Mostrando entradas con la etiqueta errores gramaticales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta errores gramaticales. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de febrero de 2016

LENGUA. 'Aún así' o 'aun así'. Álex Grijelmo


Álex Grijelmo

   En "El País":

“Aún así” o “aun así”

Puede ocurrir que cierre una publicación y que las erratas sigan escondidas bajo las mesas esperando al siguiente incauto

Todos los periódicos incurren cada día en algún que otro fallo ortográfico, y quizás no haya manera humana de impedirlo. Unas veces sucede por despiste de un periodista, y otras por despiste de dos o tres (pues todo texto debería ser supervisado).
Le oí a Arsenio Escolar, director del gratuito 20 minutos, contar la respuesta que le dio Manuel Saco a Fernando Lázaro Carreter en el consejo editorial del ya desaparecido El Sol, cuando el académico protestaba ante el responsable de edición por los fallos en ese diario: “Don Fernando, las erratas son las últimas que abandonan el barco”. En efecto: puede ocurrir que desaparezca una publicación y que las erratas continúen escondidas bajo sus mesas polvorientas, a la espera de asaltar a un nuevo incauto.
Pero hay maneras de reducir los desa­tinos. Una de ellas puede consistir simplemente en que los redactores más despistados se fijen en la diferencia entre “aún así” y “aun así”, casi con seguridad la mayor fuente de pifias ortográficas en la prensa.
Porque la fórmula “aún así” (con tilde en la primera palabra) viene desplazando desde hace algunos años a la locución “aun así”, que casi siempre es la que corresponde.

Y si el escribiente no se aclara, será mejor que tire por la calle de en medio y, en la duda, quite la tilde: reducirá sus errores

Veamos un truco para recordar y distinguir. El adverbio “aún” (con acento ortográfico) equivale a “todavía” (con acento también). Y el adverbio “aun” (sin la tilde) equivale a “incluso” (igualmente sin ella). Por tanto, aquí las tildes se excluyen y se arriman para facilitarnos la labor: “aun” no necesita tilde si se sustituye por una palabra que tampoco la lleva (“incluso”). Y sí precisa del acento ortográfico si se puede sustituir por un vocablo que también lo tiene (“todavía”). La locución “aun así” comparte además el valor concesivo de “a pesar de”.
Otra pista para vadear el error: los dos términos de “aun así” no se pueden intercambiar, pero cuando toque decir “aún así” podremos alterar el orden: “así aún”.
La oración “no te aprobaré aun si estudias dos meses” significa “no te aprobaré incluso si estudias dos meses” (o “a pesar de que estudies…”). Es decir: por mucho que te lo propongas no te voy a aprobar el curso de solfeo porque tienes un oído deplorable. Mientras que “no te aprobaré aún si estudias dos meses” quiere decir “no te aprobaré todavía si estudias dos meses”. Por tanto, en esta ocasión sí te aprobaré, porque tienes buen oído, pero estudia más, anda.
Y si el escribiente no se aclara con todo lo dicho, será mejor que tire por la calle de en medio y, en la duda, quite la tilde: reducirá sus errores, pues la alternativa “aún así” se emplea muy poco. Desde luego, eso no significa que esté en desuso. Podría incluirse, por ejemplo, en esta frase: “Ya han pasado 41 días desde las elecciones, y seguimos aún así: sin que se haya negociado nada”.
(Y aun así parecen todos tan tranquilos).

domingo, 8 de febrero de 2015

PRENSA. LENGUA. "Siete errores gramaticales muy comunes que debemos evitar"

   En "el confidencial.com":

LAS INCORRECCIONES SON HABITUALES

7 errores gramaticales muy comunes que debemos evitar

7 errores gramaticales muy comunes que debemos  evitar
Muchas veces nos dejamos llevar por las prisas y no nos paramos a pensar en lo que decimos (o escribimos). (Corbis)


