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lunes, 14 de diciembre de 2015

CIENCIA. "Grandes imágenes de la ciencia"


Grandes imágenes de la cienciaMore Sharing Services



1. Dibujo de una pulga vista al microscopio, Robert Hooke (1665)

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Créditos Robert Hooke
Con su libro Micrographia, publicado en 1665, el científico y arquitecto inglés Robert Hooke descubrió al mundo la naturaleza invisible a los ojos. El microscopio era un invento reciente, y la obra del británico fue la primera que mostraba gráficamente las posibilidades de este nuevo aparato. Copiando lo que observaba a través de su microscopio, forrado de cuero y oro, Hooke logró dibujos de gran fidelidad y calidad que fueron reproducidos en láminas desplegables mediante grabado en cobre. En su obra, todo un best seller de la época, el autor acuñó el término cell (célula), al notar que la estructura microscópica de las plantas se asemejaba a las celdillas de un panal.

2. Plutón, New Horizons (2015)

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Créditos: NASA / Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory / Southwest Research Institute
Durante 85 años, desde que el astrónomo Clyde Tombaugh lo observó por primera vez en 1930, Plutón no tuvo una cara reconocible para el ser humano. El que solía ser el último de los planetas del Sistema Solar, reclasificado en 2006 como planeta enano, ha sido el objetivo principal de la misión de la NASA New Horizons, lanzada el 19 de enero de 2006. El 14 de julio de 2015 la sonda sobrevolaba Plutón, ofreciendo una visión detallada de su geografía y la de su principal satélite, Caronte. Esta imagen en alta resolución y color verdadero, tomada desde 450.000 kilómetros de distancia, se logró combinando cuatro tomas de la cámara LORRI con datos de color del instrumento Ralph. New Horizons ha permitido descubrir un planeta enano pero ligeramente mayor de lo esperado, con una superficie rica en contrastes compuesta en su mayor parte por nitrógeno congelado.

3. Daguerrotipo de la Luna, John Adams Whipple (1852)

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Créditos: John Adams Whipple
La primera fotografía de la Luna la tomó el francés Louis Daguerre el 2 de enero de 1839; por desgracia, su laboratorio se quemó dos meses más tarde y la placa se perdió. Aquel año Daguerre presentaba la primera técnica fotográfica de la historia, el daguerrotipo, que empleaba láminas de cobre bañadas en plata. Sin embargo, el tiempo de exposición requerido era tan largo que la imagen lunar de Daguerre era solo una mancha difusa. Un año más tarde, en marzo de 1840, el inglés John William Draper tomó desde Nueva York la primera astrofotografía detallada de la Luna. Las mejores imágenes lunares de la época las obtuvo un daguerrotipista de Boston, John Adams Whipple, con el recién estrenado telescopio del Observatorio de Harvard, entonces el mayor del mundo. Las imágenes de Whipple le valieron una medalla en la Gran Exposición del Palacio de Cristal de Londres en 1851.

4. Conjunto de Mandelbrot, Benoit Mandelbrot

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Créditos: Wolfgang Beyer
En 1975 el matemático de origen polaco Benoit Mandelbrot acuñó el término “fractal”, poniendo nombre a años de observaciones de la naturaleza y pensamiento matemático. El concepto describe configuraciones que escapan a la geometría clásica pero que guardan una regularidad, basada en formas que se repiten a distintas escalas. El trabajo de Mandelbrot demostraba que estructuras naturales que se creían caóticas o irregulares, como los árboles, los rayos o las hojas de los helechos, eran en realidad fractales. La computación permitió el desarrollo de esta geometría y sus algoritmos: trabajando para IBM, Mandelbrot definió el conjunto que lleva su nombre. Las primeras representaciones gráficas datan de 1978, pero las imágenes a alta resolución como la mostrada solo han sido posibles con los ordenadores actuales.

