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viernes, 27 de febrero de 2015

PRENSA. "El método revolucionario y polémico con el que enseñan matemáticas en EE.UU."

   En "elconfidencial.com":


No hace falta un gran esfuerzo mental para que, si se nos pregunta cuánto son siete por siete, respondamos que 49. No hemos tenido que utilizar la lógica ni hacer ninguna operación en papel, sino que nos hemos limitado a reproducir la tabla de multiplicar que aprendimos en nuestra infancia. Incluso es bastante probable que la hayamos canturreado mentalmente: siete por siete, nueve; ocho por ocho, sesenta y cuatro… Ahora imaginémonos que tenemos que pagar la compra en el supermercado, y la cajera nos dice que el montante total es de 44,28 euros. Pagamos con un billete de 50. ¿Sacaremos hoja y papel para saber exactamente cuánto tendremos que recibir, o calcularemos por encima que algo más de un billete de cinco euros, una moneda de 50 céntimos y otra de 20?
No es una división maniquea ni baladí, sino que representa bien las dos formas de enseñar las matemáticas que ha implantado los estándares de Núcleo Común o Common Core standards, que persiguen la unificación del sistema educativo en Estados Unidos. Se trata de un método rechazado por gran parte de docentes y padres, como bien muestra una serie de artículos publicados en The Washington Post
A mis hijos antes les gustaban las matemáticas, ahora lloran
También han sido objeto de la burla: en un tweet publicado en su cuenta ya clausurada, el humorista Louis C.K. aseguraba que sus hijos amaban las matemáticas, pero que la nueva metodología había conseguido que les hiciese llorar. “¡Gracias a los exámenes estandarizados y al núcleo común!”, exclamaba, al mismo tiempo que tuiteaba una larga serie de imágenes de exámenes que mostraban el en su opinión disparatado criterio de aprendizaje.  
La intuición también puede funcionar en las matemáticas
¿En qué consiste exactamente el método de suma propuesto por el Common Core? Algunas imágenes que se han viralizado en la red, a veces en forma de parodia, nos ayudan a entender un poco mejor en qué consiste la nueva forma de enseñar las sumas y las restas. Es el caso de este examen que aparece recogido en un artículo de The National Review

Siguiendo las reglas con las que hemos aprendido las matemáticas, nos basta con saber que 7 y 7 suman 14, ¿verdad? Se trata de la simple aplicación de las tablas de sumas, restas y multiplicaciones que hemos memorizado. Sin embargo, en dicho ejemplo, el número entero 7 se descompone en otras dos cifras, el 4 y el 3, que sirven como guía para resolver la suma. ¿De qué manera pueden ser una pista? Probablemente, entendiendo que 7 + 3 + 4 da igualmente 14. Muchos han argumentado que se trata de un rodeo para llegar al mismo sitio, pero sus partidarios recuerdan que es una forma interesante de aprender a realizar atajos que no nos obliguen a conocer de memoria las tablas. Veamos este otro ejemplo:

Como vemos, no sólo se realiza la cuenta de la forma tradicional, sino que también se descomponen las centenas, las decenas y unidades en una tabla. Es una representación visual de aquello que, hasta la fecha, había sido una mera aplicación del álgebra. De esa manera, aseguran sus defensores, lo que hasta entonces era una mera abstracción pasa a representar una cantidad contante y sonante y fácilmente comprensible por el ojo.

Como vemos en el ejemplo anterior, el alumno debe averiguar “la parte que ha desaparecido” a partir de un total, que es el número 9. Debido a que se conocen las cuatro monedas, hay que sumar otras cinco hasta conseguir el total. Una terminología que muchos han asegurado que es altamente confusa, sobre todo para niños de unos seis años, que son a los que va dirigido dicho examen.
¡Lo están complicando! Cuatro y cuatro son ocho, ya está
La centenaria profesora de matemáticas Madeline Scotto lo explica bien en un vídeo publicado en Business Insider. “¡Lo están haciendo mucho más complicado!”, explicaba. “Cuatro y cuatro son ocho. Si no estás seguro, cuenta cuatro y otros cuatro y tendrás ocho”. Aunque no cabe esperar una gran defensa de la revolución educativa por parte de una docente que ya ha cumplido la centena, aunque siga dando clase en la St. Ephrem’s School, esta recuerda que el método tradicional ha funcionado bien durante los últimos siglos y que, si algo no está roto, no hace falta arreglarlo.
Quizá el principal problema se encuentre en la aparente complicación de un contenido que, a ciertas edades, se debe aprender de forma intuitiva y que sólo posteriormente se comprenderá de forma más profunda. Como explica un artículo de The Washington Post, existen estándares propugnados en el programa que se llaman “entender la sustracción como un problema de suma desconocida”. Por entendernos, esto consiste en pensar el tradicional 10 – 4 = 6 como un 4 + X = 10.

