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miércoles, 26 de febrero de 2014

PRENSA. "Operación Évole"

   En "El País":

Operación Évole

Un falso documental sobre el golpe del 23-F genera reacciones encontradas


Gutiérrez Mellado y Suárez se enfrentan a los golpistas. / MANUEL H. DE LEÓN  (EFE)
Algunos se lo creyeron a pies juntillas. Otros no dudaron ni un instante de la falsedad de las imágenes, por mucho que vinieran avaladas por grandes profesionales de la política, el periodismo o el cine. La fábula sobre el 23-F montada por Jordi Évole en Operación Palace (La Sexta) el domingo ha provocado reacciones encontradas: desde la desazón y angustia de espectadores convencidos de que lo que le estaban contando era real, hasta el enfado y la indignación por frivolizar el golpe de Estado del 23-F. ¿Es ético que se dramatice en falso sobre un acontecimiento tan delicado que estuvo a punto de echar por tierra la democracia española? Muchos confiaban en el historial de los programas-denuncia de Évole. Aquellos sobre el accidente del metro de Valencia, las preferentes, el desplome de la sanidad pública... ¡Por fin, una investigación seria sobre la trastienda de 23-F! No fue lo que se encontraron.
“El falso documental es un género bastante codificado. Y, como en el fondo, es un ejercicio retórico y lúdico, si quiere mantener en vilo la credibilidad del espectador necesita abordar temas que contengan aspectos oscuros, desconocidos o inaccesibles”, explica el profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra Alberto N. García. Un formato así “se mueve como pez en el agua en episodios históricos proclives a la conspiración, precisamente porque busca rellenar esos huecos que faltan en el relato”.

La catedrática Amelia Valcárcel lo considera “una broma de mal gusto”
Mucha gente se tragó el anzuelo de Operación Palace (5,2 millones de espectadores, 23,9% de cuota de pantalla). Elegir el 23-F para este juego fue, en opinión de este experto, un acierto. Por dos razones: “En primer lugar es un tema popular, que la ciudadanía ve, con la distancia del tiempo, como una patochada, con final feliz y triunfo de la democracia; no es un tema ni completamente desconocido ni ultrasensible. En segundo lugar, es un episodio histórico que, al tener algunos detalles que aún no se conocen, resulta propicio para levantar teorías y conspiraciones, para ir enhebrando un relato que alumbre todos esos puntos oscuros”.
Tras el monumental revuelo levando por hacer precisamente una simulación del 23-F, Évole explica que antes de tirarse a la piscina hubo “mucha reflexión” en el equipo de El Terrat que pergeñó un programa que se grabó en julio pasado. “No se vendió como un Salvados. El eslogan —“¿Puede una mentira explicar una verdad?”— ya daba una pista de por dónde íbamos. Y antes y durante la emisión fuimos presentando indicios que marcaban la frontera entre la verdad y la mentira. Al menos nosotros hemos dicho que es mentira. En los telediarios vemos todos los días noticias deliberadamente falsas y no pasa nada. Quisimos demostrar lo vulnerables que somos ante los medios”, cuenta el periodista. Quizá por eso, la credibilidad que se ha labrado Évole en Salvados, modelo de periodismo-denuncia, haya podido quedar tocada con este periodismo-novela.
Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, no es asidua de la televisión pero en la noche del domingo le picó la curiosidad por ver si Évole había realizado un programa serio de investigación. Nada de eso encontró. “Solo una broma de mal gusto, en un tema tan sensible en un país que ha vivido, por ejemplo, una guerra civil. La broma no me hizo gracia. La persona que lo dirigió y las que le ayudaron han jugado con un tema que no es nada trivial. No me imagino nada parecido en otros países sobre un acontecimiento tan grave”. Amelia Valcárcel, que nada más comenzar el falso documental ya se dio cuenta del engaño, desdeña el formato: “Es un petardillo de feria”.
Évole explica que este polémico falso documental no era más que un juego con los espectadores para que averiguaran “dónde estaba el gato encerrado” y, a la vez, un experimento para demostrar que España no es el paraíso de la transparencia y que “33 años después no se pueden consultar los archivos del 23-F. Eso da pie a que se pueda fabular”. Para quienes opinan que aquella es una fecha sagrada, replica: “Yo tenía seis años y si hubiera detectado que algunos de los que estaban en el Hemiciclo aquel día y que participaron en el programa hubieran dicho que no se podía frivolizar no habríamos seguido”.

