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sábado, 19 de abril de 2014

PRENSA CULTURAL. CIENCIA. "Un incremento súbito de oxígeno explica el origen de los animales". Reportaje

Fósiles de lombrices del periodo cámbrico. / CORBIS (IMAGINECHINA) ("El país")

   En "El País":

Un incremento súbito de oxígeno explica el origen de los animales

La explosión cámbrica que le quitaba el sueño a Darwin se debió a un brusco salto geológico

El fenomenal aporte de energía favoreció la vida multicelular

 Madrid 29 JUL 2013

Uno de los problemas centrales de la biología evolutiva —tanto que ha llegado a denominarse “la paradoja de Darwin”— es la explosión cámbrica, el origen de los animales en los albores de esa era, hace 540 millones de años. Sobre todo si se tiene en cuenta que los 3.000 millones de años anteriores solo conocieron la existencia de bacterias y otros microbios unicelulares. ¿Por qué la evolución tardó tanto en inventar a los animales y luego lo hizo tan deprisa? Evolucionistas de la Universidad de Harvard acaban de encontrar la explicación: el incremento súbito del oxígeno en los océanos terrestres no solo aportó la energía necesaria para la vida multicelular, sino también el disparador de la complejidad en las redes ecológicas de la época.

Durante los 3.000 millones de años antes solo hubo microbios
“Oxígeno y ecología”, dice a EL PAÍS el jefe del equipo de Harvard, el biólogo evolutivo Andrew Knoll. “La ecología y la geología, o la historia física de la Tierra, han engendrado dos hipótesis sobre la explosión cámbrica que se han considerado hasta ahora mutuamente exclusivas; lo que es útil sobre nuestro trabajo es que muestra que la ecología (las redes de predadores y presas) y el oxígeno (las condiciones externas que impone la geología) son dos caras de la misma moneda”.
Suele decirse que el futuro ya está aquí. El pasado también. Knoll, Eric Sperling y sus colegas de la Universidad de Harvard, el Instituto Scripps de Oceanografía, la Universidad de California en San Diego y el Laboratorio de Biología Marina de Waltair, en India, han utilizado los hábitats que actualmente padecen una baja concentración de oxígeno, los fondos más profundos del océano, como un análogo de los litorales precámbricos. Han pintado así un cuadro muy realista de lo que la escasez de oxígeno —como la que tuvo la Tierra hasta el inicio del cámbrico— supone para un ecosistema real, en lugar de tener que imaginárselo. Y la diferencia ha resultado crucial.

Un error 

Los científicos de Harvard han mostrado que la escasez de oxígeno se asocia a un exiguo número y una pobre diversidad de especies carnívoras; basta moverse a parajes con mayores concentraciones de oxígeno para que esas especies florezcan y se diversifiquen como una mala hierba y toda su familia, generando una red trófica (quién se come a quién en un ecosistema) mucho más compleja e interesante.
Como ocurre a menudo con las obras de arte, hay que dar un paso atrás para apreciar la importancia de estos resultados. Desde que Darwin señaló el problema de la explosión cámbrica en El origen de las especies —“la principal objeción que cabe oponer a mi teoría”, reconoció con característica sinceridad—, los evolucionistas han discutido durante un siglo y medio sobre las dos hipótesis enfrentadas que podían explicarla: un disparador externo, geológico, o un estímulo interno o biológico. Y si los de Harvard han hecho bien sus números, el disparador externo (el oxígeno) genera por sí mismo el estímulo interno, que es una diversidad de especies carnívoras suficiente para generar una red trófica interesante y creativa.
La explosión cámbrica fue la gran pesadilla de Darwin durante los 20 años que tardó en desarrollar y cimentar su teoría de la evolución por selección natural. Este mecanismo evolutivo es gradual y parsimonioso, basado en la reproducción diferencial de los organismos con pequeñas ventajas adaptativas en su entorno local, y se compadece mal con los saltos relativamente bruscos que muestran los estratos geológicos. Y el mayor de ellos es la explosión cámbrica, o el origen de los animales hace 540 millones de años.
La biología de Darwin era gradual porque antes lo fue la geología de su mentor científico, Charles Lyell. Ambos naturalistas dedicaron grandes esfuerzos por huir del catastrofismo bíblico de la época, que pretendía explicarlo todo mediante diluvios universales y otras divinas intervenciones.
Hay que decir, sin embargo, que la geología actual no es siempre gradual y parsimoniosa. Del mismo modo que la extinción de los dinosaurios —y de la mitad de las especies que poblaban el planeta hace 68 millones de años— se debió a la colisión de un gigantesco meteorito, el origen de los animales parece ser obra de un igualmente desapacible incremento en los niveles de oxígeno de la Tierra. Bronco pretérito.

