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lunes, 25 de agosto de 2014

PRENSA CULTURAL. "Cortázar forastero". Andrés Neuman

    En "Babelia":

Cortázar forastero

Las claves de la obra del autor de 'Rayuela' y una hoja de ruta para revisar su universo


Julio Cortázar, en un retrato de 1981. / CHEMA CONESA

Desconocido íntimo

Por su impacto iniciático, suele repetirse que Cortázar es un descubrimiento de adolescencia. Esta afirmación, que contiene su dosis de injusticia, omite cuando menos otra realidad: hay sobre todo una manera adolescente de leer y recordar a Cortázar. Lo cual, definitivamente, no es culpa suya.
Su aproximación al vínculo entre escritura y vida, heredada del romanticismo pero también de las vanguardias, lo convierte en la clase de autor que genera una imaginaria relación personal con sus lectores. Para bien y para mal, Cortázar es contagioso. Por eso quienes fingen desdeñarlo en realidad se están defendiendo de él.
Dos fuerzas complementarias lo mantienen en un raro equilibrio emocional. Una fuerza centrífuga, el humor, que le permite distanciarse de sí mismo; y otra centrípeta, la ternura, que provoca adhesión íntima. Resultaría esnob subestimarlas.

Otras mecánicas

Los cuentos fantásticos de Cortázar han sido aislados en un canon restrictivo que tiende a traicionar la genuina variedad de su poética. Las piezas perfectas (uno de los epítetos más recurrentes en su prosa) al estilo de Continuidad de los parques, escritas durante los años cincuenta y sesenta, han eclipsado una extraordinaria periferia que, contradiciendo la opinión oficial, incluye su obra tardía. Pese a los sobreexplotados artefactos de inversión como Axolotl, muchos de sus cuentos memorables (La autopista del sur, Casa tomada) no condescienden al malabarismo estructural, ni concluyen en sorpresa. En otras palabras, la mayoría de los cuentos de Cortázar operan al margen de la simplificadora ecuación con que suele identificarse su narrativa breve, persiguiendo más bien lo que él alguna vez denominó “mecánicas no investigables”.
Un ejemplo de esas afueras es Queremos tanto a Glenda, del libro homónimo, legible como parábola de la reescritura, pero también de la censura autoritaria; se trata de un excelente cuento político, descargado de lastres panfletarios. Y sobre todo Diario para un cuento, del postrero Deshoras. En este texto final y sin embargo fundacional, Cortázar declara su intención de escribir “todo lo que no es de veras el cuento”, los alrededores de lo narrable: el contorno de un género. Quizá por eso repita la frase “no tiene nada que ver”, a modo de mantra digresivo. Para éxtasis del hermeneuta universitario, en este cuento se cita y traduce, acaso por primera vez en una obra de ficción latinoamericana, un fragmento de Derrida.
Experimento autoficcional que se anticipa a actitudes literarias hoy percibidas como poscortazarianas, Diario para un cuento despliega una magistral reflexión sobre la historia del estilo, sobre cómo afecta el tiempo a las maneras de contar. El narrador nombra varias veces a Bioy (cuyo centenario, aunque casi nadie parezca haberlo advertido, también se celebra este año) como alguien capaz de describir al personaje “como yo sería incapaz de hacerlo”. Además de un homenaje, se trata del establecimiento de una frontera: el territorio en que se está aventurando Cortázar transgrede muchos códigos generacionales y estéticos. Esta última gran pieza, cuento y anticuento, decreta la senectud de una tradición que él mismo había encumbrado.

Amores duales

Quiroga tanteó una división de su propia narrativa en cuentos de efecto y cuentos a puño limpio. Por anacrónicamente viril que hoy suene esta nomenclatura (casi tanto como la lamentable distinción en Rayuela entre lectores macho y hembra), el matiz era pertinente: los textos de estructura clásica frente a los que salen sin brújula en busca de un impacto visceral. De manera análoga, resultaría factible agrupar los cuentos de Cortázar en función de dos conceptos mencionados por el autor: aquellos con la milimétrica vocación de converger en un golpe final, en un knock-out; y aquellos otros con preferencia por la improvisación, a partir de un tema dado, es decir, por el take. Entre estos últimos podrían incluirse epítomes como Carta a una señorita en París, El perseguidor, Historia de cronopios y famas, y títulos mucho menos transitados como Un tal Lucas.
Tampoco los personajes femeninos de Cortázar escapan a esta suerte de amor dual. A un lado pululan diversas magas y figuras más o menos contagiadas por la nouvelle vague. Pienso en la Alana de Orientación de los gatos, atrozmente alabada como “una maravillosa estatua mutilada”, y cuyos encantos parecieran transcurrir “sin ella saberlo”, gracias a su becqueriano exégeta. Al otro lado sobresalen, por su capacidad de contradicción, retratos más complejos de personajes femeninos tradicionales. Así sucede con la madre de La salud de los enfermos o la prostituta de Diario para un cuento, cuya foto aparece como inquietante (¿y acaso irónico?) marcapáginas de una novela de Onetti.

