Mostrando entradas con la etiqueta Margarit Joan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Margarit Joan. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de junio de 2015

PRENSA CULTURAL. Entrevista al poeta Joan Margarit

En "El País":

“Debemos armar a nuestros hijos con las herramientas de la cultura”

La editorial Austral acaba de reunir todos los poemas del escritor catalán Joan Margarit


Joan Margarit en la Residencia de Estudiantes. / CARLOS ROSILLO

Lleva en el bolsillo de la camisa dos plumas Montblanc exactas: “Son gemelas; una escribe fino y otra gordo. Con la primera empiezo a tomar notas de versos y con la otra los remato”. Detrás se vislumbra una libreta, en la que deja husmear sus garabatos. Decenas de líneas tachadas, corregidas, con el jeroglífico de las palabras superpuestas y el caos de la inspiración, guía y tormento del poeta bilingüe —en catalán y en castellano— que es Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938). “Soy guarro; por eso lo del ordenador me viene de coña, porque al verlo limpio en pantalla, te crees que no lo has escrito tú”, señala.
La editorial Austral acaba de reunir todos sus poemas. Bueno, casi todos, a falta de los que Visor ha publicado en su último libro, Amar es dónde. Su identidad de doble idioma ha desembocado fértil en todo un método creativo. “Empiezo en catalán, pero en vez de acabar y traducirlo después íntegro, entrecruzo versos en castellano. El bilingüismo tiene una ventaja: cuando detectas una línea que no te convence, si lo traduces y tampoco funciona en el otro idioma, es que no sirve”, afirma.
Lo que pudo haber sido traumático, ha terminado por convertirse en una ventaja. “Ya que Franco nos jodió, no voy a renunciar ahora a las ventajas de dominar dos lenguas. Soy uno de esos niños que iban caminando por la calle contándose cosas en catalán y escuchaban detrás una sombra negra que les decía: ‘¡Hablad cristiano!”. Aquel chaval pronto sintió la llamada de una poesía que le obligaba a expresarse en el idioma entonces unívoco y letal con su hermana catalana.
La tensión lingüística durante el franquismo fue digna de Caín y Abel. Margarit la sufrió a fondo. Comenzó su andadura en castellano y ahora dice que aquello fue un error. “Desde los 16 años empecé a escribir, pero pasaron 10 hasta que publiqué algo que mereció la pena. Lo que me asombra es haber seguido, creer que podía, no desistir”. Aun así, las ideas que alumbraba en su cabeza como poemas ideales no cristalizaron hasta mucho después: “No fui intransigente conmigo mismo, pero sí muy autoexigente”.
Después, gracias a su amigo Marti i Pol, se atrevió a convertirse en poeta fiel a su lengua materna: “Llegó el catalán y me volví loco, tú. Como si apareciera la mujer de tu vida, y, claro, empiezas a desbarrar. Tuve que tirar como el equivalente a 10 libros al bote, por los excesos”.
Lo que atempera en parte el exceso de entusiasmo poético es su otro yo: el de arquitecto. O, más bien, el de catedrático de Cálculo de Estructuras, materia que le sirvió para titular uno de sus poemarios. El resto, de Naufragios a Estación de FranciaLos motivos del loboJoanaMisteriosamente feliz… componen un legado de sereno trasiego poético, todo un sabio e irredento corpus para uno de los autores vivos fundamental en ambas lenguas.

Los interrogantes morales

 A lo largo de su obra, Margarit esgrime los débitos éticos ante la alegría, pero también frente al dolor: “Los interrogantes morales son un misterio. En la ciencia no se presentan ese tipo de dilemas. Tú aprietas un interruptor para dar la luz y se enciende, pero si estás pasando una mala temporada y pulsas ese mismo interruptor para que se presente ante ti Montaigne, este viene y al llegar te dice: ‘Tenías que haberme llamado hace 20 años’. Por eso debemos preparar a nuestros hijos con lecturas, armarles con la herramienta de la cultura, para que cuando la precisen, la lleven encima”.
Con lecturas, con la música, otra de las obsesiones de Margarit, paralela a la poesía: “Leer un poema es escoger un instrumento, la mente, con una partitura que lo llama para interpretarlo. Debes estar siempre atento, no te puedes dormir". Además, esa música está compuesta exclusivamente para uno: “Posee tantos significados como la persona que los lee. La clave para saber si tu experiencia incluida en él resulta universal es cuando se los das a examinar a otros y te dicen que se identifican con lo escrito. Entonces has dado en el clavo”.
Es el final de todo un proceso creativo. Empieza con unas líneas, estas cristalizan en un poema, son corregidas obsesivamente durante meses, ofrecidas a un semejante y aprobadas o no por él. Si el espejo le devuelve una imagen cercana, misión cumplida.

viernes, 15 de noviembre de 2013

PRENSA. "Todavía una oportunidad". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "Infolibre":

