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martes, 22 de noviembre de 2011

PRENSA. "La tecnología y la educación: una dosis de realismo", por Francesc Pedró

Una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el modelo educativo, según los expertos.- SANTI BURGOS. ("El País")


   En "El País":
La tecnología y la educación: una dosis de realismo

   Una visión más pragmática se impone en la aplicación al aula de medios digitales.

FRANCESC PEDRÓ 21/11/2011

   En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.
   Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a "docentes como yo", es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?
   A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?
   En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.
   Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares... en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.
   De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.
   Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de "docentes como yo", probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.
   Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.
   Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.

   Francesc Pedró es jefe de la Oficina de Tecnologías de Información y la Comunicación de la Unesco. Es autor del documento básico que presentará en la Semana Monográfica de la Educación de la Fundación Santillana, que se celebra en Madrid entre los próximos días 21 y 25 de noviembre bajo el título La educación en la sociedad del conocimiento.

lunes, 3 de octubre de 2011

PRENSA. EDUCACIÓN. "La aún débil escuela 2.0", reportaje


   En "El País Semanal":
La aún débil escuela 2.0

ELENA SEVILLANO 02/10/2011

   Un encuentro con docentes de toda España desvela la lentitud con la que avanzan las nuevas tecnologías en las aulas de nuestro país. La falta de decisión política y la división de las Administraciones, las culpables.

   La expectación de Aitana y Pelayo, de 11 años, alumnos de 6º de primaria del colegio público 'Evaristo Valle' de Gijón, se aprecia a través de la imagen con grano de la webcam. Acuden a esta entrevista por Skype para contar cómo aprenden con las Tecnologías de la Información y la Comunicación, las TIC, metidas en clase. Pizarra Digital Interactiva (PDI), un ultraportátil por cabeza, mochila digital (un USB), posts en el blog. "Es más divertido", "participamos más", "investigamos y buscamos información", se van soltando. En 2006, la Ley Orgánica de Educación, la LOE, incorpora al currículo la competencia digital como una de las ocho claves para formar ciudadanos del siglo XXI. En 2009 arranca el programa Escuela 2.0 del Ministerio de Educación, que hasta 2012 prevé financiar conexiones y más de un millón de portátiles para estudiantes de 5º de primaria a 2º de educación secundaria obligatoria (ESO). El 'Evaristo Valle' fue uno de los primeros en adherirse al plan, ahora en su ecuador, y por eso la idea inicial de este reportaje era atisbar, a través de su experiencia, lo que más o menos podría estar ocurriendo en el resto de España.
   Error. El colegio asturiano, como cualquier otro que elijamos, solo se representa a sí mismo. Primero porque 'Escuela 2.0' depende mucho de cada comunidad autónoma, que aporta el 50% del dinero y se encarga de decidir cómo aterriza la iniciativa ministerial en su territorio. Pero, sobre todo, porque la integración de las TIC en el proceso de aprendizaje descansa, en última instancia, en cada profesor. La dotación de medios no garantiza que quienes han de usarlos crean en ellos, vean sus beneficios o sepan cómo aprovecharlos. Pelayo y Aitana se toparon con Fernando Posada, su tutor, que los acompaña durante la entrevista procurando no salir en plano, y con más profesionales que han apostado por la tecnología para tratar de innovar; en otras circunstancias quizás ahora mismo tendrían una PDI, sí, pero utilizada igual que una pizarra convencional; y un libro de texto leído en el monitor en vez de en papel. Cambios de forma, no de fondo.
   "El desafío es lograr que las aulas del siglo XIX, con profesores del XX y alumnos del XXI, avancen hacia el futuro", enfatiza Miguel Soler, director general de Formación Profesional del Ministerio de Educación. Una transformación que, en eso están todos de acuerdo, no va a ser de un día para otro. "Chavales de 12 años te preguntan, ¿ah, pero es que el ordenador sirve para aprender?; lo asocian al ocio, al juego", alega el director general, consciente, por ejemplo, de la necesidad de disponer de mejores contenidos digitales, que "no pueden ser una mala traducción del papel". Las editoriales, con casi 900 millones de euros de facturación anual en libros de texto, se están lanzando al filón digital, que ya en 2009-2010 representaba más del 30% del catálogo de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (ANELE), aunque solo el 0,04% del volumen global de negocio no universitario.
   Mediodía de julio en Madrid. Ocho participantes en el 'VI Encuentro de Aulablog' (enseñantes implicados en nuevas tecnologías) dedican el descanso del almuerzo a charlar sobre 'Escuela 2.0', a instancias de este periódico. Proceden de seis comunidades autónomas, entre ellas las dos únicas -Madrid y Valencia- que no han entrado en el plan del ministerio, aduciendo dudas sobre sus bondades pedagógicas y otros argumentos del tipo de que pantallas tan pequeñas provocan miopía. "Excusas, han tomado una decisión política", ataja Jaume Olmos, que ejerce en Castellón. Cataluña, por su parte, ha puesto en barbecho su programa de un portátil por alumno, llamado '1×1', y ha decidido que a partir de ahora financiará ordenadores de mesa, a compartir entre varios, más pizarra digital.
   "Las Administraciones han metido los ordenadores en el aula sin planificación; hemos de desarrollar la competencia digital sin apoyos sobre cómo integrarla en el currículo", incide la madrileña Lourdes Barroso. En los claustros se encuentra de todo: desorientación, voluntad, esfuerzo, tecnofobia, inmovilismo, miedo, competencia, incompetencia, negativa al cambio. Los docentes catalanes que aún no habían vivido el '1×1' eran los más reacios a que les tocara el turno, según una encuesta de la asociación 'Espiral', que investiga sobre educación y tecnología.
   La conversación empezó centrada en aparatos y dispositivos, pero rápidamente deriva hacia términos como metodología o aprender a aprender. La tecnología está muy presente, por supuesto, pero en su sitio, como catalizadora útil y adecuada de la innovación, no como centro del debate. Y ni siquiera con ínfulas de exclusividad. "No debemos plantearlo como una dicotomía entre el papel y lo digital; nuestros alumnos han de aprender a consultar distintas fuentes, libros, revistas, Internet", reflexiona Joan Padrós. Poco a poco, los docentes se desahogan. Por el poco reconocimiento que se les concede a los coordinadores TIC en los centros, según denuncia la malagueña Mar Serón. Por la "esquizofrenia" que supone formar por competencias a quienes luego se enfrentarán a pruebas de acceso a la Universidad que van por asignaturas y llevan décadas sin ser actualizadas, como critica Meli San Martín, que enseña en Andalucía. "Obviar la competencia digital es conculcar un derecho de nuestros niños y niñas", recuerda la también andaluza Lola Urbano.
   "En cuatro años, Corea del Sur tendrá a todos sus alumnos con tablets; y solo se discutirá si serán los locales Samsung o los californianos iPad", subraya el experto en innovación pedagógica Mariano Fernández Enguita, que tiene muy claro que el desembarco tecnológico en el aula es la única manera de evitar una brecha digital entre la escuela y el resto del mundo. "Se está generalizando otra manera de aprender, en Red, donde lo que importa es acudir a quien sabe", aduce. Y a este nuevo escenario han enviado a combatir al "ejército de Gutenberg", de docentes hábiles con el papel pero náufragos en Internet, abocados a un divorcio con su alumnado, que sí es nativo en la web 2.0. Dos tercios de profesionales consultados por el sindicato de enseñanza USTEC-STE en Girona afirmaban que el ordenador distraía a los niños. "¡Pues claro! Y un libro, cualquier cosa puede distraer a quien no le interesa y huye activamente de lo que hacemos", rebate Fernández Enguita, para concluir: "Le preguntaron a un maestro de Sri Lanka que si creía que una máquina podría sustituir a un profesor y respondió que todo aquel que pudiera ser reemplazado por una máquina, merecía serlo".