El tono y el túnel

Siempre me ha intrigado el conflicto entre las imágenes populares de Cortázar y Borges y sus respectivos tonos como ensayistas. Borges suele ser considerado (sobre todo por quienes no lo han leído) un clásico de sesuda seriedad. Pero su escritura, en particular la ensayística, está plagada de provocaciones, ironías risueñas y bromas hilarantes. Cortázar es tenido por un autor lúdico, de esencial amenidad. Sus ensayos, sin embargo, mantienen una sorprendente corrección profesoral.
Tal es el caso de Teoría del túnel, cuyo arduo empeño en trascender la razón positivista y pensar históricamente el surrealismo resulta curioso, si consideramos que dichos objetivos son gozosamente alcanzados en los relatos de Bestiario, escritos al mismo tiempo. Cuando Cortázar afirma que la narrativa de ideas no existe, ya que “las ideas son elementos científicos que se incorporan a una narración cuyo motor es siempre de orden sentimental”, y que es preciso “hacer el lenguaje para cada situación”, uno no puede evitar pensar que a menudo sus cuentos confirman lo que sus ensayos desdicen.
Algo parecido podría observarse sobre Imagen de John Keats,minuciosa indagación en el más grande poeta romántico en lengua inglesa, que habría dejado al anglófilo Borges con ganas de diversión. Si bien en ese ensayo hay momentos aforísticos capaces de sintetizar al mismísimo Funes: “Toda hoja es una lenta y minuciosa creación del árbol”. De mayor vivacidad, quizá por la urgencia de su pulso periodístico, resultan los textos recopilados en el volumen Argentina: años de alambradas culturales, libro en el que Cortázar trabajó justo antes de morir y de fundamental revisita para aquellos lectores interesados en sus ideas políticas, más matizadas y dialécticas de lo que a veces se ha querido difundir.

‘Traduttore trovatore’

Uno de los aspectos más significativos y menos estudiados de Cortázar es su trabajo como traductor. No sólo porque lo retrata como lector y viajero, sino también porque ayuda a definir su relación forastera con la propia lengua materna. El Cortázar que traduce a Poe, Yourcenar o Defoe es estéticamente el mismo que lucha con hipnótica dificultad por pronunciar la erre, que se tambalea en Rayuela al reproducir su lejana habla porteña o que deconstruye el género novelístico (y la certeza del idioma autorial) en 62 Modelo para armar.
Dejó escrito en francés el poeta ecuatoriano Alfredo Gangotena, recompensado por una rima intraducible: “J’apprends la grammaire / de ma pensée solitaire”. En sus incursiones como poeta menor, Cortázar adquirió la ambición lingüística de los prosistas mayores. Alguien podrá pensar que algo similar ocurre con Bolaño. Pero la poesía de Bolaño discurre siempre en diálogo con su narrativa, como parte de un mismo proyecto. Si en él o en Borges su relegado corpus poético resulta por completo reconocible junto a sus grandes obras, en el caso de Cortázar los poemas fueron más bien un adiestramiento, el testimonio inquieto de un narrador distinto. En una carta de 1968, recogida en el fascinante volumen Cartas a los Jonquières, le adjunta a su amigo Eduardo un soneto eneasílabo con el siguiente comentario: “Es absolutamente lo contrario de lo que pienso y hago en prosa, y por eso es muy útil como polarización de fuerzas”.
Precisamente en ‘Los amigos’, incluido en Preludios y sonetos, encontramos un verso capaz de definir esa sensación de cercanía con que hoy tantos lectores celebran sus primeros cien cumpleaños: “los muertos hablan más, pero al oído”. Muchos gritaron más que Cortázar. Pocos supieron, como él, levantar una voz.

lunes, 23 de julio de 2012

POESÍA. "Qué le han hecho...", de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

Andrés Neuman

Qué le han hecho a mi cuerpo,
cómo se ha transformado en este impulso
que en lugar de caminos abre zanjas.
Todavía me extraña este vacío,
el vacío también es un acorde.
Al fondo de la boca que perdí
alguien nombra mis agradecimientos.
Qué raro, balbucea,
qué raro ser un muerto pensativo.

viernes, 20 de julio de 2012

POESÍA. "La botánica", de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

Andrés Neuman

(LA BOTÁNICA)

Paracelso llevaba una flor en cada mano:
una, amarga y concreta, le enseñó
la mezcla de lo exacto que embellece
la ciencia en los manuales.
Improbable, la otra
le tentaba la sien más distraída
dibujándole pozos sin final
allí donde las brújulas se pierden.
Su sabor, imagino, era más dulce.
Botánica secreta,
igual que a Paracelso
permíteme espiarte las raíces,
que tu tallo al hervir se transparente
aunque sea un instante y luego sigas
creciendo por la tierra alborotada,
impregnando la atmósfera agridulce,
enloqueciendo cada microscopio.

jueves, 19 de julio de 2012

POESÍA. "El túnel", de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

Andrés Neuman

(EL TÚNEL)