Más de 5 millones de espectadores, el 24% de la audiencia, vieron el programa
El especial de Évole —que no pretendía ser un Salvados convencional— se inspiró en Operación Luna, un documental-ficción producido por la cadena francesa Arte en el que se desmontaba la llegada del hombre a la Luna en 1969 y se explicaba, con testimonios del mismísimo Henry Kissinger y de altos mandos de la CIA que todo había sido una trama orquestada por el entonces presidente de EE UU, Richard Nixon, y el cineasta Stanley Kubrick. Aunque hay otros precedentes. La periodista y profesora de la Universidad Camilo José Cela Alicia Gómez Montano recuerda la emisión en la RTBF, la televisión pública belga, del Bye Bye Belgium, un telediario simulado en el que su presentador habitual anunciaba la independencia del Parlamento flamenco y la abdicación del rey. Se emitió en diciembre de 2006 y los espectadores asistieron atónitos a las valoraciones de periodistas y políticos que se interpretaron a sí mismos. “Está claro que esto no es periodismo. Es técnica periodística para hacer una ficción”, dice Gómez Montano, que enfatiza el hecho de que fuera una producción de una televisión pública la que aborda un tema sensible y sostiene que la emisión “sirvió para abrir un debate sobre una herida que en Bélgica no ha cicatrizado”.
Desde una perspectiva técnica y narrativa Operación Palace es, según del profesor Enrique Guerrero, de la Universidad de Navarra, “impecable”, porque utiliza las técnicas propias del género documental: imágenes reales de archivo, testimonios de personalidades de prestigio, una voz en off que narra los hechos en tono serio... Todo ello “contribuye a convertir una falsedad (historia de ficción) en una realidad verosímil (que tiene apariencia de verdadero)”. La clave del documental-ficción es que aborde un tema de interés general (que genere dudas) y que los personajes que lo cuentan tengan credibilidad. Los testimonios de Federico Mayor Zaragoza, Joaquín Leguina, Iñaki Gabilondo y Fernando Ónega, entre todos, daban una pátina de verosimilitud a lo que solo era una patraña: que el golpe de Estado del 23-F fue una dramatización orquestada por los líderes políticos en el Hotel Palace dirigida por el cineasta José Luis Garci. Aunque, según los autores del engaño no era el único candidato.
Josep Maria Flotats, el actor y director teatral catalán, que fue “rechazado” por Alfonso Guerra para dirigir el montaje del 23-F, no pudo terminar de ver el programa. “Estaba tan atónito, me provocó tal malestar, que lo tuve que apagar. Me lo creí todo, me sentí muy mal y me preguntaba ¿en qué país vivimos?, ¿cómo no salen a pedir perdón a la opinión pública en vez de contarnos todo eso?”. Al apagar el televisor Flotats se perdió la escena en la que su nombre sale a relucir. “Si lo hubiera visto, quizás habría sospechado que no iba en serio”.
Flotats no tiene más que palabras de admiración ante el trabajo de Évole —“es genial, es la demostración perfecta de cómo nos manipulan diariamente”— y no se plantea el dilema ético de que acontecimientos de la importancia del 23-F tengan que estar fuera de ese debate. “Precisamente es con un suceso tan vital para la historia de este país como se provoca la reflexión y el debate. Un tema menor no hubiera tenido el mismo valor”.
Así lo interpreta también la presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía, Emelina Fernández: El programa “ha removido recuerdos y realidades. Y es una llamada de atención sobre la vulnerabilidad de la sociedad ante los medios de comunicación y su capacidad para manipular”, argumenta. Como muchos espectadores, durante un buen rato creyó lo que estaba viendo. “La gente que aparecía, entre ellos un monstruo de la comunicación como Gabilondo, le daba credibilidad. Mi reacción fue de absoluto asombro. El 23-F nos conmocionó a todos. Es un tema delicado que nos afectó de manera muy profunda y comprendo el sentimiento de quienes dicen que no se puede jugar con ello”. Pero aplaude el atrevimiento del programa. “Fue muy arriesgado y pasará a la historia de la televisión en España”.
También el escritor y cineasta Manuel Gutiérrez Aragón destaca la irreverencia y la genialidad de la que hizo gala Évole, aunque asegura que el resultado desde el punto de vista cinematográfico dejó bastante que desear. “Parecía más una broma de colegio mayor. La ficción no estaba conseguida porque de lo que se trata es de proponer un punto de vista distinto de lo que sucedió en la realidad y eso no se consiguió, pero no me parece mal que se desdramaticen de esta manera acontecimientos graves como el 23-F. Toda irreverencia me parece bien”.
Gutiérrez Aragón vio el programa con un amigo y la reacción fue distinta. Mientras él captó casi de manera inmediata la broma, su amigo se quedó muy impresionado por la “verdad” de lo que le estaban contando. El profesor Alberto N. García concluye que “fue un ejercicio de estilo y nostalgia que recuerda lo obvio: que la televisión es un discurso construido y que manipular las imágenes es relativamente fácil”. Aunque Évole simplemente pretendía hacer “un experimento”.

