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miércoles, 17 de diciembre de 2014

PRENSA. "Indignación en Irán por los ataques con ácido y cuchillos a las mujeres 'inmorales'"

   En "cuartopoder.es":

Indignación en Irán por los ataques con ácido y cuchillos a las mujeres “inmorales”

MANUEL MARTORELL | Publicado: 

Policia_Moral_Iran
Dos mujeres iraníes vestidas “inadecuadamente” son detenidas por integrantes de la Policía Moral Femenina. / CIDHI
Los ataques con cuchillos y puñales a jóvenes estudiantes en la ciudad de Jahrom, al sur de Irán, así como el lanzamiento de piedras contra la residencia universitaria femenina ha hecho saltar de nuevo las alarmas tras la última oleada de agresiones en la calle contra mujeres que no iban vestidas de acuerdo con la normativa religiosa oficial.
Estos ataques obligaron a suspender las clases en esta Universidad de la provincia de Fars debido al clima de inseguridad creado tras descubrirse que uno de los atacantes era el hijo del comandante local de los Basijis, la unidad dependiente de los Pasdaranes (Guardianes de la Revolución) y que, por lo general, se encarga de supervisar en las calles iraníes el cumplimiento de la normativa coránica, tal y como ha informado últimamente la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán (CIDHI).
Pese a que las autoridades se han apresurado a descartar cualquier relación entre esta oleada de ataques con el denominado ‘Plan Virtud y anti-Vicio’, cada vez son más las voces que vinculan tanto estos apuñalamientos como la serie de agresiones con ácido a mujeres que no llevaban correctamente el hijab (pañuelo islámico) con el ‘Plan para la protección de los Promotores de la Virtud y contra el Vicio’, una normativa legal ya aprobada por la Parlamento iraní y que está pendiente de los últimos trámites de ratificación para su puesta en marcha.
Uno de los apartados más polémicos de la nueva normativa estriba en el poder que se da a los responsables de las mezquitas para que formen unidades de voluntarios encargados de hacer que se respete la ley en lo que se refiere a la moralidad pública, algo que va dirigido de forma muy específica a la forma de vestir de las mujeres. Como ya se ha publicado en todo el mundo, durante los últimos años miles de mujeres iraníes han desafiado abiertamente la estricta normativa religiosa sobre la indumentaria femenina llegando, incluso, a colgar en internet cientos de fotografías sin el pañuelo que obligatoriamente debe cubrir todo el pelo de la cabeza.
Teniendo en cuenta que ya existen varios organismos y cuerpos policiales encargados de que se respete la actual legislación en estos aspectos, incluida una policía femenina específicamente dedicada a preservar la moralidad pública, no cabe duda de que este ‘Plan Virtud y anti-Vicio’ pretende endurecer la represión en las calle contra la mujer con el objetivo de frenar los avances ya conseguidos sobre todo por las jóvenes en las grandes ciudades.
Soheila_Jorkesh_Iran
Foto de Soheila Jorkesh publicada por el diario Shahrvan.
Precisamente, coincidiendo con la tramitación legal de la nueva normativa, al menos siete mujeres fueron atacadas en Isfahan por hombres que les lanzaron ácido a la cara. En la mayor parte de los casos, se trataba de jóvenes que, en el momento de la agresión, estaban conduciendo. Aprovechando que tenían las ventanillas del coche bajadas, dos hombres en motocicleta les echaron el líquido corrosivo para desfigurar el rostro.
Todas tuvieron que ser hospitalizadas, seis de ellas en el centro clínico Feiz, falleciendo una de las mujeres a causa de las lesiones. Las fotografías de Soheila Jorkesh, que ha perdido la visión en un ojo y el 20 por ciento del otro, con el rostro vendado cubierto de cremas antiabrasivas provocaron una verdadera indignación social.
Miles de personas se manifestaron ante los juzgados de Isfahan, en la universidad de esta turística ciudad y en la de Qasvin, así como a las puertas del Parlamento iraní mientras se discutía la nueva ley.
El propio ministro de Sanidad, Hassan Ghazizadeh, ha reconocido la gravedad de estos hechos en su informe sobre La resolución de la violencia en la sociedad, tal y como ha publicado la prensa iraní el pasado 6 de diciembre.
Debido a las protestas, se ha introducido una enmienda prohibiendo que personas o grupos actúen por su cuenta para aplicar la ley aunque se ha mantenido la prerrogativa de las autoridades religiosas de organizar unidades de voluntarios para obligar a las mujeres a vestir de acuerdo con la moralidad islámica, tal y como la interpreta el régimen iraní.
También se vincula con este endurecimiento del régimen iraní el procesamiento de Ghoncheh Qavami, una joven que intentó entrar en un estadio para ver un partido de voleibol y que ahora está acusada de realizar propaganda ilegal a favor de la oposición iraní, así como el cierre de una treintena de cafeterías y salones de té en Teherán por suministrar consumiciones a mujeres que no iban vestidas de forma adecuada.
Numerosos abogados, intelectuales y activistas por los Derechos Humanos han pedido que la nueva normativa no sea puesta en marcha, entre ellas la conocida abogada Nasrin Sotoudeh. Por su parte, la también activista Nargess Mohammadi ha escrito al presidente “reformista” Hassan Ruhani pidiéndole que cumpla sus promesas electorales de hacer respetar los derechos de los ciudadanos.

