Mostrando entradas con la etiqueta eutanasia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eutanasia. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de abril de 2015

PRENSA. "Una cita con la parca". Jesús Mosterín

   En "El País":

Una cita con la parca

Si pudiera tener una entrevista con la muerte, no le pediría la inmortalidad ni la vida larguísima, sino que me dejase decidir el momento de la cita inevitable. Pero, por ahora, no tengo ganas de morirme


EDUARDO ESTRADA


Todos tenemos una cita con la parca, pero no sabemos cuándo. La longevidad es en gran parte hereditaria. A ojo de buen cubero, la edad alcanzada por nuestros padres nos da una primera idea de lo que podemos esperar vivir nosotros en ausencia de accidentes, infecciones y sorpresas. Tanto mi padre como mi madre vivieron 90 años, así que pensaba que esa era la edad de mi cita con la parca. Pero hace unos meses se produjo una sorpresa.
Ya había hecho examinar mi genoma individual por la empresa 23andMe, escupiendo en un botellín enviado por ellos y devolviéndolo a California para su análisis. Aparte de comprobar curiosidades como mi porcentaje de genes de neandertal (un 3%), me enteré de que tenía una predisposición genética tres veces superior a la habitual a padecer trombosis de vena profunda, debida a la presencia de una variante (mutación G20210A) del gen de la protrombina que incrementa la probabilidad de la formación de trombos. Y, en efecto, este verano tuve una trombosis en la pierna izquierda, alguno de cuyos trombos dio lugar a una peligrosa embolia pulmonar. Esta embolia puede afectar a una arteria pulmonar y causar la muerte, que, en mi caso, de haberse producido, habría sido una muerte anunciada. La sorpresa mayúscula vino de un riesgo no previsto en los genes. Me ingresaron en el servicio de urgencias del hospital del Sagrado Corazón de Barcelona, donde me hicieron todo tipo de pruebas diagnósticas que, aparte de confirmar la embolia, detectaron lo que resultó ser un inesperado tumor en el pulmón izquierdo. Nunca he fumado, por lo que no se me había ocurrido pensar en un posible cáncer de pulmón, el que más gente mata.

Otros artículos del autor

El tumor y el lóbulo inferior izquierdo que lo contenía me fueron limpiamente extirpados por el cirujano Laureano Molins y su equipo. Una vez analizado, resultó ser un tumor muy raro, un mesotelioma bifásico, un tipo de cáncer producido por la exposición al amianto. El contacto con amianto facilita la inhalación de fibras minerales de asbesto, que acaban en la pleura, donde permanecen muy largo tiempo en estado de latencia, hasta que provocan algunas mutaciones en las células de la pleura que dan lugar al mesotelioma, palabra que significa cáncer del mesotelio. La pleura es un tipo especial de mesotelio que recubre los pulmones.
¿Cuándo estuve yo en contacto con amianto? Hace seis décadas, durante dos veranos que pasé en Begoña, barrio bilbaíno entonces arbolado y lleno de casitas y algunas pequeñas fábricas; nada que ver con la Begoña actual. En concreto, junto a nuestra casa había una modesta fábrica de amianto, que producía material aislante e ignífugo. Por sus puertas siempre abiertas entrábamos los chavales de vez en cuando a jugar. El amianto no se prohibió en España hasta 2002. Además, pasé el curso 1992-1993 en el Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT (junto a Boston), ubicado en un destartalado barracón cuyas paredes estaban rellenas de amianto. El resto del MIT contaba con edificios modernos y bien construidos y la dirección quería echar abajo el decrépito edificio, pero Noam Chomsky se oponía, ya que apreciaba la estética pobre y casi guerrillera del cochambroso barracón. De todos modos, más adelante fue derribado con todo cuidado (por el amianto) y ahora ha sido sustituido por un edificio sólido y vanguardista.

