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lunes, 29 de febrero de 2016

PRENSA. "¿Cuál es ese islam que da miedo?". Tahar ben Jelloun

   En "El País":

¿Cuál es ese islam que da miedo?

Las atrocidades de los radicales demuestran el peligro de la interpretación literal del Corán


El líder del Estado Islámico, Abubaker al Bagdadí. / AP


¿Cuál es ese islam que da miedo? ¿De dónde viene? ¿Qué relación tiene con la realidad histórica y teológica? ¿Cómo se explica? No hay duda de que nos asusta, pues suscita preguntas, más aún al comprobar la fuerza con la que el terrorismo golpea en nombre del islam, donde y cuando quiere. Aunque la islamofobia sea real y preocupe a las sociedades europeas, solo es un aspecto más de la crisis desatada estos últimos años entre Occidente y una parte de Oriente.
El día en que un individuo que se hace llamar Al Bagdadi se autoproclamó califa, hace casi un año, y anunció la creación de un Estado Islámico (EI) con unas fronteras sin definir, ese día, se declaró la guerra a los musulmanes pacíficos, a los europeos y al resto del mundo. Nadie se tomó en serio su discurso. Nadie se puso a averiguar quién lo financia, quién le suministra tanto armamento, quién lo lleva hacia esa deriva cada vez más asesina. Se sabe que atracó los bancos de Mosul, que se apoderó de algunos pozos de petróleo y que vende el crudo en el mercado negro. Pero ello no basta para mantener un ejército y financiar a los grupos yihadistas procedentes de Europa y del mundo árabe.
Los musulmanes, como el resto del mundo, necesitan saber qué está pasando. ¿El comportamiento del EI lo justifica el islam? ¿Es una herejía? ¿Es pura invención de Al Bagdadi, quien, tras haber pasado por las cárceles iraquíes, quizá quiera justificar su sed de mal y de poder para reinar sobre los musulmanes del mundo?
Cuando consultamos el Corán y algunas de sus interpretaciones, resulta evidente que el islam experimentó diversas fases de combate y de violencia, principalmente en sus inicios. Algunas aleyas [versículos de Corán] ordenan luchar con las armas hasta que el islam triunfe. Coinciden justo después de la hégira deMahoma a Medina, en 622. El profeta tiene enemigos que no solo no creen en su mensaje, sino que intentan matarlo. La aleya 29 de la sura 9 [capítulo 9 del Corán] es clara, pero hay que leerla a la luz del contexto de entonces, y no del actual: “¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios ni en el último Día, no prohíben lo que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!”. En esa misma sura, aleya 73, se dice: “¡Profeta! ¡Combate contra los infieles y los hipócritas, sé duro con ellos!”. Mahoma luchó contra sus adversarios, sobre todo contra los judíos de Medina y los adoradores de ídolos de piedra. El reconocimiento del mensaje divino siempre ha ido acompañado de dramas y tragedias. No hay más que ver la historia de las religiones. Pero aquello sucedía hace 15 siglos, en unas circunstancias y un contexto determinados, vinculados a la época en que las tribus de Arabia combatían entre ellas mucho antes de la llegada del islam.
El verdadero problema es que se invite al siglo VII a asentarse entre nosotros en la época moderna. Uno no puede desplazar los contextos y la historia a su antojo, según sus necesidades. En cambio, el EIactúa como si los 15 siglos que nos separan de la aparición del islam hubieran sido borrados de un sablazo mágico.
Aunque minoritarios, algunos musulmanes son conscientes de la urgente necesidad de introducir reformas, de revisar algunos textos que son inaplicables y se han quedado caducos en el siglo XXI. Son musulmanes que están a favor del laicismo, de la enseñanza de los principios de tolerancia y respeto del diferente desde la infancia, que están a favor de los valores humanistas, y desean un islam sosegado, tranquilo y reservado a la esfera privada.
Pero esos combatientes movidos por el odio han hecho una lectura literal del Corán, tomando al pie de la letra lo que ha sido revelado. ¡Fuera metáforas, símbolos, distancia, inteligencia! Esa lectura estrecha y simplista, falsa en definitiva, es la que por desgracia se impuso desde el siglo XVIII, desde que Mohamed Abdel Wahab, un teólogo saudí, aplicó el dogma de la sharía, que ha dado lugar a ese islam rígido e integrista denominado wahabismo. Arabia Saudí y Qatar siguen ese rito.
¿Cómo puede atraer ese mensaje brutal del EI a unos jóvenes europeos de cultura musulmana o conversos? Esa visión del islam y de sus promesas seduce a unos chicos de identidad poco consolidada que se imaginan que en ese combate hallarán su razón de ser y de vivir. El discurso y las acciones criminales de Al Bagdadi han sido posibles porque en la mayoría de los países musulmanes el sistema democrático y el Estado de derecho no están realmente establecidos; porque la sociedad occidental no ha dado una oportunidad a esos jóvenes de origen inmigrante, y ello ha facilitado que se sientan atraídos por la arriesgada aventura de la yihad; porque son percibidos como europeos de segundo orden y constatan que impugnar el sionismo y solidarizarse con los palestinos se considera antisemitismo; porque el discurso de los que los reclutan los convence, y suponen que han encontrado lo que les falta: una identidad que los reconforte y les dé seguridad. ¡Lo paradójico es que su razón de vivir los conduzca a morir como mártires con la promesa de un paraíso!

