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jueves, 16 de octubre de 2014

PRENSA. "Cuando no es posible planificar la maternidad"

   En "El País":

Cuando no es posible planificar la maternidad

Unos 222 millones de mujeres no tienen acceso a educación sexual ni anticonceptivos

La mayoría vive en países en vías de desarrollo

En la UE las barreras son los anticonceptivos y la educación sexual


Dos usuarias debaten sobre anticonceptivos en el centro de planificación familiar de Rubona (Ruanda). / THOMAS IMO (GETTY IMAGES)
Hace 40 años, la única manera que muchas mujeres tenían para prevenir un embarazo no deseado era mantener al hombre bien lejos. “Eso era lo que decían mi abuela, y luego mi madre. El método para controlar el tamaño de la familia era evitar el contacto con el marido...”, recuerda Jenny Tonge. La británica, médico especialista en planificación familiar primero y baronesa y parlamentaria en la Cámara de los Lores, después, creció en una sociedad en la que solo las mujeres casadas podían recibir información sobre anticonceptivos. “En los años sesenta, si no tenías anillo no había nada que hacer, pero aún llevándolo no todas sabían que tenían esa posibilidad”, abunda. En España, la contracepción estaba prohibida para todos. Hombres y mujeres; casadas y solteras. Vender, publicitar o informar sobre preservativos o acerca de las antibaby(como se conocía popularmente a la píldora, introducida en Europa en 1961) estaba penado con arresto y con hasta 200.000 pesetas de multa (1.200 euros).
Aún así, algunos colectivos de mujeres daban información sobre planificación familiar, y los anticonceptivos se conseguían; eso sí, de estraperlo o, en el caso de la píldora, como tratamiento médico para “regular el ciclo menstrual”. Esas prácticas ilegales desencadenaron algún susto, sobre todo en forma de redada. Pero también alguna condena, como la impuesta en 1977 a un hombre por vender preservativos en el Rastro madrileño; algo que suponía, según dijo la sentencia, una “vocación al vicio” y una “ofensa de la moral colectiva”. Sin embargo, la mayoría de los procesos judiciales quedaban en nada, como la acusación contra EL PAÍS por “propaganda anticonceptiva” por publicar un artículo científico sobre métodos de planificación familiar. Un delito por el que la Fiscalía pedía para su director, en aquel momento Juan Luis Cebrián, dos meses de arresto y una multa de 50.000 pesetas (300 euros).
El uso de “procedimientos para evitar la procreación” no se despenalizó hasta 1978 en España. Se autorizó entonces la venta de condones y de la píldora anticonceptiva (con receta médica, como ahora); un método que hoy, con más de 16,5 millones de envases dispensados al año en las farmacias —datos proporcionados por IMS-Health, la consultora de referencia en el sector—, se ha convertido en el segundo método anticonceptivo más utilizado, después del preservativo —unos 60 millones de cajas entre los que se venden en las farmacias y en otros establecimientos de libre servicios, según las cifras facilitadas por Nielsen—.
Como en España, paso a paso el panorama mundial ha cambiado: la sexualidad se ha separado de la reproducción. Al menos en la teoría. Porque, todavía hoy, la receta de abstinencia que aplicaba la abuela de Tonge u otros métodos ineficaces, como el ogino o la marcha atrás, son la única opción para 222 millones de mujeres que no desean quedarse encinta y no pueden acceder a una contracepción moderna; es decir preservativos o, sobre todo (para prevenir el embarazo) anticonceptivos hormonales —píldoras, implantes, parches— o dispositivos intrauterinos, métodos que permiten que ellas no dependan de que su pareja acepte o no ponerse la goma.
La mayoría de esas mujeres vive en países en vías de desarrollo, como radiografía un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Población y Desarrollo (UNFPA). Lugares donde el poder decidir cuándo tener hijos y cuántos se engendran puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para ellas —por los problemas en el parto, la fístula obstétrica o las complicaciones del embarazo adolescente— y para sus hijos.
También en la Unión Europea, 25 años después de que el último Estado miembro —Rumanía— legalizase los anticonceptivos, quedan barreras que derribar para acceder a ellos, y a la información de cómo utilizarlos. En España, un 62% de las mujeres en edad fértil —o sus parejas sexuales— emplean métodos modernos para evitar el embarazo; frente al 82% de las noruegas o el 76% de las suecas. A mitad de camino, las guatemaltecas (un 34%) y, en el otro lado de la balanza, las mujeres de Sierra Leona, país récord de mortalidad maternoinfantil, donde menos de un 8% de las mujeres usa anticonceptivos, según los datos de UNFPA, que estos días, junto al Foro Europeo de Población y Desarrollo (EPF) y parlamentarios de 134 países, ha pasado revista a los objetivos de desarrollo y salud sexual y reproductiva fijados en la Convención de El Cairo en 1994.

