Mostrando entradas con la etiqueta Naïr Samí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naïr Samí. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de marzo de 2016

DERECHOS HUMANOS. POLÍTICA. "¿Qué hacer con los refugiados?". Samí Naïr

   En "El País":

¿Qué hacer con los refugiados?

Las elecciones parciales en Alemania demuestran la impopularidad creciente de la política de asilo

Una mujer ayuda a otra a lavarse el pelo en el campo de refugiados de Idomeni.
Una mujer ayuda a otra a lavarse el pelo en el campo de refugiados de Idomeni.  AP
Los resultados de las elecciones parciales en Alemania demuestran la impopularidad creciente de la política de acogida a los refugiados y el auge de los movimientos xenófobos, racistas y antieuropeos. A su vez, Alemania, potencia dirigente de la Unión Europea, se enfrenta a los efectos de la crisis de 2008 que, debido a la política de austeridad que ella misma ha impuesto, están provocando la explosión del sistema de partidos que prevalecía en toda Europa. De ahí el surgimiento de una constelación de movimientos antisistema, unos progresistas e incluyentes, otros reaccionarios y excluyentes. En este contexto, la cuestión de los refugiados funciona hoy como un condensador de todas las contradicciones sociales, identitarias, nacionales e intereuropeas, tal y como sucedió en la crisis del euro. La renacionalización progresiva de las políticas globales, en particular las migratorias, es, a partir de ahora, la tendencia dominante en Europa.
Así, el acuerdo que Alemania ha alcanzado con Turquía corresponde esencialmente a intereses nacionales. Constituye un giro radical de la política europea de asilo y de inmigración de la UE. Y supone una violación frontal, al menos por tres razones, del espíritu y la letra de los principales instrumentos jurídicos en materia de asilo. Asimismo, fragiliza a Europa ante un país, Turquía, que por el momento no reúne las condiciones de adhesión a la Unión Europea.
Este acuerdo va, en primer lugar, contra el espíritu de la Convención de Ginebra de 1951 y los Acuerdos de Nueva York de 1967 que afirman la necesidad de acoger a los demandantes de asilo; en segundo lugar, se opone a la directiva de procedimiento de 2005 que reafirma, tras la modificación de los Acuerdos de Dublín, la obligación de permitir al demandante de asilo quedarse en el país donde ha interpuesto su demanda hasta que esta sea resuelta y, finalmente, se enfrenta a la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea en dos puntos clave: la obligación de examinar el dossier del demandante y, sobre todo, el artículo 19 que estipula de forma expresa: “Se prohíben las expulsiones colectivas”.


Campo de refugiados de Idomeni, cerca de la frontera greco-macedonia.  Getty


Por último, a cambio de la estabilización (financiada con 6.000 millones de euros) de los refugiados en Turquía, acepta la libre circulación de los ciudadanos turcos en Europa, lo que constituye una interpretación unilateral de los Acuerdos de Schengen.
Claramente, esa apuesta alemana es una huida hacia delante; muestra la ausencia de una política común europea de asilo y de inmigración y prohíbe elaborar una estrategia cooperativa realista. El único modo de salir de este laberinto que concierne al asilo y la inmigración en el cual se ha sumergido Alemania, así como la gran mayoría de las naciones europeas, es la articulación de las exigencias nacionales con una visión a largo plazo que sea, al mismo tiempo, europea y mundial. Frente a la realidad de las desigualdades mundiales y las guerras periféricas entorno a la Europa actual, es hora de cuestionarse la cultura del cierre de fronteras europeas a los no comunitarios que prevalece desde 1986; y resulta crucial, frente al incremento de los racismos europeos, reflexionar seriamente sobre las consecuencias, en términos de valores comunes europeos, de las decisiones tomadas hoy en relación con los refugiados. Esto supone tener el valor para afrontar política y culturalmente a los movimientos xenófobos si se quiere evitar reproducir los dramas del pasado.

Es necesario revisar la definición de “países seguros” establecida en el Acuerdo de Dublín

La Unión Europea debe, a partir de ahora, orientar su estrategia en tres direcciones complementarias, incluso aunque no pueda lograr sus objetivos de forma rápida.
Primero, respecto a la gestión de las fronteras europeas, hay que revisar la definición de los “países seguros” en el Acuerdo de Dublín y aportar una ayuda ingente a los países de primeras llegadas, de forma que tengan los medios de gestionar el flujo masivo y de crear las condiciones para un tránsito aceptable hacia los países de destino. Esto implica, tanto la aplicación del protocolo europeo de protección temporal como el aumento de las concesiones de visados humanitarios. Es decir, elaborar una estrategia más importante y funcional que la escasa y superficial política actual de cuotas que, por otra parte, nadie aplica. Ello solo podrá hacerse mediante el aumento del presupuesto europeo consagrado a la crisis de los refugiados o, lo que es lo mismo, a una política de déficit presupuestario mucho más flexible para el conjunto de los países de la Zona euro, que deberían recibir legítimamente a la gran mayoría de los refugiados. De igual modo, resulta indispensable facilitar las vías legales de la inmigración económica si quiere evitarse que la inmigración clandestina continúe. Es decir, adaptar el sistema Schengen a la demanda migratoria que surge de un entorno extracomunitario profundamente penalizado por la crisis económica mundial.

El concepto de asilado ha cambiado: ahora incluye las causas económicas y medioambientales