Ello repercute de forma llamativa en la terminología que se emplea. Como muestra esta imagen, no es importante simplemente saber hacerlo, sino por qué y cómo se hace. Por ello se debe sustituir el concepto “problema” por “situación matemática”, y en lugar de sumar o restar cifras, se incrementa o se reduce. Esta reescritura del lenguaje suena casi orwelliana, pero como señala el documento, es una forma de crear una “comprensión mayor”. ¿Una forma de iniciar al alumno en las sofisticaciones matemáticas o una forma de impedir la comprensión de reglas básicas?
Un método no tan peligroso
La lucha respecto a la pertinencia de estos estándares se ha convertido casi en una confrontación política, al ser utilizada por muchos críticos de Barack Obama como arma arrojadiza, ya que fueron impulsados por el presidente demócrata. No obstante, sus defensores recuerdan que se están utilizando las excepciones como si fuesen la regla y que, en realidad, el método tiene mucho más sentido en el siglo XXI que la aplicación directa de la aritmética.
Es una metodología muy parecida a la que empleamos de manera natural cuando redondeamos cifras para pagar
¿Por qué? Porque por primera vez, se puede utilizar la lógica para realizar una operación que antes era exclusivamente matemática. Es una metodología muy parecida a la que empleamos de manera natural cuando redondeamos en nuestra mente cifras para entender cuánto, por ejemplo, tenemos que aportar en la cuenta cuando la dividimos entre varios o para saber cuánto tenemos que recibir de vuelta tras un pago.
Pongamos que en la cuenta de una mesa de cuatro comensales, el total asciende a 47,8 euros, vamos a pagar a escote y –no vale hacer trampa– nadie tiene la calculadora del móvil a mano. ¿Cogeremos hoja y papel y dividiremos en caja o, más bien, redondearemos mentalmente? Seguramente nos decantaremos por esto último: de esa manera, dividiremos cuatro entre cuatro, por lo que ya tenemos 10 euros, y nos sobrarían 7,8. Podemos redondear dicha cifra a 8, que es fácilmente divisible entre cuatro, es decir, 2 euros cada uno. En resumen, 12 euros y el resto para el bote, ¡y sin necesidad de hacer cuentas!
Además, no es totalmente cierto que no se enseñen las cuentas de la forma tradicional, como demuestran algunos de los contenidos de la página del Common Core, como aquella en la que se señala que se siguen realizando operaciones con base 10. No todo son aspectos negativos, señalan sus defensores, sino más bien que el inmovilismo de algunos impide modificar un sistema que, a diferencia de lo que sugería la centenaria profesora, quizá sí tenga espacio para la mejora. 

jueves, 15 de enero de 2015

PRENSA. MATEMÁTICAS. "Los trucos infalibles para hacer mentalmente operaciones matemáticas sin equivocarte"

   En "elconfidencial.com":


AA
Gracias a las calculadoras de los teléfonos móviles y los ordenadores, cada vez estamos menos acostumbrados a realizar operaciones matemáticas de cabeza. Sin embargo, es probable que tarde o temprano nos vemos obligados a realizar alguna de ella y sólo entonces nos damos cuenta de que nos resultamuy complicado. Con estos cuatro atajos podrás calcular de forma mucho más rápida y acertada sin tener que coger papel y folio.
Los múltiplos de 9
La tabla del 9 es, aparentemente, una de las más complicadas, puesto que es la mayor cifra de todas. Un atajo frecuente es pensar cada nuevo múltiplo como una suma de 10 y una resta de 1 (9x2=9+10-1=18; 9x3=18+10-1=27). Otra posibilidad es recordar que, al menos hasta el 11, las cifras del resultado siempre suman entre sí 9, como vemos en la imagen.

Multiplicar por 11
Tener que multiplicar un número por dos cifras nos parece un reto tan complicado como rascarnos de arriba abajo y de izquierda a derecha con cada una de las dos manos. No temas. Si se trata de multiplicar por 11, basta con sumar los dos números de la cifra e introducir el resultado entre las cifras originales para obtener el resultado. Aunque cuidado: la regla no se aplica igual si la suma da un número superior a 10.   