El Estado Islámico es rico y paga a sus combatientes con dinero contante y sonante
Algunos se van a Siria y a Irak por estos motivos, otros lo hacen por afán de aventura y por dinero. El EI es rico y paga a sus combatientes con dinero contante y sonante. El islam se extravía entre esas consideraciones, y así podemos ver a mujeres de negro, tapadas de la cabeza a los pies, que reprochan a otras, también cubiertas de arriba abajo, que el manto que las cubre no sea lo bastante tupido… Y en nombre de ese islam nostálgico de sus primeros tiempos, el EI ocupa la tercera parte de Irak y la cuarta parte de Siria. Es lo que la coalición internacional desearía evitar con sus bombardeos cada vez más intensos. Pero ahora ya sabemos que esas intervenciones no son eficaces y que la solución ha de llegar de los propios países musulmanes. Tardará en dar sus frutos, pero se podría empezar por pequeños y sencillos pasos, tales como revisar los manuales escolares, poner en práctica una pedagogía ambiciosa para luchar de manera profunda y objetiva contra la ignorancia, contra esas desviaciones que llevan al terrorismo y a ese miedo absurdo al islam y a los musulmanes.
Traducción de Malika Embarek López.
Tahar Ben Jelloun es escritor marroquí, ganador del premio Goncourt. Su nuevo libro se llama El islam que da miedo (Alianza).

martes, 16 de febrero de 2016

TERRORISMO. "Semillas del actual yihadismo". Juan Goytisolo

   En "El País":

Semillas del actual yihadismo

Los atropellos de los años noventa en Chechenia, Afganistan, Argelia o Bosnia y la difusión a golpe de petrodólares del fundamentalismo wahabí son el germen de los conflictos que ahora azotan a Oriente Próximo, Magreb y África subsahariana

Semillas del actual yihadismo
                                                                                    EDUARDO ESTRADA
Uno. Mis viajes de corresponsal de este periódico a Sarajevo (junio de 1993, enero de 1994 y agosto de 1995), Argelia (marzo 1994) y Chechenia (julio 1996) me procuraron una experiencia de primera mano de la incipiente fractura entre el mundo islámico y Occidente cuyas consecuencias vivimos hoy. Si el inicio del proceso de radicalización de las sociedades musulmanas se remonta a 1979 (año de la proclamación de la República Islámica de Irán tras la caída del Sha y de la desastrosa intervención soviética en Afganistán), sus manifestaciones más patentes se produjeron en la siguiente década (ascensión del FIS en Argelia, golpe de Estado que abortó su victoria electoral en 1992, y desmembramiento el mismo año de la Federación Yugoslava, que encendió la mecha de la guerra interétnica y el sitio de Sarajevo).
Por estas fechas asistí a la emergencia de los futuros movimientos yihadistas, fruto de la frustración creada por la política de no intervención de la ONU en la “limpieza étnica” en Bosnia; por las brutalidades del régimen argelino en respuesta a las del Grupo Islámico Armado (no una guerra civil sino una guerra contra los civiles por parte de ambos bandos); y el genocidio ruso en Chechenia. La radicalización previsible de las víctimas y de los correligionarios que acudían a socorrerlas venía cantada y la yihad global de Al Qaeda no me sorprendió en exceso.


Las semillas sembradas en dicha década por tales atropellos y la difusión a golpe de petrodólares del fundamentalismo wahabí iban a germinar en las zonas conflictivas de Oriente Próximo, Magreb y África subsahariana: esa guerra asimétrica de Occidente contra el terrorismo yihadista tanto en Siria, Irak, Libia, Afganistán y el Sahel como en el interior de sus propias fronteras. Conviene recordar que el horror vivido el 13-N en París lo experimentan a diario sirios, iraquíes y afganos que buscan refugio en Europa a través de Turquía y los Balcanes. La islamofobia desatada por los atentados y la llegada masiva de refugiados al interior del espacio Schengen coloniza hoy los medios informativos en unos términos que culpabilizan a los veinte y pico millones de musulmanes europeos y ahondan la fractura abierta entre estos y el resto de la población.
El Frente Nacional francés y sus equivalentes en la mayoría de Estados europeos (España es por ahora una feliz excepción) son paradójicamente aliados objetivos del Daesh en su designio de apuntar a aquellos con el dedo y de encerrarlos mentalmente en guetos en el interior de sus sociedades. De este modo, los que constituyen una ínfima minoría en el colectivo musulmán encuentran un terreno abonado para su propaganda nihilista: la de presentarse como una alternativa viable a ojos de quienes se sienten discriminados por el discurso social dominante. Retrospectivamente, verificamos que cuanto germinó en la década de los 90 del pasado siglo llama ahora a nuestras puertas y no se prevé su fin.

