y no de Occidente ni Ucrania. El mes pasado, el presidente Putin dio las gracias a India por su postura “contenida y objetiva” a propósito de Crimea. La obsesión soberanista de la India poscolonial y la desconfianza ante cualquier indicio de imperialismo liberal occidental se traducen —cosa bastante ilógica— en el apoyo a un país que acaba de violar de manera dramática la soberanía de su vecino. Una revista satírica india ha llegado a insinuar que se ha contratado a Putin como “asesor estratégico principal al servicio de India, para acabar de una vez con el problema de Cachemira”. Por cierto, India compra gran parte de sus armas a Rusia.

Con el probable triunfo de Modi, India podría adquirir una versión autóctona del putinismo
Y tampoco es solo India. Los otros dos socios de Rusia en el llamado grupo de los BRICS, Brasil y Sudáfrica, se abstuvieron de votar la resolución de la Asamblea General de la ONU en la que se criticaba el referéndum de Crimea, y coincidieron con Rusia en expresar su “preocupación” por la sugerencia del ministro de Exteriores australiano de prohibir la asistencia de Putin a la cumbre del G-20 en noviembre. El embajador ruso en Sudáfrica manifestó su agradecimiento por esa actitud “equilibrada”.
Occidente se encuentra ante dos resortes gigantes a punto de saltar. Uno, que ya ha sido objeto de numerosos comentarios, es el resorte del resentimiento de la Madre Rusia por lo que ha disminuido su imperio en los últimos 25 años, desde el corazón de Alemania hasta el corazón de la Rus de Kiev.
El otro es el resorte del resentimiento provocado por siglos de dominación colonial de Occidente, un resentimiento que asume formas muy diferentes en distintos países BRICS y miembros del G-20. Desde luego, no todos comparten el relato monolítico e implacable que hace China de una humillación nacional desde las Guerras del Opio contra Gran Bretaña. Pero todos tienen en común, con diversas variantes, una preocupación seria y llena de suspicacia por su soberanía, una resistencia a que los norteamericanos y los europeos les digan lo que les conviene y cierta Schadenfreude instintiva, cierta alegría por el mal ajeno, cuando ven que la pendenciera Rusia mete el dedo en el ojo al Tío Sam y al británico John Bull. ¡Viva el putinismo!
Está claro que este no es el problema inmediato de lo que ocurre en Ucrania, pero sí es otra gran perspectiva que abre la crisis en Europa del Este. En este sentido más amplio, geopolítico, tomemos nota: a medida que nos adentremos en el siglo XXI, habrá más Ucranias.
Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, donde en la actualidad dirige el proyecto www.freespeechdebate.com, e investigador titular de la Hoover Institution, Universidad de Stanford. Su último libro es Los hechos son subversivos: escritos políticos para una década sin nombre.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

viernes, 14 de marzo de 2014

PRENSA. Sobre el conflicto de Crimea

Elif Shafak

   En "El País":
   “En vez de limitarnos a la oposición binaria de la política identitaria, debemos hacer todo lo contrario, multiplicar nuestras adhesiones y afiliaciones”, escribe [Elif Shafak, novelista turca]. “Yo soy de Estambul, y soy del Egeo, y de Oriente Próximo, y de Asia, y de los Balcanes, y de Europa oriental, y de Europa, y de ninguna parte y del mundo entero. Cuantas más definiciones tenga una persona, más probabilidades tiene de que su identidad se solape con la de otra. Las identidades coincidentes unen a la gente y reducen las tensiones, el odio y los nacionalismos. Es más difícil odiar a otro cuando pensamos que tenemos muchas cosas en común”.

