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miércoles, 9 de junio de 2010

PRENSA CULTURAL. LITERATURA. "Libro de buen amor"

El 'Libro del Arcipreste' se conserva en tres copias manuscritas, una de ellas, la T, da como fecha de composición del poema el año 1330. Se halla en la Biblioteca Nacional.- BIBLIOTECA NACIONAL
("El País")


En "elpais.com".

Clérigo devoto busca hembra placentera


Una nueva edición del 'Libro de buen amor' aborda el enigmático y procaz clásico medieval

ABEL GRAU - Madrid - 09/06/2010

No lo hacía para fanfarronear sino para dar ejemplo. O eso decía. El clérigo más promiscuo de la literatura medieval española escribió sus memorias para que todos aprendieran de su experiencia. Su Libro de buen amor (o Libro del Arcipreste) recoge sus escarceos con monjas, pastoras, moras y jóvenes viudas con el ánimo de advertir a los lectores de las sucias tretas del amor loco. Ese que da mala fama y hace que las almas se pierdan. Pero cuidado con el arcipreste, porque justo a continuación añade que, como el pecar es humano, "si algunos, lo que non los consejo, quisieran usar del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello".

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martes, 25 de mayo de 2010

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL (fragmentos): "Libro de Buen Amor", del Arcipreste de Hita (c.1284-c.1351) -Fábula de Pitas Payas-



Haz a la dama un día la vergüenza perder
pues esto es importante, si la quieres tener,
una vez que no tiene vergüenza la mujer
hace más diabluras de las que ha menester.

Talante de mujeres, ¿quién lo puede entender?
Su maestría es mala, mucho su mal saber.
Cuando están encendidas y el mal quieren hacer
el alma y cuerpo y fama, todo echan a perder.

No abandones tu dama, no dejes que esté quieta,
siempre requieren uso mujer, molino y huerta;
no quieren en su casa pasar días de fiesta,
no quieren el olvido; cosa probada y cierta.

Es cosa bien segura: molino andando gana
huerta mejor labrada da la mejor manzana,
mujer muy requerida anda siempre lozana;
con estas tres verdades no obrarás cosa vana.

Dejó uno a su mujer (te contaré la hazaña;
si la estimas en poco, cuéntame otra tamaña).
Era don Pitas Payas un pintor de Bretaña,
casó con mujer joven que amaba la compaña.

Antes del mes cumplido dijo él: -Señora mía,
a Flandes volo ir; regalos portaría.
Dijo ella: -Monseñor; escoged vos el día,
mas no olvidéis la casa ni la persona mía.

Dijo don Pitas Payas: -Dueña de la hermosura,
yo volo en vuestro cuerpo pintar una figura
para que ella os impida hacer cualquier locura.
Contestó: Monseñor; haced vuestra mesura.

Pintó bajo su ombligo un pequeño cordero,
y marchó Pitas Payas cual nuevo mercadero;
estuvo allá dos años, no fue azar pasajero.
Cada mes a la dama parece un año entero.

Hacía poco tiempo que ella estaba casada,
había con su esposo hecho poca morada;
un amigo tomó y estuvo acompañada,
deshízose el cordero, ya de él no queda nada.

Cuando supo la dama que venía el pintor,
muy deprisa llamó a su nuevo amador;
dijo que le pintase, cual supiese mejor,
en aquel lugar mismo un cordero menor.

Pero con la gran prisa pintó un señor carnero,
cumplido de cabeza, con todo un buen apero.
Luego, al siguiente día, vino allí un mensajero:
que ya don Pitas Payas llegaría ligero.

Cuando al fin el pintor de Flandes fue venido,
su mujer, desdeñosa, fría le ha recibido:
cuando ya en su mansión con ella se ha metido,
la señal que pintara no ha echado en olvido.

Dijo don Pitas Payas: -Madona, perdonad,
mostradme la figura y tengamos solaz.
-Monseñor -dijo ella-, vos mismo la mirad:
todo lo que quisieres hacer, hacedlo audaz.

Miró don Pitas Payas el sabido lugar
y vio aquel gran carnero con armas de prestar.
-¿Cómo, madona, es esto? ¿Cómo puede pasar
que yo pinté corder y encuentro este manjar?

Como en estas razones es siempre la mujer
sutil y mal sabida, dijo: -¿Qué, monseñer?
¿Petit corder, dos años, no se ha de hacer carner?
Si no tardaseis tanto aún sería corder.

Por tanto, ten cuidado, no abandones la pieza,
no seas Pitas Payas, para otro no se cueza;
incita a la mujer con gran delicadeza
y si promete al fin, guárdate de tibieza.


Ahora podemos oír el poema en la voz de Paco Ibáñez: