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jueves, 22 de enero de 2015

PRENSA CULTURAL. "La poesía es otra vez un arma cargada de futuro"

   En "El País":

La poesía es otra vez un arma cargada de futuro

Medio centenar de poetas de 12 países participa en la antología 'Humanismo solidario' para reclamar una vuelta a valores perdidos y buscar más compromiso en momentos de crisis


Un hombre en el muro fronterizo entre México y Estados Unidos, en playas de Tijuana, en 2012. / GUILLERMO ARIAS (EL PAÍS)
El poema se hace grito. La emoción es su arma. Es el regreso de la eterna reflexión sobre si el principal compromiso de los poetas hoy es con el arte mismo o con la realidad resquebrajada de ideales y asediada de crisis. Medio centenar de poetas hispanohablantes y magrebíes y casi 600 creadores, intelectuales y otros ciudadanos consideran que es el momento de un arte que refleje el humanismo solidario, de la vuelta a la humanización a la creación artística. Una reflexión que hiciera hace 60 años Gabriel Celaya en su célebre poema La poesía es un arma cargada de futuro.
“El valor ético de la poesía va más allá de los contenidos. No se trata sólo de los versos que denuncian una injusticia o asumen una protesta. La poesía establece una relación con el tiempo muy distinta de la que hoy domina en las sociedades del vértigo”. Estas palabras de Luis García Montero resumen parte del sentir de los 49 escritores de 12 países (nacidos a partir de 1950), que participan en la antología Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea (Visor), coordinado por Remedios Sánchez García y selección de poemas de Marina Bianchi, presentado en Casa de América, de Madrid, en una lectura poética.
“Lo que queremos decir y no podemos / lo cubrimos con un manto azul y transparente. / Cicatrices / donde el silencio dice su verdad / y pudre poco a poco nuestra lengua”, grita el peruano Eduardo Chirinos en este volumen, en un reconocimiento a lo primero, al Yo. Cicatrices, se titula el poema. A partir de esa íntima geografía pretérita que es siempre presente, el poeta viaja a su mundo para otear el mundo.
Esta poesía no tiene que ver con la de finales de los años cincuenta y la década de los sesenta que era más bien colectiva, aclara Marina Bianchi. Lo de hoy, agrega, “es una crisis que desde la realidad exterior afecta mucho al individuo, a su interioridad, y cada uno expresa su reacción, que no resignación”. La profesora de la universidad italiana de Bérgamo reclama una vuelta a los valores que se han extraviado en una sociedad de consumo. Valores como la cultura o la literatura, que han perdido su papel fundamental de crear opinión pública y de hacer ver la realidad.

