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miércoles, 6 de mayo de 2015

PRENSA. "Mujeres". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "infolibre.es":
Mujeres
Actualizada 02/05/2015 

La poesía de Eduardo Galeano se hizo memoria, pensamiento y narración. Pasó del canto al cuento sin perder un segundo en explicaciones, o sea, sin perder un gramo de intensidad. Lo bueno si breve dos veces pájaro. Lo debió pensar así la hija del preso político que llevó a la cárcel un dibujo de pájaros. Los policías rompieron el dibujo por enemistad hacia todo lo que vuela. La niña llevó en la visita siguiente un dibujo con árboles y pequeños puntos entre las ramas. ¿Qué son estos puntos?, preguntó el padre. Ella explicó que se trataba de los ojos de los pájaros.

Es una de las historias que se recogen en Mujeres (Siglo XXI, 2015), el libro feminista de Eduardo Galeano. El escritor uruguayo necesitó mirar hacia la mujer en muchos momentos de su obra como una estrategia para mantener viva su propia rebeldía. “No hay tradición cultural –afirmó– que no justifique el monopolio masculino de las armas y de la palabra, ni hay tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que no la denuncie como peligro”.

Por eso Eduardo escribió sobre Nellie Bly, la mujer que demostró en un Pittsburgh decimonónico que el periodismo no era cosa de hombres, y dio la vuelta al mundo en setenta y dos días, y se hizo arrestar por robo para hablar de las cárceles, y luego pisó la locura para entrar en un manicomio y denunciar los tratamientos psiquiátricos de la época. También por eso habló Eduardo de las putas que cerraron un burdel en la Patagonia argentina para no acostarse con los soldados que habían reprimido de manera salvaje una huelga de peones. Fusilar cansa, pero más cansa la injusticia.

En fin, Eduardo Galeano habló de Frida Kahlo, Juana de Arco, Rosa Luxemburgo, Marie Curie, Matilde Landa, Violeta Parra o de las Comuneras anónimas que lucharon en las barricadas con un pañuelo rojo en el cuello, poniendo en peligro su vida junto a compañeros que les negaban el derecho al voto. Todas estas habladurías y muchas más se recogen ahora en un libro antológico que nos cuenta cosas de Mujeres.

La literatura de Galeano está llena de ideas. Schopenhauer afirmó que la mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto. Eduardo Galeano quiso llevarle siempre la contraria. Estaba cansado de soportar un mundo de avaricias largas y de ideas cortas. Su mejor manera de protestar contra el cacareado fin de las ideologías fue demostrarnos que las ideas son bellas, que hay pensamientos conmovedores, argumentos que son al mismo tiempo una forma de mirar con inteligencia y de hacer poesía. La literatura de Galeano unió la metáfora y la reflexión, encontró en la vida cotidiana un modo de contar la Historia y dominó el arte de la levedad profunda, de la brevedad sin fronteras.

Se encontró así con las mujeres al hacerse partidario de la piel del mundo y de la vida cotidiana. Y comprendió que era necesaria una palabra bella, pero de otra manera. Los malentendidos entre la poesía y la condición femenina brotan en el alma de la cultura machista. En la geografía de lo privado y lo público que articula las formas tradicionales del pensamiento moderno, la condición femenina y la poesía fueron asignadas al ámbito sentimental de lo privado, mientras que la razón y la condición masculina se destinaron al gobierno de lo público. Por eso Bécquer escribió su famosa declaración “Poesía eres tú” para responder a la pregunta de una mujer.

Eduardo Galeano sabe que no se trata de ser poesía, musa, sino de ser poeta, y para conseguirlo hace falta romper el orden, borrar fronteras y segregaciones, asumir palabra a palabra los sentimientos de lo público y las razones de lo privado hasta llevar la emancipación a los últimos pliegues de la intimidad. El pensamiento se hace entonces corazón y sostiene el sueño de las plazas públicas, y la memoria frente al olvido, y las palabras frente al mandato de todos los silencios.

Eduardo Galeano aprendió de las mujeres una forma de responder al poder. Si el poder intenta confinar en lo privado el mundo de los sentimientos, resulta necesario escribir y dar la batalla en el amor de la vida cotidiana y de la intimidad. Es un camino directo para asaltar lo público.

La lectura de Mujeres ha sido para mí una forma de vivir el duelo. Daba gusto hablar con Eduardo Galeano de política, periodismo, literatura, fútbol y mujeres.

martes, 21 de abril de 2015

PRENSA CULTURAL. "Una conversación con Eduardo Galeano"

Eduardo Galeano

En "blogs.publico.es":

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  • Una conversación con Eduardo Galeano