Sumar fracciones
Si os gustaron las divisiones con dos múltiplos, os encantarán las sumas de fracciones. El conocido como método de la mariposa es un útil atajo para olvidarnos del mínimo común múltiplo y pasar a la acción cuanto antes.

Grandes multiplicaciones
Aunque los grandes genios del cálculo sean capaces de ventilarse operaciones con varias cifras como si nada, a nosotros nos cuesta Dios y ayuda pasar de las multiplicaciones por dos o por diez y, además, nos da bastante pereza sacar bolígrafo y hoja para realizar la cuenta tal y como nos lo enseñaron en el colegio. Este alambicado método se parece bastante a losmétodos alternativos de cálculo matemático que los common core standardsestán implantando en Estados Unidos.

lunes, 15 de diciembre de 2014

PRENSA. "Los consejos de los políglotas para que aprendas idiomas de verdad"

   En "elconfidencial.com":


Nadie tiene muy claro cuántos idiomas existen en el mundo pero se cree que, al menos, hay en torno a 6.500 lenguas distintas. Hasta hace muy poco tiempo la inmensa mayoría de los mortales se conformaba con hablar una de ellas, aquella que aprendían de niños y les servía para comunicarse con su entorno. 
Hoy cada vez hay más personas que hablan dos lenguas (en Europa la mayoría de jóvenes conocen la suya propia y, al menos, chapurrean algo de inglés) y no es raro encontrar a gente que habla tres lenguas. Menos habitual es encontrar a personas que hablan de forma fluida cuatro idiomas, y no digamos una decena de ellos, algo que para muchos de nosotros resulta absolutamente inconcebible.
La mayoría de poliglotas afirman que el máximo número de lenguas que una persona puede manejar de forma avanzada está entre 20 y 30
Pero hay personas que han dedicado su vida por y para los idiomas, traductores y profesores (por lo general, ambas cosas al mismo tiempo), que pueden cambiar de un idioma a otro como el que cambia de camisa, para entablar conversaciones fluidas y perfectamente inteligibles. Personas que han perdido definitivamente su acento nativo.Los verdaderos ciudadanos de la torre de Babel, que Richard Hudson, profesor emérito de Lingüística del University College de London, bautizó como “hiperpolíglotas”un título reservado para aquellas personas que hablan a la perfección más de seis idiomas.
¿Cuántas lenguas puede llegar a aprender una persona? Aunque hay gente que asegura hablar 50 idiomas, la mayoría de poliglotas afirman que el máximo número de lenguas que una persona puede manejar de forma avanzada está entre 20 y 30. Unas cifras, en cualquier caso, sobrecogedoras.
Está claro que no todos tenemos el tiempo ni la necesidad de hablar decenas de lenguas, pero los consejos para aprender idiomas de los que sí lo hacen pueden sernos de gran ayuda para aprender de una vez inglés, francés o alemán, y multiplicar así no sólo nuestra empleabilidad, también nuestra riqueza personal.
1. Ten un objetivo claro
El británico Richard Simcott está considerado uno de los mayores políglotas de la actualidad. Habla en torno a veinte idiomas con soltura, algo que es especialmente sorprendente teniendo en cuenta que aún no ha cumplido 30 años.
Para aprender bien un idioma es necesario estudiarlo de forma intensa día tras día
En su opinión, una de las claves para aprender un idioma reside en tener claro para qué quieres aprenderlo. Simcott es asesor lingüístico y cada nueva lengua significa una nueva oportunidad de trabajo, pero hay muchas otras razones convincentes para animarnos a aprender un idioma: poder relacionarnos con amigos, familiares o amores; poder desenvolvernos cuando nos mudamos a un nuevo país; acceder a nuevas oportunidades formativas...
Esto parece una obviedad, pero Simcott insiste en que es imposible aprender un idioma de verdad si lo hacemos sólo porque “suena bien”, una razón que, asegura, argumenta mucha más gente de la que podríamos pensar. Para aprender bien un idioma es necesario estudiarlo de forma intensa día tras día y esto no es sencillo. Es por ello que la motivación es un pilar fundamental.
2 . No tengas miedo a equivocarte
