Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de marzo de 2015

PRENSA. PSICOLOGÍA. "El síndrome de la mala madre"

   En "El País Semanal":

El síndrome de la mala madre

¿Es posible compaginar maternidad, trabajo, pareja, amistades y parcelas de privacidad?

Lo mejor es centrarse en atender a la calidad de las relaciones y el vínculo con sus hijos


ILUSTRACIÓN DE ANNA PARINI

Este artículo podría ir dirigido a los padres. Padres deseosos de disfrutar de sus hijos, pasar tiempo con ellos; padres entregados, que juegan, que cambian pañales y educan igual que lo hacen las madres. Pero los cambios sociales, profesionales y de papeles que ha protagonizado la mujer en estas últimas décadas y cómo esos cambios han impactado en la maternidad merecen un artículo solo para ellas. Piense durante unos segundos en el concepto de madre, no en la suya, ni en la mejor o peor madre del mundo que pueda conocer. Solo recapacite sobre lo que significa y lo que asociamos con “ser madre”. Imagino que le vienen a la cabeza ideas como “amor incondicional, abnegación, dedicación, ternura, cobijo, renuncia, satisfacción, plenitud, realización personal, vida, entrega, estar siempre ahí, lealtad, sumisión…”. Y un sinfín de palabras relacionadas con darlo todo por alguien.
Ese es el concepto con el que nos hemos educado. La madre es esa persona incondicional que nunca le va a fallar. Esa persona capaz de renunciar a todo para que usted esté bien, la que espera con paciencia, la que siempre tiene una palabra de apoyo para animar o la que le presta su hombro para que llore cuando lo necesite. Este juicio de madre viene de cuando las mujeres se educaban en no tener más ambición que ser buenas esposas, mujeres, educadoras y transmisoras de valores; cuando solo se dedicaban a cuidar y organizar el hogar, coser, hacer coletas, quitar piojos, guisar, limpiar o dirigir a la que limpiaba en casa. Había excepciones, por supuesto, como Marie Curie, física, matemática, química, madre de dos hijas y galardonada con dos premios Nobel, pero no era la regla general.

No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre” Jill Churchill
Pero los tiempos han cambiado. Muchas abuelas dicen: “Qué difícil lo tenéis ahora para triunfar”. Ya no basta con tener hijos impolutos, buenos estudiantes y educados. Triunfar hoy día para la mujer implica ser buena madre, una brillante profesional; conseguir tener un grupo de amigas; aprender a ser independiente a nivel emocional y económico; tener su parcela para leer, hacer ejercicio y practicar aficiones; entrar en una talla 40 el resto de su vida; tener al lado a un hombre que valore su esfuerzo, su trabajo, le quiera tal y como es, sea cariñoso y comprensivo, y sepa compaginar con usted las tareas domésticas y la educación de los hijos.
Demasiados roles, exigencias y expectativas altísimas, que al final llevan a replicar el modelo de “mujeres orquesta” que tienen la sensación de estar en todo sin llegar a nada. Y cuando usted cree que no está cumpliendo a la perfección con la prioridad entre todas sus actividades, que suele ser la atención de sus hijos, se valora a sí misma de forma negativa. Hay madres que se creen “malas madres” por no cumplir con sus expectativas o las que impone la sociedad.
No puntúe su valía como madre en función de la cantidad de tiempo que dedica a los niños. Lo que debe valorar y a lo que debe dedicar atención es a la calidad de las relaciones y el vínculo con sus hijos. Tampoco se le ocurra sentirse culpable por compaginar su maternidad con su labor como profesional, por dedicar tiempo a salir a correr o querer leer un libro a solas y tranquila en el sillón. Sus hijos serán más felices si su madre se siente satisfecha, plena y profesionalmente realizada. No se engañe convenciéndose de que ser madre es suficiente para sentirse completa.
Si consigue compaginar su trabajo, su pareja, su vida social, el tiempo que se dedica a sí misma y el de los hijos, será más feliz que si vive de forma abnegada y con sacrificio la relación con los niños. Le propongo estas ideas:

Para saber más


ILUSTRACIÓN DE ANNA PARINI
LIBROS
‘Toma un café contigo mismo’
Walter Dresel (Zenith)
‘Queremos hijos felices’
Silvia Álava (JdeJ Editores)
‘Portarse bien’
Stephen Garber (Medici)
PELÍCULAS
‘Agosto’
Dirigida por John Wellse interpretada por
Meryl Streep y Julia Roberts
Proteja a sus hijos con consejos, con argumentos, guiando, educando en valores, delimitándoles el bien del mal. Pero deje que ellos tomen decisiones, se caigan y se levanten. No sobreproteja. No es mejor madre por quitarles los peligros del medio. Los baches van a estar siempre ahí, esté usted con ellos o no lo esté. No les puede quitar la piedra, solo tiene que enseñarles a torear con ella. No se sienta responsable de sus fracasos. Tienen que equivocarse, tomar decisiones y lidiar con la frustración. Muchas madres tratan de ayudar para evitar la frustración de sus hijos. Les acaban los trabajos del colegio, les recogen la habitación, les llevan la ropa de deporte que olvidaron en casa… Con ello educamos en la irresponsabilidad, en que no asuman las consecuencias de ser despistados, poco organizados o perezosos. No se amargue si su hijo lo pasa mal, ya aprenderá.
No trate de compensar el tiempo que no puede pasar con ellos comprándoles cosas. No hay nada que compensar. Trabajar y tener aficiones forma parte de la plenitud de una persona, y usted es madre y también es persona. Trate solo de estar presente cuando dedique tiempo a sus hijos. Eso significa comunicación, escuchar, no coger el móvil mientras está jugando, comiendo o viendo una película con ellos. Tiene que ver con disfrutar plenamente lo que en ese momento está viviendo con ellos. Si el tiempo que pasa con sus hijos está pensando en que tiene correos pendientes de contestar y cuando está en el trabajo piensa que no es buena madre por no poder dedicarles más tiempo a los niños, nunca estará realmente en ninguno de los dos sitios. Además, los niños no valoran tanto los regalos como los padres imaginamos. Lo que valoran es que cuando usted esté con ellos les dedique toda su atención.
Haga respetar su tiempo. No es mala madre por tener un tiempo para usted. Utilizar el cuarto de baño sola y con pestillo, leer un rato sin que la interrumpan con voces desde otra habitación, practicar su deporte o mantener una conversación privada con quien desee sin tener a su hijo persiguiéndola por la casa. Si educamos a los hijos estando siempre disponibles cada vez que nos busquen, entenderán que ellos merecen siempre nuestra atención y sus necesidades se convertirán en exigencias. Incúlqueles la paciencia, saber esperar, que existen otras personas que también demandan nuestra atención.

Todo lo que soy se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la formación moral, intelectual y física que recibí de ella”
George Washington
No renuncie a una cena romántica, a un paseo con su amor o a estar momentos a solas con su marido o con amigos. Es muy frecuente ver cómo parejas que tienen hijos terminan durmiendo con ellos en la cama, haciendo todo absolutamente con los niños. La complicidad de la pareja termina por desaparecer, incluso el romanticismo. Son parejas que entienden que sus retoños se lo merecen todo y que ser padres es abnegación. Pero el tiempo es cuestión de matemáticas: si dedica 24 horas a los hijos, le quedan cero para estar a solas, hablar de temas de mayores, ver películas que no sean dibujos animados y besarse con pasión. Busque un día a la semana para dedicárselo a su pareja y desconecte de biberones, pañales, deberes o momentos adolescentes.
Recuerde darse valor no solo por la relación que mantiene con sus hijos. Usted tiene valía por muchas otras cosas. Es grande, brillante, imperfecta, graciosa, cariñosa, organizada, lectora, buena amiga, paciente y muchas otras virtudes que pueden tener que ver o no con la idea de ser madre.
No todo lo que les ocurre a sus hijos es responsabilidad suya. No se sienta mal si el niño se lleva la bronca de la profesora, si tiene un conflicto con un amigo o si no tiene éxito jugando a un deporte. Enséñele a pedir perdón, a resolver problemas, a ser reflexivo, pero no se responsabilice de todo lo que hace y dice su hijo. Los padres educamos, pero los hijos también copian modelos de conducta de lo que ven en la televisión, de lo que leen, de lo que ven en sus amigos, maestros y entrenadores. Están continuamente expuestos a otras fuentes de información. Sí es su responsabilidad saber en qué equipo juega y qué valores hay en el club, la elección del colegio, conocer los amigos con los que sale y ser consciente de qué programas ve en la tele. Pero no todo podrá estar bajo su control. Trate de fomentar la comunicación y el respeto y genere confianza para que sus hijos hablen de todo.