    19abr 2015
    JUAN JOSÉ TÉLLEZ
    Tenía la mandíbula recia, de mascullar razones contra la sinrazón. Sin embargo, lucía ojos tiernos, de galán antiguo, para seducir a los nadie y convencerles de que nadie, ni siquiera él, podía hablar en su nombre. Eduardo Galeano combatió al mal por dentro y por fuera. El sistema político y económico al que combatía y a la enfermedad que le iba invadiendo su cuerpo, calle por calle y casa por casa. De no haber caído en la última redada de la muerte, el autor de “Espejos” habría salido a la calle en las últimas horas, para combatir los oscuros tratados del poder, aquellos que aparentemente sellan alianzas entre Washington y Bruselas, pero que en el fondo pretenden cambiar el oro de la soberanía popular por las baratijas de los empleos precarios. Cuando la democracia vuelve a ser malvendida a las multinacionales, una muchedumbre recorría el mundo exclamando palabras que parecieran escritas por Galeano: “No somos mercancías”, gritaban los manifestantes con la convicción de quienes sólo están dispuestos a rendirse de cansancio pero no aceptarán nunca su derrota.
    Quizá desde mucho antes de su obligado exilio de Uruguay, Galeano amaba esa España de a pie que había sido la primera víctima de su propio imperio. Desde la Barcelona que le acogió con los brazos abiertos al Madrid donde conoció a aquel amigo suyo, Fernando Quiñones, que le llevaría hasta el sur, a un Cádiz en el que reconoció siempre a su patria chica: “Siempre me sentí muy ligado a Cádiz, quizás porque además tiene mucho que ver con Montevideo, que es la ciudad donde naci y la que sigo eligiendo para vivir. Las dos son ciudades respirables y caminables, dos lujos difíciles de encontrar en el mundo de hoy; o sea, aire limpio y la posibilidad de que las piernas te anden. Yo soy y caminante, caminar me gusta, escribo caminando. Las palabras caminan dentro de mi mientras yo camino a la vera del rio-mar en Montevideo –me confiaba en referencia a las márgenes del Plata–, que es mitad rio, mitad mar pero nosotros lo llamamos “mar” y bueno, a veces le llamamos La Mar como los pescadores, porque para ellos es mujer”.
    Amaba la Andalucía de Julio Vélez, cuya última antología publicada por la editorial “Atrapasueños” apoyó públicamente. Fue ese poeta el que más le aproximó al flamenco que recobró una noche de no hace mucho en el tablao Los Gallos, de Sevilla, o en las calles gaditanas, en la voz de Carmen de la Jara, que sigue siendo el mejor puerto de Indias. Fue allí donde frecuentó el Festival Iberoamericano de Teatro o en donde se apasionó con el carnaval que los gaditanos exportaron a Montevideo: “La murga uruguaya y las gaditanas constituyen el arma del carnaval nuestro y una prueba de que ninguna ciudad está condenada a la tristeza perpetua. Nuestras murgas provienen de las chirigotas gaditanas, son una especie de nacionalización que se hizo de la chirigota de Cádiz. Ambas nacieron para tomarle el pelo al poder”.
    La libertad del dinero.-
    A finales de 2011, allí y junto a su firme compañera Helena, conversamos muchos años antes de que le despidiera sin saber que le despedía, durante su último viaje a Madrid. Se trató de una entrevista para una serie documental titulada “La conquista de la libertad”, que dirigiera Sara Domínguez. Hasta hoy, casi toda esa conversación ha permanecido inédita, salvo algún que otro párrafo en el que Galeano arremetía contra un sistema feroz que presumía falsamente de ser liberal: “Lo que pasa –afirmaba—es que hay mucha confusión con la palabra liberalismo y con lo que implica el uso de ese término, que nace definiendo a la libertad. La libertad es muy hermosa pero deja de ser bella cuando pasa a definir la libertad del dinero, por la sencilla razón de que la libertad del dinero enjaula a la gente”.
    Mantuvo siempre tanto entusiasmo como escepticismo. No creía, empero, en verdades absolutas y solía recordar que la independencia americana, más allá de rebelarse contra las humillaciones del colonialismo, terminó convirtiéndose en “una emboscada contra los hijos más pobres de América”.
    “Y razón tuvo, triste razón pero razón al fin y al cabo, aquella mano anónima que escribió en una pared de la Ciudad de Quito en 1809, el mismo día en que se declaró por primera vez la independencia de América Latina: último día del despotismo y primero de lo mismo´”.
    Más allá de la insurrección de Tupac Amaru, Galeano aseguraba que “en realidad el primer país de veras libre de las Américas fue Haití y de Haití nadie se acuerda”.
    “En 1804, los esclavos negros de Haití culminan una larguísima guerra contra el ejercito de Napoleón al que le matan muchos oficiales. Fíjense, los negros humillando a Napoleón que había conquistado media Europa. Europa nunca perdonó eso y Haití lo sigue pagando, sigue siendo el mas despreciados de nuestro países y fíjate que durante un siglo y medio, Haití pagó el pecado de su libertad, lo que se llamó la deuda francesa, es decir, una indemnización a Francia por culpa de su libertad, por haber cometido el delito de ser libres, no solo libre de la opresión colonial, sino además y sobre todo libre de la esclavitud”.
    Haití fue el primer país libre de las Américas, “porque fue el primer país libre de la esclavitud, asi que no fue Inglaterra el que primero abolió la esclavitud como dicen la enciclopedias, fue Haití. Pero tenía el inconveniente de ser un país negro y pobre, pobre para sus habitantes negros y muy rico para Francia porque había sido la perla de la corona, la colonia que más rendía. Tampoco fue Estados Unidos el primer país libre de Américca. Ningún país puede ser libre si contiene, como ocurrió con EE.UU, 650.000 esclavos. Que siguieron siendo esclavos después de la independencia y en su primera constitución. Los Estado Unidos establecieron que un negro equivalía a las 3/5 parte de una persona, me pregunto hasta donde era libre ese país libre”.
    Mujeres invisibles.-
    A Galeano le abrumaba el hecho de que las libertades democráticas, en su momento fundacional y aún hoy, excluyeran a los esclavos, a los pobres asalariados o a las mujeres: “Las verdad es que los hombres y las mujeres que habían dado su vida por la independencia, los de verdad, los de abajo, los descalzos, no fueron invitados a la fiesta”.