A continuación, en cuanto a las fronteras de los países en conflicto desde donde huyen hoy los refugiados, es indispensable financiar zonas interiores de protección humanitaria. Es particularmente válido para Siria, Irak y Libia. Los países vecinos, Turquía, Líbano, Jordania y Túnez, deben beneficiarse de los medios para estabilizar a los refugiados, con una ayuda condicionada y bajo la supervisión de los organismos europeos y del ACNUR.
Finalmente, en el plano de la solidaridad mundial con los refugiados, es urgente la revisión de la Convención de Ginebra sobre asilo, puesto que ya no se corresponde con la realidad que la vio nacer. Fue concebida en la Guerra Fría para acoger a los disidentes políticos que huían de los países comunistas. El principal ejemplo de llegadas importantes fue el caso húngaro de 1956; el estatuto de refugiado fue concedido, por cierto, automáticamente a solicitantes que, como varios estudios posteriores demostraron, no eran solicitantes de asilo por razones políticas sino inmigrantes económicos que se beneficiaron de la crisis para huir al extranjero. Ya entonces, la aplicación de la Convención de Ginebra se hizo en detrimento de sus principios. Asimismo, el concepto de refugiado ha cambiado, pues no solamente cubre hoy en día a los demandantes de asilo por razones políticas, sino que también por razones económicas y medioambientales. Eso no significa que haya que acoger “a toda la miseria del mundo”, tal y como temía un primer ministro francés, sino poner en marcha una política de ayuda y de seguridad alimentaria para las poblaciones desesperadas. Es el deber de una política mundial de solidaridad, en la cual deben participar los países occidentales, en particular, Estados Unidos, igualmente responsables de los desastres humanos contemporáneos. Es urgente comprender que el desafío de los refugiados y la demanda de la migración económica son, hoy en día, elementos esenciales de la agenda mundial y que Europa, lejos de replegarse en el chovinismo o capitular ante los movimientos racistas electoralmente aupados por la crisis económica, necesita una política común y una visión internacional solidaria.
Sami Naïr es catedrático de Ciencias Políticas y profesor invitado de la Universidad Internacional de Andalucía.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Entrevista al politólogo Sami Naïr

   En "cuartopoder":
13N / ENTREVISTA AL POLITÓLOGO Y FILÓSOFO FRANCÉS SOBRE LOS ATENTADOS DE PARÍS

Sami Naïr: “La respuesta de François Hollande ha sido absolutamente adecuada”

| Publicado: 


Lucía Martín *

Sami_Naïr_Wikipedia
Sami Naïr, en una imagen de archivo. / Wikipedia
Sami Naïr (Tlemcen, Argelia1946) es un politólogo y filósofo francés que está considerado como una de las eminencias en temas de inmigración en el país vecino. Nacido en Argelia pero criado en Francia, fue asesor en la materia de Lionel Jospin, de 1997 a 1999 y europarlamentario hasta 2004. Catedrático en Ciencias Políticas, es también director del Centro Mediterráneo Andalusí de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.
– Acabamos de asistir a redadas en barrios de la periferia de Paris, las banlieues, y también ahora en Bruselas, ¿qué pasa en los suburbios franceses, belgas o de Londres?
– Nada, no pasa nada. Sí pasa porque hay una situación de crisis, hay problemas sociales pero no son los suburbios los que están en rebeldía hoy en contra del Estado. Estos terroristas no tienen nada que ver con la inmensa mayoría que vive allí, hay unos grupos que han sido manipulados ideológicamente y se han vinculado a grupos terroristas, a Daesh en concreto, pero no representan para nada a estas poblaciones marginadas, estos barrios de pobreza, prefiero llamarlos así, en Francia. En Bélgica me parece que la situación es igual, no es posible culpar a toda esta población. Que los integristas puedan encontrar en estos barrios un terreno favorable para sus estrategias de reclutamiento, para su proselitismo del odio sí, pero lo pueden también encontrar en otros lugares. Quiero dejar claro que no se puede estigmatizar a los suburbios.
– Pero la falta de integración sí está favoreciendo que se marchen jóvenes de estos entornos para adiestrarse en Siria…
– Hay un problema de integración, pero no solo para esta gente. Las políticas económicas y sociales en Francia desde hace unos 15 años han provocado la desagregación del sistema social y económico. Hay paro, precariedad, y como en otros países, también España, hay una parte importante de la población marginada. Jóvenes que no encuentran trabajo. En las banlieues esa situación es mucho más radical, la pobreza es prácticamente el doble que en el resto de la población francesa. Hay dos, casi tres más parados entre los jóvenes de los suburbios que en el resto de población. Entre ellos hay una parte que acepta esa situación, otra que intenta cambiarla democráticamente y otros que caen en las redes de los terroristas. Éstos juegan sobre un tema de identidad, y esa gente ha perdido toda referencia cultural, ideológica, que en general es el resultado del fracaso escolar. Los terroristas explican a esa gente que si están en esa situación es porque son musulmanes, porque comparten una religión odiada por Occidente y que hay que defenderse para cambiar la situación. Es tan fácil como eso. A partir del momento en que se alistan les lavan el cerebro. Pero repito, esto concierne una minoría de la población, la población de los suburbios en Francia es alrededor de 8 millones de pobres. Los que caen en estas redes no son representativos pero claro que es un problema de seguridad y sobre todo, un problema para los musulmanes en Francia, porque uno de sus objetivos es transformar la relación de integración en relación conflictiva respecto a al país.
– ¿Cómo se puede prevenir que alguien se convierta en hombre o mujer bomba?
– La respuesta es conocida, integración social, profesional. Es un trabajo pedagógico que necesita de un funcionamiento correcto de la escuela, de la familia. Vivimos una crisis profunda de la familia que no juega el papel de transmisión de los valores, del respeto y eso proviene de la pobreza pero también, no hay que negarlo, de que una parte de la población de esos barrios ya no cree en la integración y considera que desde hace 25 años no se ha hecho nada. A partir de ahí hay una desconexión con el conjunto nacional. Son problemas que te puedes encontrar en todas partes, no solo en Francia.
– Pero hace 40 años la banlieue de Paris estaba igual o peor que ahora mismo. No ha habido evolución. La película La Haine sigue siendo actual.
– Evidentemente, porque la política social de los gobiernos, del corte que sean, nunca ha tomado en cuenta estos barrios. La sociedad se ha librado al mercado y el Estado es el principal culpable en este caso. Han invertido estos últimos años mucho dinero, desde 2005, pero, francamente cuando uno los visita ve que no ha funcionado nada. Es un problema generado por las políticas económicas seguidas estos últimos 15 años. Las imposiciones de Bruselas han hecho que el Estado haya abandonado territorios enteros de la nación porque no había dinero para ellos. Eso tiene lugar en Francia y en otros países.
– ¿Cree que los atentados han tenido lugar en París de la misma forma que podrían haber tenido lugar en Nueva York, Londres o Madrid?
– No creo. A los terroristas, al Estado Islámico, la situación de las banlieues le importa un pepino, les viene muy bien de hecho. Los atentados son el resultado de la intervención de la aviación francesa en el conflicto sirio, y por los bombardeos de Francia en Irak y en Siria, hay mucha retórica detrás de todo esto. La eficacia de esos bombardeos no ha sido demostrada aunque ahora creo que sí pueden dañar al estado Islámico. Pero no se podrá acabar con este EI únicamente con bombardeos.
– ¿Qué le parece la respuesta de François Hollande?
– La respuesta de Hollande ha sido adecuada, absolutamente adecuada. Como jefe de Estado considera que es un acto de guerra y declara la guerra al Estado Islámico, tal y como los rusos han hecho. Pero hay que entender que este conflicto va a destrozar completamente la región de Oriente Medio. Vamos a tener ahí un caos generalizado y la única forma de acabar con eso es un acuerdo internacional. La intervención francesa o rusa son los primeros pasos, y estoy convencido de que en los próximos días tendremos otros, pero no son suficiente. La solución es pacífica: hay que reconstruir Siria para que pueda recuperar a sus refugiados, hay que reconstruir Irak y eso supone un gran acuerdo internacional. Oriente Medio se ha vuelto hoy el foco central de una posible III Guerra Mundial, la gente no se da cuenta de lo que está pasando ahí.
– ¿Qué opinión le merecen los que afirman que los yihadistas están entrando con los refugiados? 
– Eso es una manipulación grosera. Se ha demostrado que ese pasaporte no venía de ningún refugiado. Van a seguir manipulando, por supuesto, porque es muy fácil para ellos tensionar cada vez más la situación. Su lógica es la creación del caos, lo que vivimos ahora es el resultado directo de las intervenciones en Irak, ahí nació el Estado Islámico, que es una organización irakí, no siria.
(*) Lucía Martín es periodista.