jueves, 8 de mayo de 2014

PRENSA. "800 madres y 18000 menores de cinco años mueren al día por causas evitables"

   En "El País":

800 madres y 18.000 menores de cinco años mueren al día por causas evitables

El informe Estados Mundial de la Madres 2014, de Save the Children, advierte de las elevadas tasas de mortalidad materna e infantil en el mundo


Mujeres de parto en una clínica en República Democrática del Congo. / SAVE THE CHILDREN
Cada dos minutos muere una madre en el mundo. En esos 120 segundos, unos 25 niños fallecen antes de haber celebrado su quinto cumpleaños. En total, unas 800 mujeres y 18.000 menores mueren por causas evitables al día, según recoge el informe Estado Mundial de las Madres 2014 de Save the Children. Los datos reflejan que la comunidad internacional está lejos de lograr los Objetivos del Milenio de reducir en un 75% la mortalidad materna y en un 65% la infantil en 2015 respecto a los datos de 1990, pese a que se han producido avances positivos –ambos se han reducido un 47%–.
El reparto de la desgracia por la geografía planetaria es, además, muy desigual. En el mundo, la tasa de mortalidad descendió de 400 mujeres fallecidas a causa de la maternidad por cada 100.000 nacidos vivos en 1990 a 210 en 2010. Pero mientras que en España murió una de cada 12.000 en ese año, en Níger se dejaron la vida en el embarazo o el parto una de cada 23. La falta de acceso a una atención médica de calidad explica la elevada tasa de mortalidad materna en los países en desarrollo. En el mundo, 47 millones de mujeres dieron a luz sin asistencia especializada en 2011, alerta la ONU. Más de dos millones lo hacen completamente solas, la mayoría en África subsahariana –donde el 51% de los partos se producen sin ningún tipo de atención médica– y en el sureste asiático (41%), advertía Save the Children en un informe publicado el pasado febrero.
“Todavía tengo una deuda con el médico que me atendió en el parto de mi primer hijo. Para este embarazo acudiré a una partera tradicional porque ella acepta que le pague con un pollo en vez de dinero”, afirma una mujer embaraza congoleña en el documento elaborado por la ONG.
La esperanza de superar los cinco años también es muy dispar en función del país en el que se nazca. El 18,2% de los niños de Sierra Leona no alcanzarán esa edad, frente al 0,28 de los noruegos que morirán tempranamente. En 2012, la ONU calcula que murieron 6,6 millones de niños —casi la mitad (44%) eran recién nacidos que no superaron las primeras 24 horas —, en su mayoría por enfermedades prevenibles como la neumonía, la diarrea y la malaria. La desnutrición es, no obstante, uno de los principales factores que contribuye al 45% de las muertes de infantes.
Save the Children pone el acento en los conflictos y los desastres naturales como causas que aumentan el riesgo de muerte de las madres y los menores. “Más del 80% de los países con altos índices de mortalidad sin posibilidades de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para la supervivencia de madres y la infancia han sufrido un conflicto reciente, desastres naturales recurrentes o ambos”, señala el informe.
“Estaba ayudando a una mujer durante el parto. No teníamos electricidad y estaba oscuro; solo teníamos velas. Dos hombres armados entraron en la clínica e intentaron robar todo lo que tenía. Me amenazaron con un cuchillo y después se marcharon. Cuando volví a atender a la madre el bebé se había asfixiado y murió. Traté de mantener la calma pero estaba asustada y también enfadada. Tratamos de salvar vidas y hay quienes nos quieren matar. Es difícil mantener el personal en lugares tan peligrosos y se marchan a zonas más seguras”, relata en el informe una enfermera desde República Democrática del Congo. En este sentido, Save the Children advierte que los países en conflicto cuentan con menos de la mitad de la proporción mínima recomendada de personal de la salud. Una circunstancia muy grave teniendo en cuenta que, según calcula la ONG, por cada persona que muere como resultado directo de la violencia armada, entre tres y 15 mueren indirectamente a causa de enfermedades, complicaciones médicas y desnutrición.
La educación puede reducir los efectos negativos de los desastres naturales o los conflictos armados sobre los menores y las madres, afirma la organización. “Los países que se han centrado en la educación de las niñas y las mujeres han sufrido menos muertes derivadas de sequías e inundaciones que aquellos en los que las mujeres tienen un menor nivel de formación”, señala el documento de la ONG. “Educar a las chicas jóvenes puede ser uno de los mejores mecanismos para prevenir desastres provocados por el cambio climático”, abunda.
Más aún, Save the Children considera la educación clave en la erradicación de los matrimonios infantiles y con ello los embarazos de menores –“porque las mayores tasas de embarazos adolescentes se dan en países donde se practica el matrimonio infantil”, aclara el documento–. No solo porque mientras que las niñas permanecen en la escuela, y si continúan sus estudios, no se casan. Sino que la formación sobre sexualidad las habilita para tomar decisiones. “Cerca de 70.000 adolescentes en países en desarrollo mueren anualmente por causas relacionadas con la maternidad. Las jóvenes de 15 años o menos embarazadas tienen el doble de posibilidades de fallecer por ello”, apunta. El acceso a información, servicios de planificación familiar, así como a métodos anticonceptivos evitaría muchas de esas defunciones, señala la ONG, pero unos 222 millones de mujeres no tienen acceso a educación sexual ni contraceptivos.

