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jueves, 16 de octubre de 2014

PRENSA. "Ébola, notas desde África". Paula Minguell

   En "diagonalperiodico.net":
es cooperante.
14/10/14 · 13:30
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Foto de la Comisión Europea de vestuario siendo desinfectado. / JEAN-LOUIS MOSSER
Juba (Sudán del Sur). Martes por la mañana.
Saboreo mi primer café “de verdad” en tres meses mientras contemplo las imágenes que escupen todas las cadenas de noticias internacionales: se confirma el primer caso de Ébola fuera de África: en España. Mi primer pensamiento: lo paradójico que resulte que estando en África, me siento más protegida frente a este virus, que en casa.
Empiezo a leer la prensa on line: protocolos dudosos, llenos de errores, torpe manejo de los casos de Ébola evacuados, pobre respuesta gubernamental ante el caso confirmado. Y no es que yo sea una gran experta en el tema, pero por lo menos me he estudiado, por mi trabajo, una y otra vez todos los protocolos, cosa que no han hecho muchos de los tertulianos que estos días parecen haber invadido todos los medios.
Leyendo las declaraciones de la afectada, y de otros miembros del personal sanitario, no puedo más que recordar el anterior caso de psicosis colectiva: la llamada gripe A (H1N1).
En aquella época, trabajaba en el servicio de urgencias de un hospital. El protocolo de actuación nos llegó una semana después de haber atendido a los primeros casos, y más que un protocolo era una novela de ciencia-ficción: no es que los profesionales no quisiéramos poner las medidas en práctica, es que los recursos materiales y la infraestructura eran incompatibles con su cumplimiento.

La vida resuelta y la criminalización

A pesar de no haber podido leer el protocolo puesto en marcha en el Hospital Carlos III/Comunidad de Madrid, puedo llegar a imaginarme los retos de su implementación. Cabe añadir, señor Francisco Javier Rodríguez, consejero de Sanidad de Madrid, que la que escribe tiene un master, un título de experto universitario, un diploma universitario, además de una Licenciatura en Medicina y una especialidad, y no me avergüenza reconocer que no sé ponerme ni quitarme el traje de protección. Eso sí, a pesar de que Sudán del Sur no ha tenido ningún caso confirmado en la actual epidemia, antes de volver me he asegurado que mis colegas nacionales supiesen ponerse y quitarse el traje. Como bien sabrá usted, ya que es médico (y con la vida resuelta) es que es mejor prevenir que curar.
Y en pleno boom informativo, y recordándome las teoría de la doctrina del Shock, el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid anuncia la adjudicataria de las obras de remodelación de las plantas tercera, cuarta, quinta y sexta del Hospital Carlos III de Madrid. A pesar de los más de dos años de lucha por evitarlo, este centro, referente nacional e internacional hasta ahora de Enfermedades Tropicales, será reconvertido en un centro de media y larga estancia. Y no es el único menoscabo que ha sufrido este centro: se estima que desde el inicio del proceso de privatización y desmantelamiento de la sanidad pública en Madrid, se ha reducido un 12% de su personal por centro.