Cantar la realidad y emocionar

W. M. S.
Conciencia de su propia poesía debe ser el primer compromiso de un poeta, dice la autora madrileña Alicia Aza. Si al poeta, agrega, le es dada la capacidad para observar la realidad y hacerlo de manera diferente a los demás, “tiene la responsabilidad, más allá de su propia estética, de su mayor o menor lirismo y de su grado de expresividad, de dejar constancia con su voz de su posición y de su mirada ante la realidad que observa. La poesía es una actitud que conlleva un compromiso creativo y vital, un camino a recorrer y cualquier discurso poético debe construirse sobre una experiencia humana”.
Esa es la idea de la Asociación Humanismo Solidario, presidida por Francisco Morales Lomas, una de las promotoras de la edición de esta antología poética. Creada en 2013, dicha asociación, en palabras de Manuel Gahete, miembro fundador y consejero de Humanismo Solidario, surgió cuando un conjunto de creadores alzó su voz para reivindicar “el inalienable compromiso que debe anteponer lo otro a lo propio; la necesidad de un nuevo humanismo, no excluyente, que retome como esenciales las aspiraciones de autenticidad, superación y ética que sustancian la vida”. Esos planteamientos están recogidos en un manifiesto que ya cuenta con la adhesión de casi 600 creadores, intelectuales y otros ciudadanos de diferentes países, la cual se puede consultar en www.humanismosolidario.com
Hasta 1925, cuando José Ortega y Gasset y su La deshumanización del arte, se remonta José Sarria para recordar que ya entonces el filósofo español advertía del “camino errático hacia el cual se abocaba el arte, al desarraigar al ser humano de su perspectiva, su punto de vista”. Sarria cree que no se debe renunciar a un compromiso y comportamiento éticos. Comparte la idea de María Zambrano que incitaba a ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas.
Y es ahí donde entra el poeta, dice Bianchi: “Debe darse cuenta de la realidad y hacer que se dé cuenta el lector. Es el verso que se vuelve grito sin olvidarse del acto creativo. Comunicar el malestar”.
El primer reto que afrontan los poetas actuales es hacer buena poesía, que conecte, además, con la situación de la persona de la calle, que sufre, que es su cómplice, asegura Remedios Sánchez, de la universidad de Granada. ¿Y, cómo conectar?: “No cayendo en el cinismo o en la evasión, sino hablando de lo que duele a todos”.
“La poesía es una expresión universal del Hombre para el Hombre”, recalca Khédija Gadhoum. Para la poeta tunecina-estadounidense “más allá de las precarias definiciones y delimitaciones geopolíticas postcoloniales, globales o neo-coloniales, la poesía sigue siendo un compromiso global que expresa la voluntad del Pueblo que lucha por sus derechos civiles, dignidad y justicia”.
Hoy la muerte deambula en los rincones / y se encuentra susurros que se escapan / y confunde siluetas en todas las esquinas”, advierte Roxana Méndez, desde El Salvador. Más en este tiempo emboscado de incertidumbres.
A García Montero le gusta creer que el poeta que piensa durante horas una palabra precisa representa a cualquier ciudadano que quiere ser dueño de sus opiniones, que quiere pensar lo que dice. “En época de cancelación de las ilusiones colectivas basta con un ok. Pero cuando se quiere buscar un espacio de entendimiento, un espacio para que el tú y el yo constituyan un nosotros, hay que matizar, enriquecer el lenguaje, buscar las palabras. Esa defensa del lenguaje, del entendimiento y del propio conocer, con uso libre de razón y de corazón, es lo que le da un carácter rebelde a la poesía y la enlaza con las tradiciones del humanismo”.
Pero la emoción a secas no, advierte Bianchi: “La cuestión es cantar emociones universales en las que el lector pueda reconocerse y experimentar”. Todo eso no es nada si no hay una cultura de la cultura, afirma la colombiana Piedad Bonnett. Una de las cosas perdidas de la poesía que debería recuperarse son los lectores de otras épocas: “No implica que el poeta deba hacer concesiones, sino que la escuela debe acercar más al alumno a la poesía, haciendo de ella un placer y no un deber”.

49 poetas, 12 países

España: Juan Carlos Abril, Sergio Arlandis, Alicia Aza, Luis Bagué Quílez, José Cabrera Martos, Isla Correyero, Paloma Fernández Gomá, Manuel Gahete, Luis García Montero, Guadalupe Grande, Pedro Luis Ibáñez Lérida, Raquel Lanseros, Juan Carlos Mestre, Eduardo Moga, José María Molina, Ángeles Mora, Francisco Morales, Manuel Moya, Fernando Operé, Julia Otxoa, Benjamín Prado, Josep M. Rodríguez, Daniel Rodríguez Moya, Javier Salvago, José A. Santano, José Sarria, Juan José Téllez, Alberto Torés, Fernando Valverde, Javier Vela.
Latinoamérica: Carlos J. Aldazábal (Argentina), Efraín Bartolomé (México), Mario Bojórquez (México), Piedad Bonnet (Colombia), Alí Calderón (México), Gabriel Chávez (Bolivia), Eduardo Chirinos (Perú), Andrea Cote Botero, (Colombia), Federico Díaz Granados (Colombia), Jorge Galán (El Salvador), Eduardo Langagne (México), Roxana Méndez (El Salvador), Xavier Oquendo (Ecuador), Miguel Ángel Zapata (Perú).
Magreb y Oriente Próximo: Mohammed Doggui (Túnez), Abderrahman El Fathi (Marruecos), Nathalie Handal (Palestina), Khédija Gadhoum (Túnez-EE UU), Fátima Galia (Sáhara Occidental).