sábado, 13 de septiembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Literatura nacida en prisión"

   En "El País":

Literatura nacida en prisión

La iraní Sahar Delijani narra en ‘A la sombra del árbol violeta’ la crueldad de la República Islámica

La autora vino al mundo en una cárcel del régimen de Jomeini


La escritora Sahar Delijani. / CONSUELO BAUTISTA
Una pulsera hecha con huesos de dátiles en la cárcel. Todos los libros tienen un punto de partida. Y para Sahar Delijani (prisión de Evin, Teherán, 1983), esa pulsera que había visto alguna vez en su casa de Irán fue lo que le llevó a escribir A la sombra del árbol violeta, su primer libro. La pulsera se la hizo su padre mientras estaba cumpliendo condena por “activismo contrarrevolucionario” en los primeros años del régimen del Ayatolá Jomeini. Idéntico motivo por el que también estuvo presa su madre y por el que ella nació en la cárcel de Evin. Llegó al mundo después de un brutal periplo de su madre, ya de parto, desde la cárcel a dos hospitales que narra en el primer capítulo de la novela. Ni rastro de tan duro despertar a la vida en su radiante expresión.
“La pulsera la había visto alguna vez, pero no fue hasta que un día le pregunté a mi padre cuando la encontré de nuevo por casualidad. Me explicó entonces que me la hizo como regalo cuando yo nací, recogiendo los huesos de los dátiles que comía él y los que le daban sus compañeros de celda”, explica Delijani. Sabía que había nacido en la cárcel y fue criada por su abuela y una tía. “Claro que me lo dijeron, pero no con mucho detalle. Cuando pensé en escribir el libro, tuve que insistir bastante a mi madre para que me lo contara bien. Creo que le daba miedo verlo sobre el papel porque suponía, de alguna manera, volver a vivirlo”. Al final, lo consiguió y decidió trazar las historias de varios personajes, todos hijos de madres y padres presos en Irán.
A la sombra del árbol violeta, en referencia a un árbol de la casa familiar, es un compendio de ficción “para que todos estuvieran tranquilos” y porque también le facilitaba explicar lo que ella define como “un árbol genealógico de cárcel”. Pero, en parte, es autobiográfico porque está plagado de vivencias de ella, de sus primas —hijas de otras presas— y de otros miembros de su familia.

Cuando su madre y su padre recobraron la libertad, abandonaron el país
Relatos que muestran la dureza de la vida de los presos políticos en la República Islámica, especialmente en la década de los ochenta, con los fusilamientos indiscriminados —la cifra de 15.000 es más o menos oficial—, la fortaleza de las mujeres y de la familia y el miedo a que 30 años después pueda pasar algo parecido.
En 1996, tenía 12 años, Delijani se instaló en California. “La familia de mi madre había emigrado en los cincuenta y en Irán ya no le quedaba nadie. Por eso y por buscar un mejor futuro para sus hijos, decidieron marchar”, explica. Después de cumplir cuatro años de cárcel, su padre, y dos y medio, su madre, querían salir del país pero poder volver cuando quisieran. “Yo también iba, pero no he vuelto después de la publicación del libro el año pasado en EE UU. Tengo miedo a que me quiten el pasaporte. El Gobierno actual de Irán es más reformista, pero el núcleo duro del régimen es el que era. Y la realidad es que hay 800 presos políticos entre estudiantes, abogados, escritores y activistas de derechos civiles”.
La novela, editada en español por Salamandra y en catalán por Ara Llibres, se ha publicado en 28 idiomas. Una editorial sueca está preparando la edición en iraní. Muy interesada en política, en general, y en la de su país, en particular, cuenta que el periodo que desgrana en la novela es muy importante. Y no solo por la vivencia familiar: “Creo que entre 1983 y 1988 fue cuando de verdad nació la dictadura, fue cuando ejecutaron a muchísimos prisioneros y se solidificó el sistema que tenemos todavía ahora. En los ochenta mataban en las cárceles y en 2009 disparaban en la calle. No les interesaba mínimamente esconder la violencia que ejercían”.

No queremos que nos digan si nos ponemos el velo. Queremos decidirlo”
Para Delijani, ese es el motivo de que muchos padres —que fueron represaliados en los primero años de Jomeini— tengan miedo de que les ocurra ahora lo mismo a sus hijos: “Estamos hartos de la sangre, de la violencia. Irán está viviendo un momento muy delicado, hay riesgos muy serios. Por un lado, hay que luchar contra el régimen y tratar de reformarlo, pero sin dar ningún pretexto a los poderes extranjeros para que lo ataquen. Por otro, sorprende que Estados Unidos se quiera aliar con Irán, su eterna bestia negra, para combatir al Estado Islámico en Irak, el país que ocupó. No tiene mucho sentido…”.
Humanamente, en el libro quería destacar la dignidad de todas las personas que estaban en prisión en medio de tanta violencia. Son unos relatos protagonizados, en gran parte, por mujeres decididas, comprometidas: “Es lo que viví. Mi entorno era de mujeres fuertes que habían estado en la cárcel”. Uno de los relatos cuenta el incidente que tuvo al ir al colegio el primer día. Como no llevaba la cabeza cubierta con un pañuelo no la dejaron entrar: “Mi madre vivía ajena a todas las normas y órdenes del régimen y no me puso el velo, así que el primer día tuvo que improvisar uno para que me dejaran entrar”.
A propósito del debate sobre la imposición de esa prenda, la escritora cree que es una polémica exagerada y más propia de Occidente: “Hay problemas más serios, como los derechos humanos y civiles que no se respetan en Irán. Si preguntas a una abogada de derechos de las mujeres te dirá muchas otras cuestiones antes del velo, como que no se puedan divorciar hasta que el hombre no dé el consentimiento o que las mujeres no puedan ser jueces. Considero que la discriminación se produce cuando es una obligación, por ley. Por ejemplo, el padre del Sha Reza Pahlevi fue el primero que hizo una ley que obligaba a que las mujeres se quitaran el velo con una violenta campaña en las calles porque si iban cubiertas no las dejaban salir de casa. Y con la República Islámica, exactamente al revés”. “Nosotras”, dice luciendo una espléndida cabellera negra, “no queremos que nadie nos diga si nos ponemos o no el velo. Queremos decidirlo”.

lunes, 11 de agosto de 2014

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Parinoush Saniee, autora de la novela "El libro de mi destino", sobre la sociedad iraní

   En "Babelia":

“Soy cruel porque la realidad es cruel”

'El libro de mi destino' retrata Irán desde los tiempos del sah hasta la actualidad

Saniee convirtió sus estadísticas en personajes de una novela


Parinoush Saniee posa en la casa de su hija en Heidelberg (Alemania). / JULIA SOLER
Digamos primero lo que no es esta novela: no es una innovación de estilo, no juega con tiempos ni personajes, no salta hacia la complejidad narrativa ni esperen de ella que inaugure una vanguardia literaria, no. Leer a Parinoush Saniee es como leer una plácida novela británica de hace un siglo —de toda la vida, en fin— sin adornos, sin recargos, sin trucos ni sobresaltos trepidantes, más allá de las magulladuras que te van contagiando los personajes heridos. Que son grandes.
Eso nos lleva a lo que sí es esta novela: es un retrato rotundo y descarnado de un país, y qué país. De la mano de una pequeña que solo aspiraba a estudiar —y a ver otra vez más en el camino al colegio el rostro chispeante del joven Said—, el lector se da de bruces con el Irán de los sahs, de la revolución y de la guerra, y de paso con un mundo adulto donde quien te ama, te puede matar. El libro de mi destino (Salamandra) recorre un universo de orgullos y tradiciones, de guerras y exilios, de rebelión y rendición, de machismo de hombre y de machismo de mujer. Y de supervivencia obligada y dura entre las tragedias de un pueblo que es rico en cultura y en recursos pero, sobre todo, en traumas.
Y hay otra cosa que también es: es el descubrimiento de una autora iraní que, harta de contar realidades en estudios sociológicos que nadie leía, se pasó a la novela. Proceso curioso. Saniee, socióloga y psicóloga de 64 años, obsesa de la estadística y de los perfiles humanos, desarrolló primero su propio estudio, encuesta a encuesta, para construir una base científica sobre la que luego edificar un mundo. Y para demostrar a los censores que todo era real. Después, creó.

El libro de mi destino logró sortear
la censura y convertirse en
best seller antes de sucumbir
de nuevo, bajo Ahmadineyad
Cuando los censores no autorizaron su publicación, les preguntó:
—¿Cuál es el problema? —relata aún con rabia.
—Que provocará que la gente se haga preguntas —respondieron los guías del pueblo, según su reconstrucción.
—Pero está basado en historias reales, no hay nada falso ni equivocado, es resultado de estadísticas —replicó.
—Cierto.
—¿Y entonces qué hay de malo?
—Que es amarga. Demasiado amarga.
—Entonces decidme algo dulce y bueno que haya pasado aquí en los últimos 35 años y lo escribiré.
La conversación terminó ahí.
Y es que aquí hay dos historias: la que cuenta la novela y la del propio libro. Luego volveremos.
Saniee recibe a Babelia en un barrio de clase media alta de Heidelberg, en esta Alemania que ha acogido a sus dos hijos, una informática y un ingeniero electrónico que ponen rostro a las generaciones de jóvenes que huyeron de Irán y que también pinta en su libro. El dúplex blanco, moderno, y el sol radiante nos hacen olvidar el mundo de ahí fuera, donde los adoquinados, los castillos en las colinas cercanas y la universidad más antigua de Alemania conservan aromas de viejas guerras de religión, de filosofía y hasta de un nazismo fuerte que los aliados no castigaron. Heidelberg no fue bombardeada y —paradojas del destino— el general Patton murió por accidente en 1945 aquí.
Pero de esa Alemania aquí dentro solo queda el aire, y en el piso de la hija de Saniee lo que brillan son las frutas, los dulces (de Mars y Cadbury, no de Irán), la cocina americana y las terrazas blancas con las cortinas al viento. Hace calor. Podría ser Barcelona, Santorini o Qom. Territorio de jóvenes inmigrantes con ingresos, sin nostalgias, adaptados.
Se sirven zumos, aguas, cafés. La traductora de persa es otra iraní occidentalizada —todas visten tirantes o manga corta, aquí no hay rastro de chador o hiyab simpática y eficaz, salvo los sustos que nos da en alguno de esos momentos tipo El gran dictador de Charles Chaplin, ¿recuerdan?, cuando Hynkel-Hitler soltaba parrafadas que la mecanógrafa resumía en pocos toques y palabras sueltas que nunca terminaba de teclear. Así ocurre alguna vez en las dos horas y media de conversación, pero la mirada de Saniee, que también entiende inglés, es tranquilizadora. Debemos confiar.