Lo dicen los maestros de energía:
hay traviesas partículas capaces
de atravesar una barrera sólida,
¡la fuerza se disgrega como el agua!
Los científicos clásicos lo niegan.
Los presentes predican lo increíble
y lo bautizan el Efecto Túnel.
El impulso del alma
no quiere respetar al señor Newton,
se postula invadiendo las fronteras.
Artesana, en el tránsito
urgente de tocarte
apoyaré este peso luminoso
y moveré mi asombro al otro lado
de la barrera tensa de tu piel,
en el punto pensante
que alumbra tras la boca de los túneles.

miércoles, 18 de julio de 2012

POESÍA. "La energía", de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

Andrés Neuman

(LA ENERGÍA)

“Con el razonamiento puro nos formamos
una imagen sublime de este mundo”;
eso escribió Max Planck, genio inocente.
¿Pero acaso hay razones sin afecto,
pureza sin caprichos,
imagen sin temblores?
Lo curioso es que el físico en su ensayo
la primera palabra que pronuncia
no es evidencia, ley ni hecho:
la primera palabra es entusiasmo.
(Cuando nombro tu cuerpo
no es la urdimbre de músculos radiantes,
de sangre revoltosa y de nervios veloces
lo que digo, artesana; aunque también
la física intervenga en la manera
que tenemos de hablarnos al oído:
la energía del nombre se transmite,
el tacto cobra fuerza y aumenta lo probable.)
Y a ti, Max Planck, que amabas la entropía,
¿qué misterioso impulso de poleas
te empujó a cruzar cartas con un tal señor Sommerfeld
y a intercambiar poemitas como aquel de la flor
que corona tu libro sobre ciencia?

martes, 17 de julio de 2012

POESÍA. "El corazón", de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

Andrés Neuman

(EL CORAZÓN)

Existe en matemáticas
una curva distinta a la que algunos,
los que nunca han dudado,
llaman curva de Koch.
Los perplejos en cambio han preferido
denominarla así: Copo de Nieve.
Se comporta esta curva fascinante
multiplicando siempre su tamaño
por cuatro tercios y hacia el interior,
llegando, de tan densa, al infinito
sin rebasar su área diminuta.
Artesana,
también así te creces muy adentro:
habitándome lenta,
quedándote con todo, sin forzarlo,
este pequeño corazón hermético.

lunes, 16 de julio de 2012

POESÍA. "Los ojos", de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

Andrés Neuman

(LOS OJOS)

Hay ojos que verán nuestra memoria.
El doctor Barraquer, viejo oftalmólogo,
conoció la crueldad junto al milagro
y comprendió lo frágil del don de la mirada:
al fallecer su padre, que lo inició en la ciencia,
pudo guardar sus ojos
y devolver la vista a varios hombres.
¿Retendrán los fulgores de ese amor
más allá de la estrella de la córnea
y del pozo sagaz de la pupila?
Explorando los fondos deslumbrados,
las cavernas perplejas donde habitan
las veloces imágenes, las formas,
los colores que aún no tienen nombre
y los amaneceres de una vida,
el doctor Barraquer ha encontrado un pasillo
que va desde la tierra a las alturas,
de las tinieblas rotas a la bendita luz.
Y al final de la tarde, cuando el sol
se ciega entre las ascuas de este mundo,
el doctor Barraquer recuerda absorto
las palabras del último paciente
tras quitarle las vendas de la cara.
Y el ojo de su padre, que es la luna,
vuelve a abrirse y blanquea cada sombra.

jueves, 20 de octubre de 2011

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Andrés Neuman, por la publicación de "Hacerse el muerto", su nuevo libro de cuentos.

Andrés Neuman

   En "El Día de Córdoba":
"Escribir es una experiencia altamente sadomasoquista"

   El autor hispano-argentino disecciona lo complicado de las relaciones humanas que se crean en torno al humor, el amor y la muerte en 'Hacerse el muerto', su último libro.

Blanca Durán
17.10.2011

   Andrés Neuman es humano. Y aunque esté considerado por méritos propios como una de las voces que con más fuerza se han consolidado en la escena literaria actual y no haya parado de acumular éxitos con sus trabajos en los últimos años, sigue sintiendo, justo debajo del pecho, la punzada de pánico del debutante. Tras la preciosa El viajero del siglo, que le valió, entre otros, el premio 'Alfaguara' y el 'Nacional de la Crítica', regresa de nuevo a un género tan fetiche como el de los cuentos con Hacerse el muerto (Páginas de Espuma, 2011), un libro sobre las ausencias y las presencias a través de la familia, los amigos, los enemigos y hasta los amantes esporádicos de cuarto de baño.

