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viernes, 15 de abril de 2016

NOVELA GRÁFICA. Sobre "Aquí vivió", de Isaac Rosa y Cristina Bueno

   En "El País":

Sobre las ruinas de un desahucio

Isaac Rosa y Cristina Bueno muestran el problema de la vivienda en 'Aquí vivió', su nueva novela gráfica

Rut de las Heras Bretín   11 abril 2016



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Viñeta de 'Aquí vivió'.

Una casa tiene memoria, el que la habita la dota de ella. La casa donde se nace -o a la que se llega tras el tiempo de rigor en el hospital-; la búsqueda del hogar ideal, o el mejor dentro de las posibilidades de cada uno: los planos y el imaginar donde se colocarán los muebles, el visitar centenares y de repente la sonrisa que se dibuja al encontrar la que parece perfecta; la de los padres con esa habitación donde el tiempo se para entre la infancia y la adolescencia; el olor de la de los abuelos, con muebles de otras épocas...
Estos recuerdos, a veces arrancados de cuajo, están en Aquí vivió (Nube de tinta, 2016), la novela gráfica del escritor Isaac Rosa y de la ilustradora Cristina Bueno. "Este libro es una excusa para dar a conocer el problema de la vivienda que llevamos arrastrando años y que nos afecta a todos, para mantener vivo el tema de los desahucios -que son la manifestación más extrema del problema- y las plataformas que luchan contra ellos", manifiesta Rosa que ha querido que el hogar tome un papel protagonista en esta historia, pero no como valor material sino como contenedor de vidas y de recuerdos. "Habitamos muchas casas, algunas en las que ya ha vivido alguien antes y ha dejado allí su historia". El escritor pone sobre la mesa estos temas desde un punto de vista diferente -no solo desde el que lo sufre, sino desde los que de una manera de otra lo viven: los vecinos, la policía, el cerrajero, los que llegan después a ese piso...-.



Se buscó un dibujo luminoso. "Lo dramático y oscuro era lo previsible", apunta Rosa, que de esta forma plasma en el papel la idea positiva del trabajo y de lo conseguido por las plataformas de afectados por la hipoteca (PAH). El dibujo sencillo y amable ayuda a que la novela amplíe el rango de edad. Cumple uno de los objetivos, que el libro sirva para todos los públicos, empezando por los niños, acercarles este tema que ya ha dejado de estar tan presente en los telediarios pero que sigue ocurriendo cada día y del que tienen derecho a saber y a preguntar. Los colores de las ilustraciones, que solo son el azul verdoso, el blanco y el gris, ayudan a diferenciar las partes de ficción y las de realidad de la novela. Estas últimas cumplen una función informativa y didáctica, además de evocar situaciones vividas por cualquiera como ese consejo de "no alquiles, compra, con lo que te gastas en pagar el alquiler pagas una hipoteca", que muchos se han arrepentido de seguir.




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Viñeta de 'Aquí vivió'.


Los recursos utilizados por Bueno son numerosos, muchos de ellos sugeridos por Rosa, que ha indagado en este nuevo lenguaje para él. Utiliza los planos de las viviendas o de las ciudades. Un mapa de una ciudad en el que se marcaran cada uno de los desahucios llevados a cabo sería demoledor, sobre todo en barrios como el conocido como Villa Desahucio (Ciutat Meridiana en Barcelona) o Vallecas y Villaverde, en Madrid. Su afán según iba releyendo la historia era dejar menos texto, suprimir bocadillos y dar más espacio al dibujo, que a través de las imágenes se entendiera todo. Son sucesos muy visuales, sobran las palabras -la gente saliendo de sus casas arrastrando colchones y niños, la policía levantando a los que protestan en la puerta...-. Se lamenta de que la sociedad se haya inmunizado y ya no se escandalice por esas imágenes. En el libro se hace un símil escalofriante: si todos los desahucios que se han llevado a cabo hasta el momento se produjeran el mismo día en una ciudad lo que se vería sería una escena de guerra, una multitud de personas arrastrando sus pertenencias sin ningún lugar al que ir más allá del que le ofrezcan las plataformas ciudadanas. Demasiado parecido a otras fotografías que nos llegan desde el Este de Europa y ante las que también va creciendo la indiferencia.
 Al comenzar este proyecto, Rosa pensó que cuando la novela llegara a las librerías compartiría estanterías con otras tantas de la misma temática, que habrían salido multitud de películas. Los creadores tenían un desgraciado filón para contar centenares de historias en cualquier disciplina y, aunque poco a poco van saliendo, echa de menos más. Les anima a que vayan a cualquier asamblea provistos de libreta para tomar notas. "Los activistas no tienen tiempo de guardar esta memoria. Están en la lucha diaria. Somos nosotros los que tenemos que construirla". También les motiva Carlos Macías, portavoz de la PAH de Barcelona, con el mismo argumento: "La necesidad de que haya memoria colectiva". Ve bien reflejadas las plataformas en Aquí vivió.
A pesar de la percepción generalizada, Macías indica que desde 2007 el número de desahucios no ha dejado de crecer. En el lenguaje usado por Rosa y Bueno esto se traduciría a que las marcas que se hacen detrás de las puertas para ver lo que crecen los miembros de una familia siguen aumentando trimestre tras trimestre