Aunque en ocasiones no lo parezca, todos hemos ido a la escuela y nuestros profesores nos han enseñado cuáles son las principales reglas gramaticales del idioma castellano. Por gramática entendemos la organización de las palabras dentro de una oración, y sus reglas y principios. Parece muy sencillo cumplirlas, pero diversos factores provocan que en muchas ocasiones hagamos caso omiso de ellas. Uno de ellos es el uso del castellano en cada zona de España, que hace que lo incorrecto esté ampliamente extendido. Es el caso, por ejemplo, del leísmo castellano. Otro factor es la urgencia de la expresión: cuando hablamos en voz alta, resulta difícil vigilar las concordancias de género y número y es habitual que incurramos en leves, aunque comprensibles, errores.
Junto a la Ortografía y el Diccionario, la Gramática es uno de los tres libros más importantes de los publicados por la Real Academia de la Lengua Española. La edición de 2009, que fue la primera editada por la academia desde 1931, fue responsabilidad del lingüista Ignacio Bosque Muñoz, catedrático de Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid, y se trata de la obra de referencia sobre este tema. Para septiembre de este año está prevista una nueva edición. Pero, ¿cuáles son los errores que se cometen más a menudo? Todos podemos encontrar la solución en nuestros libros de texto, pero seguramente estos estén cogiendo polvo en algún lugar oculto de nuestro hogar…
  • “Cuatro de cada cien lleva una mala alimentación”: errores de concordancia. Uno de los más habituales en el lenguaje hablado, ya que al pensar sobre la marcha tendemos a centrarnos más en el contenido que en la forma de lo que decimos. Debemos tener cuidado con expresiones como “la mayoría de personas”, ya que el verbo ha de concordar con el sujeto, que es “la mayoría”, y no con “las personas”, aunque la RAE ya no considere incorrecto concordar con este complemento. La utilización de pronombres puede confundirnos fácilmente (como ocurre con el caso de “les tengo envidia a estas personas”, que ha de ir en plural) o cuando un adjetivo ha de concordar con el complemento directo (“pinta azules esas palabras” en lugar de “pinta azul esa palabra”).
  • “Si querría hacerlo…”: utilización incorrecta del subjuntivo. El empleo de este modo verbal constituye una de las mayores dificultades que hemos de afrontar en nuestro habla, ya que requiere un esfuerzo mental mucho mayor por lo alambicadas que resultan las construcciones en las que aparece el subjuntivo, que por lo general suele indicar posibilidad, incertidumbre o subjetividad. En muchas ocasiones, lo que ocurre es que se utiliza el modo indicativo cuando debería emplearse el subjuntivo. Es el caso, por ejemplo, de “estaría bien que vengas” o “hubiese preferido que estás”. Suele ocurrir a menudo también en la utilización de condicionales, como es el caso de “si yo tendría más tiempo…”, incorrecto.
  • “Bajo ningún punto de vista”: utilización incorrecta de preposiciones.Cualquiera que haya estudiado con un poco de profundidad el idioma inglés sabrá que los llamados “phrasal verbs”, con sus matices obtenidos gracias a las diferentes preposiciones, resultan altamente complicados para el no angloparlante. En español no es exactamente igual de difícil, pero aun así, tenemos dificultades para diferenciar cuál es la preposición exacta que se debe emplear con cada verbo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los galicismos “a tomar”, “a decidir”, etc., que se deben expresar con una oración subordinada (por ejemplo, “es una decisión que se debe tomar” es correcto y “es una decisión a tomar”, incorrecto), o expresiones mal utilizas como “quedar de venir”, “bajo ningún punto de vista” (se debe decir “desde ningún punto de vista”), “cerca a” o “en consecuencia a” (las correctas son “cerca de”, o “como consecuencia de”).
  • “No pienses de que te vas a salir con la tuya”: dequeísmo. Una de las variantes del punto anterior, que nos lleva a utilizar expresiones como “me dijo de que tenía razón” o como “resulta de que había venido muy pronto”. Ojo, porque esta regla es un arma de doble filo. Hay que tener cuidado con no pasarse con la corrección y comenzar a utilizar de manera incorrecta expresiones como “me olvidé comprar” (que debería ser “me olvidé de comprar”) o no utilizar nunca “de que”, incluso cuando está bien (como es el caso de los verbos “acordarse”, “presumir”, “estar seguro”, etc.).
  • “Le quiero mucho”. Laísmo, leísmo y loísmo. El triángulo de las Bermudas de la meseta castellana. El menos habitual de los tres es el loísmo, que consiste en sustituir el pronombre “le” (objeto indirecto) por “lo” (objeto directo). Un ejemplo de esta mala utilización sería decir “lo voy a dar un beso”. El laísmo consiste en utilizar “la” como complemento indirecto cuando la única palabra que puede cumplir esa función es “le”. Por ejemplo, la oración “la voy a dar un beso”, que aunque se refiera al género femenino, debe emplear “le”. El más habitual en esta triada es el leísmo, la sustitución del complemento directo “lo” por el “le” que debería utilizarse únicamente para complementos indirectos. Por ejemplo: “le quiero mucho”. Aunque se considera un vulgarismo, la RAE considera aceptable el leísmo.
  • “Ayer vinistes pronto”. Añadir “s” en la segunda persona del pretérito imperfecto de singular. “Tú comistes”, “tú pensastes”, “tú vinistes”. Todas estas expresiones son absolutamente incorrectas, y no deben emplearse jamás.
  • “Hubo un incendio, muriendo tres personas”: gerundio de posterioridad. Uno de los más empleados en la prensa, ya que muchos no son conscientes de que este empleo de la expresión es incorrecto. Consiste en utilizar el gerundio para expresar una acción que ocurre detrás de otra, como es el caso de “se cayó por las escaleras rompiéndose una pierna”. Es incorrecto, ya que el gerundio sólo puede emplearse para expresar simultaneidad
    .