   -Después de una novela como El viajero del siglo que tan buenas noticias le ha dado, ¿el regreso al mundo del cuento se imponía como necesidad?
   -Las novelas son los libros que más ruido hacen dentro de lo que uno escribe por razones extraliterarias, pero dentro de mi trabajo y del de muchos otros escritores, el resto de géneros no son secundarios, todo lo contrario. El primer libro de mi vida lo publiqué en esta ciudad hace 14 años en una editorial que desapareció seis meses después de publicarme a mí, lo cual fue una señal de mi poder de convocatoria... Era un libro de cuentos del cual vendimos un total de 180 ejemplares, contando todos los que compró mi madre. Desde siempre he escrito cuentos y durante un par de años he estado muy absorbido en la parte pública por mi novela, pero seguía trabajando en los cuentos y tenía muchas ganas de volver al género. Tengo un especial cariño por la narrativa breve y las posibilidades que ofrece a la hora de seguir escribiendo, por las oportunidades que te da de empezar de cero cada vez. El periodismo y la narrativa breve tienen eso en común, que el mundo se acaba todos los días y empieza a la mañana siguiente, y eso puede llegar a ser adictivo.

   -¿Por qué algunas historias nacen como cuentos y otras parece que piden a gritos ser una novela? ¿En qué momento el escritor se da cuenta del mundo al que van a pertenecer sus textos?
   -Es un poco misterioso, pero siempre hay una certeza intuitiva. Más que pensar que hay historias que solo se pueden contar en un número determinado de páginas, creo que tiene que ver más con un estado del lenguaje; uno empieza a escribir y detecta que ese estilo, que ese modo de afrontar ese primer párrafo, te va a llevar de forma natural hacia un género y una extensión. Lo que pasa es que la intuición, como todas las facultades abstractas y un tanto mágicas, tiene decepcionantemente mucho de entrenamiento. El hecho de que sepas que va a ser un poema largo lo que estás escribiendo procede de las muchísimas veces que te has equivocado escribiendo poemas cortos. La imaginación es un músculo, y como tal esa intuición y esa imaginación tiene mucho que ver con la práctica. Con la literatura uno va afilando poco a poco la intuición para lo que podría salir bien y, aun así, la mayoría de veces sale mal. Menos mal que está esa fase bendita llamada corrección en la que uno rectifica todas las veces que ha metido la pata. Escribir bien, si es que alguien escribe bien, es disimular que escribimos mal.

   -¿Encuentra muchas sorpresas entre líneas cuando revisa sus textos?
   -Más que sorpresas, disgustos. Es darse cuenta de lo difícil que es poner el sujeto, el verbo y el objeto en su sitio. Cuanta más naturalidad transmite un texto, más se ha comido la cabeza en general el autor para eliminar los balbuceos, las repeticiones, las redundancias... Digamos que la limpieza nunca es el punto de partida; me interesa la claridad que está al final de las dudas y eso se consigue corrigiendo. Con mucha frecuencia, cuando corrijo un manuscrito pienso que debería dedicarme a otra cosa. La corrección es un proceso que te pone en tu sitio, no hay nada que te baje más los humos que corregir y lidiar con tus limitaciones, con tus imperfecciones, con tus tics... A la vez, hay algo tremendamente ennoblecedor en esa disciplina, porque uno trabajosamente va mejorando la frase. Escribir es una experiencia altamente sadomasoquista: sufres y gozas.

   -Y una vez que el hijo ya ha visto la luz y empieza a tomar contacto con los lectores...
   -Entonces es mucho mejor porque solo sufres: te mueres de miedo, piensas que no le va a gustar a nadie... Yo pensaba que conforme uno fuese publicando más libros y acumulando experiencia profesional, ese pánico escénico iba a disminuir, pero para mi sorpresa aumenta. Cada vez siento más responsabilidades, que te juegas más y lo único que te estimula es pensar que podrías hacerlo mejor que la vez anterior. Lo malo es que en la vida no hay progreso lineal a la perfección, sino altibajos, y esa certeza asalta sobre todo cuando se publica el libro. Mientras lo estás haciendo sabes que puedes hacer algo al respecto, puedes mejorarlo o tirarlo, pero cuando está en la calle ya solo hay sitio para el terror.

   -Nunca habría pensado que la literatura tiene tanto de sufrimiento...
   -Lo peor de todo es que se supone que soy un disfrutón, que soy un hedonista, y aquí estoy sufriendo, pero lo hago por dos cosas. Escribir es una gozada; el proceso de escritura, lo que viene antes de la publicación y de la corrección, sigue siendo el momento más hermoso que hay en la vida. El momento en que la frase llega y el lenguaje echa a caminar siento una plenitud que es difícil de alcanzar. Es un gozo muy espontáneo que puede ser rebobinado y vuelto a hacer. Además, hasta que no se publica un libro no te deshaces de él del todo y yo valoro mucho el momento en que me quedo con las manos vacías y tengo que empezar de nuevo. Mientras haya un libro terminado en el cajón, absorbe tantas energías de ti que es una especia de rémora que no te deja pensar en un nuevo: ¿y ahora qué? Tienes la casa invadida de personajes, la boca llena de palabras y al expulsarlos de tu mundo, que es al publicarlos, es cuando vuelves a tener la habitación vacía y puedes volver a pensar en quién va a venir.