La socióloga y psicóloga iraní Parinoush Saniee. / JULIA SOLER
PREGUNTA. Parece que se propuso contar la historia de una familia y contó la historia de un país. ¿Qué quería exactamente?
RESPUESTA. Yo no soy escritora sino investigadora, toda la vida he trabajado como socióloga, como psicóloga y como terapeuta familiar, y me di cuenta de que hay una generación de mujeres que no tuvieron oportunidades y que, sin embargo, lo dieron todo, cargaron con demasiadas responsabilidades: mantener a la familia en medio de la revolución, trabajar fuera cuando faltaba el hombre, perder a sus hijos en la guerra o el exilio. Dieron tanto de sí mismas, sacrificaron tanto, que se olvidaron de ellas. Y me sentí obligada. La mayoría se habían casado entre los 14 y 18 años, sin conocer a los maridos elegidos y cuando su corazón estaba en algún otro lugar, en algún chico del camino al colegio.
P. ¿Y por qué la “no escritora” eligió la novela para contarlo?
R. Durante muchos años redacté papeles, estudios, libros que se imprimían pero que no se vendían. Eran investigaciones para el Gobierno y ya sabías que, si las conclusiones eran positivas, se apoyaban. Si eran negativas, se ignoraban. Y estaba harta de escribir sobre estadísticas. Así que lo hice por mí: tenía los datos, se trataba de escribir sobre el desarrollo emocional de todo eso que había estudiado, se trataba de saber qué pasó con las mujeres y se trataba de llegar a la gran audiencia: por eso elegí una novela.
Saniee, empeñada así en reflejar su ciencia en una ficción, comenzó en 2003 sin decir nada a nadie, casi a escondidas, viviendo un secreto que hoy recuerda risueña, hasta que un día su marido, alerta ante tanta actividad en el teclado, la sorprendió. “¡Estás escribiendo una novela!”. Y esa ilusión íntima de creadora de incógnito, aún insegura al abordar una empresa nueva a los 54 años, se contagió.
“Él se convirtió entonces en mi mayor impulsor, fue él quien más luchó contra la censura para lograr la publicación”, recuerda.
El libro de mi destino logró sortear la censura y convertirse en best seller antes de sucumbir de nuevo, bajo Ahmadineyad. Lo cuenta con un nudo en la garganta porque perdió a su marido de forma repentina hace cinco años, pero también con la satisfacción de que él no se ajustaba a la estadística cruel que maneja en su libro: la de los hombres dueños de sus mujeres.
P. Usted juega en su historia con algo terrible: el que te quiere te puede matar. ¿Es la familia en Irán un apoyo o una soga al cuello?
R. En Irán la familia te puede matar con su amor. La familia tradicional iraní es durísima con las niñas. Los hermanos son guardianes de tu dignidad. Ahora ya ha cambiado algo. En Teherán, aparte de la obligación de ir cubiertas, las mujeres tienen más libertad, no hay tanta imposición. Las mujeres son ahora mismo la gran fuerza del futuro de Irán.

Él se convirtió entonces en mi mayor impulsor, fue él quien más luchó contra la censura para lograr la publicación
Saniee recuerda a su marido
P. Pero tener que ir cubiertas no es una cosa menor…
R. No es una cosa menor, no.
Esta vez, respuesta corta, en persa y en inglés. Saniee calla y se le oscurecen los ojos como si la hubieran tapado de repente. No va a omitir respuesta alguna, pero su cautela se mide en la escasa longitud de alguna de ellas. Treinta y cinco años de régimen islámico no le han robado valor, pero cuesta imaginar esa piel morena, el rostro maduro y los ojos maquillados cubiertos con hiyab en Irán, donde vive, tras pasearse libre y descubierta por todos los países a los que ha llegado su libro.
P. ¿Se siente libre?
R. No me siento completamente libre. Cada vez que tengo una entrevista pienso en ello, alguien la está leyendo en Irán.
Y vuelve a callar un largo rato. Su tercer y último libro lleva siete años esperando autorización. Muchos le han recomendado publicarlo fuera, pero ella vive en Irán y quiere publicar allí.
P. Un personaje dice en su libro que no basta con el hiyab:“Si una muchacha es mala, puede hacer mil cosas bajo su chador que mancillen el honor de su padre”. ¿Hay vida debajo del chador?
R. ¡Hay mucha vida debajo del chador! Siempre que ves a una mujer cubierta te debes preguntar: “¿Qué individuo está ahí?”. Esa es la pregunta importante. Un dato: el 67% de las estudiantes de educación superior hoy son mujeres.
P. Su libro recorre el drama de todas las épocas. ¿No hay buenos tiempos en Irán?
R. Hemos vivido tiempos extremadamente difíciles, pero hemos crecido con ello y hacemos lo mejor posible. Por eso tantos jóvenes se van. Los iraníes siempre viajaban, pero regresaban. Ahora el máximo objetivo es dejar el país.
En la novela de Saniee, estudiar es el mayor objetivo de la protagonista, Masumeh. Lucha por ello y va logrando avanzar a duras penas a lo largo de muchos años. Tener hijos, llevar una casa y la propia revolución complican los estudios. Y cuando finalmente puede alcanzar la meta (¡lo siguiente es spoiler, pero no es vital!), ella renuncia.