Una inversión que compensa

 Que una mujer pueda decidir tener hijos y cuándo reduce la mortalidad materna e infantil, disminuye los embarazos no planificados y los abortos. Un análisis de la Fundación Bill y Melinda Gates, muy enfocada en la planificación familiar, indica además que por cada euro que se invierte en este campo los Gobiernos pueden ahorrar hasta seis.
Entidades internacionales como la UNFPA se centran ahora en buscar mecanismos para eliminar las barreras que frenan el uso de anticonceptivos. Para ello ha puesto en marcha la campaña Condomize! para fomentar el uso del preservativo.
Otras fundaciones como la de los Gates investigan nuevos métodos: implantes, inyectables —que pueden llegar a tener un efecto de seis meses—, anticonceptivos no hormonales o esterilización no quirúrgica femenina.
“La situación de Europa es incomparable con la de los países en vías de desarrollo, pero tampoco hay pleno acceso a la anticoncepción; sobre todo entre los más jóvenes”, apunta Vicky Claes, directora de International Planned Parenthood Federation European Network (IPPF-EN). Las principales barreras en la UE, dice, son la falta de información, la financiación de los anticonceptivos y la escasez de servicios sanitarios especializados para menores; también algunos sistemas que impiden que estos puedan acceder a los servicios de salud sin sus padres. “Y los mitos relacionados con algunos anticonceptivos, como que la píldora engorda o que el preservativo resta placer —aún muy extendidos—, no ayudan”, añade.
En España, donde unas 1.400 adolescentes dan a luz cada año —y unas 13.000 interrumpen su embarazo—, el 35,6% de los jóvenes de entre 15 y 19 años no utiliza ningún anticonceptivo, según el último estudio Daphne sobre anticoncepción (de 2011). Y el 23,1% de quienes se protegen no lo hace de manera adecuada. Mientras, solo el 4,5% de los jóvenes finlandeses con pareja no usa ningún método anticonceptivo, como indica el estudio Reprostat, elaborado por expertos de la Comisión Europea.
Las diferencias a escala mundial entre los países ricos y aquellos que no lo son están claras. La pobreza, la inexistencia de sistemas públicos de salud y el lastre de una sociedad patriarcal, que impide a las mujeres tomar decisiones sobre su cuerpo —incluso sobre temas médicos— explican el alarmante dato de que solo un 1% de las sudanesas —por poner un ejemplo— emplea algún método moderno para prevenir el embarazo. Pero ¿cuál es la razón de las brechas de acceso que existen entre los países de un espacio común, como la UE? Algunos datos y modelos las explican: en Portugal, la anticoncepción es gratuita para quienes se registran en los servicios de salud. En Suecia, los anticonceptivos financiados cuestan al año unos 10 euros.
Nada que ver con España, donde las mujeres pagan entre cuatro y ocho euros al mes por las píldoras anticonceptivas financiadas por la sanidad pública; una lista de fármacos que además menguó en julio del año pasado, cuando el Gobierno excluyó de la subvención pública ocho contraceptivos de última generación. Y esos modelos portugués o sueco se comparan peor aún con Eslovaquia, donde el Gobierno aprobó en 2011 una ley que prohíbe financiar anticonceptivos. Estos productos han pasado a considerarse allí desde entonces productos “no esenciales”, como los fármacos para perder peso o los productos para dejar de fumar.