   -¿Por qué Hacerse el muerto es el relato que da título a este libro? ¿Qué declaración de intenciones hay detrás de esa decisión?
   -Estamos de acuerdo en que vivir es aprender a morir y también tratar de evitarlo inútilmente. Por otra parte, tengo la certeza de que el placer y la alegría existen porque se van a acabar, porque nos vamos a acabar, por esa condición trágica de la mortalidad que es el miedo que le tenemos a la muerte pero lo necesario que es que seamos mortales. La alegría curiosamente procede en gran parte por la muerte. En muchas piezas del libro hay una aproximación imaginaria a la muerte, ya sea por la fantasía, a través de la muerte de otra persona, a través del temor de la muerte propia... Se trata de pensar cómo llegamos a la idea de nuestra propia muerte haciéndonos los muertos, jugando trágicamente a morir. Creo que la ficción tiene mucho de ensayar lo que de otra manera no se podría contar, vivir sin vivir lo que no tiene retorno.

   -En esas distintas aproximaciones de sus relatos retrata una muerte afrontada y asumida desde la naturalidad y con entereza, no sé si también entendida...
   -En realidad, intentando entenderla y resignándose... En la segunda parte del libro está la muerte concreta, con nombre y apellidos: la de mi madre, una de las muertes más dolorosas que puede tener una persona. Se pasa del ejercicio de aproximación poética a la muerte de la primera parte a la narración de una muerte concreta y dolorosísima como forma de catarsis y exorcismo. Han pasado unos años y ha sido el momento en que he creído que podía trabajarlo literariamente, siempre en esa cuerda floja entre el dolor que te paraliza y la distancia que te permite verbalizarlo.

martes, 3 de mayo de 2011

PRENSA. 3 mayo 2011

   En "El País":

1. Montañas. Columna de Rosa Montero.

2. Mitificación. Por David Trueba.

3. Acordarse de Sabato. Por Andrés Neuman.

4. "No pienso en el lector al escribir". Entrevista al poeta Juan Gelman. Por Pablo Ordaz.  'El emperrado corazón amora' es su vuelta a la poesía cuatro años después. El Cervantes reúne 140 nuevas piezas sobre "seguir en la brecha a los 80 años" y queda como la gran voz de las letras argentinas tras la muerte de Sabato.

5. Tres de corazones. Fernando Savater, sobre tres novelas.

6. La cultura no nos cura de la superstición. Reportaje de Patricia Gosálvez. Uno de cada cinco españoles cree en videntes o astrólogos sin importar el sexo, la religión o el nivel sociocultural - En un mundo tecnificado, la magia aún es negocio.

7. ¿Al Qaeda sin Bin Laden? Artículo de Fernando Reinares, investigador principal de terrorismo internacional en el 'Real Instituto Elcano' y catedrático de Ciencia Política en la Universidad 'Rey Juan Carlos'. Actualmente también public policy scholar en la división de estudios de seguridad internacional del Woodrow Wilson Center, en Washington.

8. La prensa como salvaguarda. Artículo de María Dolores Masana, presidenta de 'Reporteros sin Fronteras'.

9. Los árabes ya lo habían enterrado. Javier Valenzuela sobre la muerte de Bin Laden.

10. Vencedor de una guerra ajena. Lluís Bassets sobre Obama y la muerte de Bin Laden.

lunes, 4 de abril de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". "Querido personaje", por Andrés Neuman

Andrés Neuman

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Querido personaje

ANDRÉS NEUMAN 18/10/2008

   Que la presencia del yo en la escritura dependa del empleo de la primera persona me parece una de las mayores simplificaciones que han campado por los desiertos del debate literario. La dicotomía entre primera y tercera persona es falsa: cualquier personaje imaginario puede esconder a un álter ego, igual que un monólogo íntimo puede basarse en artificios ficcionales. Las quirúrgicas terceras personas de muchas historias de Oé o Coetzee, por ejemplo, transmiten una abrumadora introspección y reflejan dolores personales. Los monólogos de Lee Masters, en cambio, recrean confesiones ajenas. Pienso también en la distancia brutal que Kertész se impuso para contar, en una primera persona tan observadora y analítica como un narrador neutral, su sufrimiento en Auschwitz y Buchenwald. La ficción no es un acto gramatical, sino moral. No depende de la apariencia de su argumento, sino de la mirada de sus voces. Por eso el narrador dispone de un arco infinito de posibilidades: desde hacer de actor de tragedias ajenas hasta ser ventrílocuo de sí mismo.
   Nada tengo contra esa estrategia que existe desde la literatura picaresca y que hoy denominamos autoficción. Al contrario: una de mis novelas se adscribe a ella. Pero sí discrepo de las teorías que suelen legitimarla. ¿Es la tercera persona más despótica que la primera? Esta creencia constituye un tópico política y narrativamente correcto. Nada más tiránico que la voz de algunas novelas donde el yo abarca el cien por cien del mundo y ese mundo resulta hermético, restringido. Hay primeras personas tan monolíticas como una tercera persona anticuada, porque fijan la realidad desde una perspectiva uniformadora y carecen de la distancia suficiente para alcanzar la sinceridad respecto a sus propios conflictos. Entendida con amplitud, la narración omnisciente no aspira a ningún ojo divino, sino a un punto de vista múltiple, basculante, próximo a la subjetividad de cada escena. Esta certeza no concluyó en el siglo XIX: más bien comenzó con él. El tránsito del XIX al XXI, más que por el salto de la unidad al fragmento, parece marcado por el paso de la literatura gótica a la egótica.
   Valorar la potencia autobiográfica de una historia implica considerar también la capacidad de abstracción de autor y lector. No se trata de escribir o no sobre la propia vida, cosa que hacemos siempre de un modo u otro. La pregunta es en qué grado, con cuánta elaboración se hace. Y aquí interviene el elemento en mi opinión más hermoso, complejo e inolvidable de la narrativa: el personaje. Un buen personaje tiene la exactitud de un espejo (él es yo), la transparencia de un cristal (él es ellos), la ductilidad de un títere (él es cualquiera), la improvisación de un poema (yo no sé quién es él). Cabe recordar que Frankenstein, criatura moderna por antonomasia, no es solamente la obra de un individuo con ínfulas mesiánicas, sino también una criatura hecha de muchas otras, de retazos ajenos. Eso le permite discutir con su creador.
   Sería interesante estudiar la relación literaria entre solipsismo y conformismo. Laboratorio del yo y del tú, el personaje merece una reivindicación. Subestimarlo desde una lectura reductora y narcisista de la posmodernidad supondría una seria pérdida. Si amar a alguien es toparse con su existencia, el personaje propone un diálogo de amor con lo narrado, un hallazgo de otro dentro de uno. No hay nada más sincero que un personaje que nos cuenta quiénes somos.

   Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es autor, entre otros libros, de Mística abajo (Acantilado) y Bariloche (Anagrama). http://www.andresneuman.com/

viernes, 9 de julio de 2010

POESÍA. Un poema de Andrés Neuman (Buenos Aires, Argentina, 1977)

Andrés Neuman

¿No es cierto, jugador,
que el tránsito que observas en las bolas
se parece a la trágica armonía
del tiempo cuando pasa,
de la vida que ocurre
y se detiene
para iniciarse en otro cuerpo?

domingo, 18 de abril de 2010

PRENSA (1). 18 abril 2010

En "El País":

1. "Es obsceno y ampara el adulterio". Reportaje de Daniel Verdú. Cursis, 'snobs', rojos, puercos o malos escritores - Así describen los informes de los censores en las dos últimas décadas de la dictadura a los grandes autores españoles. Análisis, por José María Ridao, en Paradojas del censor.


2. "No hay una literatura latinoamericana sino 20". Crónica de Javier Rodríguez Marcos. El hispano-argentino Andrés Neuman gana el Premio de la Crítica con 'El viajero del siglo', que ya obtuvo el Alfaguara.

3. La tumba. Columna de Manuel Vicent.

4. La invisibilidad de las víctimas. Artículo de Juan Diego Botto, hijo de desaparecido de la dictadura argentina, actor.

5. Torear y otras maldades. Artículo de Mario Vargas Llosa. La fiesta de los toros representa una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo.

6. Tiger, Toyota y el Papa. Columna de Moisés Naím.

7. El pasado. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.

sábado, 20 de marzo de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia". 20 marzo 2010

En Babelia, suplemento cultural de "El País":

1. Amedeo Furst y el 'burka' literario. El escritor Héctor Abad Faciolince escribe sobre los artistas que evitan cualquier contacto con el público.

2. Delibes, a lo lejos. Artículo de Antonio Muñoz Molina.

3. CRÍTICA DE LIBROS. La chica Einstein, de Philip Sington (Albert Einstein tuvo una hija de la que nunca se supo nada, salvo su mención en la correspondencia con quien llegaría a ser su esposa); por José Manuel Sánchez Ron. El oficinista, de Guillermo Saccomanno (por J. Ernesto Ayala-Dip). En Los lenguajes de la imagen, Iury Lech repasa varios títulos ensayísticos. Corona & Coronilla. Poemas a Jean Voilier, de Paul Valéry (por Benjamín Prado). En el reportaje Clásicos en la batidora, Carmen Mañana constata cómo la Red ha impulsado un nuevo fenómeno basado en la mezcla paródica y disparatada de obras de Shakespeare, Austen, Lorca... con zombis, ciencia-ficción y terror.

4. Ganarse la vida. Reportaje de Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965); es autor de Ejemplaridad pública (Taurus, 2009); Imitación y experiencia (Pre-Textos, 2003; Crítica, 2005), premio Nacional de Ensayo de 2004, y Aquiles en el gineceo (Pre-Textos, 2007). Es director de la Fundación Juan March desde 2003.Qué significado atribuimos a que Beethoven tratara de vender sus partituras.

5. ¡Ándale, Andes! Por el escritor Andrés Neuman. El autor argentino, galardonado con el Alfaguara de novela en marzo de 2009 por El viajero del siglo, narra en el libro Cómo viajar sin ver, que se publicará esta primavera, su periplo latinoamericano del último año. Fragmentos sobre Ciudad de México y Lima forman parte de su experiencia de "transmigrante".