La crisis de los refugiados ahonda la brecha entre los inmigrantes musulmanes y el resto de la población

Dos. Cuando viajé a Chechenia en 1996 conocía en la medida de lo posible los dos siglos y pico de lucha del pueblo checheno para preservar su independencia —cinco guerras además de su deportación masiva al gulag por orden de Stalin— gracias a los libros de Baddeley, La conquista rusa del Cáucaso, Bennigsen, El sufí y el comisario, y los trabajos de Hélène Carrère d´Encausse acerca de las cofradías sufíes y su resistencia tenaz primero a la Rusia zarista y luego a la soviética, pero sobre todo por mi lectura asidua de tres grandes autores de la literatura rusa del siglo XIX: Puschkin, Lérmontov y Tolstoi. Por aquellas fechas, según pude verificar personalmente por mediación de Osmán Imáiev, ex fiscal general de la República de Chechenia, proclamada en 1991 por Dzhajar Dudáiev aprovechando el derrumbe de la URSS, y en cuyo domicilio en la aldea de Kularí me alojé pocos días antes de su desaparición definitiva por obra de los servicios de seguridad rusos, los combatientes que participaron en la ceremonia ritual sufí pertenecían a la cofradía qadirí que, como en tiempos de Shamil y de Kunta Hadji, luchaban por la independencia de su país contra su enemigo secular.
Tras el aplastamiento de la rebelión chechena por el zar Putín y el establecimiento del virreinato de su siniestro protegido Ramzán Kadírov, la guerrilla chechena se ha deslocalizado y se extiende esporádicamente por el norte del Cáucaso mientras más de cuatro mil miembros de ella, radicalizados por la represión sangrienta de la que de nuevo son objeto, se han alistado en las filas del autoproclamado califato islámico de Abu Bakr al-Bagdadi en virtud de unos sentimientos magistralmente descritos por Tolstoi en Hadji Murat en su descripción de los atropellos y barbarie de sus compatriotas en tiempos del zar Nicolás I.
Tres. Mi experiencia de Argelia, sumida también en una espiral de violencia que se cobró más de 150.000 víctimas, fue de otro orden. No había bombardeos ni línea de frente como en Sarajevo y Chechenia sino asesinatos de uno y otro bando en la capital y matanzas de civiles en las zonas cercanas a la misma. En mi recorrido por aquella no tropecé con ningún otro europeo, posible blanco de los islamistas radicales por su condición de Kafir, esto es, infiel, y lo hice fundido en el paisaje: había dejado de afeitarme diez días antes del viaje y caminaba acompañado de tres jóvenes miembros arabófonos de la Unión de Escritores que conversaban conmigo en el dialecto local en las calles de Belcourt, Bab el Oued y la Kasba, feudos del FIS (Frente Islámico de Salvación) y escenario de la llamada entonces “segunda batalla de Argel” (la primera fue contra el colonizador francés).

El mesianismo del Daesh conserva su poder de atracción: el retorno a una pureza primigenia

El poder opaco que desde Bumedián gobierna Argelia guardaba un silencio cómplice ante los asesinatos de intelectuales y el terror impuesto ya por el GIA (Grupo Islámico Armado), ya por las escuadras parapoliciales, y expresé lo mejor que pude el desamparo de la población en la serie de artículos titulados Argelia en el vendaval. La violencia se apagó gradualmente al final de la década y hoy día tan solo grupos residuales de Al Qaeda en el Magreb islámico actúan de forma esporádica en connivencia con los yihadistas que campean en Libia y el Sahel. Pero la frustración acumulada tras tres mandatos del ahora invisible Buteflika, protagonista a pesar suyo del clásico Reinar después de morir, no invita al optimismo.
El mesianismo apocalíptico del Daesh conserva en todo el Magreb su mefítico poder de atracción: el del retorno ideal a una pureza primigenia que otorga el glorioso estatuto de mártir a quienes se sienten despreciados por los “poderes arrogantes” que rigen los Estados árabes. Los millares de yihadistas magrebíes que combaten en Siria dan testimonio de dicho incentivo y de la seducción de su escatología mirífica. Pensar que cuanto ocurrió en la década de los 90 no iba a pasarnos factura equivale a vivir en otro planeta.
Juan Goytisolo es escritor.

viernes, 5 de febrero de 2016

TERRORISMO. "El plan del Estado Islámico". Ian Bremmer

Ian Bremmer
   En "El País":

El plan del Estado Islámico

La idea de construir un imperio islámico con guerreros musulmanes cautiva a sus seguidores


