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lunes, 6 de junio de 2016

POESÍA. MÚSICA. "Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías". FEDERICO GARCÍA LORCA. ENRIQUE MORENTE



"La cogida y la muerte", por Enrique Morente


LA COGIDA Y LA MUERTE
 
A las cinco de la tarde.
 
Eran las cinco en punto de la tarde.
 
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
 
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
 
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
 
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
 
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
 
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
 
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
 
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
 
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
 
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
 
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
 
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
 
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
 
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
 
A las cinco de la tarde.
 
A las cinco en punto de la tarde.
 
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
 
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
 
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
 
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
 
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
 
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
 
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
 
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
 
A las cinco de la tarde.
 
 
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
 
*
 
LA SANGRE DERRAMADA
 
¡Que no quiero verla!
 
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
 
¡Que no quiero verla!
 
La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras
 
¡Que no quiero verla!
 
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
 
¡Que no quiero verla!
 
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
 
No.
 
¡Que no quiero verla!
 
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
 
¡Que no quiero verla!
 
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
 
¡Yo no quiero verla!
 
*
 
 
CUERPO PRESENTE
 
La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
 
Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.
 
Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.
 
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
 
Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.
 
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.
 
¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.
 
Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.
 
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.
 
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.
 
Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.
 
No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

 
*
 
 
ALMA AUSENTE
 
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
 
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
 
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
 
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
 
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

domingo, 5 de junio de 2016

POESÍA. MÚSICA. "La leyenda del tiempo": García Lorca, Camarón

  


 Hoy, 5 de junio, se cumplen 118 años del nacimiento de Federico García Lorca.

ARLEQUÍN.

El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.

(Se pone una careta de alegrísima expresión.)

¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

(Se quita la careta.)

El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

(Se pone una careta de expresión dormida.)

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

(Se la quita.)

Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

(Con una careta.)

¡Ay cómo canta el alba! ¡Cómo canta!

(Con la otra careta.)

¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!


   La leyenda del tiempo, de la obra teatral Así que pasen cinco años (de F. G. L.), por Camarón.

jueves, 11 de junio de 2015

PRENSA. "El surrealismo dejó de ser un juego". Manuel Vicent

   En "El País":

El surrealismo dejó de ser un juego

Dalí, Lorca y Buñuel vivían jugando a inventar gansadas que hoy no harían la menor gracia


Buñuel da a beber de un porrón a Dalí en una playa de Cadaqués (Girona), en 1926. / MARÇAL FOLCH