lunes, 7 de octubre de 2013

PRENSA. "Morir en Lampedusa". Samí Naïr

Samí Naïr

   En "el País":

Morir en Lampedusa

La UE tiene los medios para establecer una gran política de acogida de inmigrantes

 4 OCT 2013

Una tragedia más, pero esta sin precedentes: varios centenares de muertos tras el naufragio, el 3 de octubre, cerca de Lampedusa, de una barcaza que transportaba a unos 500 inmigrantes subsaharianos que intentaban atracar en esta pequeña isla europea, cerca de Sicilia. Una tragedia que es también, como ha subrayado el Papa Francisco en varias ocasiones en referencia a los acontecimientos: "una vergüenza".
Justamente, el Papa aparece hoy como el último defensor de estas decenas de miles de condenados de la tierra, que huyen del hambre y las guerras civiles, y que, estafados por los contrabandistas clandestinos y las mafias del éxodo, no encuentran al término de su recorrido más que la cárcel, los campos de internamiento, las expulsiones brutales y, cuando logran pasar entre las estrechas mallas de las redes de acero construidas por los países de "acogida", desembocan en la miseria de la clandestinidad y de la vida sin derechos.
Estos últimos años, con la crisis en Europa, los inmigrantes, sus condiciones de vida, sus penas y sus sufrimientos, todo ha sido ocultado y, en los países que han sufrido lo peor de esta crisis, como Grecia, han surgido partidos abiertamente racistas que les hacen caza a la luz del día. El nacionalismo xenófobo se ha convertido en mercancía en Europa, pero los lejanos subsaharianos, los egipcios, los sirios, albaneses, romaníes, y muchos más, siguen afluyendo, como si el paraíso europeo tuviera también la virtud de esconder su cara infernal, como si, además, la esperanza de otra vida fuese más fuerte que la otra cara de la vida: la muerte.
Lampedusa constituye un giro. La conciencia humana no puede permanecer indiferente ante tal tragedia: hay que decirlo, recordarlo, nunca olvidar el grito de dolor a la cabecera de esas mujeres embarazadas y de esos niños ahogados y ocultos en bolsas de plástico. La solución de estas migraciones de la desesperación no reside fundamentalmente en políticas represivas ni de contención. Es Europa al completo la que se enfrenta a estos dramas y solo una estrategia europea común puede hacerles cara. Los ministros del Interior europeos que deben reunirse en Luxemburgo el 23 de octubre, precisamente para contestar a la cuestión de la afluencia de emigrados de los Balcanes, se ven, sin embargo, tentados de caer en la trampa de una restricción de visados y del endurecimiento de la política de acogida. Tal evolución no hará más que confortar la inmigración clandestina y reforzar el rol de las mafias.
Ciertamente es indispensable regular estos flujos, pero ello no se puede hacer en detrimento de un tratamiento humano de la cuestión migratoria. Hay que tratar la petición migratoria lo antes posible en las zonas en conflicto, en los países vecinos e, igualmente, aceptar recibir a una parte de esta población en los países europeos.
La Unión Europea tiene los medios para establecer una gran política de acogida, con la condición de que todos los países que la componen acepten tener la misma estrategia y no la que se practica hoy en día, y que sirve para trasladar al vecino la carga de la acogida. La política de asilo debe humanizarse; es indispensable volver a evaluar las decisiones que han sido tomadas estos últimos años y que están destinadas todas ellas a acabar con el derecho de asilo.
En algunos países europeos ricos se han puesto en marcha estos últimos años restricciones enormes a la concesión del título de refugiado. Es ahí donde radican la "vergüenza" y esta "globalización de la indiferencia" de la que habla el Papa Francisco. Esto no atañe a tal o cual ministro del Interior europeo, es la ausencia de visión europea, de reflexión común, que falla de forma cruel, sobre lo que hay que trabajar.
Este fenómeno de fuga de poblaciones no es un problema técnico que una u otra medida policial podría resolver; es un problema político y solo una estrategia de solidaridad política de los países europeos, como la responsabilización de los países de tránsito, puede hacerle frente. Los muertos de Lampedusa deberían apelar a la buena conciencia occidental, tan fácil de conmover en cuanto a la defensa de derechos del hombre en 'casa' de los demás, que debería mirarse a la cara una vez más en su propia casa y aportar solidaridad, compasión y una humanidad elemental a esas mujeres, a esos niños, a esos hombres que corren al encuentro de la tragedia para huir de su destino infernal.

lunes, 24 de septiembre de 2012

PRENSA. "Provocaciones y 'blasfemia'", por Samí Naïr

   Samí Naïr

   En "El País":