¿Cómo puede sobrevivir una organización terrorista que parece haber declarado la guerra el mundo entero? En 2016, el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), la organización terrorista mejor financiada, equipada y avanzada de la historia, quizá no conquistará nuevos territorios, pero sin duda logrará no solo sobrevivir, sino reforzar su influencia internacional. Y existen varios motivos para ello.
Sus enemigos están divididos sobre la mejor estrategia en su contra. Cuenta con el apoyo de los suníes marginados en Irak y Siria. Tiene enorme facilidad para disponer de dinero y gran dominio de la tecnología. Pero su mayor ventaja frente a grupos como Al Qaeda y los talibanes es lo que ofrece a sus seguidores: no solo la mera posibilidad de luchar contra un enemigo lejano en una larga guerra de futuro incierto, sino un plan para construir algo nuevo y tangible, un imperio islámico con fronteras trazadas por guerreros musulmanes, no por políticos occidentales.
Con cada nueva atrocidad del ISIS, se oyen en Europa y Estados Unidos promesas de derrotar directamente a sus jefes en Siria e Irak. Pero para desmantelar el ISIS es necesaria una intervención terrestre. No se les puede destruir desde el aire. Y nadie —ni estadounidenses, ni franceses, ni rusos, ni nadie más— va a aceptar el coste en sangre y dinero de una operación semejante.
Ni siquiera en el aire se ponen de acuerdo los enemigos del grupo. EE UU seguirá arrojando bombas, pero el presidente Obama no tiene intención de volver a emprender una guerra terrestre en Oriente Próximo. Rusia quiere reforzar a su aliado, El Asad, atacando a los rebeldes respaldados por EE UU y Arabia Saudí, y hace poco contra el ISIS. Turquía ataca sobre todo a los kurdos sirios, y los franceses no tienen ninguna coalición que dirigir. Los combatientes iraníes están en inferioridad, y los Estados del Golfo no poseen tropas de tierra.
En Irak, el gobierno chií no podrá vencer al ISIS mientras no ofrezca a los suníes un sitio para luchar por su futuro. Cuando EE UU apartó a Sadam Husein del poder, apartó a sus seguidores del partido Baaz. El ISIS es la única organización que les ha dado medios para vengarse y, mientras eso no se resuelva, seguirá controlando la parte suní del país.

Nadie va a aceptar el coste en sangre y dinero de una operación terrestre
El ISIS y sus imitadores disponen de un gran territorio. Siria, Irak, Libia, Yemen y Afganistán son, en distintos grados, Estados fallidos. Enormes extensiones de terreno sin gobierno que proporcionan refugios y campos de entrenamiento. En el nordeste de Nigeria, el norte de Mali y la península egipcia de Sinaí, los terroristas aprenden el oficio. Y los inmensos campos de refugiados en Turquía, Jordania y Líbano son terreno fértil para el reclutamiento. Además, el ISIS tiene dinero de sobra para hacer realidad sus ambiciones. Gracias a la venta del petróleo de los pozos capturados, los rescates de secuestros, las mercancías confiscadas, los impuestos a las poblaciones locales, la ayuda de sus amigos del Golfo y el saqueo de los bancos en las ciudades iraquíes tomadas, el grupo ha acumulado unas reservas de más de mil millones de dólares. Y ha aprendido a utilizar las redes sociales y los mensajes en clave para ampliar sus tentáculos.
Pero, sobre todo, el ISIS ofrece una visión global con la que grupos como los talibanes y Al Qaeda no pueden competir. Los talibanes siguen siendo un movimiento de pastunes de Afganistán y Pakistán, con escaso atractivo fuera de allí. Al Qaeda tiene una visión apocalíptica. Y es más difícil captar seguidores con un culto a la muerte que con la promesa de un imperio que resulta creíble porque ya se ha adueñado de grandes franjas de territorio en dos países y un mensaje seductor. “En Siria e Irak, no tienes futuro. En Europa y América, te excluyen porque te odian. Ven a construir. Únete a la primera generación. Te damos la bienvenida”. Este llamamiento, que va más allá de asesinar a infieles, logra su objetivo.
¿Dónde nos lleva todo esto? En realidad, la construcción del Estado Islámico es el punto débil del ISIS. Es imposible eliminar completamente el terrorismo, porque basta un solo individuo dispuesto a morir para ampliar la dimensión internacional del grupo. Pero los numerosos enemigos del ISIS tienen poder más que suficiente para impedir que la organización cumpla su promesa de construir un Estado. Los bombardeos en Siria no han hecho más que empezar.
Mientras tanto, el ISIS —cuya influencia no puede sino crecer— guarda más sorpresas desagradables para el resto del mundo.
Ian Bremmer es presidente del Eurasia Group, consultora de riesgos políticos mundiales, y autor de Superpower: Three Choices for America’s Role in the World. Find him on Twitter @ianbremmer.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Entrevista al politólogo Sami Naïr

   En "cuartopoder":
13N / ENTREVISTA AL POLITÓLOGO Y FILÓSOFO FRANCÉS SOBRE LOS ATENTADOS DE PARÍS

Sami Naïr: “La respuesta de François Hollande ha sido absolutamente adecuada”

| Publicado: 


