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sábado, 9 de mayo de 2015

PRENSA. "La Tierra chocó con un planeta gemelo para crear la Luna"

   En "El País":
creación de la luna
Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar /HAGAI PERETS

Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Los gigantes gaseosos Saturno y Júpiter ya se han formado. Mientras, en la región más cercana al Sol, orbitan más de 80 planetas rocosos como la Tierra. En realidad son embriones de planetas que chocan violentamente entre sí, se funden y forman cuerpos cada vez más grandes. Este descomunal tiovivo seguirá en marcha unos 200 millones de años. Para entonces, el enjambre de rocas se habrá agrupado en cuatro planetas. No hay manera de saber si este relato es cierto, aunque es muy probable que Marte, la Tierra, Venus y Mercurio se formasen así. Ahora, una de las simulaciones más precisas que se han hecho de aquel proceso intenta esclarecer un enigma que lleva vigente décadas, si no siglos: ¿cómo se formó la Luna?
La teoría del gran impacto dice que nuestro planeta chocó con otro del tamaño de Marte, conocido como Theia. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. El resultado fue la Luna.

Es un resultado apasionante que resuelve 30 años de dudas
El gran problema para aceptar esta teoría es que, según las estimaciones más recientes, menos de un 1% de las colisiones eran entre planetas iguales. Actualmente los planetas del Sistema Solar tienen composiciones muy diferentes unos de otros, con lo que Theia también debió haber formado una Luna muy diferente de la que conocemos. Sin embargo, las rocas lunares traídas por las misiones Apolo a finales de los años sesenta demostraron que los yermos de la Luna y el manto terrestre son casi indiferenciables en su composición. El origen de la Luna se convirtió, más que nunca, en un enorme quebradero de cabeza.

La Luna del otro Darwin

El debate científico sobre los orígenes de la Luna pueden remontarse hasta 1898, cuando George, el hijo astrónomo de Charles Darwin, propuso que la Tierra joven escupió parte de su masa por fuerzas centrífugas, una hipótesis que, con variaciones, sigue siendo la otra gran hipótesis en liza, según José Luis Ortiz, físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ortiz resalta la importancia de este nuevo estudio para intentar encajar las piezas que faltan, pero advierte de que “se trata solo de una hipótesis basada en modelos numéricos”. El físico apoya la otra hipótesis en contienda, que fue la Tierra la que perdió parte de su masa para formar la Luna pues le parece la explicación más plausible para el extremo parecido entre uno y otro cuerpo. Además “se han publicado estudios recientemente que la apoyan”, dice.
El nuevo trabajo, publicado en Nature, muestra ahora que los choques entre gemelos eran mucho más comunes de lo que se pensaba. “Hemos usado simulaciones de alta resolución para comprobar si la composición de cada planeta y el último cuerpo con el que impactaron eran tan diferentes como la gente pensaba de antemano y lo que hemos averiguado es que sucede justo lo contrario”, explica Alessandra Mastrobuono, astrofísica del Instituto de Tecnología de Israel y coautora del estudio. “Es un resultado apasionante que potencialmente resuelve 30 años de dudas sobre la teoría del gran impacto”, añade.
Su equipo ha simulado 40 veces la formación de los planetas interiores del Sistema Solar, cada vez manejando las trayectorias de unos 80 embriones planetarios y entre 1.000 y 2.000 fragmentos más pequeños que chocan y chocan durante millones de años. La complejidad de cálculo es tal que cada simulación lleva de dos a cuatro meses y ha requerido el uso de un superordenador, explica la astrofísica. Los resultados del análisis afirman que entre el 20% y el 40% de los cuerpos que chocaron contra la Tierra eran prácticamente iguales químicamente. En otras palabras, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que eso explique el origen de la Luna, dice Mastrobuono.
Robin Canup, astrofísica de EE UU, aporta una opinión independiente sobre el trabajo. Estos resultados dan “un apoyo renovado” a la teoría del gran impacto, explicando las similitudes entre la Luna y la Tierra, dice la experta del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU). Pero los datos no bastan para cerrar el caso. Aún hay cosas que no encajan, por ejemplo, las diferencias en la composición de ciertos elementos como el oxígeno o el tungsteno. Precisamente otros dos estudios publicados este miércoles en Nature se centran en ese segundo elemento, cuya composición es ligeramente diferente entre la Tierra y la Luna. En una nota de prensa, uno de los equipos responsables del trabajo señala que estos datos son compatibles con un gran impacto, pero descartan la posibilidad de que Theia y la Tierra tuvieran la misma composición. Mastrobuono y Canup mantienen que sí son compatibles, aunque, advierte esta última, serán necesarios nuevos cálculos probabilísticos para demostrarlo.

