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martes, 6 de julio de 2010
IES "MAIMÓNIDES".Cena de Graduación. 2º bachillerato. Curso 2009-2010. Segunda entrega
La presentación, en PowerPoint 2007.
IES "MAIMÓNIDES".Cena de Graduación. 2º bachillerato. Curso 2009-2010. Primera entrega
La presentación está en PowerPoint 2007
miércoles, 21 de abril de 2010
ACTO BENÉFICO POR LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DE HAITÍ. IES "MAIMÓNIDES". Aportación de alumnos/as de 2º de bachillerato
Un grupo de alumnos/as de 2º de bachillerato me entrega la siguiente comunicación:
Hace unos dos años, un grupo de personas vinieron al IES "Maimónides" para instarnos a participar en un concurso que tenía como finalidad donar dinero para un país desfavorecido, por medio de una actividad en grupo y recolectando dinero en la calle.
Unos alumnos de esta clase y de otras pusimos un dinero inicial y, arriesgándonos a que saliera mal, nos fuimos a la calle a vender bebidas y chucherías; no obtuvimos gran cosa y, además, el plazo para entregar el dinero se nos pasó.
Por lo que yo, Sole, desde entonces, y aunque cueste les cueste creerlo a determinadas personas, conservo en mi poder todo el dinero recaudado.
Ahora nos hemos puesto de acuerdo en que es la hora de darlo para que cumpla su objetivo: ayudar a un país pobre. Haití, en este caso.
Los nombres de los integrantes son:
Miriam Albañil Amate
Soledad Cebrián García
María Trujillo Rodríguez
Javier Llamas Gómez
Juan Antonio Delgado Guerrero
Clara Velázquez Tejera
David Requena
Carmen Moreno Paz
La cantidad que aportamos es de 90,61€.
Desde aquí, damos las gracias a todos y todas.
Hace unos dos años, un grupo de personas vinieron al IES "Maimónides" para instarnos a participar en un concurso que tenía como finalidad donar dinero para un país desfavorecido, por medio de una actividad en grupo y recolectando dinero en la calle.
Unos alumnos de esta clase y de otras pusimos un dinero inicial y, arriesgándonos a que saliera mal, nos fuimos a la calle a vender bebidas y chucherías; no obtuvimos gran cosa y, además, el plazo para entregar el dinero se nos pasó.
Por lo que yo, Sole, desde entonces, y aunque cueste les cueste creerlo a determinadas personas, conservo en mi poder todo el dinero recaudado.
Ahora nos hemos puesto de acuerdo en que es la hora de darlo para que cumpla su objetivo: ayudar a un país pobre. Haití, en este caso.
Los nombres de los integrantes son:
Miriam Albañil Amate
Soledad Cebrián García
María Trujillo Rodríguez
Javier Llamas Gómez
Juan Antonio Delgado Guerrero
Clara Velázquez Tejera
David Requena
Carmen Moreno Paz
La cantidad que aportamos es de 90,61€.
Desde aquí, damos las gracias a todos y todas.
miércoles, 24 de marzo de 2010
CONCURSO DE LECTURA. 2º DE BACHILLERATO. "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel
Mañana, en el Salón de Actos, se celebrará un concurso sobre Como agua para chocolate, novela de Laura Esquivel (lectura recomendada este año por la ponencia de selectividad de Lengua y Literatura castellanas, en Andalucía).
Intervendrán tres equipos de 2º D y uno de 2º B, que contestarán una serie de preguntas sobre el libro.
Aquí podemos leer el comienzo de la novela:
La cebolla tiene que estar finamente picada. Les sugiero ponerse un pequeño trozo de cebolla en la mollera con el fin de evitar el molesto lagrimeo que se produce cuando uno la está cortando. Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza, como quien dice, se pica, y ya no puede parar. No sé si a ustedes les ha pasado pero a mí la mera verdad sí. Infinidad de veces. Mamá decía que era porque yo soy igual de sensible a la cebolla que Tita, mi tía abuela.
Dicen que Tita era tan sensible que desde que estaba en el vientre de mi bisabuela lloraba y lloraba cuando ésta picaba cebolla; su llanto era tan fuerte que Nacha, la cocinera de la casa, que era medio sorda, lo escuchaba sin esforzarse. Un día los sollozos fueron tan fuertes que provocaron que el parto se adelantara. Y sin que mi bisabuela pudiera decir ni pío, Tita arribó a este mundo prematuramente, sobre la mesa de la cocina, entre los olores de una sopa de fideos que estaba cocinando, los del tomillo, el laurel, el cilantro, el de la leche hervida, el de los ajos y, por supuesto, el de la cebolla. Como se imaginarán, la consabida nalgada no fue necesaria, pues Tita nació llorando de antemano, tal vez porque ella sabía que su oráculo determinaba que en esta vida le estaba negado el matrimonio. Contaba Nacha que Tita fue literalmente empujada a este mundo por un torrente impresionante de lágrimas que se desbordaron sobre la mesa y el piso de la cocina.