El triángulo compuesto por tres de los grandes, Dalí, García Lorca y Buñuel, ha constituido una forma de pesadilla, de la cual la cultura española contemporánea no ha logrado aún despertar del todo desde los inicios del siglo XX. Los tres vivieron la vida como un juego. En el ámbito internacional, Salvador Dalí fue el primero en darse cuenta de que la comunicación de masas había subvertido la escala de valores en el arte. La modernidad consistía en que la vida del artista, expuesta al sacrificio perenne de las cámaras, era una parte inseparable, sino la más importante, de su creación e invirtió lo mejor de su talento en hacer de la impostura una fuente de inspiración. Hoy, la controversia frente a este genio o payaso ha perdido ya la carga política que tuvo antaño, pero solo un dato no ofrece discusión: Dalí no hubiera sido lo que fue sin la perversa excitación a la que le sometió Gala, su mujer, amante, hidra de Lerna o medusa, la cual le quitó de encima el aire provinciano ampurdanés, convirtió su sexo ambiguo en una forma de esnobismo y sus extravagancias en un manantial de dólares. Querido, si finges ser loco o extravagante, deberás mantener la ficción hasta que estires la pata. Será este juego el que va a alimentar tu obra.
Salvador Dalí comenzó a imponer ya su personalidad a los tres años, cuando defecaba detrás de las cortinas de su casa para obligar a sus padres a buscar cada mañana en un lugar distinto sus excrementos y distinguirlos de los de su hermano muerto que había llevado su mismo nombre. Fueron sus primeras firmas auténticas. Cuando Dalí llegó a la Residencia de Estudiantes en 1922 tenía 18 años, sólo sabía contar hasta diez y apenas hablaba unas palabras en castellano. Desde la ventana del segundo pabellón, Luis Buñuel y Federico García Lorca lo vieron atravesar por primera vez el jardín con la chalina y la melena de bohemio modernista y ambos quedaron enamorados de aquel ser que parecía un arcángel. A partir de ese momento, entre ellos dos se estableció una competición sorda para arrebatarse mutuamente aquella presa, la cual a su vez parecía complacerse yendo del uno al otro para encelarlos.
Por su parte, Federico García Lorca había conseguido licenciarse en Derecho en la facultad de Granada sin abrir un solo libro gracias a la protección de Fernando de los Ríos, catedrático de Político, amigo de la familia, quien luego movió su influencia para que fuera recibido solo como músico o poeta en agraz, en la Residencia de Estudiantes, un centro enfocado a los estudios científicos. Tampoco Dalí tenía otra razón de caer por allí que el interés de su padre, grave notario de Figueres, en encontrar un lugar seguro y burgués para su hijo en Madrid. En cambio, Buñuel llegó a matricularse para ingeniero agrónomo, tal vez porque en Calanda su progenitor, que volvió rico de las Indias, había comprado tierras después de casarse con la joven más guapa del pueblo. “¿A quién me ha mandado?”, se quejaba el director de la Residencia, Alberto Jiménez Fraud a Fernando de los Ríos. “El joven Lorca anda por aquí todo el día inventando juegos con sus amigos y no deja estudiar a nadie”.
Mientras la mayoría de los residentes iban para ingenieros, biólogos y químicos, lo que les obligaba a un notable esfuerzo en el estudio, el poeta, el pintor y el cineasta, los tres todavía sin futuro, azuzados por otro señorito holgazán, Pepín Bello, vivían en estado de inocencia jugando a inventar gansadas surrealistas infantiles que hoy no harían la más mínima gracia. De forma turbia se enredaban y desenredaban, hasta que la Guerra Civil deshizo el triángulo y el surrealismo real, no el plástico ni el literario, los devoró, pero a cada uno a su manera.


Dalí, José Moreno Villa, Buñuel, Lorca y José Antonio Rubio, en Madrid en mayo de 1926.
Después de rasgar un ojo con una cuchilla de afeitar en Un perro andaluz, la fama le sobrevino a Buñuel durante el estreno de su película La edad de oro en 1930, en un cine de Montmartre en el que tuvo que montarse el propio escándalo al contratar a unos falsos y airados burgueses para que apedrearan la pantalla. Luego se nutrió del surrealismo católico, sexo de oficio de tinieblas, de procesiones, tambores, de coronas de espinas, de corazones de vírgenes traspasados por siete puñales y medias con costura. Por otra parte, ¿existe surrealismo más intenso que una violenta tramontana establecida durante una semana en el Ampurdán? Dentro de ese viento loco, los payeses sueltan las peores animaladas. Dalí comenzó a repetir en los círculos surrealistas de París las frases geniales, paranoicas, sin sentido que había oído a sus paisanos en los bares de Figueres.
La malvada medusa de Gala sabía que el surrealismo plástico y literario es sustancialmente imposible, puesto que el tiempo en que se tarda en elaborar un cuadro o un poema mata la espontaneidad del subconsciente y quiebra el principio del automatismo psíquico. El surrealismo solo funciona en acción, con hechos imprevisibles, disparatados, actuando en el circo mediático, al margen del cuadro o del poema, de modo que Gala cogió el látigo y no paró de azotar las nalgas de su criatura obligándola a realizar cada día un número más difícil todavía.
Pero la explosión sangrienta de la Guerra Civil fue la macabra experiencia colectiva que hizo posible vivir el surrealismo de verdad. ¿Qué verso de Poeta en Nueva York podría alcanzar una metáfora más insondable que una descarga de fusil al amanecer en un barranco de Víznar con la vega de Granada a los pies?. El surrealismo dejó de ser un juego. Al enterarse de la muerte de Lorca, desde la barrera Dalí gritó: “¡Olé!”, como si su martirio hubiese sido un lance taurino. A continuación, recomendó al Caudillo de España que continuara firmando sentencias de muerte porque eso le rejuvenecía mucho. André Breton nunca imaginó que el único surrealismo posible solo se componía de sangre verdadera. El resto eran payasadas.