lunes, 6 de abril de 2015

PRENSA. "La megaerupción del volcán que parió a Frankenstein puede repetirse"

   En "El País":

La megaerupción del volcán que parió a Frankenstein puede repetirse

La explosión del Tambora (Indonesia) en 1815 oscureció Europa y eliminó el verano

Los expertos alertan de que hay un 33% de probabilidades de una supererupción este siglo

volcán Tambora
La caldera del volcán Tambora, de seis kilómetros de diámetro. / NASA


El verano de 1816 no existió. La escritora londinense Mary Shelley y su compatriota poeta Lord Byron se refugiaron de la lluvia y los cielos tenebrosos en una mansión a la orilla del lago Lemán, al norte de los Alpes. Y ante el fuego de la chimenea, en aquel verano que nunca fue, a Shelley se le ocurrió el personaje de Frankenstein y Lord Byron escribió el poema Oscuridad, que arrancaba: “Tuve un sueño, que no era del todo un sueño. El brillante sol se apagaba…”.
Ellos no lo sabían, pero el origen de la oscuridad y el frío que los encerraron en casa aquel segundo invierno se encontraba a miles de kilómetros de allí. El volcán Tambora, en la actual Indonesia, había empezado a vomitar sus entrañas más de un año antes, llegando a su culmen entre el 10 y el 11 de abril de 1815. Su megaerupción, la más devastadora de los últimos 750 años, se llevó por delante la vida de más de 60.000 personas, en su mayoría víctimas de la hambruna.
Los gases con azufre que expulsó Tambora eclipsaron la luz del Sol, sepultando el siguiente verano en buena parte del hemisferio Norte y arruinando las cosechas. Miles de personas tuvieron que lanzarse a comer gatos y ratas, según recuerda el vulcanólogo Stephen Self, de la Universidad de California en Berkeley (EE UU).

El mal tiempo provocado por la erupción del Tambora inspiró a Mary Shelley para escribir Frankenstein
Dos siglos después de la tragedia del Tambora, Self es uno de los expertos que alertan de que la humanidad no está preparada para la siguiente megaerupción. Incluso un país como Japón desconoce al menos el 40% de las grandes erupciones de sus volcanes en el pasado.
“Ha llegado la hora de explorar sistemáticamente todos los registros disponibles de erupciones [...] para que tengamos más oportunidades de comprender los futuros peligros potenciales”, clama hoy Self, junto a su colega Ralf Gertisser, de la Universidad de Keele (Reino Unido), en la revista científica Nature Geoscience.
Los autores creen que el 200 aniversario de la erupción que parió a Frankenstein debería servir como un recordatorio de la amenaza volcánica. En enero, un informe técnico, elaborado por la red de vulcanólogos Global Volcano Model y por la Asociación Internacional de Vulcanología y de Química del Interior de la Tierra, advertía de que hay un 33% de probabilidades de que se produzca una erupción como la de Tambora a lo largo del siglo XXI.
El informe concentra el 90% del riesgo en cinco países: Indonesia, Filipinas, Japón, México y Etiopía. Para Self, “Indonesia es la mayor preocupación, debido a la densidad de la población y al número de volcanes. La próxima erupción puede ser incluso de un volcán sin erupciones conocidas”, advierte. En 1883, la erupción del volcán Krakatau, en la parte occidental del archipiélago indonesio, provocó la muerte de 34.000 personas.