    En mayo, aparecerá su libro póstumo “Mujeres”, en donde podrá leerse, por ejemplo, lo que sigue: “Si Eva hubiera escrito el génesis… ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano?. Eva hubiera puesto algunos puntos sobre las ies; quizá, digo yo, no sé, hubiera aclarado que ella no nació de ninguna costilla, que no conoció a ninguna serpiente, que no ofreció nunca ninguna manzana a nadie y que nadie le dijo que: “Parirás con dolor” y “Tu marido te dominará”… Y que todo eso, diría Eva, no son más que calumnias que Adán contó a la prensa”. La mujer fue prácticamente invisible desde la democracia griega a la Revolución Francesa: “Y también es verdad que a las mujeres se les exige que se conviertan en hombres para que puedan ser aceptadas en posiciones de poder”, refunfuñaba Galeano quien un día se acercó al despacho de Bibiana Aido en el ministerio de Igualdad para decirle que deseaba conocer a la valiente mujer a la que el patriarcado estaba linchando prácticamente.
    “Creo que fue admirable, y ojalá se pudiera continuar lo que Bibiana Aido logró hacer en gran medida desde su puesto de trabajo en el gobierno de Zapatero. Lamentablemente, después se cortó el ministerio o por lo menos fue muy disminuido. Por razones que no creo que fueran solo económicas. Pero ojalá se pueda retomar ese impulso de igualdad, porque ¿qué clase de democracia es democracia si no empieza por ser democrática dentro de cada casa? Ella hizo mucho para que esa igualdad no se limitase a las leyes o fueran simples palabras en los documentos públicos, en las declaraciones, en los discursos, si no que sea de veras igual en los hechos. Y trabajó mucho y muy bien, ojalá pueda seguir haciéndolo, contra la violencia del macho en la casa porque, cada casa suele esconder un dictador dentro. Tal vez fuera de casa sea progre y abierto y predique la igualdad de los géneros pero que no la practica dentro de casa. Yo creo que todo eso es fruto del miedo. Creo que el macho tiene miedo a la hembra, a la mujer sin miedo. Y yo creo que ese miedo tiene mucho que ver con la envidia, no la envidia del pene que don Segismundo Freud, dijo que era la envidia femenina; sino al revés, a la envidia nuestra de la sexualidad femenina, porque la mujer tiene orgasmo múltiples y nosotros uno con mucha suerte. Además la mujer puede estar habitada y nosotros no; la mujer puede ser dos, y nosotros estamos condenados a ser uno y eso también genera rencores ocultos y secretos de los que Freud nunca se ocupo porque al fin y al cabo era un macho como tú como yo.”
    Los derechos humanos de la Tierra.-
    Los derechos resucitan, pero surgen otros, como los de la naturaleza, reconocidos por la reforma constitucional que viviera Ecuador años atrás: “Lo que ha incorporado la Constitución de Ecuador es la historia de la humanidad. Es la naturaleza como fuente de derecho. A nadie se le había ocurrido la idea de que la naturaleza podía tener derechos propios, como si fuera persona, y asumirlo provocó un escándalo. Sin embargo, nadie se escandalizó cuando la Constitución de Estados Unidos incorporó una escandalosa versión del derecho que provenía de una decisión de la suprema corte de Justicia, que estableció que las corporaciones y las grandes empresas tenían derechos humanos. Y eso sigue vigente”.
    “Somos nosotros, las personas, quienes otorgamos a la naturaleza el derecho de tener derechos y quienes además confundimos a la naturaleza con un obstáculo, un obstáculo a vencer para que el progreso se posible. La naturaleza es un inconveniente o, a lo sumo, en el mejor de los casos de algunos amigos ecologistas de buena voluntad, la naturaleza llega a ser una tarjeta postal digna de admiración, pero es muy raro encontrar, incluso en la mejor gente que trabaja por ella, por la naturaleza, una visión clara de la identidad que le une a la especie humana. Los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. Los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad. En eso y en muchas otras cosas no se equivocaron las civilizaciones indígenas, las culturas primigenias de América, cuando creyeron que nosotros somos hermanos de todo lo que tiene piernas, pero también de todo lo que tiene patas, alas o raíces y que, por ello, fueron castigados los indios. De hecho, muchos de ellos fueron castigados, por pecado de idolatría, y por ese motivos fueron ahorcados o quemados vivos”.
    El autor de “Las venas abiertas de América Latina” siempre creyó en la diversidad de las comunidades indígenas del continente, desde México a Chile, de Nicaragua a Bolivia: “Son todos diferentes, somos por suerte lo mejor que tiene el mundo. Esa suerte consiste en la cantidad de mundos que el mundo contiene y por suerte lo mejor que América tiene es su diversidad. Todos los fenómenos políticos, culturales, todos los movimientos sociales o étnicos son todos diferente entre sí, con muchas cosas comunes claro, a veces con orígenes comunes o por lo menos con un destino común a conquistar, pero sí que somos todos diversos. Esa es una buena noticia, no una mala noticia. Menos mal que somos diferentes, menos mal que podemos juntarnos, que podemos unirnos. La realidad nos está obligando cada día más a Juntarnos, pero menos mal que somos diferentes”.
    Esa diferencia y esa rebeldía se levantan contra la uniformidad del sistema capitalista, “un sistema que nos invita generosamente a elegir, entre dígame, ¿usted de que prefiere morir?, ¿De hambre o de aburrimiento? Qué sistema tan amable, ¿no?”.
    La capacidad de indignarse.-
    Dibujaba chanchitos, amaba el fútbol y el vino. Quizá por ello creía en la belleza y en la justicia. Así que compartió la llamada a la dignidad de las primaveras árabes o la indignación de las acampadas españolas, algunas de las cuales visitó para mostrar su solidaridad de compañero de viaje: “Qué lindo, qué bueno que ocurra. Me fascina el ejercicio de un derecho humano sagrado para nosotros los humanitos, como es el derecho a la indignación. Y esa es también la prueba de que estamos de veras vivos, la capacidad de indignación de quienes no estamos condenados a obedecer. Ni a aceptar resignarnos, porque siempre podemos rebelarnos. No se nace en el mundo para aceptarlo, si no para cambiarlo. No se nace en el mundo para repetir la historia. Se nace en el mundo, si se nace como se debe nacer, para hacer la historia no para repetirla. Para hacerla y hacerla implica imaginarlas, ser capaces de imaginar un futuro diferente del que nos obligan a aceptar cada día cuando nos dicen: “ el tiempo presente es tu destino, estas condenado a la resignación” Y en el caso de América, de la América latina sobre todo, esa es la peor de las herencias coloniales porque el poder colonial te amaestra para aceptar la realidad; te dice tú estás condenado porque tu nos serás nunca capaz de pensar con tu cabeza ni de caminar con tus propias piernas; eso sí, el sistema colonial, el pasado y el presente o las formas neocoloniales de la opresión, tienen la gentileza de ofrecerte entonces una silla de ruedas”.
    Vuelan abrazos donde quiera que sus palabras encuentren refugio.

