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sábado, 13 de junio de 2015

PRENSA CULTURAL. "El libro de la sabiduría de José Luis Sampedro"

   En "El País":

El libro de la sabiduría de José Luis Sampedro

Un volumen de reflexiones inéditas conmemora el segundo aniversario de su muerte

José Luis Sampedro
El escritor y economista español José Luis Sampedro en marzo de 2011. / ULY MARTÍN


“Aquel que está contento consigo mismo / ha realizado un trabajo carente de valor. / El éxito es el principio del fracaso. / La fama es el comienzo de la desgracia”. El hombre que un día reparó en estas líneas de El camino de Chuang Tzu traducidas por Thomas Merton se llamaba José Luis Sampedro y murió en su casa de Madrid en abril de 2013, pronto hará dos años. Para “evitar el circo mediático en torno a la muerte de los famosos”, aquel novelista, académico, profesor de varios ministros de Economía y referente de los indignados, pidió que la noticia se hiciera pública cuando él ya hubiera sido incinerado. Así lo hizo Olga Lucas, su mujer y colaboradora en sus últimos libros, que retoma ahora las últimas voluntades de su marido para publicar La vida perenne(Plaza Janés), que llega hoy a las librerías.
Completado con fotografías de Chema Madoz, cuyos poemas visuales habían ilustrado ya las cubiertas de varias obras de Sampedro, La vida perenne es un volumen sin género preciso, algo así como el libro de la sabiduría del autor de La sonrisa etrusca, una colección de citas ajenas y reflexiones propias. En sus páginas conviven, en efecto, la sabiduría del escritor y la que este descubrió en los demás, sobre todo en el taoísmo y el hinduismo, la mística occidental y la sufí. Como cuenta en el prólogo Olga Lucas, responsable de la edición junto a Ángel Lucía, gran amigo del autor, José Luis Sampedro llegó a estudiar árabe para entender mejor las notas a pie de página en los textos de Jalal Ud-din Rumi, en su opinión, “uno de los más altos poetas de la literatura”. Su experiencia con la poesía sufí, ya presente en la novela Octubre, Octubre, “fue para él un descubrimiento iluminador”, afirma Lucas.
Con ecos declarados de La filosofía perenne, de Aldoux Huxley, el libro que ahora ve la luz revela la dimensión más “espiritual” de un autor nacido en Barcelona el 1 de febrero de 1917 y recriado en Tánger, Soria, Aranjuez y Santander, que terminó siendo catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense y Premio Nacional de las Letras pero rechazaba que lo llamaran maestro. “Una vela, un quinqué dan luz, iluminan, permiten ver; en cambio, unos focos deslumbran, ciegan, dificultan la visión. El maestro está para ayudar a ver, no para cegar a sus discípulos”, escribe Sampedro en una de sus anotaciones justo antes de lamentar que los ideales de nuestro tiempo hayan quedado “reducidos prácticamente al éxito económico”, algo que, continúa, “ha degradado las ilusiones, la dedicación, la gran aventura, la vida interior, en muchos casos… el componente misterioso, al que uno puede aproximarse, sin tener la seguridad de encontrar respuestas”.

El autor lamenta que los ideales actuales se limiten al éxito económico
“Durante toda su vida José Luis Sampedro insistió en señalar que el ser humano es multidimensional, que tenemos el deber de explorar todas nuestras potencialidades y de construir una sociedad que permita que esto ocurra”, subrayan Olga Lucas y Ángel Lucía. Así, La vida perenne explora caminos que escapan a la razón pero no pierde de vista la cruda realidad del mundo. “No podemos ser tan reduccionistas como para tomar partido entre el buen salvaje o el científico”, escribe el autor de El amante lesbiano. “Llegar desde Grecia hasta aquí con tan asombrosos progresos es prodigioso. Lo importante es pararse a pensar, imprimir otro ritmo. La cuestión no es estar a favor o en contra del progreso sino cómo progresar”. Uno de los apartados de este libro póstumo se titula Libertad, igualdad, fraternidad y reúne las críticas de Sampedro al “modelo económico liberal”, que considera “agotado” pese a haber sido muy útil en la Europa que transitó desde el absolutismo a la democracia. ¿Por qué agotado? Porque choca con tres barreras: “Física, pues el derroche de recursos tropieza con los límites del planeta; política, porque el Tercer Mundo ya no acepta la explotación; y psicológica, pues el desalmado sistema reduce al hombre a mero productor-consumidor”.
Frente a la tentación de otro reduccionismo, el que identifica misterio y religión, Sampedro advierte: “Cualquier fe es una forma de ceguera. Cuando decimos: 'La fe es creer lo que no vemos', en ese mismo instante la fe nos impide ver lo que vemos”. “Yo no he tenido nunca la sensación de un alma inmortal”, dice poco antes. “Ni la necesito ni me interesa”.
Si en las primeras páginas de La vida perenne José Luis Sampedro anota que “ahora la gente no muere en casa, todo lo relativo a la muerte ocurre lejos y eso dificulta la aceptación de la muerte como algo natural”, sus últimas anotaciones son una reflexión sobre el final y una acción de gracias hacia la vida. El libro se cierra con dos líneas que empiezan y terminan con puntos suspensivos: “…A lo mejor el error está en pensar en que esto es el ocaso, cuando en realidad es la aurora…”.

