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martes, 10 de febrero de 2015

PRENSA. "¿Por qué hablo tan mal en público?"

   En "El País":

¿Por qué hablo tan mal en público?

Los expertos señalan que en España existe un déficit en el manejo de la oratoria

Proponemos siete claves y varias pistas para mejorar esta destreza comunicativa



GETTY CORBIS

De sopetón: "Quiero que pronuncies unas palabras el día de mi boda". De recuerdo: "Sal a la pizarra". De hoy: "Tiene cinco minutos para hablarme de usted en esta entrevista de trabajo". Nervios. Estrés. Angustia. Y manos a la obra. Toda la vida ensayando delante del espejo y resulta que sirve para muy poco. Los expertos de oratoria consultados aseguran que delante del cristal no se puede estar atento a los movimientos del cuerpo, al tono de voz y al mensaje. Dicen que a la hora de preparar un discurso lo mejor es grabarse con el móvil y analizarse después. Dicen que nadie nace comunicador. Y dicen, incluso, que, con una buena formación, se logran abrir las enrevesadas puertas del empleo.
“En España tenemos mucho miedo al ridículo", observa Javier Bernad, profesor de comunicación de IE Business School. "En las escuelas de negocio, donde hay muchas nacionalidades, los españoles siempre son los más recatados". Bernad sostiene que, junto con el inglés y una titulación, hablar bien en público es fundamental para decantar la balanza a la hora de encontrar un trabajo. 

Siete claves para hablar bien en público

1. Gestionar el tiempo. ¿Cuánto tiempo vamos a estar hablando? Esto es lo primero que debemos saber antes de planificar nuestro discurso. Se recomienda terminar antes de la hora pactada, nunca sobrepasarse. Hay que tener claro que lo importante no es contar todo sino contar lo más interesante.

2. Analizar tu auditorio en dos sentidos Lo primero: no es lo mismo hablar ante universitarios que ante empresarios. Conocer el perfil de los asistentes a la ponencia varía el enfoque de la alocución y nos ayuda a estar preparados ante posibles preguntas. Segundo: conocer el lugar. ¿Hace frío hace, hace calor?, ¿tengo micrófono de mano o hablaré a viva voz?, ¿las sillas de los asistentes son cómodas o incómodas, ¿hay Wifi o no?
3. Hablar con entusiasmo. El 80% del éxito de una buena charla es nuestra actitud. Sonreír, subir y bajar el tono, mostrar énfasis, mover las manos... El público recordará lo que el orador les hizo sentir. La memoria está enfocada a las sensaciones. 
4. ¿Qué tengo que llevar? El material tiene que ser un complemento. Es bueno poner vídeos y fotos. Las imágenes, al igual que las historias propias y las anécdotas, siempre se recuerdan mejor. Nota importante: todos los estudios afirman que a los 15 o 20 minutos el público desconecta. Ahí, por tanto, sería bueno introducir el material audiovisual. 
5. Mensaje directo, al grano. Arrancar con el “bueno pues” se considera casi un atentado en la oratoria. A la hora de plantear un discurso, con independencia de la duración, hay tres conceptos: anticipo la idea de mi mensaje, la desarrollo y la recapitulo. El público tiene que entender que hay un beneficio en escucharte. 
6. ¿Moverse o no moverse? Es muy importante el movimiento. No hay que estar sentado pero tampoco bailando. Con naturalidad, con dinamismo, sin pasarse y sin extremos. No hay un estilo especifico ni un comunicador ideal. En función del tema, modelo, o público todo cambia. 
7. Preparar y practicar, preparar y practicar. A comunicar se aprende comunicando. Y así se gana naturalidad, convicción, credibilidad y confianza.
La distancia entre la universidad y la empresa ha sido objeto de estudio del Observatorio de Innovación en el Empleo. Se trata de un informe en el que 19 grandes compañías, como Coca-Cola, BMW, Seur o Ikea, han detectado que existe un déficit en la preparación de los recién titulados en dos aspectos clave como son el conocimiento y las aptitudes comunicativas. Estas firmas consideran que los estudiantes tienen escasa formación en idiomas y pocas habilidades a la hora de negociar y comunicar. Los estudiantes, según este mismo análisis, creen que lo más importante para acceder a un empleo son los conocimientos específicos y relegan a un segundo plano destrezas como la oratoria o el trabajo en equipo.
"Existen jóvenes con una formación espectacular pero no se saben vender. Hay que insistir en que para completar un buen currículum hay que saber manejar técnicas de oratoria", señala Susana Sosa, directora del Servicio Adecco Profesional, una de las empresas líder en Recursos Humanos.
Para mejorar en esta disciplina, al margen de toda la información que podamos encontrar en la red, distintas universidades españolas y empresas han apostado por incluir cursos y másteres en su formación académica. En la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) se puede cursar la asignatura Expresión Oral y Escrita de cuatro meses de duración por un precio de 500 euros. "Aquí reproducimos las fases de la retórica con el sistema de los sofistas griegos", expone LluisPastor, uno de los profesores del posgrado. Aunque se trata de una materia de la carrera de Comunicación, cualquiera puede matricularse y obtener una certificación. Si lo que prefiere es un tratamiento individual, en 2010 se creó La Fabrica de Discursos y por sus oficinas han pasado ya más de 2.000 personas. No existe una tarifa fija, cada usuario recibe un presupuesto en función de lo que solicite. En el último año, por ejemplo, el perfil que más visitó las instalaciones fue el de médicos, abogados y emprendedores. "La gente se ha dado cuenta ahora de que lo que diferencia el éxito y el fracaso es la buena venta personal", manifiesta Fran Carrillo, asesor de comunicación y director de la compañía. 
En el sistema educativo español no existen asignaturas obligatorias de oratoria. Ni siquiera en las facultades de periodismo, comunicación audiovisual y publicidad.“En las universidades se enseña a memorizar, a recitar y a no participar”, sostiene Yuri Morejón, de la consultora estadounidense Yescom Consulting. “Las materias de comunicación oral, independientemente de lo que se estudie, deberían ser obligatorias en todas las facultades”, señala Pastor, profesor de la UOC. Para ambos expertos resulta “incomprensible” que no se trabaje desde la escuela y añaden que la gran mayoría de los estudiantes son incapaces de explicar verbalmente lo que aprenden. "Lo más grave dentro de la Educación, en comparación con otros países de nuestro entorno, es que no existen exámenes orales", subraya el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí. "Hablar bien en público es básico: se necesita para el 89% de las profesiones", apuntala Mónica Pérez, autora de El secreto de Obama y directora de la Escuela Europea de Oratoria.