    PRENSA. EDUARDO GALEANO. "Los más bellos goles en verso"

       En "El País":

    Los más bellos goles en verso

    El fútbol fue para Eduardo Galeano “la única religión que no tiene ateos”


    Eduardo Galeano, en un acto en Sevilla en 2010 /ALEJANDRO RUESGA

    Nada puede despertar más pudor que poner letras minúsculas a quien las embelleció con mayúsculas. La temeridad se acepta porque frente al inevitable sonrojo pesa más disfrutar por enésima vez del mejor poeta futbolístico. Entre otras muchas cosas, eso era Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-13 de abril de 2015), autor de los goles orgásmicos más líricos, rapsoda de “esos carasucias que cometen el disparate de gambetear (…) por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”. También fue exégeta del dios redondo, el fútbol, “la única religión que no tiene ateos”. Sus feligreses son “hinchas en el manicomio” cuya camiseta es “la segunda piel” y la única unanimidad es el árbitro, “al que todos odian”.
    Como los pies de palo no le obedecían salvo en sueños, jugó al fútbol con la palabra. Con ella, como mendigo del buen fútbol, suplicaba “por una linda jugadita, por amor de Dios”, lo que podía llegar a neutralizar su pasión por Nacional y la Celeste. Incluso dejaron de importarle los colores de aquellos jugadores que le brindaban la alegría “del juego bien jugado” y cada vez que comenzaba un Mundial, él y su compañera Helena colgaban en la puerta de casa el siguiente cartel: “Cerrado por fútbol”. Era su estadio, “porque no hay nada menos vacío que un estadio vacío”, y él se sometía a la dictadura de la “telecracia”. Allí, como en las canchas en directo, disfrutaba del ídolo, fácil de identificar porque “la pelota lo busca, lo reconoce y lo necesita”. También se compadecía del jugador en el ocaso, “al que la fama, señora fugaz, no le dejaba ni una carita de consuelo” en su retiro.
    No solo padecía por el jugador, el divo caído. Tenía sentimientos encontrados con la “orgullosa y vanidosa pelota”. La menina, caricia verbal de los brasileños, tenía motivos para la petulancia: “Bien sabe ella que a muchas almas da alegría cuando se eleva con gracia, y que son muchas las almas que se estrujan cuando ella cae de mala manera”.

    Maradona llevaba la pelota atada al pie, Messi lleva la pelota dentro del pie”
    En ese “triste viaje del placer al deber” por el que ha transitado el fútbol, el gol era una pesadumbre, signo de los tiempos modernos. “El gol es el orgasmo del fútbol y como el orgasmo es cada vez menos frecuente en la vida moderna”. Gran culpa tenían los arqueros, “aguafiestas del gol que bien podrían ser llamados mártires, paganinis, penitentes o payasos de las bofetadas”. Como Zamora, “pánico de los delanteros”, porque si le miraban “el arco se encogía y los postes se alejaban hasta perderse de vista”. Y Yashin, “brazos de araña y manos de tenaza”.
    Para alivio orgásmico ahí estaban los grandes delanteros, los que hacían del gol un do de pecho. El brasileño Friedenreich, hijo de alemán y una lavandera negra, genio del Sudamericano de 1919 “que hizo más goles que Pelé” y cambió la geometría de todo un país: “Desde Friedenreich, el fútbol brasileño que es de veras brasileño no tiene ángulos rectos, como tampoco los tienen las montañas de Río ni los edificios de Niemeyer”. Sin olvidar a su compatriota Leónidas, “al que en el Mundial del 34 le contaron seis piernas y opinaron que era cosa de magia negra”.