viernes, 11 de octubre de 2013

PRENSA CULTURAL. Sobre la literatura social

Instrucciones para montar una revolución silenciosa

Ojo, mancha. Abrir un libro es una actividad mucho más arriesgada de lo que parece, porque la literatura no es una experiencia inofensiva, aunque busquemos entretenimiento: hay novelas que ocultan y huyen de lo real y otras que desvelan las condiciones que rigen nuestras vidas. No es un arma neutral, porque no está al margen de la sociedad y forma parte de sus inclinaciones y cojeras, es un campo de batalla en el que el lector se halla expuesto a la metralla ideológica del autor.
El ensayo breve ¿Qué hacemos con la literatura? (Akal) lanza un agudo –e incendiario- análisis sobre la reconquista de una literatura crítica con las injusticias del sistema. David BecerraRaquel AriasJulio Rodríguez y Marta Sanz firman un manifiesto que levantará polvareda por las fórmulas que propone para rescatar una literatura de intervención social. La pregunta que se hacen ya es en sí misma una declaración de guerra: “¿Es posible escribir una literatura disidente, una literatura que no sirva a los intereses de la clase dominante capitalista y que pueda contribuir a la transformación social?”.
'Nuestro lenguaje revolucionario está todavía lleno de cadáveres podridos de un orden social caduco', dijo Julio CortázarLa primera propuesta que lanzan es recuperar la figura del intelectual, menospreciada por la sociedad de mercado. Es preciso que se supere el descrédito de esta figura para reivindicar la presencia de una literatura que “pretenda desenmascarar el radical funcionamiento del capitalismo y mostrar los mecanismos ideológicos que nos conducen a aceptar nuestra explotación”. De esta manera, la lectura se transforma en una herramienta contra la imposición de la resignación.
Escribir para resistir
La literatura es un arma de cambio y los autores también inciden en señalar la importancia de la implicación ética que tiene cada decisión estética. “Desde las metáforas, el barroquismo, el silencio o la opción del suspense”, escriben. El lenguaje no es neutral, sino “uno de los lugares donde se inviste la ideología dominante” y por eso “todo proyecto literario disidente” debe plantearse esta cuestión contra el formalismo vacío.
Una palabra y no otra posiciona a la novela en un discurso o en otro. Con una palabra se construye un mundo y se le dota de ideología. Es el primer paso en la producción literaria, la selección de los materiales léxicos que dotan a la creación de un punto de visto. “Es necesario abordar la cuestión del experimentalismo como apuesta ética”, en este punto queda descartado el grupo más famoso de la narrativa española contemporánea. Para que los escritores actuales que pretenden comprometerse e intervenir en la sociedad concilien la “exigencia formal, lo imprevisible, lo incómodo y la radicalidad retórica como expresión de un malestar y una violencia social y política”.
En este sentido, Julio Cortázar decía que había que caminar mucho más lejos en las búsquedas de las experiencias y las expresiones, porque “nuestro lenguaje revolucionario está todavía lleno de cadáveres podridos de un orden social caduco”. “Seguimos hablando de hoy y de mañana con la lengua de ayer”, escribió el autor de Rayuela en 1970. El escritor maneja una herramienta cargada de ideología y no puede renunciar a ella: “Hay que asumirlo para cambiarlo”, explican los autores del ensayo.  
El disparo en el concierto
Así retumba la política en medio del gesto estético, como un disparo, con un ruido que interrumpe la armonía. De ahí que se haya asumido que no se puede hablar de política en literatura: “La política, para la ideología literaria dominante, molesta, embrutece, se encuentra reñida con la calidad literaria, según los postulados estéticos preponderantes”.
Es necesario abordar la cuestión del experimentalismo como apuesta ética¿Cuál es el objetivo de la propuesta de“literatura subversiva y revolucionaria”? Desvelar los mecanismos invisibles que provocan nuestra explotación. Casi nada. ¿Cómo se hace? Si lo que el escritor pretende es denunciar de forma objetiva la sociedad en la que le ha tocado vivir, lo más eficaz es que “éste escriba sobre el modo en que la explotación atraviesa su propia vida y su propia profesión”.
Niegan, por este motivo, la propuesta de “dar voz a los sin voz”, porque los poetas, ni los novelistas, ni los dramaturgos son “igualmente víctimas de la explotación capitalista”. Dar voz a los sin voz es dar a entender que quien escribe se encuentra en una situación privilegiada y eso –además de ser excepcional- invalida el relato por “paternalismo izquierdista”. Los autores del ensayo reniegan de la imagen del escritor como mesías, que ha decidido descender de sus alturas para explicar al resto del mundo.
Leer mata
Si la propuesta es escribir desde la resistencia, ¿desde dónde se hace: desde el sistema o desde fuera? Los autores reconocen el problema y no despejan la duda del todo, porque resulta complicado producir “un discurso disidente” en un momento en el que el capitalismo “parece haber conquistado todos los espacios para el ejercicio de la libertad”.
Entonces, ¿qué hacemos con la literatura? Leerla con cuidado. Hacer una lectura crítica que aclare para qué sirve y a quién sirve. Lamentablemente, el ejercicio de la lectura desde la conciencia no logrará que la literatura nos haga más felices, ni mucho menos, más libres. Pero “sí podremos conocer la lógica de nuestra servidumbre”. No pretenden matar la novela, no quieren acabar con su efectividad, ni siquiera con el aliento literario, pero priorizan la conciencia del lector sobre las relaciones de explotación “que los subyugan”.