5. Células de Purkinje de cerebelo de paloma, Santiago Ramón y Cajal (1899)

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Créditos: Instituto Cajal
Minucioso y sistemático, Santiago Ramón y Cajal unía a su férreo espíritu de trabajo una gran pericia como dibujante. Pero aunque hoy se le recuerda sobre todo por sus fieles retratos del microscópico paisaje neuronal, el principal talento del aragonés consistió en ver lo que nadie más vio donde otros también miraban. Utilizando el método de tinción desarrollado por el italiano Camillo Golgi, observó y dibujó estructuras que al principio fueron desdeñadas por sus coetáneos, como las espinas dendríticas de las células de Purkinje mostradas en esta lámina. Sus descripciones probaron que el tejido nervioso está compuesto por unidades individuales discretas, las neuronas, y no por una red continua como defendía Golgi. Ambos compartieron el premio Nobel en 1906.

6. “Los pilares de la creación” (“Pillars of creation”), Nebulosa del Águila, Telescopio Espacial Hubble (1995)

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Créditos: NASA, Jeff Hester, and Paul Scowen (Arizona State University)
«Como columnas de basalto que resisten a la erosión del desierto, los pilares de polvo y gas hidrógeno, denso y frío, han aguantado la fotoevaporación provocada por la intensa luz ultravioleta de las estrellas cercanas». Así explicaba la NASA en 1995 la que tal vez es la más conocida de las imágenes tomadas por el telescopio espacial Hubble. Jeff Hester y Paul Scowen, de la Universidad Estatal de Arizona, cosieron esta composición de 32 imágenes de la Nebulosa del Águila, capturadas por cuatro cámaras diferentes. Tan impresionante como su impacto visual es la idea de sus colosales dimensiones: los pilares, incubadores de estrellas, tienen una longitud de varios años luz; los minúsculos dedos que surgen de ellos son mayores que nuestro Sistema Solar. En enero de 2015, la NASA publicó una nueva versión a mayor resolución.

7. Primera radiografía, Wilhelm Röntgen (1895)

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Créditos: Wilhelm Röntgen
El 22 de diciembre de 1895, el físico alemán Wilhelm Röntgen recogió en una placa fotográfica la imagen de la mano de su mujer Anna Bertha por rayos X, la primera radiografía. La reacción de ella al ver sus propios huesos no pudo ser más elocuente: “¡He visto mi muerte!”. El hallazgo de Röntgen inauguró la era de la radiación, y fue un descubrimiento puramente casual. Por entonces los físicos investigaban los rayos catódicos, un misterioso flujo producido por una corriente eléctrica al atravesar un tubo de vacío situado entre dos electrodos. Röntgen observó que, incluso con el tubo envuelto en cartulina negra, aparecía fluorescencia en una pantalla alejada de la fuente, y no podía deberse a los rayos catódicos. A esta radiación penetrante, que solo el plomo y los huesos podían detener, la llamó rayos X. En 1901, Röntgen recibió el primer Nobel de Física de la historia.

8. “La canica azul” (“The blue marble”), Apolo 17 (1972)

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Créditos; NASA/Harrison Schmitt or Ron Evans (Apollo 17 crew)
El retrato de la Tierra más famoso durante décadas fue tomado con una cámara Hasselblad de 70 milímetros por la tripulación del Apolo 17 el 7 de diciembre de 1972, en ruta hacia la Luna a unos 45.000 kilómetros de la Tierra. Al menos desde 1960 los satélites no tripulados ya habían fotografiado la superficie terrestre, pero la calidad y el encuadre deThe Blue Marble convirtieron esta imagen en un símbolo de un planeta hermoso y frágil. En años posteriores la NASA ha reeditado la idea con nuevas versiones más detalladas, construidas uniendo fotogramas parciales, en 20022005 y 2012. El 20 de julio de 2015,la NASA difundió una nueva “canica azul” obtenida por la misión Deep Space Climate Observatory (DSCOVR) en un solo encuadre, superponiendo tres fotogramas correspondientes a los colores rojo, verde y azul.

9. Fotografía 51 del ADN, Rosalind Franklin y Raymond Gosling (1952)

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Créditos: Raymond Gosling/King’s College London
El patrón en “X” de la llamada Fotografía 51, obtenida al hacer chocar un haz de rayos X con hebras de ADN, reveló que esta molécula tenía una estructura helicoidal. La imagen fue tomada en mayo de 1952 por la investigadora del King’s College London (Reino Unido) Rosalind Franklin y su estudiante de doctorado, Raymond Gosling. Sin el permiso de Franklin, la foto fue mostrada por Maurice Wilkins, codirector de Gosling, al químico de la Universidad de Cambridge James Watson, que investigaba la estructura del ADN junto a Francis Crick. Watson y Crick publicaron su estudio legendario y cosecharon la mayor parte de la fama, aunque Wilkins compartiría con ellos el premio Nobel en 1962. Franklin no vivió para recibir el reconocimiento a su trabajo: en 1958 sucumbía a un cáncer de ovario después de dos años batallando contra la enfermedad.