    A los primeros tótems brasileños les sucedió un rey, Pelé: “Cuando iba a la carrera pasaba a través de los rivales, como un cuchillo. Cuando se detenía, los rivales se perdían en los laberintos que sus piernas dibujaban. Cuando saltaba, subía en el aire como si el aire fuera una escalera. Cuando ejecutaba un tiro libre, los rivales que formaban la barrera querían ponerse al revés, de cara a la meta, para no perderse el golazo”. Con Pelé se alistaba en la selección alguien que regateaba como “un Chaplin a cámara lenta que murió de su muerte: pobre, borracho y solo”. Tenía el apodo de un feúcho e inútil pajarillo: Garrincha.
    Al entronizado Pelé solo le discutía el trono Di Stéfano, al que “todo el campo de juego cabía en sus zapatos”. La Saeta jugó en el Madrid con Kopa, “un francés al que llamaban el Napoleón del fútbol porque era bajito y conquistador de territorios”. Y por la orilla izquierda del histórico Madrid volaba Gento, “un forajido que tenía la captura recomendada por todos los equipos rivales, al que a veces conseguían encerrarlo en cárceles de alta seguridad, pero él se zafaba siempre”. Al Madrid, primer colonizador de la Copa de Europa, le exigía, y mucho, el poderoso Benfica, que por esas paradojas del fútbol lideraba Ninguém (nadie, ninguno). Había nacido “destinado a lustrar zapatos, vender maníes o robar a los distraídos”. Fue Eusebio, “un africano de Mozambique el mejor jugador de la historia de Portugal”.
    Tampoco hay duda de quién fue el mejor jugador en Holanda. Cruyff fue “un director de orquesta y músico de fila, calentón, trabajador y talentoso”. Al genio naranja se le cruzó en el camino el Torpedo Müller, un depredador “disfrazado de abuelita” para el que “la red era el encaje de novia de una niña irresistible”. En los ochenta apareció Platini, que hacía “goles de ilusionista de esos que no pueden ser verdad”. Lo mismo sucedía con el brasileño, Zico, “que metía goles que los ciegos querían que les contaran”.

    El fútbol fue para el escritor uruguayo, “la única religión que no tiene ateos”
    De dibujos animados era Romario, “que ensayaba en su favela infantil los muchos autógrafos que iba a firmar en el futuro”. Un futbolista “que trepó a la fama sin pagar los impuestos de la mentira obligatoria: se dio el lujo de hacer siempre lo que quería”. Un enigma este Romario, de piernas con arco y culo bajo. A este juego nunca le faltaron arcanos. Como el de Baggio. “Su fútbol tiene misterio: las piernas piensan por su cuenta, el pie dispara solo, los ojos ven los goles antes de que ocurran”.
    Y para gigantes futbolísticos de cuerpos recortados, Maradona y Messi. El Pelusa, “en el frígido fútbol de fin de siglo XX, que exige ganar y prohíbe gozar, es de los pocos que demuestra que la fantasía puede ser eficaz”. Ocurre que el Diego “jugó, venció, meó y perdió”. Lo de Messi en los dedos de Galeano tuvo que esperar. Hubiera merecido una edición única de Su Majestad el Fútbol (1968), pero el escritor uruguayo cerró su segundo gran partido literario en 1995. Y lo hizo así: “Escribiendo iba a hacer con las manos lo que nunca iba a ser capaz de hacer con los pies, yo no tenía más remedio que pedir a las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado. De ese desafío, y de esa necesidad de expiación, ha nacido este libro (…) No sé si es lo que ha querido ser, pero ha llegado a su última página. Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”. Se llamó El Fútbol a Sol y Sombra. Un incunable, goles en verso.
    Quedaba uno suelto. El de Messi, el último gran asombro para el mayor trovador del fútbol. Galeano, en una entrevista con el diario La Nación, defendió su tesis de la messiología: “Inventé una teoría, que se la hice llegar a él a través del director técnico de la selección: así como Maradona llevaba la pelota atada al pie, Messi lleva la pelota dentro del pie. Lo cual es un fenómeno físico. Inverosímil. La frase le llegó. Y se ve que le gustó, porque me mandó una camiseta de regalo. Científicamente es imposible, ¡pero es verdad!”.
    Palabra de quien aprendió de Juan Carlos Onetti que las “únicas palabras que merecen existir son las que mejoran el silencio”. Lástima que el fútbol no haya guardado el suyo, un minuto silencioso por su mejor juglar, un coplista único del balón impreso.
    Y perdone, maestro, que le haya tomado las palabras.

    viernes, 17 de abril de 2015

    PRENSA CULTURAL. "Grass/Galeano: la memoria musa". Manuel Rivas

    Günter Grass

    Eduardo Galeano

       En "El País":