Un error estimulante


Un 'Anomalocaris', el primer gran depredador marino. /KATRINA KENNY
El evolucionista neoyorkino Stephen Jay Gould, fallecido en 2002, es una de las figuras más paradójicas de la biología reciente. Nadie parece estar de acuerdo con él, pero todo el que le ha leído —tanto sus artículos técnicos como sus libros de divulgación— confiesa deberle algo. Después de Darwin, fue seguramente el gran culpable de haber señalado a la explosión cámbrica como un problema fundamental de la biología evolutiva. Lo hizo en su libro La vida maravillosa, de 1989 (Wonderful life, en inglés, un homenaje a la célebre película de Frank Capra que en España se tituló Qué bello es vivir).
Un libro que ha movido ya a dos generaciones de biólogos hacia una disciplina seminueva llamada evo-devo (evolución y desarrollo, development en inglés).
Uno de los científicos inspirados por Gould es el primer autor del nuevo trabajo, Erik Sperling, de la Universidad de Harvard; tiene ahora 33 años, y leyó el libro hace 12.
La vida maravillosa no ha tenido un uso directo en nuestro estudio”, dice a EL PAÍS, “pero sigue siendo importante en mi desarrollo científico. Recuerdo perfectamente leerlo entre dos cursos de la carrera, y fue la razón por la que empecé a estudiar la radiación cámbrica”. Los científicos jóvenes parecen haber sustituido la antigua explosión por esta radiación, que significa lo mismo con menos decibelios.
“Parte del libro de Gould se considera ahora incorrecto, pero fue estimulantemente incorrecto”, concluye el científico de Harvard. Allí no regalan las plazas.

miércoles, 10 de octubre de 2012

PRENSA. CIENCIA. "El planeta Tierra se fractura", reportaje

   En "El País":

El planeta Tierra se fractura

La insólita ruptura de una de las grandes placas tectónicas de la superficie del Índico causó el terremoto del pasado abril al suroeste de Sumatra


El 11 de abril de este año se registraron dos grandes terremotos de magnitud 8.7 y 8.2 en el océano Índico, al suroeste de Sumatra. Tembló la tierra desde Australia hasta India y el sureste asiático y murieron dos personas y otras ocho fallecieron por ataques cardíacos. Fueron muy pocas víctimas y daños en comparación con la tremenda catástrofe del terremoto de 2004 en la región, cuando el tsunami desencadenado se cobró miles de vidas. Pero no pasó desapercibido para los científicos: fue un gran acontecimiento en la historia de la Tierra, algo excepcional, porque esos sismos se debieron a un proceso de fractura de una de las grandes placas tectónicas (la Indoaustraliana) que forman la corteza terrestre.
En realidad, el terremoto de 8.7 respondió a cuatro fracturas en el interior de la placa, tres de ellas paralelas entre sí y una cuarta perpendicular a ellas, formando en su conjunto una falla en escalón. El proceso duró dos minutos y 40 segundos y fue seguido dos horas después por otro terremoto de magnitud 8.2. La zona de rotura se situó a unos centenares de kilómetros de la costa occidental de Sumatra y en pleno mar. Se rompió el fondo del océano. Los terremotos dieron lugar a lo que los expertos denominan desgarros de placa.
“El del pasado 11 de abril es probablemente el mayor terremoto de desgarre que se ha registrado con sismógrafos”, dicen los investigadores de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC), autores de uno de los tres artículos sobre este acontecimiento geofísico publicados en el último número de la revista Nature.
“Nunca hemos visto un terremoto así, ya que forma parte del complejo proceso de fractura de una placa” dice Keith Koper, científico de la Universidad de Utah (EE UU) y coautor de unos de los artículos mencionados. “Ahora [abril de 2012] lo que vemos es la separación de la placa Indoaustraliana en dos placas”, añade Thorne Lay (UCSC). Pero es una red de fracturas compleja no una rotura limpia, concluyen los investigadores.

Es probablemente el mayor seísmo de desgarro registrado con sismógrafos
La litosfera terrestre, es decir, los 100 primeros kilómetros que incluyen la corteza y la parte superior del manto, está dividida en una docena de grandes placas rígidas de distintos tamaños y formas que descansan sobre el manto terrestre semifluido. Las placas chocan entre sí, se separan, se montan una sobre otra, se deforman y originan cordilleras, se deslizan en sus bordes... y las zonas del planeta donde acontecen estos procesos dinámicos en las fronteras entre placas son especialmente susceptibles de sufrir terremotos y vulcanismo. Cuando una de estas grandes piezas de la litosfera está presionando sobre otra, se van acumulando tensiones que se liberan provocando grandes seísmos.
“Desde el punto de vista tectónico, los dos terremotos de abril manifiestan un proceso de rotura en el interior de la placa Indoaustraliana y la creación de un nuevo borde de placa en el que las partes correspondientes a India y Australia se separan entre sí”, explica Miguel Herraiz, catedrático de Física de la Tierra y director del departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica I, de la Universidad Complutense de Madrid. “Algo así sucede constantemente en el planeta con una escala temporal de centenares de miles de años, pero esta vez se ha podido observar el inicio de la formación de un nuevo límite entre placas en directo y con instrumentación adecuada para estudiarlo”, comenta este especialista.
Ese proceso tectónico, indican Matthias Desescluse (CNRS francés) y sus colegas en su artículo de Nature, forma parte de la continua deformación entre placas que está registrándose en la zona. Así, el terremoto del pasado abril seguramente se disparó, al menos en parte, por los cambios generados en la tensión de las placas en la zona debido al catastrófico sismo de magnitud 9.1 del 26 de diciembre de 2004, que desencadenó el pavoroso tsunami que mató a casi 230.000 personas en la región del Índico.