martes, 28 de abril de 2015

PRENSA. "García Lorca: fue un crimen político"

   En "El País":

García Lorca: fue un crimen político

Los historiadores y la familia del poeta destacan la trascendencia del informe policial porque reconoce la responsabilidad de las autoridades en la muerte


Federico García Lorca, retratado en la plazoleta de los Olmos en Toledo en febrero de 1933. /MARCELLE AUCLAIR (ARCHIVO GREGORIO MARAÑÓN)

El crimen de Federico García Lorca pesó sobre la dictadura durante sus cuatro décadas, pero el régimen nunca reconoció oficialmente que hubiese tenido alguna responsabilidad en el fusilamiento del poeta. La trascendencia del informe policial y las cartas ministeriales difundidas por la Cadena SER reside en el hecho de documentar oficialmente la implicación de las autoridades rebeldes en la detención y muerte del poeta, según Ian Gibson, biógrafo y autor de numerosos libros sobre el autor de Bodas de sangre. “No quiere decir que no hubiera otros, pero no han salido a la luz, este es el primer documento oficial. Da idea además del problema que representa la muerte de Lorca para el régimen desde el mismo momento en que se produce. Si el informe policial se llega a publicar pondría en evidencia que lo que habían afirmado hasta entonces es falso”, explica Gibson.
Laura García Lorca, sobrina del autor de Poeta en Nueva York, fue incluso más contundente: “Desde el punto de vista histórico es importante que exista un documento interno del régimen de Franco reconociendo que fue un crimen político”. La difusión de la documentación interna de la dictadura sobre el crimen de Víznar entierra definitivamente versiones “peregrinas” que circularon sobre el fusilamiento como que obedecía a “rencillas familiares” o “pasiones homosexuales”. “La policía reconoce lo que ya sabíamos: que fue un crimen político motivado porque le consideraban, y por ese orden, socialista, amigo de Fernando de los Ríos, masón y homosexual”.
El relato mecanografiado el 9 de julio de 1965 en Granada por un policía que no se identifica no deja dudas sobre la responsabilidad política de las fuerzas sublevadas en la detención y asesinato del poeta en 1936: “En el cuartel de Falange, instalado en la calle San Jerónimo, se hallaban el jefe de bandera don Miguel Rosales Camacho cuando en él se presentaron el diputado obrerista por la CEDA, don Ramón Ruiz Alonso, don Juan Trescastro, don Federico Martín Lagos y algún otro que no ha podido precisarse, con una orden de detención dimanante del Gobierno Civil contra FEDERICO GARCÍA LORCA”.
El mismo documento relata que fuerzas dependientes del Gobierno Civil sacan al poeta del calabozo y lo conducen a Víznar, donde es “pasado por las armas” tras “confesar”. Gibson pone el acento sobre esto: “El informe que piden es contundente. Demuestra que no fue un asesinato callejero, que fue sacado del Gobierno Civil para asesinarlo. Ellos mismos lo dicen”, señala.
Pero el régimen, que había solicitado en 1965 el informe para atender la petición de la hispanista francesa Marcelle Auclair, que preparaba una biografía sobre Lorca, decide ocultar el resultado de la investigación, tal y como se deduce del intercambio de cartas entre los ministros de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, y Asuntos Exteriores, Fernando Castiella. “Lo que más me gusta es cuando Camilo Alonso Vega le dice a Castiella que ‘peor es menearlo”, agrega Gibson, que sin embargo le resta importancia a otros detalles del informe policial, como las referencias al lugar donde muere o de las personas que le acompañan. Un aspecto cuestionado también por los historiadores que trabajan en la excavación de la fosa de García Lorca.
“Públicamente, hasta dónde yo conozco, nunca aceptaron que la muerte de Lorca procediera de una orden desde arriba. Siempre aludían a escaramuzas incontroladas, tiñéndolo de brumas. Es una estrategia típica de la propaganda: crear la sombra de la duda, decir que cabía la posibilidad de que fuese una venganza o incluso una cuestión pasional relacionada con su homosexualidad”, señala José Luis Ledesma, profesor de Historia contemporánea de la Universidad Complutense y autor de varios libros sobre la violencia durante la Guerra Civil en la retaguardia, como fue el caso de García Lorca. Ledesma resalta que se trata de un “documento privado, no destinado a ser público, y por tanto no determinado por su posible trascendencia pública o por intereses de propaganda, donde se reconoce abiertamente lo que ya intuíamos y en buena medida sabíamos: que la orden de detención de Lorca vino desde arriba”.
El único documento oficial que existía hasta ahora era la partida de defunción del poeta, datada en 1940 y extraída clandestinamente de España en un calcetín por el investigador Agustín Penón en los años sesenta, según recuerda Fernando Valverde, profesor de Literatura en la Universidad de Georgia, que ha escrito numerosos artículos sobre la muerte del poeta. “Penón nunca llegó a publicar nada, pero dejó una maleta llena de documentos de la que luego tirarían otros investigadores”, recuerda Valverde.
La partida ayudó a desmontar la versión que corría por Granada sobre la muerte del intelectual que llevó el teatro a pueblos perdidos con La Barraca. “La partida recogía el eufemismo que se usaba entonces de que había muerto ‘por heridas en actos de guerra’, pero al menos dejó de decirse que había sido un ajuste de cuentas”, señala.