Provocaciones y “blasfemia”

El mundo hundido en las guerras identitarias se puede volver loco por cualquier tontería

 21 SEP 2012

Una vez más, el mismo culebrón. De La inocencia de los musulmanes a las viñetas de Charlie Hebdo en nombre de la defensa de la libertad de expresión; de la ira de los Estados musulmanes al fuego y la muerte sembrados por fanáticos manipulando la fe de millones de individuos, se repite inevitablemente lo buscado por unos y otros: provocar conflictos, gritar el odio, incentivar más las guerras de identidades. Los partidarios de la interculturalidad, del diálogo entre confesiones, del encuentro entre seres humanos diferentes pero unidos por la misma condición humana, lo deben entender: hay cada vez menos espacio por los valores que defienden. El mundo hundido en las guerras identitarias se puede volver loco por cualquier tontería.
Lo trágico es que se sabe a ciencia cierta que las provocaciones mediáticas y periodísticas se pagan, de ahora en adelante, con vidas humanas. No haremos aquí las cuentas macabras que la estupidez y la locura fanática de los dos bandos están haciendo pagar a la ciudadanía mundial. Unos invocan la libertad de prensa, de opinión y de expresión para justificar sus ataques en contra de una religión obviamente desestimada en Occidente y propicia a todas las inflamaciones. El Islam no tiene buena prensa aquí. Pero tienen teóricamente toda la razón los que consideran que no se debe tocar esa libertad fundamental. Incluso si hay insultos, sus adversarios tienen que respetarla; en caso contrario, pueden llevar esa libertad y sus insultos ante la justicia. Afortunadamente, el Estado de derecho está aquí para garantizar, aunque a veces solo en teoría, la equiparación de los derechos fundamentales.
Pero cuando se sabe de antemano que dicha libertad de expresión puede provocar fuego, ¿quieren solo, los que pretenden defenderla, ejercer un derecho o realmente encender el fuego? En materia de libertad de expresión es bastante difícil demostrar jurídicamente la voluntad de dañar al otro. Éticamente es diferente, pues entra aquí otro concepto cuya existencia parece ausente en la mente de los caballeros de la libertad de expresión anárquica: el de responsabilidad. Es esa responsabilidad la que es pateada en el conflicto actual. En el caso del autor de la película, inepta y grosera, se trata de alguien aparentemente en estado de guerra contra el Islam. Su participación en la provocación de las manifestaciones es obvia, aunque no se le puede condenar por los asesinatos de oficiales y civiles; en cambio, su responsabilidad ética es total y se le puede condenar, moralmente, en nombre de la ética de paz que trasciende la voluntad individual. Bien, pero esa condena no tiene contenido práctico. Nuestro hombre puede seguir tranquilamente filmando otras obsesiones de la misma índole. Es más, tendremos que protegerlo de la ira de los fanáticos del otro bando. Esto parece un sinsentido, pero es la realidad, dado el funcionamiento de la libertad de expresión en el Estado de derecho. En las sociedades tradicionales existía la condena al oprobio y a la vergüenza eterna: ahora eso no existe y la desvergüenza se ha vuelto, merced a la sociedad de mercantilización generalizada, un valor comercial muy rentable. Queda el desprecio por los que no vinculan la libertad jurídica con la responsabilidad humana. Eso es lo que merecen los que están alimentando el conflicto confesional.
Otros pretenden que en la casa cultural mundial de la globalización, o sea, en el Imperio Internet, hablar mal de su profeta equivale ni más ni menos que a una declaración de hostilidad. Dejemos de lado a los fanáticos que se aprovechan de las provocaciones irresponsables para radicalizar esta misma guerra de culturas: con ellos, desgraciadamente, no se puede hablar. Pero cuando se trata de responsables políticos o religiosos que piden prohibir la libertad de expresión en nombre del respeto a las confesiones, podemos decir que hemos llegado a lo máximo de la absurdidad pues la cuestión es: ¿quién juzga? ¿Dónde están los principios universales comunes en materia de religión? Intuían la dificultad, por eso La Liga árabe ha pedido a la ONU la creación del “delito de blasfemia”. ¡Faltaría más! ¿Habrá una sacralidad en sí de la religión? ¿Dónde empieza la blasfemia y dónde acaba? ¿Quizá quieren aprovechar la contienda para conseguir por fin que Dios y sus profetas sean intocables? Risible. Entonces ¿qué hacer? La respuesta sensata es evidente: por un lado, defender la libertad de expresión, incluso para los estúpidos y despreciables provocadores; por otro lado, hacer de la religión musulmana una confesión abierta, que no obliga a nadie y lucha en contra de los fanatismos.