    La musa de sus obras era la conciencia. Una memoria en vilo que sentía y pensaba a la vez. Sentipensante. Günter Grass y Eduardo Galeano tenían muchas cosas en común. Por ejemplo, la mirada. La elocuencia de la mirada. “La mirada fértil, la mano sincera”, era el mejor elogio en los talleres de pintura flamenca. Una mirada que escuchaba y escribía. Capaz, a la vez, de avanzar hacia adentro y abrir el paso en la noche de otros. La consigna bien podría ser una pasión compartida: “¡Francisco de Goya!”. Y todavía, con más precisión, el título de la estampa 26 de Los desastres de la guerra, allí donde la mano sincera del pintor anotó a modo de grafiti. “No se puede mirar”. ¿Qué es lo que no se puede mirar? Una cueva con hombres, mujeres y un niño en brazos. A la derecha, asomando por la boca, las armas sin rostro. Esa cueva es una cámara estenopeica de la historia que registra todas las masacres. El Antes/Después del Horror. Goya anticipa la producción industrial de la muerte. La mirada de Grass y Galeano responde a aquella llamada insurgente que contiene el grafiti: Ver lo que no se puede mirar, escribir lo que no se puede decir. En la cueva yacen huesos, palabras y metáforas. Las miradas de Grass y Galeano desentierran las palabras, las curan, germinan en la mano sincera. Para contar lo indecible no sirve el lenguaje que solo quiere dominar. La consigna podía ser también Camus, Albert Camus, por ejemplo en la naturaleza de la relación carnal con el lenguaje: “No es el compromiso el que me lleva a las palabras, sino las palabras al compromiso”. La manera de escribir de Eduardo Galeano, cuando anotaba un murmullo de vida, una esquirla de historia, recordaba la forma de tocar del jazzista Django, que pulsaba las cuerdas con los dos dedos sanos de su mano quemada. El erotismo, la sutileza, que brotaba en el dolor. Günter Grass desvelaba las zonas de sombra, su andar caligráfico era situacionista: abría claros en el deslugar de lo siniestro, y a la vez dibujaba escondrijos para setas y erizos, escondites silábicos para los seres que hilan lo visible y lo invisible. Ese tejer era la forma de contar de ambos. Por eso en sus libros, como Espejos en Galeano, o Mi siglo en Grass, vemos información esencial sobre la condición humana y la descripción lúcida de la maquinaria pesada y depredadora de la historia del poder, pero también la capacidad de resistencia y artesanía de la belleza de las voces subalternas. A mediados del XIX, en los “años milagrosos”, fundacionales, de la literatura norteamericana, un crítico estableció una curiosa clasificación entre escritores “piel roja” y escritores “rostro pálido”. Un rasgo de los “piel roja”, como Walt Whitman, es que iban más allá de la frontera mental y estética establecida. Se nos han muerto, sin miedo, dos hijos de la frontera, dos bravos “piel roja”.

    miércoles, 15 de abril de 2015

    PRENSA. En la muerte de Eduardo Galeano. "Defensa de la palabra". Miguel Ángel Nieto

       En "El País":

    Eduardo Galeano / BERNARDO PÉREZ

    Le robo a Galeano el titular. Corresponde a un artículo que publicó en la revista Triunfo en enero de 1977 y que cambió mi vida. "Escribir, ¿vale la pena?", se preguntaba.
    Aquel artículo cayó en mis manos en medio de una clase de matemáticas. Lo devoré. Yo acaba de cumplir 16 años, estudiaba en horario nocturno y trabajaba en diurno desde los 13 años. Desde niño me sentía periodista, pero hasta que no releí una y mil veces aquel escrito de Eduardo no supe que lo era. Decía: "Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte o mala suerte uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta Tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer".
    Le busqué en tiempos en los que no había Internet. Le escribí, por carta postal a un apartado de correos. Como si fuera un talismán, siempre guardé su postal de respuesta junto a mi pasaporte, no sé por qué: "En marzo iré a Madrid, por cosas de trabajo -decía-, y sería bueno que nos sentáramos en alguna mesa de café, por el rato que tengas, para contarnos las cosas que salgan". Hace casi 40 años de aquel primer abrazo. El Día Internacional del Beso debería cambiar de nombre y llamarse, en memoria suya y en la Günter Grass, el Día de los Abrazos.
    Mi primer artículo en papel prensa se publicó en el vespertino Informaciones, y cuando Galeano lo leyó me miró con sus ojos brillantemente azules, ojos astutos y adivinos, y me dijo: "Migue -me llamaba así, como mi madre-, ya eres un periodista de pantalón largo".

    Logró combinar lo que susurra el corazón con las consignas humanas que nunca caducarán
    Cuando yo trabajaba en El País ofrecí una entrevista con él al entonces jefe de Cultura, Juan Cruz. Dijo que sí, aunque jamás la publicó. Eduardo me la concedió siguiendo sus perversos hábitos de castigar con sueño y hambre a quienes querían entrevistarle. Me citó a las siete de la mañana en la casa de Mario Benedetti. Pero lo malo no es eso, lo peor es que faltaban tres horas, eran las cuatro de la madrugada cuando decidió la cita y llevábamos muchas, muchas cervezas encima. Me recibió en pijama, pero yo había tenido tiempo de ir a casa, afeitarme, acicalarme y ponerme corbata, cosa que sabía que le fastidiaba enormemente.
    Hemos reído mucho juntos, en muchas ciudades del mundo. Con él, con sus hijas, con mis hijos, con su preciosa esposa, Helena Villagra. Hemos llorado juntos algunas muertes, como la del más fascinante poeta español que he conocido en vida, Julio Vélez. A veces, Galeano me daba sus manuscritos para que opinara. Tuve en mis manos las cuartillas de una de sus mejores obras, la Memoria del fuego, pero se molestaba cuando le decía, pasados los años, que debería alternar el ejercicio de la literatura con el del periodismo; que a mí quien realmente me gustaba era el Eduardo-periodista.
    Eduardo logró lo increíble en el peligroso ejercicio de la palabra: combinar lo que susurra el corazón con las consignas humanas que nunca caducarán. Logró entregar la palabra a quienes nacieron sin acceso o sin derecho a la palabra. Frases cortas. Adjetivos selectivos, elegidos a conciencia entre la infinita gama de los candidatos. La pluma en una mano y el hacha en la otra, como le enseñó Juan Rulfo. Textos cortos, destinados al alma.
    Y así logró llegar a los más jóvenes. Los adultos le echaban en cara sus posiciones políticas mientras los adolescentes aplaudían que reclamara el mandamiento que Dios olvidó promulgar: "Amarás a la naturaleza de la que formas parte". Sus charlas públicas estaban siempre atestadas de chavales y chavalas. Tenía magia, magnetismo. Tenía el don de la palabra y el de la persuasión. Oírle hablar en público era una lección magistral de comunicación verbal y no verbal. Pero nunca, nunca jamás sentí que el éxito se le subiera a la cabeza. La palabra era un deber para él. Y ese será su legado. Legado que compartía con otro escritor al que admirábamos, Pablo Salinas, autor de otro título que hoy reivindico en el nombre de mi amigo fallecido: La responsabilidad del escritor.
    Escribir no es un acto inocente, ni es gratuito, ni vale la pena hacerlo sin correr un riesgo. Eduardo Galeano jamás fue inocente de nada. Convertía en textos brillantes y públicos los sueños que su mujer le contaba al despertar, los colores con que ella adornaba la ensalada. Y por eso, tal vez por eso, supo definir el compromiso de vivir de una forma tan bella como exigente: "Tienen el color de la tierra los que se revolcaron en el barro, y el de la ceniza los que buscaron calor en los fogones apagados. Verdes son los que frotaron sus cuerpos en el follaje y blancos los que se quedaron quietos".
    Blancos quedaremos si no aplicamos aquello a lo que Eduardo Galeano dedicó su vida: la defensa de la palabra.
    Miguel Ángel Nieto (1960) es periodista, fotógrafo y realizador. Comenzó escribiendo en el diario El País y participó en la creación de medios como El Globo, El Sol, Liberación, Brecha (de Uruguay), entre otros muchos.