¿A quién ofende una broma?

JUAN CRUZ
¿A quién ofendieron Jordi Évole y sus guionistas? A los que no se dieron cuenta de que estaba en marcha una broma. Y, después, a aquellos que quieren sentirse ofendidos para que se sienta cómoda el trozo de la solemnidad que los abriga. Era una broma. ¿Y a quién ofende una broma? En primer lugar, a aquellos que se toman muy en serio, a los que son como aquel caballero de Qué noche la de aquel día,que se ofendía ante la respiración de los Beatles. Monty Python viene de esa escuela, la sátira británica, que ha convertido aquel país tan estirado en un país que aprendió hace rato a reírse de sí mismo. En España no, en España llevamos el ceño en el cuño, y saltamos como si fuéramos monjas subiéndonos a los armarios para ver mejor aquello que creemos que nos va a escandalizar.
Así que el programa de Évole ha ofendido a los que se toman muy en serio. Si al cabo de unos minutos el telespectador no se dio cuenta de que Salvados iba de coña es que algo no funciona entre nosotros. Si estimamos posible que durante tantos años (33, nada menos) tantas personas implicadas en aquel secreto no hubieran dicho ni media palabra de lo que en el programa se dice que pasó, es que algo pasa con respecto al conocimiento que los españoles tenemos de nosotros mismos. Ni la factura del programa reclamaba credibilidad ni había nada en él que no advirtiera de que estábamos ante una gran patraña. Que la persistencia de la credibilidad no se rompiera en seguida solo es posible, digo yo, porque estábamos queriendo que eso que contaban fuera verdad.
Si, además, lo sabían las personas que intervinieron en el fake, incluidos tres importantes periodistas, ¿cómo es posible que quienes estábamos sentados dudáramos de la identidad falsaria del invento? ¿Que algo así no se filtra desde el minuto uno, desde el 23 de febrero de 1981 por la noche? Vamos, hombre.
Somos los españoles muy solemnes cuando no somos nosotros los que nos reímos; nos hemos reído hasta la saciedad (el mismo domingo escuché risas en la radio) de la monstruosa ópera bufa que montaron Tejero y los suyos, tricornios y bigotes incluidos. En la risa estuvieron también los extranjeros, que veían esa pantomima peligrosa, una vez superada, como el resultado de un encargo distraído. Y ahora se ponen estupendos aquellos que consideran que hacer risa de la historia no es también un derecho de los que la han padecido.
Me pareció mucho más ofensivo que en otro canal un caricato de gafas oscuras llamara Bambi (de broma, ya saben) a un expresidente y se tomara a coña casi todo lo que tenía que ver con él y con algunas instituciones gracias a las cuales este país puede mirar sin miedo a los que fueron capaces de ponerlo patas arriba cuando más peligro había.

viernes, 13 de septiembre de 2013

PRENSA CULTURAL. "Mapa literario del golpe de Pinochet y sus secuelas"

Fotograma de 'La muerte y la doncella', de Polanski, basada en la obra de teatro homónima de Ariel Dorfman. ("El País")