lunes, 9 de enero de 2012

PRENSA. "2011 y después", por Samí Naïr

Samí Naïr
   En "El País":
2011 y después

SAMI NAÏR 31/12/2011

   Es una perogrullada subrayar que este año 2011 será uno de los más importantes de esta primera mitad de siglo. Y ello tanto por la ruptura que introduce respecto al pasado cercano y más lejano como por las potencialidades que encierra para el futuro. Es, de entrada, el año del comienzo de una nueva época para el mundo árabe. Gracias a la revolución tunecina, este ha alcanzado el tiempo del mundo moderno al colocar la cuestión de la democracia en el centro de su historia. Aunque esta transformación implica regresiones religiosas allí donde se ha producido la revolución (Túnez, Libia, Egipto), estas no pueden disminuir el significado histórico de la revolución misma.
   En efecto, lo que en todas partes caracteriza a esta revolución es el desplazamiento radical de la soberanía: desde las independencias (en resumen, desde el final de la II Guerra Mundial), la soberanía había sido confiscada por Estados burocráticos y militar-policiales. Vuelve a la sociedad, a los pueblos. Este desplazamiento es de una importancia capital para el acceso a la modernidad. Se produce al hilo de una retórica contemporánea y moderna: la de los derechos de los pueblos a disponer de ellos mismos frente a sus propios poderes estatales. Es por ello que los derechos del hombre, la exigencia ardiente de ciudadanía y la libertad de conciencia han estado en el centro de esos levantamientos.
   Los movimientos islamistas, los únicos que estas últimas décadas han organizado la resistencia civil contra las dictaduras establecidas, se aprovechan hoy democráticamente de ese desplazamiento de soberanía cuando se organizan elecciones democráticas. Nada hay que objetar: la democracia no se reparte, salvo si los que se benefician de ella quieren utilizarla para instaurar un nuevo orden totalitario. Veremos muy rápidamente lo que ocurre. Porque lo seguro es que la revolución democrática árabe no se detendrá aquí. Los movimientos, tanto islamistas como militares (Egipto, Libia), que se han colocado a la cabeza de los levantamientos tendrán enormes dificultades en controlar lo que se ha desencadenado en profundidad en las sociedades.
   ¿Por qué? Simplemente porque se trata de la llegada de una revolución de los derechos del hombre y del ciudadano, directamente vinculada y determinada por la "globalidad" de los valores republicanos, que, independientemente de la naturaleza de los sistemas políticos, se imponen en todas partes del mundo. En definitiva, la batalla no ha hecho más que empezar en el mundo árabe. No más que los militares o la policía, los partidos religiosos no lograrán imponer su ley siniestra. La batalla que se anuncia será la de la sociedad contra las fuerzas de regresión que esta lleva también en su seno. Está claro que se ha abierto una época de gran inestabilidad.
   La segunda gran enseñanza de este año 2011 es el fin de un mito y de un sueño. El mito de la construcción federal de una gran Europa, que ha fracasado sobre las riberas devastadas de la crisis económica mundial. Era inevitable, y ello al menos por dos razones. La primera es el modelo institucional escogido, economicista e incoherente, que con el Tratado de Maastricht ha instaurado una moneda única para 17 países diferentes por sus desarrollos económicos y sus culturas políticas. El euro tenía que unir, fundar una zona de desarrollo óptima, pero divide y crea desigualdades insoportables entre las naciones. El sistema era malo. La moneda única fue mal concebida. Corre el peligro de morir pronto. Es una lástima, porque Europa merece existir para hacer frente a los desafíos de la globalización económica y financiera. Hay que orientarse lo más rápido posible hacia una alianza monetaria de sustitución, que será probablemente una moneda común en una Europa conscientemente confederal. Es el camino de la sensatez. ¡Aunque vaya golpe ha recibido el sueño europeo! Queríamos una Europa social dirigida por los pueblos. Hemos tenido una Europa antisocial bajo la tutela de las multinacionales. Resultado inevitable de la elección impuesta por los ambientes políticos y financieros europeos: hacer de Europa un espacio de desarrollo intensivo de la globalización liberal. Pero la Europa liberal se desmorona desde 2008 bajo las contradicciones del propio liberalismo globalizado.
   Estos dos grandes acontecimientos, revolución árabe y crisis de Europa, solo están separados aparentemente. Puesto que en ambos casos ha estallado el mismo grito: respeto al derecho a la dignidad en un mundo árabe sometido a la dictadura militar-policial, respeto a la dignidad social en una Europa sometida a la dictadura de los mercados financieros y a la irresponsabilidad de las élites políticas. Lo que venga después de 2011 se inscribirá inevitablemente en el eco de ese grito de esperanza.

   Traducción de M. Sampons.

lunes, 19 de diciembre de 2011

PRENSA. "El racismo mata", por Samí Naïr

Samí Naïr

   En "El País".
El racismo mata

SAMI NAÏR 17/12/2011

   En el curso de la crisis económica y social, estamos asistiendo en todos los países europeos al aumento del odio y del racismo contra los inmigrantes y los extranjeros. Podríamos hacer aquí la lista de los países afectados por esa peste de los tiempos modernos y, más aún, recordar que esta se desarrolla sin que los poderes, aparte de algunas declaraciones lenitivas, reaccionen seriamente. En Turín, acaban de asesinar a dos jóvenes senegaleses, así, por pura reacción visceral contra unos trabajadores que no tienen la fortuna de "parecer" del país donde viven... La extrema derecha se crece con la crisis: la inmigración es un chivo expiatorio ideal, indefensa, sin derechos verdaderos dignos de la civilización europea, y los partidos tradicionales, ya sean de derechas o de izquierdas, solo alzan la voz tímidamente para condenar el ostracismo del que los extranjeros son víctimas.
   El nacionalismo chovinista, sencillamente xenófobo, se vuelve banal hasta el punto de no sorprender ya a nadie. La crisis económica en la que se debate Europa acentúa ese estado de ánimo. Lo que en estos momentos está más tocado es el concepto mismo de solidaridad. Muchos movimientos y partidos políticos que defendían la inmigración callan ahora para no dar la impresión de estar ayudando a poblaciones alógenas en competencia, en el mercado laboral, con las autóctonas. Más grave aún: los partidos conservadores europeos, apoyados en su momento por algunos partidos socialistas, adoptaron en junio de 2008 en el Parlamento Europeo la directiva llamada de la "vergüenza", que exponía a la vindicta pública (y policial) a los inmigrantes "no comunitarios". Una actitud escandalosa que nunca hay que dejar de recordar a quienes tomaron el partido de dividir la solidaridad humana.
   Desde esa época, la caza de todo aquel que no parece europeo se ha generalizado en las ciudades europeas: en las calles, en los metros, se han multiplicado los controles policiales basados en características raciales. En Europa, los Ministerios del Interior presentan el número de arrestados "ilegales" cada año como trofeos de guerra, y aún más el número de expulsiones. La campaña presidencial francesa, que empieza ahora, verá sin duda a un Sarkozy exhibiendo cifras récord de expulsiones y a una Marine Le Pen, dirigente del Frente Nacional de extrema derecha, replicándole que no ha habido suficientes. Podemos apostar a que Italia, como Grecia, no se quedarán a la zaga en los difíciles años de crisis que se perfilan. El actual Gobierno de derecha y de extrema derecha griego está compuesto por un partido que reivindica abiertamente el racismo y el antisemitismo. Este partido ha participado ya estas últimas semanas en acciones contra los inmigrantes en Atenas. En Italia, acabamos de entrar en la fase de los asesinatos.
   ¿Qué hacer ante este racismo que mata? No hay 36 soluciones: son necesarias unas leyes mucho más estrictas para castigar a los culpables. El racismo no es una opinión, es un delito penal. Las leyes antirracistas son el principal dique contra la barbarie. Si a principios de los años treinta del siglo pasado la Alemania de Weimar hubiese estado dotada de un arsenal de leyes represivas contra el racismo y el antisemitismo, el nazismo, que se aprovechó de la desesperación social provocada por la crisis de 1929, no se habría afianzado con tanta facilidad. También hay que dedicar más que nunca una enseñanza obligatoria, tanto en la escuela primaria como secundaria, a la unidad profunda del género humano y a la solidaridad ciudadana. Y hay que eludir los problemas ingenuos de la solidaridad: el de la "tolerancia", por ejemplo. Puesto que no se trata de "tolerar" a unas personas diferentes por su cultura o su raza, aunque solo sea porque algunos pueden alegar un derecho a la intolerancia, tal como se oye cada vez más en determinados países europeos (derecho siempre justificado por argumentos falaces: no son como nosotros, no quieren adaptarse, etcétera), sino de hacer comprender que es una cuestión de derecho, solo de derecho, pero de todo el derecho que tienen a estar aquí, porque trabajan y contribuyen a la riqueza colectiva.
   Algunos pondrán en evidencia a aquellos que, de entre los inmigrantes, hacen uso de derechos sociales sin tener derecho a ellos. ¿Pero cuántos son y cuántos autóctonos están en la misma situación? No se hacen más trampas ni se cometen más delitos entre los extranjeros inmigrantes que entre los autóctonos. Hay, en cambio, una vigilancia mucho más dura y puntillosa hacia los inmigrantes. Sí, incluso en época de crisis, los inmigrantes deben beneficiarse de los mismos derechos que los demás.
   Traducción de M. Sampons.