    PRENSA. "Galeano, político hasta el final"

       En "El País":

    Galeano, político hasta el final

    Referente de la izquierda, el autor mostró su último apoyo al chavismo la semana pasada

     Buenos Aires 13 ABR 2015  
  • Eduardo Galeano
    Encuentro entre Eduardo Galeano (izquierda) y Hugo Chávez en Caracas, en 2004. / AFP

    Eduardo Galeano pasará a la historia de la literatura por sus libros, pero el escritor nunca descuidó su faceta política, que mantuvo activa hasta el último momento. La semana pasada, el 7 de abril, Galeano sumó su firma a un manifiesto contra un decreto de EEUU que considera a Venezuela una amenaza para la seguridad de este país. Nicolás Maduro, criticado con dureza por el encarcelamiento de opositores, entre ellos el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, mostró en televisión ese apoyo de Galeano, que fue siempre un referente para Hugo Chávez.
    Las televisiones argentinas muestran ahora el momento en el que, en 2009, el fallecido presidente de Venezuela interrumpió la Cumbre de las Américas para levantarse y entregar a Barack Obama, presidente de EEUU, un ejemplar dedicado de Las venas abiertas de América Latina, el libro más político de Galeano en el que critica con dureza la injusticia social y la explotación de este subcontinente por las grandes multinacionales de EEUU. Obama, sentado al lado de la chilena, Michelle Bachelet, se levantó y saludó a Chávez con cara de circunstancias pero aceptó el regalo y se puso a hojearlo delante de las cámaras.

    Galeano renegaba de ese libro, decía que lo escribió demasiado joven (31 años), sin formación real, y que el lenguaje de esa época es demasiado farragoso, que ahora no lo escribiría así. “Era por coquetería”, se ríe Miguel Bonasso, escritor y periodista argentino, amigo de Galeano y exiliado como él. Bonasso, autor de un conocido libro sobre la represión argentina, Recuerdos de la muerte, asegura que Las venas abiertas de América Latina fue un referente para toda su generación como lo fue el propio Galeano, activo políticamente hasta los últimos días de su vida. Toda la izquierda latinoamericana, explica, lo ha tenido como un personaje clave que si bien pudo no entrar entre los referentes de la crítica literaria, sí era un hombre tan popular que todo lo que decía tenía una enorme repercusión, incluso más en su faceta política.
    “Siempre estuvo ahí con personajes muy populares de la izquierda no encuadrada, a los que la gente seguía, como Mario Benedetti, pero también otros como el propio Joan Manuel Serrat, a los que la gente venera”, explica Jorge Fernández Díaz, otro escritor argentino que describió con mucho detalle la forma en que Galeano escribía y buscaba sus historias. “Trabajaba con libretas minúsculas, buscaba por todas partes pequeños fragmentos que narrar, era un topógrafo humano, un antologista de la vida”, señala Fernández Díaz, autor de éxito en Argentina. El propio Serrat sigue arrasando estos días en Buenos Aires con un público incombustible, el de le generación que más leyó y aplaudió a Galeano.
    “Nunca fue un sectario, siempre fue un tipo inteligente”, explica Bonasso, “pero fue coherente con sus ideas toda su vida”. Le marcó mucho el exilio, explica. De hecho, a ellos, al grupo de periodistas y escritores argentinos que, con Juan Gelman, tuvieron que exiliarse, su experiencia les ayudó porque ellos le conocieron en Buenos Aires cuando el propio Galeano tuvo que exiliarse de la dictadura uruguaya. Ellos entonces no sabían que poco después tendrían que marcharse también. Galeano a España, Gelman y Bonasso a México. Galeano ha sido un referente para la mayoría de los líderes políticos de la izquierda latinoamericana, y en Argentina, donde vivió hasta que la dictadura le forzó a huir a España, hay auténtica veneración por él. El escritor también ha tenido una presencia notable en la política uruguaya, donde apoyó también al actual presidente, Tabaré Vázquez.
    Pero con quien más se comprometió el intelectual uruguayo fue con el chavismo. Galeano vivió en Venezuela como corresponsal y siempre apelaba a esa vivencia para defender los logros del movimiento que lideró Hugo Chávez. Siempre recurría a la ironía para apoyar al chavismo: “Yo viví en ese país algunos años (como periodista-corresponsal de Prensa Latina) y conocí muy bien lo que era. La llaman la Venezuela Saudita, por el petróleo… Pero tenían más de dos millones de niños que no podían ir a las escuelas porque no tenían documentos. Chávez alfabetizó a dos millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo”, aseguró. “En la época en que yo vivía allá como corresponsal, nunca vi un médico. Ahora sí hay médicos. La presencia de los médicos cubanos es otra evidencia de que Chávez está en la Tierra de visita, porque pertenece al infierno”, señalaba el escritor uruguayo, que ironizaba con la idea de que Hugo Chávez era “un extraño dictador” porque se presentaba a las elecciones y las ganaba.