El británico Matthew Youlden, que trabaja como asesor lingüístico en la plataforma de enseñanza de idiomas Babbel, habla nueve lenguas fluidamente y entiende casi una docena más. Aprendió su primer idioma extranjero, el griego, con ocho años, y sólo porque le parecía algo divertido que hacer con su hermano gemelo Michael (que es también hiperpolíglota). En su opinión, empezar a estudiar idiomas de niño fue algo fundamental, pues aprendió una de las normas fundamentales: no cortarse a la hora de hablar un nuevo idioma por miedo a hacerlo mal.
Aprendemos a base de equivocarnos y es necesario que estemos preparados a ponernos a nosotros mismos en situaciones potencialmente embarazosas
En su opinión, la hipótesis de que los niños son intrínsecamente mejores aprendiendo que los adultos es un mito –aunque no todo el mundo piensa igual–, pero determinadas actitudes típicamente infantiles son básicas en el aprendizaje de idiomas: falta de conciencia de uno mismo (en el sentido de estatus social), el deseo de jugar en la lengua y la disposición a cometer errores.
Youlden tiene claro que aprendemos a base de equivocarnos y es necesario que estemos preparados a ponernos a nosotros mismos en situaciones potencialmente embarazosas. “Esto puede dar un poco de miedo, pero es la única manera de desarrollarse y mejorar”, asegura. ”No importa cuándo estudies, nunca hablarás un idioma si no te pones a ti mismo en esa situación: háblales a extranjeros en su idioma, pregunta direcciones, pide la comida, intenta hacer chistes. Cuantas más veces lo hagas, mayor será tu zona de confort y mayor será la facilidad con la que te enfrentarás a nuevas situaciones”.
3. Sumérgete de lleno en el idioma que estás aprendiendo
Ioannis Ikonomou. (CE)Ioannis Ikonomou. (CE)
Cuando se le pide a un poliglota un sólo consejo para aprender idiomas su respuesta suele ser siempre la misma: “haz todo lo posible por vivir toda tu vida en el idioma que estás aprendiendo”. La inmersión lingüística es la mejor herramienta para aprender de forma rápida y eficaz un idioma.
Si quieres aprender una lengua lo mejor es enamorarte de toda su cultura, desde su historia hasta su gastronomía, cine o música pop, por cursi u hortera que sea
Ioannis Ikonomou (Grecia, 1964) es uno de los 1.750 traductores que emplea la Comisión Europea, pero el único capaz de hablar 32 idiomas diferentes, quince de ellos a nivel bilingüe. Tal como explicó en una entrevista con El Mundo, “si quieres aprender una lengua lo mejor es enamorarte de toda su cultura, desde su historia hasta su gastronomía, cine o música pop, por cursi u hortera que sea”. Una pretensión que llevó a Ikonomou a viajar por todo el mundo y cambiar por completo su vida: abrazó el islam y se hizo vegetariano estricto.
Quizás no haya que llegar a los extremos de Ikonomou, pero como explica su colega Youlden, lo importante para aprender un idioma es practicar todos los días. “Yo tiendo a querer absorber cuanto más mejor desde el principio, de manera que, si estoy aprendiendo algo, lo llevo al extremo e intento usarlo a lo largo del día”, asegura el profesor de idiomas. “Conforme la semana avanza, intento pensar en ese idioma, intento escribirlo e incluso me hablo a mí mismo en ese idioma. Para mí, en realidad, todo consiste en poner en práctica lo que sea que estés aprendiendo, ya sea escribiendo un email, hablando contigo mismo, escuchando música u oyendo la radio. Rodearte y sumergirte en la cultura del idioma que estás aprendiendo es extremadamente importante”.
4. Viaja mucho
Es cierto que se pueden aprender los rudimentos de un idioma desde cualquier parte –máxime hoy en día, con la cantidad de oferta formativa existente–, pero viajar sigue siendo la mejor forma de estudiar idiomas, pues sólo así nos obligaremos a hablar otras lenguas.
Especialmente inspiradora es la historia de Bebby Lewis, un irlandés que, desde 2003, es capaz de hablar de forma fluida siete idiomas, algo increíble teniendo en cuenta que con 20 años sólo conocía su lengua materna, el inglés. En el colegio Lewis había estudiado gaélico y alemán, pero no llegó a hablar bien ninguna de ambas lenguas. Españoles, ¿les suena de algo?
No fue hasta que viajó a nuestro país tras finalizar sus estudios universitarios cuando descubrió que, para aprender idiomas, lo importante es meterte de lleno en la lengua que estás aprendiendosin tener miedo a equivocarse. Teniendo esto claro aprendió español, luego se mudó a Italia y aprendió italiano, y lo mismo hizo en Francia, Brasil, Alemania, Bélgica, Holanda y China, cuyos idiomas maneja a la perfección.