Cursos de oratoria

1. En la Universidad de Salamanca (USAL) existe un Máster en Protocolo Comportamiento Social y Corporativo, que, aunque se centra más en este ámbito, también incluye una parte de oratoria en público por un coste de 3.840€ y un año de duración. Además, la USAL cuenta con distintos talleres a lo largo del año, el primero de este 2015 empieza en marzo.
2. Escuela Europea de Oratoria.Un fin de semana al mes a lo largo de ocho meses. Precio: 1900 euros.  Fechas de los cursos: Inicio el 27 y 28 de marzo y finalización 18 y 19 de diciembreSe celebrará un módulo al mes; julio y agosto libres. Además existen monográficos opcionales: 230€ y talleres para niños.  
3.  En la UOC  existe la asignatura Expresión Oral y Escrita de cuatro meses de duración por un precio de 500€. 
4. IE Bussiness School organiza sesiones de dos días para grupos reducidos dentro del curso Speak and Span . Teléfono: 91 630 11 91.
5. La Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE desarrolla un Taller de Oratoria y Dialéctica destinado a alumnos e interesados fuera de la universidad.  Precio: 110 euros (alumnos) / 220 euros (resto)
La situación en Estados Unidos es radicalmente opuesta. Entre los 14 y 18 años existe una materia voluntaria que se llama Public Speaking [Hablar en Público]. Para esta misma franja de edad, existe una liga de debate conocida como Speech and Debate en la que participan más de 130.000 estudiantes cada año. Después, en la universidad, existen asociaciones de larga trayectoria como la American Forensics Association, que promueve competiciones en todo el país. Y, por si fuera poco, las facultades pagan a jóvenes promesas del deporte cursos conocidos como Media Training [Formación en Medios de Comunicación]. Este entrenamiento consiste en enseñar dotes comunicativas a los alumnos para que sepan responder bien delante de las cámaras. “La mayoría de los estadounidenses tienen muy claro que cuando tienen un micrófono delante representan una marca, una imagen y unos valores”, subraya el asesor estadounidense.
La experiencia de este consultor norteamericano en las aulas españolas recibe una nota de suspenso general. “Hasta las clases están mal diseñadas”, afirma. “Las sillas están pegadas y cualquier práctica que se quiera montar en el aula dificulta la dinámica". En este país, según todos los expertos consultados, existe un factor cultural muy arraigado que ralentiza el despegue de las clases de oratoria. Pronunciar bien el inglés y responder continuamente en clase son dos pequeños ejemplos de situaciones cotidianas que están mal vistas por gran parte de los alumnos, sostiene uno de los asesores.
Todos reconocen, sin embargo, que la situación en España está cambiando, pero la diferencia con Estados Unidos sigue siendo muy grande. “A comunicar se aprende comunicando y todo es cuestión de práctica. Pero es muy importante que se enseñe desde bien pequeños”, concluye el presidente del Club Internacional de Oratoria, Agustín Rosa.