No deseo vivir el mayor tiempo posible, por grande  que sea el deterioro físico o la incapacidad mental
La relación entre el asbesto o amianto y el mesotelioma no se descubriría hasta los años sesenta. La esperanza media de vida de los pacientes detectados con mesotelioma bifásico es de solo seis meses. En mi caso, la resección del tumor fue exitosa y tras la operación no se detectaron metástasis ni ganglios linfáticos afectados. De todos modos, el oncólogo insistió en someterme, por si acaso, a una quimioterapia de tres meses que acabo de completar. Las últimas pruebas apuntan a que estoy curado. Por tanto, parece que la parca, que me había hecho señas, de momento ha pasado de largo. La cita ha quedado aplazada.
Algo del tiempo que he perdido para otras actividades lo he empleado en pensar sobre la vida y la muerte. La cercanía de la parca cambia nuestra perspectiva. Muchos asuntos pierden gran parte de su presunta importancia y urgencia, mientras que otros requieren nuestra atención. En ningún momento he sentido miedo a la muerte. Lo que me ha preocupado es que la enfermedad estropease mi calidad de vida o la de mis seres queridos. Temía que la trombosis dañara mi capacidad locomotora, pero la vena afectada ha recuperado su flujo sanguíneo normal. Temía que el cirujano decidiese extirparme todo el pulmón izquierdo, y se lo dije, pero afortunadamente bastó con reseccionar el lóbulo inferior. Así, he conservado cuatro de los cinco lóbulos, es decir, unos cuatro de los cinco litros de capacidad pulmonar total anterior, más de lo que uso en la respiración normal, ya que no practico deportes de competición. Temía que la quimioterapia me produjese dolores y vómitos, pero eso no ha ocurrido. Así que estoy agradecido por el buen cuidado y tratamiento que he recibido y contento por haber sorteado los riesgos que me amenazaban.

La vida es formidable
si tiene componentes formidables. Si no, es una farsa sin sentido
Podría haberme muerto ya. Y en algún momento me moriré. Espero no morirme demasiado pronto, pues todavía tengo proyectos que realizar; pero también espero no morirme demasiado tarde, después de una etapa de sufrimiento inútil. Por ahora, no tengo ganas de morirme. Pero tampoco tengo la intención insensata de vivir el mayor tiempo posible, por grande que sea el deterioro físico o la incapacidad intelectual. En la película de Ingmar Bergman El séptimo sello, Max von Sydow juega al ajedrez con la muerte. Si yo pudiera tener una entrevista con la parca, no le pediría la inmortalidad ni la vida larguísima, sino que me dejase a mí decidir el momento de la cita inevitable, comprometiéndome a no abusar de este derecho, sino a invocarlo solo en el momento oportuno. La muerte que yo preferiría sería el suicidio sereno y asistido. En Francia se tramita ahora la ley para permitir algo tan elemental como que los enfermos terminales puedan elegir ser dormidos hasta la muerte. Esta propuesta ha provocado la oposición crispada de grupos de presión fundamentalistas cristianos, judíos y musulmanes, anclados en un mundo conceptual de tabúes y supersticiones.
Todos los seres vivos somos configuraciones efímeras de las partículas de que estamos hechos, pompas de jabón, fogonazos fugaces, olas en el océano inmenso de la realidad. Biológicamente, y como ya sabía Aristóteles, la única posibilidad de sobrevivir a la muerte, aunque muy provisionalmente, es la reproducción. Nuestros genes siguen su camino en nuestros descendientes (los míos, en mis siete nietos), pero ese es su camino, no el nuestro, e incluso este linaje tiene los días contados. Subjetivamente, la vida es formidable y maravillosa en la medida en que tenga componentes formidables y maravillosos. Cuando ya no los tiene en absoluto, sino todo lo contrario, la vida puede convertirse en una farsa sin sentido cuya única solución es la muerte. La muerte del organismo es valorativamente neutral; no tiene nada de bueno ni de malo. Y es lo más natural del mundo.
Jesús Mosterín es filósofo

jueves, 23 de octubre de 2014

PRENSA. "El viaje de Brittany Maynard hacia una muerte digna"

   En "El País":

El viaje de Brittany Maynard hacia una muerte digna

Tras conocer que tiene cáncer incurable, una mujer de 29 años anuncia la fecha en que se va a quitar la vida y despierta el debate sobre el suicidio asistido en EE UU