   En "El País":
40 AÑOS DEL EPISODIO QUE CAMBIÓ CHILE

Mapa literario del golpe de Pinochet y sus secuelas

Hace 40 años, el 11 septiembre de 1973, la vida de Chile cambió con el golpe de Pinochet y la muerte de Allende

Repasamos las obras literarias clave que cuentan aquel episodio y sus consecuencias y su aporte a la Historia

 Santiago de Chile 10 SEP 2013

El golpe de Estado de Pinochet, la muerte de Salvador Allende en el Palacio de la Moneda y la dictadura en Chile han proporcionado a las artes, y particularmente a la literatura, un material excepcionalmente poderoso para redibujar el imaginario del país y desde ahí iluminar con más crudeza y estremecimiento la historia reciente de Chile. Sin duda que otros oficios y disciplinas como el periodismo de investigación y la historia también han contribuido a revelar lo que está detrás de las versiones oficiales y la enumeración cronológica, pero es en la novela, el cuento y la poesía donde mejor se revela el poder de la palabra para construir un relato que tiene más fuerza y hondura.
Cientos de libros —y decenas en el presente año— ilustran un proceso de reflexión artística histórica y crítica que no tiene visos de cesar. Es una literatura que crea una cartografía de Chile en constante renovación. Uno de los títulos más universales es La muerte y la doncella, la obra de teatro de Ariel Dorfman, llevada al cine por Roman Polanski, sobre una víctima de la tortura y la transición democrática de Chile. Hoy, en su 40º aniversario, el golpe se ha vuelto omnipresente en la escena ciudadana, en exposiciones fotográficas, en actos públicos, en columnas periodísticas, en obras de teatro, lanzamientos o reediciones de libros.
EL GOLPE
Quien mejor abordó el horror que de inmediato se instaló en Chile tras el golpe es Roberto Bolaño en Estrella distante, a través de un personaje inolvidable, Carlos Wieder, infiltrado en un taller de poesía que cultiva una siniestra forma de arte a partir de la tortura y la desaparición de detenidos. Tiempo que ladra, de Ana María del Río, es una interesantísima novela de formación —que desgraciadamente no ha sido reeditada— estructurada por la relación entre la protagonista y su padre, que llega a ser ministro del Gobierno de Allende y sufre luego la brutalidad de la represión. De amor y de sombra, popular novela de Isabel Allende, establece un relato coral de los efectos de la dictadura tras los primeros años del golpe. No es gran literatura, pero tiene el mérito de narrar un momento histórico con un estilo cercano a muchos lectores.
En crónica, destaca Golpe, de los periodistas Margarita Serrano y Ascanio Cavallo, libro que reconstruye, con nuevos testimonios —la primera edición es de hace diez años—, “las 24 horas más dramáticas del siglo XX” en Chile. Cavallo es coautor también de otro libro crucial para entender la dictadura, La historia oculta del régimen militar, junto a Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda. Una reciente publicación más académica, Ecos mundiales del régimen militar, editada por los cientistas políticos Patricio Navia y Alfredo Joignant, recoge textos aparecidos en la prensa extranjera y escritos por destacados historiadores como Eric Hobsbawm.