lunes, 31 de octubre de 2011

PRENSA. "Una catástrofe migratoria anunciada", por Samí Naïr

Samí Naïr

   En "El País":
Una catástrofe migratoria anunciada

SAMI NAÏR 30/10/2011

   Son bastante bien conocidas las razones de las migraciones, pero siempre imperan dos: proteger la vida y vivir de manera digna. La regresión medioambiental que está experimentando nuestro planeta también tendrá consecuencias tremendas en cuanto al desplazamiento de las poblaciones. El auge demográfico, la urbanización creciente, la crisis alimenticia, la escasez de agua por doquier y la desertificación, combinados con la destrucción del medio ambiente, las guerras, el empobrecimiento y el estallido de los estados donde hay conflictos violentos están creando un cóctel explosivo.
   Las catástrofes naturales aumentan en frecuencia y en intensidad: en las últimas dos décadas, se han duplicado de 200 a más de 400 al año. En 2008, 20 millones de personas fueron desplazadas por desastres ecológicos relacionados con el cambio climático.
   La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y otras instituciones internacionales estiman que dentro de los próximos 40 años habrá unos 200 millones de personas afectadas y desplazadas debido al cambio climático. El Gobierno británico acaba de destacar en su informe 'Migration and Global Environmental Change' de 2011 que en los próximos 50 años la mayoría de migraciones se producirán dentro de los propios países afectados por desastres naturales. Así, para 2060 prevé que en África y Asia la población en zonas urbanas expuestas a riesgo de inundación aumente entre 114 y 192 millones de personas. Añade que si en 2009 hubo 17 millones de afectados, en 2010 alcanzaron 42 millones. Las principales regiones concernidas son, además de estos dos últimos continentes, América del Sur y Central.
   La ecuación migratoria está cambiando: no se trata solo de migraciones por razones laborales, sino de la huida de poblaciones frente una muerte imparable. Lo que significa que el concepto utilizado hoy en día para definir el refugiado precisa ser cambiado radicalmente, ya que estas poblaciones no están protegidas por la Convención del 1951. El debate jurídico se debe enfocar teniendo en cuenta categorías nuevas como "refugiados por el clima" o "refugiados por desastres ambientales". Algo que no resulta fácil, ya que los países desarrollados, todos sin excepción, han ido reduciendo durante las dos últimas décadas el alcance del concepto de refugiado y el número de personas así consideradas, con fin de no darles acogida. El derecho de asilo, cuyo contenido corresponde a la situación de la postguerra mundial, se vuelve cada vez más obsoleto. Es imprescindible adaptarlo, pues una humanidad civilizada no puede cerrar los ojos ante esta catástrofe anunciada.