Parinoush Saniee autora de 'El libro de mi destino'. / JULIA SOLER
P. ¿Por qué se rinde Masumeh? ¿Se ha rendido Saniee?
R. Quería mostrar que la educación es lo más importante y que muchos han intentado mejorar su vida a través de la educación. Pero, después de la revolución, los que tomaron el poder eran acomplejados sin estudios que lograron de repente títulos sin merecerlo. Masumeh es consciente de ello y por eso pierde el interés. Si esa gente es capaz de conseguir tan fácilmente títulos que a ella le cuestan tantos años, ya no le importa. Por eso renuncia.
P. Su libro es un pulso entre rebelión y rendición. Se rebela la protagonista contra su familia. Se rebela su marido contra el Gobierno. Se rebelan sus hijos. Y, sin embargo, los mismos hijos por los que ella ha luchado (¡segundo y último spoiler!) también la someten al final, al impedirle casarse por amor. ¿Por qué se rinde Masumeh? ¿Y por qué usted ha sido tan cruel?
R. Yo quería un desenlace feliz, pero mi estadística estaba en contra. Así que soy cruel porque la realidad es cruel. Le puedo asegurar que el 70% de las viudas no se casarían en contra de la opinión de sus hijos. Es decepcionante, sí. Es un problema cultural y el libro ha servido para que algunos empiecen a hacerse preguntas. Después de leerlo, hay lectores que me han contado que les ha servido para tomar la decisión correcta.
Saniee es firme y pausada al hablar, pero a ratos se ilumina con entusiasmo, por ejemplo al recordar esta anécdota: un joven estudiante de un pueblo remoto le escribió una carta con el mismo reproche: ¿por qué eligió este final? ¿Por qué la mujer se somete a la voluntad de sus hijos y renuncia a su amor? Ella no suele contestar, pero le gustó el reto y le respondió: “Me alegro de que me apoyes. Eso significa que si tu madre está en esa situación tú también la apoyarás”. Pero esta historia no acabó bien. El joven encontró el teléfono del editor y, enfadado, le hizo llegar el mensaje: “¿Cómo puede atreverse a hablar de mi madre de esta manera?”.
Y Saniee ríe.
P. En su libro todos pueden ser los enemigos, también los hijos.
R. Las madres dan tanto que se pierden a sí mismas. Y los hijos son los enemigos más queridos. Ése es el drama.
P. ¿Y cuál es el mayor enemigo de la mujer en Irán? ¿La familia, la religión?
R. La ley.
P. ¿No hay esperanza en Irán?
R. Digamos que siempre hay que tener fe, porque si no mueres. Pero el cambio será en el futuro y mi generación no lo verá.
Su libro inédito, Los que se fueron y los que se quedaron, aborda el exilio, la marcha de todos esos jóvenes que Irán ha visto partir.
P. ¿Qué se pierde Irán con ellos?
R. Gradualmente nos convertimos en extraños. Los que se fueron han recibido educación, son intelectuales que en Irán no tienen oportunidades. Cuando un día queramos reconstruir el país les necesitaremos porque el poder del intelecto es el mayor capital del país.
P. Como socióloga, ¿cuál es el mayor problema social del país?
R. El conflicto entre la gente y el Gobierno. Hay una desconfianza y la gente siente que no es su Gobierno.

Las madres dan tanto que se pierden a sí mismas. Y  los hijos son los enemigos más queridos. Ése es el drama
P. Después de Ahmadineyad, ¿han mejorado las cosas con el nuevo presidente, Rohani?
R. Comparado con Ahmadineyad, sí. Si alguien se está ahogando y puede asomarse un momento a respirar disfrutará de ese oxígeno aunque luego vuelva a sumergirse. Y la realidad es que los iraníes están deprimidos. Llevamos 35 años así. Cada oportunidad que tengamos de respirar por un momento, la aprovecharemos.
P. ¿Cuál es el modelo en el que se miran los iraníes de hoy? ¿La América con la que rompieron o un nuevo Irán?
R. El gran esfuerzo del Gobierno ha sido el islam como modelo, la religión, pero el modelo de la gente sigue siendo América, Occidente.
P. ¿Es el exilio el que ha favorecido esa imagen de Occidente?
R. No necesitamos que vuelvan los exiliados y nos cuenten lo que han visto para saber. Los iraníes están conectados con Occidente por Internet. No necesitamos que nos lo cuenten.
Saniee vivió la revolución aplastada de 2009 en su país “asustada”. La de Egipto, un año después, le recordó la de Irán de 1979 y pensó: “¿Cómo no han aprendido nada de nosotros?”.
P. Masumeh no quiere que sus hijos se involucren en la lucha política. ¿Y usted, cree en la lucha política?
R. No hay madre que quiera ver a sus hijos en peligro.
P. ¿Y cree en ella?
R. Estoy en una edad de cansancio de la lucha política. Creo en la negociación pacífica y en el compromiso.
Y cree en la novela. Cuando investigar no basta y a pesar de los censores, tiene razones para seguir creyendo.
El libro de mi destino. Parinoush Saniee. Traducción del inglés de Gemma Rovira Ortega. Salamandra. Barcelona, 2014. 444 páginas. 20 euros.