El virus no está controlado

Pero volvamos a África, a pesar de que ésta es, hasta el momento, la epidemia más grave en cuanto a población afectada y extensión (se han detectado casos en Liberia, Sierra Leona, Guinea, Nigeria y República Democrática del Congo), en África más de 20 brotes se han ido presentando periódicamente desde su descubrimiento en 1976 con más de 1.500 muertes excluyendo las 2.800 del brote actual. De hecho, ni siquiera este es el brote “más peligroso” en cuanto a virulencia: la cepa que azotó el Congo en 2002 tenía una tasa de mortalidad del 80% superior a la cepa actual que ronda el 50-55%.
A pesar de los esfuerzos realizados por ONG como Médicos sin Fronteras, que son los que inicialmente se hicieron cargo de la epidemia, empezando sus intervenciones en marzo del pasado año, el virus parece no estar controlado. Ante la impotencia, la falta de recursos, la saturación de los centros asistenciales y la falta de apoyo institucional, su presidenta Internacional, Joanne Liu, se dirigió hasta en tres ocasiones al consejo de Naciones Unidas, haciendo un llamamiento desesperado a la comunidad internacional. Esto resultó en la creación de una misión específica para dichos fines: UN Mission for Ebola Emergency Response (UNMEER) y el compromiso de apoyo, en forma de tropas y recursos económicos por parte de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra. Finalmente, el único país que parece haber reaccionado ha sido Cuba enviado un total 165 sanitarios con material necesario para desarrollar su trabajo. Además, están preparando un nuevo destacamento.
Resulta paradójico que frente a la lenta respuesta internacional, la respuesta de la industria farmacéutica no se ha hecho esperar. Tras una reunión de urgencia, la OMS “concede una gran prioridad a la evaluación acelerada de todas las vacunas” por el cual, se da el visto bueno a la experimentación en fase humana (fase 3) de dos vacunas experimentales. Es sorprendente la celeridad en la puesta en experimentación ya que normalmente se tarda una media de cinco años. Detrás de estas dos vacunas, se encuentran dos empresas farmacéuticas: GlaxoSmithKline y NewLink Genetics.
Eso sí, la OMS en el comunicado difundido, muestran su preocupación por los aspectos éticos de la experimentación. Es importante señalar que los ministerios de Salud de cada país son los responsables de velar por el cumplimiento del código ético cuando se realizan test en humanos, es decir, entre otros la firma del consentimiento informado, preservar la libertad de elección (sin ninguna otra opción terapéutica), preservar la dignidad de la persona y la implicación de la comunidad. Por solo citar un dato que hace sospechar de estos códigos éticos, respecto al consentimiento informado, documento en los que se detallan los posibles efectos secundarios de los tratamientos, en Guinea, la tasa de Alfabetización es del 29%, siendo del 18% para las mujeres (el ébola afecta más a las mujeres).
Es ahora que parece que la epidemia está descontrolada, y que puede afectar a países occidentales, cuando se ha convertido en un “objetivo” de la industria. Y es que no sólo se han producido avances en cuanto al tratamiento, incluido el Zmapp, además, desde la aparición de la actual crisis laboratorios argentinos y japoneses han anunciado la puesta en marcha de test de diagnóstico rápido. Sin embargo, teniendo en cuenta el precio considerado para las vacunas, sueros y test rápidos, los países africanos afectados nunca podrán optar a estos recursos.

Escasez de recursos

Mientras todo esto ocurre, los contagios continúan en los países del oeste de África, y como bien denuncian muchas ONG, el Ébola está produciendo una gran devastación a muchos niveles.
Los fallecidos por estar infectados por el virus, son sólo una mínima parte de las muertes totales debidas a esta epidemia. Pongamos como ejemplo a Liberia, país con más muertes registradas en la presente epidemia: 1.500 casos. Este país, uno de los más pobres del mundo, presentaba antes de marzo ya unos indicadores sanitarios alarmantes: una mortalidad en menores de cinco años de 75 por cada mil niños (en España es de 5/1000), la esperanza de vida es de tan solo 62 años,y disponen de un ratio de 0,1 médicos por cada 10.000 habitantes, y de 2,7 matronas por cada 10.000 habitantes. En España, y no siendo de los ratios más altos de Europa, hay 37 médicos por cada 10.000 y 51 matronas por cada 10.000. A esta escasez de recursos profesionales, hay que añadir la falta de recursos materiales, y a esto, tras la epidemia, el miedo a contraer la enfermedad.
La población está evitando ir a los centros sanitarios por miedo al contagio y los profesionales sanitarios están haciendo lo propio, no acudiendo a sus puestos de trabajo.Se estima que el porcentaje de partos asistidos ha descendido del ya de por sí bajo 50 % a un 38% desde el inicio de la crisis actual del Ébola. Esto ha supuesto como es de esperar, un aumento en la mortalidad materno-infantil. Y no se les puede acusar, el miedo es real: desde el inicio del brote, 382 profesionales de la salud han sido contagiados (69 en Guinea; 188 en Liberia y 114 en Sierra Leona). De estos, 216 fallecieron.
Los sistemas sanitarios de estos países están colapsando y es que el Ébola es sólo uno de los tantos problemas al que tienen que enfrentarse. Entre otras destaca la malaria, enfermedad parasitaria. Ésta afecta a 207 millones de persona en todo el mundo y causa la muerte de más de 627 000 personas anualmente, cifras muy superiores a las provocadas por Ébola. Sin embargo, esta enfermedad, prevenible y curable, no dispone de vacuna, ni interesa a grandes laboratorios, y el motivo es sencillo: es una enfermedad de pobres, y por las características de su transmisión, nunca podrá afectar a gran escala a occidente. La vida de un blanco vale mucho más que la de un negro.
Mientras escribo estas líneas, se acaba de confirmar un nuevo caso, esta vez, en Estados Unidos. Mientras los medios evocan escenarios post-apocalípticos propios de Walking Dead, África continúa, a espaldas del mundo, su lenta agonía.