6. El febril cronista de la infamia. Por Carlos Boyero. La imaginación de James Ellroy puede resucitar a los muertos sin peligro de que las querellas le cierren la boca. Sangre vagabunda, novela obsesiva y salvaje, es un coherente festín donde el escritor expresa lo máximo con lo mínimo.

sábado, 5 de septiembre de 2009

PRENSA CULTURAL. "Babelia". 5 septiembre 2009


En Babelia, suplemento cultural de "El País":

1. Beevor viaja al Día D. El gran historiador británico de la II Guerra Mundial investiga el desembarco de Normandía en 1944, la batalla más famosa del siglo XX. El autor ofrece novedades sobre el tremendo sufrimiento de los civiles y sobre la actitud de los aliados. Entrevista de Guillermo Altares. Podemos leer las primeras páginas de El día D.

2. CRÍTICA DE LIBROS. J. Ernesto Ayala-Dip reseña Deseo de ser punk, la nueva novela de Belén Gopegui. También podemos leer sus primeras páginas. Javier Goñi reseña El hombre que amaba a los perros, novela de Leonardo Padura sobre el asesinato de Trotski.

3. En busca de pronombres. Reportaje de Amelia Castilla. Las mujeres son más sensibles a los cambios lingüísticos y en las aldeas se mantiene vivo el castellano vulgar. Son datos recogidos del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural que dirige la académica Inés Fernández Ordóñez.

4. Desolación de volver. Artículo de Muñoz Molina sobre Úbeda.

5. Cono Sur, 'mon amour' (diario de viaje). Artículo del escritor Andrés Neuman, sobre Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile.

6. "La ficción ocurre en el vientre". Entrevista de Rocío Ayuso a Isabel Allende, con motivo de la aparición de su novela La isla bajo el mar, de la que podemos leer sus primeras páginas.

sábado, 18 de julio de 2009

PRENSA. LECTURA. "El peligro de amar a margarita", de Andrés Neuman

En "El País", El peligro de amar a margarita, cuento de Andrés Neuman que reproducimos a continuación:

Son malos tiempos para el romanticismo. Margarita es elegante, lista, decidida. Me quiere. Trabaja demasiado, tiene insomnio, parece siempre preocupada. No me quiere. Como es madrugadora, suele preparar el desayuno para dos. Me quiere. Detesta que me haga el remolón. No me quiere. Cuando nos duchamos juntos, como por arte de magia, hacemos el amor en equilibrio. Me quiere. Después se queda absorta y se viste rápido. No me quiere. A veces me pide que le seque el pelo, cierra los ojos, ronronea. Me quiere. Hace llamadas extrañas, se va hablar a otra habitación, nunca sé quién la llama. No me quiere. Margarita tiene un buen sueldo y le gusta salir a cenar, comprarme camisas, irse de vacaciones conmigo. Me quiere. Lo que más me molesta es que, cuando estamos juntos, mire constantemente su reloj deportivo. No me quiere. No te preocupes, príncipe, me consuela, te llamo en cuanto pueda, te lo prometo, adiós. Me quiere.
Ahora, no sé por qué, vigila la ventana y me pregunta por los vecinos. No me quiere. Me acerco y, al besarla, Margarita sonríe con ternura. Me quiere. De pronto se separa de mí, sobresaltada. No me quiere. Su precioso vestido blanco le deja al descubierto medio pecho. Me quiere. Ahora no, me ordena, estate quieto. No me quiere. Me toma del brazo con fuerza. Me quiere. Shh, susurra agazapada. ¿No me quiere? Margarita..., suspiro. ¿O me quiere? ¡Abajo!, chilla ella: no me quiere. Rodamos juntos por el salón hasta quedarnos hechos un ovillo debajo de la mesa. Me quiere. Algo impacta contra el cristal de la ventana y lo hace añicos. No me quiere. ¿Estás bien, vida mía?, me pregunta al oído. Me quiere. ¿Y tú?, le contesto con un hilo de voz, pero no obtengo respuesta. No me quiere. Ella se incorpora delicadamente y gatea por el pasillo. Me quiere. ¿Adónde vas?, ¿qué haces?, protesto ansioso, y desaparece. No me quiere.
Un minuto después, Margarita regresa con su bolso y se acurruca junto a mí. Me quiere. Abre el bolso, intento mirar qué busca, ella se aparta. No me quiere. Mi vida, me advierte, ten cuidado con los cristales del suelo. Me quiere. Saca un revólver del bolso, un revólver con el cañón muy grueso. ¡No me quiere! Me acaricia una mejilla. Me quiere. Desde mi refugio debajo de la mesa, la veo alejarse de nuevo y avanzar agachada hacia la ventana rota. No me quiere. La tela de su vestido se tensa como una piel pálida y fina. Me quiere. Se pone en pie de un salto, saca un brazo por la ventana y dispara varias veces. No me quiere. Al escuchar mi respiración entrecortada, se acerca a mí, me ayuda a salir de la mesa y dice: Ya ha pasado, cariño, ya ha pasado. Me quiere. Pero añade: Ahora tengo que irme. No me quiere. Me besa la comisura de los labios: huele a pólvora y perfume. Me quiere. Se marcha de mi casa apretando ese bolso que nunca sé qué esconde. No me quiere. Antes de abrir la puerta y salir tan veloz que parece de viento, se vuelve un instante para guiñarme un ojo verde. Me quiere. No me dice cuándo me llamará ni dónde nos veremos otra vez. Definitivamente, pienso yo, Margarita no me quiere.