lunes, 29 de diciembre de 2014

PRENSA. "Seis errores gramaticales que cometes con frecuencia y que hablan muy mal de ti". Blanca López

   En "elconfidencial.com":


“Yo no tengo faltas de ortografía”. Todos hemos oído esta frasecilla tan osada alguna vez. Sin embargo, el mismísimo Fernando Lázaro Carreter contaba que en una ocasión se refirió en público a unas testigas, y aunque quizá este desliz fue el que alentó a algunos innovadores a hablar de miembras, mejor será que nos moderemos, tanto en la euforia creadora como en la vanidad de pensarnos infalibles.
Aunque apliquemos correctamente las reglas ortográficas y no se nos cuele una 'h' de más o no dudemos al escribir una palabra entre la 'g' y la 'j', es innegable que escribimos mal y hablamos regular por desconocimiento de las reglas gramaticales. He aquí algunos de los ejemplos más comunes:
Queísmo: "Antes muerta que dequeísta"
¿Hay, lingüísticamente hablando, algo más feo que el dequeísmo? Hacemos un uso igualmente incorrecto del lenguaje cuando eliminamos la preposición 'de' que acompaña a algunos verbos (“No me di cuenta que me hablabas”) que cuando insertamos esta preposición entre dos términos que no deben llevarla (“Me han dicho de que no va a venir”).
El queísmo es la reacción al dequeísmo, una ultracorrección que resulta del temor a cometer un tipo de falta gramatical de pésima fama, achacada por lo general a la rusticidad más pertinaz. Por esta aprensión, preferimos equivocarnos por omisión de la preposición (un pecado venial) y optamos por comernos todos los 'de' sospechosos, aunque haya que morir de indigestión; cualquier cosa antes que caer, porque pensamos 'de que' es más grave, en semejante vulgarismo.
El infinitivo: "Iros a tomar por…"
¿Cómo debemos mandar al prójimo, cuando la afrenta lo exige, a freír espárragos, a hacer puñetas o a algún sitio poco recomendable y que esté suficientemente lejos? Habitualmente los maestros ordenan a los niños: “Sentaros”; los padres a los hijos: “Estaros quietos” y una melodramática y creativa Lola Flores, espetaba a sus admiradores: “Si me queréis, irse”. Sin embargo, la dificultad para usar el modo imperativo (sentaos, estaos quietos, idos) se reduce a suprimir la 'r' propia del infinitivo o a cambiarla por 'd'.
Como alternativa para padres y maestros que aspiren a ser obedecidos, existe la fórmula que sí se emplea en infinitivo: “¡A callar!”, que es incluso más tajante que la forma verbal cuya función específica es expresar mandato (al parecer muy pasada de moda), y es probable que  sea también más eficaz.    
Usos impropios de un vocablo: cansinos de estar cansinos
La televisión ha sido durante mucho tiempo nuestra gran bola mágica, el oráculo omnisciente a través del cual la verdad se manifiesta; el vehículo tecnológico del Ser. A lo largo de nuestra vida hemos aprendido que lo que no aparece en la venerada pantalla no existe, y lo que no tiene eco en la tele es tanto como la Nada. Y como lo que Es merece ser conocido y propagarse, los espectadores damos crédito a todo lo que se nos cuenta y reproducimos la mayor parte de lo que vemos y oímos.
Los espectadores damos crédito a todo lo que se nos cuenta y reproducimos la mayor parte de lo que vemos y oímos
Así se explica que un adjetivo que hace unos años un par de humoristas puso en circulación y que hasta ese momento era ajeno al registro coloquial, se haya convertido en demasiado habitual en muchas conversaciones de la calle, el trabajo, el círculo familiar, pero también de los medios de comunicación. ¡Qué hallazgo! Resulta que lo que siempre ha sido un tipo pesado, gárrulo, porfiado, terco, obstinado… vamos, un plasta, si no queremos abandonar la esfera coloquial, es ahora y desde que su significado fue reciclado en un programa de entretenimiento, un cansino.
Si bien es cierto que la lengua se transforma y va integrando o desestimando expresiones, palabras, sentidos, y conformándose gracias a la contribución de los hablantes, no deja de ser sorprendente la instalación plena en el lenguaje cotidiano de un vocablo que significa flojo, débil, lánguido, falto de fuerza (y que además no se aplica a personas), como sustitutivo de los adjetivos mencionados, que realmente sí aluden a la característica de ser cargante. Solo muy traído por los pelos puede significar cansino lo que pretendían los cómicos.
Un caminar cansino puede ser, desde luego, y de algún modo, pesado, pero en el sentido de que el caminante parece tener dificultades para avanzar, y no en el que la redefinición da a entender, que es simplemente fruto del desconocimiento de lo que significan las palabras que usamos.