   Citado por Nathan Gardels, en el artículo "Por qué Putin quiere apoderarse de Crimea", en "El País":

http://elpais.com/elpais/2014/03/12/opinion/1394622061_921601.html

jueves, 6 de marzo de 2014

PRENSA. "Crimea: la nueva guerra sin guerra". Miguel Ángel Nieto

   En el "huffingtonpost.es":

Crimea: la nueva guerra sin guerra


Militares ucranianos no armados portan banderas mientras abandonan el aeropuerto de Belbek, en la región de Crimea, tras concluir las negociaciones con las tropas rusas.
Por Miguel Ángel Nieto

Ningún gobernante ruso en su sano juicio soltaría un enclave geoestratégico tan decisivo como la península de Crimea, llave militar en el Mar Negro, puerta de Moscú a los océanos y cuna histórica del Imperio ruso. Al único que lo hizo, Nikita Jhuschov, se le negó la sepultura en la necrópolis del Kremlin, como a Boris Yeltsin, y fue exiliado al cementerio moscovita de Novodievichi, donde sus huesos descansan junto a poetas revolucionarios y suicidas como Vladimir Maikovski o cineastas como Serguéi Eisenstein, ninguneado por la censura soviética y abocado a un penoso peregrinaje americano. Jhuschov, que se formó políticamente gobernando Ucrania y acabó sucediendo a Iósif Stalin en el trono de la Unión Soviética, colocó en 1954 la bomba de relojería que hoy estalla en la cara del nuevo, ilegítimo y frágil gobierno oligarca de Ucrania. Aquel año, el dirigente de la URSS firmó, sin pensarlo demasiado, la cesión de la preciada península al gobierno de Kiev, miembro entonces de la Unión Soviética. Aparentemente, todo quedaba en casa. Nadie imaginaba que 35 años después de aquella rúbrica, la URSS desaparecería del mapa y Ucrania, con esa Crimea incluida en el paquete, se convertiría en un país independiente. Y aún más. Que en 1994, tres años después de la desintegración soviética, la propia Rusia, junto a Estados Unidos y el Reino Unido, entre otros, firmarían el Memorando de Budapest, aún en vigor, y en virtud del cual las potencias se comprometían a salvaguardar la soberanía e integridad territorial de Ucrania una vez que el nuevo país había renunciado al armamento nuclear legado por la antigua URSS.
No son los únicos lodos que vienen de aquellos barros. Décadas antes, las mortíferas epidemias de los años 20 en Crimea empujaron a Moscú a desplazar a esa península a cientos de miles de rusos para que repoblaran la zona y los cultivos no quedaran baldíos. Y otra nueva oleada de repoblación la instigó Stalin tras deportar masivamente a los autóctonos que aún quedaban en Crimea, a los tártaros, a los que acusó de colaboracionismo con los nazis. Es lógico que a estas alturas, como insisten las estadísticas, haya amplia mayoría de etnia rusa en Crimea y que los ucranianos y los tártaros apenas rocen el 30% de la población de la península. Y es lógico que en Crimea se hable mayoritariamente ruso, como en Ucrania, ya que sigue siendo idioma cotidiano en prácticamente todos los países que pertenecieron a la URSS, desde Bielorrusia hasta Georgia o Uzbekistán. Por estas peculiaridades, Crimea ha venido gozando de un estatus especial dentro de Ucrania, el de región autónoma del país con un enclave de propiedad rusa en su mismísimo corazón, esto es, la base militar de la Fuerza Naval de Moscú en Sebastopol. En este complicado marco histórico y étnico, y cargado de las medallas olímpicas de los Juegos de invierno de Sochi, Vladimir Putin ha jugado su más atrevida carta, la que los foros diplomáticos occidentales llaman ya "la mayor crisis política mundial desde la caída del muro de Berlín". Una carta a cuatro manos: la de los hechos consumados; la de la exhibición del poderío militar; la de la "balcanización" de la ocupación de Crimea; y la de plagiar la estrategia de la Resistencia de Kiev para desestabilizar las principales ciudades de Ucrania (Kharkiv, al noreste de Crimea; Donetsk, al este; y Odesa, al oeste, casi en la frontera moldava).
La política de hechos consumados es tradición de Moscú y a nadie llama la atención en la capital de Rusia, donde este tipo de frecuentes movimientos se consideran "normales". El despliegue fulminante de fuerzas de intervención no identificadas ya se utilizó en Georgia en 2008 y anteriormente en Armenia. En el caso de Crimea, la tarea "anónima" ha recaído en unas fuerzas especiales y casi secretas de las que dispone el Ministerio de Interior ruso para este tipo de acciones, las conocidas como "Vnevedomstvenaya Okhrana", siempre apoyadas por civiles rusos constituidos en brigadas de autodefensa.
La exhibición del poderío militar y de su velocidad de intervención también forma parte de la idiosincrasia rusa, más aún después de varias semanas de obligada quietud impuesta por las olimpiadas de Sochi. Al despliegue "anónimo" ha seguido la gala de las condecoraciones, los carros blindados, los aviones, el silencio impuesto a la televisión de Crimea, el control de las dos carreteras que unen a la península con el resto de Ucrania y el sabotaje a la red de Internet que conectaba a Crimea con el resto del país.
Ucrania está amedrentada por la superioridad del potencial enemigo, y así lo reconoce la población civil de Kiev, asediada por el impacto mediático del despliegue ruso o por las maniobras militares que se realizan al lado de sus fronteras. Lo saben mil veces más poderoso y mil veces más destructivo. Y más aún en un momento en el que ni el gobierno de Kiev es capaz de hacer valer su tradición militar con un Ejército que no sabe a quién obedecer ni cómo comportarse. Una fractura militar en Ucrania entre los que confían en el frágil mando de Kiev y los que se decantan por la obediencia debida a Moscú sí que sería una auténtica catástrofe. Y a eso juega peligrosamente Putin. División de un Ejército y economía en quiebra equivalen, en eso coinciden todos los historiadores, a una guerra civil asegurada.