5. Aprende a memorizar
Heinrich Schliemann.Heinrich Schliemann.
El millonario prusiano Heinrich Schliemann (Alemania, 1822 – Italia, 1890) fue uno de los más grandes arqueólogos de la historia y es conocido, principalmente, por ser el descubridor de las ruinas de Troya. Pero, además, fue uno de los primeros hiperpolíglotas en un tiempo en que el dominio de 15 idiomas (un hito que alcanzó con 33 años) era especialmente extraordinario.
Hablar contigo mismo en un idioma es una buena manera de practicar si no tienes a nadie más con quién hacerlo
En su libro de memorias, Schliemann explica el particular método que utilizó, primero para aprender inglés y, después, el resto de lenguas: “Consiste en leer muchos textos en voz alta, en no hacer traducciones, dedicar una hora diaria para hacer redacciones sobre temas de nuestro interés y corregir éstas con la ayuda de un profesor, para posteriormente aprenderlos de memoria y recitarlos en la próxima clase de idiomas. Para conseguir cuanto antes una buena pronunciación acudía dos veces por semana a una misa en inglés y repetía para mí, en voz baja, el sermón del cura”.
Schliemann se aprendía frecuentemente hasta veinte páginas de un libro de memoria para recitárselo luego a sus profesores. Hoy sabemos que la repetición constante de algo no es la mejor forma de memorizar, lo que no quiere decir que la memoria no sea esencial para el aprendizaje de idiomas.Como explicó a El Confidencial Ramón Campeyo, campeón del mundo de memoria rápida y también destacado políglota –dice poder defenderse en 15 idiomas–, aprender el vocabulario de un idioma es el primer paso necesario para conocer éste: “Vamos a suponer que has adquirido un vocabulario de cerca de 1.000 palabras; siempre que no se salga de esas palabras, vas a entender a un nativo. Sin ningún problema”.
Como averiguó Schielemann, si no es posible hablar el idioma con alguien que lo maneje bien, lo mejor que podemos hacer para aprenderlo es hablarnos a nosotros mismos, un consejo que también recoge Youlden: “A lo mejor parecerá que estás loco, pero, en realidad, hablar contigo mismo en un idioma es una buena manera de practicar si no tienes a nadie más con quien hacerlo.”
6. Aprende a conservar lo aprendido
Al igual que ocurre cuando aprendes a tocar instrumentos musicales, cuantos más idiomas conoces más fácil es aprender los siguientes. Los idiomas provienen de familias lingüísticas comunes y comparten entre ellos numerosas similitudes que facilitan el aprendizaje posterior de idiomas con orígenes compartidos. Dicho esto, tras aprender a hablar un idioma con soltura es necesario seguir practicándolo si no queremos que se nos olvide.
Saber manejar más de 20 idiomas al final de la vida es algo extremadamente excepcional, pues para hablar bien un idioma es necesario seguir practicando este después de aprendido
Vladimir Skultety es eslovaco, pero vivió en Estados Unidos y Austria siendo todavía muy pequeño, lo que le permitió hablar tres idiomas antes de la adolescencia. Hoy es un destacado políglota que habla con fluidez 8 idiomas, pero tiene los pies en el suelo. En su opinión, hay mucho fantasma en el mundo de los políglotas que dice manejar 30 idiomas sólo porque en algún momento ha aprendido a hablarlos. En su opinión, saber manejar más de 20 idiomas al final de la vida es algo extremadamente excepcional, pues para hablar bien un idioma es necesario seguir practicando este después de aprendido.
“Mantener el conocimiento de un idioma es extremadamente importante y se convierte en algo crucial cuando ya has aprendido 5 o 6”, explica Skultety en una entrevista en el sitio The Polyglot Dream. “Si no realizas un esfuerzo diario por mantenerlos contigo empezarás a perder tus habilidades muy rápido”.
El profesor trata de hacer uso de todos los idiomas que conoce a diario, leyendo libros, escuchando podcasts y mezclándolos de todas las maneras posibles. “Imagina que tengo una presentación al día siguiente sobre la economía taiwanesa, en vez de leer sobre ella en chino, leo sobre ella en español”, explica. Desde luego la constancia no es una habilidad que falte en los políglotas.