Los géneros gramaticales: "Tengo una reunión en el AMPTTA"
¿Dónde dices? Pues clarito está: en la Asociación de Madres, Padres, Tutores y Tutoras de Alumnos y Alumnas del colegio. Pasando a la carrera por el hecho de que las asociaciones son nombres formados por siglas, y por tanto deben acompañarlos artículos femeninos (la AMPTTAA en este caso y no el AMPTTAA), la duplicación e incluso multiplicación de nombres y adjetivos está a punto de traspasar (ya lo ha hecho en algunos casos) la frontera de lo razonable y funcional y de instalarse en un modo comunicativo absurdo e ineficaz.
El gerundio debe utilizarse cuando expresa simultaneidad de acciones
La estulticia instaurada en la cosa pública por lo que respecta a las políticas de igualdad, bautizada uso no sexista del lenguaje, nos condena a leer y oír (evitemos escucharlos en lo posible) engendros como este. Buscando otras fórmulas para neutralizar las marcas de género, algunos proponen soluciones que las invisibilicen, por ejemplo alumnado o infancia, que salvo en contados casos suponen un uso muy forzado del lenguaje ("Todo el alumnado de 2ºB levantó la mano"). Entienden que alumnos alude solo a los varones y ningunea a las mujeres, por lo que prefieren el colectivo alumnado, que por cierto, también ostenta una visible marca de género masculino, si en esas estamos. Sin embargo, cabe esperar que la ley de la economía del esfuerzo, que rige en el lenguaje como en cualquier otro organismo, haga volver las aguas a su cauce en un futuro no muy lejano.
También la falta de arrestos de los defensores de esta tendencia, que si son consecuentes tendrán que expresarse de modo casi ininteligible y prolijísimo, contribuirá a la extinción de esta manifestación de ignorancia que hace que algunos confundan los géneros gramaticales con las peliagudas y demasiado a menudo desiguales relaciones entre hombres y mujeres. En caso contrario, todos y todas las ciudadanas y ciudadanos, molestos y molestas con estas iniciativas, vamos dados y dadas…    
Los pronombres posesivos: "Por tu detrás y en mi delante"
Pero entonces, ¿se dice delante mío o delante mía? Para saber si podemos usar un pronombre posesivo en frases como esta (aclaremos antes que el dilema no está en el uso del género masculino o femenino), basta con sustituir el pronombre por el adjetivo correspondiente. Si el resultado es agramatical, como en este caso (en mi delante), no debemos decir delante mío, porque los adverbios no admiten posesivos. Si por el contrario, podemos hacer la sustitución, como en la construcción al lado tuyo, que cabe expresarse también en la forma a tu lado, estamos haciendo un uso correcto del pronombre, porque lado está funcionando en este ejemplo como sustantivo, no como adverbio.
Los problemas del gerundio: "Se casó con ella matándola"
En opinión de muchos funcionarios (forenses, policías, administrativos) y otros gremios del sector privado, es indistinto el momento en el que transcurren las acciones, sobre todo si son pasadas. Aunque los hablantes del español utilizamos los tiempos y formas verbales como nos da la gana, hete aquí que poseen usos y funciones específicos para diferentes situaciones.
La utilidad final de la corrección lingüística es el entendimiento entre los hablantes de un mismo idioma; el objetivo es alcanzar la máxima eficacia comunicativa
El gerundio indica simultaneidad de acciones, así que si nos tomamos en serio el enunciado, debemos entender que el asesino mató a su mujer en el transcurso del acto civil o religioso, mientras aseguraba que iba a quererla y cuidarla, lo que es de pésimo gusto por el pavor que debió de causar en los invitados y, además y por fortuna, improbable. Lo que ocurrió es que primero se casó y después la mató; puede ser que lo hiciera muy poco tiempo después, pero sincrónicamente… En el caso menos exagerado y más frecuente en la vida cotidiana de “Me avisaron del robo personándome en el lugar inmediatamente”, la simultaneidad, aún en el supuesto de que el diligente funcionario posea superpoderes, no es dudosa sino imposible.
La utilidad final de la corrección lingüística es el entendimiento entre los hablantes de un mismo idioma; el objetivo es alcanzar la máxima eficacia comunicativa (que no se logra con la mera aplicación de la regla de acentuación de las palabras agudas, ni con la colocación atinada de la 'v' y la 'b'), para lograr una mayor comprensión de los pensamientos, deseos, intenciones y sentimientos propios y ajenos. Nada más y nada menos.
*Blanca López es correctora.