De ensa

EL EXILIO
Carlos Cerda —que volvió en 1984— escribió la mejor novela sobre el exilio—Morir en Berlín, 1993—, que funciona como un doble epitafio, el de la dictadura chilena y de la caída del Muro de Berlín. Otra gran novela sobre el exilio chileno, Cobro revertido (1992), pertenece a José Leandro Urbina, que pasó sus años de lejanía del país natal en Canadá. Recientemente, Juan Forch publicó Las dos orillas del Elba, novela que aborda el exilio desde un ángulo mucho más humano y lúdico que político y dramático.[LADDOBLE]
LAS CÁRCELES SECRETAS
El mismo Cerda escribió La casa vacía, novela que se inicia cuando una pareja compra una casa en un antiguo barrio santiaguino. La casa —según comprueba con espanto una de las invitadas a la fiesta de inauguración— era uno de los centros de detención y tortura de la policía secreta. José Miguel Varas, otro retornado, también escribió dos cuentos, Pikinini y La perra —estampas, más bien, breves y demoledoras— sobre el paso por este tipo de cárceles. Entre los libros testimoniales destacan sobre todo dos obras antiguas, Estadio Nacional y Chacabuco, de Adolfo Cozzi, un joven estudiante en ese entonces que supo captar con mesura inigualable su paso por dos campos de detención. El centro de detención Villa Grimaldi, uno de los más severos de la dictadura, ha motivado numerosas crónicas periodísticas y testimoniales, entre las que destaca Una mujer en Villa Grimaldi, de Nubia Becker.
LA VIDA EN LA DICTADURA
El díptico novelístico de Roberto Bolaño sobre su país de origen se completa con Nocturno de Chile. En esta última novela, Pinochet aparece como personaje y el protagonista, un crítico literario, le hace clases de marxismo. Dos personajes secundarios, los señores Oido y Odeim (Odio y Miedo) representan las fuerzas dominantes y perversas que dominaron el período. Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, pone en escena lo que significó crecer en el seno de una familia de izquierdas en un suburbio santiaguino. En la misma línea, pero con carácter testimonial, acaba de aparecer Volver a los 17, editado por el periodista Óscar Contardo, que le pidió testimonios de su infancia y adolescencia bajo la dictadura a escritores y periodistas nacidos entre 1969 y 1979, entre los que se cuentan Zambra, Rafael Gumucio y Patricio Fernández. Una de las últimas novelas es Nadar desnudas, de Carla Guelfenbein, sobre los últimos días del gobierno de Allende y los primeros de la dictadura.
PINOCHET
En su novela Tengo miedo torero (2001), Pedro Lemebel logra una contradictoria hazaña: aunque la novela trata más bien de la resistencia y de amores homosexuales, la impostación de la voz de Pinochet es lo que más auténtico suena en ella. Una crónica publicada este año por el periodista Juan Cristóbal Peña: La secreta vida literaria de Augusto Pinochet, que comenzó como una investigación de lo que señala el título —cómo el dictador llegó a tener unos 55.000 volúmenes, muchos de ellos raros y valiosos; el conjunto fue valorado en 2,3 millones de euros—, y se transformó en una semblanza biográfica que sigue el hilo de la relación de Pinochet con la lectura, la docencia y la escritura de sus propios libros y muestra mucho más del verdadero carácter del personaje que la biografía canónica escrita por el historiador de derechas Gonzalo Vial. Respecto de los Pinochet, la periodista Alejandra Matus anuncia para octubre Doña Lucía, biografía no autorizada de la mujer del dictador. Ninguna bibliografía sobre Pinochet puede omitir la monumental investigación Yo, Augusto (2003), de Ernesto Ekaizer, corresponsal de EL PAÍS en Londres cuando el dictador chileno fue detenido a causa de un requerimiento del juez español Baltazar Garzón.
ALLENDE
En estos días aparece Allende. La biografía, de Mario Amorós, un texto de más de 700 páginas que aspira a circunscribir a un personaje inagotable, un político de raza del viejo Chile republicano, tipo humano que se ha extinguido por el doble flujo de la transición pactada y el paso desde la rica y elaborada retórica del discurso —Allende fue un maestro— a la cuña televisiva. Pero su más próxima y brillante biografía la escribió Eduardo Labarca, que por razones familiares conoció a Allende desde muy niño. Su particularidad está explícita en el título: Salvador Allende, biografía sentimental (2008), puesto que desde ahí, desde su compleja historia emocional, Labarca traza una línea que explica muy bien la identidad de Allende, más allá de los avatares que lo situaron como presidente de Chile al cuarto intento.

Memoria y arte

Las siguientes son algunas de las actividades culturales que se realizan estos días en Chile con motivo del 40º aniversario del golpe de Pinochet:
Imágenes de la memoria: fotografías sobre el trabajo de la Vicaría de la Solidaridad en los años setenta. Hasta el 15 de septiembre en el Centro Cultural Estación Mapocho.
Víctor sin Víctor Jara: familiares de ejecutados, músicos y actores representan la cantata sobre el cantautor. Hasta el 29 de septiembre en el centro cultural GAM.
Allende, noche de septiembre: obra teatral sobre Salvador Allende y el bombardeo de La Moneda. Hasta el 29 de septiembre en el centro cultural GAM.
Registros de golpe, instalación de la dictadura: exposición de documentos que dan cuenta de casos de tortura. Martes 10 de septiembre en el Museo de la Memoria.
Rostro: video centrado en la morfología de las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Martes 10 de septiembre en el Museo de la Memoria.
Puestas en escena: 40 años: teatro y danza basadas en testimonios sobre el día del golpe. Miércoles 11 de septiembre a las 12.30 horas en el centro cultural GAM.
Aquí están: instalación con una veintena de actores recreando testimonios de víctimas de la dictadura. Miércoles 11 de septiembre en el Museo de la Memoria.