martes, 1 de abril de 2014

PRENSA CULTURAL. "Las verdades de José Luis Sampedro"

   En "El País":

Las verdades de José Luis Sampedro

En el primer aniversario de su muerte se publica el libro póstumo del escritor

‘Sala de espera’ incluye reflexiones sobre su infancia, su vida y su final

La conciencia de la agonía fue plena en el escritor José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013). Murió a los 96 años sabiendo y aceptando que aquello se acababa. “La muerte me lleva de la mano, pero se está portando bien porque me deja pensar”, le dijo a una amiga. Con su envidiable lucidez y calma, la frase pervive ahora grabada en el lomo azul de Sala de espera (Plaza y Janés), libro póstumo del escritor que se publica esta semana como homenaje al primer año de su ausencia.
Sampedro falleció un 8 de abril dejando multitud de anotaciones y textos inéditos, escribió hasta el final. Dos de sus últimos proyectos, Los Ríos y Sala de espera, ven ahora la luz por decisión de su compañera y legataria, Olga Lucas, quien explica que dejará “aparcadas” las obras inconclusas iniciadas en “un pasado remoto” pero se ocupará de los inéditos del final de su vida. “Es decir de aquellos de los que tengo seguridad y conocimiento directo acerca de sus intenciones”, afirma en el prólogo del libro.
Los Ríos es un texto a dos voces, la del propio autor y la de su mujer, que un día decidieron escribir cada uno para el otro sobre sus propias biografías recurriendo a la corriente de agua como metáfora de la vida, figura manriqueña que tanto apreciaba el autor de Octubre, octubre. “Contaré los primeros ochenta años del río José Luis, que conozco como nadie, prescindiendo de detalles y ahondando, en cambio, en los momentos y sucesos más definitorios”, anota Sampedro antes de iniciar un recuento vital que se detiene con brío en su infancia tangerina, donde vivió hasta los 13 años (“ha sido para mí un inmenso regalo del destino, perenne en mis raíces y marcándome definitivamente”), su amistad con la niña Odette, los veranos, la playa y el primer viaje a España para entrar interno en un colegio de Zaragoza. El cambio radical de paisaje afectó al feliz transcurso del riachuelo, que circuló apesadumbrado hasta el descubrimiento —o mejor dicho, la torrencial salvación— de la lectura. En casa de unos tíos da con una colección olvidada de libros de aventuras (“mosqueteros, piratas, espadachines, bandidos generosos, guerreros, delincuentes ingeniosos y otros héroes novelescos”) editada por el periódico La correspondencia de España:“Fueron como inyecciones estimulantes. Hicieron revivir el ímpetu del río, lo despertaron de su encantamiento”.

Tánger ha sido un inmenso regalo del destino, perenne en mis raíces”
El caudal creció con fuerza y su curso le llevó a convertirse en uno de los pensadores españoles más respetados y queridos por las nuevas generaciones, huérfanas de voces capaces de cifrar su desamparo. Novelista y economista, profesor, referente del 15-M y un ejemplo de resistencia y dignidad intelectual, Sampedro plasma en Sala de espera sus preocupaciones por un mundo desbocado, capaz de echar por tierra todos sus principios de justicia, crítica y humanidad. Según explica su viuda, apuntaba las ideas en “libretas, blocs y cuadernillos a las que daba vueltas y más vueltas, incorporando las preocupaciones que le producían las noticias”. A diferencia de otros libros, “este le hacía sufrir más que disfrutar y, finalmente, falleció dejando sus cajones repletos de anotaciones, disculpándose por no haber logrado ponerlas en claro y pidiéndome que publicara yo lo que me fuera posible descifrar”. Olga Lucas ha decidido sin embargo editarlos tal cual por miedo a traicionar o alterar su sentido.