martes, 18 de noviembre de 2014

PRENSA CULTURAL. LENGUA. "Los errores que el corrector de Word no soluciona: diez dudas habituales, resueltas"

   En "elconfidencial.com":


AA
La lengua española y sus usos han cambiado mucho desde hace 14 años, cuando Estrella Montolío publicó el Manual práctico de escritura académica. El desarrollo de la escritura tiene mucho que ver con el desarrollo tecnológico, y desde entonces hasta ahora, hemos visto como los dispositivos móviles, los ordenadores y otro tipo de expresiones lingüísticas (de los 140 caracteres de Twitter a las presentaciones de Power Point) han generado nuevas formas de comunicarse. Por eso la reciente reedición del volumen por Ariel tiene mucho sentido, ya que, como se explica en la introducción, “escribir para un lector de pantallas requiere activar unas estrategias de escritura nuevas”.
El completo manual dirigido por la catedrática de la Universidad de Barcelona se fija, a diferencia de otros volúmenes semejantes, tanto en lo gramatical como en la construcción del discurso, tanto en desentrañar las elecciones léxicas correctas como en apoyar la claridad y concreción en el uso de la lengua. En este primer artículo expondremos, sin embargo, algunas de las dudas gramaticales más frecuentes que suelen tener incluso los profesionales de la escritura, y que no siempre se pueden resolver atendiendo a la dicotomía entre lo correcto y lo incorrecto, sino que admite una amplia escala de grises en la que también se encuentran lo recomendable y lo admisible.

POR QUE PORQUE

Solemos tener dudas con el “por qué”, el “porqué” y el “porque”, pero tendemos a olvidarnos de la situación que suele generar más problemas: la distinción entre la conjunción átona “porque”, que introduce una oración subordinada que expresa la causa de algo, y la grafía “por que”, en la cual, “que” es una conjunción o un pronombre relativo. Normalmente, no tenemos problema a la hora de utilizar la conjunción (“no lo hago porque no quiero”), pero con demasiada frecuencia, solemos sustituir “por que” por “porque”por temor a equivocarnos.
Hay dos pistas que nos ayudan a averiguar cuándo debemos escribir ambas palabras separadas. Por un lado, si la proposición “por” está exigida por un elemento de la oración principal, como un verbo, y el segmento introducido puede sustituirse por “algo” o “esto”. Es lo que ocurre con “el partido votó por que su candidato dimitiese” o “se decantó por que viniese a mediodía”. Por otra parte, cuando “que” funciona como un pronombre relativo, los artículos “el”, “la”, “los” y “las” pueden intercalarse entre la preposición “por” y el pronombre. Es el caso de “los caminos por que caminaba estaban llenos de barro”, que también podría escribirse “los caminos por los que caminaba estaban llenos de barro”.