martes, 11 de febrero de 2014

PRENSA CULTURAL. "Machado vive aún en Madrid"

Retrato de Antonio Machado en el café de Las Salesas. /ALFONSO

   En "El País":

Machado vive aún en Madrid

El poeta, muerto en el exilio hace 75 años, residió aquí más de 30 años, amó a Guiomar y escribió algunos de sus mejores versos

 Madrid 3 FEB 2014 

Cuando se cumplen 75 años de la muerte en el exilio de Antonio Machado, Madrid, la ciudad donde el poeta sevillano viviera su adolescencia, su juventud e intensos períodos de su madurez, conserva la estela de su estadía en algunos hitos que evocan su memoria. Uno de los más recientes es el busto que hace seis años le dedicara la Biblioteca Nacional, copia de una obra del escultor Pablo Serrano, que cabe contemplar hoy sobre una peana en el jardín del suntuoso edificio libresco proyectado por Francisco Jareño en el paseo de Recoletos. Otro hito importante es el de la estación de metro que lleva su nombre, en la línea 7, que conecta Pitis con San Fernando de Henares.
Antonio Machado Ruiz había nacido en el palacio de las Dueñas de Sevilla en 1875, hijo de Ana Ruiz y de Antonio Machado Álvarez, librepensador estudioso del folclore andaluz y amigo de los intelectuales Francisco Giner de los Ríos y del regeneracionista aragonés Joaquín Costa. En Sevilla, en un ambiente familiar de ideas progresistas, Antonio vivió una infancia feliz hasta el 8 de septiembre de1883, fecha del traslado a Madrid con su familia -cinco hermanos, tres chicos y dos chicas- paras instalarse en un piso de la calle de Claudio Coello, 16, después de que destinaran a su abuelo Antonio a una cátedra de Medicina de la Universidad Central de San Bernardo. Fue precisamente en este recinto universitario donde su nieto Antonio, ya estudiantón, culminaría a los estudios de Filosofía y Letras, hacia los que le condujo el despliegue de su temprana vocación por el teatro y la poesía.
El joven dramaturgo y futuro poeta, que colaboró en la hechura de pequeñas piezas teatrales junto con su hermano mayor, Manuel, también poeta, fue con él alumno del Instituto San Isidro, centro escolar entonces tricentenario, cuyo bello claustro barroco, que aún cabe visitar en la calle de Toledo esquina a la de los Estudios, y que él tantas veces recorriera, le hermanaría más allá del tiempo y del espacio con poetas y dramaturgos del Siglo de Oro como Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca. Ellos también cursaron enseñanzas en el viejo caserón madrileño que albergara el Colegio Imperial.