Brittany Maynard, en una foto familiar. / AP
Una mujer de California llamada Brittany Maynard va a morir el próximo 1 de noviembre a los 29 años de edad. Así lo ha decidido ella misma, tras conocer a principios de este año que tiene un cáncer incurable en el cerebro. Antes quería tener hijos. Ahora su único proyecto es llegar en buen estado a celebrar el cumpleaños de su marido, a finales de este mes. Si puede, viajará a ver el Gran Cañón. Después, en su dormitorio y rodeada de su familia, se quitará la vida bajo supervisión médica. Todo esto lo ha contado en televisión y en un vídeo viral a una audiencia boquiabierta.
Para poder morir con sus propias reglas, sin padecer los cuidados paliativos del cáncer hasta el final, ha tenido que mudarse de Oakland, en California, a Portland, en el estado vecino de Oregón, donde existe una ley de muerte digna. Allí, un médico puede prescribir los medicamentos necesarios para poner fin a su vida sin sufrimiento. El caso empezó a circular cuando Maynard accedió a participar en una campaña para promover este tipo de leyes en todos los estados, y el vídeo en el que explica su decisión ha despertado el debate de costa a costa.
Brittany Maynard se casó el año pasado y planeaba tener hijos pronto. Pero unos extraños y fuertes dolores de cabeza le estaban haciendo la vida imposible. El diagnóstico llegó el 1 de enero de este año. Tiene un tumor llamado gliobastoma multiforme, la forma más agresiva de cáncer en el cerebro. Los médicos dudan que pueda vivir un año más. Todo su proyecto de vida ha desaparecido. “Inmediatamente detuve todos mis planes. No puedo traer un niño al mundo sabiendo que no va a tener madre”, decía en una entrevista en NBC el pasado jueves. El tratamiento que ha recibido en este tiempo ha deformado su cara y apenas se reconoce en ella a la mujer de las fotos de boda que inundan la Red.

Moriré en casa, en la cama que comparto con mi marido y me marcharé en paz, con la música que me gusta sonando de fondo
En la web de la organización Compassion&Choices, la más importante de EE UU en la defensa del derecho a la muerte digna, recibe al visitante un formulario para enviar su apoyo a Maynard y decirle si te ha conmovido su historia. “No inicié esta campaña porque quisiera publicidad; de hecho, para mi es difícil de procesar. Lo hice porque quiero un mundo donde todos tengan acceso a una muerte digna, como yo. Mi viaje es más fácil gracias a esta decisión”.
En el vídeo de la campaña, Maynard muestra los medicamentos con los que piensa acabar con su vida. Los lleva en el bolso "para cuando los necesite". Y relata con aplomo cómo ha planificado el momento de su muerte. "Espero estar rodeada por mi familia: mi marido, mi madre, mi padrastro y mi mejor amiga, que es médico. Moriré en casa, en la cama que comparto con mi marido y me marcharé en paz, con la música que me gusta sonando de fondo".
Compassion&Choices y Brittany Maynard están intentando que el caso sirva de punta de lanza para extender por EE UU leyes de muerte digna que, por ahora, solo existen en Oregón, Washington, Montana, Nuevo México y Vermont. La familia de Maynard ha hecho un importante esfuerzo para poder cumplir su deseo, como explica ella en un artículo en CNN. "Instalarme en Oregón para poder hacer uso de la ley exigió cambios monumentales. Tuve que encontrar nuevos médicos, establecer mi residencia en Portland, buscar una casa, sacarme un carnet de conducir nuevo, cambiar mi registro de votación, buscar quién se hiciera cargo de mis mascotas, y mi marido Dan tuvo que tomar una excedencia de su trabajo. La gran mayoría de las familias no tienen la flexibilidad, los recursos y el tiempo para hacer estos cambios".

Las encuestas muestran un amplio apoyo al suicidio asistido, pero dependiendo de cómo se plantee
El suicidio asistido es un debate que está lejos de ser central en EE UU, pero cuando a los estadounidenses se les pregunta directamente, parecen estar a favor de la elección personal. Una encuesta de Gallup publicada el año pasado revela un amplio apoyo al suicidio asistido, aunque la propia empresa de encuestas advertía de que depende de cómo se presente al público. Si se presenta como "acabar con la vida del paciente por medios no dolorosos", el 70% está a favor. Pero si se pregunta por "ayudar al paciente a suicidarse", la cifra baja al 51%, aunque se esté hablando de lo mismo. Otra reciente encuesta de Pew Research Center revela un apoyo del 66% a la idea de que hay circunstancias en las que a un paciente se le debe permitir morir.
En Oregón el año pasado 122 personas recibieron los medicamentos para acabar con su vida dentro de la ley de suicidio asistido y 71 de ellas los utilizaron, según datos oficiales. El 97% de ellos murieron en su casa. Las cifras se han multipicado por cinco desde que la ley se puso en marcha en 1997. Las tres causas más citadas para pedir los medicamentos de muerte digna, según su definición oficial, son pérdida de autonomía; pérdida de capacidad para participar en actividades que permiten disfrutar de la vida; y pérdida de dignidad.
En el vecino estado de Washington (noroeste), el año pasado murieron 173 personas legalmente asistidas por médicos. El 77% de ellas tenían cáncer, según los datos oficiales.
La revista The Economist ha aprovechado el tema para retomar su apoyo al derecho a la muerte digna. "El efecto más importante del derecho a morir es restituir cierta sensación de control cuando se enfrenta una incertidumbre dolorosa, costosa y a menudo trágica", decía en un artículo sobre Maynard esta semana.
En una entrevista emitida en CBS el pasado día 15, Maynard volvía a emocionar a la audiencia, que espera el desenlace en apenas diez días: “Todo el mundo está haciendo un gran esfuerzo para que yo no sufra. Y yo tampoco quiero que ellos sufran, porque verme morir durante mucho tiempo en un hospital sería demoledor, no solo para mi sino para todos”.