José Luis Sampedro fotografiado de niño en Tánger, donde vivió hasta los 13 años.
Es aquí donde el escritor esboza “sus verdades”, donde se replantea el sentido último de la nueva barbarie, donde busca aportar algo propio al proceso de desescombro que vivimos, donde planta batalla al cinismo, donde se confiesa con tristeza como un apátrida, un eterno inmigrante: “La sublevación de los militares españoles en 1936 hundió para siempre el mundo anterior. Desde entonces soy un inmigrante en el tiempo (no solo hay migraciones espaciales), sin esperanza de retornar a mi origen —la España de 1935— porque desapareció como la Atlántida”.
Retirado en su costa de Mijas como “un monje medieval en la montaña” toma conciencia última de nuestra nimiedad. Aunque no tanta: “Somos un momentáneo corpúsculo, material biodegradable para el perpetuo reciclado. Un infinitésimo de energía. Pero hablante”. Cree en la palabra, pero advierte de sus peligros: del naufragio del sentido crítico, de la cobardía de los que no quieren significarse. “No solo hay que reivindicar siempre el derecho a la palabra, como máxima expresión de nuestra humanidad. También hay que cumplir el deber de usarla en pro de la dignidad propia o ajena. Pues, como proclamó magistralmente Martin Luther King, hay una conducta más escandalosa que la de los malvados y es el silencio de los hombres buenos que callan y miran para otro lado sin protestar de las maldades”.
En la antesala de la muerte, Sampedro pidió un Campari que al parecer le sirvieron muy frío. Complacido, se limitó a dar las gracias antes de desembocar en el mar definitivamente. A muchos les estremeció que la vela se apagase con tanta armonía física y mental. Quizá no sabían que cuarenta años atrás, perdido y trastornado por “el asco, el desprecio y la resignación” que le invadía se topó con una proclama “arrolladora” de mayo del 68, estampada en un muro del Odeón de París durante las revueltas estudiantiles. La recordó antes de morir porque cambió el curso de su vida. La anotó en mayúsculas: “¡QUE PAREN EL MUNDO, QUE ME APEO!” “Me convertí en el acto a ese programa. No podía yo parar el mundo, pero sí apearme con mi resistencia pasiva de la sociedad asfixiante. Así es que dejé, abandoné la columna humana en su marcha histórica hacia el desarrollo inaceptable y me quedé sentado en la cuneta, viéndoles pasar con sus chirimbolos y sus ilusorias banderitas”. En la cuneta, con su traje de misántropo, José Luis Sampedro comenzó el camino hacia sí mismo y, secretamente, hacia todos nosotros.

jueves, 11 de abril de 2013

PRENSA CULTURAL. "Muere el escritor y economista José Luis Sampedro"

FOTO: DANIEL MORDZINSKI (EL PAÍS)

   En "El País":

Muere el escritor y economista José Luis Sampedro

El humanista, símbolo del compromiso intelectual y ciudadano y referente del movimiento indignado, fallece a los 96 años en su casa de Madrid