    martes, 25 de noviembre de 2014

    EDUARDO GALEANO. 25-N. "Los derechos humanos"



       Del libro "Mujeres":

    LOS DERECHOS HUMANOS

    La extorsión,
    el insulto,
    la amenaza,
    el coscorrón,
    la bofetada,
    la paliza,
    el azote,
    el cuarto oscuro,
    la ducha helada,
    el ayuno obligatorio,
    la comida obligatoria,
    la prohibición de salir,
    la prohibición de decir lo que se piensa,
    la prohibición de hacer lo que se siente
    y la humillación pública
    son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo.
       - Los derechos humanos tendrían que empezar por casa-me comenta, en Chile, Andrés Domínguez.

    jueves, 7 de junio de 2012

    CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (7)


       En "El País":
    Setiembre 28
    Día del derecho a la información

       Quizá sea oportuno recordar que un mes y pico después de las bombas atómicas que aniquilaron Hiroshima y Nagasaki, el diario The New York Times desmintió los rumores que estaban asustando al mundo.
       El 12 de setiembre de 1945, este diario publicó, en primera página, un artículo firmado por su redactor de temas científicos, William L. Laurence. El artículo salía al encuentro de las versiones alarmistas y aseguraba que no había ninguna radiactividad en esas ciudades arrasadas, y que la tal radiactividad no era más que una mentira de la propaganda japonesa.
       Gracias a esta revelación, Laurence ganó el premio Pulitzer.
       Tiempo después, se supo que él cobraba dos salarios mensuales: The New York Times le pagaba uno, y el otro corría por cuenta del presupuesto militar de los Estados Unidos.

    jueves, 26 de abril de 2012

    CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (6)


       En "El País":
    Setiembre 22
    Día sin autos

       Los ecologistas y otros irresponsables proponen que por un día, en el día de hoy, los automóviles desaparezcan del mundo.
       ¿Un día sin autos? ¿Y si el ejemplo se contagia y ese día pasa a ser todos los días?
       Dios no lo quiera, y el Diablo tampoco.
       Los hospitales y los cementerios perderían su más numerosa clientela.
       Las calles se llenarían de ridículos ciclistas y patéticos peatones.
       Los pulmones ya no podrían respirar el más sabroso de los venenos.
       Las piernas, que se han olvidado de caminar, tropezarían con cualquier piedrita.
       El silencio aturdiría los oídos.
       Las autopistas serían deprimentes desiertos.
       Las radios, las televisiones, las revistas y los periódicos perderían a sus más generosos anunciantes.
       Los países petroleros quedarían condenados a la miseria.
       El maíz y la caña de azúcar, ahora convertidos en comida de autos, regresarían al humilde plato humano.

    martes, 24 de abril de 2012

    CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (5)


       En "El País":
    Setiembre 11
    Día contra el terrorismo

       Se busca a los secuestradores de países.
       Se busca a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleos.
       Se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire.
       Se busca a los traficantes del miedo.

    viernes, 20 de abril de 2012

    CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (4)


       En "El País":
    Agosto 30
    Día de los desaparecidos

    Desaparecidos:
    los muertos sin tumba,
    las tumbas sin nombre,
    las mujeres y los hombres que el terror tragó,
    los bebés que son o han sido botín de guerra.
    Y también:
    los bosques nativos,
    las estrellas en la noche de las ciudades,
    el aroma de las flores,
    el sabor de las frutas,
    las cartas escritas a mano,
    los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,
    el fútbol de la calle,
    el derecho a caminar,
    el derecho a respirar,
    los empleos seguros,
    las jubilaciones seguras,
    las casas sin rejas,
    las puertas sin cerradura,
    el sentido comunitario
    y el sentido común.

    jueves, 19 de abril de 2012

    CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (3)


       En "El País":
    Abril 28
    Día de la seguridad en el trabajo

       Hoy vale la pena advertir que no hay nada más inseguro que el trabajo. Cada vez son más y más los trabajadores que despiertan, cada día, preguntando:
       -¿Cuántos sobraremos? ¿Quién me comprará?      
       Muchos pierden el trabajo y muchos pierden, trabajando, la vida: cada quince segundos muere un obrero, asesinado por eso que llaman accidentes de trabajo.
       La inseguridad pública es el tema preferido de los políticos que desatan la histeria colectiva para ganar elecciones. Peligro, peligro, proclaman: en cada esquina acecha un ladrón, un violador, un asesino. Pero esos políticos jamás denuncian que trabajar es peligroso, 
       y es peligroso cruzar la calle, porque cada veinticinco segundos muere un peatón, asesinado por eso que llaman accidente de tránsito;
       y es peligroso comer, porque quien está a salvo del hambre puede sucumbir envenenado por la comida química;
       y es peligroso respirar, porque en las ciudades el aire puro es, como el silencio, un artículo de lujo;
       y también es peligroso nacer, porque cada tres segundos muere un niño que no ha llegado vivo a los cinco años de edad.