jueves, 2 de abril de 2015

POESÍA. "Poeta en Nueva York", de Federico García Lorca


   Hoy se cumplen 75 años de la primera publicación de Poeta en Nueva York
   
   Uno de sus poemas:   


OFICINA Y DENUNCIA

                                   A Fernando Vela


Debajo de las multiplicaciones 
hay una gota de sangre de pato. 
Debajo de las divisiones 
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando 
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa 
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé. 
Y los anteojos para la sabiduría, 
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre, 
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra. 
Todos los días se matan en New York 
cuatro millones de patos, 
cinco millones de cerdos, 
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas, 
un millón de corderos 
y dos millones de gallos 
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja 
o asesinar a los perros 
en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada 
los interminables trenes de leche, 
los interminables trenes de sangre, 
y los trenes de rosas maniatadas 
por los comerciantes de perfumes. 
Los patos y las palomas 
y los cerdos y los corderos 
ponen sus gotas de sangre 
debajo de las multiplicaciones; 
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle 
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente 
que ignora la otra mitad, 
la mitad irredimible 
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones 
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos 
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara. 
La otra mitad me escucha 
devorando, orinando, volando en su pureza
como los niños en las porterías 
que llevan frágiles palitos 
a los huecos donde se oxidan 
las antenas de los insectos. 
No es el infierno, es la calle. 
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados 
y distancias inasibles
en la patita de ese gato 
quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas. 
Óxido, fermento, tierra estremecida. 
Tierra tú mismo que nadas 
por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer?, ¿ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera 
y bocanadas de sangre?
San Ignacio de Loyola
asesinó un pequeño conejo
y todavía sus labios gimen
por las torres de las iglesias.
No, no, no, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura 
de estas desiertas oficinas 
que no radian las agonías, 
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido
por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

sábado, 3 de mayo de 2014

LITERATURA. Antonio Tabucchi, en el recuerdo. "Sueño de Federico García Lorca, poeta y antifascista"

Antonio Tabucchi

   De su libro Sueños de sueños:

SUEÑO DE FEDERICO GARCÍA LORCA, POETA Y ANTIFASCISTA

   Una noche de agosto de 1936, en su casa de Granada, Federico García Lorca, poeta y antifascista, tuvo un sueño. Soñó que se encontraba en el escenario de su teatro ambulante y que, acompañándose con el piano, estaba cantando canciones gitanas. Iba vestido de frac, pero en la cabeza llevaba un sombrero de ala ancha. El público estaba formado por viejas vestidas de negro, con mantones sobre los hombros, que lo escuchaban absortas. Una voz, desde la sala, le pidió una canción y Federico García Lorca comenzó interpretarla. Era una canción que hablaba de duelos y naranjales, de pasiones y de muerte. Cuando acabó de cantar, Federico García Lorca se puso en pie y saludó a su público. Bajó el telón y sólo entonces se dio cuenta de que detrás del piano no había bastidores, sino que el teatro se abría hacia un campo desierto. Era de noche y había luna. Federico García Lorca miró entre los cortinajes del telón y vio que el teatro se había quedado vacío como por encanto, la sala estaba completamente desierta y las luces se estaban apagando. En aquel momento oyó un aullido y descubrió detrás de él un pequeño perro negro que parecía estar esperándolo. Federico García Lorca sintió que debía seguirlo y dio un paso. El perro, como ante una señal convenida, empezó a trotar lentamente abriendo camino. ¿Adónde me llevas, pequeño perro negro?, preguntó Federico García Lorca. El perro aulló lastimosamente y Federico García Lorca sintió un escalofrío. Se dio la vuelta y miró hacia atrás, y vio que las paredes de tela y madera de su teatro habían desaparecido. Sólo quedaba una platea desierta bajo la luna mientras el piano, como si lo rozaran dedos invisibles, continuaba tocando por sí solo una vieja melodía. El campo estaba cortado por un muro: un largo e inútil muro blanco tras el cual se veía más campo. El perro se detuvo y aulló nuevamente, y también Federico García Lorca se detuvo. Entonces de detrás del muro surgieron unos soldados que lo rodearon riéndose. Iban vestidos de oscuro y llevaban tricornios en la cabeza. Sostenían el fusil en una mano y en la otra una botella de vino. Su jefe era un enano monstruoso, con la cabeza llena de protuberancias. Tú eres un traidor, dijo el enano, y nosotros somos tus verdugos. Federico García Lorca le escupió en la cara mientras los soldados lo sujetaban. El enano rio de un modo obsceno y gritó a los soldados que le quitaran los pantalones. Tú eres una mujer, dijo, y las mujeres no deben llevar pantalones, deben permanecer encerradas entre las paredes de casa y cubrirse la cabeza con una mantilla. A un gesto del enano los soldados lo ataron, le quitaron los pantalones y le cubrieron la cabeza con un chal. Asquerosa mujer que te vistes de hombre, dijo el enano, ha llegado la hora de que reces a la Santa Virgen. Federico García Lorca le escupió en la cara y el enano se secó riendo. Después sacó del bolsillo la pistola y le introdujo el cañón en la boca. Por los campos se oía la melodía del piano. El perro aulló. Federico García Lorca oyó el estampido y despertó con sobresalto en su cama. Estaban golpeando la puerta de su casa de Granada con las culatas de los fusiles.

   En editorial ANAGRAMA. Panorama de narrativas.
   Traducción de Carlos Gumpert Melgosa y Xavier González Rovira.

viernes, 14 de febrero de 2014

PRENSA. "De plomo las calaveras". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "blogs.publico.es":
De plomo las calaveras
   Luis García Montero  13 febrero 2014