La "balcanización" de Crimea es, probablemente, la más peligrosa de las jugadas de Putin, en tanto que ni a Oriente ni a Occidente, ni al Norte ni al Sur les conviene una contienda civil entre ucranianos. La "balcanización" consiste, como se le hizo al Ejército Federal yugoslavo en Croacia y en Bosnia i Herzegovina, en sitiar los cuarteles enemigos. En las últimas horas las bases militares ucranianas en Crimea han sido rodeadas y obligadas a una rendición de momento pacífica por parte del Ejército ruso. Las tropas rusas, en muchos casos con el beneplácito de los mandos ucranianos, ocupan ya los cuarteles del Ejército de Kiev en Crimea. Los rusos celebran en silencio las tácticas de Putin. A ojos de la mayoría, Ucrania ha demostrado un salvajismo atávico en su revuelta y Crimea, de eso no les cabe duda, les pertenece de siempre.
Los rusos prefieren el orden y la sumisión al poder en vez de una insurrección como la vivida en Kiev. Además, no están dispuestos a prescindir de sus veranos en las cálidas costas de la península, repletas de lujosos balnearios para rusos. Curiosamente, han hecho propio el discurso del Viktor Yanusevich, el fugado presidente ucraniano: todo vale en Crimea mientras Kiev no reconozca que lo ocurrido en Maidan ha sido un "golpe de Estado". Y por último, Putin ha plagiado la estrategia de la Resistencia ucraniana de la Plaza de Maidan en su revuelta contra el régimen de Yanukovich. Comenzó con ella el lunes en las principales ciudades ucranianas, excepto en la capital. Grupos de patriotas rusos organizados y luciendo la cinta de San Jorge, símbolo étnico de los rusos, han ocupado y se han apoderado en las últimas horas de los edificios gubernamentales y sedes parlamentarias y municipales en Kharkiv, Donetsk y Odesa. Con armas improvisadas, con banderas, con hogueras. Lo mismo que la Resistencia ha venido haciendo en Kiev desde el noviembre pasado.
Eso significa la parálisis total de la Administración ucraniana (ya de por sí maniatada por su falta de legitimidad y de crédito incluso entre la mayoría de los ucranianos). Significa el desgobierno, el desconcierto público y, lo que es más peligroso, el choque directo y violento de los patriotas rusos y los patriotas ucranianos, estos últimos curtidos en Maidan, dispuestos a morir por la soberanía del país y además alentados por una pobreza casi extrema.

