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martes, 16 de diciembre de 2014

PRENSA. "El drama de las mujeres hindúes: feminicidio y prostitución en nombre del dinero y la tradición"

   En "Publico.es":

El drama de las mujeres hindúes: feminicidio y prostitución en nombre del dinero y la tradición

El homicidio prenatal, la violación, la prostitución forzosa, el asesinato por dote y la negación del acceso a salud, sanidad, vivienda y educación son males endémicos que persiguen a las mujeres dalit, de la casta más baja de la India

DANIEL MARTÍN Madrid 14/12/2014 23:55 Actualizado: 15/12/2014 
Dos mujeres devadasi del estado de Karnataka, India

Dos mujeres devadasi del estado de Karnataka, India- MANOS UNIDAS

En la India se mezclan el fundamentalismo religioso y la tradición con la discriminación derivada del sistema de castas, la pobreza y un bajo índice de alfabetización para crear un clima muy hostil hacia las mujeres, especialmente hacia a las pertenecientes a las clases más bajas, que apenas son consideradas como seres humanos.
El feminicidio que tiene lugar en la India encuentra sus formas más frecuentes de expresión en la selección prenatal o el feticidio, el infanticidio, el asesinato por dote y el homicidio 'por honor' (motivado por una deshonra a la familia). La violencia contra las mujeres hindúes está presente también a través los matrimonios concertados, las agresiones sexuales y la prostitución forzosa.
Las mujeres dalit, de la casta de los 'intocables', sufren lo que se conoce como la 'triple discriminación': de casta, de clase y de género. Estas mujeres son sistemáticamente marginadas. Se les impide el acceso a la salud, la educación, la vivienda, el derecho a tierra, la asistencia al templo y la libertad deambulatoria. De los 100 millones de mujeres dalit que viven en la india, menos del 10% están alfabetizadas, lo que genera una situación de exclusión social que atrapa a las mujeres dalit en el círculo de la pobreza y las hace fuertemente dependientes de sus maridos.
La perspectiva del matrimonio marca el destino de las mujeres hindúes antes de ni siquiera haber nacido. Muchas familias mantienen la tradición de pagar una dote cuando su hija contrae matrimonio a pesar de que esta práctica está prohibida desde 1961. Esto propicia que se cometan atroces crímenes contra unas niñas cuyo nacimiento supone una hipoteca para las familias mediante el asesinato prenatal.
Las mujeres hindúes no están protegidas ni en el vientre de sus madres. Aunque está prohibido que los médicos comuniquen a los padres el sexo de los bebés antes de que nazcan, esta información suele ser revelada a base de sobornos. El sexo determina las posibilidades de supervivencia de un no nato. Las niñas son abortadas por el mero hecho de ser niñas. En ocasiones, al no poder saber previamente el sexo del bebé, las familias queman a las niñas recién nacidas. Un estudio publicado por la revista The Lancet estima que hasta 12 millones de niñas podrían haber sido abortadas desde 1984 en la India.
Una mujer muere en India cada hora en crímenes relacionados con la doteAquellas niñas que llegan a la edad adulta y se casan se enfrentan a otro peligro: el asesinato por dote. Cuando los maridos consideran que la familia de la mujer no ha pagado una dote lo suficientemente cuantiosa, matan a sus esposas para poder volver a casarse. Una mujer muere en India cada hora en crímenes relacionados con la dote, según el último informe de la Oficina Nacional de Crímenes de ese país.

"Una continua situación de explotación y abuso"

Manjula Pradeep es una ‘intocable' que trabaja desde hace dos décadas como abogada en la lucha por los derechos de las mujeres dalit. Como mujer de esa casta ha sufrido el maltrato en primera persona. Siendo una niña sufrió abusos sexuales por parte de cuatro hombres de su vecindario. Manjula, marcada por ese traumático suceso, convirtió el dolor en motivación y se formó para convertirse en la voz de las intocables y defenderlas.
En 2008 logró que siete profesores que habían violado a una alumna de 17 años fueran condenados. Estos profesores llevaban más de 10 años abusando de sus alumnas, pero esta joven fue la única que se atrevió a denunciar. Manjula se ocupó de ella y la acogió en su casa. Prepararon el juicio juntas y consiguieron hacer justicia. Pero esta es la excepción, no suele haber castigo para los violadores. En la India una mujer es violada cada 21 minutos según datos de la Oficina Nacional de Crímenes de ese país. La mayoría de estas agresiones se producen en la impunidad.
Pradeep relata que la vida diaria de una mujer dalit es muy dura ya que "a cada paso se encuentra nuevos desafíos y dificultades" y denuncia que las mujeres de su casta viven "en una continua situación de explotación y abuso".
"La mujer dalit no es vista como un ser humano, es una intocable"
"La mujer dalit no es vista como un ser humano, es una intocable", asegura. Por ello, en muchas comunidades se les obliga a barrer las calles de la aldea, a limpiar las letrinas de los hombres o a recoger animales muertos de las calles. A cambio de todo ese arduo trabajo solo reciben unos míseros granos de arroz. El desempeño de estas tareas hacen que las mujeres dalit estén siempre sucias.
 Cuando caminan por la calle, las mujeres de las castas superiores las increpan para que no se acerquen a ellas. Las obligan a transitar un sendero lo más posible alejado del resto para que no ensucien a otras personas con su ‘impureza'. Si no lo hacen son increpadas y golpeadas. Manjula Pradeep constata que "una mujer Dalit, no puede ir una mañana a por agua para su familia sin ser maltratada". Además de los trabajos comunitarios a los que están obligadas, también deben ocuparse de la casa, de los niños y de trabajar en las granjas. "Las mujeres dalit están solas, tienen que hacerlo todo y nadie les ayuda", sentencia Manjula Pradeep.