martes, 17 de septiembre de 2013

PRENSA. "Cero en expresión oral". Reportaje

El actor Colin Firth, en el papel de Jorge VI, en la película 'El discurso del rey'. ("El País")

   En "El País":

Cero en expresión oral

El tropezón olímpico reaviva el debate sobre las dotes de los españoles para exponer en público

La oratoria no es un don, es un arte que se aprende

 13 SEP 2013

El 7 de julio de 2005, el día después de que Londres fuera elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2012, la prensa internacional solo hablaba de una cosa: la brillante presentación de la candidatura británica, que culminó con un emocionante discurso del atleta Sebastian Coe ovacionado por los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI). El día que Coe ganó el oro, titulaba el diario The Guardian. “Poderoso”, “memorable”, “de tono perfecto, con la pasión de un deportista y la exactitud de un político”, escribían los cronistas. Algunos incluso aseguraban que fue ese discurso el que dio la victoria final a la capital inglesa sobre París, teniendo en cuenta que esta partía como favorita y que Londres había estado a punto de retirarse unos meses antes por su mala imagen. Madrid, en aquella ocasión, quedó eliminada en la tercera votación, tras Moscú y Nueva York.

Los pulsos en el Parlamento ilustran la pobre oratoria de nuestros políticos
Hace justo una semana, Madrid volvió a presentarse ante los miembros del COI con la esperanza de organizar los Juegos de 2020. Y, al día siguiente, la prensa y las redes sociales solo hablaban de una cosa: la deslucida presentación de la candidatura, especialmente la intervención en inglés de la alcaldesa Ana Botella. Los analistas han atribuido esta nueva derrota de Madrid a otros factores, como la economía y el dopaje, pero algunas preguntas han quedado en el aire. ¿Cuánto contribuyó la fallida presentación final a que Madrid no pasara ni siquiera a la segunda votación? ¿Tienen los españoles menos habilidades que otros países para hablar en público?

Londres se llevó los Olímpicos tras una lúcida presentación de su candidatura
“No somos ni mejores ni peores. Pero tenemos un déficit estructural, originado por la escasa importancia que da nuestro sistema educativo a la oratoria o la dialéctica, que se refleja especialmente en nuestros líderes políticos e institucionales”, opina Antoni Gutierrez-Rubí, asesor de comunicación y consultor político. “Puede haber individuos con más habilidad o carisma que otros, pero nadie nace con dotes de oratoria. Eso hay que aprenderlo. Así como en Francia, Reino Unido, Alemania y EE UU, por ejemplo, los exámenes orales son fundamentales, la tradición educativa española nunca ha puesto el acento en las exposiciones habladas”, explica.
“Tampoco, hasta hace nada, se ha dado importancia al inglés”, prosigue Gutiérrez-Rubí. “En consecuencia, nuestros líderes, que en su mayoría rondan los 50 años, se han visto obligados a superar ese déficit a marchas forzadas, con esfuerzo y muchas horas de entrenamiento. Y el que no lo ha hecho, se le nota”, advierte. “No hay más que ver el nivel de los debates electorales”, apunta.