Las formas de la eutanasia

EMILIO DE BENITO
Los avances médicos y éticos han cambiado y complicado entender los términos que se mezclan al hablar de muerte diga. Este concepto ha sustituido al inicial de eutanasia (buena muerte en griego), pero según países y legislaciones tiene distintos conceptos.
Suicidio médicamente asistido. Es la modalidad que ha elegido Brittany Maynard: un médico le facilita la combinación de fármacos que le causarán la muerte, pero tiene que tomarlos el afectado. En Europa se permite en Suiza por medio de un vacío legal. En España esta práctica, entendida como cooperación necesaria con el suicidio de una manera general, no en enfermos terminales, tiene de una manera genérica un castigo, según el Código Penal, de dos a cinco años de prisión. Pero la legislación española establece que si hay “petición expresa, seria e inequívoca” de un enfermo con “una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar” la condena será “uno o dos grados” menos.
Eutanasia propiamente dicha. En este caso, el médico aplica la combinación letal con el fin de acabar con la vida de un enfermo terminal. El afectado puede estar inconsciente si ha dejado establecido claramente antes, cuando estaba en plenas facultades mentales, que esa era su voluntad. En Europa solo lo permiten Holanda, Bélgica y Luxemburgo.
Sedación terminal. Esta práctica es legal en todos los países occidentales y se basa en la idea de que ante el sufrimiento de un enfermo terminal, lo que importa es aliviarle el dolor u otros síntomas, y ello debe hacerse incluso aunque la medicación usada pueda tener como efecto secundario que acorte su vida. Necesita el consentimiento del paciente, y, básicamente, se diferencia de una eutanasia en el objetivo de la intervención médica. En la sedación es quitar el dolor u otros síntomas. En la eutanasia se busca directamente la muerte.

lunes, 27 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL."Babelia". Entrevista a Michela Murgia, autora de "La acabadora"

Michela Murgia ha abierto el debate sobre una muerte digna tras su novela.- OLIVIERO GENOVESE.
("El País")


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
"Hay que reglamentar el final de la vida"

LUCIA MAGI 25/06/2011

   En las zonas rurales de Cerdeña, los enfermos agonizantes recibían la atención de una especie de comadronas de la muerte. La escritora italiana recrea ese universo en una novela que reclama la revisión de ciertos valores.

   En los años cincuenta, en un pueblo perdido en la campiña sarda, una anciana sutil y enlutada visita a los enfermos agonizantes. El ángel de la buena muerte se desliza silencioso en una comunidad rural y lenta, donde sol y viñas marcan las pautas de la existencia. Michela Murgia (1972), intérprete de aquel universo en La acabadora, suele tocar temas incómodos en sus libros, en las frecuentes tertulias y en el blog. Los trata con delicadeza y discreción, como mirando sin ser vista, desde su Cerdeña arcana. "Cuando la hospitalización no existía en las zonas rurales vida, muerte y enfermedad se gestionaban dentro de las paredes domésticas. Yo misma nací en casa. Entonces, el final de la existencia era un hecho común, por supuesto no corriente o banal, pero mantenía una cercanía con la vida, se gestionaba con familiaridad".

   PREGUNTA. ¿Cuál es la diferencia?
   RESPUESTA. Es el concepto de comunidad. La autodeterminación es una idea nueva. Mi abuela me hubiera dicho: pero si tú no te has hecho sola, eres hija de la solidaridad de tu familia, de tu vecindario, de tu pueblo. En este marco la enfermedad se vive como la enfermedad de todos los que te rodean, los que cuidarán de ti. Lo mismo pasa con la muerte.

   P. ¿Y quién se ocupaba del momento final?
   R. La figura de la acabadora no se consigue demostrar históricamente. Se han buscado -sin encontrarlos- pruebas escritas de la presencia de unas mujeres que ayudaban a los enfermos a morir. Sin embargo, no significa que no existieran, sino que su figura se escapa de los métodos de investigación, aunque la memoria de estas mujeres se mantiene viva en Cerdeña.