ENTORNO EN TORNO

Aunque en apariencia la distinción resulta sencilla, en la práctica sigue dando lugar a muchos errores. “Entorno” es un sustantivo que significa “circunstancias que rodean” y que puede sustituirse por los sinónimos “ambiente” o “medio”: “nació en un entorno complicado”. Por el contrario, “en torno” es una locución adverbial que podemos identificar a través de dos pistas: si puede sustituirse por “alrededor” con un complemento precedido de “a” o “de”, como en el caso de “el niño corría en torno a la plaza”; o en caso de que signifique “aproximadamente”, también seguido de “a”: “nos costará en torno a 30 euros”.

¿DETRÁS SUYO Y ENCIMA MÍO?

Como explica el volumen, la afinidad semántica entre “de mí” y el posesivo “mío” favorece esta sustitución, que no es correcta. Por lo contrario, lo correcto es decir “detrás de él” o “encima de mí”, y no se recomienda emplear “detrás suyo” y “encima mío” u otras fórmulas semejantes. Las construcciones que admiten el sustantivo pospuesto también permiten su anteposición, algo que no ocurre en el caso de “detrás suyo” o “encima mío”: por ejemplo, “siempre te pones en contra mía” y “siempre estás en mi contra”. ¿Acaso podríamos decir “no te pongas mi detrás”?
(iStock)(iStock)

DEBES DEBES DE

¿Cuándo se debe introducir la preposición “de” en dichas perífrasis verbales? Es muy sencillo: “deber de” + infinitivo expresa probabilidad, posibilidad, suposición, conjetura o creencia, mientras que “deber” + infinitivo expresa obligación. En resumidas cuentas, “debe de estar cayendo un aguacero por el ruido que se oye en la calle”, y “debes comer pronto si quieres llegar a tiempo”.

EL CONDICIONAL DEL RUMOR

Cada vez es más habitual escuchar en los medios de comunicación a los periodistas empleando condicionales para no comprometerse con la veracidad de la información que transmite. Es el caso de un titular como “Vicente del Bosque habría manifestado su desagrado con la actitud de sus jugadores”. La norma culta, recuerda el libro, desaconseja la utilización de este tipo de construcciones, por lo que se recomienda escribir “es posible que Vicente del Bosque haya manifestado su desagrado con la actitud de sus jugadores”.

CUASINÓNIMOS CONSECUTIVOS Y REDUNDANCIAS

A veces, con la intención de enfatizar determinadas ideas, solemos caer en redundancias innecesarias o que pueden producir desconcierto al repetir ciertas ideas semejantes pero no exactamente iguales. Es el caso de, por ejemplo, “los auditores reclaman y exigen una mayor transparencia de las empresas”. En dicha frase, “reclamar” y “exigir” tienen diferentes matices de significado que hace que no sean sinónimos completos, aunque pensemos que se pueden utilizar indistintamente. Además, debemos evitar las redundancias conceptuales en las que tan fácilmente incurrimos en la expresión oral, especialmente en construcciones como “subir arriba”, “bajar abajo”, “salir afuera”, “asomarse al exterior”, “insistir reiteradamente”, “adjuntar en un anexo”, “predecir con antelación”…

EL PÁRRAFO POWER POINT

La irrupción de las diapositivas de este programa han provocado la aparición de párrafos demasiado esquemáticos en los cuales se incluye una idea que no se elabora, y que se presenta como un asunto aislado. Al contrario de lo que se piensa, recuerdan los autores, estos párrafos breves no ayudan a que se interprete fácilmente el significado del texto, ya que las ideas aparecen aisladas entre sí. Tres grandes problemas se derivan de esta patología parafrástica, como la llaman los autores: no se puede visualizar la estructura del texto, puesto que este se compone de muchos párrafos; el lector no puede interpretar qué tipo de relación lógica mantienen las ideas entre sí; y no puede percibir cuál es la arquitectura de la información, es decir, cuáles son las ideas principales y las de desarrollo. ¿Un ejemplo?
“Las nuevas tecnologías influirán de forma positiva en la educación.
Los ordenadores portátiles podrán ser utilizados en lugar de la pizarra.
La pizarra también puede ser digital, y por lo tanto, ser utilizada con las manos”.
(Corbis)(Corbis)