   La metáfora del piano y el pianista
   "Dispositivos como la PDI tienen éxito porque pueden ajustarse muy bien a los roles tradicionales, de maestro que explica y de alumnos que atienden", asegura Jordi Adell, director del 'Centro de Educación y Nuevas Tecnologías' de la Universidad Jaume I de Castellón. La tecnología, por sí sola, no crea 'Escuela 2.0', tal y como él la entiende: "Abierta, conectada al mundo, colaborativa", donde no es tan importante memorizar como saber gestionar la información, y el libro de texto y el profesor ya no son las únicas fuentes de conocimiento. Adell cree que la Administración debería haber puesto mucho más énfasis en preparar y escuchar a quienes educan. "La música no está dentro del piano, la música la hace el pianista; sustituye piano por TIC y pianista por docente...", reitera, muy preocupado porque el debate se haya centrado demasiado en el instrumento y no en cómo sacar de él buena música.

   Los adornos
   "Lo que saben hacer nuestros jóvenes no tiene cabida en el mundo actual; hemos de dar un salto cualitativo", pide Jon Bustillo, coordinador del grado de Educación Primaria en la Universidad del País Vasco, quien, pese a los obstáculos, ve peligroso trasladar una imagen derrotista. "Nos sentimos privilegiados por trabajar en esto", asienten sus compañeros de profesión. Aunque reconocen que es verdad que a veces dan la sensación de encontrarse muy solos y de necesitar lo que llaman "claustro digital". Esto es, compañeros en Red con los que colaboran y comparten trabajo e inquietudes. "Existe un riesgo alto de que la gente que está funcionando se canse", alerta Jordi Adell, director del 'Centro de Educación y Nuevas Tecnologías' de la Universidad Jaume I de Castellón, que también teme la ausencia de relevo: "La formación inicial del profesorado de primaria y secundaria en TIC es un siniestro total, no responde al tipo de maestros y maestras que necesita la escuela. Nos vamos a quedar con los ordenadores de adorno, o para hacer lo de siempre".