El 62% de las españolas en edad fértil se protege. En Noruega son el 82%
Sin embargo, es en el acceso a la información donde más diferencia existe en todos los países. También entre los europeos. “El coste de los anticonceptivos es un escollo para los jóvenes y más aún en una situación económicamente complicada, pero la base del problema es el conocimiento, la educación sexual y reproductiva; aquello que permite a las personas tener un mejor conocimiento de su cuerpo, de su salud, de su sexualidad y de sus necesidades y las de los demás”, dice Jenny Tonge. La baronesa británica habla delante de una chica que lleva luminosas mechas azules y de otra que se cubre los cabellos con un hiyab. Ambas aguardan en la sala de espera de la clínica de salud sexual para jóvenes del barrio central de Estocolmo, que Tonge visita con la ministra sueca de Cooperación Internacional, Hillevi Engström, y el director de la UNFPA, Babatunde Osetimehin, participantes los tres en la reunión de alto nivel sobre derechos reproductivos celebrada en la capital sueca a la que EL PAÍS acudió invitado por la agencia de la ONU y el EPF.
Las dos muchachas no son las únicas que esperan para entrar en la consulta del centro, donde se da información especializada a jóvenes de entre 12 y 23 años y se les proporcionan métodos anticonceptivos y apoyo psicológico si lo necesitan. La visita es secreta. Ni siquiera los más jóvenes necesitan permiso de sus padres para ir a la clínica y recibir consejo médico. Un punto fundamental para que funcione el proyecto, como destaca Hillevi Engström. “Tener servicios efectivos de salud sexual y reproductiva es clave para el desarrollo de los países y un elemento fundamental para las mujeres. Ayuda a atajar los embarazos no deseados y, por tanto, los abortos, y combate las enfermedades de transmisión sexual. Es, sin duda, una inversión”, afirma.
Al director de UNFPA le gusta el ejemplo sueco que vende Engström; un modelo que también tiene una base de educación sexual. En Suecia, esta formación se convirtió en obligatoria en 1955. Desde entonces, explica la ministra, todos los menores la estudian en la escuela a partir de los 11 años. Osetimehin no llega tan lejos a la hora de opinar si esta información debe ser obligatoria. Él no se sale del lenguaje equilibrista de la ONU, y repite —como lo hacen decenas de declaraciones— que cada Estado es soberano para organizar sus sistemas, pero que la información sobre sexualidad es “una prioridad”. “Hay que fomentar centros de salud sexual especializados en jóvenes, donde puedan acudir no solo a recibir consejo médico, también a ser escuchados. Estos elementos son clave y ni la ideología ni la economía pueden servir para quitar peso a los derechos reproductivos de la agenda política”, afirma, algo más tajante, el médico nigeriano.
Osetimehin habla de crisis porque sabe que muchos programas dedicados a la salud sexual se han recortado con la recesión económica; sobre todo en los países en vías de desarrollo, que dependen de las ayudas para cooperación y de fundaciones especializadas. Pero también menciona la ideología, porque los grupos contrarios a los derechos reproductivos están agudizando sus discursos. Y no solo contra el aborto, su caballo de batalla tradicional; también claman contra la contracepción, a la que culpan del descenso de la natalidad en Europa, y contra la educación sexual. Hace solo unos meses el voto de los eurodiputados más conservadores tumbó un informe que instaba a los países a incluir esa formación en el currículo educativo y a garantizar el acceso a anticonceptivos baratos; también al aborto seguro. La campaña de los lobbies que se oponen a los derechos sexuales, que defienden, entre otras cosas, que solo las familias —y no los Gobiernos— puedan decidir cómo educar a los hijos en estos temas, fue legendaria.
En España, apunta Luis Enrique Sánchez, presidente de la Federación Española de Planificación Familiar Estatal (FPFE), se dan los dos factores sobre los que alerta el director de la UNFPA. “La nueva ley del aborto hará retroceder al país tres décadas en derechos reproductivos”, asevera. El anteproyecto de ley impulsado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, elimina la opción de las mujeres a decidir libremente interrumpir su embarazo —posible ahora hasta la semana 14 de gestación— y permitirá el aborto solo bajo dos supuestos: violación o riesgo para la salud física o psicológica de la mujer. La ley Gallardón supone, además, un alejamiento de los modelos vigentes en la mayoría de la UE, donde la mujer puede abortar sin alegar ninguna razón durante las etapas tempranas del embarazo. “Además de la regresión en derechos, estamos ante un anteproyecto de ley que no tiene ningún contenido relacionado con la prevención de embarazos no deseados o salud sexual y reproductiva”, incide Sánchez.