La mayor erupción conocida fue hace 74.000 años en la isla de Sumatra y dejó un agujero de 100 kilómetros
No muy lejos, en la isla de Sumatra, se produjo la mayor erupción conocida por el ser humano. Fue hace 74.000 años. La explosión del volcán Toba creó un agujero de 100 kilómetros de largo por 60 de ancho, hoy ocupado por un lago. “Fuera de Indonesia me preocupa el volcán Taal, en Filipinas, cercano a una región densamente poblada, la de Manila [más de 25 millones de personas], y con un historial difícil de precisar”, añade Self.
El vulcanólogo, que también trabaja para el organismo que regula las centrales nucleares en EEUU, cree que disponer de un registro detallado de las megaerupciones de los últimos miles de años ayudaría a predecir futuras catástrofes. “Tendríamos una idea mucho más aproximada de la frecuencia, aunque obviamente todavía existirían patrones que no entenderíamos, ya que los volcanes están muy extendidos por el planeta y reaccionan a diferentes fuerzas. Algunos acontecimientos son debidos al azar, e incluso algunos vulcanólogos sostienen que las erupciones son esencialmente impredecibles”, explica a Materia.


Erupción del volcán filipino Pinatubo en 1991. / USGS
Self y su colega recuerdan que la nube de cenizas expulsada en la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull en 2010 obligó a cancelar miles de vuelos en Europa, pese a tratarse de un evento ridículo comparado con la explosión del Tambora hace 200 años. El volcán indonesio escupió unos 40 kilómetros cúbicos de material. Una de las erupciones más violentas del siglo XX, la del filipino Pinatubo en 1991, apenas expulsó cinco kilómetros cúbicos.

Las erupciones volcánicas son imposibles de predecir", opina el vulcanólogo Juan Carlos Carracedo
Para Self, “hay muchas cosas que podemos hacer” para blindarnos ante una futurible megaerupción, como “tomar precauciones para proteger los aviones, modificar los planes de vuelo y planear diferentes cultivos” en algunas regiones. “Pero no las haremos a menos que la probabilidad de una futura gran erupción sea alta o, dicho de otra forma, que la amenaza sea real”, sentencia.
El veterano vulcanólogo español Juan Carlos Carracedo es más escéptico. Este experto, profesor emérito en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, cree que, por ejemplo, no tiene sentido recordar la megaerupción que hubo hace 640.000 años en la zona del Parque Nacional Yellowstone (EE UU) como si fuera algo que va a repetirse próximamente. “Hacer estas especulaciones solo sirve para intranquilizar a la gente”, opina. Aquella gigantesca explosión cubrió de ceniza gran parte de Norteamérica.
“Hay muy pocas erupciones como para poder hacer un análisis estadístico. En Canarias hemos tenido 16 en los últimos 500 años, unas separadas por 20 años y otras, por 237 años. Las erupciones volcánicas son imposibles de predecir, solo podemos conseguir una detección temprana cuando ya han empezado. Si hay una supererupción, nos enteraremos todos los del planeta cuando ocurra”, zanja.

sábado, 28 de febrero de 2015

PRENSA. "Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3 260 millones de años"

   En "El País":

Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3.260 millones de años

Afectaría a todo el planeta y cambiaría el entorno de los microorganismos primitivos

 Madrid 9 ABR 2014 

Tamaños del asteroide de los dinosaurios (izquierda), de 10 kilómetros; el de hace 3.260 millones de años (centro), de 37 kilómetros; y del Everest, de 8,9 kilómetros de altura. / AGU
Hace unos 3.260 millones de años debió chocar con nuestro planeta un asteroide gigantesco, entre tres y cinco veces mayor que el provocó extinciones masivas en la Tierra, incluida la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Era la época que los científicos denominan el período de bombardeo masivo tardío, hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, y los primeros seres vivos, microorganismos, debieron ver afectado radicalmente su entorno. Unos investigadores estadounidenses, a raíz de sus estudios de una peculiar formación geológica en Sudáfrica, han reconstruido la colisión. El asteroide, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, debió hacer un cráter de 500 kilómetros de diámetro (dos veces y media mayor que el de los dinosaurios), generaría un terremoto de magnitud superior a 10.8 y las ondas sísmicas se propagarían por todo el planeta desencadenando otros grandes seísmos; tsunamis mucho más grandes de los que conocemos barrerían todos los océanos…. La velocidad de impacto del asteroide sería de unos 20 kilómetros por segundo.
Las hipótesis de los científicos contaban ya con estos cataclismos gigantescos en el pasado remoto del planeta, pero hasta ahora no habían podido determinar su escala, afirman los investigadores, que presentan sus conclusiones en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosysems, de la Unión Geofísica Americana (AGU) estadounidense. Los expertos, liderados por Norman H. Sleep, de la Universidad de Stanford, modelizan, por primera vez, el tamaño del asteroide y el efecto que tuvo la colisión en el planeta, resalta la AGU.