Clubes 

Gutiérrez-Rubí insiste en que los españoles no son más torpes que otros para hablar en público. “Al contrario, tenemos grandes cualidades. Nos gusta hablar, nuestra cultura nos hace muy sociables y empáticos. Pero la sociabilidad natural no te prepara para hacer una buena exposición o debatir una idea. No se puede confiar en tener un momento genial, hay que trabajárselo como se lo trabajan, por ejemplo, esos americanos que ofrecen auténticos espectáculos con cualquier pequeña presentación que tengan que hacer”.
El déficit educativo en expresión oral preocupa no solo en el entorno político. También en el ámbito universitario. “Los alumnos llegan con un nivel muy bajo porque no han hecho exámenes orales ni han practicado nunca. La mayoría no saben exponer sus ideas y algunos ni siquiera podrían superar una entrevista de trabajo”, asegura Adolfo Lucas, profesor de oratoria en varias universidades y autor del libro El poder de la palabra.
Lucas es además director de la Sociedad de Debate de la Universidad Abat Oliba CEU, que se puso en marcha en el curso 2008-2009 para ayudar a los alumnos a mejorar sus habilidades en expresión, argumentación y debate. “Cada vez hay más sociedades de este tipo en las universidades porque cada vez hay más conciencia del problema. Pero como no es obligatorio participar, solo se apuntan unos pocos interesados. Debería haber una asignatura obligatoria, o al menos obligar a todos los alumnos a hacer exposiciones orales a menudo”, comenta.
Solo hace nueve años que se creó el torneo de debate más antiguo que existe en el ámbito universitario español, el del CEU, que cada año congrega a los principales clubes de debate académicos del país. “Eso da idea de lo retrasados que vamos”, lamenta Lucas. Y advierte: “Es tan importante practicar para hablar en público como entrenarse en el debate. Porque puedes hacer una buena presentación si te la preparas bien, pero de una comparecencia con preguntas, como puede ser una rueda de prensa, no sales bien parado si no practicas el debate”.

Los alumnos españoles no suelen hacer exámenes ni pruebas orales
Practicar, practicar y practicar. Es el único truco que ofrecen todos los asesores y expertos en comunicación oral. “El ser humano no está preparado naturalmente para hablar en público. Es un hecho atípico, traumático. Por eso surge el miedo. Pero si practicas y entrenas mucho, cuando llegue el momento de enfrentarte a un auditorio la mente estará preparada para reconocer esa situación. Recuerdas que ya lo has hecho antes y sabes que puedes hacerlo. Quizá nunca te acostumbres del todo y siempre quede algo de miedo, pero podrás afrontarlo sin bloquearte. Y con el tiempo incluso, como dicen los actores, empiezas a disfrutar del contacto con el público”, explica Antonella Broglia, organizadora de TEDxMadrid, una jornada de conferencias que se celebra en Madrid a imagen de la que se desarrolla desde hace años en California, con la participación de algunos de los oradores y emprendedores más importantes del mundo.

Un buen discurso puede servir para lograr un empleo o un crédito bancario
En las conferencias TED, lo importante es la transmisión de “ideas dignas de difundir”. Y las charlas no pueden sobrepasar los 18 minutos. “Hay que condensar al máximo. Son necesarios meses de entrenamiento”, apunta Broglia. El proceso de selección de los participantes de la nueva edición de TEDxMadrid, que se celebra este 28 de septiembre, empezó en abril. “Lo primero que seleccionamos es la idea. No basta con ser buen hablador, hay que tener algo que decir”, advierte Broglia. “Les pedimos que la expliquen en medio folio y con eso empezamos a debatir, investigar, extraer los pros y los contras. Y a partir de ahí, empezamos a desarrollar el discurso teniendo en cuenta que el principio es vital: no se puede perder el tiempo, hay que enganchar desde el primer minuto. Y después seguimos refinando y refinando hasta que nos parece perfecto”, continúa. “La última fase es el ensayo. Ensayan varias veces con nosotros, con público y, el día antes de la jornada, en el propio escenario en el que tendrán que hablar”.

El torneo de debate más antiguo de España solo tiene nueve años
El objetivo último del proceso es, según Broglia, transmitir verdad. Autenticidad. Adolfo Lucas coincide: “Que parezca natural, algo que, en realidad, está trabajadísimo”. A ello contribuye también el lenguaje no verbal: los gestos, las pausas, la mirada, la ropa. “El nivel mínimo se alcanza rápido. Mis alumnos de oratoria consiguen resultados espectaculares en un semestre. Luego para subir de nivel es necesario mucho más tiempo”, reconoce el profesor.
¿Cualquier persona puede, con tiempo, conseguir ese nivel alto? “Se puede llegar a tener un dominio profesional. Pero conseguir emocionar a tu público no siempre es posible. Un ejemplo: la intervención del príncipe Felipe ante el COI el sábado pasado. No solo fue profesional, como siempre lo son los discursos de la Casa Real, sino también emocionante. Primero, por su íntima implicación con el deporte y los Juegos Olímpicos. Y segundo, porque estuvo conviviendo con la delegación y eso aumentó su motivación”, explica Martínez-Rubí.