En Eslovaquia, una ley prohíbe la financiación pública de la contracepción
Raquel Hurtado, del área joven de la FPFE, incide en otro ángulo que empaña también las perspectivas de un país donde se registran más de 112.000 abortos al año. A pesar de que España no estaba muy boyante en servicios de salud sexual, el número de centros ha menguado desde 2010, cuando se iniciaron los recortes en las partidas de Sanidad y Educación. En Madrid, por ejemplo, dos servicios especializados en jóvenes han cerrado, otro ha recortado sus horarios, varios se han reconvertido en otro tipo de clínicas menos especializadas y todos han reducido su personal. Lejos queda España del modelo sueco. Tampoco cumple la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que marca que debe haber un centro de atención a la sexualidad por cada 100.000 habitantes menores de 29 años. En todo el país solo hay una docena; en Alemania, por ejemplo, son más de 200.
En España, además, no hay ni rastro de educación sexual en el currículo educativo. Tampoco intención de incluir esa materia. Mucho ha llovido desde que en 1983 el Gobierno socialista de Felipe González aseguró que incluiría como materia educativa la información sobre anticonceptivos en bachillerato y formación profesional. Nunca ocurrió. Ni su Ejecutivo ni los venideros lo hicieron. Lo más cercano fue meter ciertos contenidos en la difunta Educación para la Ciudadanía, que el Gobierno de Mariano Rajoy suprimió el curso pasado.
Y mientras algunos países de la UE están relajando sus esfuerzos en prevención, otros, sobre todo de América Latina y el Caribe, intensifican sus esfuerzos para atajar el embarazo adolescente. Esa región es la única en la que los partos de niñas de menos de 15 años aumentaron en la última década. En Colombia, Bolivia, Honduras o El Salvador más de un 20% de las mujeres de entre 20 y 24 años ha dado a luz antes de los 18. Un panorama similar al de Paraguay, donde el Gobierno ha ideado una especie de bonos gratuitos para que los jóvenes puedan acceder a la contracepción.
La Conferencia de El Cairo de 1994 definió los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos. También fijó metas claras para dar poder a las mujeres. Una de ellas, proporcionarles los medios para poder decidir libremente sobre su maternidad. Veinte años después, las mujeres de Sierra Leona, Bangladesh o Zambia aún deben pedir permiso a su marido para ir al sanitario que podría prescribirles anticonceptivos. La mayoría de ellas ni siquiera puede permitirse aplicar la receta de la abuela de Jenny Tonge.

lunes, 5 de noviembre de 2012

PRENSA. "¿Anticonceptivos en el instituto? Funciona". Reportaje

Los jóvenes aún tienen dificultades para acceder a los anticonceptivos en España. / GETTY IMAGES (GETTY IMAGES) ("El país")

   En "El País":

¿Anticonceptivos en el instituto? Funciona

Centros escolares británicos facilitan la contracepción a sus alumnos sin saberlo sus padres.

Pese a la polémica, los expertos apoyan estas medidas contra los embarazos indeseados.

 /  3 NOV 2012

No debe haber barreras de acceso a la anticoncepción. Ni territoriales, ni sociales, ni económicas. Tampoco por edad. Es lo que defienden los expertos: un acceso universal a la salud sexual y reproductiva. Sin embargo, esos obstáculos existen. Y son el doble de altos para los adolescentes y los jóvenes —y más en las chicas, sobre quienes suele caer esta responsabilidad—. La falta de información y educación, la escasez de centros sanitarios especializados y el precio de los anticonceptivos desalientan a muchos menores de su uso. El hecho de que buena parte de los métodos deban ser prescritos por un médico determina la resistencia de algunos jóvenes a acudir a ellos por miedo a que informen a los padres. Pero si el menor es suficientemente maduro —muestra de ello es que busca el consejo sanitario—, apuntan los expertos, debe recibirlos. Y la confidencialidad entre médico y paciente debe respetarse.
Los expertos tienen claro que es esa pauta la que debe prevalecer. Los anticonceptivos de prescripción, aunque no son inocuos, son seguros. Y se trata de evitar embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, esta semana muchos se echaban las manos a la cabeza al conocer que varios centros escolares de Reino Unido habían participado en un programa de planificación familiar para las alumnas, y que algunas de ellas —de edades a partir de 13 años— recibieron implantes anticonceptivos y otros métodos sin el consentimiento familiar. En Reino Unido es legal. Según determinó la Corte Constitucional en una sentencia en 1985, lo que determina el momento de poder prescribir un método anticonceptivo a un menor es su grado de madurez e inteligencia. Y esto, lo deciden los médicos.