Cristina Bueno e Isaac Rosa, autores de 'Aquí vivió'. Luis Sevillano

lunes, 4 de mayo de 2015

PRENSA. "El estado social de la nación: indicadores del nuevo 'modelo precario' en España"

   En "infolibre.es":
El estado social de la nación: indicadores del nuevo 'modelo precario' en España

  • "El ascensor social se ha gripado en el sótano, dejando allí atrapadas a millones de familias", señala la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales en su Informe sobre el estado social de la nación
  • Explican que "las claves de la situación en la que nos encontramos hay que buscarlas antes de la crisis"; en especial, en la "ola neoliberal" a la que España se sumó al principio de la década de los 90

Actualizada 17/04/2015 
Cola de desempleados en una oficina del paro en Alcalá de Henares (Madrid).  EFE
Cola de desempleados en una oficina del paro en Alcalá de Henares (Madrid). EFE
"El ascensor social se ha gripado en el sótano, dejando allí atrapadas a millones de familias". Es una de las consecuencias de la crisis económica que denuncia la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, que presentó este jueves su Informe sobre el estado social de la nación.

Este texto, de 98 páginas, pone en cuestión la salida de la crisis que pregona el Gobierno de Mariano Rajoy. Prueba de ello es el subtítulo del informe: ¿Y si ya hemos salido de la crisis...? Se trata de una "réplica" al informe que presenta anualmente el presidente del Gobierno, pero en este caso, apunta esta asociación, "las protagonistas son las personas y las dinámicas sociales".

También lanzan un aviso: se ha producido "una mutación en el ADN de la sociedad española", generando "un nuevo modelo de sociedad". Así, explican que esta situación "no es consecuencia inevitable del devenir de la economía, sino que tiene sus causas en decisiones políticas que conforman un escenario de precariedad y desigualdades extremas". Por este motivo, esta estructura social estaría basada en "un modelo productivo y de relaciones laborales que apuesta por la precariedad y los bajos salarios, una fiscalidad débil y regresiva y el desmontaje de las políticas sociales".

El informe analiza numerosos datos sobre la sociedad y economía españolas, jugando con una alternativa: ¿España ha salido de la crisis o, más bien, se ha instaurado un nuevo modelo en los últimos años? No obstante, detallan que "las claves de la situación en la que nos encontramos hay que buscarlas antes de la crisis", subrayando la "ola neoliberal" a la que España se sumó al principio de la década de los 90.

Trabajadores pobres

Al término de 2014, 1.766.300 hogares tenían a todos sus miembros activos en el paro. O lo que es lo mismo, casi uno de cada diez hogares en España, según la Encuesta de Población Activa en el cuarto trimestre del pasado año. El informe reconoce una "ligera tendencia decreciente", pero recalca que no es suficiente y que perpetuará unos "elevados niveles de pobreza y desigualdad en España, y constituirá una de las características más preocupantes del nuevo modelo de sociedad".

"Por encima de la frialdad de estos datos hay que imaginar la angustia y desesperación en la que han de vivir a diario las personas en una familia con todos sus miembros activos en paro", lamenta el texto, que subraya dos datos importantes: incremento de las depresiones –un 19,4% entre 2006 y 2010– y los suicidios –un 21,7% emtre 2011 y 2013–.