El cráter del asteroide de los dinosaurios (izquierda) de 150 kilómetros; del asteroide de hace 3.260 millones de años, de unos 500 kilómetros, y la isla de Hawai, de 122 kilómetros. / AGU
Se estima que el asteroide de los dinosaurios liberaría más de mil millones de veces más energía que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el de hace 3.260 millones de años, muchísima más. Los científicos describen los efectos en todo el planeta: la atmósfera se llenaría de polvo y la superficie de los océanos herviría; el cielo se pondría rojo de puro calor y el impacto lanzaría al aire roca vaporizada que envolvería todo el planeta, que se condensaría en gotas que caerían al suelo ya solidificadas. Desde luego la vida primitiva se vería afectada por los efectos masivos en la corteza terrestre, e incluso la tectónica de placas. Los cambios ambientales, sugieren los investigadores, bien pudieron barrer muchos organismos microscópicos primitivos existentes en aquel momento dejando hueco a la evolución de otros que aprovecharían el vacío, como ha sucedido en otras extinciones masivas.
En un planeta tan dinámico como la Tierra, no cabe contar con la supervivencia, más de 3.000 millones de años después, del cráter de impacto tal cual. La erosión, la actividad de la corteza terrestre y otras fuerzas que configuran la superficie habrían destruido los lugares de choque de aquellos objetos celestes durante la era del gran bombardeo tardío. Pero el equipo de Sleep ha dado con las pistas del acontecimiento en el denominado cinturón de rocas verdes de Barberton, un área de unos cien kilómetros de longitud y 60 de ancho al este de Johannesburgo, con rocas que son de las más antiguas del planeta. El impacto no sería allí mismo sino a miles de kilómetros sin que estos expertos puedan indicar exactamente dónde, pero la formación geológica de Barberton y sus fracturas características encajan con los efectos del gran impacto de un asteroide que los investigadores reconstruyen ahora.

lunes, 16 de febrero de 2015

PRENSA. "25 años del 'punto azul pálido'"

   En "elmundo.es":

ASTRONOMÍA

ESPECIAL CRÓNICAS DEL COSMOS

25 años del 'punto azul pálido'


La Tierra: un 'punto azul pálido'.
La Tierra: un 'punto azul pálido'. NASA / Voyager 1
  • El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda Voyager 1 tomó una foto de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia

  • La imagen inspiró a Sagan su libro 'Un punto azul pálido'



El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda espacial Voyager 1 tomó una fotografía de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia. Esa imagen, en la que nuestro planeta aparece como un pequeño punto de luz inspiró a Sagan su libro 'Un punto azul pálido' y se convirtió rápidamente en una de las imágenes más emblemáticas e influyentes de la historia de la ciencia.
La sonda Vogayer 1 fue lanzada por la NASA en 1977 con el fin de explorar los planetas gigantes y las regiones más externas del sistema solar. En 1979 nos ofreció unas magníficas imágenes de Júpiter y sus lunas, y en 1980 del sistema de Saturno. Nunca antes se habían podido observar estos astros con tanto detalle. Aún hoy, después de más de 37 años, la nave sigue recibiendo comandos y enviando datos, aunque no imágenes. Se encuentra ahora saliendo del sistema solar, a unos 19.540 millones de kilómetros de distancia (esto es, unas 130 veces más lejos de la Tierra que el Sol), viajando a una velocidad de 61.000 kilómetros por hora, y se espera que la nave siga funcionando hasta el año 2025 aproximadamente, cuando sus generadores termoeléctricos no sean ya capaces de suministrar energía para ninguno de sus instrumentos.Hacia los confines del sistema solar