martes, 17 de diciembre de 2013

PRENSA. Entrevista a la abogada y activista iraní Nasrin Sotudeh

Nasrín Sotudeh, abogada y activista, premio Sajárov 2012. ("El País")

   En "El País":
NASRIN SOTUDEH | PREMIO SAJÁROV 2012

“Rohaní tiene que liberar a todos los presos políticos”

La abogada y activista recuerda su estancia en prisión y denuncia la situación de los más de mil encarcelados por Teherán

 Teherán 11 DIC 2013

La sonrisa de Nasrin Sotudeh desborda su cuerpo menudo. Aún no hace tres meses que esta abogada y defensora de los derechos humanos iraní ha recuperado la libertad y da la impresión de disfrutar cada minuto. “Me encuentro muy bien”, asegura mientras se pone el pañuelo para las fotos. Su entusiasmo resulta contagioso y, sin embargo, su situación no está clara. Todavía pesa sobre ella la inhabilitación para ejercer y la prohibición de viajar fuera del país. Los más conservadores quieren incluso impedir que una delegación del Parlamento Europeo se reúna mañana con ella y con el director de cine Jafar Panahí. Han recibido amenazas.
“No tememos reunirnos con los europeos, pero nos quejamos de que se cree este ambiente de miedo”, confía tras una entrevista en su domicilio de Teherán. Sotudeh, de 48 años, admite que la presión no es solo contra ellos sino también contra la política de apertura a Occidente del presidente Hasan Rohaní. Aun así, se declara “llena de esperanza” y no olvida pedir la libertad de todos los presos políticos, incluidos los líderes reformistas, Mir-Hosein Musaví, Mehdi Karrubí y Zahra Rahnavard, bajo arresto domiciliario desde que cuestionaron el triunfo de Mahmud Ahmadineyad en las elecciones de 2009.
Pregunta. ¿Cuáles han sido las condiciones de su puesta en libertad?
Respuesta. Veinte días después de mi detención, me pidieron que concediera una entrevista [confesión ante la prensa]. Luego, me dijeron que no hacía falta, que bastaba con que me acercara a mis amigos, a los abogados, e informara de sus actividades. Naturalmente, no acepté. A continuación, sugirieron que dejara mi vida en Teherán y que me fuera a vivir a Tabriz con mi suegra. Más adelante, aseguraron que me querían libre, pero que tenía que cerrar la puerta y no recibir visitas. Tampoco acepté. Al final, me indicaron que no querían ponerme condiciones, que lo dejaban en mis manos. El mensaje era “maneja tu vida de forma que no resulte en otra detención” porque yo sé lo que es ilegal.
P. ¿Se lo esperaba?
R. No, fue una sorpresa. Por aquellos días había pedido un permiso, pero no las tenía todas conmigo.
P. ¿Entonces pensó que salía de permiso?

Cuando llegué a casa, mi marido me preguntó y estaba tan confundida que no sabía si estaba libre”
R. Sí, me dijeron que iba a salir de permiso. Cuando me monté en el coche, todavía dentro del recinto carcelario, el conductor me felicitó. Le di las gracias, pero le dije que era solo para tres días. Me aseguró que no, que era la libertad. En aquel momento me dio igual porque muchas veces antes habían jugado con esa idea. Entonces se subió al coche la agente que debía acompañarme y le pregunté. Me respondió que nadie le había dicho nada. Sin embargo salimos de la cárcel por la puerta principal en lugar de por la lateral como otras veces. Le pregunté por qué y entonces dijo: “Como usted ya está libre tenemos que dejarle delante de la puerta de su casa”. Cuando llegué, mi marido me preguntó y estaba tan confundida que no sabía si estaba libre.
P. ¿Qué significa su liberación?
R. Cuando me liberaron, tenía muchas esperanzas de que fuera el inicio de un nuevo proceso que llevara a la puesta en libertad de todos los presos. Pero nada ha cambiado y el Gobierno todavía se muestra muy duro con los opositores. Después de tres meses, existe la posibilidad de que mi liberación se produjera por el viaje de Rohaní a Nueva York. No tengo buenas vibraciones. Preferiría que todos los presos políticos estuvieran libres antes que esta situación en las que algunos sí y otros no.
P. ¿Cuántos presos políticos hay en Irán?
R. Casi mil.
P. Usted se hizo un nombre defendiendo a periodistas y a mujeres. ¿Qué sintió cuando la encarcelaron junto a algunas de ellas?

Nada ha cambiado y el Gobierno todavía se muestra muy duro con los opositores”
R. Ha sido un honor compartir el mismo techo con esas personas que en ningún momento han creído haber cometido delito alguno. Me ayudó a soportar la cárcel.
P. ¿Cómo la recibieron?
R. Muy bien. Cuando llegué a la sección de mujeres políticas, me trataron con mucha amabilidad. Estuve dos años y medio. Fue una experiencia muy valiosa porque tuve contacto con distintos grupos políticos y diferentes corrientes de pensamiento, todos opuestos a la injusticia de las sentencias infundadas.
P. ¿Qué consiguió usted con sus cuatro huelgas de hambre?
R. Bueno, si contamos los tres primeros días, suman cinco huelgas. Las tres primeras ocasiones fueron al poco de mi detención [en 2010] mientras estaba en la sección 209 [bajo control de los servicios secretos]. Al principio me quejé de mi detención y luego de la condena. Para mí fue sorprendente porque yo solo había defendido a la gente. Pero la última vez fue cuando empezaron a perseguir a mi familia, justo ahora hace un año. Habían detenido a mi marido y abierto una causa contra él; prohibieron salir del país a mi hija, lo cual según las leyes constituye un delito. Es natural que protestara…
P. ¿Cuáles han sido las consecuencias para su salud?
R. La última vez perdí 10 kilos, 18 con respecto a lo que pesaba al entrar en la cárcel. En total han sido 105 días de huelga.
P. ¿En algún momento la torturaron o la maltrataron?
R. No físicamente, aunque no poder ver a la familia ya es una tortura. Pero hay que tener en cuenta que a los abogados nos tratan de otra forma. Que yo no lo sufriera no significa que no haya torturas. Aunque no te peguen directamente, hay maltrato e insultos. Otras presas me contaron que les vendaban los ojos, les sentaban en una silla de cara a la pared y el interrogador daba patadas a la silla tan fuertes que las tiraba contra el muro.