Los mejores y peores países para ser madre o niño

Save the Children elabora una clasificación anual sobre el estado de la maternidad y la infancia en el mundo en la que tiene en cuenta la tasa de mortalidad materna e infantil, así como el acceso a la educación, el nivel económico del país y la paritcipación de las muejres en política, de 178 países.
Los 10 mejores
  • 1. Finlancia: el riesgo de mortalidad materna es de 1 entre 12.200; la tasa de mortalidad infantil: 2,9 por cada 1.000 nacidos vivos. 
  • 2. Noruega: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 7.900; la tasa de mortalidad infantil: 2,8 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 3. Suecia: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 14.100; la tasa de mortalidad infantil: 2,9 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 4. Islandia: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 8.900; la tasa de mortalidad infantil: 2,3 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 5. Países Bajos: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 10.500; la tasa de mortalidad infantil: 4,1 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 6. Dinamarca: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 4.500; la tasa de mortalidad infantil: 3,7 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 7. España: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 12.000; la tasa de mortalidad infantil: 4,5 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 8. Alemania: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 10.600; la tasa de mortalidad infantil: 4,1 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 9. Australia: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 8.100; la tasa de mortalidad infantil: 4,9 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 10. Bélgica: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 7.500; la tasa de mortalidad infantil: 4,2 por cada 1.000 nacidos vivos.
Los 10 peores
  • 169. Costa de Marfil: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 53; la tasa de mortalidad infantil: 107,6 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 170. Chad: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 15; la tasa de mortalidad infantil: 179,8 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 171. Nigeria: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 29; la tasa de mortalidad infantil: 123,7 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 172. Sierra Leona: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 23; la tasa de mortalidad infantil: 181,6 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 173. Rep. Centroafricana: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 26; la tasa de mortalidad infantil: 128,6 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 174. Guinea-Bissau: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 25; la tasa de mortalidad infantil: 129,1 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 175. Malí: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 28; la tasa de mortalidad infantil: 128 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 176: Níger: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 23; la tasa de mortalidad infantil: 113,5 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 177. R.D. Congo: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 30; la tasa de mortalidad infantil: 145,7 por cada 1.000 nacidos vivos.
  • 178. Somalia: el riesgo de mortalidad materna es 1 de 16; la tasa de mortalidad infantil: 147,4 por cada 1.000 nacidos vivos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

PRENSA. 27 septiembre 2009 (3)


En "magazinedigital", este reportaje ÁGORA. La mujer que fascinó a Amenábar, con texto de Juan Ignacio Francia y fotos de Rankin y Teresa Isai.

También, La otra cara de ser madre, de Carmen Amoraga, con ilustraciones de Mariona Cabassa. (Estar embarazada y tener un hijo es una bendición llena de malos tragos y momentos tristes. Quedan compensados con creces, pero existen, y en demasiadas ocasiones la parte dura queda oculta y mal explicada).