La sonda Voyager 1. 
Cuando la Voyager 1 había terminado su principal misión, en 1980, y ya se alejaba de Saturno, el gran astrónomo Carl Sagan hizo una sugerencia a NASA para que la nave dirigiese su cámara hacia la Tierra y tomase una última imagen de nuestro planeta. Sagan admitía en su propuesta que esa imagen no obtendría suficiente detalle para realizar un estudio científico de la Tierra, pero argumentaba que la imagen podría ser ilustrativa del lugar que ocupa el hombre en el universo.
Hubo división de opiniones en la NASA. Mientras muchos miembros del proyecto Voyager 1 eran favorables a la idea de Sagan, otros argumentaban que dirigir las cámaras hacia la Tierra, vista desde la nave en una dirección próxima a la del Sol, podría poner en peligro los detectores. La idea de Sagan tardó 10 años en llevarse a la práctica. En 1989, el proyecto Voyager 1 estaba acabándose y su personal se dispersaba. Sagan renovó su petición elevándola a las instancias más altas de NASA; si esa foto única no se tomaba entonces, se perdería la ocasión para siempre. Finalmente realizó la petición en persona al mismísimo Administrador de NASA, el piloto y astronauta Richard Trury, quien lideró esta Agencia entre 1989 y 1992.

Retrato de familia

Fue Trury quien intercedió para que se tomasen fotografías de los 6 planetas que eran visibles desde la Voyager 1 (Venus, la Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), constituyendo así un 'retrato de familia' del sistema solar, un mosaico formado de 60 imágenes individuales. Como parte de este retrato, el 14 de febrero de 1990 las cámaras de Voyager 1 se orientaron hacia la Tierra. En ese momento, la Voyager 1 se encontraba a unos 6.050 millones de kilómetros de la Tierra (unas 40 veces más lejos que la Tierra del Sol).

Retrato de familia. 
De las dos cámaras que equipaban la Voyager 1, se utilizó la de mayor resolución y pequeño campo de visión (la denominada 'NA' por 'Narrow-Angle camera') con varios filtros diferentes para obtener las imágenes más detalladas posibles de nuestro planeta. Y aún así, la Tierra solo resulta visible en tres de las imágenes (con filtros verde, azul y violeta) que fueron tomadas con tiempos de exposición de unas 5 a 7 décimas de segundo y que fueron combinadas para formar la imagen que es hoy mundialmente conocida como el 'punto azul pálido'.
En la famosa imagen, la Tierra se ve a través de unas bandas luminosas que son efectos artificiales ocasionados por reflejos y por la difusión de la luz solar en diferentes partes de la cámara.

La Tierra y la Luna desde Marte. 
En 1994, Carl Sagan publicó su famoso libro 'Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio', y a partir del libro, se hizo a continuación un vídeo que dio la vuelta al mundo entero. Tanto en el libro como en el vídeo, con su estilo habitual, emocionado y entusiasta, Sagan reflexiona sobre el lugar del hombre en el universo, relativizando los problemas al ponerlos en un contexto cósmico. Ciertamente, la Tierra vista desde la lejanía, considerada como un objeto astronómico más, comunica eficazmente una idea de fragilidad.
Aunque con una masa superior a la suma de las de Mercurio, Venus y Marte, la Tierra es mucho más pequeña y ligera que los otros cuatro grandes planetas del sistema solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Pero comparada con todos los otros planetas del sistema, la Tierra posee características muy diferenciadoras. En contraste con las áridas superficies de los otros planetas rocosos, el 71 % de la superficie de nuestro planeta está cubierto por agua. Los efectos de dispersión y polarización de la luz solar en la atmósfera de la Tierra y en los océanos, son los que crean el pálido color azulado en la imagen.

La Tierra en los anillos de Saturno. 
Pero naturalmente, lo que nos atrae del punto azul pálido es la toma de conciencia de que todos estamos ahí, de que ése es nuestro único hogar. La vida exuberante que se manifiesta por doquier en nuestro planeta nos aparece desde esa perspectiva como una característica extremadamente delicada. Es por ello que ésta, junto con otras imágenes de nuestro planeta tomadas desde el espacio, ha contribuido enormemente a construir una conciencia ecológica en el hombre.
Este punto azul pálido vuelve a recordarnos hoy que el hombre se enfrenta a unos retos sin precedentes. Por un lado el crecimiento de la población y el desarrollo imponen unas necesidades de recursos naturales que no cesan de crecer, y crecer de manera meteórica. Pero, por otro lado, según los científicos vienen repitiendo hasta la saciedad, la explotación masiva de los recursos naturales, tal y como se realiza hoy en día, claramente no es sostenible.
Las pautas de comportamiento que el hombre ha mantenido durante el último siglo no permitirán que el planeta y su actividad biológica perduren a largo plazo tal y como los conocemos hoy. Para mantener la calidad de vida de una población que crezca felizmente será indispensable modificar profundamente nuestras pautas de comportamiento. Mayor austeridad y mayor respeto hacia todos y cada uno de los componentes de la biosfera son los criterios esenciales para que nuestro punto azul pálido tenga posibilidades de perdurar exuberantemente habitado.