Lucía Martín *

Sami_Naïr_Wikipedia
Sami Naïr, en una imagen de archivo. / Wikipedia
Sami Naïr (Tlemcen, Argelia, 1946) es un politólogo y filósofo francés que está considerado como una de las eminencias en temas de inmigración en el país vecino. Nacido en Argelia pero criado en Francia, fue asesor en la materia de Lionel Jospin, de 1997 a 1999 y europarlamentario hasta 2004. Catedrático en Ciencias Políticas, es también director del Centro Mediterráneo Andalusí de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.
– Acabamos de asistir a redadas en barrios de la periferia de Paris, las banlieues, y también ahora en Bruselas, ¿qué pasa en los suburbios franceses, belgas o de Londres?
– Nada, no pasa nada. Sí pasa porque hay una situación de crisis, hay problemas sociales pero no son los suburbios los que están en rebeldía hoy en contra del Estado. Estos terroristas no tienen nada que ver con la inmensa mayoría que vive allí, hay unos grupos que han sido manipulados ideológicamente y se han vinculado a grupos terroristas, a Daesh en concreto, pero no representan para nada a estas poblaciones marginadas, estos barrios de pobreza, prefiero llamarlos así, en Francia. En Bélgica me parece que la situación es igual, no es posible culpar a toda esta población. Que los integristas puedan encontrar en estos barrios un terreno favorable para sus estrategias de reclutamiento, para su proselitismo del odio sí, pero lo pueden también encontrar en otros lugares. Quiero dejar claro que no se puede estigmatizar a los suburbios.
– Pero la falta de integración sí está favoreciendo que se marchen jóvenes de estos entornos para adiestrarse en Siria…
– Hay un problema de integración, pero no solo para esta gente. Las políticas económicas y sociales en Francia desde hace unos 15 años han provocado la desagregación del sistema social y económico. Hay paro, precariedad, y como en otros países, también España, hay una parte importante de la población marginada. Jóvenes que no encuentran trabajo. En las banlieues esa situación es mucho más radical, la pobreza es prácticamente el doble que en el resto de la población francesa. Hay dos, casi tres más parados entre los jóvenes de los suburbios que en el resto de población. Entre ellos hay una parte que acepta esa situación, otra que intenta cambiarla democráticamente y otros que caen en las redes de los terroristas. Éstos juegan sobre un tema de identidad, y esa gente ha perdido toda referencia cultural, ideológica, que en general es el resultado del fracaso escolar. Los terroristas explican a esa gente que si están en esa situación es porque son musulmanes, porque comparten una religión odiada por Occidente y que hay que defenderse para cambiar la situación. Es tan fácil como eso. A partir del momento en que se alistan les lavan el cerebro. Pero repito, esto concierne una minoría de la población, la población de los suburbios en Francia es alrededor de 8 millones de pobres. Los que caen en estas redes no son representativos pero claro que es un problema de seguridad y sobre todo, un problema para los musulmanes en Francia, porque uno de sus objetivos es transformar la relación de integración en relación conflictiva respecto a al país.
– ¿Cómo se puede prevenir que alguien se convierta en hombre o mujer bomba?
– La respuesta es conocida, integración social, profesional. Es un trabajo pedagógico que necesita de un funcionamiento correcto de la escuela, de la familia. Vivimos una crisis profunda de la familia que no juega el papel de transmisión de los valores, del respeto y eso proviene de la pobreza pero también, no hay que negarlo, de que una parte de la población de esos barrios ya no cree en la integración y considera que desde hace 25 años no se ha hecho nada. A partir de ahí hay una desconexión con el conjunto nacional. Son problemas que te puedes encontrar en todas partes, no solo en Francia.
– Pero hace 40 años la banlieue de Paris estaba igual o peor que ahora mismo. No ha habido evolución. La película La Haine sigue siendo actual.
– Evidentemente, porque la política social de los gobiernos, del corte que sean, nunca ha tomado en cuenta estos barrios. La sociedad se ha librado al mercado y el Estado es el principal culpable en este caso. Han invertido estos últimos años mucho dinero, desde 2005, pero, francamente cuando uno los visita ve que no ha funcionado nada. Es un problema generado por las políticas económicas seguidas estos últimos 15 años. Las imposiciones de Bruselas han hecho que el Estado haya abandonado territorios enteros de la nación porque no había dinero para ellos. Eso tiene lugar en Francia y en otros países.
– ¿Cree que los atentados han tenido lugar en París de la misma forma que podrían haber tenido lugar en Nueva York, Londres o Madrid?
– No creo. A los terroristas, al Estado Islámico, la situación de las banlieues le importa un pepino, les viene muy bien de hecho. Los atentados son el resultado de la intervención de la aviación francesa en el conflicto sirio, y por los bombardeos de Francia en Irak y en Siria, hay mucha retórica detrás de todo esto. La eficacia de esos bombardeos no ha sido demostrada aunque ahora creo que sí pueden dañar al estado Islámico. Pero no se podrá acabar con este EI únicamente con bombardeos.
– ¿Qué le parece la respuesta de François Hollande?
– La respuesta de Hollande ha sido adecuada, absolutamente adecuada. Como jefe de Estado considera que es un acto de guerra y declara la guerra al Estado Islámico, tal y como los rusos han hecho. Pero hay que entender que este conflicto va a destrozar completamente la región de Oriente Medio. Vamos a tener ahí un caos generalizado y la única forma de acabar con eso es un acuerdo internacional. La intervención francesa o rusa son los primeros pasos, y estoy convencido de que en los próximos días tendremos otros, pero no son suficiente. La solución es pacífica: hay que reconstruir Siria para que pueda recuperar a sus refugiados, hay que reconstruir Irak y eso supone un gran acuerdo internacional. Oriente Medio se ha vuelto hoy el foco central de una posible III Guerra Mundial, la gente no se da cuenta de lo que está pasando ahí.
– ¿Qué opinión le merecen los que afirman que los yihadistas están entrando con los refugiados? 
– Eso es una manipulación grosera. Se ha demostrado que ese pasaporte no venía de ningún refugiado. Van a seguir manipulando, por supuesto, porque es muy fácil para ellos tensionar cada vez más la situación. Su lógica es la creación del caos, lo que vivimos ahora es el resultado directo de las intervenciones en Irak, ahí nació el Estado Islámico, que es una organización irakí, no siria.
(*) Lucía Martín es periodista.