En un país absolutamente surcado por gaseoductos rusos que distribuyen hacia Europa la materia prima, este escenario violentamente vectorial se convierte en idóneo para posibles sabotajes y atentados por parte del extremismo ucraniano, especialmente del extremismo neofascista, ya que la izquierda, por desgracia, brilla por su ausencia, como reconoce el historiador y activista ucraniano llya Bubraitskis. El sabotaje a las exportaciones de gas, la parálisis parcial o total de ese comercio ruso, es algo que Putin sabe que no puede jugarse.
Este es el escenario ya consumado en el que la diplomacia rusa no tiene ninguna prisa y hasta se siente halagada por tanto interés que muestran en frenar la "escalada de violencia" tanto la OTAN, como la OSCE, la UE, la ONU, EE UU o el FMI, entre otros. No parece importar que el rublo haya perdido el 20% de su valor frente al euro o al dólar desde que comenzaron las revueltas de Kiev, en noviembre de 2013. Lo que importa es que desde 1991 Rusia ha perdido cada año un trozo de territorio equivalente a toda Bélgica. Y que por las buenas o por las malas, no está dispuesta a perder ese fragmento de suelo que regaló Jhuschov, precisamente del tamaño de Bélgica, por ser de una importancia estratégica incalculable. Para ello, ha estrenado el nuevo modelo bélico del siglo XXI: la guerra sin guerra.

El buque de guerra ruso Minsk llega al puerto de Sebastopol, en Crimea (Ucrania) el martes 4 de marzo de 2014

miércoles, 11 de julio de 2012

PRENSA CULTURAL. "Babelia". "La Humanidad rusa", por Luis Magrinyà

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
La Humanidad rusa

LUIS MAGRINYÀ 29/10/2011

   Recientemente Jonathan Franzen ha tenido que matizar el sentido de las alusiones a Guerra y paz que aparecen en su última novela, Libertad: "Parece que estuviera comparándome con Tolstói", ha declarado. "Y eso me hace parecer un idiota". Bueno, un escritor puede ser ambicioso, ¿no? Ya con Las correcciones, Occidente se volcó no sólo en su envergadura novelística, sino en su rescate -digámoslo así- de la Humanidad, una cualidad al parecer perdida en los marasmos de la novela del siglo XX. Estos marasmos son una patología muy poco científica, pues no hay pruebas firmes de que la Humanidad sea una criatura extinguida ni de que los esfuerzos por resucitarla sean necesarios. La Humanidad, como bien nos dice la historia de las ideas, es una creación de la burguesía europea del siglo XVIII, la cual, atenazada entre una aristocracia a la que no podía acceder y un populacho con el que no quería relacionarse, instauró buena parte de su identidad en la universalización de una serie de virtudes "propias" como el gusto por el trabajo, la satisfacción moral, el matrimonio por amor, las alegrías de la familia y, con el tiempo, hasta un cómodo saloncito Biedermeier. Todo esto tuvo, claro, gratas consecuencias como la Declaración de los Derechos Humanos o el agua corriente. Pero también popularizó -y de eso se trataba- una serie de universales que tardaron un poco en mostrar lo interesados que eran sus rasgos: el llamado "relativismo" del siglo XX -ese que atacan los obispos y los biólogos, por fin reconciliados- tuvo un gran papel a la hora de denunciarlos.
   La Gran Novela y la Humanidad establecieron un pacto que sigue plenamente en vigor, y rara es aún la novela que no suponga una apología o una refutación de los valores burgueses. La gran mayoría de los novelistas del gran siglo ruso no eran burgueses: Dostoievski, hijo de un médico, quizá fuera la excepción, y ciertamente el más prolijo partidario de la Condición Humana. La vena aristocrática o señorial de muchos de estos escritores los llevó a interrogarse por el modelo de héroe épico y por el destino de las tierras, preocupaciones poco burguesas. Pero todos ellos, de un modo u otro, contribuyeron a definir al Hombre que aún campa por nuestro siglo y sus novelas, aunque lo hicieran interesándose más por sus contrafiguras: no por el individuo laborioso, sino por el ocioso o el nihilista; no tanto por el virtuoso como por el abyecto; no por el matrimonio feliz sino por el fracasado; no tanto por la familia sólida y productiva como por el nido de rencores, deshonras y hasta parricidios. Entre tanta pericia novelesca, también quisieron saber, sin agotarse y desde diversos ángulos, dónde empezaba y terminaba lo Humano.
   Pushkin ya se extrañaba de que el Hombre no incluyera a la mujer y algunas de sus heroínas reivindican la inteligencia, nunca señalada por el Hombre, de la mujer rusa; algunos narradores de Turguénev, modernísimamente desvirilizados, se atreven a decir que lloran "como una mujeruca", una asociación insólita en el siglo XIX, no sólo en Rusia. Por su parte, la servidumbre (no abolida hasta 1861 por Alejandro II, se dice que influido por la lectura de Turguénev) y otros extremos del zarismo inspiraron tremendas narraciones sobre lo infrahumano, desde los presos de Siberia de Dostoievski hasta los niños hambrientos de Chéjov y, sobre todo, el mundo brutal y sin justicia de los "exhombres" de Gorki. Por otro camino, muy apartado pero igual de concurrido, vagaba el peregrino, el místico, el anacoreta, el hombre que, habiendo dejado de ser Hombre, quizá así lo empezara a ser, y que tanto cautivaría a Tolstói en las últimas décadas de su vida. El gran siglo de la literatura rusa tuvo, por supuesto, otras figuras y otros secretos, pero éste es su tradicional legado. La literatura posterior no ha dejado, algo cohibida, de querer emularlo.