La Tierra desde el espacio


Desde la Luna. 
La primera imagen emblemática del planeta Tierra fue la obtenida por la tripulación del Apolo 8 en 1968. Tras tres días de viaje, esta nave espacial tripulada por tres astronautas dio 10 vueltas a la Luna en unas 20 horas. El día de Nochebuena se realizó una emisión televisiva en la que se transmitió la primera imagen de la Tierra levantándose tras el horizonte de la superficie desolada de la Luna. Era la primera vez que se fotografiaba nuestro planeta desde otro cuerpo celeste.
En 1972, la NASA publicó otra imagen muy simbólica de la Tierra conocida como 'la canica azul'. En esta imagen, tomada a una distancia de 45.000 kilómetros por los astronautas del Apolo 17, nuestro planeta aparece en todo su esplendor, completamente iluminado. En el año 2012, se hizo pública otra versión de 'la canica azul' que fue construida a partir de imágenes de alta resolución y con poca cobertura de nubes.

La 'canica azul'. 
Durante el año 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield desde la Estación Espacial Internacional estuvo tomando numerosas imágenes de la Tierra que distribuía en tiempo real por las redes sociales. Esas imágenes de ciudades y de lugares particularmente interesantes atrajeron la atención de millones de ciudadanos repartidos por todo el planeta.
De entre las imágenes espaciales de la Tierra más recientes e impactantes cabe destacar la que tomó la sonda Cassini a través de los anillos de Saturno el 19 de julio de 2013, o la tomada por el robot Curiosity desde Marte el 31 de enero de 2014; en ambas se distinguen tanto la Tierra como la Luna. Pero ninguna de estas ha tenido el impacto que tuvo, y que sigue teniendo 25 años después, la imagen del 'punto azul pálido'.

Los discos de oro de las Voyager

Las sondas Voyager 1 y 2 transportan discos de oro con saludos en 59 lenguas, sonidos, música e imágenes de diferentes culturas de la Tierra. Estos discos están pensados para durar millones de años, por si en algún momento fuesen encontrados por alguna civilización extraterrestre.

Discos de oro con saludos y sonidos de la Tierra. 
Naturalmente, la probabilidad de que otra civilización encuentre estos discos es extremadamente baja. En el caso en el que la trayectoria de uno de los Voyager pasase por una estrella cercana, el tiempo que tardaría en alcanzarla es de, al menos, 40.000 años. Por todo ello, estos discos no pueden considerarse como un intento realista de comunicarse con otras civilizaciones. Sin embargo, Carl Sagan opinaba que 'el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta'.
El contenido de los discos fue definido por Carl Sagan junto con la directora creativa del proyecto, Ann Druyan. Durante estas tareas, Sagan y Druyan entablaron una relación que culminaría en matrimonio en 1981 y que duraría hasta la muerte de Sagan en 1996.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y académico de la Real Academia de Doctores de España.Twitter: @RafaelBachiller

Carl Sagan:

'Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada 'superestrella', cada 'líder supremo', cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí -en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.'
'Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.'

lunes, 26 de enero de 2015

PRENSA. "Los siete infiernos sobre la Tierra que jamás deberías visitar"

   En "verne.elpais.com":