El precio y la escasa información frenan el acceso de los jóvenes
Un principio similar al que impera en España, donde no obstante, no existe ningún programa escolar similar al británico. En este país, la Ley de Autonomía del Paciente (de 2002) fija la mayoría de edad sanitaria en los 16 años —salvo para ensayos clínicos o tratamientos de reproducción asistida—. A partir de ese momento, los jóvenes no necesitan consentimiento paterno. Antes de eso, sin embargo, es el médico quien decide, en función de las circunstancias y en cada caso concreto, si el menor puede dar por sí mismo el consentimiento informado. “Se aplica el principio de menor maduro. Si es capaz de comprender el alcance del tratamiento que se le va a prescribir, se considera que puede tomar la decisión de forma autónoma”, explica la ginecóloga experta en planificación familiar Isabel Serrano. “Es un signo de madurez, por ejemplo, buscar el método. Y no hay que poner trabas, porque, si no, lo que harán estos jóvenes es dejar de ir a la consulta y no usar anticonceptivos. Lo que hay que evitar a toda costa es que haya relaciones de riesgo”, incide.
Es lo que persiguen —y lo están logrando— también las autoridades de británicas con la polémica campaña. Y es que Reino Unido, con una tasa de 38,3 embarazos por cada 1.000 chicas de entre 15 y 17 años (38.259 registrados en 2009), es uno de los países de la UE con cifras más altas.
En España, donde como en el resto de Europa los jóvenes se inician cada vez antes en la práctica de las relaciones sexuales —entre los 17 y los 18 años, de media— los embarazos en adolescentes no son una realidad tan cotidiana. En 2010, nacieron 131 bebés de madres de menos de 15 años; 387 de chicas de 15, según los últimos datos publicados por el INE. El número se dispara a los 16, con 1.018. Cuatro nacimientos al día de madres menores de 17 años. La cifra no es baja, pero hace 27 años era muchísimo mayor (en 1985 se registraron 29.586 nacimientos de madres menores de 20). Y los datos de aborto son aún más altos que los de embarazos a esas edades: 426 en 2010 entre adolescentes menores de 15 años y 13.696 entre jóvenes de 15 a 19.
Estos números, además, son solo el fruto de los hechos. “La educación sexual y la información que se le da al adolescente en España es exigua. Los jóvenes no están suficientemente informados y aún hay que hacer un extenso trabajo para promover el uso de métodos anticonceptivos”, asegura Ezequiel Pérez Campos, experto de la Sociedad Española de Contracepción. No le falta razón: el 35,6% de los adolescentes de entre 15 y 19 años no utiliza ningún anticonceptivo, según el último estudio Daphe sobre anticoncepción (de 2011). Y el 23,1% de quienes se protegen no lo hace de manera adecuada. Sobre todo con el preservativo, el sistema más empleado. “No lo usan en todas sus relaciones o no durante toda la relación, por ejemplo”, apunta Serrano que explica que lo ideal para los jóvenes es que utilicen un doble método: uno hormonal como la píldora o el anillo vaginal y el preservativo —para prevenir además enfermedades de transmisión sexual—.