Prostitutas de propiedad pública

En el estado indio de Karnataka pervive una tradición ancestral por la que algunas mujeres, niños y niñas de la casta más baja, se ofrecen a las diosas Yallamma Hulgamma para ayudar al sacerdote en las ofrendas a las diosas. De nuevo la tradición religiosa y la ignorancia generada por la falta de alfabetización aparecen para empeorar la situación de las mujeres al propiciar que muchas familias crean que esta ofrenda les ayudará a librarse de los males que les afectan.
Una mujer devadasi nunca puede negarse a los favores sexualesEstas mujeres viven en los templos hasta que alcanzan la pubertad y pasan a convertirse en propiedad pública. Desde ese momento, complacer a sexualmente los hombres, especialmente a los jefes de los pueblos y aldeas que habitan, se convierte en el único propósito de su vida. Una mujer devadasi nunca puede negarse a los favores sexuales. Tampoco puede casarse. Las creencias aseguran que, si lo hace, la diosa llevará la desgracia a sus parientes cercanos. También tienen prohibido mendigar. Al menos hasta que cumplen cierta edad y ya no resultan atractivas para los hombres.
 Mujeres devadasi y sus hijos - Manos Unidas 

La liberación de las mujeres pasa por la educación

Manos Unidas lleva desde el año 2005 trabajando para que las mujeres devadasi sepan que existen alternativas a la prostitución. Las mujeres reciben asistencia y formación para que puedan abandonar el círculo de la pobreza y no inculquen a sus hijos los mismos valores que sus familias les trasmitieron a ellas. Así, Manos Unidas pretende acabar con la espiral de un negocio basado en la supremacía natural de las castas superiores sobre los dalits.
La mayoría de mujeres devadasi desconocen que la ley impide que las obliguen a prostituirse
La falta de formación de estas mujeres propicia un desconocimiento de la ley. La norma las apoya para negarse a una práctica que perpetúa la opresión de las castas. Pero, lo cierto es, que aunque en el año 1982 el Gobierno de Karnataka abolió esta práctica, no ofreció programas de rehabilitación y reinserción para las víctimas de esos abusos cometidos en nombre de la tradición y la costumbre.
Manjula Pradeep asegura que sólo mejorará la situación de las mujeres en la India cuando la mentalidad de la sociedad cambie y se pueda dejar atrás el fundamentalismo. A pesar de que existen leyes que protegen a la mujer, su implementación no se hace efectiva por una falta de sensibilización del resto de la población. “La mujer no se siente segura en su propia casa, la mujer debe desarrollarse en un ambiente de igualdad y ser tratada igual que sus hermanos en el hogar”.  
El análisis de Pradeep incide en que, aunque las leyes existentes son insuficientes y necesitan más enfoque de género, lo primordial es que se empiece por respetar a las mujeres en el ámbito privado. Cuando eso suceda, asegura, se podrá proceder a la plena implantación de las medidas políticas y legales que ya existen. Mientras tanto, las mujeres de la India, sobre todo las dalit, seguirán sufriendo unos constantes abusos que atentan contra los derechos humanos.

jueves, 20 de febrero de 2014

PRENSA. "Ouka Lele y el feminicidio en el Congo"

   En "El País":

Ouka Lele y el feminicidio en el Congo

'Un cruel banquete. Pour quoi?' es una instalación en la que belleza y horror se unen para llamar la atención sobre el sufrimiento de las mujeres en República del Congo