Todavía una oportunidad

Actualizada 09/11/2013Imagine el lector un suburbio del que surge entre edificios desangelados una melodía de Bach. Imagine un vertedero dominado por la carroña en el que aparece la gracia movediza de una ardilla. Imagine el instante de plenitud que ofrecen un recuerdo o unas rosas en la fugacidad del tiempo. Imagine una cerámica precolombina en la que un hombre y una mujer hacen el amor y viven un orgasmo que se mantiene a lo largo de los siglos, mientras pasa junto a ellos la muerte y caen los imperios y las civilizaciones. Imagine la desilusión, las utopías manchadas, el descrédito de las banderas y de los ideales. Pero luego ponga al lado ese sufrimiento de las víctimas que moviliza nuestra conciencia y reclama una afirmación ética. Así es la poesía de Joan Margarit, así la de José Emilio Pacheco. 

Hoy reciben juntos el premio Poetas del Mundo Latino que se concede en Aguascalientes. Cada edición reconoce la labor de dos autores, uno mexicano y otro extranjero, para destacar los lazos culturales y el diálogo abierto de la poesía. Pocas veces pueden premiarse a la vez obras de tanta calidad y con tantas cosas que decirnos y que decirse entre sí. Son voces de personalidad muy distinta, pero con códigos literarios compartidos. Uno escribe en mi lengua, pero no es de mi país. Otro es de mi país, pero no escribe en mi lengua. Yo los admiro a los dos y siento que sus países y sus lenguas son míos gracias a la identidad de la poesía. Con su descarnada lucidez, después de pasearse en frío por la realidad sucia de las catástrofes, la desolación y la injusticia, siempre encuentran una nueva oportunidad para la vida.

Ninguno de los dos cree en la originalidad. Aman la tradición y reconocen el peso de la comunidad social y humana a la que pertenecen. El poeta catalán vio en Joan Maragall un edificio en el que ensamblarse con la ayuda de Espriu y Vinyoli. El poeta mexicano despreció el miedo a las influencias para declararse heredero de López Velarde, Gorostiza, Sabines y Paz. Y los dos han preferido apartarse del ensimismamiento purista o académico. Prefieren contar las cosas que conmueven a cualquier ser humano a través de sus versos con olor a calle e historia. No escriben para poetas, sino para lectores, intentando convertir sus obras en un espacio público que pueda ser habitado y revivido por el otro.

Los dos creen en la personalidad singular, algo muy distinto en arte al fantasma torpe de la originalidad. Estos poetas comunicantes muestran una personalidad marcada. Su experiencia histórica y sus ciudades, Barcelona y México, tienen que ver. Los procedimientos literarios también. Los dos se han acostumbrado a perder sus geografías infantiles, a negociar con la memoria y el tiempo, a recibir la herencia de Baudelaire. Una determinada realidad nos hace, luego se deshace y nos deja solos, convirtiendo el mundo en una alegoría en la que conviven las ausencias y el presente. En esa alegoría habitan. El poeta catalán se ha forjado en la memoria de una lengua maltratada por una guerra civil y una dictadura. El poeta mexicano viaja por la historia hasta las culturas precolombina y regresa a la actualidad para sentir el terremoto constante y corrosivo de la negación.

Pero José Emilio Pacheco necesita el pudor, quiere esconderse detrás de una máscara, dar a la palabra una objetividad que la distancie de su propio yo. Es un modo de buscar la trascendencia de lo que se escribe. Joan Margarit, sin embargo, apuesta por el impudor, remueve su biografía, la convierte en literatura de manera constante. Se dice y se cuenta con una energía que desnuda su propia intimidad. El yo procura en los dos casos convertirse en ficción, reclama la complicidad del lector, y lo hace a través de la máscara objetiva o de la biografía elaborada. Distintos procedimientos en una misma entrega a la ética de la poesía.

En los tiempos que corren, insisto, conviene destacar el rayo vital que se introduce una y otra vez por debajo de la puerta de estos dos pesimistas metódicos. No hay mentira: ahí están las guerras, la crueldad y los naufragios. Pero de pronto también está ahí la luz, la compasión, la belleza, el amor que afirma su todavía y sugiere una segunda oportunidad. Las palabras de Joan Margarit y José Emilio Pacheco nos buscan, nos encuentran y nos hablan de uno en uno para devolvernos un instante, una mirada, una historia: la dignidad de la vida. 

miércoles, 26 de mayo de 2010

POESÍA ESPAÑOLA. "Casa de misericordia", de Joan Margarit (Lleida, 1938)

Joan Margarit
Casa de misericordia
El padre fusilado.
O, como dice el juez, ejecutado.
La madre, ahora, la miseria, el hambre,
la instancia que le escribe alguien a máquina:
Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,
Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos
en esta Casa de Misericordia.

El frío del mañana está en la instancia.
Hospicios y orfanatos fueron duros,
pero más dura era la intemperie.
La verdadera caridad da miedo.
Igual que la poesía: un buen poema,
por más bello que sea, será cruel.
No hay nada más. La poesía es hoy
la última casa de misericordia.