   Luis Magrinyà (Palma de Mallorca, 1960) es escritor, traductor y editor en Alba Editorial. Entre sus últimos libros están Habitación doble (Anagrama, 2010) y Cuentos de los 90 (Caballo de Troya, 2011). El romanticismo ruso en época de Pushkin. Museo Nacional del Romanticismo. Calle de San Mateo, 13. Madrid. Hasta el 18 de diciembre.

domingo, 5 de junio de 2011

PRENSA (2). 5 junio 2011

   En "El País Semanal":

1. La ira nos esclaviza. Reportaje de psicología. Por Miriam Subirana. El daño que nos hacen otros provoca rencor o deseos de venganza. Pero sin perdón y olvido, el resentimiento controla nuestras vidas.

2. "El mundo empresarial va muy por delante de los políticos respecto al cambio climático". Entrevista a Nicholas Stern. Por Jesús Ruiz Mantilla. Su informe sobre el impacto del cambio climático en la economía modificó la manera de abordar ese problema desde el poder. Ahora alerta de que vayamos tan despacio.

3. Por qué estaban ahí. Reportaje de Lola Huete Machado. La puerta del sol ya no es puerta, sino puerto, desde que el 15 de mayo arribaron en ella los deseos de miles de ciudadanos indignados pidiendo una democracia mejor. Sus voces sorprendieron en plena campaña electoral. ¿Por qué estaban ahí? estas páginas recogen 30 testimonios de su puño y letra...

4. La ciudad matrioska. Reportaje de Ignacio Vidal-Folch. Sobre San Petersburgo. Fiera y tierna, inabarcable y extravagante. Después del sueño invernal, la primavera ártica despierta la vida en esta metrópoli en la que se ha ido superponiendo la historia de Rusia.

5. La Puerta del Sol. Por Almudena Grandes.

6. Rechistar. Por Javier Marías.

sábado, 4 de junio de 2011

PRENSA. 4 junio 2011

   En "El País":

1. La 'dentadura'. Columna de Manuel Rivas.

2. Monstruos enfermitos. Por Carlos Boyero.

3. Los hijos de la 'perestroika'. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Una antología reúne a los nuevos valores de las letras rusas - Nacidos con el declive de la URSS, su llegada a España coincide con un 'boom' editorial.

4. El movimiento del movimiento. Por Vicente Verdú.

5. El fin de la erudición. Artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Sociología en la Universidad Complutense y autor de Más democracia, menos liberalismo (Katz).

6. Luces y sombras del español en el mundo. Artículo de Manuel Rico, escritor y crítico literario. Su última novela, Verano, obtuvo el Premio 'Gómez de la Serna' 2009 de narrativa. Entre julio de 2007 y mayo de 2010 fue directivo del 'Instituto Cervantes'. Crece la importancia y la presencia de nuestro idioma. Ahora hay que conseguir que eso se traduzca en un incremento de su peso en organismos internacionales y en foros científicos, tecnológicos y literarios.