En la estela de Rubén Darío



Claustro del Instituto de San Isidro, donde dio clase Machado. / CRISTÓBAL MANUEL
El bachillerato del imberbe Antonio Machado, que proseguiría en el madrileño Instituto Cardenal Cisneros, en la calle de los Reyes, se vio interrumpido por la muerte de su padre, en 1893 y, tres años después, por la de su abuelo médico y catedrático tocayo suyo. Además, le alejó de los estudios un temprano viaje a París en 1899, junto a su hermano Manuel, si bien aquel periplo le permitiría conocer allí a Oscar Wilde, más adelante al poeta modernista nicaragüense, luego afincado en Madrid Rubén Darío, de gran influencia poética sobre su propia obra, y al escritor naturalista vasco Pío Baroja, en cuya casa madrileña de la calle de Ruiz de Alarcón, Machado, a su regreso a Madrid, le visitaría en ocasiones. No lejos de allí, en un palacete de la calle de Alfonso XII esquina a la de Juan de Mena, habitaría Rubén Darío durante sus largas estancias madrileñas como diplomático, que también residiría en la calle de Serrano, 23.
 El cambio de domicilio en Madrid de las familias de la clase media era extremadamente frecuente en el arranque del siglo XX. Así, los Machado y su numerosa prole -como han escrito los literatos José Montero Alonso y su hijo José Montero Padilla -vivieron en un plazo de dos décadas en nuemrosos domiclios distintos. Entre otros, en las calles de Churruca, Fuencarral, Santa Engracia, Alcalá, 110 -número que ha desaparecido de la calle- y la inicial de Claudio Coello –en el número 16, muy cerca del portal 25; precisamente en este edificio residieran tres décadas antes Gustavo Adolfo Bécquer y, también, Emilia Pardo Bazán-así como en la aún conocida como calle Ancha de San Bernardo, donde se encontraba la Universidad Central en la que cursaría la carrera de Filosofía, con una impronta ideológica influenciada por el pensador Henry Bergson, al que había seguido en varios seminarios durante sus dos estancias en París.

 Amistad con Lorca y Baroja, cartas con Unamuno



Fuente de los jardines de Moncloa donde Machado quedaba con su amada. /CLAUDIO ÁLVAREZ
Otro de los domicilios madrileños de Machado estaría en el arranque de la calle de General Arrando, en el número 4, donde figura una placa en su memoria; esta vía fue llamada tras la Guerra Civil y hasta la Transición, del General Goded y se encuentra muy cerca de la plaza de Chamberí y no lejos de la calle de Martínez Campos, donde tuvo su sede, hoy sustituida por un moderno edificio, la Institución Libre de Enseñanza. En dependencias de la Institución Antonio Machado completaría sus estudios. De aquella época data su amistad con intelectuales como Federico García Lorca y la intensa correspondencia que mantuvo con Miguel de Unamuno.
Tras conocer en 1907 en Soria a la jovencísima quinceañera Leonor Izquierdo y casarse con ella cuando él contaba 34 años, residen durante su luna de miel en la casa de Ana Ruiz, madre de Machado, en la Corredera Baja de San Pablo número 20. Previamente, el poeta frecuentaría numerosas tertulias de cafés como el llamado Fornos, en la calle de Peligros, donde se hiciera famoso el perro Paco -que asistía a corridas de toros y a obras teatrales-. De igual modo, frecuentaba el café de Las Salesas, donde sería retratado por el renombrado fotógrafo Alfonso; también asistía o impartía conferencias en el Ateneo de la calle del Prado, que a la sazón bullía culturalmente entre una intensa e incesante actividad intelectual y política.


