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martes, 29 de diciembre de 2015

ENTREVISTA al escritor Jostein Gaarder

   En "El País":

Jostein Gaarder: “Las historias son el mejor antídoto contra el fanatismo”

El autor regresa con dos de sus grandes preguntas en el libro infantil ‘Los tres amigos’


El escritor noruego Jostein Gaarder, en Madrid, el pasado 3 de diciembre. / LUIS SEVLLANO

Ahora que los profesores batallan para que no se expulse a la Filosofía de clase –en concreto, para que se mantenga la Ética en la ESO y la Filosofía y la Historia de la Filosofía como materias comunes de Bachillerato– es de obligado cumplimiento preguntar su opinión al hombre que ha vendido 30 millones de ejemplares de un libro que se define como “una novela sobre la historia de la Filosofía”. Jostein Gaarder (Oslo, 1952), autor de El mundo de Sofía, responde prudente: “Por supuesto que defiendo la utilidad de la Filosofía, y si tengo que votar a favor o en contra de esa ley, votaría que no se recortase. Pero me parece más importante que los profesores tengan una formación filosófica a que los alumnos tengan una clase diaria. No creo que sea necesario que sea una materia concreta, puede integrarse en el resto de asignaturas porque todas tienen implicaciones filosóficas”. En el Medievo, explica, antes de estudiar leyes o medicina había que instruirse en Philosophia et septem artes liberales. Gramática, retórica, lógica, aritmética, geometría, música y astronomía, enumera. “Y en Noruega seguimos esa tradición. No se enseña Filosofía en el colegio, pero antes de empezar la universidad hay que estudiarla durante medio año. Así, cuando vemos a nuestro médico o a nuestro abogado sabremos que tenemos algo en común. Todos tenemos una formación filosófica. Es importante tener referencias compartidas”.
A Gaarder, que publicó El mundo de Sofía en 1991 en noruego –la traducción española llegaría a librerías tres años después–, aún le cuesta creer que su libro se haya leído en todos los rincones del mundo. Según la editorial Siruela, en España se han vendido 1,3 millones de copias y todavía se despachan entre 25.000 y 30.000 cada año. Gaarder extrae su obra más conocida del montón de libros colocado frente a él -parte de un cuidado atrezo promocional- y confiesa: “De haber sabido que se iba a leer en India, en China, en Corea, en Mongolia, en un total de 63 idiomas, hubiera abordado la filosofía china, india, etcétera. O, simplemente, el subtítulo sería ‘novela sobre la historia de la filosofía occidental”. Haría un cambio más: “Volví a leer el libro hace unos años y me chocó que no hubiera ninguna mención al clima, a cómo debemos preservar nuestra vida en la Tierra. Creo que es la pregunta filosófica más importante de hoy. Me dio tanta vergüenza que escribí este libro”. Y muestra satisfecho una copia de La Tierra de Ana, una obra sobre el desafío medioambiental.

¿Cómo debemos preservar nuestra vida en la Tierra? Esta es la pregunta filosófica más importante de hoy
Aunque su nombre siempre estará asociado a la filosofía, Gaarder asegura que su principal pasión/preocupación es el medio ambiente. Ha seguido con mucha atención la Cumbre del Clima de París y su histórico acuerdo contra el cambio climático. Con los “millones de coronas” que le reportaron las ventas de El mundo de Sofía creó un premio al medioambiente y el desarrollo sostenible. “Desde el principio decidimos que existiría hasta que se nos acabase el dinero, por eso la última edición fue en 2013”, relata. “Y estoy contento de que esa etapa haya terminado. Mi mujer y yo trabajamos en el proyecto durante 17 años y suponía un gran sacrificio. No por el dinero, porque no lo necesitábamos, nunca se necesita más que lo suficiente, pero exigía mucho trabajo. Creo que perdí un par de novelas”.
La próxima, protagonizada por un titiritero, está ya en fase de corrección y para ella se ha sumergido en “las etimologías indoeuropeas”, explica con entusiasmo. Autor de una veintena de títulos, acaba de publicar Los mejores amigos, un álbum ilustrado por Akin Düzakin en el que Gaarder regresa sobre dos de sus grandes preguntas: quiénes somos y cómo es el mundo que nos rodea.
Su visita a Madrid también responde a una efeméride: Las Tres Edades, la colección de Siruela de la que forman parte sus libros, cumple 25 años. “Son para toda la familia. Creo que es un regalo para los españoles”. Abuelo de cuatro nietos, asegura que nunca se van a dormir sin antes de compartir un tiempo de lectura. “Los padres se toman muy a pecho la higiene dental de sus hijos. ¡Hay que lavarse los dientes! Pero es tan importante la limpieza bucal como acabar el día leyendo un libro. Las historias son valiosas. Son el mejor antídoto contra fanatismos como el del Estado Islámico o el de Anders Breivik”. Durante el juicio al autor de la masacre de la isla Utoya, en la que murieron 77 jóvenes en 2011, su salud mental fue tema de debate entre los noruegos. ¿Loco o cuerdo? ¿Debía ser encarcelado o internado en un psiquiátrico? Gaarder, recuerda, siguió con mucho interés el caso. “La sentencia fue muy sabia. Finalmente se argumentó que ese hombre no estaba bien de la cabeza, pero tenía la capacidad de sentir culpa, así que se le condenó a 21 años de prisión”. La jueza, señala, no solo había estudiado Derecho, también Filosofía.