Los hechos son tozudos. Los desechos también. Las fronteras son un lugar en el que los hechos y los desechos exigen una observación meticulosa. Las fronteras pueden convertir a una persona en un desecho, en residuo, basura, objeto inadmisible que merece ser tratado con desprecio y vilipendio. El mar y las tormentas matan porque la naturaleza desatada es peligrosa. Las fronteras no son espacios naturales, pero matan con frecuencia porque las sociedades, los países, los papeles, se desatan y actúan sin compasión. Las fronteras son un laboratorio en el que el poder experimenta con los que llegan de fuera el trato que tiene reservado para los de dentro. En algunas pruebas de laboratorio se sacan conclusiones desoladoras: hay quienes fundan la ley en el desprecio al ser humano, a sus dolores y sus debilidades.
Un numeroso grupo de personas, casi todas de origen subsahariano, intentó entrar en España por la frontera de Ceuta el día 6 de febrero. Las imágenes grabadas y el relato de los supervivientes dibujan una actuación cruel por parte de la Guardia Civil. Los hechos y los desechos son tozudos. Quince cadáveres son el desecho que ha provocado este intento de entrar en España y la respuesta rotunda de los encargados de vigilar la frontera. Algo va mal, muy mal, en la ley y en la sociedad cuando las fuerzas de seguridad de un Estado ponen más empeño en cerrar las fronteras que en evitar que las personas mueran delante de sus ojos. El relato de los supervivientes denuncia los disparos de balas de goma y el uso de gases lacrimógenos contra los que nadaban para alcanzar la playa. Los supervivientes hablan también de un barco de la Guardia Civil que no socorrió a los que se iban a hundir. Sus tripulantes se dedicaron a empujar a vivos y muertos con palos para dirigirlos hacia la parte marroquí de la playa. Todo esto merece una investigación. ¿Ocurrió así? ¿Quién dio las órdenes? ¿Hubo después deportaciones ilegales? Los familiares de los muertos, los ciudadanos españoles y la Guardia Civil merecen una explicación.
Ante la falta de interés de las autoridades por aclarar los hechos, 20 asociaciones presentaron una denuncia el día 10 de febrero. Se trata de asociaciones religiosas, políticas, cívicas, que trabajan desde hace años en defensa de los derechos humanos. La denuncia expone los hechos que se conocen por las grabaciones difundidas en la prensa y por el relato de los supervivientes para pedir una investigación. Pide, por ejemplo, que se recaben todas las imágenes existentes sobre lo sucedido y que se haga inventario del material antidisturbios para sacar conclusiones acerca de su utilización. Es decir, la denuncia pide sólo aquello que una autoridad responsable debería hacer sin que nadie se lo pidiese.
El director general de la Guardia Civil, señor Arsenio Fernández de Mesa, irrumpió airado en la escena pública y afirmó que las ONG le hacen el juego a las mafias. Anunció también querellas criminales contra los que calumnien y presenten denuncias falsas contra la Benemérita. Su tono tajante no admite dudas: todos los guardias civiles observaron un proceder impecable e hicieron lo que tenían que hacer. 15 cadáveres no merecen una duda, son el desecho del buen proceder. Con esta actitud, es el director general quien le falta el respeto a la Guardia Civil, identificándola de forma natural con la muerte. Su tono, en el que no caben siquiera la piedad y el pésame, nos devuelve a los famosos versos del romance de Federico García Lorca: “Tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras”.
Las religiones son una materia tan rara y tan alambrada como las fronteras. Cada uno traza con ellas su propia identidad. El PP se siente muy identificado con la Iglesia que considera desecho a los homosexuales y que viola la conciencia individual de las mujeres imponiendo sus dogmas sobre la sexualidad y la interrupción del embarazo. Pero el PP sale corriendo en cuanto ve comprometerse a un cura o a una asociación cristiana con los derechos humanos de los inmigrantes. La conocida religiosidad de Ministerio del Interior tiene mucho que ver con la Inquisición y las Cruzadas, muy poco con la compasión.
Aquí no hay compasión ni con la Guardia Civil. El famoso romance de García Lorca sobre las capas, las herraduras y los caballos negros de la Benemérita fue la consecuencia de su mala imagen popular después de muchos años de represión salvaje. El cambio real de actitud, la transformación interior y exterior del Cuerpo, supuso uno de los síntomas más llamativos de la democracia española. Ahora parece que la autoridad, los políticos que dan las órdenes, los que pueden sacar de nosotros lo mejor o lo peor, están dispuestos a devolverle una imagen tétrica a la Guardia Civil. El tono totalitario y la prepotencia se cuelan una vez más en nuestra historia. Que se llenen las fronteras de cadáveres. Aquí se ha hecho lo que se tenía que hacer. Los ciudadanos españoles que piden una investigación son desechos de nuestra patria y los inmigrantes son la vileza del mundo.