Se trata, en definitiva, de que "tener un empleo no garantiza, en absoluto, la capacidad para afrontar las necesidades básicas de una persona o familia". Sobre todo mujeres y jóvenes, los dos colectivos más afectados por el desempleo y/o el empleo precario.

Insolvencia alimentaria
Según el Informe sobre el estado social de la nación, la "insolvencia alimentaria" afecta a 1,9 millones de personas en España. Es más, el 7% de la población afirma "conocer a algún adulto en su entorno familiar, o él mismo, que ha dejado de tomar alguna de las tres comidas diarias en este último mes por falta de dinero".

Además, según la Encuesta de Condiciones de Vida, 624.308 personas no pueden garantizarse una "alimentación adecuada"; es decir, comer carne pollo o pescado "al menos cada dos días". Por otro lado, recuerdan que "otros estudios multiplican por cuatro estas cifras oficiales":

Pobreza energética
La pobreza energética es definida como "la incapacidad para mantener el hogar en una temperatura adecuada". Concretamente, esto afecta a tres millones de ciudadanos en España (8% de la población) que, enfatizan, quedan "abocadas a sufrir frío y humedades en invierno o calores excesivos en verano en sus domicilios".

Sobreendeudamiento y desahucios
Se trata de dos indicadores relacionados entre sí: el enduedamiento excesivo está "ligado fundamentalmente a la adquisición de vivienda", teniendo como consecuencia "el incremento de las ejecuciones hipotecarias cuyo triste final es en muchos casos el desahucio". Señalan a la burbuja inmobiliaria como origen de esta situación.

Por ello, recuerdan que ya en 2002, el 43,6% de los hogares españoles tenía "algún tipo de deuda financiera" y, dentro de este endeudamiento, la compra de vivienda representaba el 21,6% del total. Asimismo, destacan que, entonces, los hogares más pudientes eran los que "presentaban mayor tendencia al endeudamiento financiero" por esta razón. Nueve años más tarde, en 2011, tanto los hogares endeudados como el porcentaje de vivienda que formaba parte del total de estas deudas, se ha incrementado –cinco puntos más en ambos casos–. El informe recalca que en el periodo 2002-2011 los hogares más ricos redujeron su deuda, mientras que en el resto de hogares se incrementó.

Así, señalan que "la carga de la deuda hipotecaria en un hogar deja de ser prudente si consume más del 30% de los ingresos mensuales disponibles". Si esta llega al 40%, se considera que está sobreendeudado, en "zona peligrosa" y, por tanto, presenta riesgo de impago. Pues bien, el porcentaje de hogares en esta situación aumentó diez puntos en seis años, alcanzando al 16,6% del total en 2008. No obstante, en 2011 disminuyó algo más de tres puntos, algo que el informe considera que se debe a la baja del Euribor y a las ejecuciones hipotecarias, "que suponen la resolución del préstamo".

"Las familias españolas presentan unos niveles de deuda muy elevados que unidos al problema del desempleo y a la pérdida de capacidad de pago suponen una trampa mortal de largo plazo", advierten.

Los desahucios son consecuencia directa de este sobreendeudamiento. Así, recuerdan que la última estadística oficial, señala que el pasado año se produjeron 28.877 desahucios. Calculan que, de ellos, tres de cada cuatro se produjeron en primeras viviendas.

Desigualdad estructural
La pobreza "amenaza con convertirse en un elemento estructural de la sociedad en la próxima década", comenta el informe, que recalca que puede afectar a un 20% de la población. "El problema del aumento de las desigualdades viene de lejos y es consecuencia de un determinado proceso histórico e ideológico", y no solo "consecuencia directa de la actual crisis", explican.

Así, citando datos de Eurostat, afirman que "España es el país de la UE que más rápido ha deteriorado sus números relativos a desigualdad en los años correspondientes a la crisis y especialmente desde que aplicamos los criterios exigidos por la troika" en 2010. Destacan que la distancia entre el 20% más rico y el 20% más pobre se ha incrementado en 1,8 puntos en el periodo 2007-2012, más que en otros países del entorno, como Grecia, Italia o Portugal.

"La desigualdad genera un importante aumento de la desconfianza social, se deshace el pagamento que nos mantiene unidos", comentan sobre las consecuencias de la desigualdad, de la que destacan una especialmente grave: pone en riesgo la democracia, ya que, en la pobreza, las personas se convierten "en siervos de un nuevo sistema feudal".