De ensayo y poesía

Tratándose de Chile, no hay que extrañarse de que la poesía presente una riquísima veta de reflexión y trabajo de la memoria respecto del golpe y la dictadura. José Ángel Cuevas es uno de los poetas que ha tomado esa línea desde sus recuerdos del golpe hasta el deslavado presente de la política. Rodrigo Lira, que se suicidó en 1981, a los 32 años, dejó atrás una colección de poemas entre los que destaca 4 trescientos sesenta y cincos y un trescientos sesenta y seis de onces, críptico título que captura de manera magistral los cinco primeros años -sin ninguna referencia concreta- de la dictadura militar. Juan Luis Martínez incluyó en La nueva novela un poema que podría emparentarse con Casa tomada, el cuento de Julio Cortázar, pero que en realidad es una muy sutil y sobria manera de referirse a los detenidos desaparecidos. En este ámbito el libro cumbre es, sin duda, Canto a mi amor desaparecido, de Raúl Zurita, un poemario donde la fuerza épica de la poesía del autor alcanza sus máximas cumbres en la evocación y lamento por esos cuerpos torturados y asesinados condenados además a perderse en el fondo del mar o en tumbas ignotas donde se les niega a sus cercanos hasta el consuelo del recuerdo y el homenaje. Enrique Lihn y Diego Maquieira son otros poetas que desde la ironía o el esperpento, en libros como París, situación irregular o La Tirana, retrataron magistralmente la sofocante atmósfera del Chile de la dictadura. Y Parra. El Parra de los Sermones del Cristo del Elqui y Hojas de Parra, poeta imperecedero que siempre ha logrado adelantarse a su tiempo con una mirada tan irrepetible como inolvidable.

jueves, 12 de septiembre de 2013

PRENSA. "Tres reformas de Allende que le costaron un golpe de Estado"

Crédito de la imagen: Wikimedia Commons
   En "Publico.es":
ALBERTO SICILIA

3 reformas de Allende que le costaron un golpe de Estado

1) Nacionalización de la minería del cobre y la banca
El cobre ha sido siempre un producto esencial de la economía chilena. En los años 70, el cobre representaba tres cuartas partes de todas las exportaciones del país. Cuando Allende llega al poder, el Estado posee el 51% de las principales minas de cobre. El resto pertenece a compañías estadounidenses, en particular Anaconda Copper Company, controlada por las poderosas familias Rothchild y Rockefeller.
En Julio de 1971 el gobierno de Allende, con el apoyo unánime del parlamento chileno, nacionaliza por completo la minería del cobre. La reacción del gobierno de EEUU es inmediata:
“Esta seria infracción de las prácticas internacionales no sólo dañará a Chile, sino también a todos los países en desarrollo”.
Allende nacionalizó además otras 91 industrias básicas durante su primer año en la Presidencia, entre ellas la banca.
2) Reforma agraria
La mayor parte del terreno cultivable de Chile eran latifundios en manos de un puñado de familias.
El gobierno de Allende promulgó una reforma agraria que prohibía la posesión de más de 80 hectáreas por persona. En 18 meses todos los latifundios desaparecieron.
Además, los campesinos, a través de organizaciones cooperativistas, reemplazarían a los representantes de los latifundistas en todos los organismos del Estado. También se instauró una asistencia técnica gratuita al campesinado y se establecieron planes de crédito para las nuevas cooperativas.
En este enlace podéis leer los 20 puntos básicos de la reforma agraria.
3) Reformas sanitarias, educativas y sociales.
Durante sus 3 años de gobierno, Allende promulgó además una serie de reformas en el ámbito sanitario, educativo y social:
  • Gratuidad de la universidad. El número de estudiantes universitarios creció un 89% entre 1970 y 1973. Para muchas familias humildes era la primera vez que sus hijos podían acceder a estudios superiores.
  • Sistema de becas para los niños de descendencia indígena (fundamentalmente mapuches) que habían sido discriminados durante décadas.
  • El “Programa de Suplementos Alimenticios” fue extendido a todos los niños en escuelas primarias y a todas las mujeres embarazadas.
  • Aumento de las pensiones mínimas al doble de la inflación.
  • Instauración de un sistema de centros de salud en barrios obreros con al menos 1 centro de salud por cada 40.000 habitantes.