En la tarde, ya cuando el susto había pasado y el agua, gracias al efecto de los rayos del sol, se había evaporado, Nacha barrió el residuo de las lágrimas que había quedado sobre la loseta roja que cubría el piso: con esta sal rellenó un costal de cinco kilos que utilizaron para cocinar bastante tiempo. Este inusitado nacimiento determinó el hecho de que Tita sintiera un inmenso amor por la cocina y que la mayor parte de su vida la pasara en ella,
prácticamente desde que nació, pues cuando contaba con dos días de edad, su padre, o sea, mi bisabuelo, murió de un infarto. A Mamá Elena, de la impresión, se le fue la leche. Como en esos tiempos no había leche en polvo ni nada que se le pareciera, y no pudieron conseguir nodriza por ningún lado, se vieron en un verdadero lío para calmar el hambre de la niña. Nacha, que se las sabía de todas todas respecto a la cocina -y muchas otras cosas que ahora no vienen al caso- se ofreció a hacerse cargo de la alimentación de Tita. Ella se consideraba la más capacitada para "formarle el estómago a la inocente criaturita", a pesar de que nunca se casó ni tuvo hijos. Ni siquiera sabía leer ni escribir, pero eso sí sobre cocina tenía tan profundos conocimientos como la que más. Mamá Elena aceptó con agrado la sugerencia, pues bastante tenla ya con la tristeza y la enorme responsabilidad de manejar correctamente el rancho, para así poderle dar a sus hijos la alimentación y educación que se merecían, como para encima tener que preocuparse por nutrir debidamente a la recién nacida.
En 1992, Alfonso Arau dirigió la versión cinematográfica, de la que podemos ver el tráiler:
Intervendrán tres equipos de 2º D y uno de 2º B, que contestarán una serie de preguntas sobre el libro.
Aquí podemos leer el comienzo de la novela:
La cebolla tiene que estar finamente picada. Les sugiero ponerse un pequeño trozo de cebolla en la mollera con el fin de evitar el molesto lagrimeo que se produce cuando uno la está cortando. Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza, como quien dice, se pica, y ya no puede parar. No sé si a ustedes les ha pasado pero a mí la mera verdad sí. Infinidad de veces. Mamá decía que era porque yo soy igual de sensible a la cebolla que Tita, mi tía abuela.
Dicen que Tita era tan sensible que desde que estaba en el vientre de mi bisabuela lloraba y lloraba cuando ésta picaba cebolla; su llanto era tan fuerte que Nacha, la cocinera de la casa, que era medio sorda, lo escuchaba sin esforzarse. Un día los sollozos fueron tan fuertes que provocaron que el parto se adelantara. Y sin que mi bisabuela pudiera decir ni pío, Tita arribó a este mundo prematuramente, sobre la mesa de la cocina, entre los olores de una sopa de fideos que estaba cocinando, los del tomillo, el laurel, el cilantro, el de la leche hervida, el de los ajos y, por supuesto, el de la cebolla. Como se imaginarán, la consabida nalgada no fue necesaria, pues Tita nació llorando de antemano, tal vez porque ella sabía que su oráculo determinaba que en esta vida le estaba negado el matrimonio. Contaba Nacha que Tita fue literalmente empujada a este mundo por un torrente impresionante de lágrimas que se desbordaron sobre la mesa y el piso de la cocina.
En la tarde, ya cuando el susto había pasado y el agua, gracias al efecto de los rayos del sol, se había evaporado, Nacha barrió el residuo de las lágrimas que había quedado sobre la loseta roja que cubría el piso: con esta sal rellenó un costal de cinco kilos que utilizaron para cocinar bastante tiempo. Este inusitado nacimiento determinó el hecho de que Tita sintiera un inmenso amor por la cocina y que la mayor parte de su vida la pasara en ella,
prácticamente desde que nació, pues cuando contaba con dos días de edad, su padre, o sea, mi bisabuelo, murió de un infarto. A Mamá Elena, de la impresión, se le fue la leche. Como en esos tiempos no había leche en polvo ni nada que se le pareciera, y no pudieron conseguir nodriza por ningún lado, se vieron en un verdadero lío para calmar el hambre de la niña. Nacha, que se las sabía de todas todas respecto a la cocina -y muchas otras cosas que ahora no vienen al caso- se ofreció a hacerse cargo de la alimentación de Tita. Ella se consideraba la más capacitada para "formarle el estómago a la inocente criaturita", a pesar de que nunca se casó ni tuvo hijos. Ni siquiera sabía leer ni escribir, pero eso sí sobre cocina tenía tan profundos conocimientos como la que más. Mamá Elena aceptó con agrado la sugerencia, pues bastante tenla ya con la tristeza y la enorme responsabilidad de manejar correctamente el rancho, para así poderle dar a sus hijos la alimentación y educación que se merecían, como para encima tener que preocuparse por nutrir debidamente a la recién nacida.
En 1992, Alfonso Arau dirigió la versión cinematográfica, de la que podemos ver el tráiler:
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