Sistema fiscal: débil e injusto
"Nuestro problema no es un gasto público elevado, sino unos débiles ingresos". Ese es el resumen del análisis del sistema fiscal español que hace el documento. Es más, lo califica como "injusto", ya que se dan "privilegios a grandes empresas y fortunas mediante desgravaciones, exenciones y beneficios, que hacen que en la práctica paguen porcentajes muy inferiores a los que en teoría les corresponden". Concretamente, apuntan que "la mayor parte de las personas" contribuyen con un 22% de impuestos, "mientras que las grandes fortunas solo contribuyen un 1% y las multinacionales un 3,5%".

Así, defienden que "los ingresos fiscales en España han sido siempre, contrariamente a lo que suelen sugerir los neoliberales, muy inferiores a los que se obtienen en el resto de los países de nuestro entorno". Especifican que estos ingresos son del 32,6% en España, "frente a porcentajes próximos o superiores al 40% que caracterizan a los países más desarrollados".

Servicios sociales
Este punto también está relacionado con el anterior: España tiene un gasto público 5,6 puntos inferior a la media de la zona euro, según Eurostat. Además, según el informe, se dedican "menos recursos" en políticas sociales que en otro tipo de actividades, como orden público y seguridad, por ejemplo.

Así, apuntan que esto "ha empeorado en los últimos dos años", ya que "los recortes, con un perfil claramente ideológico, han deteriorado de forma continuada las bases del Estado del bienestar español".

Uno de los datos más destacados es que el gasto público por habitante en servicios sociales se ha reducido un 15,8% entre 2010 y 2013, pasando de 383,9 a 323,4 euros. O lo que es lo mismo, el Estado ha gastado 4.970 millones de euros menos en servicios sociales en este periodo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

PRENSA. "Crueldades admitidas". Javier Marías

Javier Marías

   En "El País Semanal":

Crueldades admitidas

Los bancos, durante decenios, no sólo permitieron el demencial endeudamiento de los ciudadanos, sino que lo fomentaron



Tuve una pesadilla, y aunque no soporto la aparición de sueños en las novelas ni en las películas, como esto no es ni lo uno ni lo otro, ahí va resumido: era de noche y estaba en la fría ciudad de Soria, en la que pasé muchos veranos de mi infancia y en la que luego, durante doce años, tuve alquilado un piso muy querido, que dejé hace tres por causa de un Ayuntamiento desaprensivo. Me iba a ese piso para dormir allí, pero me daba cuenta de que ya no tenía llave y de que ya no existía, convertido ahora en una pizzería o algo por el estilo. Pensaba en irme entonces al de mi niñez, pero aún hacía más tiempo que no disponía de él. Un hotel, en ese caso, pero estaban todos llenos, y además yo vestía inadecuadamente (me abstendré de dar detalles).
La respuesta a la pregunta “¿Dónde iré?” fue la inmediata salida de esa ciudad y la tentativa de entrar en otras casas en las que he vivido. Una de Barcelona en la que me recibió una mujer, una de Venecia en la que me acogió otra, una de Oxford en la que pasé dos años, otra de Wellesley, un par de pisos que tuve alquilados en Madrid hace siglos. Ninguno existía ya, pasaron a ser pasado. Los lugares a los que uno se encaminó centenares de veces después de una jornada, que uno ocupaba con relativa tranquilidad, de los que poseía llaves, “de pronto” ya no estaban a mi disposición, habían ­desaparecido. Si entrecomillo “de pronto” es con motivo: en el sueño no había lento transcurso del tiempo, como lo hay en la vida; estaba todo comprimido, superpuesto, todos mis “hogares” eran uno y el mismo, y en ninguno tenía cabida. Me obligué a despertar, me daba cuenta de que soñaba pero no lograba salirme de la sensación de pérdida y caducidad, de ver clausurados los sitios que en otras épocas eran accesibles y hasta cierto punto eran “míos” (en realidad ninguno lo era, de ninguno había sido yo propietario, sólo inquilino o invitado).