domingo, 16 de marzo de 2014

PRENSA CULTURAL. "Jostein Gaarder escribe una 'biblia' para evitar el apocalipsis del planeta"

Fragmentos de la plataforma Wilkins de la Antártida, que se resquebró en 2009 por el deshielo. / GARETH PEARSON. ("el país")

   En "El País":

Jostein Gaarder escribe una “biblia” para evitar el apocalipsis del planeta

El autor de 'El mundo de Sofía', Jostein Gaarder, anima a cuidar el planeta en su nueva fábula ecologista, 'La Tierra de Ana'

 Madrid 19 NOV 2013 

Tres inviernos seguidos son ya de por sí desagradables. Si luego desaparecen las estrellas y se caen las montañas, el panorama se vuelve, cuando menos, preocupante. Y si esa tierra agonizante acoge y sufre la batalla final entre los dioses entonces el epílogo inevitable es la desaparición del planeta. Así sería el Ragnarok, el fin del mundo, según la mitología nórdica. Y todo pese a que los seres divinos sabrían perfectamente de antes detalles, destino y conclusiones de la guerra. Pero nada, aun así combatirían a muerte, excavándose – y excavándonos- la tumba.
Seguramente el calentamiento global y sus peligros no sean comparables con este trágico escenario. Pero en su último libro Jostein Gaarder (Oslo, 1952) sí cuela al Ragnarok, entre otras decenas de alarmas sobre el destino del planeta. “No creo en algo tan repentino, pero podemos llegar a un punto de no retorno”, advierte por teléfono el autor noruego, cuya nueva fábula didascálica y en defensa del medioambiente se titula La Tierra de Ana (Siruela).
En el fondo, guerra mitológica y deterioro de la Tierra en algo se parecen: los humanos también conocemos de sobra las consecuencias finales de nuestras acciones. Conferencias, expertos y documentales llevan años avisando sobre el deshielo de glaciares, la subida de la temperatura y demás amenazas. “Cuando realmente experimentemos que las cosas están cambiando será demasiado tarde. Pero no creo que seremos tan estúpidos como para dejarlo ocurrir”, defiende Gaarder.
Por si acaso lo fuéramos, de todos modos, está La Tierra de Ana, historia de una adolescente concienciada y aterrada por el futuro del medioambiente, hasta el punto de afirmar que lo que de verdad le da miedo en la vida es “el calentamiento global”. Más aún ya que, en sus fantasías, Ana se encuentra con Nova, su tataranieta que vive en un mundo donde apenas quedan animales, flores y esperanzas.