La mesa de más de 15 metros de largo podría haber servido para una de esas grandes cenas en las que los representantes de los países más poderosos del mundo rubrican sus encuentros. Porcelana y cristal sobre mantenles de lino alumbrados por bellos candelabros que no permiten apreciar los detalles. Pero si el espectador se adentra en el comedor verá que desde las faldas de la mesa se amontonan desechos de todos esos aparatos electrónicos ordenadores, tabletas, teléfonos inteligentísimos que trepan hasta la fina loza. Las paredes del comedor están adornadas con grandes fotografías en color protagonizadas por la muerte (calaveras, fetos). Al fondo, la periodista Caddy Adzuba, denuncia una de las guerras más terribles y silenciadas de los últimos años, la que se libra en República del Congo para hacerse con el oro, los diamantes y el coltán.
Bajo el título de Un cruel banquete. Pour quoi?. Ouka Lele (Madrid, 1957) ha creado una instalación en la que belleza y horror se unen para llamar la atención sobre el horror insoportable que sufren las mujeres en una guerra en la que 160 mujeres son violadas cada semana y en la que han muerto casi 6 millones de personas. Un retazo de cielo azul o alguna de las flores blancas de las fotografías, son el único apunte de esperanza en medio de la tragedia.
Las inquietantes fotografías impresas sobre lienzo incluidas en la instalación tienen a la muerte como protagonista. La pieza titulada Y el amor (2014) muestra dos calaveras apoyadas la una contra la otra que reposan sobre chips y circuitos en desuso. Un ramo de rosas marchito se extiende sobre los cráneos. Las siete fotografías incluidas en la muestra han sido creadas a partir de piezas procedentes del Museo de Anatomía de la Universidad Complutense de Madrid.
Del techo que cubre el comedor penden 300 flores blancas colgadas de hilos transparentes con las que la artista ha buscado crear una lluvia de esperanza que aligera la presión tremenda que se siente al caminar por la sala. Pero lo realmente brutal está en el discurso de Caddy Adzuba, quien con una voz cargada de pena y firmeza va narrando los detalles más terribles que sufren muchas mujeres en su país. No importa la edad, sus cuerpos son sometidos a los abusos más aberrantes con la crueldad más extrema que se pueda imaginar. Milicias y guerrilleros utilizan a las mujeres como un campo de batalla en el que experimentar el mal absoluto. Con lágrimas rodando sin parar por su rostro, pero con la voz tranquila, Adzuba reproduce lo que uno de los asesinos anunció a una mujer madre de cinco hijos: “Violaré tu cuerpo y tu sexo. Despedazaré y desmembraré a tu marido ante tus ojos. Haré que tus propios hijos introduzcan, con terror insoportable, su sexo en el tuyo, y ordenaré que, sin tú saberlo, tus cinco hijos te sean servidos como comida”. Cumplió la amenaza y no se sabe que fuera castigado por ello.

martes, 10 de diciembre de 2013

PRENSA. "40.000 mujeres asesinadas en Brasil"

   En "periodismohumano.com":

40.000 mujeres asesinadas en Brasil

Los feminicidios en Brasil alcanzan cifras comparables con una guerra civil. En los últimos 10 años fueron asesinadas en este país 40.000 mujeres “simplemente por ser mujeres”, denuncian activistas que abanderan la lucha contra la violencia de género.