En la última huelga de hambre perdí 10 kilos. Tengo 18 menos que los que pesaba al entrar en la cárcel”
P. ¿Cuál fue el peor momento que pasó en la cárcel?
R. Una noche mientras estaba en la sección 209, me correspondía una llamada semanal a casa y mi marido me dijo que me habían sentenciado a 11 años de cárcel y 20 de inhabilitación y prohibición de salir del país. Quiso informarme antes de que me lo comunicaran los interrogadores. Después hubo otros momentos duros cuando no me permitían ver a mi familia, en particular a mi hija.
P. ¿Qué es lo que más le preocupa sobre la situación de los derechos humanos?
R. Sin duda, la pena capital y las ejecuciones porque dañan nuestra conciencia nacional. Después de las elecciones de 2009, [las autoridades] abusaron de la pena capital para acallar a quienes estaban protestando. En segundo lugar, la necesidad de que se deje en libertad a todos los presos políticos y se ponga fin al arresto domiciliario de Musaví, Karrubí y Rahnavard.

lunes, 17 de junio de 2013

PRENSA. "Irán, desgarrado por poderes intransigentes". Antoni Segura


   En "El País":

Irán, desgarrado por poderes intransigentes

La verdadera lucha no se libra en las calles, sino en el corazón del núcleo religioso-militar que se consolidó tras la revolución de 1979. Entre unos y otros pueden ahogar las aspiraciones de una población en gran parte joven

 11 JUN 2013

La primavera árabe empezó en Irán, un país musulmán pero no árabe. Fue en junio de 2009, tras la discutida reelección de Mahmud Ahmadineyad, cuando la oposición reformista utilizó las redes sociales para convocar manifestaciones denunciando el fraude electoral. Pero los manifestantes fueron reprimidos por los matones del régimen (basiyís) y por los Guardianes de la Revolución (pasdarán), un cuerpo paramilitar creado por el ayatolá Jomeini tras la revolución de 1979 y cuyo Consejo tiene la facultad de decidir los candidatos que finalmente pueden presentarse a las elecciones presidenciales.
De los 686 aspirantes inscritos solo ocho han pasado el filtro, aunque la última palabra la tiene el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. Dos de los excluidos, el expresidente del Parlamento (1980-1989) y de la República (1989-1997) Ali Akbar Hachemi Rafsanyaní, uno de los hombres más ricos del país y determinante en la consolidación del régimen a principios de los ochenta —pero que abrió las puertas al reformismo y apoyó a Mir Hosein Musavi (primer ministro entre 1981 y 1989) en las elecciones de 2009—, y Esfandiar Rahim Mashaei, el protegido de Ahmadineyad, indican que el núcleo duro del régimen ha cerrado filas en torno a Jamenei, cuyo poder absoluto había sido contestado en los últimos años por el actual presidente. Al final han quedado solo cinco candidatos de demostrada fidelidad al líder supremo, los denominados principalistas, y tres candidatos con pocas opciones y entre los que destaca Hasan Rohani, que habían ocupado cargos durante la presidencia del reformista Mohamed Jatamí (1997-2005) y gozan de su confianza. De los ocho, Said Yalilí, actual jefe de las negociaciones del programa nuclear iraní con los organismos internacionales, es quien cuenta con el apoyo más claro de Jamenei, hasta el punto de que el resto de candidatos principalistas posiblemente se retirarán. Rafsanyaní y Mashaei han anunciado que recurrirán su exclusión ante el líder supremo.
En Occidente, la historia política de Irán de las dos últimas décadas se ha interpretado como la de un creciente enfrentamiento entre conservadores y reformistas. Sin embargo, los reformistas (Rafsanyaní, Musavi) ocupaban puestos claves en la década de los ochenta coincidiendo con la guerra contra Irak, la represión de la oposición, la consolidación del régimen de teocracia colectiva liderado por Jomeini y la creación de la Guardia Revolucionaria (pasdaran). La desaparición de Jomeini en 1989 abrió una lucha por el poder entre los que más propiamente cabría denominar ultraconservadores y los pragmáticos. La verdadera lucha por el poder en Irán no se libra en las calles, sino en el corazón mismo del poder religioso-militar que se consolidó tras la revolución de 1979.