Calle de Corredera Baja de San Pablo, donde vivió Machado. / CRISTÓBAL MANUEL

 Moncloa, un jardín para soñar

 Sin embargo, el paraje con el que más se identificaría el poeta de cuantos en Madrid frecuentara fue el formado en torno a los jardines del palacio de La Moncloa, una antigua posesión del marqués del Carpio que databa del siglo XVI, enclavada sobre uno de los paisajes más amenos de cuantos la ciudad y sus alrededores poseen. Su enclave parece casar con el refinadísimo gusto del marqués, uno de los principales coleccionistas de arte de todos los tiempos. ¿Por qué Machado se identificó tanto con los jardines del palacio? Primero, porque entonces, 1932, eran jardines de aristócratas abiertos al público por las autoridades republicanas a los que la gente tenía acceso. Y segundo, porque fue allí donde vivió las horas más intensas de su amorío con Pilar de Valderrama, la musa que bajo el nombre de Guiomar despejaría algunas de sus tribulaciones tras la muerte de la jovencísima Leonor Izquierdo Cuevas en Soria donde, como profesor de Francés, Machado había sido destinado en 1909. Fuentes, fontines, pérgolas y vergeles de los jardines madrileños de La Moncloa dieron color y vida a aquel amor arrebatado hacia Guiomar, al que accedía Antonio desde otro de sus domicilios, en la avenida de reina Victoria, en Cuatro Caminos, donde tomaba un tranvía que hasta allí le llevaba.
 Tras un destino en Baeza (Jaén) y otro muy fructífero en Segovia, que duraría 13 años, Antonio regresa a Madrid y en 1932 gana la cátedra de Francés en el Instituto Calderón de la Barca, entonces en el paseo de Areneros hoy Alberto Aguilera y en el Instituto Cervantes, con distintas secciones. En este instituto madrileño, donde Machado dio Francés, impartiría clases de Filosofía María Zambrano y de Dibujo, Daniel Vázquez Díaz.

 Tertulias y cafés

 Por las tertulias madrileñas, por los salones literarios y por los teatros, vinculado estrechamente a la causa republicana, desplegaría Antonio Machado su genio poético, bañado por la hermosura andaluza primero, herido luego por la sobria belleza castellana y por un amor siempre añorado, dolencias éstas que combatió con un verbo primero pinturero y modernista, al cabo íntimo y, a la postre, signado por el compromiso con la dolorida realidad social de la España de entonces.
Pese a haberse atrevido, como el enciclopedista Jean Jacques Rousseau, a “ser tildado de malo por haber osado creer que el ser humano es naturalmente bueno”, la saña ideológica del franquismo se cebaría con él: tras la Guerra Civil, Antonio Machado Ruiz, quizás el más alto poeta español contemporáneo, sería en 1939 expulsado post mortem de su cátedra madrileña. No sería rehabilitado en ella hasta el año 1981, ya en democracia.
 Hoy, su cuerpo reposa exiliado en el cementerio de la localidad fronteriza francesa de Colliure, pero su nombre y su poesía -"honda palpitación del espíritu" la definió el antólogo José Montero Alonso- resuena en los frontis y los patios de centros escolares madrileños, donde su verbo sustantivo, bañado por la luz de los cielos altos de Castilla y la lumbre que iluminó su feliz infancia, late aún enterizo, pleno, en los corazones adolescentes.

martes, 31 de diciembre de 2013

PRENSA. "Historia de dos ciudades". José Álvarez Junco

José Álvarez Junco

   En "El País" (29 septiembre 2013):

Historia de dos ciudades

Conforme avanza el siglo XIX, las élites barcelonesas van considerándose más ricas, cultas y europeas que las madrileñas, de las que dependían políticamente. Ahora lo que quieren es dejar de pertenecer a España