 Madrid 9 ABR 2013

De la asamblea del 15-M de Chamberí (su barrio madrileño), al Ministerio de Cultura (que en 2011 le concedió el Premio Nacional de las Letras); de los vecinos anónimos de Mijas (donde pasaba parte del invierno) a sus ilustres colegas de la Real Academia Española (que en 1991 le vieron ocupar el sillón F), pocas veces un intelectual español habrá sido tan llorado en sitios tan distintos como José Luis Sampedro. Novelista y economista, referente para los críticos del capitalismo salvaje y profesor de varios ex ministros de Hacienda, el autor de Octubre, octubre y Realidad económica y análisis estructural murió en su casa de Madrid el domingo pasado, pero la noticia solo se ha conocido hoy, cuando sus restos ya habían sido incinerados.
Sampedro tenía 96 años y ninguna gana de protagonizar “el circo mediático en torno a la muerte de los famosos”, según explicó Olga Lucas, su viuda y colaboradora en los últimos años y en los últimos libros —de Escribir es vivir a Cuarteto para un solista, su despedida de la ficción, publicada en 2011—, la mujer que, decía el escritor, hizo que su moribundez fuera “muy satisfactoria”. “Nos dijo que quería beberse un Campari”, contó Lucas sobre los últimos momentos del escritor, “así que le hicimos un granizado de Campari. Me miró y me dijo: ‘Ahora empiezo a sentirme mejor. Muchas gracias a todos’. Se durmió y al cabo de un rato se murió”.
En 1991, durante su discurso de ingreso en la RAE, José Luis Sampedro afirmó que su dios era Jano —“el de un rostro a cada lado”—, y su vida tuvo siempre más de una cara. Nacido en Barcelona el 1 de febrero de 1917, el escritor vivió hasta los 13 años en Tánger, “un mundo que debería ser la tierra entera”, decía. “Los chicos llegábamos al colegio con diversas lenguas maternas, comprábamos golosinas con monedas diferentes, celebrábamos varias fiestas nacionales e incluso nuestro descanso semanal se repartía entre los días sagrados de tres religiones”. Así describía su infancia en ese discurso que le sirvió tanto para subrayar su calidad de “escritor furtivo” como para reconocer que el hecho de haberse dedicado a la literatura en las horas que le dejaba libres su oficio de economista había favorecido que, en su caso, marginalidad y autenticidad fueran más que una rima.
Cuando se estrenó como novelista con Congreso en Estocolmo (1951) Sampedro había escrito ya dos novelas que tardarían 40 años en ver la luz. También una obra de teatro. No en vano, el hombre que en 1977 entró en el Senado por designación real, pasó parte de la posguerra escribiendo con pseudónimo para espectáculos de revista protagonizadas por actrices que dormían en las butacas del teatro. Necesitaba el dinero, pero tuvo que dejarlo cuando le amonestaron en el ministerio de Comercio. Sampedro había llegado a Madrid en 1940 para estudiar económicas. Pensaba que la Economía sería útil para un funcionario de Hacienda y él lo era como “aduanero por oposición”. Había sacado la plaza siendo “un niño” después de dejar Tánger por Soria —”casi antes de la electricidad”— y Aranjuez —”un paraíso” con ventanas al jardín del Príncipe— para recalar en Santander poco antes de que estallara la Guerra Civil. Movilizado en el bando republicano, con la toma de la ciudad por los sublevados en agosto de 1937, el precoz funcionario fue reclutado por los franquistas. “No cambié de bando, me cambiaron”, decía. Por tradición familiar estaba más cerca de las posiciones conservadoras, pero pronto descubrió que la guerra no la habían gando los suyos.
José Luis Sampedro siempre dijo recordar la nobleza de los anarquistas con los que compartió batallón fugazmente, y durante toda su vida mantuvo una actitud lateral respecto al mundo literario y crítica respecto al financiero. Cuando miles de lectores se rindieron en los años ochenta y noventa del pasado siglo a obras como La sonrisa etrusca (1985), La vieja sirena (1990) o Real sitio (1993), su favorita, muchos descubrieron que el autor era un reputado Catedrático de Estructura Económica por cuyas clases habían pasado alumnos con apellidos como Boyer, Sochaga o Solbes.
“Solo los ingenuos y algún premio Nobel de economía llegan a creer que nuestro mercado encarna la libertad de elegir, olvidando algo tan obvio como que sin dinero no es posible elegir nada”, afirmó también en su ingreso académico alguien que reconocía que al capitalismo “le debemos el gran progreso que nos trajo desde las monarquías absolutas hasta las democracias surgidas de la Revolución francesa” pero que deploraba que la libertad no hubiera ido acompañada de la igualdad ni la fraternidad.
Fue su malestar con un tiempo cuyo libro sagrado, decía, es “el Evangelio según san Lucro” lo que acercó a Sampedro al movimiento del 15-M. En los últimos años, ni las cataratas ni la sordera consiguieron aislarlo del mundo. Ya nonagenario recordaba los versos de un poema que había escrito con 14 años y los puestos aduaneros de Hanoi y de Chile, que recitaba con la música de La casta Susana (versión de Marujita Díaz). Su lucidez estuvo siempre a la altura de su memoria. Cuando el periodista Jordi Évole le preguntó en su programa de televisión si antes de la crisis los españoles habían vivido por encima de sus posibilidades, José Luis Sampedro negó rotundo: también el crédito es una posibilidad, dijo. Si como economista sabía deslindar valor y precio, como escritor sabía desactivar con una sola frase cualquier lugar común.