viernes, 20 de noviembre de 2015

PRENSA. "Así se financia el terror yihadista". Loretta Napoleoni

   En "El País":

Así se financia el terror yihadista

El ISIS saca dinero de los secuestros, el contrabando y ahora, además —último

y surrealista giro del conflicto sirio— del tráfico de refugiados y el éxodo

de inmigrantes causado por la desestabilización de Oriente Próximo


EVA VÁZQUEZ

Quince meses después del inicio de la campaña de bombardeos por parte de la gran coalición del presidente Obama, los seguidores europeos del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) vuelven a golpear en París y causan una matanza. Es evidente que el reclutamiento y la radicalización de los militantes avanzan a buen ritmo. El Estado Islámico no deja de asombrarnos, y las dos cosas que más estupefacción nos producen son la capacidad que tiene de autofinanciarse y lo barata que resulta la radicalización en Europa.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Desde hace varios meses, el ISIS está rentabilizando también el éxodo de los refugiados. Son millones y millones de dólares. Este es el último y surrealista giro del conflicto sirio.
Tras el estallido de la guerra civil en Siria, en 2011, el negocio de los secuestros experimentó una enorme expansión. Para financiarse, las bandas de delincuentes y los grupos yihadistas secuestraban a sirios acomodados, a veces durante unas horas, para dejarlos en libertad a cambio de jugosos rescates. A medida que los sirios más ricos se fueron a Turquía y Líbano, los secuestradores trasladaron su atención a los occidentales, a los que muchas veces revendían a grupos armados más fuertes como el Estado Islámico o Al Nusra, la sucursal de Al Qaeda en Siria. Estas organizaciones disponen de la capacidad, la estructura y los fondos necesarios para tenerlos prisioneros incluso durante periodos prolongados, y además saben cómo utilizar los rescates durante las negociaciones con las potencias occidentales.
A diferencia de Al Nusra, el ISIS siempre ha considerado a los rehenes como una inversión a largo plazo. Dependiendo de las circunstancias, su valor político puede ser más alto si están muertos que si están vivos. Es lo que sucedió con Kenji Goto y Haruna Yukawa, los dos rehenes japoneses decapitados en enero de 2015. Al parecer, los ejecutaron como represalia contra la negativa del Gobierno japonés a pagar un rescate de 200 millones de dólares, 100 por cada uno. Pero el ISIS no estaba interesado en el rescate, y por eso exigió una cifra demasiado alta en comparación con otros casos.
Según un mediador europeo que negoció en 2014 el rescate de varios rehenes, los europeos han pagado entre uno y seis millones de dólares por rehén. Y todavía son más bajos los rescates exigidos por prisioneros no occidentales, como los empleados de la Embajada turca en Mosul, capturados tras la conquista de la ciudad a manos de las milicias del ISIS.
En total, se calcula que el Estado Islámico ha obtenido entre 70 y 100 millones de dólares en rescates, es decir, mucho menos de los 200 demandados en el caso de los dos japoneses. Está claro que el objetivo era cortarles la cabeza y hacer circular en Internet el vídeo de la ejecución para humillar al Gobierno japonés y aterrorizar a la población. Para el califato, al contrario que para otros grupos yihadistas, los secuestros no son una fuente importante de ingresos. Por otra parte, la ejecución de un rehén representa una pérdida neta, porque no permite recuperar ni siquiera el dinero pagado para comprarlo y mantenerlo en prisión.

Es un modelo horizontal y orgánico: los terroristas deciden cómo atentar y cómo obtener fondos
Es difícil establecer el valor de cada rehén en el mercado sirio, pero los estadounidenses y los británicos son los más caros, y es probable que el ISIS llegara a pagar 100 millones de dólares por James Foley y John Cantlie. Mucho menos debieron de costar los dos japoneses, capturados antes de que el primer ministro Abe prometiera 200 millones de dólares en ayuda humanitaria para los afectados por el conflicto. En ese momento, dejaron de ser simples rehenes para convertirse en peones políticos en manos del ISIS.
El negocio de los rehenes occidentales es una fuente de financiación importante para los grupos armados y criminales en Siria desde 2012. Ahora bien, en 2015, se ha vuelto mucho más rentable el tráfico de refugiados. Basta tener en cuenta dos datos: uno, que el viaje hasta Grecia cuesta entre 5.000 y 7.000 euros por persona, según el método de transporte. Eso significa un beneficio mensual para los traficantes de aproximadamente 100 millones de euros. Y otro, que a eso se añaden las llamadas economías de escala. Los mismos camiones con los que se traslada a los sirios a través de Turquía vuelven llenos de productos de contrabando que no se encuentran en el mercado sirio, como harina para el pan o pilas eléctricas. La compra se hace con el dinero en efectivo que los refugiados han pagado a los traficantes.
Cada día, una flota de camiones, camionetas, autobuses y automóviles atraviesa los pasos fronterizos entre Siria y Turquía controlados por el ISIS, que cobra una tasa por cada refugiado, obra de arte, barril de petróleo, etcétera, que sale de Siria, y otra por cada cargamento de contrabando que entra. Se calcula que el negocio proporciona al Estado Islámico entre 300.000 y 500.000 euros semanales, según el número de personas y el valor de las mercancías.
Varios negociadores en secuestros de europeos reconocen que la progresiva desestabilización de Siria, Irak y las zonas limítrofes es ventajosa para las finanzas del ISIS y los delincuentes sirios vinculados a él.