 29 SEP 2013

Si hay una conclusión dominante que puede extraerse de los miles de libros y artículos dedicados a los nacionalismos, sería que los factores que explican su existencia no son las razas, la religión o la historia. Tampoco los intereses económicos, como quiso el marxismo. Más que burguesía, lo que encontramos tras estos procesos son élites político-intelectuales. No intelectuales en el sentido de grandes creadores de arte o pensamiento sino de personas que manejan y difunden productos culturales y que con ello se ganan la vida o son, o aspiran a ser, funcionarios. Pero sobre lo que quisiera reflexionar aquí hoy es sobre el hecho de que estas élites actúan necesariamente desde centros urbanos, porque es allí donde se crea y difunde la cultura. Allí se reúnen, intercambian ideas, conciben y lanzan su proyecto. La disputa se libra entre ciudades; más precisamente, entre élites urbanas.
Durante milenios, la humanidad ha vivido organizada en reinos o imperios, formas de dominación política dirigidas desde ciudades. No eran todavía naciones, porque no aspiraban a la homogeneidad cultural ni atribuían el poder soberano al pueblo. Al desaparecer en Europa el imperio romano, pareció que las ciudades iban a verse anegadas por un mundo rural regido por grandes señores dedicados a la guerra. Pero los centros urbanos recuperaron su fuerza y consiguieron crecer y rivalizar con los señores feudales. La superioridad de las ciudades fue su concentración de recursos (económicos y coactivos, como explicó Charles Tilly), frente a la fragmentación del poder del feudalismo. Aunque tampoco fueron las sociedades más urbanizadas donde surgió el Estado moderno. Muchas y muy esplendorosas ciudades había en el norte de Italia o en Flandes y, sin embargo, los grandes Estados europeos nacieron en territorios más amplios, dominados por un solo centro, como París, Londres o Madrid. Algunos de los Estados-nación europeos fueron más tardíos por la rivalidad entre varias ciudades, como Berlín y Viena o Roma, Milán y Turín.
En el caso español, hacia 1500 ninguna ciudad dominaba el conjunto de la Península. La zona más rica y poblada, Castilla la Vieja, se componía de una constelación de ciudades laneras (quizás la tercera europea, tras Italia y Flandes) y en el Mediterráneo había otra serie de poderosos núcleos urbanos marítimos y comerciales, como Valencia y Barcelona. Castilla acabó imponiéndose porque, tras su unión con Aragón y la conquista de Granada y Navarra, los monarcas establecieron allí su sede. Alguna razón tienen quienes hablan del “Estado español”, porque lo primero fue el Estado, en el que comenzaron a desarrollarse unas estructuras organizativas propias de un Estado moderno embrionario (tesorería, burocracia, ejército permanente). El sentimiento de nación llegó más tarde, y no sin dificultades. La capital en la que se acabaron estableciendo, Madrid, no era un gran centro agrícola, comercial, industrial o de comunicaciones. Era solo la corte y estaba situada en medio de un páramo, atractivo para los reyes porque había a su alrededor buenos terrenos de caza. Los monarcas, aliados primero con las ciudades frente a los señores feudales y sometiendo luego a aquellas al aplastar la rebelión comunera, consiguieron monopolizar el poder coactivo. Y, como cualquier monarca de la época, se embarcaron en multitud de empresas militares para ampliar sus dominios. Lo mismo hacían los reyes franceses o ingleses, pero con menor capacidad económica, debido a las remesas que los Habsburgo españoles recibían del continente recién descubierto al otro lado del Atlántico. Gracias a eso, esta monarquía logró imponer su supremacía en Europa durante algo más de un siglo. Pero su dedicación a las actividades militares, descuidando la creación de riqueza, acabó debilitándola, arruinando y despoblando sobre todo a Castilla, la región de más recursos y también la más sometida tras haber maniatado a sus Cortes (de ahí que los restantes reinos se resistieran, con razón, a perder sus inmunidades y privilegios). Su hegemonía europea terminó tras la Paz de Westfalia y sería sucedida por la francesa primero y por la británica después.