El escritor noruego Jostein Gaarder. /BERNARDO PÉREZ
A los sueños y vivencias de la joven, Gaarnder va añadiendo datos, explicaciones de conceptos como la retroalimentación positiva y ejemplos del asesinato cotidiano del ahorro energético. “Un estadounidense consume anualmente 25 barriles de petróleo lo que, si tuviera que ser sustituido por horas de trabajo físico, significaría que cuenta en todo momento con 150 esclavos de energía”, se indigna el escritor.
De los bofetones que cada despegue de un avión inflige a la atmósfera al peligro de la extinción de demasiadas especies, el autor noruego busca reanimar al cadáver del planeta a fuerza de avisos y alertas: “Estoy preocupado pero no pesimista. Si lo eres, rechazas tus responsabilidades. Hacen falta, en cambio, trabajo y atención. Tienes que hacer algo si quieres obtener lo que esperas”.
Más que apagar las luces y reciclar la basura, Gaarder cree que ese “algo” depende sobre todo de los políticos. A sus lectores el escritor no pide que dejen de tomar los aviones pero sí, por lo menos, que no voten a los líderes que descuiden el planeta. Y que, después de La Tierra de Ana, se hagan más preguntas y lean más libros. En concreto, Gaarder recomienda la obra del periodista estadounidense Bill McKibben, último ganador del premio de la Fundación Sofía. El organismo fue creado precisamente por Gaarder y su esposa en 1997 para galardonar cada año a un destacado defensor del medioambiente con 100.000 dólares (unos 74.000 euros).
Ese río de dinero procedía, al menos al principio, del océano de ventas que cubrió El mundo de Sofía, guía sencilla y novelada de la filosofía con la que Gaarder arrasó en todo el planeta. Con ella, La Tierra de Ana comparte estilo, objetivos y también las críticas de excesiva simplificación. “Si quieres ir de París a Roma y solo te llevo hasta Milán no deberías quejarte”, responde metafóricamente Gaarder. Y añade: “El mundo de Sofía contestaba a qué es el mundo. La Tierra de Ana, en cambio, se centra en aspectos prácticos. La más importante pregunta filosófica hoy para los humanos sería qué podemos hacer para proteger la vida”.
Sea como fuere, el autor ha tardado en llevarse bien con su obra más famosa: “Cuando El mundo de Sofía se convirtió en un superventas pensé que no era mi libro favorito. Pero ahora he llegado a asumir que es exitoso, aunque no lo decidí yo”. Peor se lleva Gaarder con su ópera prima, desconocida hasta ahora y quizás para siempre. La escribió con 20 años y jamás volvió a leerla: “No la tengo ni siquiera guardada en un archivo digital. Solo hay un manuscrito: a veces dudo entre recuperarlo o prenderle fuego. Aunque hasta ahora aun no lo he quemado”. Será su pasión por todo lo que está en peligro de extinción.


viernes, 28 de mayo de 2010

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Jostein Gaarder, autor de "El mundo de Sofía". LECTURA: fragmento de la novela

Jostein Gaarder. Foto: Uly Martín ("El País")

En "elpais.com", los internautas han entrevistado a Jostein Gaarder, que se dio a conocer con "El mundo de Sofía", 'una novela sobre la historia de la filosofía'.

A continuación, unas páginas de esa novela:

En el sobre había tres hojas grandes escritas a máquina y unidas con un clip. Sofía empezó a leer.
                              ¿Qué es la filosofía?
Querida Sofía. Muchas personas tienen distintos hobbies. Unas coleccionan monedas antiguas o sellos, a otras les gustan las labores, y otras emplean la mayor parte de su tiempo libre en la práctica de algún deporte.
A muchas les gusta también la lectura. Pero lo que leemos es muy variado. Unos leen sólo periódicos o cómics, a algunos les gustan las novelas, y otros prefieren libros sobre distintos temas, tales como la astronomía, la fauna o los inventos tecnológicos.
Aunque a mí me interesen los caballos o las piedras preciosas, no puedo exigir que todos los demás tengan los mismos intereses que yo. Si sigo con gran interés todas las emisiones deportivas en la televisión, tengo que tolerar que otros opinen que el deporte es aburrido.
¿Hay, no obstante, algo que debería interesar a todo el mundo? ¿Existe algo que concierna a todos los seres humanos, independientemente de quiénes sean o de en qué parte del mundo vivan? Sí, querida Sofía, hay algunas cuestiones que deberían interesar a todo el mundo. Sobre esas cuestiones trata este curso.
¿Qué es lo más importante en la vida? Si preguntamos a una persona que se encuentra en el límite del hambre, la respuesta será comida. Si dirigimos la misma pregunta a alguien que tiene frío, la respuesta será calor. Y si preguntamos a una persona que se siente sola, la respuesta seguramente será estar con otras personas.
Pero con todas esas necesidades cubiertas, ¿hay todavía algo que todo el mundo necesite? Los filósofos opinan que sí. Opinan que el ser humano no vive sólo de pan. Es evidente que todo el mundo necesita comer. Todo el mundo necesita también amor y cuidados. Pero aún hay algo más que todo el mundo necesita. Necesitamos encontrar una respuesta a quién somos y por qué vivimos.
Interesarse por el por qué vivimos no es, por lo tanto, un interés tan fortuito o tan casual como, por ejemplo, coleccionar sellos. Quien se interesa por cuestiones de ese tipo está preocupado por algo que ha interesado a los seres humanos desde que viven en este planeta. El cómo ha nacido el universo, el planeta y la vida aquí, son preguntas más grandes y más importantes que quién ganó más medallas de oro en los últimos juegos olímpicos de invierno.
La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas preguntas filosóficas:
¿Cómo se creó el mundo? ¿Existe alguna voluntad o intención detrás de lo que sucede? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Cómo podemos solucionar problemas de ese tipo? Y, ante todo: ¿cómo debemos vivir?
En todas las épocas, los seres humanos se han hecho preguntas de este tipo. No se conoce ninguna cultura que no se haya preocupado por saber quiénes son los seres humanos y de dónde procede el mundo.
En realidad, no son tantas las preguntas filosóficas que podemos hacernos. Ya hemos formulado algunas de las más importantes. No obstante, la historia nos muestra muchas respuestas diferentes a cada una de las preguntas que nos hemos hecho.
Vemos, pues, que resulta más fácil hacerse preguntas filosóficas que contestarlas.
También hoy en día cada uno tiene que buscar sus propias respuestas a esas mismas preguntas. No se puede consultar una enciclopedia para ver si existe Dios o si hay otra vida después de la muerte. La enciclopedia tampoco nos proporciona una respuesta a cómo debemos vivir. No obstante, a la hora de formar nuestra propia opinión sobre la vida, puede resultar de gran ayuda leer lo que otros han pensado.
La búsqueda de la verdad que emprenden los filósofos podría compararse, quizás, con una historia policíaca. Unos opinan que Andersen es el asesino, otros creen que es Nielsen o Jepsen. Cuando se trata de un verdadero misterio policiaco, puede que la policía llegue a descubrirlo algún día. Por otra parte, también puede ocurrir que nunca lleguen a desvelar el misterio. No obstante, el misterio sí tiene una solución.
Aunque una pregunta resulte difícil de contestar puede, sin embargo, pensarse que tiene una, y sólo una respuesta correcta. O existe una especie de vida después de la muerte, o no existe.
A través de los tiempos, la ciencia ha solucionado muchos antiguos enigmas. Hace mucho era un gran misterio saber cómo era la otra cara de la luna. Cuestiones como ésas eran difícilmente discutibles; la respuesta dependía de la imaginación de cada uno. Pero, hoy en día, sabemos con exactitud cómo es la otra cara de la luna. Ya no se puede "creer que hay un hombre en la luna, o que la luna es un queso".
Uno de los viejos filósofos griegos que vivió hace más de dos mil años pensaba que la filosofía surgió debido al asombro de los seres humanos. Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas, opinaba él.
Es como cuando contemplamos juegos de magia: no entendemos cómo puede haber ocurrido lo que hemos visto. Y entonces nos preguntamos justamente eso: ¿cómo ha podido convertir el prestidigitador un par de pañuelos de seda blanca en un conejo vivo?
A muchas personas, el mundo les resulta tan inconcebible como cuando el prestidigitador saca un conejo de ese sombrero de copa que hace un momento estaba completamente vacío.
En cuanto al conejo, entendemos que el prestidigitador tiene que habernos engañado. Lo que nos gustaría desvelar es cómo ha conseguido engañarnos. Tratándose del mundo, todo es un poco diferente. Sabemos que el mundo no es trampa ni engaño, pues nosotros mismos andamos por la Tierra formando una parte del mismo. En realidad, nosotros somos el conejo blanco que se saca del sombrero de copa. La diferencia entre nosotros y el conejo blanco es simplemente que el conejo no tiene sensación de participar en un juego de magia. Nosotros somos distintos. Pensamos que participamos en algo misterioso y nos gustaría desvelar ese misterio.
(Traducción de María Asunción Lorenzo Torres y Kirsti Baggethun)