10. Buzz Aldrin en la Luna, Neil Armstrong (1969)

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Créditos: NASA
Del testimonio gráfico de la primera misión lunar, tal vez la imagen más famosa es la que muestra a los dos tripulantes del Apolo 11 que descendieron a la superficie en el módulo Eagle. El encargado de manejar la cámara Hasselblad de 70 milímetros, Neil Armstrong, quedó retratado en el reflejo del visor de su compañero Buzz Aldrin en esta fotografía tomada en el Mar de la Tranquilidad el 21 de julio de 1969. Para su distribución a los medios, el fotograma original se retocó para girar el encuadre y añadir cielo en la parte superior. La llegada del hombre a la Luna dejó otras imágenes históricas, como la primera fotografía tomada por Armstrong cuando se abrió la compuerta del Eagle, o el “gran salto para la humanidad” capturado por la cámara de televisión, o la famosa huella de la bota de Aldrin sobre el polvo lunar.

Javier Yanes para Ventana al Conocimiento

jueves, 7 de mayo de 2015

PRENSA. "Francisco Boix, los ojos de Mauthausen"

   En "El País":

Francisco Boix, los ojos de Mauthausen

Las imágenes robadas por un grupo de presos españoles acreditó en Nuremberg las atrocidades nazis en el campo de concentración


Construcción de un muro en Mauthausen a comienzos de 1941. En primer término, dos deportados españoles / MUSEU D’HISTÒRIA DE CATALUNYA

En el infierno se pasaba algo más que frío en invierno. El 5 de mayo de 1945 acabó lo que parecía eterno. Aquella fortaleza de granito donde se había azuzado el infierno cada minuto, cada hora, cada día, durante cerca de siete años, abrió sus puertas. Dentro había vivos y muertos sin que entre unos y otros hubiese notables diferencias de aspecto. En Mauthausen, y la densa red de subcampos que gestionó, murieron la mitad de las casi 200.000 personas que los nazis encerraron desde el 8 de agosto de 1938, cinco meses después de que Hitler anexionase Austria –su patria original- al Tercer Reich.
Hace 70 años, los soldados americanos que cruzaron el portón se encontraron cadáveres amontonados y esqueletos andantes. También presos con energía suficiente para derribar el águila nazi que presidía la entrada y colgar una pancarta de bienvenida políglota con el lema Españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras. Uno de aquellos presos, con boina, sonrisa y un brazalete en inglés que le identificaba como reportero de guerra, disparaba una Leica ora al júbilo ora al espanto. Era Francisco Boix (Barcelona, 1920-París, 1951), fotógrafo, comunista y, a la postre, los ojos de la historia.


Francisco Boix, poco después de la liberación de Mauthausen, con cámara al cuello y brazalete de reportero. / : MUSEU D’HISTÒRIA DE CATALUNYA
Gracias a él hay imágenes de las primeras horas en Mauthausen tras la huida de los nazis, incluida la secuencia del agónico interrogatorio al komandant del campo, Franz Ziereis, herido tras ser capturado el 23 de mayo de 1945. Pero la gran contribución de Boix fue un robo. En colaboración con otros prisioneros españoles y la austriaca Anna Pointner, salvaron de la destrucción negativos que acreditarían al mundo que el infierno existía y era peor que la muerte, a decir del superviviente Lope Massaguer en sus memorias: “Olíamos a muerte, pensábamos constantemente en la muerte y convivíamos con la muerte. La temíamos mucho menos que al dolor o a las humillaciones, era nuestra compañera, nuestra amiga, y a veces, nuestra única posibilidad de escapar”.
En El fotógrafo del horror (RBA), el historiador Benito Bermejo reconstruye la historia de Boix y su hazaña. Ya lo hizo en 2002 cuando salió la primera versión de la obra. En esta segunda reedición se ha incorporado material nuevo como las fotos que tomó durante la Guerra Civil española, que han aflorado en los últimos años, además de un prólogo donde Javier Cercas reparte su admiración entre Boix (“la viva estampa del héroe”) y Bermejo (“un historiador ejemplar”). “No creo que a lo largo de mi vida vaya a tener muchas ocasiones de prologar un libro escrito por un personaje de una de mis novelas”, ironiza el escritor, que convirtió a Bermejo en uno de los protagonistas de El impostor.
Francisco Boix fue uno de los testigos españoles que pudo contar lo que vio durante su cautiverio en Mauthausen, donde alguien contabilizó hasta 35 maneras distintas de morir. De los 7.000 deportados republicanos –prisioneros de guerra capturados en el frente francés, que no recibieron el trato de tales-, fueron asesinados el 65%. La mayoría en el campo de Gusen, a cinco kilómetros de Mauthausen, entre 1941 y 1942. A partir de ese año, la mortalidad decreció en parte, según Bermejo, porque la lógica de explotación laboral se impuso a la del exterminio.