Los médicos pueden aconsejar, pero deben hacerlo de forma confidencial
Pero aquí, con la necesidad de la prescripción, entra de nuevo el temor a que los padres sean informados. O a que el médico no les comprenda. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Población y Desarrollo de la ONU (UNFPA) recomienda que existan centros especializados para jóvenes. Los llaman centros amigables, pero en realidad lo que determina es que estos estén separados de los de los adultos —para que haya intimidad—, que tengan profesionales sanitarios especializados, acceso a anticonceptivos y programas de educación en salud sexual.
Según los criterios de la OMS, debería haber uno de estos centros por cada 100.000 jóvenes de entre 10 y 24 años. En España, con una población de 6,8 millones en esa franja de edad debería haber 70. Sin embargo, apenas son una decena. También algunas organizaciones o fundaciones gestionan centros especializados, pero ahora se ven ahogadas por los recortes. Todo ello, pese a que se ha demostrado —así lo confirman varios estudios de la OMS— que la existencia de estos lugares contribuye a frenar los embarazos no deseados. Se ha visto en Alemania y en Suecia, por ejemplo, donde, además, existen programas integrados de educación sexual en las escuelas.
Y es que la actitud del profesional es importantísima. “Ante una chica que mantiene relaciones sexuales hay que plantearse ante todo el beneficio que le pueda hacer usar métodos anticonceptivos”, dice Elisa Vizuete, experta en salud sexual y reproductiva del Servicio Andaluz de Salud. “La confianza que deposita la joven en el sanitario es muy valiosa y no debe romperse. Podemos hacer mucho beneficio orientándoles sobre seguridad en las relaciones, explicando los riesgos. Es mejor ejercer como agentes de salud. Es mucho más arriesgado no atender a esos jóvenes”, apunta la experta, defensora de que los médicos respeten la confidencialidad de todos sus pacientes; también de los adolescentes que acuden buscando protegerse en las relaciones sexuales. “Entre los 13 y los 16 años, la práctica médica recomendada es valorar la madurez del menor. La sexualidad es un derecho fundamental que pertenece al individuo y que no tiene por qué compartirse con otra persona, siempre que no haya una relación de abuso o dominación y no entrañe riesgos. Y usar un método anticonceptivo es precisamente evitar un riesgo”, señala.
Pero lo cierto es que la mayoría de los jóvenes no buscan ese consejo médico. O al menos no lo hacen durante sus primeras relaciones. “Los menores suelen decidir buscar el acceso al método anticonceptivo cuando ya han tenido algún un susto. Cuando se les retrasa la regla, cuando tienen algún picor o una molestia”, explica Alexa Segura, vicepresidenta de la Federación Estatal de Planificación Familiar y médico en un centro de salud joven. “Y eso es un problema. Si tuvieran una buena educación sexual y reproductiva esto no pasaría”, abunda.
Efectivamente, los menores no suelen protegerse desde que empiezan el sexo con penetración. Según el estudio Maternidad adolescente en España (de 2010) los jóvenes no empiezan a utilizar métodos anticonceptivos hasta casi un año después, de media, del inicio de sus relaciones. Y entre las madres adolescentes esta diferencia es más acusada. Solo el 43% de ellas usó algún método anticonceptivo en la primera relación sexual de su vida.