   P. ¿Por qué hoy es tan difícil debatir sobre la calidad de la muerte?
   R. La de Cerdeña de los años cincuenta era una sociedad con una economía de subsistencia. Así que no importaba tanto la calidad de la muerte, cuanto la calidad de la vida de los que cuidaban al enfermo. Por eso, al menos en las zonas rurales, era común que las comadronas estrangulasen a los bebés deformes.

   P. Un personaje de su novela pide la muerte tras perder una pierna.
   R. En el caso de un adulto es algo distinto. La amputación de una pierna no te condena a muerte. Sin embargo, para Nicola significa dejar de ser el modelo viril de su comunidad. Él, que nunca había necesitado la ayuda de nadie, precisa una mano hasta para ir al baño. Es un luto imposible de asumir: no se está muriendo, pero sí ha muerto el tipo de hombre que quiere ser. Por eso pide la ayuda de la acabadora.

   P. ¿Por qué algo tan natural en el pasado no se debate?
   R. Es la presencia hipertrófica del Vaticano, su control cultural. La idea de que la Iglesia mueve votos induce a los políticos a pensar que es mejor no desarrollar instancias que contradigan sus normas. Una actitud que ofende el principio de laicidad del Estado y el derecho de los ciudadanos de exigir leyes adecuadas para sus exigencias, no dictadas por un catecismo.

   P. ¿La cuestión depende del progreso?
   R. Vivimos un momento nuevo. La mejora de los descubrimientos científicos, ha creado la posibilidad de una larga supervivencia en la que queda un espacio nuevo entre vida y muerte. Ni el derecho ni la moral católica saben si es una cosa o la otra.

   P. ¿Usted qué piensa?
   R. Si me encontrara en la situación de no poder decidir por mí misma, no tendría problemas en imaginar que mi comunidad va a decir la última palabra. Mi familia, las personas que tienen que cuidarme en ese estado, tienen el derecho de decidir cuándo esa situación les satura emocionalmente. Antes de que la relación de amor se transforme en pesadez, sacrificio, mortificación, ellos tienen ese derecho. Ya no importa lo que yo haría. Mi vida no está en mis manos.

   P. Eso suena afín a lo que dice la Iglesia...
   R. ¡Claro! Hay un eco evangélico. Jesús le dice a Pedro: "Cuando eras joven, te vestías e ibas a donde querías. Pero te aseguro que, cuando seas viejo, extenderás los brazos y otra persona te vestirá y te llevará a donde no quieras ir". Estoy convencida de ello. Llega un momento en el que tienes que tender los brazos, tienes que entregarte. Como cuando eres niño: ¿acaso alguien considera tu voluntad?

   P. Los enfermos son como niños.
   R. Se entregan a los que les quieren. En Italia se practica la eutanasia continuamente. Las personas van por delante de las leyes o las normas. Si no puedes por ley, lo haces en silencio. Por eso hay que reglamentar el final de la vida, con justicia y dignidad. No se trata de un homicidio a escondidas, sino de un pacto entre seres que se aman.

   P. Y quien se queda se enfrenta a un dolor terrible. La Iglesia ha ritualizado este dolor.
   R. El duelo precisa de un ritual. El dolor necesita un lenguaje, unos códigos, que ahora no tenemos. Necesitamos una gramática del luto que declinar, fuera de allí solo queda sitio para la locura. El ritualismo puede salvar la vida a veces.

   P. Su último libro, Ave Mary, es un ensayo sobre la construcción del modelo femenino. ¿En este ámbito también hemos dado unos pasos atrás?
   R. Nos hallamos en una fase tópica. Algo está pasando. El de la dignidad de la mujer parecía un tema cerrado con los años setenta. Pero ya vemos que no es así. Hoy se vulnera la idea misma de mujer, por no hablar de sus derechos. Formalmente todo está logrado, pero en la práctica seguimos cediendo sobre la igualdad, el respeto de la diferencia.

   P. ¿Italia está peor que el extranjero?
   R. Sí. He viajado por toda Europa y nunca me encontré con circunstancias tan vergonzosas: jóvenes desnudas en los anuncios, la televisión emitiendo imágenes casi ginecológicas, programas para niños con presentadoras en bragas, niños que a la hora de cenar ven con los padres las velinas que menean su cuerpo. No quiero ni pensar en qué consecuencias pueda provocar una sexualización tan precoz.

miércoles, 15 de junio de 2011

PRENSA. 15 junio 2011

   En "El País":

1. Por la cara. Columna de Elvira Lindo.

2. Regreso al barranco de la muerte. Reportaje de Fernando Valverde. El primer investigador del fusilamiento de Federico García Lorca, el francés Claude Couffon, reconstruye la historia en el mismo lugar de los hechos.