El cadáver de un prisionero de guerra ruso sobre el recinto electrificado de Mauthausen.
Aprovechando su trabajo en el laboratorio fotográfico, Boix burló la orden de Berlín, emitida tras la derrota de Stalingrado, de eliminar todo el material gráfico que recogía la vida –y la muerte- en la red de campos de concentración austriacos. Ante el tribunal de Nuremberg, afirmó que había ocultado 20.000 negativos (un tercio de los disparados), con el apoyo de otros presos españoles, aunque solo un millar ha salido a la luz. La operación clandestina se culminó con éxito en el otoño de 1944, cuando los deportados del Kommando Poschacher aprovecharon sus salidas al exterior –trabajaban para una empresa austriaca, que hoy es la propietaria de algunas siniestras instalaciones del campo de Gusen- sacaron las fotos del campo y se las facilitaron a Anna Pointner, vecina de Mauthausen, que las escondió en un muro. Junto a la casa, un pequeño memorial rinde tributo a la valentía de la mujer, que se desmarcó de las conductas de otros vecinos, que participaron en la cacería de presos fugados del campo.
Tras la liberación aliada, Boix aireó las imágenes en publicaciones como Regards “por la magnífica actitud de esta revista durante la guerra de España” y en libros sobre el campo, como el publicado por Paul Tillard. En 1946 se proyectaron en el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg y en la sección de crímenes de guerra del Ejército de EE UU en Dachau. Ante los tribunales Boix detalló una sucesión de espantos, como la historia de Bonarewitz, un carpintero austriaco evadido al que los nazis obligaron a participar en una farsa que recreaba su fuga en una caja. El espectáculo se desarrolló ante 10.000 presos, un cartel sarcástico (“Todos los pájaros están de vuelta”) y una orquesta gitana, obligada a tocar una polka mientras Bonarewitz avanza hacia su horca.
El fotógrafo español salvó las fotos pero no se libró de las secuelas de su cautiverio. En 1951 falleció en París. En esos seis años de libertad viajó de un sitio a otro como reportero de L’HumanitéRegards o Ce Soir. Siguió militando en el Partido Comunista. Retrató a Pasionaria y a Picasso. Cubrió el Tour de Francia. Y escribió sus memorias. De ellas solo se conserva su título: Spaniaker, el mote desdeñoso que aludía a los presos españoles de Mauthausen.

martes, 7 de abril de 2015

PRENSA. "Todo muy edificante". Juan José Millás

   En "El País Semanal":

Todo muy edificante

Una taza de retrete que en un país de África parece una mierda, en una tienda de la calle Almirante de Madrid puede ser una joya