Centenares de millares de pisos están desocupados, se deterioran, entran ladrones a llevarse hasta los grifos
Cuando, ya levantado, conseguí sacudirme el malestar y el desamparo, no pude por menos de pensar en los millares de personas para las que ese mal sueño es una verdad permanente. De todas las injusticias y desafueros, de todas las crueldades cometidas en este largo periodo, bajo los Gobiernos de Rajoy y de Zapatero, quizá la mayor sean los desahucios. Hay cosas en las que la legalidad debería ser secundaria, o en las que su estricta y ciega aplicación no compensa, porque las ­consecuencias son desproporcionadas. Hace ya mucho escribí aquí que los españoles estaban muy confundidos al considerar poco menos que un “derecho” tener una vivienda en propiedad. Me escandalicé de que gente con empleos precarios suscribiera hipotecas a treinta, cuarenta y aun cincuenta años. Expuse mi perplejidad ante la aversión de mis compatriotas a alquilar, con el argumento falaz y absurdo de que así tira uno el dinero. ¿Cómo va uno a tirarlo por hacer uso de algo? Sería como decir que lo tira por comprarse un coche que no va a durar toda la vida (y gastar en gasolina), o por comer, o por pagar la ropa que indefectiblemente se desgastará y habrá que desechar algún día. Pero lo cierto es que los bancos, durante decenios, no sólo permitieron el demencial endeudamiento de los ciudadanos, sino que lo alentaron y fomentaron. Y, cuando demasiados individuos no pudieron hacer frente a las abusivas hipotecas, se iniciaron los desahucios, que aún prosiguen. Las circunstancias de las personas no han importado: a los bancos y a los Gobiernos les ha dado lo mismo echar de su hogar a una anciana que sólo aspirara a morir en él que a una familia con niños pequeños. “Están en su derecho”, y lo ejercen. Pero ¿para qué?
La mayoría de los pisos de los que sus medio-dueños han sido expulsados no sirven de nada. Los bancos y las inmobiliarias han sido incapaces de revenderlos ni de hacer negocio, y si han podido los han malvendido. Centenares de millares de ellos están desocupados, empantanados, se deterioran, entran ladrones a llevarse hasta los grifos o se convierten en botín de okupas, a menudo devastadores. El daño infligido a las personas desalojadas –que tenían voluntad de cumplir, que llevaban tiempo habitándolos, que los cuidaban, que simplemente no podían satisfacer los plazos por haber perdido su empleo, y que habrían continuado con ellos a cambio de un alquiler modesto– es desmesurado respecto al beneficio obtenido –si lo hay– por los acreedores. Es, por lo tanto, un daño gratuito e innecesario, un daño sin resarcimiento, y a ese tipo de daño se le ha dado siempre el nombre de crueldad, no tiene otro. No es comparable con el del casero que echa a un vecino por no abonarle el alquiler: gracias a su medida puede encontrar otro inquilino que sí le pague, y no lo condene a perder dinero. Pero la gran mayoría de los pisos de desahuciados se subastan a precios irrisorios, o se pudren abandonados, y los bancos los ven como un lastre y apenas sacan ganancia. No hay nada que justifique –ni siquiera explique– el inmenso perjuicio causado a los expulsados. Ellos sí que se ven de repente sin llaves, ellos sí que pierden su hogar, y se quedan a la intemperie.
elpaissemanal@elpais.es

lunes, 2 de diciembre de 2013

PRENSA. "El caracol, las hormigas y el pájaro". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "blogs.publico.es":
El caracol, las hormigas y el pájaro
Luis García Montero  28 noviembre 2013