El  35% de los chicos entre 15 y 19 años no utiliza ninguna barrera
Alicia Sánchez y su novio usaban el preservativo de forma discontinua. “El se lo ponía a veces, pero no siempre. A veces empezábamos sin él y luego se lo ponía”, cuenta. A pesar de que sus relaciones sexuales eran habituales desde los 16 años, nunca buscó un anticonceptivo de larga duración —como la píldora—. Algo menos de un año después de su primera relación se quedó embarazada. Ahora, la joven tiene un niño de año y medio. Tras el parto, explica, sí fue al médico. “Ya en el hospital me recomendaron que fuera a planificación familiar y que me pusiera un implante o un DIU. Y es lo que llevo”, explica. Reconoce que si hubiera tenido más facilidades de acceso a los anticonceptivos, es probable que hubiera evitado el embarazo. Es lo único que cambiaría. En una hipotética vuelta atrás, dice, no se plantea retrasar el inicio de las relaciones.
“La principal reticencia que algunos sectores tienen frente al acceso para los adolescentes a los contraceptivos es que piensan que si los tienen al alcance van a empezar a tener relaciones sexuales. Y esto no tienen nada que ver. El verdadero problema no es que tengan el preservativo o que un médico les prescriba la píldora; el riesgo es que no sepan qué hacer con él”, puntualiza Segura. “Nadie se plantea que no haya campañas de seguridad vial. Tampoco se piensa que hablar en los colegios del riesgo del alcoholismo vaya a desencadenarlo”, abunda.
Ante esas reticencias, Vizuete, recuerda que en España, a partir de los 13 años se está legalmente capacitado para mantener relaciones sexuales consentidas. Una edad legal, sin embargo, que comenzarán a debatir los partidos políticos. “Si la ley protege a estos jóvenes para el ejercicio de su libertad sexual, se supone que también los protege para que puedan poner medios y que esas relaciones no tengan consecuencias nefastas”, señala.
Una opinión que comparte Lorenzo Arribas, médico de familia en el centro de salud del barrio granadino de La Chana y miembro del grupo de la Mujer de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria: “No puedes decirle a los jóvenes que tienen derecho a tener relaciones, pero que no pueden protegerse. Un embarazo a esas edades te puede destrozar la vida. Eso no lo podemos olvidar”, advierte.
Así, esas barreras de acceso a métodos anticonceptivos de larga duración —y otras como el precio de los preservativos— solo empujan a los jóvenes al sexo inseguro y a buscar métodos de emergencia, como la píldora del día siguiente. De venta sin receta. Y cuyo uso solo debe ser puntual.

Solo hay una decena de centros de planificación para jóvenes en España
Arribas coincide con Vizuete en la importancia del papel del profesional, y que sea este quien determine si conviene prescribir anticonceptivos a la menor y si debe avisar a los padres. Y la decisión no suele ser fácil. “Hay chicas de 14 años muy alocadas y otras más maduras. Pero no tenemos herramientas para medir la madurez”. La regla general es la confidencialidad. Pero en la práctica, a menudo los médicos de familia se sienten en medio de un “dilema ético”, admite Arribas. “Si yo solo fuera un médico de planificación familiar, que no conozco a la familia, que no trato también a sus padres, sería diferente. Pero es que yo les conozco, porque soy el médico de toda la familia. Y esto siempre es enriquecedor”.
Por eso, en casos “excepcionales”, si el médico considera que es necesario para ayudar a la chica, se rompe la regla general y se opta por advertir a la familia. “Llamar a unos padres cuando su hija es atendida reiteradamente en estado de embriaguez no es un disparate. Esta es además una situación ligada a riesgo de embarazo indeseado”, señala Arribas. Hay padres que lo agradecen. “Otros, al cabo de los años, te dan las gracias porque se han enterado de que en su día, sin contar con ellos, le prescribiste un anticonceptivo a su hija. Otras veces, y esto más excepcional, la familia es el gran problema, por sus ideas, sus creencias, su desestructuración; incluso hay situaciones de abusos, y la mejor forma de ayudar a estas chicas es protegerlas a sus espaldas. Son situaciones complejas y, en general, los médicos buscamos el bien de la menor, lo que no siempre es fácil de lograr”.

miércoles, 26 de mayo de 2010

PRENSA. 26 mayo 2010

En "El País".

1. La fiesta. Columna de Elvira Lindo.

2. Hacer cine y no morir en el intento. Reportaje de Ángeles Espinosa. Los tres meses de prisión y la liberación, ayer, de Jafar Panahi simbolizan el viacrucis de los directores iraníes molestos para el régimen de Ahmadineyad.

3. ¿Y si el orden fuera el desorden? Columna de Vicente Verdú.

4. Dos muy ricos y una Liga pobre. Reportaje de Eduardo Rodrigálvarez. El poderío de Barça y Madrid alarma al resto de clubes - El reparto del dinero televisivo, nueva batalla - Tope salarial o torneo europeo, alternativas improbables.

5. El uso de anticonceptivos llega casi un año después del primer acto sexual. Por Carmen Morán. Un estudio del CSIC revela la falta de formación entre los jóvenes.

6. Complejidad y simpleza del 'caso Garzón'. Artículo de Prudencio García, profesor del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado de la UNED. Fellow del IUS de Chicago.

7. Secretos profundos y superficiales. Artículo de Pablo Salvador Coderch, catedrático de Derecho Civil en la Universidad Pompeu Fabra.