PUNTO Y COMA

O nos pasamos o nos quedamos cortos, pero nos cuesta emplear el punto y coma en su justa medida. Su función es unir oraciones independientes que forman parte del mismo enunciado y que se complementan desde el punto de vista informativo y, aunque en un gran número de ocasiones puede sustituirse por coma o punto, jerarquiza mejor la información y aporta pausas que facilitan la lectura. ¿Cuándo debe utilizarse? El volumen recuerda que la subjetividad puede regir su uso, pero hay ciertas reglas concretas de empleo.
  • Para separar los miembros gramaticalmente equivalentes de coordinadas, como ocurre con la coma, en caso de que se trate de proposiciones muy largas: “Después de surcar los mares y los cielos; después de haber perdido a toda su familia y sus amigos; después de arruinarse en incontables ocasiones, finalmente decidió que había tenido suficiente”.
  • Antes de “pero”, “más” y “aunque”, cuando la longitud de dichas oraciones es considerable: “La situación de los partidos políticos españoles se encuentra en un punto de no retorno, acentuado por los constantes casos de corrupción y la crisis financiera que el país ha sufrido en los últimos años; pero hay quien duda que las alternativas a los partidos tradicionales puedan revertir dicha situación”.
  • Como un patrón entonativo para el cual la coma sería demasiado breve y, el punto, demasiado largo.

PUNTOS SUSPENSIVOS

Es habitual que en la redacción de un correo electrónico se utilicen puntos suspensivos para marcar que el texto se encuentra voluntariamente incompleto. Hay que tener en cuenta ciertas peculiaridades de dicho uso: cuando cierran un enunciado, cumplen la función del punto y, por lo tanto, se ha de continuar con mayúscula; tras una abreviatura con un punto, hay que poner puntos suspensivos (“S.O.S.…”); detrás de los puntos suspensivos nunca se escribe punto, pero sí punto y coma, coma o dos puntos (“compré patatas, Coca-Cola, cerveza, pizzas..., pero me olvidé de los hielos”).

¿PARÉNTESIS O RAYAS?

Uno de los problemas más frecuentes surge cuando se quiere realizar un inciso en el discurso y se duda entre los paréntesis o las rayas. Para empezar, ambos deben utilizarse en lugar de la coma para separar incisos con puntuación interna (“los tres países del sur (España, Italia y Portugal) se han mostrado de acuerdo con la medida”) e introducen información secundaria, complementaria o aclaratoria. La diferencia es que, por lo general, la raya suele emplearse en incisos al margen del hilo temático que suelen tener que ver con valoraciones personales o irónicas. Así pues, podemos escribir “el último partido del Real Madrid (en el que los blancos no encajaron ningún gol) les ha permitido ser líderes”, pero también “el último partido del Real Madrid –cuya racha de victorias es espectacular– les ha permitido ser líderes”. 

domingo, 31 de agosto de 2014

PRENSA CULTURAL. LENGUA. "Doce reglas gramaticales en las que solemos meter la pata"

   En "elconfidencial.com":