domingo, 7 de julio de 2013

PRENSA. Sobre el golpe de Estado en Egipto. "Los errores de los Hermanos". Eva Sáenz-Díez Jaccarini

Foto en internet

   En "El País":

Los errores de los Hermanos

Autoritarismo, sectarismo, descuido de las redes de asistencia social y crecimiento del paro han desgastado a los Hermanos Musulmanes

 6 JUL 2013 

Pan, libertad y justicia social. Estas eran las reivindicaciones populares de la Revolución en Egipto de enero-febrero 2011. Siguieron 18 largos y difíciles meses de gobierno militar. Este periodo transitorio culminó en elecciones presidenciales. Por primera vez en la historia egipcia, tomaba las riendas del poder un miembro de la Hermandad de los Hermanos Musulmanes (HM). Pasaron, por así decir, de la cárcel al palacio presidencial. Perseguidos por los sucesivos gobiernos desde su creación en 1928, el éxito electoral de junio de 2012 fue para ellos la culminación de más de 80 años de lucha y de perseverancia. Pero poco les duró este éxito tan esperado y deseado.
Los Hermanos Musulmanes en el poder (2012-2013). En junio del 2012, el candidato HM, Mohamed Morsi, toma las riendas del país. Además del camino político transcurrido a lo largo de estas décadas, los HM han sabido cubrir el vacío dejado por el régimen de Mubarak y desarrollaron una labor social impresionante en todo el país; eso sí, llevando a cabo también una tarea de adoctrinamiento. Debido a su trayectoria histórica y política, se trataba, y de hecho sigue siendo, el grupo político mejor organizado y preparado. Gozaban por lo tanto del apoyo, o por lo menos de la simpatía, de buena parte de la sociedad. Pero poco a poco, este a priori positivo —y digo a priori porque nunca habían tenido la oportunidad de ejercer el poder— fue degradándose hasta alcanzar la situación a la que hemos asistido en estos últimos días.
Pero ¿cómo consiguieron gastar y erosionar este capital en un tiempo récord? Las principales razones de orden político son un comportamiento altamente autocrático, que ya no era aceptable en la sociedad egipcia post-2011. El establecimiento de un sistema sectario, basado esencialmente en la exclusión de los oponentes, aludiendo razones teológico-religiosas colaboró al descontento. Es decir que los miembros de la oposición, activistas o manifestantes enfrentados a su política, eran “acusados” de ser infieles y ateos. Además, esta retórica incrementó las ya existentes tensiones inter-confesionales, sobre todo dirigidas en contra de los coptos, pero que culminaron hace poco en el linchamiento público de cuatro chiíes.
La ausencia de estrategia, bien por falta de visión política, por incompetencia o por voluntad de inmovilismo, tuvieron igualmente un efecto pésimo sobre la sociedad egipcia. A nivel social, hemos de destacar el abandono por parte de la Hermandad de la red de ayudas sociales cuidadosamente tejida a lo largo de varias décadas. Parece que el acceso al poder les impedía seguir llevando a cabo su labor social y caritativa. Este desinterés creciente les restó una vez más credibilidad.
En cuanto a la situación económica, tampoco estuvieron a la altura. La tasa de desempleo siguió disparándose, las reservas de divisas cayeron a niveles alarmantes. La crisis energética (cortes de luz y graves problemas de abastecimiento en carburantes) aumentó el descontento. Sin hablar de la galopante inflación que no pudieron frenar.
Tamarrud. El movimiento de Rebelión, Tamarrud en árabe, tenía como principal objetivo, pedir la renuncia del presidente Morsi. Y según las cifras facilitadas por el movimiento, consiguieron recaudar 22 millones de firmas. Habían convocado manifestaciones multitudinarias para el domingo 30 de junio, primer aniversario de la llegada al poder de Mohamed Morsi, y varios millones de manifestantes acudieron a la cita. Tres días más tarde, ¡era informado el presidente Morsi de su destitución!