La ola romántica produjo una idealización del esplendor medieval catalán y nostalgia por su lengua vernácula
Al llegar la era contemporánea, aquella monarquía que estaba dejando de ser un imperio quiso convertirse en una nación. Pero Madrid seguía siendo sobre todo corte, de la que emanaban órdenes principalmente militares, y apenas había crecido como centro productivo. En cambio, una primera industrialización textil se había producido, ya en el XVIII, en torno a Barcelona, que había sido sede de las instituciones representativas oligárquicas del Principado de Cataluña (Corts, Generalitat), por lo que albergaba una añoranza por su autogobierno perdido en 1714 (que nunca fue independencia en el sentido actual del término, pues dependía de la corona de Aragón). Era lógico que a la larga se desarrollara la rivalidad entre esta ciudad y Madrid.
A medida que avanzó el XIX, las élites barcelonesas se fueron viendo a sí mismas como más ricas, cultas y europeas que las madrileñas, de las que dependían políticamente. El desequilibrio era innegable. La ola romántica prendió, y no por casualidad, en Barcelona y se produjo una Renaixença, una idealización del esplendor medieval catalán y un sentimiento nostálgico por la lengua vernácula que se veía en extinción. Ya en el último cuarto del siglo, el Colegio de Abogados de Barcelona, para enfrentarse a la codificación, que les obligaría a competir en un mercado más amplio y homogéneo, defendió la singularidad del Derecho catalán, elaborando toda una teoría sobre su esencial incompatibilidad con el castellano, a partir de sus distintas raíces doctrinales (v. al respecto el libro de Stephen Jacobson). Luego vino el folklore, la sardana, la barretina, todo expandido por barceloneses en fervorosas excursiones al campo circundante, donde explicaban a los campesinos cuál debía ser, cuál era, en realidad —aunque no lo supieran—, su manera propia de vestir o de bailar. Joan-Lluis Marfany lo describió en un gran libro. Finalmente, aquel movimiento se presentó en política bajo el rótulo de Lliga Regionalista y la respuesta brutal de algunos militares asaltando sus periódicos provocó la Ley de Jurisdicciones y reforzó el estereotipo de que Cataluña encarnaba el civismo europeo frente a la barbarie de los castellanos.
Esas circunstancias, más que una identidad étnica mantenida sin interrupción a lo largo de un milenio, pueden ayudar a comprender el origen del nacionalismo catalán. Algo no muy distinto —aunque con muchas peculiaridades— ocurrió en el otro foco industrial del país, Bilbao (cuidado, no el País Vasco), que, sintiéndose superior por su riqueza y sus lazos con Inglaterra, lanzó también su órdago frente al dominio madrileño. En otros lugares, como Galicia, pese a tener seguramente mayores motivos para plantear una reivindicación nacionalista —dada su mayor homogeneidad lingüística, sus fronteras bien delimitadas y una situación de atraso que podría haber sido atribuida a la explotación “colonial” de Castilla—, el nacionalismo nunca tuvo tanta fuerza, por razones complejas, pero una de ellas seguramente porque no había una ciudad que fuera el centro, la capital natural; los escasos nacionalistas gallegos, al final, lanzaron sus propuestas desde Madrid o desde Buenos Aires.

Se ha querido crear un Estado centralizado sobre el modelo francés, cuando la realidad es muy distinta
Hoy, un siglo y pico después de este proceso, las circunstancias han cambiado mucho. Madrid no es ya el poblacho manchego que fue, sino el centro económico del país. Pero los estereotipos se mantienen vivos, porque el éxito de los nacionalismos lanzados desde Barcelona o Bilbao ha sido indiscutible. Por otro lado, en España se ha querido crear un Estado centralizado sobre el modelo francés, cuando la realidad es muy distinta a la francesa, dominada con claridad por un gran centro urbano con el que ningún otro puede rivalizar. En España hay, al menos, dos ciudades de tamaño y peso económico y cultural perfectamente comparable. Una, Barcelona, es claramente capital española en el mundo de la edición, el deportivo, el turístico. Y sus élites político-culturales, que no pueden soportar más la idea de depender de Madrid, han conseguido convencer a una gran parte de su población de que son diferentes a los españoles y de que lo mejor es, sencillamente, dejar de pertenecer a España.
No pretendo lanzar propuestas para superar la situación actual, sino simplemente introducir un elemento más, la pugna urbana, para ayudar a comprender el problema. Pero la teoría, inevitablemente, insinúa soluciones. Estamos en la era posnacional, en la que el Estado-nación ha dejado de ser soberano en muchos sentidos. No basta con constatar y apoyar ese proceso. También hay que hacer más compleja la organización de lo que queda del Estado. Sería interesante, por ejemplo, plantear una especie de doble capitalidad, o múltiple capitalidad, con instituciones estatales (el Senado, para empezar) situadas en otras ciudades, y con un tratamiento de las lenguas no castellanas como oficiales también del resto de España (en Canadá, Quebec es una minoría, pero el francés es oficial en todo el país).
Aunque me temo que es tarde para todo esto.
José Álvarez Junco es catedrático de Historia en la Universidad Complutense, Madrid. Su último libro es Las historias de España (Pons/Crítica).