OBRAS ECONÓMICAS
Principios prácticos de localización industrial (1957)
Realidad económica y análisis estructural (1959)
Las fuerzas económicas de nuestro tiempo (1967)
Conciencia del subdesarrollo (1973)
Inflación: una versión completa (1976)
El mercado y la globalización (2002)
Los mongoles en Bagdad (2003)
Sobre política, mercado y convivencia (2006)
Economía humanista. Algo más que cifras (2009)
El mercado y nosotros
NOVELA
La estatua de Adolfo Espejo (1939) -no publicada hasta 1994-
La sombra de los días (1947) -no publicada hasta 1994-
Congreso en Estocolmo (1952)
El caballo desnudo (1970)
Octubre, octubre (1981)
El amante lesbiano (2000)
La senda del drago (2006)
Cuarteto para un solista (2011) -escrita en colaboración con Olga Lucas-
CUENTO
Mar al fondo (1992)
Mientras la tierra gira (1993)
OTRAS OBRAS
Escribir es vivir (2005) -libro autobiográfico escrito en colaboración con Olga Lucas-
La escritura necesaria (2006) -ensayo-diálogo sobre su obra novelística y su vida. Edición y diálogo: Gloria palacios. Ed.Siruela.
La ciencia y la vida (2008) -diálogo junto al cardiólogo Valentín Fuster ordenado por Olga Lucas-
Reacciona (2011)

PRENSA CULTURAL. Sobre el arte narrativo de José Luis Sampedro. Ernesto Aya-Dip


   En "El País":

Lúcido conocedor del arte narrativo

Con la polifónica 'Octubre, octubre', concibió su novela total, toda vez que su materia narrativa es sustancialmente el cruce de voces

 10 ABR 2013

Entre 1981 y 1990, José Luis Sampedro publica tres novelas que para mí resumen el meollo de su arte poética. En 1981 sale a la luz Octubre, octubre; en 1985, La sonrisa etrusca; cinco años más tarde, La vieja sirena. Novela total, podríamos llamar a Octubre, octubre. O novela polifónica también, toda vez que su materia narrativa es sustancialmente el cruce de voces, las distantes y las más cercanas en el tiempo. Sampedro tardó casi 20 años en darle forma literaria a esa masa de experiencias humanas y místicas de sus personajes. La estructura polifónica, por tanto musical de su novela, acercó probablemente a Sampedro a concebir su personal Cuarteto de Alejandría. Sampedro no rehuyó la estructura compleja cuando un tema (o los temas en una sola novela) lo hacía necesario. No había pose vanguardista ni manierismos injustificados. Sabía, desde su lúcido conocimiento del arte narrativo, el valor de los símbolos y el valor de simbolización de una época lejana para comprender los tiempos actuales. Sobre todo si el uso de ese mecanismo servía para matizar un realismo, en no pocos novelistas españoles, más cerca de la fotografía color sepia que de la verdadera representación.
No menos vigentes siguen siendo La sonrisa etrusca y La vieja sirena.La primera es el compendio perfecto para entender qué quería José Luis Sampedro de la novela: abrazar la vida y reivindicarla. La vida total, sin fronteras de espacio y tiempo. La antigua Etruria que sale en la novela, civilización misteriosa pero que desde su pétreo silencio nos ofrece una sonrisa indescifrable, como suspendida en la eternidad entre los avatares de los hombres de ayer y de hoy, no es un dato histórico para adornar, es la metáfora de un esplendor pasado y lleno de esperanzas hasta su desaparición total de la faz de la Tierra. De la misma manera que en La vieja sirena nos adentra Sampedro en otro pretérito histórico: la Grecia helenística. La crónica social y política de la Grecia del siglo III, el periodo de los poemas vanguardistas de Calímaco y los textos enigmáticos de Licofrón, le sirven para confraternizar (que no confrontar) lo real (histórico) con la fantasía. Su elección de la era helenística no podía ser inocente. Un periodo de crisis, de transición, de incertidumbre en la vida, el arte y las ciencias.
José Luis Sampedro concibió la praxis de la ficción con un sentido humanístico. Mezcló la historia de los hombres con la historia de los usos que esos hombres hicieron de sus cuerpos. Tuvo en su carrera literaria lectores y críticos que agradecieron y valoraron en mucho su obra. Otros pusieron reparos, entre los que me cuento cuando se trató de una obra determinada, La senda del drago (2006). Y sobre todo, como escribió el profesor José María Martínez Cachero, fue un escritor “lento y minucioso y honradamente inseguro a veces de su capacidad narrativa”.
Ernesto Ayala-Dip es crítico de literatura.