7. Los medios y el sentido. Por Samí Naïr.

domingo, 13 de marzo de 2011

PRENSA (2). 13 marzo 2011

   En "El País Semanal":

1. Indignémonos. Por Maruja Torres.

2. Rusia en París. Traiciones y Revolución. Por Jesús Ruiz Mantilla. La diáspora rusa en el París de la 'belle époque' sirvió a Chaves Nogales para escribir un gran relato con bailarinas vengativas, el asesinato de Rasputín, la reaparición de Anastasia... Amor, misterio y revolución en una crónica fascinante ahora recuperada.

3. Ejercicio sin excusas. Reportaje de psicología. Por Jenny Moix. Hacer deporte asegura una mejor vejez. El reto es encontrar actividades placenteras que no se aparquen a la primera.

4. Rosa Montero: "Creo en la reinvención, yo lo estoy intentando". Entrevista, por Luz Sánchez-Mellado. Estrena los 60 años, casa nueva y nueva novela. Tras la pérdida de su pareja, la escritora y periodista se ha creado un mundo propio en su libro más personal. Una celebración de la vida a pesar del acecho de la muerte.

5. Twitterrevolución. Reportaje de Delia Rodríguez. Se ha convertido en una poderosísima red social, protagonista tanto en las revueltas árabes como en el ascenso y caída de personajes famosos. España, con dos millones de usuarios directos, es el país europeo donde más crece Twitter.

6. Maltratadores. ¿Pueden cambiar? Reportaje de Rafael Ruiz. Condenados a seguir una rehabilitación por haber agredido a su pareja. Cada mes hay miles de sentencias así, pero quedan ocultas por los casos más graves de asesinatos. ¿Cómo son estos hombres? Les acompañamos en la terapia y abordamos a través de ellos el problema de la violencia de género, que en 2010 causó 73 víctimas en España.

7. Una policía sin vocación. Artículo-relato de Almudena Grandes.

sábado, 8 de enero de 2011

PRENSA. 8 enero 2011

   En "El País":

1. Una heroína del siglo XXI para Delibes. Crónica de Rosana Torres. Natalia Millán recoge el testigo de Lola Herrera y estrena como Carmen Sotilllo 'Cinco horas con Mario', convertida en un clásico contemporáneo.

2. Cerrado por descanso eterno. Reportaje de Jacinto Antón. El anuncio de que Egipto prohibirá próximamente la visita a la tumba de Tutankamón relanza el debate sobre conservación del patrimonio y turismo.

3. El 'apartheid' europeo. Artículo de Enrique Gil Calvo, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, sobre Europa y la crisis económica.

4. La riqueza cambiante de las naciones. Artículo de Manuel de la Rocha, coordinador del área de economía internacional de la 'Fundación Alternativas'. El realineamiento económico mundial de las dos últimas décadas representa una transformación de importancia histórica, comparable a la revolución industrial, y las soluciones han de ser políticas globales.

5. Matrioskas. Francisco G. Basterra, sobre la Rusia actual.

martes, 6 de abril de 2010

PRENSA. 6 abril 2010

En "El País":

1. Los Bowles vuelven a Málaga. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Un congreso y la edición de varios libros rinden tributo a la pareja de escritores.

2. Relatos adhesivos. Columna de Enrique Vila-Matas.

3. Conjurar la tristeza con píldoras. Reportaje de Inmaculada de la Fuente. Los antidepresivos se convierten en el principal recurso para pacientes con malestar emocional - Los ciudadanos se vuelven intolerantes al sufrimiento y ven la felicidad como un derecho.

4. Desafío extremo para las aves. Reportaje de Cristina Castro. El 20% de las especies está en peligro de extinción por el cambio climático.

5. Cuba, final del juego. Artículo de Zoé Valdés, escritora cubana; vive exiliada en París.

6. Fantasmas chechenos en el Kremlin. Artículo de Alberto Priego, investigador invitado en la School of Oriental and African Studies (SOAS). Los atentados de Moscú confirman que el conflicto en la república caucásica sigue supurando, en contra de lo que proclamó Putin tras su exhibición de dureza y pese a los esfuerzos más apaciguadores de Medvédev.

7. "Los jóvenes se han olvidado de que el sida todavía existe". Entrevista a Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina 2008. Por Josep Garriga.