AA
Pensamos que lo sabemos todo, pero no es así. Lejos quedan los años de instituto en los que los maestros tachaban en rojo nuestros errores, pero forman parte de nuestra vida diaria medios de comunicación, televisiones, periódicos y otras fuentes de información (internet, mensajería instantánea) donde las patadas a las reglas gramaticales se suceden sin parar.
Por gramática solemos entender al conjunto de reglas y principios que gobiernan el uso de las lenguas y la utilización de palabras dentro de la oración. La gramática prescriptiva tiene como objetivo desaconsejar el uso de determinadas construcciones no estandarizadas y, aunque su importancia haya disminuido dentro de la lingüística, no es tan extraño que sigamos cometiendo equivocaciones que, especialmente en el lenguaje escrito, pueden dañar nuestra imagen.
El pasado año, el Instituto Cervantes publicó Las 500 dudas más frecuentes del español (Espasa), en el que sus autores, Florentino Paredes García,Salvador Álvaro García y Luna Paredes Zurdo resolvían algunas de las dudas más frecuentes que suelen surgir en la utilización de nuestra lengua, a partir de las recomendaciones de las diferentes academias.
¿Cómo se escribe el plural de las siglas, como “CD” o “BOE”?
Las siglas, creadas mediantes la adición de las iniciales de varias palabras, no añaden un “’s” ni una “s”, ni siquiera en el caso de que provengan del inglés. El plural se mantiene invariable en la lengua escrita, por lo que se debe escribir “CD” o “BOE”. Sin embargo, si las siglas se convierten en nombres comunes (como es el caso de “ovni”), es correcta la variación en plural, y la palabra ha de escribirse en letras minúsculas.
¿“Mis amigos y yo” o “yo y mis amigos”?
“El burro delante para que no se espante” era la fórmula utilizada por los docentes para recordarnos que no debemos anteponer el pronombre de primera persona en una enumeración. Se trata de una cuestión más de cortesía que propiamente gramatical. Así pues, demos preferencia a nuestros amigos si no queremos parecer poco elegantes.
“Es por eso que no he podido venir antes”
¿Suena mal, verdad? Pues se trata de una construcción absolutamente correcta: es el “que galicado”, una fórmula tradicionalmente rechazada, pero cuya extensión geográfica y social en América ha provocado su aceptación. Se trata de una oración copulativa estructurada en dos partes: el elemento focalizado y una subordinada que, no obstante, puede ser sustituida por “por lo que”.
“¿Qué cuesta eso?” o “¿cuánto cuesta eso?”
A pesar de que la utilización del “¿qué cuesta?” (o “vale” o “pesa”, es decir, verbos que expresan magnitudes) esté más o menos extendida en un registro coloquial, es preferible utilizar “cuánto”. Sin embargo, cuando a dicho interrogativo le sigue un sustantivo, como es el caso de “¿qué distancia hay…?”, se considera válido. Las construcciones de preposición e interrogativo que aparecen en oraciones como “¿qué vas, a tu casa?” son coloquiales, propias de la lengua hablada, y por lo tanto no deben reproducirse por escrito.
“En cuyo caso”: ¿correcto o incorrecto?
La búsqueda de “en cuyo caso” en la red devuelve casi 60 millones de resultados, todos ellos incorrectos: el volumen recuerda que “cuyo” es un determinante que se caracteriza por aportar un significado posesivo, un matiz que no tiene lugar en dicha construcción. Es preferible utilizar alternativas como “en tal caso” o “en ese caso”.
¿“Delante de mí” o “delante mío”?
Una de las dudas más frecuentes, ya que ambas estructuras parecen semejantes. Sin embargo, “delante” es un adverbio, una clase de palabra que no puede combinarse con determinantes, por lo que la fórmula “delante mío” es incorrecta. Sin embargo, “alrededor nuestro” sí está permitido, puesto que la palabra “alrededor” puede ser tanto un adverbio como un sustantivo.
“Mi Pepe también cocina bastante bien”
Sabemos a la perfección que fórmulas como “la María” o “el Juan” resultan vulgares, pero dudamos cuando se trata de un posesivo. Es también incorrecto, un rasgo propio de la lengua popular. Tan sólo se admite la anteposición de un indeterminado cuando se pretende realzar una cualidad representativa, como en “una obra maestra escrita con el ingenio de un Miguel de Cervantes”.
¿“Veintipico” o “Veinte y pico”?
Un caso bastante peculiar. Si bien en el caso del numeral veinte se admiten ambas variantes, a partir de los treinta, se recomienda la forma escrita en varias palabras, es decir, “treinta y pico”. Un consejo: nunca digas “veinte y pico” en Chile, puesto que allí, “pico” alude al órgano sexual masculino.
¿“Zapatillas de lo más bonito” o “zapatillas de lo más bonitas”?
La lógica podría inclinarnos hacia la segunda opción, puesto que en ella el adjetivo “bonitas” concuerda en género y número con el sustantivo “zapatillas”, pero la Nueva Gramática de la Lengua Española considera que la variante no concordada (“de lo más bonito”) es más formal. Como explica el manual, también existe un matiz de significado: la variante concordada se aplica únicamente a las zapatillas, mientras que en el caso de la no concordada el adjetivo se utiliza en grado máximo.
“A día de hoy”: ¿correcto o incorrecto?
El volumen del Instituto Cervantes acusa directamente a los lenguajes periodístico, político y administrativo de extender este uso importado del francés. ¿Para qué calcar “aujourd‘hui” si podemos utilizar fórmulas como “hoy por hoy”, “hoy en día”, “en la actualidad” o, simplemente, “hoy”?
¿“Cuando menos” o “cuanto menos”?
Dos construcciones que conducen a la confusión incluso a las personas más cultas. “Cuando menos” significa “como mínimo”, mientras que “cuanto menos” puede ser una locución conjuntiva que signifique “con mayor motivo” o una locución determinativa que equivalga a “si menos”. En resumidas cuentas: es incorrecto decir “su respuesta fue, cuanto menos, inapropiada”, mientras que es válida la fórmula “cuanto más duermo, más sueño tengo”.