domingo, 12 de junio de 2011

PRENSA (2). 12 junio 2011

   En suplementos de "El País":

1. Quiero entrar en la leyenda. Por Elvira Lindo.

2. La edad de oro. Javier Cercas sobre la última película de Woody Allen, Midnight  en París.

3. Neutralizar la agresividad. Reportaje de psicología. Por Ferrán Ramón-Cortés. Vivimos con un alto nivel de crispación: en la política, en el trabajo, en la calle... ¿Qué hay detrás de esta comunicación tan agresiva? ¿Cómo podemos combatirla?

4. "Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe". Entrevista a José Luis Sampedro. Por Luz Sánchez-Mellado. Azuzó a los jóvenes a indignarse y reaccionar. Ahora les pasa el relevo. El economista, literato y pensador, de 94 años, cree que el capitalismo se acaba y la actual "barbarie" del mundo dará paso a un nuevo sistema.

5. La vida en positivo de Guille. Reportaje de Emilio de Benito. Han pasado 30 años. Guille nació casi a la vez que se dio la primera alerta -junio de 1981- sobre una pandemia que luego se llamó sida. Él se infectó cuando tenía 25 años. Hoy presta su imagen y su mensaje para luchar contra los prejuicios sociales que dañan incluso más que el VIH, que afecta a unos 33 millones de personas.

6. La mejor manera de morir sanísimo. Por Rosa Montero.

7. La historia doblemente increíble. Por Javier Marías.

domingo, 3 de abril de 2011

PRENSA (1). 3 abril 2011

   En "El País".

1. Cámaras. Columna de Manuel Vicent.

2. Enfermedad. Por Carlos Boyero.

3. La filosofía del "pienso, luego 'tuiteo". Reportaje de Antonio Fraguas. Twitter y otras herramientas de Internet insuflan nuevos aires al aforismo - Las editoriales llevan títulos de pensamiento breve a la mesa de novedades.

4. Sampedro se indigna y reacciona. Juan Cruz sobre José Luis Sampedro. El veterano escritor explica en dos libros las razones "del ocaso" de la sociedad.

5. ¿Quiénes son los rebeldes? Artículo de Jon Lee Anderson, periodista. © Condé Nast. Publicado originalmente en The New Yorker / www.newyorker.com. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. El núcleo duro de los que luchan contra Gadafi son los 'shabab', los jóvenes, muchos de ellos universitarios, que iniciaron la revuelta libia en febrero. Se les han unido mecánicos, comerciantes, ingenieros y algunos soldados.

6. Lo peor de lo peor. Justo Navarro sobre el hecho de ensuciar las calles.

   En "Domingo", suplemento de "El País":

7. Cruzando La Línea de la sospecha. Reportaje de Luis Gómez. La Fiscalía de Algeciras observa indicios de delito en cuatro de las 23 denuncias por casos de niños robados hace 40 años en La Línea de la Concepción. Siete médicos y tres matronas figuran entre los investigados.

8. Propaganda, mentiras, miedo. Reportaje. Lectura. El fascismo y el comunismo atrajeron a intelectuales y fueron viveros de jóvenes líderes que, arrancando de la nada, rompieron con el pasado y atizaron la cultura del enfrentamiento entre las dos guerras mundiales. Anticipamos el nuevo libro del historiador Julián Casanova.

9. Respuestas a preguntas sobre Libia. Artículo de Bernard-Henri Lévy. El autor se explica sobre cuestiones planteadas por la intervención militar en Libia y acusa tanto a los abstencionistas, como a los que hablan de colonialismo y arrogancia, de cinismo o complicidad.

10. La mujer valiente. Por Elvira Lindo.

11. "Lo siento, colega". Soledad Gallego-Díaz sobre los economistas.