CLAUDIO ÁLVAREZ


El traje del señor ministro es de los de “raya diplomática”. Se llaman así desde que uno tiene uso de razón y hubo un momento histórico en el que a lo más que podías aspirar en la vida era a llevarlo. Morenés es la prueba de que no significa nada: debajo de la elegancia moral de la raya puede ocultarse un vendedor de minas antipersona; esas que arrancan una pierna, un brazo, un ojo o un aparato genital y que tanto han contribuido, en el Tercer Mundo y otros, al crecimiento de las prótesis de madera, también llamadas arte étnico. Los caminos del arte étnico, como los del Señor, son insondables. Una taza de retrete que en un país de África parece una mierda, en una tienda de la calle Almirante de Madrid puede ser una joya.
El señor de la raya diplomática, lentes incorpóreas, perfil evanescente y corazón de piedra, no se dispone a dar paso a los violines con su índice de director de orquesta, sino a echarle la bronca a una diputada que osó sacar a colación en el Congreso el asunto de una comandante del Ejército acosada y reacosada por un valiente coronel al que dieron cobertura, de forma sucesiva, un grupo de aguerridos oficiales de las Fuerzas Armadas respaldados a su vez por el sujeto de la foto. Poco después de llevar a cabo este gesto admonitorio, el ministro haría callar a la diputada Irene Lozano (lo intentaría al menos) colocando ese mismo índice sobre los labios, ligeramente adelantados en forma de bocina. Resultó todo tan edificante y tan sutil que aquí está de nuevo, como una mina antipersona de las que estallan al pasar la página del periódico.

miércoles, 18 de marzo de 2015

PRENSA. LA IMAGEN. "¿Adónde fue la gente?". Juan José Millás

   En "El País Semanal":

¿Adónde fue la gente?

Así es como queda una ciudad después de un bombardeo: como un osario removido por un terremoto


BULENT KILIC (AFP)

Miren, así es como queda una ciudad después de un bombardeo: como un osario removido por un terremoto. Cuesta pensar que detrás de los muros que se mantienen todavía en pie hubo un día sofás, mesas de comedor, utensilios de cocina, televisores, sillas, radios, quizá libros y cuadernos escolares con sumas, restas, octaedros y triángulos isósceles o de cualquier otra naturaleza. Se pregunta uno si en lo que queda de los pasillos y las habitaciones se distinguen aún los olores de la existencia familiar, si permanecen en el aire los efluvios de la sopa de verduras, del pollo asado, de los jabones o detergentes que se utilizaban cuando en aquellos huecos se agitaba la vida.
También si ha sobrevivido a los ataques algo de la vieja sintaxis, si se puede todavía caminar por el interior de esos agujeros reconociendo los dormitorios o el cuarto baño, si entre los cascotes palpitan fotografías de los álbumes familiares, instantáneas de las bodas, de las celebraciones, de los rostros de los recién nacidos… El miliciano kurdo del primer plano de la imagen, que observa desde una azotea el panorama, ¿se preguntará si habrá hallado refugio en algún sitio la población civil que en otro tiempo llevaba allá abajo una vida normal, si hay vidas normales? ¿Abandonaron la ciudad siria de Kobane, que así se llamaba, con sus colchones y sus sartenes a cuestas? ¿Qué fue de sus ancianos, de sus bebés, de sus embarazadas, de sus jóvenes? Al miliciano le devuelven la mirada cientos o miles de boquetes oscuros que recuerdan las cuencas de los ojos vaciadas cruelmente a cuchara.

lunes, 16 de febrero de 2015

PRENSA. "25 años del 'punto azul pálido'"

   En "elmundo.es":

ASTRONOMÍA

ESPECIAL CRÓNICAS DEL COSMOS

25 años del 'punto azul pálido'


La Tierra: un 'punto azul pálido'.
La Tierra: un 'punto azul pálido'. NASA / Voyager 1
  • El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda Voyager 1 tomó una foto de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia

  • La imagen inspiró a Sagan su libro 'Un punto azul pálido'



El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda espacial Voyager 1 tomó una fotografía de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia. Esa imagen, en la que nuestro planeta aparece como un pequeño punto de luz inspiró a Sagan su libro 'Un punto azul pálido' y se convirtió rápidamente en una de las imágenes más emblemáticas e influyentes de la historia de la ciencia.
La sonda Vogayer 1 fue lanzada por la NASA en 1977 con el fin de explorar los planetas gigantes y las regiones más externas del sistema solar. En 1979 nos ofreció unas magníficas imágenes de Júpiter y sus lunas, y en 1980 del sistema de Saturno. Nunca antes se habían podido observar estos astros con tanto detalle. Aún hoy, después de más de 37 años, la nave sigue recibiendo comandos y enviando datos, aunque no imágenes. Se encuentra ahora saliendo del sistema solar, a unos 19.540 millones de kilómetros de distancia (esto es, unas 130 veces más lejos de la Tierra que el Sol), viajando a una velocidad de 61.000 kilómetros por hora, y se espera que la nave siga funcionando hasta el año 2025 aproximadamente, cuando sus generadores termoeléctricos no sean ya capaces de suministrar energía para ninguno de sus instrumentos.Hacia los confines del sistema solar