Los 7 infiernos sobre la Tierra que jamás deberías visitar

Lugares en los que si entras tendrás más posibilidades de no salir que de salir


Es una pregunta recurrente que suelen escuchar los reporteros que se ganan el pan viajando a lugares delicados. “¿Cuál es el peor sitio en el que has estado? ¿El más peligroso?”. Existen centenares de respuestas porque existen centenares de sitios espinosos en el mundo. Desde barrios de Johannesburgo o San Salvador hasta zonas de conflicto como Gaza o Ucrania. Un vistazo en la web del Ministerio de Exteriores nos dará alguna pista. Hay otra pregunta más concreta: ¿cuáles son hoy los lugares en los que no se puede poner un pie?
La lista que a continuación te ofrecemos muestra estos sitios. Agujeros negros en los que no es viable entrar si no eres nativo. Mucho menos si no eres nativo y, además, eres occidental. Son lugares en los que no hay periodistas y de los que las ONG tuvieron que huir. Tierras de nadie. Por reducirlo a una frase sencilla pero contundente: he aquí siete lugares en los que si entras, tendrás más posibilidades de no salir que de salir. Que se dice pronto.
1. Yemen
Yemen era un destino seguro hasta hace pocos años. Visitar este maravilloso país en 2006 suponía una inversión impagable para el viajero: historia, cultura, arquitectura, parajes naturales y población local afable y educada. La percepción comenzó a cambiar en 2007 cuando seis turistas españoles fueron asesinados en un ataque suicida. Aquella tragedia avisó de la nueva deriva: el país, situado en la costa sur de la península arábiga, se ha convertido con los años en un bastión de Al Qaeda, en concreto del grupo Al Qaeda para la Península Arábiga (el mismo que reclama la autoría del atentado contra la revista Charlie Hebdo). Desde hace meses este grupo controla casi todo el territorio yemení, incluida la capital Saná. En sitios donde no tienen el mando, como el norte, mandan los rebeldes houthi, con los que no se llevan muy bien. Por ello, circular como visitante por Yemen sin saber en qué territorios se adentra uno es como comprar todas las papeletas para un secuestro o un ataque.
2. Línea Durand (frontera Afganistán-Pakistán)
La Línea Durand es un límite de 2.400 kilómetros trazado en 1893 por el secretario de Asuntos Exteriores del protectorado británico, Henry Durand, quien quiso establecer el confín de la colonia India. Con el nacimiento de Pakistán en 1947 la línea se convirtió en una frontera que ni Pakistán ni Afganistán reconocen. Esto hace que desde hace años ambos ejércitos tengan constantes choques y la zona se haya convertido en un ataque de nervios permanente.
Pero, no es broma, este es el menor de los problemas aquí: resulta que la Línea Durand atraviesa sin rubor la enorme región de los pastunes, un pueblo que no entiende de Estados y que vive a ambos lados de la frontera (hay pastunes afganos y pastunes pakistaníes) organizados en sociedades tribales. Muchos son nacionalistas y exigen el control e independencia de la zona, Pastunistán. Por si fuera poco, sus líderes son integristas religiosos muy violentos. A estos últimos los conoceréis por otro nombre: talibanes. Aliados con Al Qaeda y decenas de milicias islamistas, dominan una región sin Estado desde los años 80, después de que, a raíz de la intervención soviética, Estados Unidos les dotara de armas y formación. Una generación entera de terrícolas hemos crecido sin conocer un segundo de paz en este lugar.
Restrepo es el nombre de un documental que unos periodistas estadounidenses grabaron empotrados con el Ejército americano en el corazón de este territorio.


El EI publicó el pasado año este mapa en el que se muestra por dónde quieren extender su califato. España está incluida.
3. Zonas de Siria e Irak controladas por el Estado Islámico
O si prefieren, el Califato Islámico. Este sería el país más inhóspito del mundo si fuera reconocido. En el año 2011 estalló la Primavera Árabe en el que era uno de los países más estables de Oriente Medio, Siria. En pocos meses la revuelta mutó en guerra civil y lo que en principio era un enfrentamiento entre Gobierno y rebeldes acabó dando paso a un tercer contendiente: el Estado Islámico, que en origen eran milicias islamistas llegadas de Irak. En 2013 hicieron suyo el conflicto y proclamaron sus intenciones: exterminar a todo aquel que no fuese suní e imponer una sociedad regida por la interpretación más estricta de la sharia (ley islámica). Esto incluye ablaciones, decapitaciones para infieles, exterminio de cualquier otra religión, compraventa de mujeres y todo aquello que alimente la yihad. Desde ese momento nadie puede entrar en los territorios que controlan: quien lo haga será secuestrado o asesinado. O ambos.