sábado, 24 de septiembre de 2011

PRENSA. "El loco de Oslo", por Samí Naïr

Samí Naïr

   En "El País":
El loco de Oslo

SAMI NAÏR 30/07/2011

   El odio extravía; mata cuando cae en manos de individuos psíquicamente perturbados, como es el caso de la horrible masacre ocurrida en Noruega. Otrora afiliado al partido de extrema derecha curiosamente llamado "Partido del Progreso", el asesino es hoy condenado por ese mismo partido. ¿Pero es ello suficiente para disculpar a la ideología que ha hecho posible un acto semejante? No pasa ni un día sin que en alguna parte de esta Europa que da en todas partes lecciones de derechos humanos al mundo asistamos a agresiones, ataques, persecuciones contra los extranjeros, los "no comunitarios", aquellos cuya presencia, por una razón u otra, parece ilegítima a ojos de poblaciones europeas cada vez más desestabilizadas por la terrible crisis económica y social actual.
   El aumento de una extrema derecha racista, xenófoba, cada vez más decidida a utilizar la violencia para hacer prevalecer su ideología, se ha vuelto una realidad en Europa. Eco espeluznante, en verdad, de los años treinta del siglo XX. Y sabemos cómo acabó aquello. Creíamos que aquella extrema derecha había desaparecido para siempre después de la II Guerra Mundial; la vimos sin embargo reaparecer a partir de los años ochenta, primero en Francia, luego, poco a poco, en todas partes de Europa. La crisis económica, que hace estragos desde la puesta en marcha de la construcción liberal de Europa, es la razón principal, de fondo, del aumento de esa extrema derecha. Unas sociedades que estaban acostumbradas a asegurar el empleo y la estabilidad profesional a las más amplias capas de la población se han visto desarmadas ante los estragos del liberalismo económico defendido tanto por la derecha como por la izquierda social-liberal en Europa. La crisis de confianza ideológica que derivó de él condujo a las clases populares a alejarse de los partidos tradicionales. En Francia, en Italia, en Bélgica, en Holanda, en todos los países del norte de Europa han visto así grupúsculos minoritarios de extrema derecha recuperar a esas capas y transformarse en partidos electoralmente decisivos. Su apoyo, directo o indirecto, se convierte cada vez más en una condición de gobernabilidad de las democracias.
   Los partidos tradicionales, en vez de oponerse frontalmente a esos partidos extremistas, de declararles la guerra ideológica, de combatirlos con unas políticas sociales integradoras, se inclinan en realidad ante ellos; condenan moralmente los actos y palabras de la extrema derecha, pero no hacen nada para luchar contra las causas profundas del "malestar europeo" que beneficia a esa extrema derecha. La cruda verdad es que derecha e izquierda son responsables del paso del "bienestar social" al malestar identitario. Esos partidos han aceptado como una evidencia natural el liberalismo económico, se han convertido en sus vectores dóciles. La extrema derecha ha dado la vuelta a esta situación social en el tema identitario, en el de los valores, en el de la raza y la nación. Y ni la derecha conservadora ni la izquierda liberal pueden responder a este cambio ideológico, porque no quieren comprender que la causa reside en la inseguridad social y profesional, y la pauperización provocadas por las políticas económicas que ellas defienden. La señora Merkel acusa al "multiculturalismo" de querer desestabilizar las identidades nacionales, cuando es la desestabilización social, económica, profesional, promovida por el Gobierno que ella dirige, la que provoca los choques identitarios y culturales entre los distintos grupos sociales. Transformamos a conciencia unos problemas sociales en problemas identitarios, de la misma manera que en ciertos países musulmanes se explica el desempleo por el no respeto a los versículos del Corán. Estas son las manipulaciones que preparan el terreno para el extremismo ideológico.
   No saldremos de esta crisis con votos piadosos o simplemente apelando a los valores morales. Hay que combatir ideológicamente a la extrema derecha en todas partes, convertir en penalmente condenable la xenofobia, el racismo, el antisemitismo, pero también hay que acabar con esa economía basada en la lucha de todos contra todos, en el desempleo, en la destrucción del interés general. El jefe del Gobierno noruego ha respondido a ese ataque monstruoso reclamando más tolerancia, más libertad, más solidaridad. Tiene razón. ¡Pero que desconfíe! Convertiremos la tolerancia, la libertad, la solidaridad, en evidentes para todo el mundo cuando hayamos reinstaurado una sociedad del empleo, de la seguridad profesional, de la identidad común para todos. El acto del loco de Oslo no es un accidente aislado. Es posible que sea la señal anunciadora de tiempos turbulentos por venir.

jueves, 14 de julio de 2011

PRENSA. 14 julio 2011

   En "El País":

1. ¡En guardia! Columna de Maruja Torres.

2. ¿Qué 'Ética para Amador' en 2011? Por Juan Cruz. Veinte años después el libro de Fernando Savater, verdadero fenómeno editorial, sigue planteando las preguntas que el autor quiso responder en 1991 a su hijo adolescente.

3. La muerte del artista enfermo. Por Vicente Verdú.

4. Tanto Tuenti no los vuelve raritos. Reportaje de Ana Alfageme y María Victoria Ennis. Los adolescentes pasan mucho tiempo en las redes sociales, pero ni se aíslan ni se obsesionan - Las plataformas son aceleradores de amistades que ya existen y ayudan a interase a los solitarios. Amistad y violencia en Facebook. Análisis de Rosario Ortega Ruiz, jefa del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, directora del doctorado en Aplicar la Psicología y Máster en Intervención Psicológica e Investigación sobre la Justicia, Salud y Bienestar Social.

5. ¿Adónde va la izquierda europea? Artículo de Samí Naïr, profesor invitado de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Sin una reforma en profundidad de su visión del mundo, de sus métodos de acción y de sus medios de funcionamiento, la socialdemocracia corre el riesgo de seguir perdiendo apoyo en el Viejo Continente.