La sonda Voyager 1. 
Cuando la Voyager 1 había terminado su principal misión, en 1980, y ya se alejaba de Saturno, el gran astrónomo Carl Sagan hizo una sugerencia a NASA para que la nave dirigiese su cámara hacia la Tierra y tomase una última imagen de nuestro planeta. Sagan admitía en su propuesta que esa imagen no obtendría suficiente detalle para realizar un estudio científico de la Tierra, pero argumentaba que la imagen podría ser ilustrativa del lugar que ocupa el hombre en el universo.
Hubo división de opiniones en la NASA. Mientras muchos miembros del proyecto Voyager 1 eran favorables a la idea de Sagan, otros argumentaban que dirigir las cámaras hacia la Tierra, vista desde la nave en una dirección próxima a la del Sol, podría poner en peligro los detectores. La idea de Sagan tardó 10 años en llevarse a la práctica. En 1989, el proyecto Voyager 1 estaba acabándose y su personal se dispersaba. Sagan renovó su petición elevándola a las instancias más altas de NASA; si esa foto única no se tomaba entonces, se perdería la ocasión para siempre. Finalmente realizó la petición en persona al mismísimo Administrador de NASA, el piloto y astronauta Richard Trury, quien lideró esta Agencia entre 1989 y 1992.

Retrato de familia

Fue Trury quien intercedió para que se tomasen fotografías de los 6 planetas que eran visibles desde la Voyager 1 (Venus, la Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), constituyendo así un 'retrato de familia' del sistema solar, un mosaico formado de 60 imágenes individuales. Como parte de este retrato, el 14 de febrero de 1990 las cámaras de Voyager 1 se orientaron hacia la Tierra. En ese momento, la Voyager 1 se encontraba a unos 6.050 millones de kilómetros de la Tierra (unas 40 veces más lejos que la Tierra del Sol).

Retrato de familia. 
De las dos cámaras que equipaban la Voyager 1, se utilizó la de mayor resolución y pequeño campo de visión (la denominada 'NA' por 'Narrow-Angle camera') con varios filtros diferentes para obtener las imágenes más detalladas posibles de nuestro planeta. Y aún así, la Tierra solo resulta visible en tres de las imágenes (con filtros verde, azul y violeta) que fueron tomadas con tiempos de exposición de unas 5 a 7 décimas de segundo y que fueron combinadas para formar la imagen que es hoy mundialmente conocida como el 'punto azul pálido'.
En la famosa imagen, la Tierra se ve a través de unas bandas luminosas que son efectos artificiales ocasionados por reflejos y por la difusión de la luz solar en diferentes partes de la cámara.

La Tierra y la Luna desde Marte. 
En 1994, Carl Sagan publicó su famoso libro 'Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio', y a partir del libro, se hizo a continuación un vídeo que dio la vuelta al mundo entero. Tanto en el libro como en el vídeo, con su estilo habitual, emocionado y entusiasta, Sagan reflexiona sobre el lugar del hombre en el universo, relativizando los problemas al ponerlos en un contexto cósmico. Ciertamente, la Tierra vista desde la lejanía, considerada como un objeto astronómico más, comunica eficazmente una idea de fragilidad.
Aunque con una masa superior a la suma de las de Mercurio, Venus y Marte, la Tierra es mucho más pequeña y ligera que los otros cuatro grandes planetas del sistema solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Pero comparada con todos los otros planetas del sistema, la Tierra posee características muy diferenciadoras. En contraste con las áridas superficies de los otros planetas rocosos, el 71 % de la superficie de nuestro planeta está cubierto por agua. Los efectos de dispersión y polarización de la luz solar en la atmósfera de la Tierra y en los océanos, son los que crean el pálido color azulado en la imagen.