Hacía mucho tiempo que no se sentaban en el banco de un parque. Mario pensó en los primeros días de su noviazgo, cuando esperaba a que ella saliera del supermercado. Juana pensó en el nacimiento de su primer hijo y en el paseo de los domingos por la mañana. Una pareja comparte los mismos recuerdos, pero con una memoria diferente. Sentarse en un banco suponía para Mario volver a 2001, huir del taller a las dos y media, doblar la esquina y sentarse a ver pasar mujeres y hombres con las bolsas de la compra. A las tres había cambio de turno y la muchacha que acababa de conocer, una cajera más inquieta que una ardilla y más alegre que una verbena, lo buscaba con los ojos desde la puerta.
Juana se veía en el 2005 con el cochecito del niño. Espera, vamos a sentarnos, decía. Más que llegar tarde o pronto a ningún sitio, necesitaba acostumbrarse a la nueva situación. Las bodas cambian poco la vida, pero los hijos provocan un terremoto. Miraba pasar a las parejas, a los niños con bicicleta, a los abuelos, y pensaba que el mundo era una inmensa rueda de pañales, horarios, comidas, cenas, buenas y malas noches, llamadas telefónicas, incertidumbres… Se sentía feliz, temerosa y pequeña ante el reloj de la cocina. La realidad funcionaba como una maquinaria de exigencias ineludibles en la que ella había entrado casi sin darse cuenta.
Mira, en lo alto de aquel árbol hay un nido, dijo Mario, señalando con el brazo extendido hacia el plátano grande de la esquina. Juana obedeció al dedo índice de su marido y siguió el rumbo hasta llegar a la copa del árbol. Un revuelo verde denunció el lugar señalado. El pájaro entraba en su nido. Imaginó lo que no oía y lo que no veía, el tumulto de picos abiertos en busca de la comida recién llegada. Es curioso, yo me estaba fijando en ese hormiguero, contestó ella. Mario observó el hueco minúsculo que se abría junto a la pata derecha del banco. Una fila de hormigas salía del seto, pasaba entre sus zapatos y bajaba a las profundidades de la tierra con un instinto disciplinado y temerario. Incluso las grietas tienen utilidad en la naturaleza.
Juana valoró la suerte de vivir en lo alto de aquel árbol. Seguro que hasta allí no subían los gatos, ni los revisores del gas, ni la presidenta de ninguna comunidad de vecinos, ni las cartas certificadas con malas noticias. El deseo de ser transparente, de convertirse en aire, le provocó una sonrisa. Mario valoró en silencio la posibilidad de sumergirse en la tierra, de descender hasta el fondo de los días y las noches por un laberinto convertido en refugio. Bajo las ruedas de los autobuses, la prisa de los paseantes, las ventanas de los edificios y el cielo gris, se escondía una realidad sibilina al margen de la lluvia, las quiebras, los despidos y las cajas de ahorros. La identificación de la penumbra de un hormiguero con el sótano de un pub fue una ocurrencia digna de su juventud, un resto de humor propio de los tiempos pasados.
Mario había sido durante años un rey de copas en las barras de la noche. Siempre pedía la última, siempre convencía a sus amigos de la conveniencia de mantenerse al pie del cañón por lo que pudiera caer. Un sábado el cazador fue cazado y Juana ocupó de inmediato el trono de la pandilla. Se las arreglaban para hacer el amor a la hora de la siesta. Las llaves del taller, de un coche bien aparcado o de la casa de un amigo entraban en las cerraduras para desnudarlos y llenar de felicidad las tardes de los sábados y los domingos. Eran como una copa bien cargada. Luego llegaba la noche con otro tipo de intimidad: música, fanfarronería compartida, amigos ruidosos y whisky con coca-cola.
Cuando nació Jorge, su primer hijo, las cosas cambiaron mucho, aunque de vez en cuando la abuela se prestase a hacer de canguro. Un año después llegó Rosa y las citas nocturnas se apretaron, porque dos nietos dan mucho más trabajo que uno y porque la mensualidad de la hipoteca adelgazó de forma tajante el presupuesto de los fines de semana. 2007 fue un año feliz, abstemio y cargado de planes.
Un año todavía feliz, piensa Juana, mientras se fija en el caracol que la observa baboso desde la hierba. Caracol, saca los cuernos al sol, murmura. Los pájaros ponen casa en las copas de los árboles, las hormigas bajo tierra y los caracoles la llevan encima. Son unos propietarios con pocas raíces. Se lo comenta a Mario y su marido está de acuerdo con ella. Los caracoles tienen intimidad en cualquier sitio. Como ellos, Mario y Juana, Juana y Mario, que miran juntos el portal del edificio número siete y el balcón del tercero derecha. Igual que en los buenos tiempos, han dejado a Rosa y Jorge en casa de la abuela. Hacía muchos meses que no se sentaban juntos en un banco para compartir el espectáculo gratuito y minucioso del mundo.
Pero tienen que levantarse. Son ya las doce. A las doce y media deben estar en casa. Suponen que la policía y el secretario judicial serán puntuales cuando lleven la orden de desahucio.