Este es el territorio de Al Qaeda para el Magreb Islámico.
4. Territorio controlado por Al Qaeda para el Magreb Islámico
Echen mano de un mapa y tracen un círculo que albergue el norte de Chad, Níger, el norte de Mali y el sur de Argelia y Libia. Más o menos la zona central del desierto del Sáhara.
Aunque incluye varios Estados, la realidad es que casi todo este arenoso territorio –hogar de los tuareg- está realmente controlado por el grupo terrorista Al Qaeda para el Magreb Islámico, especialmente la zona del triángulo del Sahel (Níger, norte de Mali y sur de Argelia). Este triángulo es el epicentro de este grupo conocido por no dar calurosas bienvenidas a los turistas. Antes de 2006 existían facciones terroristas en esta región, pero ese año anunciaron al mundo su vinculación a Al Qaeda y los periodistas extranjeros y las ONG tuvieron que retirarse. Si os adentráis en esta zona, lo más probable es que seáis secuestrados. Así de claro. Y si eres español, con más rapidez todavía, porque los secuestradores saben que nuestro país paga rescate. Les ocurrió a Ainhoa y Enric en 2011, mientras trabajaban como cooperantes en el campo de Tinduf, al sur de Argelia. Se supone que estaban fuera del radio de acción de este grupo, pero su extensión cada vez es mayor. Al panorama hay que añadirle la situación de inestabilidad interna que vive Chad, con varios grupos rebeldes en conflicto, y Libia, en guerra civil desde hace años. En resumen, una región que, seguramente, no encuentres entre las ofertas de las agencias de viajes.


Un hombre en Nigeria reclama la liberación de las niñas secuestradas.. AP
5. Norte de Nigeria
Bienvenidos al califato de Boko Haram, el grupo terrorista islámico que se dio a conocer en las televisiones occidentales después de secuestrar a doscientas niñas el año pasado. Niñas que, por cierto y pese a la cantidad de tuits que lanzamos con el hashtag  #BringBackOurGirls en Twitter, todavía siguen cautivas y, tal y como explicó el propio grupo, “ya casadas y al servicio de los yihadistas”. Este Ejército integrista está liderado por Abubakar Shekau y desde 2002 controla todo el norte de Nigeria, con incursiones a Chad y Níger. Pretenden lo que el Estado Islámico en Medio Oriente y usan los mismos métodos: hace unos días obligaron a tres niñas de diez años a inmolarse y el año pasado mataron a 9.000 personas. Si estabas pensando visitar esta zona de Nigeria, olvídalo.
6. Frontera Venezuela-Colombia
No toda, claro. Pero sí hay departamentos fronterizos que están abandonados a su suerte. El Gobierno colombiano contempla cómo esta zona de profunda selva está controlada por las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Aunque en la actualidad se está llevando a cabo un proceso de pacificación y diálogo, la realidad es que regiones como Arauca son no aptas para el visitante. La frontera aquí es difusa y ser turista en esta zona es ser presa fácil para un secuestro. Y, si no, siempre nos quedará la posibilidad de cruzarnos con narcotraficantes poco tolerantes con las visitas sin aviso previo.
7. Regiones de Somalia controladas por los islamistas
Ocurre en Somalia lo que ocurre en muchos países: que el Estado no llega a todo el territorio que le corresponde. Y delega el control en otras entidades, como grupos políticos con brazos armados. Estos grupos no tienen por qué ser necesariamente peligrosos, simplemente sustituyen al Estado. Lo que sucede en este caso es que el Estado no controla casi nada. De hecho, hasta hace unos años, lo único que controlaba era un par de barrios de Mogadiscio, la capital, donde el presidente vivía en un búnker. Hoy el Gobierno oficial –con apoyo extranjero- ha ampliado su dominio, aunque la mayoría de zonas del país siguen estando bajo el control de grupos milicianos islamistas. El más potente de todos ellos y que controla toda la zona central del país es Al Shabab que, entre otras cosas, financia a los famosos piratas somalíes. Si por casualidad te despistas y te adentras en algunas de estas zonas, da media vuelta. Rápido.