La reelección de Ahmadineyad en 2009 necesitó de todos los mecanismos del Estado
En 1989, ese bloque de poder se fracturó. Los dirigentes más pragmáticos, después identificados con el reformismo, creían que, tras una guerra que había arruinado al país, había que poner fin al aislamiento internacional ofreciendo una cara más amable y aperturista del régimen —función que asumieron Rafsanyaní y Jatamí entre 1989 y 2005— para no renunciar a lo esencial: preeminencia del poder religioso, control político y discriminación de género. Por el contrario, los dirigentes más inmovilistas pensaban que cualquier apertura acarrearía el final del régimen y, tras la experiencia reformista de Jatamí, cerraron filas apostando por un candidato ultraconservador, antioccidental y populista para cerrar el paso al retorno de Rafsanyaní. Y Ahmadineyad supo movilizar la frustración de los sectores más pobres de la población y las redes clientelares del grupo conservador Abadgaran, que tenía la mayoría en el Parlamento, para convertirse en el primer presidente que no era un ayatolá. Contó también con la inestimable ayuda (se supone que involuntaria) de los neocons que incluyeron a Irán en el “Eje del Mal” y que con las ocupaciones de Afganistán e Irak contribuyeron a aislar todavía más a Teherán.
En este nuevo escenario, los reformistas se convirtieron en sospechosos de favorecer los intereses de Occidente y de traicionar la revolución, el icono del martirio para millones de excombatientes pobres de la guerra contra Irak. Pero en 2009, la apelación a los mártires de la guerra, a la vieja retórica del discurso islamista radical, pero conservador, y a una revolución que 20 años después se mostraba incapaz de mejorar la economía del país y el nivel de vida, ya no servía. Hizo falta, pues, utilizar todos los mecanismos del Estado para garantizar la reelección de Ahmadineyad, que fue contestada con denuncias de fraude por los reformistas, cuyos principales candidatos (Musavi y Mehdí Karrubí) permanecen en arresto domiciliario desde 2011.
Tras el segundo mandato de Ahmadineyad, la situación ha empeorado. Su obstinación en continuar con el programa nuclear iraní —supuestamente con finalidades civiles, para lo que cuenta con un apoyo no incondicional de Rusia y China— y, sobre todo, los efectos económicos derivados de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la UE a las exportaciones de petróleo y a los seguros de los fletes, ya no permiten garantizar la paz social mediante una combinación de subsidios y puritanismo (Gilles Kepel). Las exportaciones de petróleo han caído de los 2,5 millones de barriles diarios en 2011 a los 1,5 millones de mediados de 2012, lo que supone una pérdida de casi 3.000 millones de dólares mensuales. La UE, que representaba el 20% del mercado de petróleo iraní, ha sustituido esas importaciones por las de otros países; también India y China, de donde proceden la mayoría de productos manufacturados que consume Irán, han reducido sus importaciones de crudo. Paralelamente, el precio del petróleo descendió en la primavera de 2012 y, tras una leve recuperación, se presenta a la baja desde febrero de 2013 (en abril, el barril de Brent se cotizaba por debajo de los 80 euros). En consecuencia, la inflación y el paro han crecido en los últimos años, al mismo tiempo que disminuía la productividad agrícola y el crédito, según reconocía incluso el principalista mejor situado, Yalilí.
Además Teherán también se enfrenta a un contexto regional cada vez más desfavorable. Sus dos principales aliados, el régimen de Bachar el Asad y Hezbolá, se juegan el futuro en Siria, conflicto que también está repercutiendo en las relaciones de Teherán con Ankara; mientras que Benjamin Netanyahu amenaza con una intervención militar —impensable sin Estados Unidos— para acabar con el programa nuclear iraní.
En definitiva, las elecciones se celebrarán en un marco de creciente malestar social: el pasado 5 de junio, en el funeral del ayatolá Jalaledin Taheri, se oyeron proclamas a favor de Musavi y Karrubí, y en contra del régimen. En contrapartida, el cada vez más reducido bloque de poder ha endurecido la represión y la censura, ha prohibido las antenas parabólicas y ha obstaculizado el acceso a Internet. La exclusión de Rafsanyaní ha indignado a la oposición e incluso una hija de Jomeini, Zahra Mostafavi, simpatizante de los reformistas, refiriéndose a Jamenei y Rafsanyaní, ha denunciado que, en lugar de trabajar juntos como deseaba su padre, “la gradual separación entre ustedes dos será el mayor golpe a la revolución”.

Ahora la situación es peor por la obstinación en el programa nuclear y las sanciones económicas
No hay duda de que las elecciones del 14 de junio son trascendentales para un bloque de poder cada vez más reducido e intransigente y para el futuro del país. Como tampoco hay duda de que en ese río revuelto donde colisionan el régimen y la oposición intentan pescar actores externos que, desde Riad a Washington, pasando por Tel Aviv y otras capitales árabes y occidentales, desearían reducir el poder regional y la influencia de Irán en Oriente Medio y Asia Central. Sería trágico que entre unos y otros ahogaran las legítimas aspiraciones de una población, mayoritariamente joven (edad media de 26,3 años; un 60% de la población tiene menos de 30 años), para la que la revolución de 1979 queda ya muy lejos y el régimen ha dejado de colmar sus expectativas de futuro.
Antoni Segura es catedrático de Historia Contemporánea y director del Centre d’Estudis Històrics Internacionals (CEHI) de la Universidad de Barcelona. Autor de Estados Unidos, el islam y el nuevo orden mundial. De la crisis de los rehenes a la primavera árabe (Alianza, 2013).