3. Paparruchas femeninas. Por Manuel Rodríguez Rivero.

4. La eutanasia televisada ya no escandaliza a nadie. Reportaje de Walter Oppenheimer y Emilio de Benito. Un reportaje sobre un enfermo terminal que se suicidó en Suiza levanta críticas muy aisladas a la BBC - La opinión pública ve el derecho a elegir la muerte con menos miedo que sus gobernantes. Madeleine no murió como vivió. Por Ana Alfageme.

5. Brechas en la gobernanza global. Artículo de Tomás Jiménez Araya, profesor consultor, máster de Derechos Humanos y Democracia-UOC y editor de Hacia una ética económica global: innovación vs statu quo (Huygens 2010). Naciones Unidas presenta este mes de junio los principios de un marco de políticas encaminadas a reducir los daños ocasionados por los impactos negativos de la actividad económica en los derechos humanos.

6. El Tanzimat de Erdogan. Por M. Á. Bastenier.

domingo, 15 de mayo de 2011

PRENSA (1). 15 mayo 2011

   En "El País":

1. La selva. Columna de Manuel Vicent.

2. ¿Quién teme a la eutanasia? Reportaje de Juan G. Bedoya. El PSOE prometió en 2004 que legalizaría la 'muerte digna' cuando ganase las elecciones - La presión de la jerarquía católica consigue retrasar una legislación que avalan grandes teólogos. Un cinismo histórico. Análisis de Antonio Monclús Estella, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro La eutanasia, una opción cristiana.

3. Sabiduría y democracia en el Tíbet exiliado. Artículo de Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní; catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.

4. Una generación se despide. Artículo de Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y premio 'Espasa de Ensayo' 2010 por su libro Amo, luego existo. La socialdemocracia ha terminado por constituirse en gestora aplicada de los designios conservadores. Llamando "mercados" a lo que antes denominaba "capitalismo", hace lo mismo que criticaba a la derecha.

5. ¿Por qué Libia sí y Siria no? Por Moisés Naím.

   En el suplemento Domingo:

6. Cinco razones por las que Europa se resquebraja. Reportaje de José Ignacio Torreblanca. La crisis de los valores, la confianza, el euro, la política exterior y el liderazgo: pocas veces en su historia el proyecto europeo ha estado tan en entredicho. El momento más bajo. Análisis de Soledad Gallego-Díaz.

7. Verdades y mentiras de los 'Trending topics'. Reportaje de Delia Rodríguez. Son una especie de radiografía de lo que habla la gente en cada instante. Los 10 términos más repetidos en la red twitter.com generan eco. ¿Cómo funciona esta 'democracia' de lo más popular?

8. No te hagas vieja. Por Elvira Lindo.

9. ¿Por qué Obama nos ha decepcionado? Por LLuís Bassets.

domingo, 5 de diciembre de 2010

PRENSA (2). 5 diciembre 2010

En suplementos de "El País":

1. 250.000 motivos para publicar. Reportaje de Joseba Elola, Álvaro de Cózar y Yolanda Monge. La salida a la luz de los cables del Departamento de Estado filtrados por Wikileaks muestra el mundo tal y como lo concibe Estados Unidos. La superpotencia trata de anular la capacidad de Julian Assange para seguir difundiendo documentos confidenciales.

2. "Los premios Nobel que se daban al principio eran muy malos". Entrevista a Kjell Espmark, académico sueco, autor de "El premio Nobel de Literatura. Cien años con la misión". Por Juan Cruz. 

3. ¿Vuelve el antisemitismo? Artículo de Bernard-Henri Lévy. La campaña que preconiza en Francia el boicot a Israel, la situación de la Embajada israelí en Noruega y el éxito de obras cargadas de tópicos antijudíos hacen pensar en una triste vuelta al pasado.

4. Libros en la basura. Por Elvira Lindo.

5. Una librería, por Navidad. Por Maruja Torres.

6. "Hay que volver a enseñar a leer y a escribir". Entrevista a Víctor García de la Concha. Por Javier Rodríguez Marcos. Misión cumplida. Tras 12 años como director de la Real Academia Española, deja el cargo con la satisfacción de haber fortalecido la unidad del español a ambos lados del Atlántico.