¿Golpe de estado militar o sublevamiento popular? Desde entonces, un debate prevalece en Egipto, y fuera de Egipto. ¿Se trata de un golpe de estado militar o de un sublevamiento popular y democrático logrado gracias a la ayuda del Ejército?
Sería interesante detenerse un instante sobre el significado, la percepción, el sentido del término democracia/democrático.
Lo que está claro es que democracia/democrático implica la voluntad del pueblo. Y se podría decir sin lugar a duda que los diversos procesos electorales que tuvieron lugar en Egipto desde 2011 no corresponden totalmente al término “democrático”.
Hemos asistido a campañas de referendos o elecciones parlamentarias y legislativas en las cuales habían sido presentados argumentos de peso, de peso pesado para un país como Egipto: aquél que no rellene la casilla indicada, será considerado como hereje o infiel. Campañas electorales durante las cuales son distribuidos productos de gran consumo —sacos de arroz, de harina o de azúcar— en contrapartida de tomar la buena decisión a la hora de votar, ¿releva de un proceso democrático? Igualmente, el hecho de intimidar, véase impedir el acceso a los colegios electorales a cierta parte de la población —los coptos en zonas del Alto Egipto concretamente—, ¿podría definirse como siendo democrático?
Supuestamente no, y muchos egipcios lo saben. De alguna manera, lo que ha pasado estos últimos días, revela una voluntad de decir Kefaya!, ¡Basta ya!, a este supuesto parecer democrático. La democracia no pasa únicamente por las urnas. La democracia supone un gobierno incluyente, un presidente que sirva los intereses del pueblo y no de la Hermandad a la que pertenece. Implica un presidente que respete un estado de derecho y que no se comporte con la sociedad, como con sus siervos.
La situación actual y las perspectivas. Poco se puede decir todavía sobre lo que espera el país. Abdel Fatah el Sisi, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, y actual hombre fuerte del país, es más bien desconocido. En un clima altamente inestable, donde una dinámica revolucionaria prevalece, ¿qué opciones tendrá este nuevo gobierno de transición? ¿De qué margen de maniobra dispondrá el presidente interino de Egipto, Adli Mansur frente al Ejército? Poco se sabe de esta figura. Presidente del Consejo Constitucional desde el día 1 de junio, Mansur parece ser una persona pausada y de consenso. Desde luego la tarea que tiene que llevar a cabo no será de las más envidiables tanto a nivel económico-social, como para llegar a un consenso político. Y eso sí. Si Egipto quiere encaminarse realmente hacia una democracia, el pueblo tendrá que estar atento y no permitir nuevas derivas autocráticas y excluyentes. ¡Todo un reto que será ciertamente difícil de conseguir
Eva Sáenz-Díez Jaccarini es Doctora e investigadora sobre el Mundo árabe y musulmán en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Universidad de París 8. Es autora del libro "D'une revolution à l'autre. Politiques d'enseignement et changements sociaux" (Publisud, París, 2013).

domingo, 26 de julio de 2009

PRENSA (1). 26 julio 2009

En "El País":

1. Se puede reeducar en lugar de encarcelar. Reportaje firmado por J.A. Aunión y E.Hidalgo. Existen fórmulas para encauzar a los niños menores de 14 años que cometen delitos. Faltan decisión política y medios.

2. Prohibido prohibir. Artículo de Mario Vargas LLosa. El eslogan de Mayo del 68 extendió al concepto de autoridad su partida de defunción y legitimó la idea de que toda autoridad es sospechosa. No destruyó el Estado, pero sí la educación.

3. La receta. Moisés Naín, con esta receta, tiene como propósito ofrecer los ingredientes y la preparación para golpes de Estado que no dependan -al menos inicialmente- del uso de las Fuerzas Armadas.

4. Ver como un niño. El Nobel de Literatura Orham Pamuk nos escribe sobre Venecia y Estambul (2ª entrega).