Los movimientos activaron una falla en California, según los investigadores
Los sismos del pasado abril fueron de magnitudes inferiores al de hace ocho años, pero también muy importantes. ¿Por qué no desencadenaron ninguna ola gigante? Sí que causaron tsunamis estos terremotos, puntualizan los científicos, pero pequeños (el mayor registrado fue de unos 30 centímetros de altura). Esto se debe, explican los expertos, a que la fractura de la placa bajo el fondo marino en abril de este año fue de desgarre y, por tanto, con desplazamiento predominantemente horizontal, mientras que, en 2004, se produjo un pronunciado escalonamiento de placas y, al hundirse el fondo marino, se originaron las olas gigantescas de largo alcance.
Sin embargo, esos terremotos tuvieron otro tipo de efecto lejano, e insólito para los expertos: parece ser que activó sísmicamente otra falla, un borde de contacto entre placas, a miles de kilómetros de distancia, en California, explican Fred Pollitz (del Servicio Geológico de EE UU) y sus colegas.
Cuando se produce un terremoto se queda todo el planeta vibrando durante un tiempo, “y estudiando esas vibraciones podemos conocer la estructura interna de la Tierra”, apunta Herraiz. Pero en los días posteriores al terremoto de abril de este año en el Índico, fue especialmente notable la cantidad de sismos importantes (hasta magnitud 7) alejados del epicentro (a más de 1.500 kilómetros) y los científicos sospechan que, al menos en el caso de California, se debió a la activación de una falla allí por efecto de la fractura de placa registrada al otro lado del mundo.
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EL PAÍS


domingo, 11 de octubre de 2009

PRENSA. 11 octubre 2009 (3)


En "El País Semanal":

1. Europa tenía tetas. Artículo de Maruja Torres.

2. La mujer que enseñó Arte a Guggenheim. Reportaje de Julia Luzán. Hilla von Rebay, baronesa y pintora abstracta, fue quien mostró a Solomon R. Guggenheim el camino para lograr una de las mejores colecciones de arte del siglo XX. Ninguneada por la familia, su nombre resurge en el 50º aniversario del museo.

3. Ser negro en España. Reportaje de Guillermo Abril. ¿Quién es el camarero? ¿Quién el médico? ¿El inmigrante ilegal? ¿Y el policía? Todos están aquí, entre nosotros. Les hemos quitado el ‘uniforme’ para mostrarlos tal cual, sin prejuicios añadidos. Son sólo un puñado de los 700.000 descendientes de africanos que viven en España. Llevan la diferencia en la piel. Los vemos cada día pero ¿les conocemos? Ésta es su historia, contada por ellos mismos. La de su vida bajo lupa. La de su lucha contra el recelo blanco. Y la de su orgullo de ser quienes son.

4. La herida chechena. Por Jonathan Littell. Desapariciones. Asesinatos. Corrupción. La alargada sombra de Rusia. El autor de ‘Las benévolas’, que trabajó en Chechenia durante las dos guerras de 1996 y 1999, vuelve a un país con dificultades para superar un pasado doloroso. Este texto es el germen de un libro que se publicará a principios de 2010. Traducción de Virginia Solans.

5. Viaje a la infancia de la Tierra. Reportaje de Juan Manuel García-Ruiz. En un remoto desierto de Australia, bautizado con sorna como Polo Norte y que no baja de los 40 grados la mitad del año, se hallan los que quizá sean los vestigios de ‘vida’ más antiguos del planeta. Son unas rocas llamadas estromatolitos y tienen alrededor de 3.500 millones de años. Algunos expertos creen que pudieron ser creadas por seres vivos. Un profesor español del CSIC participa en una expedición para averiguarlo. Y lo cuenta.

6. Palabras de amor. Artículo-relato de Almudena Grandes.

7. Y los robos presentes. Segunda parte del artículo de Javier Marías sobre las descargas ilegales.