7. "Son 15 minutos. Dejas de respirar. Y fuera". Entrevista. Por Juan José Millás. Carlos Santos era un hombre de mundo. Amaba tanto la vida que quiso gobernar la suya hasta el final. Tenía un tumor incurable. Estaba condenado a morir sufriendo. Pero se rebeló. Acudió a la asociación 'Derecho a Morir Dignamente'. Ellos le acompañaron en su última voluntad. El pasado 10 de noviembre decidió tomarle la delantera a su enfermedad. Desayunó y dio un paseo antes de tomar un cóctel letal. Murió dormido en la habitación de un hotel. Antes quiso contarnos su historia. Pretendía que su caso sirviera para reabrir el debate de la eutanasia.

8. Corea del Norte: alerta roja. Reportaje de Georgina Higueras. Es el país más hermético de la Tierra. Un régimen impenetrable que afronta la sucesión de su Querido Líder. Ostenta el cuarto ejército más poderoso del mundo y constituye una amenaza para la estabilidad en Asia. Los recientes bombardeos a su vecino del Sur, el incidente más grave desde el fin de la guerra en 1953, han reavivado los tambores bélicos en la península coreana.

9. El arca de Noé clónica. Reportaje de Pablo Francescutti. Desde la famosa oveja ‘Dolly’, las especies clonadas se han multiplicado. Ya hay desde mascotas hasta toros de lidia. Pero ¿se han cumplido las enormes expectativas creadas? ¿Tenían razón las alarmas que saltaron?

10. El 'cuerpo' de Cristo y de Tommaso. Reportaje de Ricardo Menéndez Salmón. Miguel Ángel nos dejó algunos de los trabajos que mejor exaltan tanto la divinidad de Cristo como la belleza del cuerpo humano. En la cumbre de su obra conoció al joven Tommaso, su pasión e inspiración. El Museo Albertina de Viena expone la maestría de sus dibujos.

11. Ventajas de la zafiedad reinante. Por Javier Marías.

12. La palabra de Gumersindo. Almudena Grandes cuenta una historia relacionada con la memoria histórica.

jueves, 27 de mayo de 2010

ENSAYO. AMADO NERVO. "La eutanasia" (1913), de Amado Nervo (1870-1919)

Amado Nervo

La eutanasia
A la hora en que los médicos de la muerte, como les llaman los medios, multiplican sus pírricas victorias contra el dolor en países como Estados Unidos y Holanda, no sobra recordar este texto de principios de siglo en que la preocupación siempre actual por el fin ineluctable demuestra a su lado más lúcido, más humano