La Tierra en los anillos de Saturno. 
Pero naturalmente, lo que nos atrae del punto azul pálido es la toma de conciencia de que todos estamos ahí, de que ése es nuestro único hogar. La vida exuberante que se manifiesta por doquier en nuestro planeta nos aparece desde esa perspectiva como una característica extremadamente delicada. Es por ello que ésta, junto con otras imágenes de nuestro planeta tomadas desde el espacio, ha contribuido enormemente a construir una conciencia ecológica en el hombre.
Este punto azul pálido vuelve a recordarnos hoy que el hombre se enfrenta a unos retos sin precedentes. Por un lado el crecimiento de la población y el desarrollo imponen unas necesidades de recursos naturales que no cesan de crecer, y crecer de manera meteórica. Pero, por otro lado, según los científicos vienen repitiendo hasta la saciedad, la explotación masiva de los recursos naturales, tal y como se realiza hoy en día, claramente no es sostenible.
Las pautas de comportamiento que el hombre ha mantenido durante el último siglo no permitirán que el planeta y su actividad biológica perduren a largo plazo tal y como los conocemos hoy. Para mantener la calidad de vida de una población que crezca felizmente será indispensable modificar profundamente nuestras pautas de comportamiento. Mayor austeridad y mayor respeto hacia todos y cada uno de los componentes de la biosfera son los criterios esenciales para que nuestro punto azul pálido tenga posibilidades de perdurar exuberantemente habitado.

La Tierra desde el espacio


Desde la Luna. 
La primera imagen emblemática del planeta Tierra fue la obtenida por la tripulación del Apolo 8 en 1968. Tras tres días de viaje, esta nave espacial tripulada por tres astronautas dio 10 vueltas a la Luna en unas 20 horas. El día de Nochebuena se realizó una emisión televisiva en la que se transmitió la primera imagen de la Tierra levantándose tras el horizonte de la superficie desolada de la Luna. Era la primera vez que se fotografiaba nuestro planeta desde otro cuerpo celeste.
En 1972, la NASA publicó otra imagen muy simbólica de la Tierra conocida como 'la canica azul'. En esta imagen, tomada a una distancia de 45.000 kilómetros por los astronautas del Apolo 17, nuestro planeta aparece en todo su esplendor, completamente iluminado. En el año 2012, se hizo pública otra versión de 'la canica azul' que fue construida a partir de imágenes de alta resolución y con poca cobertura de nubes.

La 'canica azul'. 
Durante el año 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield desde la Estación Espacial Internacional estuvo tomando numerosas imágenes de la Tierra que distribuía en tiempo real por las redes sociales. Esas imágenes de ciudades y de lugares particularmente interesantes atrajeron la atención de millones de ciudadanos repartidos por todo el planeta.
De entre las imágenes espaciales de la Tierra más recientes e impactantes cabe destacar la que tomó la sonda Cassini a través de los anillos de Saturno el 19 de julio de 2013, o la tomada por el robot Curiosity desde Marte el 31 de enero de 2014; en ambas se distinguen tanto la Tierra como la Luna. Pero ninguna de estas ha tenido el impacto que tuvo, y que sigue teniendo 25 años después, la imagen del 'punto azul pálido'.

Los discos de oro de las Voyager

Las sondas Voyager 1 y 2 transportan discos de oro con saludos en 59 lenguas, sonidos, música e imágenes de diferentes culturas de la Tierra. Estos discos están pensados para durar millones de años, por si en algún momento fuesen encontrados por alguna civilización extraterrestre.

Discos de oro con saludos y sonidos de la Tierra. 
Naturalmente, la probabilidad de que otra civilización encuentre estos discos es extremadamente baja. En el caso en el que la trayectoria de uno de los Voyager pasase por una estrella cercana, el tiempo que tardaría en alcanzarla es de, al menos, 40.000 años. Por todo ello, estos discos no pueden considerarse como un intento realista de comunicarse con otras civilizaciones. Sin embargo, Carl Sagan opinaba que 'el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta'.
El contenido de los discos fue definido por Carl Sagan junto con la directora creativa del proyecto, Ann Druyan. Durante estas tareas, Sagan y Druyan entablaron una relación que culminaría en matrimonio en 1981 y que duraría hasta la muerte de Sagan en 1996.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y académico de la Real Academia de Doctores de España.Twitter: @RafaelBachiller

Carl Sagan:

'Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada 'superestrella', cada 'líder supremo', cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí -en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.'
'Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.'