El ser humano no está preparado para hablar en público. Surge el miedo
Autenticidad y pasión se requieren también, aunque parezca que no, en el mundo de los negocios. “Para conseguir financiación hay que seducir. Y solo se puede seducir si se transmite una implicación personal, mostrar que uno se está arriesgando personalmente”, revela Hakan Ener, profesor del proyecto Iniciativa Emprendedora de la escuela de negocios IESE.
Ener, que enseña a emprendedores cómo exponer sus proyectos ante inversores, ha notado en los últimos años un creciente interés por aprender sus técnicas. “Los bancos no dan créditos y los emprendedores se ven obligados a recurrir a fondos de capital riesgo o inversores privados. Pero la mayoría no sabe cómo hacerlo porque piensan que con la idea basta”, dice. “Pero la idea sola no basta. Hay que saber contarla. Y contarla rápido. Lo primero que les pido a mis alumnos es, de hecho, que me lo cuenten en un minuto, que es el tiempo que normalmente tiene un ejecutivo para escuchar sin interrupciones. Si no le enganchas en ese minuto, estás perdido”.

Clubes para aprender a hablar

En 1924 un grupo de personas fundó en California el primer club Toastmasters. Su objetivo era que sus miembros se reunieran con cierta frecuencia para practicar sus habilidades orales, tanto para aplicarlas en la vida cotidiana como para hablar en público, argumentar en debates o superar una entrevista personal. Aquello fue el germen de una organización internacional no lucrativa que hoy está presente en 122 países, entre ellos España, donde hay 22 clubes repartidos en Madrid, Barcelona, Marbella, Málaga, Alicante, Sevilla, Palma de Mallorca, Valencia y Vitoria.
Los miembros de estos clubes pagan una cuota de 60 euros al año y se reúnen generalmente cada dos semanas para practicar sus discursos. Entre ellos se dan consejos, pero cuentan además con el asesoramiento de profesionales que se ponen a su servicio de manera gratuita. “Cualquier persona puede desarrollar esta habilidad. Lo único que hace falta es repetir y entrenar. Y no desanimarse porque las primeras veces no salga bien”, asegura Harold Zúñiga, uno de esos profesionales que ayudan en los clubes.
Zúñiga, que imparte talleres en empresas a ejecutivos, ofrece cuatro claves para hablar en público: superar la inseguridad, entrenar la voz y el gesto, sintetizar y escuchar al público. “Un truco consiste en grabarse, porque normalmente lo que el orador cree que está pasando es distinto de lo que de verdad está pasando. Puede que crea que habla alto cuando habla bajo o que no se dé cuenta de que va demasiado rápido”.

jueves, 24 de enero de 2013

PRENSA CULTURAL. "Hace falta que las personas se expresen mejor en público".


   En "El País":

“Hace falta que las personas se expresen mejor en público”

El académico José Antonio Pascual, autor de “No es lo mismo ostentoso que ostentóreo”, trata que el lector aumente su seguridad en el uso del léxico