sábado, 13 de junio de 2009

PRENSA. 13 junio 2009

En "El País":

1. Lo nuclear. Columna de Manuel Rivas.

2. "Represento a gente que no tenía voz". Entrevista el novelista inglés Nick Hornby, autor de Fiebre en las gradas.

3. Un prestigio sin lectores. Reportaje. La literatura francesa viva ha perdido su tradicional influencia sobre la española. Los clásicos, el cómic y las ciencias humanas mantienen su peso.

4. Biobancos con luz y taquígrafos. Reportaje. El sistema sanitario español permite generar muestrarios de ADN, tumores o tejidosclave para una investigación y una industria en auge. La regulación está en camino.

5. La diferencia entre alumnos y alumnas es más social que biológica. Reportaje. La OCDE rechaza las tesis de los defensores de la escuela que separa por sexos.

6. Colonos, el enemigo interior. Artículo del escritor y columnista israelí Akiva Eldar. El medio millón de colonos en territorios palestinos ocupados supone el principal obstáculo a la paz y viola los principios fundacionales de Israel. Ahora Netanyahu debe escoger entre ellos y Estados Unidos.

7. El viajero del siglo. Luis García Montero escribe sobre Andrés Neuman y su última novela.

domingo, 31 de mayo de 2009

PRENSA CULTURAL. "Babelia". 30 mayo 2009

1. Ese puerto sí existe. La escritora Patricia de Souza nos recuerda a Blanca Valera, poeta recientemente fallecida.

2. Cuento de la deuda y la hormiga. Artículo de Muñoz Molina sobre Margaret Atwood y su libro Payback: Debt and the Shadow Side of Wealth.

3. Juan Benet: en un tiempo de silencio. Brillantes, bebedores y patibularios. La relación de Benet con su amigo Martín Santos, que no le iba a la zaga en la inteligencia agresiva de joven superdotado, acabó por convertirle en uno de los personajes de su deslumbrante novela. Artículo de Manuel Vicent.

4. Gran novela de ideas. Reseña de El viajero del siglo, de Andrés Neuman.

5. La fábrica de tebeos. Reportaje. Aventuras decimonónicas o grandes fábulas de la tecnología. Los más de 300 nuevos títulos reclaman su lugar en el arriesgado mundo del cómic.

martes, 26 de mayo de 2009

PRENSA. LITERATURA. Andrés Neuman y "El viajero del siglo"

En "elpais.com":

El extranjero sin prejuicios: Andrés Neuman recoge el premio Alfagura de Novela por "El viajero del siglo". Podemos leer también su discurso de recepción del premio.

PRENSA. 26 mayo 2009

En "El País":

1. Deriva sin rumbo a ritmo de 'lied'. Andrés Neuman se inspiró en Schubert para su novela 'El viajero del siglo'.

2. Lamento por Babel. Fernando Savater, sobre la pluralidad de las lenguas.

3. Literatura y diplomacia. Artículo del escritor chileno Jorge Edwards.

4. Las garrafas y el vino del periodismo. La cuestión sustantiva no es en qué soportes -pantalla o papel- leeremos, sino qué leeremos. La prensa cava su tumba al obsesionarse con los continentes desdeñando los contenidos. La opinión es su gran activo. Artículo de José Luis Pardo, catedrático de Filosofía en la Complutense de Madrid.

5. Periodismo sin causa. Artículo de Miguel Ángel Aguilar.

martes, 24 de marzo de 2009

PRENSA. 24 marzo 2009

En "El País":

1. Un retrato futurista del pasado. Andrés Neuman gana el Premio Alfaguara de Novela con 'El viajero del siglo'. El autor firma una aproximación "posmoderna" a la Europa del siglo XIX. Reportaje.


3. Fernando Savater contagia su pasión por el arte del ensayo. En El arte de ensayar (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), el filósofo ha reunido los 25 prólogos redactados para la selección de clásicos del siglo XX, parte de la Biblioteca Universal editada por Círculo de Lectores hace más de 15 años.

4. La hora de la acción mundial. Artículo de Barack Obama, presidente de EEUU.

5. Cámaras ocultas e información. Artículo de Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra, que comienza así: Para obtener información no vale todo. El primer límite son las prescripciones constitucionales, y después los deberes deontológicos de la profesión. Nunca a la inversa. La obtención de pruebas para una información de interés público no es un campo a través que permita la utilización de cualquier método para obtenerla. La información ha de ser captada de forma legítima. Sobre todo jurídicamente.