Todo es posible gracias a la tecnología, las armas baratas y la captación de yihadistas europeos
A juzgar por los motivos alegados por los autores de los atentados de París, los bombardeos sobre Siria e Irak contribuyen a facilitar el reclutamiento de combatientes en Europa con un coste ridículo. Fuera por el 11-S o por los atentados de 1998 contra las Embajadas estadounidenses en África, el mayor gasto que tenía Al Qaeda era el de la radicalización y el adiestramiento de los terroristas. Hoy, el adoctrinamiento del ISIS se lleva a cabo sobre todo en la Red, y con costes peligrosamente cercanos a cero. Los reclutas son europeos, jóvenes y jovencísimos musulmanes, a menudo nacidos en Europa, por lo que no necesitan trasladarse. También en la Red se lleva a cabo parte del adiestramiento: es posible planificar un atentado en un chat y entrenarse como guerrillero con una amplia gama de videojuegos. De ahí que el coste unitario de los atentados terroristas en Europa haya descendido.
El califato no necesita utilizar el modelo piramidal de Al Qaeda, con un cerebro central que decidía y financiaba en su totalidad las operaciones. Al contrario, el ISIS utiliza un modelo horizontal y orgánico: deja a los terroristas dispersos por el mundo la libertad de decidir los atentados, cómo realizarlos y cómo financiarlos. Todo ello es posible gracias a la tecnología, la amplia oferta de armas a precios muy asequibles y la popularidad del yihadismo en Europa y el resto del mundo. Un balance muy negativo tras 15 meses de bombardeos.
Loretta Napoleoni es economista.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Entrevista al poeta árabe Adonis sobre el islam y la violencia

   En "El País":

Adonis: “El problema árabe es no haber separado la religión y la política”

El poeta sirio, exiliado en París, dice que habrá que "combatir al ISIS también con la cultura”

Atentados Paris
Adonis, el domingo por la noche en París. / BERNARDO PÉREZ

El presidente sirio Chukri al Kuwatli visitó la aldea de Al Qasabin en 1943, y un niño llamado Alí Áhmed Said Ésber, con un especial talento para la literatura, leyó un poema. El presidente, encantado, le preguntó si podía hacer algo por él y el menor respondió: “Mandarme a la escuela”. Aquel niño, bajo el seudónimo de Adonis, se ha convertido en uno de los grandes poetas árabes de la historia. Se exilió en 1956 en Líbano, país que abandonó por París en 1986 huyendo de la guerra civil. A sus 85 años, no sólo es un inmenso poeta, sino también una de las voces más críticas y lúcidas sobre el mundo árabe, como refleja su último libro, un ensayo titulado Violencia e Islam, que será editado en España en marzo por Ariel.
El viernes, la guerra siria llegó hasta el corazón de su ciudad de adopción, con los peores atentados terroristas que ha sufrido Francia. La entrevista tuvo lugar el domingo por la tarde, en el café Flore, uno de los lugares míticos de la intelectualidad europea. Estaba lleno de turistas y de parisinos, como siempre. En uno de sus poemas en prosa escribió: “Si soy natural de Oriente, es porque he creado mi propio Oriente. Le pertenezco en la medida en que él también me pertenece. Este Oriente es a la vez memoria y olvido, presencia y ausencia”. Con esa voz independiente, este eterno candidato al premio Nobel de Literatura —aunque ha recibido galardones tan importantes como el Goethe— no duda en ofrecer su propia visión de Oriente Próximo: “No puede haber una revolución árabe sin una separación total y radical entre la religión y la cultura, la sociedad y la política”.
Pregunta. ¿Cómo se sintió cuando la guerra de Siria llegó hasta el corazón de París?
Respuesta. No me sorprendió. La vocación de Daesh [Estado Islámico, en sus siglas en árabe] y del terrorismo es ser internacional para demostrar que están ahí, que son fuertes.
P. ¿Por qué cree que el discurso del Estado Islámico cala tan profundamente entre algunos jóvenes?
R. Están influyendo en las mentalidades, sin duda. Hay una memoria histórica hacia Occidente y al mismo tiempo existe un estado psicológico, la frustración de los árabes en todos los planos. Por eso Daesh puede influir en tanta gente. Daesh ha logrado encontrar un espacio en la mentalidad de algunos árabes, que viven en una atmósfera de nihilismo. Es necesario buscar las raíces de esta influencia, combatir a Daesh también con la cultura. No se puede hacer solo con el Ejército.
P. ¿Cree que la cultura es entonces más importante que las acciones militares?
R. Siempre es más importante. El Ejército no puede combatir, puede eliminar, pero no consigue mucho. No se puede vencer la violencia con más violencia, hay que buscar otro camino.
P. Su último libro publicado en España, Zócalo, habla de las culturas precolombinas en México, describe la violencia y la exterminación de un pueblo. ¿Sintió la influencia de lo que ocurre en Siria al escribirlo?
R. No, es un libro sobre la conquista de México, durante la que se exterminó una civilización. Pero es cierto que todos los monoteísmos están fundados sobre la violencia, sobre un hermano que mata a otro, Caín mató a Abel. La violencia está allí. Es uno de sus fundamentos.