 Madrid 17 ENE 2013

Utilizamos las palabras de la lengua española a veces con acierto y muchas otras sin saber bien qué se quiere decir. En estos momentos de crisis aparecen términos que tienen un significado distinto al que se le está dando según la Real Academia de la Lengua, pero el uso frecuente de éstas puede llevar a que se den por bien empleadas. ¿Se puede utilizar okupa para el que es desahuciado de su vivienda? El vicedirector de la Real Academia Española, José Antonio Pascual, afirma que “actualmente no, pero eso no significa que si el vocablo comienza a utilizarse masivamente por los ciudadanos y se refieren con ese término a aquellos que se quedan sin vivienda por no pagar a los bancos eso puede llevar a que finalmente pueda ser aceptada como tal”. ¿Y cómo debemos referirnos a aquellos que se quedan en la indigencia a causa de la crisis? “Empobrecidos; desesperados; depauperados; miserables, en sentido positivo. En el siglo XIX se empleaba para dirigirse a este tipo de personas el vocablo pelagatos”.
El autor de No es lo mismo ostentoso que ostentóreo (Espasa) se dedica a investigar la S en el Siglo de Oro y escribir este libro ha sido para él como “si viviese un proceso de seducción. Un cambio brutal respecto al tema tan árido respecto a lo que me dedico habitualmente que este libro ha sido un divertimento y espero que los lectores disfruten tanto como yo escribiéndolo”. ¿Hablamos bien los españoles? “No ha habido época de la historia de España en la que haya más medios para conocer mejor el lenguaje. En general se habla bien, pero hay más desinterés. Aunque tengo que reconocer que en Latinoamérica o en Castilla se utilizan mejor las palabras. Echo en falta que las personas se expresen mejor en público y eso se debe a que en la enseñanza se realizan pocos ejercicios orales. En los medios de comunicación hablados hay escasez de modulación y en televisión se promueve la barbarie; hablar a gritos o quitarse la palabra. Y eso es un verdadero desastre y un mal ejemplo para el espectador. Yo mismo he cometido errores en mis textos y tengo 10 folios en los que he anotado los fallos cometidos. Ni los filólogos somos perfectos”, admite con cierta sorna.

me considero un artesano de las palabras y para mí son el paraíso perdido, mi refugio
Las nuevas generaciones a través de los medios tecnológicos simplifican el lenguaje de tal manera que a veces es difícil de entender. “No importa, también en el siglo XVIII hay manuscritos con términos reducidos. Lo importante es que tengan interés en escribir. Vivimos momentos muy distintos y todo es accidental. Quiero ser positivo y si los jóvenes usan las palabras, aunque sea con símbolos, es una manera de abrir la puerta de la lectura. Los medios tecnológicos que tienen a su alcance los adolescentes son muy fuertes y es difícil que se acerquen a un libro, pero hay que intentar que piquen y tratar de explicarles que el leer produce placer. No debemos olvidar que no hace tanto tiempo, en el siglo XX una mayoría del país era analfabeta”. José Antonio Pascual (Salamanca, 1942) recuerda que 'La Regenta', de Leopoldo Alas Clarín, la leyó en una edición pirata y 'Aurora Roja', de Pío Baroja, tuvo que pedir permiso al obispo.
¿Cuál es su palabra preferida? “Añorar. Es un precioso vocablo con cierto aire arcaico y quizá se deba a esa propensión mía a los términos anticuados. Y detesto Implementar. No tengo argumentos sólidos para explicar a que se debe, pero me horroriza”. El autor de No es lo mismo ostentoso que ostentóreo' ha escrito un libro para que “el lector se acerque a él sin miedo y descubra la azarosa vida de las palabras. He tratado que pase un momento agradable y que se divierta”. El vicedirector de la Real Academia de la Lengua reconoce que cuando comenzó “tenía una falta absoluta de vocación y que se metió en el mundo de la Filología por casualidad. Tuve la suerte de tener excelentes profesores que me dieron los mecanismos para que me entusiasmase mi trabajo. Yo me considero un artesano de las palabras y para mí son el paraíso perdido, mi refugio”.
Entusiasta de la novela negra ha descubierto en este tipo de literatura historias que cuentan lo que ocurre en este momento en muchos países. ¿Papel o libro electrónico? “Lo combino. Tengo que reconocer que llevar a Pérez Galdós en una tableta que no ocupa nada es una gozada. Lo cierto es que me estoy desprendiendo de muchos libros de mi biblioteca porque al final te invaden, pero el encanto del papel es especial”.

jueves, 20 de septiembre de 2012

PRENSA. "La enseñanza del discurso oral", por Luis Cortés Rodríguez

Ilustración de Eulogia Merlé ("El País")

   En "El País":

La enseñanza del discurso oral

Es la gran olvidada del sistema educativo español: ¿por qué en nuestros institutos y universidades no se enseña a los alumnos a afrontar situaciones de formalidad como entrevistas, exposiciones o discursos?