Una madre de una joven asesinada en Pernambuco, cuando estaba embarazada, reivindica en una protesta el derecho de las brasileñas a vivir libres de violencia. (Emanuela Castro/IPS)
Cada año, entre el 25 de este mes y el 10 de diciembre, la comunidad internacional y las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres impulsan 16 Días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres.
Las dos semanas de lucha fueron una iniciativa del Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres, que en 1991 pidió dedicar a este problema el intervalo entre el Día Mundial de la Lucha contra la Violencia hacia la Mujer y el Día Mundial de los Derechos Humanos.
Este año, en Brasil las jornadas adquieren mayor relevancia porque el 3 y 4 de diciembre se realizará en la sureña ciudad de Porto Alegre un encuentro para elaborar el Informe Alternativo de la Sociedad Civil para presentar ante el Comité de la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw), que se reunirá en febrero en Ginebra.
El llamado “informe sombra” está destinado a apoyar el análisis del Comité de la Cedaw sobre las acciones del gobierno brasileño para enfrentar la trata y mejorar la salud de las mujeres.
“Estos días de activismo dan mayor visibilidad a las agendas de los derechos de género. La violencia contra las mujeres salió de debajo de la mesa, y la sociedad asume que es una realidad y no una invención”, dijo la coordinadora en Brasil del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), Ingrid Leão.
Un estudio realizado por el Instituto Avante Brasil arrojó como resultado que entre 2001 y 2010 fueron asesinadas 40.000 mujeres. Solo en 2010 hubo un feminicidio cada una hora, 57 minutos y 43 segundos, lo que se tradujo en que ese año se cometieran 4,5 homicidios por cada 100.000 mujeres.
Para este año, la proyección en Brasil es de 4.717 feminicidios.
Se la conoce como la Ley Maria da Penha, en reconocimiento a esta farmacéutica maltratada por su marido, quien en 1983 intentó asesinarla dos veces, la primera con disparos que le causaron una paraplejia irreversible.
Con apoyo de Cladem, Penha interpuso una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que funciona en el marco de la Organización de Estados Americanos. Fue el primer caso de violencia de género tratado por esta instancia y concluyó en 2001 con el Estado brasileño responsabilizado de negligencia.
Además de la Cedaw, adoptada en 1979 por los miembros de la Organización de las Naciones Unidas, el país también suscribió en 1994 la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como la Convención de Belém do Pará, aprobada en esa ciudad amazónica brasileña.
“¿Cómo podemos convivir todavía con ese nivel de violencia contra las mujeres, pese a casi 40 años de denuncias?”, se preguntó la especialista Télia Negrão, de la Red Nacional Feminista de Salud, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos.
A su juico, no es posible establecer un perfil de las mujeres maltratadas, porque el problema involucra a  todas las clases sociales, razas y edades. “Todas las mujeres, solo por su condición de género, son vulnerables y son objeto de violencia”, explicó.
Pero Negrão, también coordinadora del Colectivo Femenino Plural, destacó que el grado de vulnerabilidad aumenta cuando se suma la desigualdad social, la pobreza, la baja escolaridad, las menores oportunidades laborales, los bajos ingresos y la residencia  en zonas con elevada violencia.
“Esas mujeres tienen pocos instrumentos sociales a los que recurrir. Sin algún grado de autonomía, a la mujer le es más difícil salir de su situación de violencia”, admitió.
En agosto de 2013, la presidenta Dilma Rousseff sancionó una ley que penaliza la violencia sexual. La norma obliga a todos los centros de salud a atender a las víctimas y brindarles tratamiento contra las enfermedades de transmisión sexual y el virus de inmunodeficiencia humana.
También debe proveerse a las víctimas de la píldora anticonceptiva de emergencia y, en casos de embarazo, las víctimas tienen derecho a que se les realice un aborto.
“La ciudadanía es la realización de los derechos humanos. Logramos mucho, pero todavía es poco”, argumentó Negrão, quien desde 1985 participa en el monitoreo del cumplimiento brasileño de las convenciones internacionales.
En el informe sombra para la Cedaw, “incluiremos hechos concretos (de discriminación) que el Estado brasileño no va a incorporar, porque a ningún gobierno le interesa exponerse en el plano internacional”, comentó Negrão.
En su reunión de 2012, el Comité de la Cedaw hizo hincapié en dos puntos: la trata  de mujeres, para la que demandó medidas concretas, y la necesidad de una legislación unificada en cuanto a la salud de las mujeres.
En un balance divulgado a comienzos de octubre, la Secretaría de Políticas para las Mujeres de la Presidencia destacó que las denuncias de trata aumentaron en 1.547 por ciento durante el primer semestre del año, en comparación con el mismo periodo de 2012.
Entre enero y junio la línea 180 de atención a las víctimas recibió 263 denuncias, de las cuales 173 se refirieron a casos internacionales y el resto a locales. En 34 por ciento de ellos, había riesgo de muerte para la víctima.
“La velocidad de las medidas relacionadas con la trata son muy lentas y las respuestas también. No tenemos actualmente capacidad de medir la magnitud del problema”, denunció Negrão.
Estela Scandola, quien integra el Comité Nacional de Lucha contra la Trata de Personas como representante de la sociedad civil, dijo a IPS que el país no ha conseguido poner en práctica una política de Estado para enfrentar este delito.
“Contamos con una política del gobierno mediante un decreto. Necesitamos la presión externa. La trata de personas es en sí misma una denuncia sobre las fallas del proceso de desarrollo de un país”, afirmó.
A su juicio, la sociedad civil tiene el papel de “denunciar esas fracturas” del Estado brasileño en la instrumentación de políticas apropiadas contra el delito.
“La impresión es que hay lentitud para que las cosas pasen. La burocracia no tiene fin”, criticó al referirse a la demora en la implementación del Segundo Plan Nacional de Lucha contra la Trata de Personas y de la propia creación del Comité Nacional para atender el problema, estancada por falta de fondos.
Scandola adelantó que el informe que la sociedad civil presentará ante el Comité de la Cedaw señalará la ausencia de una política adecuada.
A su juicio, las autoridades tienen cómo anticiparse y prevenir la trata allá donde haya mayores posibilidades de que el delito se propague, como en las grandes obras de infraestructura que se desarrollan en el país y que atraen a grandes contingentes de trabajadores.