"La República francesa siente que no tiene nada que ver con los jóvenes árabes y ellos con la República"
P. ¿Existe una salida para el conflicto sirio?
R. Siempre hay que esperar que exista una salida, un pueblo siempre podrá encontrar una salida. No podemos desesperarnos. La esperanza forma parte de la personalidad de todos los pueblos.
P. Pero las heridas de la guerra civil en Siria parecen muy profundas porque está siendo un conflicto muy salvaje.
R. Las heridas de una guerra civil son siempre profundas y en España lo saben muy bien. Una guerra civil es una herida en sí misma, pero sigo siendo optimista, por los pueblos, pero pesimista en cuanto a los regímenes. Ellos no pueden hacer nada. No hay ninguna diferencia entre los regímenes árabes, son todos tiránicos. Sólo hay pequeñas variaciones, se trata de diferencias de grado, no de naturaleza. Ningún régimen árabe es democrático, en nuestra historia no conocemos la democracia. No hay derechos humanos, las mujeres se encuentran encarceladas dentro de la ley coránica, la Sharia. Aunque es verdad que en Túnez se han producido algunos progresos, las mujeres no existen ni tienen su destino en sus manos. Todos los regímenes árabes son la misma cosa: tiranías. Y lo que es más sorprendente todavía: es que sus opositores están hechos de la misma madera. Representan la otra cara de la misma moneda. Porque la mayoría de los opositores no tienen ningún proyecto para romper con la religión, con las tradiciones, el confesionalismo. Se han centrado sólo en el poder, en hacer caer un régimen encarnado por una persona. Cambiar a una persona y reemplazarla por otra no cambia nada. Desde 1950, han cambiado muchos regímenes pero en el fondo todo sigue igual. La política para mí forma parte de la cultura. No puede haber una revolución árabe sin una separación total y radical entre la religión y la cultura, la sociedad y la política.
P. ¿Cree que la clave está ahí?
R. Sin duda, sin eso no podemos hablar de revolución. Lo que ocurre en el mundo árabe es un conflicto en torno al poder, porque en el pensamiento de los musulmanes no hay un problema en la sociedad, el problema está en el poder. ¿Ha leído usted alguna petición para separar la iglesia del Estado, para liberar a las mujeres? Nunca. Es un conflicto por el poder. Pero lo esencial no es cambiar el poder, sino la sociedad.
P. ¿Considera entonces que la primavera árabe ha sido una ocasión perdida?
R. Desgraciadamente, sí. He escrito mucho sobre eso. Se ha acabado y se ha convertido en un conflicto internacional. La violencia ha superado ampliamente Siria.
P. ¿Como sirio y a la vez como parisino qué sintió el viernes por la noche?
R. Fue horrible. No eran sirios, eran mercenarios. Combate con Daesh gente de 80 países, han degollado a personas, han metido a mujeres en jaulas y las han vendido como si fuesen mercancía. Es espantoso. Han destruido inmensas obras de arquitectura y de arte, han destruido y saqueado los museos. No es una revolución, una revolución debe conservar la historia, el arte… ¿Qué revolución destruye el zoco de Alepo, una obra maravillosa? ¿Podría una revolución siria auténtica destruir Alepo o Palmira?
P. Usted huyó de su país en 1956 y luego tuvo que huir de nuevo de Beirut en los ochenta por la guerra civil. ¿Qué siente cuando ve a miles de personas por los caminos de Europa en busca de refugio?
R. Es una tragedia para mí ver a esa gente, maltratada por los europeos, que se resisten a acogerlos. Hay que saludar a Alemania porque ha sido el territorio más generoso, pese a que no fue uno de los países que colonizó a los árabes. Los países que colonizaron a los árabes, Reino Unido, Francia, Bélgica e Italia, han sido mucho menos generosos que Alemania. Eso plantea una pregunta: ¿deberían sentir que tienen una deuda ética hacia los árabes?
P. ¿Cree, como la famosa anécdota que protagonizó, que los niños árabes necesitan sobre todo ir a la escuela, que la cultura puede solucionar muchos de estos problemas?
R. Eso fue en los años cuarenta, era otra cosa. Sin duda la cultura es algo que nos falta a los árabes, pero también el trabajo. El paro es un problema inmenso. Los problemas esenciales, el tribalismo, la confesión, los lazos familiares, la etnia, siguen ahí. No hemos resuelto nada porque no hemos separado la religión del Estado, estamos todavía en la Edad Media. Sólo la fachada ha cambiado, tenemos coches, aviones, pero la cultura es tribal y antigua y religiosa.
P. ¿Y eso también ha legado a los jóvenes árabes de los barrios periféricos franceses?
R. Es lo mismo. La República francesa siente que no tiene nada que ver con ellos y ellos con la República, existe un muro inmenso que los separa. ¿Cómo destruir ese muro? No tengo una respuesta, no soy un político.