 9 AGO 2012

Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ella. (El Quijote, Cap. XV, 1ª parte)
Todos recordamos la polémica suscitada hace unos años por las declaraciones de la parlamentaria Montserrat Nebrera en las que se burlaba del acento de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por su condición de andaluza. Parecía desconocer la citada parlamentaria que no hay acentos mejores ni peores por haber nacido en Cádiz, en Pamplona o en Lugo; lo que sí existen, sin embargo, son variantes más apartadas de la norma estándar del español —¿las más cerradas?— que están desprestigiadas socialmente. Y estas pueden ser emitidas por hablantes gallegos, aragoneses, vascos, catalanes, pasiegos, etcétera, y también, más de lo deseable, por andaluces.
Es cierto que nuestra exministra no es un portento de la comunicación oral; no lo es no tanto por su acento andaluz cuanto por otras causas. Sabemos que hablar bien depende de la riqueza y adecuación léxica, de la forma de conectar unas ideas con otras, de la manera de manejar las pausas, de la capacidad de utilizar mecanismos argumentativos, etcétera, y en nada de ello mostraba una especial destreza. Pero no es esta la cuestión que ahora nos importa, sino la absurda polémica, atizada políticamente, que se produjo y en la cual nadie sugirió el plantearse qué se podría hacer para potenciar las destrezas orales de los españoles.
Por desgracia, la enseñanza del bien hablar se reduce en nuestro país a esos cursos impartidos a ejecutivos, con títulos tan directos como:Hablar bien en público, Cómo comunicarse bien en público..., en los que, como por arte de birlibirloque o de encantamiento, se pretende enseñar a hablar a sus “encorbatados” asistentes sin ir más allá de repetir, en todos los casos, las mismas cuestiones: a) La necesidad de luchar contra el miedo; b) La obligación de tener confianza en uno mismo y expresar las ideas con contundencia; c) El uso correcto de las manos y del cuerpo, etcétera, todas necesarias, pero insuficientes. Ante tal abandono, cabe preguntarse: ¿por qué en nuestros institutos y universidades no se enseña a los alumnos a afrontar situaciones de formalidad como entrevistas, exposiciones o discursos?

Se hace necesaria esa docencia que vaya de la práctica a la teoría y viceversa
Cuentan aficionados a la agricultura que, a veces, al intentar sacar el rábano de la tierra, por inexperiencia, lo hacen con tal fuerza que pierden su raíz, la parte más sabrosa, y se quedan con las hojas en la mano. Desde hace más de un siglo, en el estudio de nuestro idioma ha pasado algo parecido: se abandonó la vertiente más productiva, la práctica, en favor de la descripción sincrónica de sus estructuras (fonética, morfología, sintaxis y semántica). Los tiempos verbales, los pronombres personales, las oraciones de relativo (explicativas y especificativas) o la función de complemento directo o indirecto que el pronombre podía tener en determinadas oraciones han sido el centro de tal docencia. En la universidad, en la especialidad de Filología Española, tales contenidos se acompañaron de los estudios de la historia del español (su evolución desde el latín hasta nuestros días) y de su dialectología (estudios de los dialectos: andaluz, asturiano-leonés, murciano, extremeño...). Las disciplinas correspondientes a estos estudios no podían contemplar el aprendizaje de la lengua oral, que se abandonó a su adquisición espontánea por parte de los hablantes.
Bien es verdad que este estado de cosas no siempre fue así. La tradición de los estudios universitarios daba gran importancia a los contenidos retóricos, los cuales implicaban, entre otros menesteres, el aprendizaje de la lengua oral, de la práctica discursiva. Por ejemplo, un estudioso de la lengua española, M. Metzeltin, en 2003, explica cómo en el siglo XVIII Mayans y Siscar elaboró un Informe al Rei sobre el methodo de enseñar en las universidades de España (1767), solicitado por el secretario de Gracia y Justicia; en él propuso, entre otras cátedras, las de Retórica y Poética, e insistía en que los estudiantes tuvieran que aprender a interpretar, recitar, traducir y componer. Y cuando se habla de componer no solo se alude al redactar por escrito un texto, sino a su expresión oral también. Había, por tanto, unas disciplinas que incidían de forma directa en el dominio del lenguaje como medio de comunicación.