6. La venganza de los serios. John Carlin, sobre el escándalo de los tabloides en Inglaterra.

7. Afpak, paquete explosivo. LLuís Bassets, sobre Afganistán y Pakistán.

domingo, 10 de julio de 2011

PRENSA. "Los medios y el sentido", por Samí Naïr

´
Samí Naïr

   En "El País":
Los medios y el sentido

SAMI NAÏR 04/06/2011

   "El inconveniente de esta edad de oro de la comunicación y la información es que no hay medios para saber lo que sucede", escribe paradójicamente El Roto, el hombre de la mirada siempre afilada de EL PAÍS. Ignacio Ramonet pone de manifiesto esta verdad profunda a la cabeza de su libro, La explosión del periodismo, de los medios de masa a la masa de los medios. Sabemos que con la crisis ecológica, la de los mercados y, más aún, la de las clases políticas dirigentes, los medios atraviesan una fase muy crítica, relacionada con su éxito. Un éxito que transforma la información en incapacidad de interpretar la propia información. Dicho de otro modo, responde Ramonet, esta es "una crisis del sentido".
   La sobreinformación, reducida a la recopilación de los acontecimientos y de los sucesos, ¿es aún información? ¿Adónde ha ido a parar la capacidad de relacionar acontecimientos diferentes cuando todo es rebajado y banalizado por unos hechos entregados de cualquier manera, tan alejados en su importancia como en su significado? La prensa escrita pierde terreno ante la masa de los medios audiovisuales salvo, retomando el éxito espectacular de Die Zeit, cuando opta por el sentido, y hace comprender al lector que tiene alguna cosa importante que decir. Cuando ha elegido los análisis de fondo, en resumen, una exigencia que no se basa en la facilidad de los hechos sino en la voluntad de aprender.
   La pregunta es: ¿cuál es ahora la función de los medios? ¿Estamos aún ante un cuarto poder independiente? Ramonet sostiene que los medios de masas son los aparatos ideológicos de la globalización, que su papel es el de reproducir la dominación de los grandes intereses financieros y oligárquicos mundiales. Eso es verdad, pero hay que matizar. Podríamos contestar, en respuesta a la crítica de los años setenta sobre el concepto althuseriano de los aparatos ideológicos del Estado: la ideología de los aparatos no es instrumental, está atravesada por unos intereses opuestos, los granos de arena en el funcionamiento de esos aparatos son tan importantes como su supuesta coherencia.
   ¿No debemos tratar más bien con propaganda mercantilizada porque ya no hay realmente un desafío ideológico salvo el de vender y comprar? Efectivamente, eso también es una ideología, pero de "baja intensidad". La masa de los medios fabrica sobreinformación, da incluso a cada uno el derecho a hacerse su propia información, pero ¿con qué finalidad? Si observamos los grandes acontecimientos que aparecen y desaparecen a la velocidad del relámpago, nos damos cuenta de la verdad del aforismo de Jean Luc Godard a propósito de la televisión: su papel no es el de dar a conocer sino el de fabricar olvido. Sin embargo, la fábrica del olvido no es incompatible con la reproducción de la dominación mediante la manipulación. Y Ramonet no se olvida de plantear esta cuestión. Aquella puede ser directa, tipo Berlusconi: produce sentido insensato, rebajado con el divertimiento vulgar y aparentemente inofensivo. El monstruo sonriente. Más original, la manipulación indirecta, que aspira a producir consenso alrededor de un orden democrático totalmente pervertido por la falta de capacidad para tener peso sobre sus fundamentos. Esta ya era la tesis de Adorno. Y es tanto más cierto que los medios parecen no tener un contrapoder.
   Pero aquí también hay que relativizar. En realidad, y es un milagro sin duda debido a la educación cuando esta es difundida para todo el pueblo (puede ser que eso desaparezca con la globalización del ultracapitalismo, como diría el exconsejero del presidente Clinton Robert Reich), existe todavía una opinión pública relativamente independiente, y que sabe hacerse oír cuando es necesario.
   Recordemos en Francia el bombardeo mediático a favor de la ultraliberal Constitución europea, en 2005: durante tres meses, no había en el fondo más que un punto de vista en los medios de comunicación. Pero vimos al pueblo apoderarse del debate, y la sociedad civil deliberar democráticamente. El resultado es conocido y los medios perdieron. Se trata en realidad de un arma de doble filo. Y, en el fondo, no sabemos cómo se produce la alquimia entre los medios y la conciencia espontánea. Salvo, lo hemos visto con la revolución árabe, cuando estos se convierten en un instrumento de lucha con retos de urgente realidad: aquí, los medios pueden reencontrar la función de organizadores colectivos de los partidos políticos. La reflexión sobre el periodismo es ahora inevitable; el libro de Ramonet plantea cuestiones esenciales, e invita al debate.

sábado, 18 de junio de 2011

PRENSA. 18 junio 2011

   En "El País":

1. Otra herida abierta del expolio nazi. Reportaje de Gloria Torrijos. El Museo Albertina, obligado por el ministerio austriaco a restituir cinco obras de Egon Schiele - Eran de un marchante judío que murió en el campo de Lodz. Actos de sinceridad histórica. Por
Héctor Feliciano, escritor y periodista; autor de El museo desaparecido. La conspiración nazi para robar las obras maestras del arte mundial (Destino).


2. Familias a la medida. Reportaje de Charo Nogueira. Más de 1,2 millones de matrimonios han acudido al divorcio desde que se legalizó, hace ahora 30 años - Uno de cada tres niños nace ya de parejas no casadas - El número de bodas está descendiendo desde hace más de un lustro. Más democrática e igual de solidaria. Análisis de Inés Alberdi, catedrática de Sociología en la Universidad Complutense.

3. Ideología del fútbol y crisis. Por Vicente Verdú.

4. Un ensayo en ratas abre la puerta a la recuperación de la memoria. Por Emilio de Benito. Se demuestra por primera vez la eficacia de un implante cerebral en la función cognitiva - El hallazgo permite investigar futuros tratamientos del alzhéimer.

5. La 'mundialidad'. Samí Naïr, sobre los acontecimientos en el mundo árabe.

sábado, 7 de mayo de 2011

PRENSA. 7 mayo 2011

   En "El País":

1. En el siglo XVI. Columna de Manuel Rivas.

2. Una receta contra la invisibilidad. Reportaje de Margot Molina. Jóvenes gitanos de Sevilla juegan con Shakespeare para combatir la marginalidad.

3. "Soy el monumento de lo que no hay que hacer. El Gilipollas". Reportaje de Ana Teruel. Salen a subasta 36 cartas inéditas de Céline, escritor genial y filonazi convencido.

4. Lo inteligente es presumir de comprar gangas. Reportaje de Carmen Mañana. Las marcas cuidan al consumidor sensible al precio - La cultura del 'outlet' se extiende y sofistica - En vez de una vía para liquidar existencias, estas tiendas ya son un mercado propio y rentable.

5. Del Nespresso a la eternidad. Por Vicente Verdú.

6. Vuelve el panfleto. Artículo de Rosa María Artal, periodista, coordinadora y coautora de Reacciona.

7. La Transición por dentro. Artículo de Javier Pradera. El reciente libro de Charles Powell sobre las relaciones de España con Estados Unidos durante este periodo confirma que la Casa Blanca y el Capitolio fueron vacilantes, poco claros y no tan influyentes.

8. Revoluciones e inmigración. Por Samí Naïr.

sábado, 9 de abril de 2011

PRENSA. 9 abril 2011

   En "El País":

1. Versos para la redención... y la rebelión. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Lêdo Ivo y Juan Carlos Mestre hablan de poesía.

2. Salarios y productividad, una boda casi imposible. Reportaje de Manuel V. Gómez. El 9% de los asalariados españoles tiene cláusulas de retribución variable - Alemania y el Banco de España apoyan vincular el sueldo al rendimiento, pero la complicación está en cómo medirlo. 

3. Metafísica de la almohada. Por Vicente Verdú.

4. Señor embajador. Artículo del escritor Carlos Fuentes.

5. Internet y la rebelión de los cuerpos. Artículo de Eduardo A. Prieto, filósofo y arquitecto. Las revoluciones norteafricanas demuestran que, si bien la Red es muy útil para lanzar movilizaciones, el éxito final sigue dependiendo de la fuerza como grupo físico, de la fuerza real no virtual, de los ciudadanos.

6. La originalidad árabe. Por Samí Naïr.