Entramos en la vida llorando (esto de puro sabido se calla); entramos furiosos, a grito herido; se diría que el país de donde venimos es tan placentero y luminoso, que por contraste aquí sólo hay obscuridad, dolor y tristeza. Cuando la señora Pipper volvía de sus trances, solía decir palabras como éstas: "Qué obscura está la habitación"... "Qué fealdad la de la gente que me rodea"... "He regresado de allá en una cuerda de plata"... "Abrid las ventanas..., más luz".
Sí, quizá con harta razón, entramos en la vida retorciéndonos y chillando; quizá la tragedia verdadera está en las cunas y no en los sepulcros. Esto lo sabremos un día... Pero, ¿por qué si entramos llorando no salimos riendo? Pues por culpa de los médicos; por el atraso, por la crueldad o por la ignorancia de algunos médicos, que son productores de dolor: que se complacen, basados en ultrahipotéticas esperanzas de vida, en inyectarnos aceite alcanforado, coñac, café... para prolongar atrozmente nuestra agonía, con torquemadismos espantosos...
Oíd cómo se expresa el admirable Maeterlinck acerca de esto, en su austero y hondo libro sobre la muerte, recientemente publicado:
"Hace mucho tiempo", decía Napoleón, "que los clérigos y los médicos hacen la muerte dolorosa". Pompa mortis magis terrar quam mos ipsa (afirmaba, por otra parte, Bacon, refiriéndose a las tristes solemnidades de que se rodean los últimos instantes).
A medida que progresa la ciencia, se prolonga la agonía, que es el momento espantoso por excelencia (cuando menos para los que asisten a él), la cima más alta del dolor y del horror humanos. Todos los médicos estiman que el primero de sus deberes es prolongar tanto como se pueda las convulsiones más atroces de la agoní­a más desesperada. ¿Quién de nosotros, a la cabeza de un moribundo, no ha querido veinte veces, sin atreverse jamás, arrojarse a sus pies para pedirle misericordia?
(...)
Un día este prejuicio [de los médicos] nos parecerá bárbaro. Como que viene del miedo que han dejado en el corazón las religiones antiguas, muertas ya hace mucho tiempo en la razón de los hombres; miedo que nadie se atreve a confesar. He aquí por qué los médicos obran como si estuviesen convencidos de que no hay tortura conocida que no sea preferible a las que nos esperan en lo desconocido. Parecen persuadidos de que todo minuto, ganado entre sufrimientos intolerables, nos ahorra sufrimientos más intolerables aún, reservados a los hombres por los misterios de ultratumba, y entre dos males, para evitar uno que saben bien que es imaginario..., escogen el único que es real. Por lo demás, si retardan así el fin de un suplicio (el cual, como dijo el buen Séneca, es lo que el suplicio tiene de mejor), no hacen más que ceder al horror unánime que remacha cada día el círculo vicioso en que se encierra. La prolongación de la agonía aumenta el espanto de la muerte, y el espanto de la muerte exige la prolongación de la agonía...
Pero no es ya sólo el poeta el que se conmueve a la consideración de estos suplicios: son los pueblos civilizados: el Parlamento alemán va a discutir en breve un proyecto del siglo monista, órgano de las sociedades del monomonismo alemán. Este proyecto es como sigue, a grandes líneas:
1. Toda persona atacada de enfermedad incurable tiene derecho a la Eutanasia (o sea la muerte bella, la muerte agradable, sin el menos dolor, la muerte que se parece a un manso dormirse después de la labor cumplida...). 2. El tribunal correspondiente recibirá la solicitud del enfermo y dará el derecho de morir. 3. Una comisión médica, a instancias del tribunal, examinará al enfermo. Si éste lo deseare, otros médicos podrán asistir a la consulta. 4. El acta del examen dirá si, según la convicción de los médicos expertos, la muerte es más probable que la curación, o, cuando menos, que un estado de alivio que permita la aptitud para el trabajo. 5. Si el examen establece la gran probabilidad de un desenlace mortal, el tribunal concederá al enfermo el derecho a la Eutanasia; en caso contrario, no se admite la solicitud. 6. Cuando se mate a un enfermo sin dolor, a petición formal suya, categóricamente expresada, el autor de la muerte no podrá ser perseguido (siempre que el enfermo haya obtenido el derecho a la Eutanasia, y supuesto que la autopsia establezca que su enfermedad era incurable). 7. El que mate a un enfermo sin su voluntad formal y expresa será castigado con reclusión. 8. Los párrafos uno y siete pueden, llegado el caso, aplicarse a los valetudinarios y lisiados.
Comentando lo anterior, un escritor francés dice:
Nada es más fácil, al parecer, que dar el derecho de matarse a los incurables que a gritos piden la muerte. Es esto permitir una obra de misericordia, una obra pía. La idea parece, en efecto, simple y generosa. Su aplicación encuentra, sin embargo, numerosas y serias dificultades. El año pasado, el Congreso de Washington tuvo que ocuparse de un proyecto análogo, y no lo votó. Su discusión provocó en la Prensa y en la opinión apasionadas controversias. La intervención de los médicos y de los jueces no facilita la fatal transición; ésta constituye, por el contrario, una formalidad complicada y peligrosa. La Eutanasia exige tales garantías científicas y legales, es un acto de una importancia tan grande, que el aparato judicial no funcionará sino con una circunspección y una lentitud meticulosas. Suponed que se cometiese un error, y ya tenéis a la institución comprometida para siempre. Para ser eficaz, necesitaría ser rápida, y el procedimiento no tendría esta indispensable rapidez...
Es cierto, y lo es también que el hombre no ha llegado aún a un grado de cultura suficiente para resolver tamañas dificultades; pero deseemos, deseemos con toda nuestra alma, que, en un día no lejano, los médicos, que tan rara vez curan, cumplan siquiera con el que debía ser su oficio por excelencia: suprimir el dolor, ya que los adelantos científicos les permiten lograr fácilmente esta supresión. Deseemos igualmente que los Gobiernos civilizados faciliten tan santa tarea, llenándola, es claro, de las garantí­as indispensables.
De esta manera, si la humanidad no llega a realizar la promesa de Metchnikoff, de siglo y medio de vida, tras del cual vendría el fin fisiológico, cuando menos lograremos que se supriman la agonía, el horror, el gesto trágico de los últimos momentos, y podremos entrar a lo INVISIBLE con la serenidad antigua, con la majestad humana que conviene a los actos solemnes, con la placidez crepuscular de quien se duerme sin dolor en la blanda almohada del Misterio, casi con la ufanía, que debe mostrar el que pasa bajo ese negro arco de triunfo de la muerte.

Amado Nervo (1870-1919). Poeta. Este ensayo fue publicado en 1913 y está incluido en sus Obras Completas.

(Fuente: Nexos.com.) He llegado a ella a través de la siguiente: http://lacomunidad.elpais.com/puerto-libre/posts