Deberíamos contar con las recientes disciplinas lingüísticas, en especial el análisis del discurso
¿Qué pasó? ¿Cómo se dejó de lado esta parte más productiva de la docencia? ¿Por qué en nuestras universidades, en el último siglo, no se nos enseñó a hablar en público? Si verdaderamente tal hábito venía potenciado por la tradición, ¿qué hubo de suceder para que se abandonara? Podemos decir que el camino del infierno al que se condenó tal adiestramiento estuvo empedrado de buenas intenciones, si bien estas, a veces, aun llevándose a cabo con moderación, conllevan demasiados inconvenientes. Aunque las hojas fueran necesarias, ¿por qué se abandonó la raíz del rábano, que es la parte más jugosa?
En el mismo artículo, Metzeltin nos especifica el origen del cambio: los nacionalismos nacidos de la Revolución Francesa y posterior dominio napoleónico. Estos exigían la “invención” de una lengua y de una literatura nacional, así como la “necesidad” de potenciar su estudio, lo que determinó que fuera el conocimiento de los distintos niveles (fonético, morfosintáctica y semántico) lo que, poco a poco, se iba incorporando a los programas de los diferentes tramos docentes. Hemos asistido, por tanto, a una revolución que no supo incorporar lo positivo del estado anterior.
Hoy se hace necesaria esa docencia que vaya de la práctica a la teoría (y he dicho bien) y viceversa, lo que requiere, entre otras cosas, programas con objetivos diferentes. ¿Se imaginan ustedes a un relojero que supiera descomponer un reloj, pero que no supiera armarlo? Pues a eso creo que llevó el hecho de centrar toda la atención del estudio de la lengua española en el conocimiento de las estructuras y planos sin pensar en esa otra parte creativa, tan necesaria.
¿Qué habrá que hacer, podemos preguntarnos, para ensamblar los dos tipos de conocimientos? El primer paso lo han de dar las autoridades académicas, quienes deberían saber —aunque no sé si lo sabrán— o deberían tener asesores que así se lo hicieran saber —aunque tampoco sé si los tendrán— que es posible una enseñanza de la lengua española que incluya determinados tipos de prácticas que conduzcan a un mejor manejo de la modalidad oral en situaciones formales. También sería conveniente que desde ministerios y comunidades se empiecen a potenciar proyectos de creación de materiales que faciliten esa enseñanza real de la lengua oral al profesorado de los distintos niveles. Para ello, contamos con los conocimientos aportados por las recientes disciplinas lingüísticas, en especial el análisis del discurso (las formas de iniciar una intervención, los marcadores que unen las partes de una exposición, los mecanismos para argumentar, la supresión de las muletillas, etcétera). No se trata, ni mucho menos, de prescindir de los conocimientos gramaticales, sino de enseñarlos imbricados con esos otros conocimientos que han de hacer que nuestros alumnos sepan enfrentarse a situaciones orales diferentes de las de todos los días y en las que tengan que unir varias ideas o argumentar sobre determinados temas. A partir del curso 2012-2013, en la Universidad de Almería —en el grado en Filología Hispánica— se impartirá una asignatura con esta finalidad.
En tanto no se cree de manera real tal necesidad de enseñar la lengua oral en nuestros centros docentes, seguiremos asistiendo perplejos a la dicotomía entre lo que dicen los boletines oficiales (con ese léxico seudocientífico y anglicado) sobre las destrezas orales y realmente lo que se enseña. Esto sí que es ciencia ficción.
Confiemos en que en la próxima polémica que surja acerca de lo mal que hablamos unos u otros, quiera la ventura “dejar una puerta abierta en la desdicha” para que en vez de incentivarla den “remedio a ella”. So pena que queramos seguir como estamos.
Luis Cortés Rodríguez es catedrático de Lengua Española en la Universidad de Almería.

lunes, 16 de mayo de 2011

PRENSA. 16 mayo 2011

   En "El País":

1. ¿Cómo se restaura un charco de leche? Reportaje de Íker Seisdedos. Las obras creadas con material biodegradable son un reto para los conservadores de arte contemporáneo - Instalaciones y 'picassos' ocupan los talleres del 'Reina Sofía'.

2. Necesitamos más libertad de expresión. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

3. Ya es hora de que Palestina figure en el mapa. Artículo de Saeb Erakat, miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina y jefe negociador palestino.

4. La caída de Europa. Artículo de Gonçalo M. Tavares, escritor portugués. Estas ficciones pertenecen a dos de sus libros, El Señor Brecht y El Señor Calvino (Mondadori). ¿Qué hacer mientras caemos? Desde luego, lo más tonto es atarse los cordones de los zapatos y anudarse la corbata. He aquí cuatro historias de ficción sobre el crítico momento que atraviesa el Viejo Continente.

5. Un cero en oratoria. Reportaje de Elisa Silió. Los adolescentes carecen de habilidad para expresarse en público - La receta de los expertos pasa por potenciar los debates en la escuela y la Universidad.